¿Qué es, que aquí no hay justicia?

English: A Ford Puerto Rico Police car parked ...

English: A Ford Puerto Rico Police car parked on Paseo de la Princesa. (Photo credit: Wikipedia)

La pregunta que da título a esta entrada suena como si la desesperación se hubiera apoderado de mi persona.  Pero aun si así fuera, no soy el único.  De hecho, somos much@s l@s que pensamos que no hay manera de encontrar justicia en Puerto Rico, ante la realidad de un sistema de justicia que—simple y sencillamente—no funciona como debe ser.

Porque, ¿cómo pueden explicarse cosas como una fuerza policial—una de las de mayor tamaño de las áreas bajo jurisdicción estadounidense, aunque esa me parece una comparación injusta, si la comparación es con las agencias policiales de las urbes estadounidenses, pero ya eso es otra cosa—que en lugar de aprovechar su energía combatiendo una oleada delictiva aparentemente sin control, la malgasta como un instrumento de represión y de violación de los derechos civiles de sus ciudadanos (como lo refleja el reciente informe de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles, ACLU, sobre la impunidad policial en Puerto Rico)?  ¿O qué tal un sistema judicial en el que o los jueces ejercen (bien o mal) su discreción—esa misma a la cual se quiere delegar, según propuesto en un referendo programado para agosto del año en curso, la potestad de no fijar fianza para los acusados de ciertos delitos violentos—y dejan irse libre a la persona equivocada, a pesar de lo contundente que haya sido la prueba desfilada ante sus ojos, o los representantes del Ministerio Público no tienen la capacidad para que esa misma prueba resista el más fuerte escrutinio?

De lo primero, habrán visto muchos ejemplos a través de los años que llevo escribiendo este blog.  Para mí, los más notables son dos: la muerte de un líder cívico humacaeño a manos de un policía, sabe Dios bajo influencia de qué, y los hechos represivos con los que se quiso disfrazar un abuso del poder legislativo (for the English version of the same post, click here), y cuyas imágenes—una de las cuales ocupa “en todo su esplendor” la portada del informe de la ACLU al que me refería—nos persiguen hasta el día de hoy.

De lo segundo, bien podrían elegirse otros dos, y el primero que me viene a la mente es el caso de la jueza que en la práctica “exoneró” a un acusado de violencia de género, al encontrarlo culpable de “asesinato atenuado”.  Y como decía arriba: muy a pesar de toda la prueba que desfiló en contra del acusado.  Ahora bien, déjenme imaginarme por un momento que ese resultado no hubiese sido—como se atribuye—culpa de la jueza, sino el producto de un mal trabajo de la Fiscalía.  Y ahí bien podría ubicarse el segundo ejemplo, el más reciente, cuando el Tribunal declaró culpable de “mutilación negligente” a un individuo—del que se dice que comoquiera tenía antecedentes penales—que atropelló a su novia, Francheska Duarte Jiménez, al punto de que se le debieron amputar a ésta las dos piernas.  (Y aunque suene trillado, ni hablar del daño emocional que acompañará a Francheska por el resto de sus días—y que es mucho mayor que el propio daño físico que ella sufrió, pero no hace que el primero sea menos importante.)  O por lo menos, esa fue la justificación que dio la jueza que vio el caso en una comparecencia pública que no tenía que hacer, pero la hizo de todos modos.

Yo no sé cómo lo ven ustedes, pero aquí se supone que haya “taller”—y de sobra—para quienes dirigen o aspiran a dirigir los destinos de un pueblo como el nuestro, a fin de arreglar las cosas que están dañadas en este sistema de cosas que vivimos y padecemos los puertorriqueños.

Mientras tanto, ¿qué hace nuestra claje política?  (Entenderán que si escribo “clase”, como debería ser, le estaría dando mucho “status”, mucha “clase” a quienes ni se la merecen.)  Pues, entretenida entre insultos (como la “cara de… ‘oveja’ bien administrada” del gobernador, según el candidato rival—que de paso, al estratega de campaña que le sugirió esa táctica, yo lo mandaría a botar sin dejarle abrir la boca) y planes grandiosos pero de dudoso beneficio público, como el plan del gobernador para que el sistema público de enseñanza comience “desde ya” a impartir instrucción en el idioma de Shakespeare.  Una iniciativa con la que yo, personalmente, no estoy de acuerdo.


Antes de seguir, déjenme recalcar lo que acabo de expresar, y esto lo digo muy a pesar del entorno familiar en el que me crié (o tal vez gracias a ese entorno… ¡qué sé yo!):

YO DECLARO POR MEDIO DE ESTE BLOG QUE NO ESTOY DE ACUERDO CON LA INICIATIVA DE LA ACTUAL ADMINISTRACIÓN DE GOBIERNO DE PUERTO RICO, DE TRANSFORMAR EL SISTEMA EDUCATIVO PÚBLICO PUERTORRIQUEÑO, EN UN PLAZO DE 10 AÑOS, EN UN SISTEMA EN EL QUE TODAS LAS MATERIAS ACADÉMICAS—MENOS EL ESPAÑOL, POR SUPUESTO—SE IMPARTAN EN INGLÉS.  MI RECHAZO OBEDECE A QUE ESA MEDIDA AMENAZA CON DESTRUIR LA NATURALEZA DEL PUERTORRIQUEÑO, QUIEN VIVE, AMA Y SUEÑA EN ESPAÑOL, Y PORQUE NO VA DIRIGIDA A LA RAÍZ DE LOS PROBLEMAS QUE AQUEJAN AL SISTEMA PÚBLICO DE ENSEÑANZA, PROBLEMAS A LOS QUE DEBE DARSE PRIORIDAD, SI QUEREMOS TENER UN SISTEMA EDUCATIVO DE EXCELENCIA, QUE NOS AYUDE A SER COMPETITIVOS EN EL MUNDO DEL SIGLO 21 Y DE LOS SIGLOS POR VENIR.

Y ese es mi sentir, gústele a quien le guste, moleste a quien moleste, duélale a quien le duela.  Enfadado


Volviendo al tema, yo no veo mucha sinceridad en los esfuerzos actuales para corregir los males que nos llevan a situaciones como las que menciono en esta entrada.  Más bien, lo que sobresale es la conducta reactiva—cuando debiera ser proactiva—de quienes tienen la responsabilidad de corregir las fallas.  En el caso del informe de la ACLU, sobresale la reacción del otrora SAC del FBI en Miami, Héctor Pesquera, actual Superintendente de la Policía de Puerto Rico, quien tildó el informe de la ACLU de “irresponsable” y acusó a sus preparadores de tener “una agenda” (no puede esperarse nada diferente de una persona así).  Tal vez porque lo que le interesa es lo que varios autores que han comentado al respecto han llamado “mirar para otro lado”, porque no quiere tomarse el tiempo ni la molestia de “limpiar la casa” dentro de la policía.  Que de paso, me recuerda algo que escribí una vez:

“Yo no sé, pero tal vez sea necesario que la Policía comience por poner su propia casa en orden, antes de pretender poner en orden la casa de los demás. Tal vez la Policía debe empezar por limpiar su casa de cuanto elemento impropio tenga dentro de sus filas, y no únicamente al nivel del policía que está en la calle, del que arriesga su vida cada día por llevar la paz y por promover la sana convivencia social. (Y de éstos, yo creo que hay más, muchísimos más policías honestos que deshonestos.) También debe buscar dentro de sus altos mandos, y sacar a quienes mal utilizan ese poder que les da el rango, y con el que hace daño a los ajenos… y a los propios.”

Pero también me recuerda esto otro:

“Le estamos pidiendo demasiado a un sistema político cuyos componentes han demostrado no tener la capacidad para atender eficientemente las necesidades de sus ciudadanos, que no pueden ir hasta las raíces de los problemas que aquejan a nuestra sociedad para solucionarlos, y que más bien hacen gala de su mediocridad e incompetencia, de su extraordinario talento para el figureo.”

Y mientras tanto, ¿qué hay de las víctimas del delito y de la incompetencia oficial, como Francheska Duarte Jiménez, quien tendrá que vivir en adelante con las consecuencias de una mala decisión?  ¿Qué hay de las víctimas de la brutalidad policial, como Betty Peña Peña y Elizabeth Ramos Peña, madre e hija cuyo suplicio a manos de inescrupulosos con placa, pistola y macana nos seguirá para siempre desde la portada del informe de la ACLU?  ¿Habrá justicia alguna vez para ellas?  ¿Habrá justicia alguna vez en Puerto Rico?

Yo tengo fe de que habrá justicia.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán.  Soy Puertorriqueño.  Y aunque de vez en cuando—y sólo por necesidad, como habrán visto en este blog una que otra vez—le someto al “difícil”… ¡yo Corazón rojo mi vida y la vivo EN ESPAÑOL!  ¡Ah, y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

¿Percepción razonable?

A neighborhood watch sign attached to a door.

Amigas y amigos, mi gente, ya pasaron las primarias locales con miras a las elecciones del 6 de noviembre de 2012, tanto las de aquí (Puerto Rico) como las de allá.  Y eso debe significar que tendremos un respiro de la farsa que se repite cada cuatro años—por lo menos, hasta que lleguen los meses de verano, cuando empezaremos a ver los mismos mítines de siempre, las mismas caravanas ruidosas de siempre (y más ahora, con los conductores y dueños de vehículos “four track” reclamando su espacio para “expresarse”, aunque su presencia en las vías públicas es a todas luces ilegal, pero eso ya es otra historia), las mismas caras maquilladas de siempre, los mismos farsantes de siempre, diciendo las mismas mentiras de siempre.

Mientras esperamos pacientemente (¡las ganas!) por la función estelar del “circus puertorro” de tres pistas, echamos un vistazo a otras tierras para ver cómo se sacuden sus sociedades con las cosas que les ocurren.  Como es el caso de los eventos que se originaron el 20 de febrero de 2012 en Sanford, Florida, con la muerte—algun@s dirán, “el asesinato”—de un adolescente dentro de una comunidad “cerrada”, de esas comunidades con “acceso controlado” que tanto vemos por acá de un tiempo a esta parte (y que hace exactamente dos años escribí en este blog que no son todo lo seguras que dicen ser), a manos de un miembro de un grupo de vigilancia vecinal (“neighborhood watch”).  Un individuo que, según se dice, habría aspirado en algún momento a ser un policía, para lo que por X o Y razón no cualificó y se tuvo que conformar con el premio de consolación de ser un “vigilante vecinal”.  Pero eso no pareció haberle quitado a él el gusto por el peligro, por las emociones fuertes, por el “‘rush’ de adrenalina” que da encontrarse de momento con alguien involucrado en una actividad que él pudiera percibir “razonablemente” como sospechosa, para entonces darle seguimiento e intervenir.

Aunque si consideramos la siguiente definición (traducida y adaptada de Wikipedia por quien les escribe—ah, y el énfasis es mío también), el individuo no estaba haciendo lo correcto.*

“Vigilancia vecinal es un grupo organizado de ciudadanos dedicados a la prevención del crimen y el vandalismo dentro de un vecindario….

“Una vigilancia vecinal puede organizarse como grupo por cuenta propia o puede ser simplemente una función de la asociación de vecinos u otra asociación comunitaria.

Las vigilancias vecinales no son organizaciones de vigilantes.  Cuando se sospecha una actividad criminal, se les alienta (a los miembros de dichas organizaciones) a comunicarse con las autoridades y a no intervenir.”

Y todo lo que se conoce al momento en el que escribo es que la noche de ese 20 de febrero le surgió al individuo ese“‘rush’ de adrenalina”, al encontrarse de momento con alguien de apariencia sospechosa, vestido con un abrigo (en algunos países hispanoparlantes lo llaman “remera”) con capucha—el símbolo “de status” urbano que ostentan en nuestros días tantos muchachos y muchachas del interior de las ciudades estadounidenses.  Alguien que “no se proponía hacer nada bueno”, como tantas veces le habrían escuchado decir los operadores y operadoras del sistema “911” para emergencias, a los que él se pasaba llamando a menudo, como el soldado que le reporta a su superior cuanta novedad hay (o como dicen en mi barrio, “hasta los suspiros”).  Los mismos operadores que ya estarían hartos de aconsejarle a este señor que no siguiera al sospechoso y le dejara esa tarea a la policía (y si todavía alguien tiene alguna duda, que lea la cita de arriba).

¿Y qué pasó después?  De nuevo, mientras escribo esto no se sabe con certeza qué pasó esa noche.  Pero me sospecho que el vigilante vecinal se habría envalentonado y habría asumido la posición de dominio del cazador sobre su presa.  A lo mejor sorprendió al “sospechoso” y lo arrinconó de alguna manera, para entonces asumir un papel de “policía justiciero”, algo así como esto:

“(B)eing as this is a .44 Magnum, the most powerful handgun in the world, and would blow your head clean off, you’ve got to ask yourself one question: ‘Do I feel lucky?’ Well, do ya, punk?”

(Clint Eastwood, Dirty Harry [dir. Don Siegel, 1971].  Por cierto, ¿no les parece que yo había citado esto anteriormente en mi blog?  Total, vale la pena repetirla en esta entrada.)

Y mientras el vigilante vecinal se daba ese “plante”, eso que en los barrios de baja renta de mi pueblo llaman “peste a guapo”, el “sospechoso” suplicaba por su vida, súplica que recogían en ese momento las llamadas de los vecinos alarmados por la situación al mismo sistema “911” que el vigilante vecinal habría importunado minutos antes.  Llamadas que en su momento recogieron también el sonido del balazo fatal.

Balazo fatal que no provino del “sospechoso”—un adolescente de raza negra, vestido de abrigo con capucha, cuyas únicas “armas” eran una bolsa de dulces y una botella de té helado que había comprado en un comercio cercano unos minutos antes—, sino del arma de su perseguidor.

¿Y qué necesidad hubo de hacer todo ese ejercicio de matanza?  Además de la creencia de que se traía algo malo entre manos, el vigilante vecinal habría creído que el “sospechoso” lo iba a atacar, por lo que habría actuado “en defensa propia”, porque tenía una “percepción razonable” de que su presa representaba un peligro que había que eliminar.  (O como se usara en otro contexto en este blog, una mera sospecha de que el muchacho no era lo que aparentaba ser.)

La verdad es que el debate que se ha originado por causa de tan lamentable incidente es una cosa tan sensitiva.  Es una herida bastante profunda que se vuelve a abrir en la piel de una sociedad como la estadounidense, que tiene que cargar con el peso de un pasado de discrimen y racismo, de la creencia en la supuesta inferioridad de unos grupos sociales con respecto a otros, que criminaliza a esos grupos supuestamente “inferiores” y que ha resultado en consecuencias muy trágicas.  Pero lo peor es que esa herida corre el riesgo de abrirse aún más, según aumenten los esfuerzos por revivir el prejuicio, por avivar la llama del odio entre grupos y entre clases sociales, por matizar la convivencia entre todos los miembros de esa sociedad sobre la base de la “percepción razonable”, de la mera sospecha de que el que dice ser mi prójimo no es lo que aparenta ser.

Francamente, esa no es la manera de llevar una vida en comunidad.  Pero así es como se está viviendo hoy en día (queramos o no).

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, mientras buscaba en la Internet sobre el tema de la vigilancia vecinal encontré una lista de consejos sobre lo que deben hacer—y lo que no—las comunidades que quieran organizar sus grupos de vigilancia vecinal (publicada por el National Crime Prevention Council).  El último de los consejos en esa lista reitera a mayor detalle a lo que el vigilante vecinal en cuestión parece haber hecho caso omiso: que los grupos de vigilancia vecinal no son grupos de vigilantes y no deben asumir la función de la policía (nuevamente, énfasis mío), y que su deber es pedirle a los vecinos que estén alerta, en observación y que se preocupen los unos por los otros—y por supuesto, que informen de inmediato a la policía cualquier actividad sospechosa o criminal.


Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Un año bastante difícil para recordar

an old post card

An old postcard - Image via Wikipedia

Bueno, amigas y amigos, mi gente, llegamos una vez más a ese momento… en el que hacemos un inventario de lo que nos deja el año que está por terminar, con los ojos puestos en la esperanza de que el año que estamos por recibir nos tenga alguna compasión.

Que a juzgar por el desempeño del año 2011, lograr esa compasión va a requerir “de Dios y su santa ayuda”.  Si no me lo creen, he aquí varios botones de muestra, según los recogí en este blog durante los pasados 12 meses:

  1. Actos de violencia de los que no se salva nadie, ni siquiera la congresista estadounidense Gabrielle Giffords (Demócrata por Arizona), a la que un desquiciado quiso matar de un disparo en la cabeza, con el saldo de que ella apenas logró sobrevivir—muy a pesar del aspirante a asesino—, aunque una niña de nueve años (irónicamente, nacida el 11 de septiembre de 2001—no hay que decir nada más) y otras personas no corrieron con mejor suerte.
  2. Y tristemente, tampoco se salvan ni las figuras artísticas conocidas y queridas, como el gran cantor argentino Facundo Cabral, ya sea que estén conscientes o no de si andan con alguien de fiar, alguien que los puede poner en el vórtice del huracán sin querer.
  3. Una marejada de violencia que nos arropa, que nos ahoga, que nos asfixia, y que ya nos ha llevado por encima de los 1000 asesinatos tan sólo en el 2011 (y cuando empecé a escribir esto la noche del 29 de diciembre, la cifra estaba en los 1130 asesinatos), y para lo cual la Policía de Puerto Rico sólo puede sentarse a mirar con los brazos cruzados (¿porque alguien lo quiere así?) cómo los delincuentes se matan unos a otros… ¡y a los demás que estén en medio!
  4. Para colmo, esa misma fuerza policial es incapaz de poner su propia casa en orden, cuando tiene tantos problemas de disciplina y de violaciones a los derechos de sus ciudadanos, tantos “caciques” que quieren perpetuarse en sus puestos, tantos casos de violencia familiar y de género, lo mismo entre los “guardias de palito” que entre la plana mayor…  Una agencia de seguridad pública en esas condiciones, no puede ganarse la confianza ni el respeto de la misma gente a la que se juró proteger y servir… la misma gente que, si se la deja, se tomará la justicia en sus propias manos… ¡si es que no lo ha empezado a hacer!
  5. Añádase a eso un sistema judicial que no hace justicia, que entre otras cosas, prefiere dejar ir a algún poderoso (lo mismo un médico que el dueño de varios “puntos” de drogas) por falta de pruebas, o incluso “atenuar” el delito de violencia doméstica para justificar el que a un agresor, con toda la evidencia en su contra, se le deje libre para matar a la próxima que cometa el error de ser su pareja.
  6. Evidencias cada vez más contundentes de la podredumbre moral de los partidos políticos en Puerto Rico (y me refiero a todos¡A TODOS!), cuando toleran las actuaciones moralmente reprehensibles de sus figuras principales.  Y si de acciones moralmente reprehensibles se trata,
    • ¿Quién puede olvidar la caída en desgracia de cierto vendedor-de-autos-convertido-en-senador, luego de que saliera a la luz su posesión de un costoso automóvil de lujo que alguien le habían “regalado”?  (Por supuesto, sigo creyendo como entonces que sería interesante averiguar cómo fue que le regalaron ese automóvil… o quién le regaló el automóvil… ¿a cambio de qué?)
    • O la del hijo de un conocido alcalde, detenido por la autoridades estadounidenses por sospecha de tráfico de drogas—y que interesantemente, había adquirido antes de su arresto un vehículo de lujo con parte del dinero mal habido de cuanta transacción de drogas hubiese hecho.
    • Y qué decir de funcionarios públicos (por ejemplo, alcaldes) que se escudan detrás del poder—aun de lo más mínimo que le dé una sensación de poder—para hacer y deshacer como les dé gusto y gana, para propasarse con su personal de menor jerarquía, convencido de que lo hace porque puede hacerlo, y porque no importa que una autoridad de mayor relieve le pida cuentas, siempre se saldrá con la suya, porque para eso es que tiene poder.
  7. Figuras públicas que se esconden detrás de prédicas de amor y paz, para esparcir su veneno, para irse a los extremos diciendo que odian el pecado, a la vez que odian al pecador, mientras sacian sus propias ambiciones de riqueza, lujo y ostentación—y en el peor de los casos, esconden de la vista pública su realidad turbia e insalubre, detrás de una fachada de “rectitud” y de “moral”.
  8. Defensas altamente cuestionables de líderes políticos que son sorprendidos en actuaciones con visos de ilegalidad o de depravación moral, y que dejan la impresión de que no importa cuán bajo puedas caer, siempre tendrás un padrino que te justifique, que te defienda, y que le eche excremento a tus enemigos para reducirlos a la vergüenza, al oprobio, porque se atrevieron a meterse contigo sin saber con quién más se estaban metiendo (aun si para ello hay que inventar toda una patraña, con personas desconocidas o no existentes que lancen acusaciones viciosas contra quienes se atreven a retar al poderoso).
  9. Una cada vez mayor disociación entre la realidad que se vive todos los días en Puerto Rico (y hasta en los mismos Estados Unidos)—con figuras políticas marcadas por sus vicios, o con políticos tan incompetentes que prefieren pelearse por nimiedades, por cosas estúpidas y sin mucho valor, a ver si con ello entretienen a un público cautivo—y la realidad virtual que proclaman muchos (desde el gobernador para abajo), en la que todo está bien, en la que todo es normal, en la que la vida cotidiana del populacho no está en peligro, en la que todo es paz y amor.
  10. Peor aún, un desfase entre el punto de vista de los pobres, de quienes necesitan una ayuda, un estímulo para seguir adelante, y la mentalidad de quienes en ánimo de mostrar una superioridad que no es tal, se burlan de los mismos pobres a los que dicen ayudar… los mismos pobres a quienes se les crean innecesariamente expectativas que luego se harán sal y agua, sólo para echarle la culpa al que cayó de tonto en la trampa (¡pues, por eso, por haber caído de tonto!), mientras que quienes están llamados a ayudarlos se adornan de privilegios, lujos y ostentaciones (porque “el hueso… ¡es pa’ los demás!”).
  11. Una intención de explotar económicamente la necesidad de los ciudadanos de servicios públicos eficientes, mediante la aplicación de toda una serie de triquiñuelas para justificar el cobro de dichos servicios—y en el proceso, fomentar la ineficiencia, el desinterés, la negligencia y la irresponsabilidad cívica, todo porque no se deben a los mismos ciudadanos que necesitan esos servicios, sino a quienes se enriquecen a costillas de esos mismos ciudadanos.
  12. Falta de voluntad de los líderes políticos para acoger las sugerencias que se les dan de buena fe, por parte de la gente “de a pie”, de quienes experimentan los sinsabores de la vida diaria.  Añádase a esto una tendencia cada vez mayor a buscar soluciones a los problemas diarios del país, buscando el brillo de las luces de cinematografía, aspirando a ser como las estrellas de Hollywood que tanto se adoran.

Y podríamos añadir a esta lista los dos desastres naturales que le tocó enfrentar a Puerto Rico en agosto, con sus secuelas de destrucción y con las manifestaciones de evidente incompetencia para manejarlas rápida y eficientemente.  ¿Y cómo olvidar la visita a Puerto Rico del presidente estadounidense Barack H. Obama?  Una visita matizada por la astucia, en la que el mandatario dejó a ciertos súbditos de su provincia caribeña vestidos y alborotados, mientras discutía asuntos de vital importancia con un candidato de la oposición política al son de sándwiches de medianoche al mediodía—con su agüita embotellada por el la’o.

Pero también podríamos añadir algunas cosas buenas, como el triunfo de nuestros atletas en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, por ejemplo.  Aunque eso último parezca poco, el bien que hace es mucho.

Sea como sea, mi opinión es que el año 2011 fue un año bastante difícil para recordar.  Un año en el que los agravios crecían como los hongos, aquí y allá, aún más que en el año anterior.  Un año en el que la esperanza se puso a prueba, que pareció estar en su más bajo nivel.  Pero también fue un año en el que quedó manifiesto que los agravios se deben reparar, que la gente está comenzando a reclamar lo suyo, que la gente está comenzando a mirar las cosas como éstas son y a exigir que se le haga justicia.  De eso habrán dado fe los movimientos de protesta social en los países árabes—algunos de los cuales han sido sucedidos por la caída estrepitosa (y ocasionalmente mortífera) de quienes tratan con mano dura a sus ciudadanos, a su gente, mientras celebran la vida que le escatiman a los demás—y en los centros del poder económico mundial (como los de “Occupy Wall Street” y sus secuelas).  Y aun cuando a muchos de estos movimientos de protesta, las autoridades locales se la están poniendo difícil, ellos no pierden la esperanza de lograr sus reivindicaciones.  Podrán haberse quedado sin empleo, podrán haberle ejecutado las hipotecas de sus viviendas, podrán haber perdido los ahorros con los que pretendían tener una jubilación decente, pero todavía les queda su dignidad.  Eso, y la esperanza que tanto se dice que es lo último que se pierde.

La misma esperanza que todos tenemos en que nuestras vidas mejoren con el año que está por comenzar.  La misma esperanza que no debemos perder, bajo ningún concepto.

¡Y vamos a dejar el 2011 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Que venga el 2012!

LDB

Una meta que nadie quisiera volver a alcanzar

This is the Sant Maria de Magdalena de Pazzi C...

Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, Viejo San Juan, Puerto Rico. Image via Wikipedia

“kilo-.

“(Del gr. χίλιοι).

“1. elem. compos.  Significa ‘mil (103) veces’.  Se aplica a nombres de unidades de medida para designar el múltiplo correspondiente.  Puede tomar la forma kili-.  Kiliárea.  A veces se escribe quilo-.  (Símb. k).”

(Adaptado de la versión en línea del Diccionario de la Real Academia Española, vigésimo segunda edición. © Real Academia Española. Todos los derechos reservados. Consultado el 24 de noviembre de 2011.)

Amigas y amigos, mi gente: Les parecerá un poquito raro que comience el quinto centenar de entradas de mi blog (porque según el conteo en el panel administrativo de mi cuenta de WordPress.com, ésta que están leyendo es la entrada número 401—¿vi’te?) con la definición del prefijo griego “kilo”.  Pero la realidad es que en los pasados días, Puerto Rico alcanzó un hito nada envidiable, como nunca se había visto en la historia de mi país… y del que no creo tener recuerdo en los casi 53 años de mi existencia.

El número de muertes violentas en Puerto Rico ha superado “oficialmente” (y en el contexto de este párrafo, tengo que poner esa palabra entre comillas, dada la mala fama tejida alrededor de la “confiabilidad” de las estadísticas policiales en Puerto Rico) la marca representada por el prefijo griego “kilo”.  Al día en el que estoy escribiendo esto (el Día de Acción de Gracias), ya hemos superado la marca de las 1000 muertes violentas en un año en Puerto Rico, cuando apenas falta un mes y medio para concluir el año natural 2011.*  Un año en el que hemos visto cómo la violencia ha azotado, no sólo a los elementos asociados con el tráfico de drogas, sino también a amas de casa, ancianos, parejas jóvenes, matrimonios, y hasta niñ@s que no tienen por qué estar pagando las culpas de lo que sus padres/madres hayan hecho o no hayan hecho o hayan dejado de hacer.  Un año en el que la violencia azota en el lugar y momento menos oportuno: en la autopista a la hora de mayor congestión vehicular, en el estacionamiento del centro comercial, frente al “pub” o la lechonera, frente a la entrada de un consultorio médico (o de algún otro especialista), en el parque de pelota a donde la gente va a buscar entretenerse sanamente a través de la competencia deportiva, en medio de la fiestecita de cumpleaños, en medio de lo que debería ser la paz y la santidad del hogar…

Un año en el que se hace fácil decir que se ha repetido unas mil veces, el mismo concierto para instrumentos de acero, pólvora y plomo.**

Peor aún: Un año el el cual la Policía de Puerto Rico ha pasado de ser el actor que interviene en la prevención de estas tragedias—porque la están ocupando para otros fines que tienen menos que ver con la seguridad pública y más con servir de herramienta de quienes insisten en librar una batalla con supuestos tintes ideológicos—a ser un mero espectador de dicho concierto sangriento.

Un año en el que las aves de rapiña que habitan en los pasillos del poder, han dejado ver sus garras—bastante largas y afiladas, por cierto.  Han dejado ver de mil y una maneras, por qué no se les debería volver a dar la confianza que tan a ciegas se les ha dado.  Y mientras tanto, siguen caminando por ahí, como si nada.  Y siguen haciendo de las suyas, porque creen que lo pueden hacer y entonces quedar impunes.  Y los demás, que se atengan a las consecuencias.

Igual que los mismos delincuentes que nos han llevado hasta el borde del abismo.  Quién sabe si en una suerte de contubernio.  Tú me das, yo te doy.  Tú te portas bien conmigo, yo me porto bien contigo.

Y mientras tanto, los demás, los que estamos en medio, ¿a dónde vamos a acudir para protegernos, para defender lo más valioso que tenemos, que es LA VIDA?  ¿Qué haremos para recuperar la esencia de lo que somos, de aquella sociedad que alguna vez supo vivir en armonía (a menos que esa armonía hubiera sido un mito… pero eso no lo creo), que se supo levantar por encima de las discordias, por encima de los intereses particulares cuyo único fin existencial—más bien, cuya única razón de ser—es dividir?

¿Qué haremos en el futuro para evitar tener que llegar a ese hito, para evitar llegar a ese marcador de una cantidad que empiece ominosamente, con el prefijo griego “kilo”?

Ya viene siendo la hora en la que pensemos en ello—y de que NO se nos haga caso omiso.

Y siendo el caso que ésta es la entrada número 401… lo dije arriba, ¿verdad que sí?… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, y por favor, estén dispuestos a seguirme soportando en este blog, a ver si llego a—y paso de—las 1000 entradas, ¿OK?  (Digo, todos tenemos metas que SÍ queremos alcanzar.)  ¡Hasta la próxima!


* De hecho, hacia finales de la semana anterior a esta entrada, se había igualado la marca de 995 asesinatos establecida en 1994, como lo indica la siguiente nota publicada por la agencia noticiosa española EFE: Las 995 muertes en Puerto Rico convierten al 2011 en el peor año de la historia criminal (vía Yahoo!® en Español—Noticias).

** Para que conste: Estoy parafraseando la cita que se atribuye al compositor ruso, Ígor Fiódorovich Stravinski (1882–1971), en el sentido de que el compositor y músico barroco italiano, Antonio Lucio Vivaldi (1678–1741), no escribió mil conciertos para el violín (incluidos los cuatro que forman su obra más famosa, “Las Cuatro Estaciones”)… ¡sino que escribió mil veces—o de mil maneras distintas—el mismo concierto para el violín!  Go figure!


LDB

Fuenteovejuna en Sirte

Title page of a comedy by Spanish playwright L...

Title page of a comedy by Spanish playwright Lope de Vega - Image via Wikipedia

¡Adió’ cará’!  ¿Que ustedes todavía están aquí, leyendo esto?  Para mí esto demuestra una de dos cosas: que ustedes son tan fieles seguidores de este blog, lo que me da el honor—más bien, el privilegio—de llamarlos “amigas y amigos, mi gente”… o que el Ing. Harold Camping, o sea, el viejo loco ése que se la pasa proclamando “el fin del mundo” cuando él lo dice

(Redoble de tambores, ¿por favor?)

¡falló otra vez (y seguirá fallando)!  ¡A ver con qué excusa sale ahora!  Es más, permítanme hacer una predicción aquí (digo, para eso y mucho más éste es mi blog):

ESE SEÑOR MORIRÁ DE VIEJO Y/O DE LOCO UN DÍA DE ÉSTOS.

Y aunque tenga tanta probabilidad de que ocurra una cosa como la otra—o sea, que él muera de viejo y loco o que sólo muera de viejo—, ésa sí que es una predicción que no debe fallar.

OK, ya nos quitamos de encima a ese desquiciado, así que vamos a lo que vinimos hoy.

Lo primero que pensé mientras revisaba mi cronolínea de Twitter después del mediodía (en hora de San Juan) del jueves pasado fue algo así como, “Esto debe ser una broma, ¿verdad?”  Ya para entonces, los medios principales estaban dando cuenta de que las fuerzas rebeldes en Libia habían ubicado al depuesto dictador, el Col. Muammar Abu Minyar al-Qadhafi,* y lo habían capturado.  Digo, de ser eso cierto—y acuérdense, eso era lo que yo pensaba en ese momento—, significaba que él habría cometido algún error táctico que lo hubiera dejado al descubierto, que le hubiera dado un exceso de confianza en que podía salir del lío en el que estaba metido.

Lo que no me esperaba fue lo que observé un par de minutos después en mi cronolínea (y si se preguntan, es que estoy traduciendo literalmente la palabra “timeline”), cuando los servicios de noticias que sigo en Twitter informaban que Qadhafi había sido muerto por los mismos rebeldes que lo capturaron.  “Bueno, pero y… ¿qué es esto?  ¿Será que el individuo se resistió a que lo capturaran y por eso lo mataron?”  Digo, eso sonaría más parecido al dictador desafiante, egocéntrico y excéntrico (al punto de mandarse a hacer una pistola en oro—mostrada gustosamente al mundo por alguno de sus captores-ejecutores luego de consumarse el hecho), al hombre que por 42 años rigió con mano de hierro los destinos de su país, el que los países de Occidente le atribuyen auspiciar y fomentar actos de violencia contra otros seres humanos—como albergar a los dos nacionales de su país que mataron a 270 personas (11 de éstas, en tierra) cuando derribaron un avión de pasajeros sobre una villa escocesa en diciembre de 1988 (vía Wikipedia: en español, en inglés).  O por lo menos, yo no lo vería de otra manera.

Y según se iban confirmando los primeros datos, surgió que pudo haber habido otra manera… aunque mientras escribo esto, eso es algo que no se sabe con certeza—y quién sabe si nunca se sabrá cuál fue esa manera.  Pero las imágenes no podían ser equívocas: un coronel Qadhafi ensangrentado y golpeado, arrastrado por la calle por sus captores, en actitud desafiante, como si aún tuviera la facultad de intimidarlos para que lo dejaran ir, so pena de una fuerte y dolorosa represalia… sólo para aparecer hecho cadáver pocos segundos después, sin que hubiera alguna constancia de cómo llegó al final de sus días.  Sólo el cadáver ensangrentado en el piso, en medio de la turba.  Sólo lo que parece ser un agujero de bala en la sien izquierda, de esos que se ven pequeños de entrada, pero dejan un gran destrozo a la salida.

Francamente, eso es para que ustedes y yo nos preguntemos: ¿era eso realmente necesario?  ¿Acaso cuesta mucho apresarlo y llevarlo donde las nuevas autoridades libias (aun si éstas no están muy bien constituidas que digamos) para someterlo a juicio, y que sean esas mismas autoridades las que decidan su destino?  Digo, algo así fue lo que se hizo con Saddam Hussein en Iraq—con quien, por cierto, Qadhafi comparte ahora la dudosa distinción de haber sido capturado mientras se escondía en la tierra: el dictador iraquí, en un agujero; el dictador libio, en una tubería de drenaje pluvial.  Pero tengo que insistir de nuevo: ¿qué les costaba a los rebeldes enjuiciarlo, exponer a su pueblo y al mundo las atrocidades, los lujos, las excentricidades, las componendas, todo, todo, TODO?  ¿Tanta prisa tenían ellos por “hacerle un favor” a los libios, y por extensión, al resto de la humanidad?

Y aún así, no sería la primera vez en la Historia de la humanidad que ocurre algo así, especialmente cuando no se sabe exactamente quién hizo el disparo fatal:

“JUEZ: ¿Quién mató al Comendador?

“PASCUALA: Fuenteovejuna, señor.”

(Tomado de: Fuenteovejuna, por Félix Lope de Vega y Carpio [1562–1635].)

Tal vez, Libia se convirtió en la nueva Fuenteovejuna y los libios son ahora los villanos (en el sentido antiguo de la palabra, no en el de “los malos de la película”, mind you) que se tomaron la justicia en sus manos.

¿Qué me dice a mí todo esto?  Tal vez que llegan momentos en la vida de los pueblos, cuando éstos se cansan de los abusos repetidos de quienes ostentan el poder.  Tal vez que quienes abusan de ese poder, quienes violan la confianza que se les ha dado, se exponen a que el descontento estalle, como un envase cerrado al que le aumentan la presión y revienta—al no tener por dónde liberar esa presión.  Y cuando ese estallido se produce… hay que tenerle mucho cuidado.  Y si no lo creen, fíjense en Irak, en Egipto, o hasta en Haití.

Y eso es algo a lo que yo creo que algunos dictadores en funciones o en ciernes deben prestarle mucha atención, porque en ello se les puede ir la vida.  Total, que de nada les servirán los lujos, los placeres, y hasta las excentricidades—como la pistola de oro del dictador libio (que de “gran cosa” le sirvió).  Ahí no habrá salvación posible, no podrán evitar atenerse a las consecuencias.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Ah, y nos vemos en la próxima entrada, que será oficialmente la número 400.  ¡Como pasa el tiempo!


P.S. Aunque se podría “castellanizar” un el apellido de este señor como “Gadafi”, voy a optar por no hacerlo en esta ocasión.


LDB