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Lo que nos deja el 2010

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Bueno, amigas y amigos, para cuando yo coloque esta entrada en los servidores de WordPress.com, el resto del mundo aún no habrá recibido el nuevo año 2011—cosa que deberá empezar a ocurrir cuando en Puerto Rico sean las 8 de la mañana (08:00 UTC –04:00) del viernes, 31 de diciembre de 2010.  (O por lo menos, eso es a lo que yo aspiro.)  Así que a ésta la considero como la última entrada oficial de mi blog para el 2010.  Un año en el que en Puerto Rico se vieron muchas cosas.

Se vieron los efectos de una ola delictiva que parece no tener fin, muy a pesar de que se alega oficialmente que la misma “está bajo control”—or is it?  Una ola delictiva en la que cualquiera se cree con poder sobre la vida y la muerte y los inocentes se convierten en un blanco fácil.

Se registraron más y más actos de violencia dentro del seno familiar, con resultados cada vez más escalofriantes—y siempre, quienes menos pueden defenderse, especialmente l@s niñ@s, ya sean l@s del residencial público, o l@s de la barriada pobre, o l@s de la ruralía, o hasta l@s de las supuestamente seguras urbanizaciones de “acceso controlado”, acaban pagando los platos rotos.

Se continuaron implantando las medidas de “estabilización” y “recuperación” fiscal, con la salida de más empleados públicos de sus puestos en el gobierno estatal—medidas que han traído un desmejoramiento en la calidad de los servicios que se le prestan al público, al sobrecargar a l@s emplead@s que quedan para hacer las tareas de l@s que “se fueron”.  Y en cuanto a l@s que “se fueron”, muchos de ést@s tratan de arreglárselas como pueden, ya que la suerte de volver a tener un empleo no parece favorecerles por lo pronto.  Y l@s que no pueden arreglárselas… no pueden más con su carga y caen.

La mediocridad se paseó de la mano de la codicia una vez más, especialmente en el lugar donde se elaboran las normas que deben ayudar a la sana convivencia de quienes preferimos vivir en sociedad a vivir sin reglas—con una profusión de necios, ignorantes, elementos con más ambición de servirse de los demás que de servir a los demás, o aquéllos cuya conducta pública evoca un sentimiento de vergüenza.

Sobre todo, el conflicto y la confrontación se hicieron sentir mucho durante este año que nos deja.  Se hicieron sentir en las acciones contra entidades de la confianza de los ciudadanos, como el Colegio de Abogados, y contra las comunidades pobres, cuyo único “delito” es interponerse en el camino del “progreso”.  Se hicieron sentir en la Universidad del estado, cuando imperaron la retórica de un tiempo que muchos creíamos muerto y sepultado, la intolerancia y la mala voluntad, sobre el consenso y la razón.  Y todo eso, ¿para qué?

Es curioso que estos días del feriado de Navidad y fin de año del 2010 han transcurrido en Puerto Rico bajo una lluvia persistente.  Tal vez para cuando yo coloque esta entrada en los servidores de WordPress.com, ya haya dejado de llover y empiece a brillar el Sol, como un signo de esperanza, de que no todo está perdido.  A mí me gustaría pensar que eso será así, pero con los barruntos que nos deja el año 2010 que se va… la pregunta que me hago es: ¿hacia dónde vamos desde aquí?

(Y eso, que ni siquiera voy a mencionar el temblor de tierra de magnitud 5.4, que se sintió en Puerto Rico la noche del 24 de diciembre de 2010.  Interesantemente, el epicentro del mismo se estimó como a 15 millas o 24 kilómetros al oeste de donde vivo… lo suficiente como para que se sintiera como si un tren hubiera chocado contra mi casa.  ¡Así de fuerte se sintió ese temblor!  ¡UY!)

Y ahora sí, ¡vamos a dejar el 2010 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Nos vemos en el 2011.

LDB

Otro día que vivirá en la infamia…

Ford Crown Victoria P.I. of the PRPD Highway P...

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“INDIGNACIÓN
“La Isla es escenario de la redada anticorrupción más grande en la historia de EE.UU.”

PROFUNDA SACUDIDA A LA POLICÍA
“Decenas de agentes son sorprendidos entrando en acuerdos con presuntos narcotraficantes.”

“WASHINGTON LE PONE EL OJO AL PAÍS
“Según (la jefa de la Fiscalía Federal en San Juan) Rosa Emilia Rodríguez, los federales están preocupados por la magnitud de la corrupción.”

‘TE VAMOS A DETENER’
“El jefe de Justicia de Estados Unidos envía un fuerte mensaje a los agentes corruptos.”

Amigas y amigos, no podían ser más elocuentes los titulares de la prensa escrita el 7 de octubre de 2010 ante los sucesos de la víspera—un día que, si usamos las famosas palabras del presidente Franklin D. Roosevelt ante el Congreso estadounidense, luego de otra víspera de ingrata recordación, “vivirá en la infamia”.  Y no hace falta decir que ese 6 de octubre de 2010 pasará a la historia como el día en el que las autoridades estadounidenses arrestaron a 132 personas por delitos relacionados con el tráfico de drogas y armas, 89 de los cuales eran agentes del orden público: 61 agentes de la Policía de Puerto Rico, 16 agentes de la policía local de cinco municipios (entre los que se destacan San Juan y Guaynabo… ¡qué interesante!) y 12 agentes del sistema correccional.  Los arrestos se llevaron a cabo con base en la labor de agentes encubiertos del Negociado Federal de Investigaciones (FBI), quienes captaron a los agentes implicados en medio de transacciones en las que se ofrecían para “proteger” y “dar seguridad” a varios narcotraficantes en sus transacciones de drogas y armas.

La verdad es que esto es como para asustarse, como para un@ no saber en quien confiar cuando sale a la calle…

Pero si malo es que hubieran arrestado a estos agentes del orden público, peor es lo que ello refleja sobre nuestro país actualmente.  Como lo expresado ante la prensa ese mismo día por el Agente Especial a Cargo (SAC) del FBI en San Juan, Luis Fraticelli, de que existe una corrupción “sistemática y endémica” en la Policía de Puerto Rico, en el Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR) y en varios de los cuerpos de policía municipal, y que se necesita hacer “cambios radicales ” para eliminar esa corrupción.

Digo, ¿tan mal están las cosas en Puerto Rico que las autoridades estadounidenses tienen que darnos una sacudida para que nos pongamos en movimiento, para que nos salgamos de nuestra comfort zone y las arreglemos (si es que nuestros pseudolíderes políticos tienen la voluntad para hacerlo)?  ¿Tan bajo hemos caído como para que en el mismo encuentro con la prensa, el secretario de justicia estadounidense Eric Holder, diga—en un español bastante aceptable, si me preguntan a mí—que “Puerto Rico se merece algo mejor” de sus agentes de ley y orden, y que no permitirá que las acciones de unos pocos deshonestos destruyan el buen trabajo de los muchos policías decentes y honestos?  (¡Y créanme que los hay!)

No podría ser peor el mensaje que se le lleva al mundo sobre un país que se jacta de que “lo hace mejor” (y hasta pretende unirse al fenómeno global del “branding” al mercadearse con esa misma frase como marca).  Y a juzgar por la lista de artículos relacionados que aparece al final de esta entrada, la fama que tenemos en estos momentos no es la mejor.  (Y salvo las honrosas excepciones que todos los puertorriqueños conocemos, parecería que nunca tuvimos buena fama.)  Por supuesto, no es habitual que alguno de los medios estadounidenses o internacionales informe los logros y los triunfos de los puertorriqueños, en y fuera de su propia patria… la misma que, lamentablemente, algunos de sus hijos ha dejado caer en un abismo.

Mucho se dice de las razones por las que estamos enterrados en este hoyo (no tan profundo como el de los 33 mineros chilenos que ya llevan más de dos meses atrapados—y que al yo escribir esto, podrían estar por salir de su encierro involuntario antes de finales de este mes).  Puede que sea tal vez que el gobierno (de los dos partidos políticos principales, el PPD y el PNP—a mí me da igual) hubiera decidido adoptar una política pública al estilo de la película ochentosa, Police Academy (Dir. Hugh Wilson, 1984), en la que un buen día, la alcaldesa de una gran ciudad estadounidense no nombrada levanta así porque sí las restricciones para el reclutamiento de cadetes de policía, lo que abre las puertas de la academia de policía “a Raimundo y to’ el mundo”… y no necesito contarles más para decirles en qué termina ese “experimento” (digo, en su momento algun@ de ustedes se gozó esa película tanto como yo… Sonrisa ).

Por supuesto, nuestra realidad no es exactamente tan divertida, especialmente cuando las consecuencias que vemos cada día incluyen asesinatos de inocentes (como los de José A. Vega Jorge y Miguel A. Cáceres Cruz), incidentes de brutalidad policial como los que observamos recientemente durante el paro universitario de 2010, y (aunque demasiado remotos como para atarlos a las causas de la situación actual) asesinatos con base política como los ocurridos hace 32 años—de veras, el tiempo se va volando—en el Cerro Maravilla.  Aunque no todas las consecuencias las han tenido que afrontar los ciudadanos que tienen la mala fortuna de quedar del lado equivocado del rotén o el del cañón de la Glock policial, ya que también las han sufrido los mismos agentes del orden público (como en el caso de la disputa familiar entre policías que terminó en tragedia Las Piedras).  ¿Verdad que esto hace desear que yo repita lo que yo escribí entonces para ese último caso?

“¿Qué queda entonces por hacer?  Ya el Superintendente de la Policía dijo que hará lo posible porque cada miembro de la Policía se haga examinar sicológicamente una vez al año….  Por supuesto, también sería de ayuda si se volviese a ser más selectivo en la admisión de nuevos reclutas a la academia del cuerpo policial, si se asegurara que quienes salgan a la calle (con el uniforme, la placa, las esposas y el arma de fuego) sean personas sólidas, templadas, equilibradas emocionalmente, con un claro sentido de honestidad y de justicia…

“¿Será eso demasiado pedir?  Francamente, YO NO LO CREO.”

Por supuesto, si no se ha hecho nada desde que escribí esa cita en enero de 2007, tal vez menos se hará hoy en día.  Y hasta puede ser que yo me hubiera equivocado todo este tiempo: Le estamos pidiendo demasiado a un sistema político cuyos componentes han demostrado no tener la capacidad para atender eficientemente las necesidades de sus ciudadanos, que no pueden ir hasta las raíces de los problemas que aquejan a nuestra sociedad para solucionarlos, y que más bien hacen gala de su mediocridad e incompetencia, de su extraordinario talento para el figureo.

Francamente, yo creo que el secretario federal de justicia, el señor Holder, tiene mucha razón: “Puerto Rico se merece algo mejor”.  Se merece tener gente honesta, gente decente, gente que suda la patria cada día, gente que construye un país con su esfuerzo… en lugar de quienes quieren destruirla vendiendo su dignidad, su honradez y su vida a precio de sangre y sufrimiento.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Y luego preguntan, ‘¿por que nos quejamos?’

Yo no puedo creer esto, amigas y amigos, mi gente.  De un tiempo a esta parte, se ha estado dando un descontento con el proceder de la administración gubernamental de turno,  y la respuesta oficialista a ese descontento es hacer como si el mismo no tuviera motivo, como si no hubiera razón para quejarse.  Veamos.

Si se le plantea al máximo ejecutivo de las emisoras públicas de Puerto Rico, Israel “Ray” Cruz (el mismo que hace un año vació prácticamente todo su departamento de noticias), que las transmisiones televisivas de las actividades de apertura y clausura de los Vigesimoprimeros Juegos Centroamericanos y del Caribe (Mayagüez 2010)—los cuales culminaban el día en que escribo esto, luego de dos semanas de bastante actividad (incluida una que mencionaré un poco más abajo en la entrada, si tienen la paciencia de seguir conmigo hasta allí)—fueron una soberana porquería y no contaron con la calidad que se espera de un evento de trascendencia mundial, lo más seguro es que el ejecutivo replique:

  1. Que la transmisión sí fue de alta calidad, y que se utilizaron los más recientes adelantos de la televisión digital, y
  2. Que no hay razón alguna para quejarse, a menos que a un allegado de quien se queja no se le hubiera otorgado la producción de un programa televisivo, o que la parte agraviada hubiese sido despedida del elenco de otro programa.

A ver si entiendo esto: Tanto la atracción estelar de la ceremonia inaugural, la cantante Olga Tañón (a cuyo esposo no se le otorgó un contrato para producir un programa estelar sobre las cosas lindas y positivas de los municipios de Puerto Rico), como la respetada actriz y locutora puertorriqueña—y por si se me olvida, ella es además jugadora de golf a tiempo parcial—, Cordelia González, hacen planteamientos válidos, basados en su experiencia con los medios y en su interés de llevarle a Puerto Rico, y a los demás países representados en “Mayagüez 2010”, un espectáculo que haga brillar a Puerto Rico ante la región y ante el mundo.  ¿Y cómo la oficialidad trata esos planteamientos?  ¿Al nivel del betún?  ¿Como si se tratara de un chisme propagado por gente despechada?  ¿Como si las cosas que originan esas preocupaciones no existieran—por lo menos, en el universo en el que vive el directivo de medios?

Otro ejemplo: Se le cuestiona al alcalde de Barceloneta (municipio costero en el norte de Puerto Rico) sobre su operativo de eliminar una serie de ‘estorbos’ en la zona costera—entre los que está una comunidad pesquera cuyo único “delito” es procurarse su propio bienestar, sin tener que estarse dejando amamantar por el gobierno—para allanarle el camino a un desarrollo de marinas y paseos costeros, lo más seguro es que el incumbente municipal conteste:

  1. Estableciendo que el proyecto en cuestión es para “proteger” la costa y los bienes públicos en la misma, y que se pretende preservar las áreas de alta sensibilidad ecológica (como las playas de anidamiento de tortugas marinas en peligro de desaparecer), histórica y cultural (como una serie de cuevas que poseen petroglifos de nuestros pobladores precolombinos), y
  2. Que todo está bien, que no hay motivo para quejarse, y que quien se atreva a llevarle la contraria, específicamente la líder comunitaria que está ayudando a organizar a los residentes de la villa pesquera, es “una loca”.

Francamente, a mí me da una gran vergüenza cuando oigo o veo que los que se hacen llamar líderes en Puerto Rico se rebajan al nivel de la alcantarilla—muy a diferencia de las víctimas de su ira.  Y ciertamente al incumbente en cuestión, Sol Luis Fontanes Olivo, se le conoce un historial de rebajarse a ese nivel cuando no tiene argumentos para rebatir, o cuando se ve en medio de una situación peliaguda.  (Y si alguien todavía lo duda, vea en la noticia enlazada arriba cómo este alcalde maltrató de palabra—alegadamente—a un pescador cuya propiedad fue expropiada.  O si quiere, échese un poco hacia atrás en el tiempo, hasta llegar a donde les presento a este mismo alcalde en el contexto del famoso—más bien, infame—incidente de los perros realengos arrojados por un puente.)

Es más, si me permiten una nota personal y sin que me quede nada por dentro: Yo conozco personalmente a la líder comunitaria a la que este individuo (y yo lo siento mucho, pero el título de “Alcalde” reviste cierta dignidad que no quiero manchar al aplicarlo a este señor) quiso injuriar públicamente, la Sra. Laylanie Ruiz Olmo.  Ella fue en su momento una compañera de trabajo en el DRNA.  Durante el tiempo que estuvo trabajando con nosotros, a mí me constó su seriedad, su capacidad profesional y su dedicación a la protección del medio ambiente y los recursos naturales.  Por eso, yo no tengo razón alguna para creer que ella no esté actuando en defensa de una comunidad que ve amenazada su supervivencia.  Pero sobre todo, creo que tanto ella como la comunidad a la que representa, tienen algo que no se puede comprar… y ese algo se llama dignidad.

¿Podrá decir lo mismo el ocasionalmente destemplado primer ejecutivo municipal?  ¿O será que quien(es) esté(n) detrás del desarrollo propuesto le tiene(n) a él un precio puesto?  Por aquello de que todo se compra, todo se vende…

Pero volvamos al planteamiento inicial.  Si se le plantea al gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, que algunas de las más de 1500 escuelas del sistema educativo público de Puerto Rico no están preparadas en su planta física, o en su dotación de maestros o directores para el inicio del nuevo año escolar 2010–2011 (¿no les parece que están escuchando el mismo disco rayado de siempre?), y que las organizaciones magisteriales amenazan con realizar paros y manifestaciones de protesta al inicio del primer semestre escolar, el primer ejecutivo responde que:

  • ¿Para qué las protestas de las organizaciones magisteriales, si las más de 1500 escuelas de Puerto Rico estarán listas para el comienzo de las clases del primer semestre?  Todo está bien, no hay de qué quejarse.

La verdad es que oigo una expresión como ésa y no sé si estoy en el planeta Tierra o si estoy en un universo paralelo.  ¡Qué horrible!

Es más, déjenme salirme de ese tema para volver al de “Mayagüez 2010” como lo prometí arriba.  En la segunda de las dos semanas de la fiesta deportiva—que contratiempos aparte, resultó ser muy exitosa—, la noticia más importante no fue el desempeño de las distintas delegaciones deportivas, sino el hecho de que se reportara un ataponamiento en las tuberías sanitarias de la Villa Centroamericana… ¡causado por la disposición de ‘miles de condones’!  Como el proverbial árbol caído, de esta noticia todo el mundo hizo leña… especialmente los “reporteros estrellas” de El Ñame, quienes sugieren que los miembros masculinos (como dicen en inglés, pun intended!) de las delegaciones presentes tomen un curso ‘educativo’ a ese respecto.  Por supuesto, los organizadores de “Mayagüez 2010” buscaron justificarse diciendo que todo estaba bien, que no había necesidad de quejarse y que el problema se había resuelto, aunque ulteriormente no quisieron dar cara a la prensa y dar explicaciones más comprometedoras.

Pero no deja de darme gracia el que tantos atletas masculinos hayan querido… esteeeeeeeeee… dar rienda suelta a sus impulsos “competitivos”, descargar todo ese exceso de energía “atlética”, como para poner a prueba la capacidad de todo un sistema sanitario para asimilar esa carga.  (Además de que debe haber mejores maneras para disponer de…  No, por favor no hagan caso a lo que acabo de escribir.)

Pero bueno, no sé ni por qué me quejo.  Todo está bien en este universo paralelo en Puerto Rico.  ¡No hay razón para quejarse, problema resuelto!  Y a todos los atletas masculinos de “Mayagüez 2010”… ¡medalla de látex!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

LDB

Caer gracioso… o caer en la desgracia

¡Hola, amigas y amigos, mi gente!  Luego de una semana que comenzó para mí de la peor y más inesperada manera imaginable, como lo explicaré más adelante en esta entrada, aquí estoy nuevamente.

Sea como sea, todavía es la hora en que se me hace difícil entender cómo es posible que elijamos para los puestos públicos en Puerto Rico, personas que por lo demás deberían asumir una conducta pública digna—y sobre todo, personas entradas en bastante edad, que siempre se nos ha dicho que es una señal de sabiduría y de respeto—, para entonces echar por tierra esas expectativas.  Pero a veces, la vida nos demuestra que no siempre el que más se llena la boca predicando la honestidad es el más honesto, no siempre el que más se llena la boca predicando la paz y el amor hacia el prójimo es el más tolerante hacia quienes no son sus iguales, no siempre el que más firmemente se apega a la prédica de la moral y la decencia es el mejor ejemplo a seguir.

Prueba de ello nos la dieron la semana atrasada (y si me siguen hasta que termine esta parte de la entrada, sabrán el por qué de este atraso) dos “servidores públicos”, quienes se han visto envueltos en situaciones que apuntan hacia su carácter y su entereza moral (o a la falta de los mismos).  A uno de ellos, el alcalde de Cidra (municipio ubicado hacia el extremo este de la Cordillera Central, para quienes me leen fuera de Puerto Rico), se le ha imputado cargos de hostigamiento sexual en la persona de varias de sus empleadas alcaldicias, mientras que el otro, el senador (of all people!) Antonio Soto Díaz, que se hace llamar “el chuchin”, quiso caer en gracia durante un programa matinal en la radio FM local (‘La Perrera’ de Salsoul) y se ufanó de que la contratación como su ayudante, de la conocida modelo profesional Yadira Hidalgo… esteeeeeeeeee… no fue precisamente por sus cualificaciones profesionales, si entienden lo que quiero decir…

(OK, voy a decirlo como es: fue… esteeeeeeeeee… ¡porque ella tenía unas tremendas nalgas!  PUNTO.)

Lo anterior resultó en que ulteriormente el presidente del Senado de Puerto Rico, Thomás Rivera Schatz, rescindiera el contrato, lo que no le cayó muy bien a la modelo, quien amenazó con entablar la correspondiente acción en los tribunales.  (Aunque francamente, yo no perdería mi tiempo en llevar una demanda en esas circunstancias, sobre todo dado que pendía sobre ese contrato un planteamiento público de naturaleza moral y el presidente senatorial, como autoridad nominadora, tenía todo su derecho de tomar esa decisión—si la decisión fue buena o mala, ya eso es otra cosa.)

Pero el caso es que eventos como éstos apuntan hacia un síntoma bastante serio, en lo que respecta al liderato político del país.  Un liderato político sin carácter, sin vocación de servicio, que se deja llevar por sus impulsos más bajos, eso por un lado, mientras que por el otro tratan de pasar como los guardianes de la moralidad y el civismo ante la sociedad puertorriqueña.  Digo, ¿no son estos líderes políticos los mismos que le exigen a los ciudadanos que cumplan con las leyes, aunque éstas sean absurdas o acaben por ahogar a los propios ciudadanos?  ¿Los que exigen que las comunidades marginadas por el crimen y la pobreza echen a un lado la “ley del silencio” y denuncien ante la Justicia a los que cometen los delitos más atroces?  ¿Los mismos que pretenden inculcarle valores a un pueblo—y de veras, yo creo que los puertorriqueños necesitamos recuperar esos valores que reflejan la convivencia de otros tiempos—, cuando ni siquiera son capaces de ser los ejemplos que reflejen esos mismos valores?

Tal vez, políticos como éstos creerán que se saldrán con la suya, porque tienen alguna clase de poder—o como en el caso del senador Soto, que dice ser creyente en la brujería y hasta ha amenazado con “hacerle daño” a sus enemigos (una vez salga de su lío actual, por supuesto).  Tal vez ésa es una de las consecuencias de elegir “cualquier cosa”, lo que sale de debajo de la tapa de un zafacón (“papelera”, “cesto para la basura”, etc.), como la persona que ha de representar y defender los intereses del pueblo, en lugar de buscar personas que tengan un sentido de responsabilidad, que tengan un sólido carácter moral, que asuman con seriedad la función pública, que manifiesten dominio propio.

Tal vez, es ahora que nos damos cuenta de ello.


Y ahora voy a la explicación que prometí al comienzo.  El domingo pasado (11 de julio de 2010), luego de disfrutar el triunfo 1–0 de la escuadra española sobre la holandesa en la final de la Copa Mundial de Fútbol, me había quedado sin ánimo para escribir la entrada que están leyendo hoy.  En todo caso, cuando me dirigía a mi oficina el lunes, empecé a pensar en que debía haber alguna manera de mantener el contacto con aquéll@s de mis compañer@s de trabajo que habían sido objeto de la implacable ola de despidos promovida por la Ley 7 de 2009.  Me interesaba mucho saber qué estaban haciendo, cómo les iba en la vida, si habían tenido éxito en conseguir un empleo que les ayudara a atender sus compromisos, cómo les trataba la vida—bien, mal o peor—, y sobre todo, si había alguna cosa, por pequeña que fuera, que pudiéramos hacer quienes nos quedamos atrás para luchar por ellos.

Una vez entro al ascensor que me lleva hasta el nivel del edificio en el que se encuentra mi oficina, comienzo a notar que varios compañeros de trabajo están hablando en voz queda sobre una persona que había muerto la noche anterior.  Comentaban cómo esa persona había atravesado por tiempos difíciles en su vida pasada y reciente, especulaban sobre qué pudo haber pasado por su mente en sus momentos finales.  Mientras oía esta conversación, no pude evitar pensar que algo estaba mal.  ¿Sería la persona de la que se estaba hablando, alguna persona de las que recién se había retirado, luego de dejar toda su vida en el trabajo?  Digo, se conocen casos en los que una persona que hubiese trabajado por mucho tiempo, sea en el sector público o en el privado, al no poderse adaptar a la idea de que ya su misión laboral terminó, que ya su rutina diaria cambió para algo menos intenso, encuentran intolerable ese cambio y sucumben.  Pero de otra parte, ¿sería esta persona de la que se hablaba alguna de las víctimas—gústele a quien le guste—de una mal ejecutada campaña de despidos dirigidos a “reducir” las nóminas gubernamentales en aras de una “recuperación económica y fiscal”?  Digo, yo llevo bastante tiempo advirtiendo (o por lo menos, dándolo a entender) en este blog que cosas como ésa podrían suceder, que ésa podía ser una de las consecuencias de dicha campaña de despidos.

No es sino hasta que llego a mi oficina y le pregunto a una de las secretarias sobre lo sucedido, que la realidad me da un golpe brusco: En efecto, fue una de las personas que había sido víctima de la ola de despidos masivos gubernamentales.  Una joven mujer, en sus 40s medios, divorciada, madre de tres niños, cargada con el peso intolerable de una serie de deudas y compromisos, y sin los medios para poder cumplir con esas deudas y compromisos… tomó la lamentable decisión de suicidarse la noche anterior.  (Y por respetar su recuerdo, me voy a reservar la manera en la que ella se privó de la vida.)  Y eso me dejó fuertemente sorprendido, y muy triste, por tratarse de una persona a la que tal vez hubiera ayudado una buena palabra a tiempo, el consejo de algún buen amigo, de alguien que la hubiera escuchado sin juzgarla, alguien que le hubiera dado su apoyo, alguien que hubiera estado ahí, con ella, en su momento de mayor desolación.

Sea como sea, la noticia de que alguien a quien se conoce—o tal vez debo decir, a quien yo apenas estaba empezando a conocer y entender—ha optado por resolver los problemas angustiosos de su vida privándose de la misma, nos deja muy consternados.  Nos deja con la sensación de que personas como mi ex-compañera de trabajo—por lo demás una hermosa y esbelta rubia de tez blanca y ojos claros y de buen corazón, aunque a quien no la conociera le parecería tan fría y distante como una princesa de hielo—viven por dentro un infierno, una situación mental tan angustiosa que no las deja ver más allá.  Nos deja con una sensación de vacío, de que nos hará cada vez más falta, de que nuestro mundo dejó de ser el mismo ante su partida al más allá.

¡Desde aquí deseo para ti un buen viaje, amiga Edna!  Que tu recuerdo ilumine y alegre las vidas de quienes te conocimos, y nos ayude a seguir luchando por lo que es justo.

(Por cierto, la realidad me dio el segundo golpe trágico en menos de una semana, cuando la noche del sábado—mientras realizaba una búsqueda en Bing.com—me enteré de que una atleta que admiré durante mucho tiempo hasta que desapareció de la vista pública, la fisicoculturista estadounidense Shelley Beattie, se suicidó en febrero de 2008, a los 40 años de edad, mientras estaba bajo tratamiento siquiátrico por un trastorno bipolar.  Un final lamentable para una atleta que a pesar de ser sorda desde su temprana niñez, demostró su excelencia en la práctica de ese deporte, ganando o logrando escalar altas posiciones en varias competencias importantes.)


Pero bueno, la vida continúa para l@s que quedamos atrás, aunque esta entrada tenga que llegar hasta aquí, así que… ¡vamos a dejarla ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Y sobre todo, recuerden esto: Por más angustiosa que sea la situación por la que pasan nuestras vidas, ¡no debemos rendirnos NUNCA! ¡Que así sea!

LDB

De los numeros que no eran y del estofado de tigre

Tiger Woods

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¡Qué tal, mi gente!  Voy a empezar rapidito, que hoy tengo “mucho con demasiado”…

Y empiezo manifestando mi confusión ante la noticia que indica que las cifras que se decían a poco de la victoria electoral del hoy gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, de la cantidad de transacciones de personal en el gobierno, hechas durante el periodo de veda electoral de 2008 (lo que las haría ilegales), resulta que son incorrectas.  De las 11000 transacciones ilegales que se estimaba al principio, ahora resulta que las mismas ascienden a 1035 (lo que representa un 9.4% [9,4%] de la cifra originalmente dada a conocer).  La mayoría de esas transacciones ilegales (unas 930) se efectuaron durante los primeros 2 meses de la veda (que a diferencia de lo que establece la ley—que la veda sea desde 2 meses antes de las elecciones hasta 2 meses después de las mismas—incluyó los meses de julio y agosto de 2008).

Pero si malo es eso, peor es el hecho de que dentro del propio gobierno no haya un mensaje coherente que explique fehacientemente discrepancias como ésta.  Más aún, cuando afirmaciones como la de que se hicieron 11000 transacciones ilegales en tiempo legalmente prohibido es uno de los fundamentos para justificar las medidas de “recuperación” económica y fiscal que se han estado implantando—la más notoria de las cuales, como ya ustedes saben, es el despido de 17000 servidores públicos que tendrán que empezar desde el cero a partir de enero de 2010.  De un lado, el propio gobierno insiste en que sus cifras son las correctas, pero del otro lado, la persona que divulgó la cifra “verdadera”, el director de la Oficina de Recursos Humanos del Estado Libre Asociado (ORHELA), el Sr. Samuel Dávila Cid, insiste en que la cifra que él da es la correcta y que no hay razón por la que él deba rectificar la misma.  (Sólo por aquello de ser justo es que puse la palabra “verdadera” entre comillas en la oración anterior.)

Francamente, yo creo una cosa: En algún lugar de la línea recta trazada entre A y B, alguien se está saliendo de la línea.  O si quieren que lo exprese de manera un poco más franca… ¡ALGUIEN ESTÁ MINTIENDO AQUÍ! Pero, ¿con cuál propósito?  Eso último es anybody’s guess, aunque  siempre está esa posibilidad que planteé en una entrada anterior:

Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se procura atajar un problema de finanzas públicas, para el que nunca hubo la voluntad de evitar que el mismo llegara al punto en el que está hoy en día, mediante el despido “voluntariamente involuntario” de empleados públicos (independientemente de las circunstancias—legales e ilegales—en las que algunos de esos empleados públicos advinieron a sus puestos) y la disminución de presupuestos en áreas que al gobierno le parece que no son rentables?

Claro está, yo siempre insistiré en que quien comete una falta, debe responder por la misma.  Y si durante el gobierno anterior del PPD se cometió la falta de nombrar personal para las agencias de gobierno, de una manera patentemente prohibida por la Ley Electoral de Puerto Rico (Ley número 4 del 20 de diciembre de 1977, según enmendada)… los responsables de esas acciones también tienen que responder por la falta cometida, y asegurar que cosas como ésa no sucedan nunca más.  Claro está, ello no garantiza que el gobierno actual del PNP no haga lo mismo cuando le llegue ese momento, pero es cuestión de esperar un poco…


OK, ¿qué tal si hablamos de otra cosa?

Aquéll@s de ustedes que pasan de cierta edad—algo que técnicamente me excluye, ya que para esa época yo tendría apenas 3 ó 4 añitos—tal vez recuerden el siguiente diálogo, tomado del clásico western televisivo, Revólver a la Orden (Have Gun—Will Travel):

Paladin: “‘Hey Boy’, hay una antigua receta para hacer estofado de tigre, ¿la conoces?”

‘Hey Boy’: “No, señor.”

Paladin: “Primero, debes atrapar al tigre.”

El diálogo que acabo de citar se produce al inicio del episodio número 79, “First, Catch a Tiger” (estrenado en los Estados Unidos el 12 de septiembre de 1959), cuando el “caballero sin armadura en una tierra salvaje”—o sea, Paladin—hace su habitual ronda por los periódicos que le consigue su valet chino, Kim “Hey Boy” Chang, en busca de un “guiso” (un trabajito, para quienes no conocen el habla coloquial puertorriqueña) que él pueda hacer por la “módica” suma de US$1000.  (Una suma cuantiosa en el Viejo Oeste de 1875… ¡lo que para un mercenario a comienzos del Siglo 21 sería apenas un anticipo o un “pronto pago”!)  Estando en ésas, Paladin se entera de que un comisario y un juez de un pueblito de Wyoming con los que él colaboró para llevar ante la justicia a un delincuente han sido muertos por un asesino contratado por el padre del ajusticiado.  No se sabía mucho del asesino, excepto que sus víctimas morían a traición, por la espalda, de forma tan inesperada como los movimientos del caballo de ajedrez que adornaba la pistolera de Paladin.  El resto del episodio trata la estrategia que el “hombre de negro” tendrá que desarrollar para desenmascarar y “neutralizar” (si me permiten el uso de un término que ni en 1875 ni en 1959 tenía la connotación que tiene hoy en día) al misterioso asesino, y en el proceso evitar ser su tercera víctima.

Caballos de ajedrez

El diálogo que acabo de citar me viene a cuento ante la lamentable situación del jugador de golf, Eldrick Tont “Tiger” Woods, considerado c0mo “el mejor del mundo” en el deporte del golf (o “golfo”, como lo llama un ex-compañero de mi trabajo), al punto de que la semana pasada, la agencia noticiosa The Associated Press lo declaró como el Atleta de la Década de 2000—2009.  Francamente, mientras escribo esto, Tiger debe estarse sintiendo “atrapado”, como que de pronto todo el mundo quiere cocinarlo en estofado, luego de haber exhibido y mantenido una imagen limpia como deportista y como hombre de familia.  Imagen que de la noche a la mañana se vio dañada por el escándalo de infidelidad marital surgido a finales de noviembre de 2009, que salió a la luz tras el accidente de tránsito en el que chocó su SUV (en orden de mameyazos) contra un seto, un árbol, y una bomba de incendios o hidrante.

(Curiosamente, un chiste—más bien, uno de varios—que salió poco después en los tableros de  Usenet decía que Tiger empezó a golpear su carro con el “wood” y lo terminó de golpear con el “iron”… pero qué sé yo de eso, el golf no es lo mío…)

Y lo malo del caso es que da la impresión de que este “tigre” es como los marinos mercantes, de quienes se dice que tienen “una mujer en cada puerto”.  Y no sería de extrañar que en cada ciudad en la que hubiese un torneo de la PGA en el que él estuviese participando, alguna mujer que no fuese su esposa lo esperaba, ya que la prensa tabloide sensacionalista le ha sacado a la luz tantas y tantas amantes que “ni botándolas se acaban”…

(Y a todo esto, ¿no le habrá afectado eso su juego en los últimos años?  Digo, uno nunca sabe…)

Pero algo mucho peor es que como el asesino misterioso al que me referí antes, mucho del daño se hizo a traición, por la espalda, cuando las luces de las cámaras se apagaban y los medios de comunicación y entretenimiento se desviaban de Tiger hacia la siguiente estrella en el programa, cuando el público viraba la espalda, confiado en la imagen de “niño bueno que no rompe un plato”… aunque en este caso, el impacto fue el mismo que el de dejar entrar al toro bravo en la tienda de cristalería.

Y ni hablar del daño que eso le hace a las empresas multimillonarias que lo han auspiciado hasta el momento, algunas de las cuales ahora le están huyendo como el diablo a la cruz… tal vez porque no quieren que alguien tan famoso como Tiger Woods les recuerde de forma pública alguno de esos “gustitos” que se dan sus propios ejecutivos… ¡quién sabe!

Francamente, éste es un interesante ejemplo de cómo la fama que conlleva ser “el mejor [ESCRIBA AQUÍ UNA PROFESIÓN CUALQUIERA] del mundo” no exime a una persona de su naturaleza como ser humano.  Y no lo libra de responsabilidad por las consecuencias que le van a acarrear sus actos (aunque algunos, como el hoy ex-presidente estadounidense, Bill Clinton, se salen con la suya de una u otra manera).  Pero sobre todo, esto pone en evidencia la obsesión de una sociedad contemporánea donde “todos quieren al ganador”, una sociedad dispuesta a seguir ídolos que dan la apariencia de ser los más decentes, los más exitosos, los grandes triunfadores en la vida… para que después resulte que esos ídolos tenían pies de barro, que eran seres humanos como ustedes y como yo, con sus virtudes y sus fallas, con sus fuerzas y sus debilidades.

Yo no sé, pero para mí que eso se parece a lo de “vivir de esperanzas y morir de desilusión”.

Por supuesto, yo espero—y aunque lo veo ahora como un ángel caído, no creo que se deba perder la esperanza—que al haber anunciado que se tomaría una licencia del golf por tiempo indefinido para tratar de reconstruir lo que su conducta destruyó, él aproveche sabiamente esa oportunidad que la vida le está dando.  Y déjenme decirles una cosa (aunque me imagino que ustedes ya la saben): eso NO es nada fácil.  Es algo que requiere mucha paciencia, dedicación, tolerancia, un deseo firme de reparar el daño hecho—a los demás y a sí mismo.  Sólo el tiempo dirá si el “tigre” aprendió su lección… o si se convertirá en estofado.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien (y eso último, con énfasis y todo, va también para Tiger Woods, ¿OK?).  Hasta la próxima.

LDB