La “percepción razonable”, ¿es de queso y se come con melao?

Esta semana, mientras buscaba en la Internet información para uno de esos proyectos que tengo, de esos que puede que se den en mi futuro profesional y puede que no, me surgió una duda relacionada con una frase que a veces se usa bien o mal, pero que puede tener sus implicaciones.  Se trata de la percepción razonable.

Si les parece haber visto esa frase en este blog, es por que hace ya 2 años le dediqué una entrada.  Aunque tal vez en mi prisa por desarrollar el tema de esa entrada—el incidente en el que el adolescente de raza negra, Trayvon Martin, perdió la vida manos del “vigilante vecinal” George Zimmerman, blanco y de ascendencia hispana (del que este último se saliera con la suya) me dejé llevar por la ola y no exploré debidamente el significado de esa frase.  (Y si así fue, les pido su indulgencia, amigas y amigos, mi gente.)

A mi entender, por lo que he podido ver en las redes, la percepción razonable es un concepto que parece ser tan natural y tan aceptado como un@ cambiarse de ropa, como algo que se da por hecho.  Y leyendo la entrada anterior a la que me refería, así como otras variaciones sobre el mismo tema (como el caso del proyecto SB1070 de Arizona), me sigue dando la misma impresión.  Pero creo que no debería ser así, ante las consecuencias que puede tener el uso—correcto o indebido—de ese concepto.

Comoquiera, para tratar de acortar este cuento, tal vez sería apropiado dividir el concepto de percepción razonable en sus componentes principales.  Según el Diccionario de la Real Academia Española en su vigésimo segunda edición (2001), percepción es “acción y efecto de percibir”.  A su vez significa, percibir significa, entre otras cosas, “recibir por uno de los sentidos las imágenes, impresiones o sensaciones externas”, o como “comprender o conocer algo”.  Por su parte, razonable tiene varias definiciones, entre las cuales se destaca su sentido de “arreglado, justo, conforme a razón”.*

El significado de percepción razonable, no obstante, pudiera entenderse mejor (para los fines de lo que estoy escribiendo aquí) a través de un concepto legal que sí pude encontrar durante mi búsqueda, el de la persona razonable.  En el diccionario de términos legales de The Free Dictionary Online encontramos lo siguiente:

“A phrase frequently used in tort and criminal law to denote a hypothetical person in society who exercises average care, skill and judgment in conduct and who serves as a comparative standard for determining liability.”

Según esa definición, la persona razonable es este hipotético miembro de la sociedad que ejerce prudencia y buen juicio en su conducta, o sea, que actúa de manera conforme a la razón—por lo que dentro del contexto de esa definición, se suele tomar a esa persona hipotética como la norma para determinar responsabilidades en ciertas situaciones.

Y si vamos a ver, la existencia de esta persona hipotética es importante en muchos contextos.  Ejemplo de ello lo encontré apenas unos minutos antes de empezar a teclear estas líneas, en una (a mi juicio, excelente) página producida por el Secretariado de la Junta de Hacienda de Canadá (“Treasury Board of Canada Secretariat” o “Secrétariat du Conseil du Trésor du Canada”), en la que se discute la apariencia de conflictos de interés en el sector público de ese país.  De especial interés es la cita siguiente de dicha página:

“(A)n apparent conflict of interest need not be a major one: if it is reasonably perceived by a reasonably informed and reasonable person that there is a conflict of interest, the situation—in plain language—fails ‘the smell test’ and infringes the rules.”

O sea, que basta con que una persona razonable, que ejerce una conducta prudente y juiciosa en su sociedad, que basa sus actos y su conducta en la razón, cuyos sentidos obtienen información con la que se ayuda a formar una impresión, una opinión informada, pueda tener una impresión de que un servidor público está involucrado en un conflicto de intereses para determinar que una situación dada es incorrecta.  O como lo decía cierto antiguo comercial de salsa de tomates, “¡a tomates no huelen!”**

Así que en resumidas cuentas, para mí la percepción razonable viene siendo el entendimiento o comprensión que una persona razonable tiene sobre un asunto o situación particular.  (Por supuesto, si esto está bien o mal esbozado… por algo hay una caja para comentarios al final de cada entrada de este blog, así que ilústrenme en los comentarios de ésta si me equivoco.)  Aunque cabe pensar cuán razonable es esa percepción en casos como el de George Zimmerman o el de la iniciativa de corte anti inmigrantes de Arizona—y podríamos pensar que en ninguno de esos casos les asiste el uso de la razón, aunque eso dependerá de los insumos en los que se base la percepción en cada caso.  Pero así es la vida: cada ciego que toque la pata de un elefante pensará que está tocando el tronco de un árbol.  Eso sí, no quiero pensar en qué pasará cuando ese “tronco” empiece a moverse.

Y ya que entiendo que he podido librarme razonablemente de esta duda, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.


* Otras fuentes consultadas, como el diccionario en inglés de Merriam-Webster, definen de manera similar ambos conceptos.  La definición de percepción sería más o menos así (con mi traducción al español): “la manera en la que usted piensa sobre o entiende alguien o algo”, o “la manera en la que usted nota o entiende algo mediante el uso de uno de sus sentidos”.  Por su parte, razonable según la misma fuente (también con mi traducción al español) será “estar de acuerdo con la razón” o “que tiene la facultad de juicio” o “que posee un juicio sólido”.

** Para quienes leen esto en otros países y se preguntan a qué ca…ramba se refiere X o Y cuando utiliza esa frase en alguno de los blogs puertorriqueños: La situación se da en el contexto de que se está comparando el revestimiento interior en las latas de la salsa de tomates objeto del comercial (OK, mejor lo digo: salsa de tomates Goya) con los de otras marcas de la competencia; lo que se implica es que la lata de la salsa de tomate del anuncio preserva mejor el olor del tomate que la de las marcas rivales.  El caso es que para dramatizar ese argumento, primero le ponen en la cara a la modelo una lata “ya usada” de la salsa de tomates del anuncio y su expresión es—”wait for it”—positiva.  Sin embargo, una vez le ponen en la cara las latas “usadas” de salsa de tomates de las otras marcas, el rostro de la modelo hace una expresión de disgusto controlado—que hubiera sido como para otorgarle el “premio de la academia” por la mejor actuación dramática en un comercial de salsa de tomates—y entonces hace el “delivery” de la archifamosa frase, “¡a tomates no huelen!”.  Aclarado queda.


LDB

Las cartas sobre la mesa

Amigas y amigos, mi gente: Sé que no me estoy dejando ver mucho por aquí en estos días.  Para ser honesto con ustedes, los meses que han pasado desde fin de año 2013 han sido un tanto difíciles debido a una situación familiar que estoy ayudando a atender.  Pero eso no significa que no haya habido cosas que llamaran mi atención durante estas semanas—si las 2 entradas que vienen antes de ésta son una muestra.

Aun así, he aquí algo que llevo varias semanas por tratar de sacar un momento para comentarlo.  Es la idea que el gobierno de Puerto Rico ha lanzado en las últimas semanas, de convocar a lo que llama la “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento”.

Y esa mesa, ¿es de queso y se come con melao?  Según lo presenta su sitio ‘web’ (cuya dirección a la fecha en que escribo esto—y puede ser que el enlace no esté activo después de abril de 2014—es o era: http://mesadeaccion.pr.gov/) el propósito de esa iniciativa es el siguiente (énfasis añadido—con toda intención, como siempre):

“La Mesa de Acción está formada por 24 ciudadanos de diferentes sectores de nuestra sociedad con la encomienda de atender 4 áreas para adelantar nuestro crecimiento y competitividad como país: la baja tasa de participación laboral, la fuga de talento joven, el envejecimiento de la población y la economía subterránea.

“Las recomendaciones que surjan de esta iniciativa formarán parte del Plan de Recuperación que presentará el gobernador en su Mensaje de Estado de Situación en las próximas semanas y estará complementado con acciones en el plano fiscal, gubernamental y de desarrollo económico.  El conjunto de estas estrategias deberá conducir al país hacia el objetivo de tener un gobierno eficiente y fiscalmente responsable, que a la vez propenda a un crecimiento económico sostenible y a una mejor calidad de vida para todos los puertorriqueños.

Suena bastante bonito.  Y no dudo de que haya una intención noble de atender esas áreas de desarrollo económico y competitividad para lograr los objetivos que se persiguen.  Más aún, no dudo que una iniciativa como ésta debe atraer todas las ideas posibles (y si posible, las mejores) para atender estas situaciones—al punto de que cuando visité esa página el 30 de marzo de 2014, había unas 108 propuestas sometidas (en las 4 categorías que se mencionan en la cita arriba), aunque no parece que ninguna de ellas había sido evaluada (o sea, en status de “revisión”) a esa fecha.

Pero como siempre, tiene que haber un “pero”.  O varios “peros”.  Principalmente en lo que se refiere a las 4 áreas en las que ese grupo busca propuestas.  Máxime cuando las mismas son el resultado de situaciones que no se atendieron o se dejaron de atender—o tal vez no se tuvo la entereza y valentía de atender—durante 3 ó 4 décadas en Puerto Rico.  De hecho, muchos de los comentarios que he leído en la prensa desde que se dio esta noticia indican que las 4 áreas a las que se pretende enfatizar no son sino los síntomas de males aún mayores, males que requieren algo más que simplemente proponer ideas—aun cuando las mismas se presenten con la mejor intención.

Por ejemplo, ¿cómo se van a atender seriamente y de raíz las desigualdades económicas y sociales que causan que muchos de nuestros mejores muchachos y muchachas se pierdan en la delincuencia, o que quienes pueden alejarse de ese tipo de vida también se quieran alejar de su patria, de la tierra que les vio nacer, porque en su propio terruño no les dan la oportunidad de aportar su talento y tienen que emigrar a otras tierras?  ¿Y dónde está el apoyo y el respeto a quienes se quedan, especialmente a una población de “la tercera edad” que hace tiempo está empujando los límites de su longevidad?

Por la manera en la que veo estas cosas, no estoy muy seguro de que los gobiernos de la actualidad de crisis—y como yo siempre digo, sean del PNP o del PPD, ambos son la misma cosa en lo que a eso respecta (y eso también lo vimos aquí y aquí en este blog)—estén suficientemente capacitados para enfrentar estas situaciones, porque no demuestran la capacidad para enfrentarlas seriamente y buscar soluciones que trasciendan la política partidista y el figureo de los políticos ante sus fanáticos.  Basta con ver que ni siquiera dentro de un mismo bando (PPD) hay acuerdo—y tampoco me parece ver que haya voluntad para lograrlo—para diseñar e implantar una reforma en la producción de energía eléctrica que deshaga el esquema de enriquecimiento con el que unos pocos defraudan a todo un pueblo consumidor y baje el costo de ese servicio esencial a un nivel aceptable.

Lo cual no significa que la gente deje de hacer un esfuerzo sincero para proponer ideas que ayuden a todo el colectivo a resolver sus problemas, como lo he mencionado en este blog una vez y otra vez y otra más.  Pero nuevamente me sale otro “pero” (énfasis en el original):

“(C)iertamente, no ha habido la voluntad para acoger muchas de las soluciones razonadas, discutidas sensatamente, nutridas con la buena voluntad y el deseo de sus proponentes, con el interés de sacar al país de la crisis económica, social, medioambiental, de salud y seguridad pública, en la que ha estado sumido durante años, y que no es privativa de partido político—se llame PNP, PPD o PIP—o líder alguno.

“Por el contrario, lo que se ve en estos días es una tendencia a dejar de lado mucha de esta sabiduría de pueblo, a sustituir la idea sensata y justamente formada por la burda acción que favorece un punto de vista político particular.  A sustituir el mayor bien posible por el bien de algunos, particularmente de quienes son afines a la ideología dominante de turno.  Y en ese proceso, se olvidan de las consecuencias, tal vez porque no saben manejarlas (¿no estaré siendo yo demasiado benévolo?), o no pueden manejarlas, o no les interesa manejarlas, o les importa un pepino angolo lo que pase por no manejarlas.  Total, el que venga atrás… ¡arrégleselas como pueda!

“Y no hace falta entrar en lo que sucede cuando ‘el que viene atrás’ tiene que enfrentar las consecuencias de las acciones de otros—o la falta de las mismas.  Las estamos viendo en los periódicos, las estamos escuchando cada mañana por la radio, las estamos viendo en la televisión al atardecer, en todo su ‘glorioso’ detalle.”

Habrá que esperar a ver lo que resulte de la gestión de la “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento”, aun cuando yo, en lo personal, no estoy muy convencido de que se haga caso de alguna de las 108 propuestas sometidas hasta el día en que escribo esto.  Tal vez será que este ejercicio resulte ser apariencia, una ilusión de que se quiere hacer algo por rescatar a un país del borde de un abismo, al que no fue necesariamente de muy buena gana.

Y vamos a dejarlo ahí…


No, todavía no.  Porque no puedo ni debo pasar por alto el bochornoso incidente de hace unos días, en el que se reveló la existencia del vídeo de un acto íntimo entre 2 oficiales de la Policía de Puerto Rico, dama y caballero (para que no se me equivoque nadie).  Dentro de una instalación oficial (que al día en que escribo se dice que fue en una de las facilidades anexas a “La Fortaleza”, el palacio de gobierno de Puerto Rico).  En tiempo oficial.  Con ambas personas vistiendo el honroso uniforme de la Policía de Puerto Rico—uniforme que tras esta acción, se habrá visto bastante manchado (y por favor, no tomen el comentario más allá del sentido simbólico en el que lo hago).

Francamente, ¿en qué estaban pensando ambos agentes del orden público?  (Y por favor, no empecemos a filosofar sobre la diferencia que hace la letra L en esa palabrita, ¿OK?)  Tal vez no les importó utilizar una facilidad gubernamental para su “sesión privada”, en lugar de ir a algún lugar más alejado donde pudieran dar rienda suelta a su pasión.  Tal vez no importó que—si es como se ha dicho—el hecho se hiciera en tiempo oficial, cuando compete atender la protección y la seguridad de los ciudadanos, ante una ola delictiva que se hace cada día más grave.  Peor aún, tal vez no les importó usar la vestimenta oficial de la Policía, la misma que se supone que se lleve como un símbolo de confianza, autoridad y respeto.

Y ciertamente, respeto fue lo menos que hubo por todas esas cosas.

Que nadie se sorprenda de que algunas personas no respeten a la misma Policía.  Si dentro de sus filas no hay respeto propio, ¿cómo puede pedírsele al resto de nosotros que respetemos a la Policía?

¡Simplemente, vergonzoso!


OK, ahora sí, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

¿Tu apellido es de origen sefardí? Encuéntralo aquí, hay más de 5 mil en la lista – Metro

¡Me salvé yo ahora!  Resulta que según esta noticia publicada en la edición de Metro para Puerto Rico, más de 5 mil apellidos españoles son de origen sefardí.  Pero no es sino hasta 2014, más de 5 siglos después de la expulsión de los judíos, que el gobierno de España les quiere dar el debido reconocimiento.  Inclusive, a tod@s quienes tienen alguno de los apellidos en la lista publicada por el gobierno español, se les contempla reconocer como descendientes de los judíos sefardíes y como ciudadanos españoles.

Pero lo que me llama la atención es que entre los apellidos en la lista… ¡está el mío!  (Aunque también veo 2 ó 3 conocidos… pero eso ya es otro tema.)

¡Jo…!

¿Tu apellido es de origen sefardí? Encuéntralo aquí, hay más de 5 mil en la lista – Metro.

¡Y así os los dejo ahí!  Cuidaos mucho y portaos bien.

LDB

Bill Gates critica la forma en que Estados Unidos se relaciona con Puerto Rico

La verdad, amigas y amigos, mi gente, es que esto me ha dejado boquiabierto.  Cuando una persona de la relevancia de quien nos ha permitido llegar hasta aquí, gracias a algunos de los productos que ha fabricado—con perdón de aquéll@s de ustedes que son fanátic@s de las Macs—, hace una expresión como ésa, algo tiene que estar terriblemente mal con el modelo económico y de gobierno por el cual llevan rigiéndose nuestras vidas desde 1898.

Ahora, a ver qué opinan sobre esto quienes tienen la sartén por el mango—y como decía Alberto Cortés, el mango también—en Puerto Rico.

“Bill Gates, el hombre más rico del mundo, considera que el modo en que Estados Unidos gestiona su relación con Puerto Rico supone un mal ejemplo ante la comunidad internacional….
“ ‘Cuando hacemos las cosas bien como país, de ello se beneficia el mundo entero’, explica Gates, quien añade que ‘los gobernantes del resto del mundo no copian todo lo que hacemos’, entre otros motivos porque ‘ven algunas cosas que hacemos, como el modo en que administramos nuestro servicio postal o Puerto Rico, que simplemente está mal’.”
Bill Gates critica la forma en que Estados Unidos se relaciona con Puerto Rico, por Lino Solís de Ovando, América Economía, Sat, 15 Mar 2014 19:09:41 GMT

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Fue muy fácil entrar… y ahora, ¿cómo vamos a salir?

Nos dijeron que esto iba a ocurrir, ¿no es así?  Nos advirtieron que décadas de prácticas ineficaces para el manejo de las finanzas públicas nos iban a llevar a esto, ¿no es así?  Nos dijeron que si no corregíamos nuestras prácticas financieras a tiempo, el dictamen iba a ser sumamente negativo, ¿no es así?

Sí, nos lo dijeron, y aun así no quisimos hacer caso.  Quisimos quedarnos dormidos, bajo la anestesia de las mentiras oficiales.  Quisimos dejarnos engañar por quienes nos decían que estábamos “en las papas”, que las cosas se podían resolver sacrificando el tesoro que le estábamos legando a las generaciones que vendrán después de las nuestras.

Y ahora, ¿qué hacemos?  ¿Qué podemos hacer cuando 2 de las 3 casas acreditadoras de bonos de la calle Wall neoyorquina—Standard & Poor’s y Moody’s (que de todos modos, no son santos de la devoción de algunos gobiernos en el mundo, como el de Argentina, por citar un ejemplo)—nos dicen que las deudas obligaciones del gobierno puertorriqueño son riesgosas, que están al nivel de la chatarra (“junk”)?

Exactamente eso: chatarra… cha-ta-rraCHA-TA-RRA.

(A todo esto, imagino que “Chatarra” debe ser un nivel un poco más arriba de “Mierda”, tal vez un poco más benévolo… ¡pero yo qué sé de esas cosas! Smile with tongue out )

Pero la cosa es que—en la misma semana en que uno de los hijos del privilegio, alguien que creyó que por ser “el nene del juez federal” se salvaría de ser declarado culpable del asesinato de su esposa (efectuado con una semiautomática más “poco común” que el revólver de Paladín), fue sentenciado a pasar el resto de su vida en otro mundo al que no estaba acostumbrado—llegó la hora que muchas personas veían venir y de la que se venía advirtiendo por años de años.  Llegó la hora en la que se nos diría en la cara que nuestros compromisos no valen ni lo que cuesta la hoja (o cuartilla, como le llaman en otros países hispanoparlantes) de papel sobre los cuales están impresos—con todo y ese papel ser de materiales finísimos y carísimos y con cuanta marca de agua, hilos microscópicos y medidas de seguridad para evitar el fraude.  Como decir que para las casas americanas acreditadoras de deuda, nuestros compromisos no valen gran cosa, tal vez hasta menos que un pedazo de papel higiénico… ¡del que ya está usado!

(Lo anterior, dicho con todo el respeto que merecen los fabricantes de papel higiénico, desde el más acolchonado para esa sensación angelical de suavidad en su… esteeeeeeeeee… ustedes saben dónde, Embarrassed smile , hasta las marcas baratas que al final se sienten como si fueran papel de lija.  Y ésa es la áspera realidad [chiste intencional]… pero mejor volvamos al tema.)

Y ahora, ¿qué hacemos?  ¿Ponernos a negar que tod@s tuvimos arte y parte, como han hecho—muy a pesar de la evidencia que los refuta—varios de los gobernadores del PPD y el PNP bajo los cuales se inició la crisis actual y se dejó que evolucionara como un tumor que se extendió cada vez más si detenerse?  ¿Tratar de ir “saliendo de la gatera” (como lo dicen quienes se juegan hasta los calzoncillos apostando a las patas de los caballos en el hipódromo) como los agoreros que hoy vienen a decirnos, “¡yo se los dije, las cosas se estaban poniendo malas y miren lo que pasó!” y entonces aparecer como los que vienen a “salvar el mundo”… si les dan el voto en un par de años más?  Cualquiera puede tener una visión 20/20 retrospectiva (o para que lo entiendan ciertas personas, “20/20 hindsight”) y hacer ese tipo de reclamo.  ¿O tal vez insultar a quienes sin tener que ver nada con el quehacer político boricua asumen la responsabilidad de alertarnos sobre los peligros de caer en un abismo a causa de nuestra propia irresponsabilidad?

(Si alguien tiene alguna duda, pregúntele a la periodista estadounidense de economía y finanzas, Cate Long [Twitter: @cate_long], que bastante tuvo que aguantarle a ciertos críticos de derecha—y uno que otro de centro—cuando quiso hacer un paralelismo entre los problemas económicos de Puerto Rico con la crisis pública que ya se estaba desatando en Grecia.  Y ya eso es demasiado decir.)

O mejor que todo eso, ¿dejaremos de dividirnos en bandos o tribus, cada cual buscando su propia conveniencia por el lado, y nos unimos para manejar esta crisis y salir de ella?  En un comentario que hice a la entrada, “Es muy fácil entrar… ¡lo difícil es salir!”, mencioné algunas sugerencias que el Centro para la Nueva Economía (CNE) estaba proponiendo, de esas medidas que nunca pierden su vigencia:

“Ahora bien, lo que yo me pregunto es cuán aceptables serán para nuestros ‘líderes’ políticos y gubernamentales las medidas que grupos como el CNE proponen para remediar este problema.  Algunas de las ideas del CNE que me atraen incluyen la simplificación del sistema contributivo, la imposición de penalidades por actividades nocivas al medio ambiente (a lo mejor una medida así nos facilitaría grandemente la tarea a quienes hacemos trabajo ambiental), exigir que cualquier gasto gubernamental requiera una fuente de repago (algo tan justo como cuando a mí se me pide que demuestre mi capacidad para repagar el préstamo que estoy solicitando) y que cada agencia se vea obligada a justificar los fondos que se le asignan (quién sabe y a lo mejor esto último ocasiona que muchas de las agencias del gobierno de Puerto Rico—¿he mencionado nombres yoooooooooo?—se evalúen a fondo y se vean en la necesidad de eliminar funciones innecesarias y asignar los recursos asociados a dichas funciones a aquellas áreas en las que pueden ser más productivos… ¡y yo sé de qué estoy hablando!).

Pero como siempre, tiene que haber un “pero”:

“Total, es cuestión de voluntad y del interés que los ‘líderes’ puedan tener en enfrentar esta fuerte situación económica y retomar el camino hacia una vida mejor para las generaciones puertorriqueñas de hoy y del mañana.  Lo único malo de esto es que tal vez estoy pidiendo demasiado…”

Y casi 5½ años después, sigo pidiendo demasiado.

Es más, vámonos un momento al texto principal de la misma entrada (editado):

“A mí, francamente, cosas como ésta son para preocuparme.  A mi entender, son el resultado de muchos factores, entre los que se destaca la irresponsabilidad en la toma de decisiones fiscales.  Y esa irresponsabilidad no es del día de hoy, sino que viene de muchos años de no afrontar los problemas económicos mediante la toma de decisiones valientes, sabias y sólidas.  Y si vamos a hablar de irresponsabilidad fiscal, recurrir a ingresos no recurrentes o a fuentes volátiles de ingresos (por ejemplo, un préstamo) para tratar de aliviar una crisis de la magnitud de la que existe en las finanzas del gobierno de Puerto Rico, a mí me parece el epítome (palabra ‘de domingo’) de la irresponsabilidad fiscal, en tanto la situación original no se atiende y se siguen acumulando los problemas.

“¿Y quién es el que siempre acaba pagando los platos rotos?  No son precisamente los que nos metieron en el lío para empezar.  Ésos tienen su ganancia asegurada, mientras que al resto de nosotros nos toca salvarles de la ruina.  (¿No será eso lo que en una columna de opinión que leí [una semana antes de escribir la entrada citada] en El Nuevo Día llamaban, ‘privatización de la ganancia, socialización de la deuda’?)”

Así que por qué será que no me sorprende que aquellos polvos que se han estado regando por muchos años nos han traído los lodos de hoy en día.  Y por supuesto, siempre hay—y habrá—quien pague los platos rotos.

Así que ahora habrá que ver cómo se pagan esos platos rotos.  Los mismos que acabamos rompiendo después de tantas advertencias.  Ahora habrá que ver cómo salimos del mismo problema en el que nos metieron metimos tan fácilmente.  Y me temo que el esfuerzo será intenso y que la lucha por salir será larga y dolorosa.  Pero ya no hay más remedio.  La lucha por salir del hoyo debe comenzar ahora.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB