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Aquí donde nadie conoce mi nombre

Casey Anthony has been booked into the Orange ...

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Bueno, aquí de nuevo, amigas y amigos, mi gente.  Espero que les haya gustado el cuento de la tortuga en el poste.  Así que vamos a otra cosa, shall we?

Desde que hace un par de semanas se anunció el veredicto del jurado en el caso contra la Sra. Casey Anthony, la joven de Orlando (Florida) a la que un jurado declaró no culpable de asesinar en 2008 a su niña, Caylee Marie (2 años de edad) (aunque sí fue hallada culpable de decirle toda una ensarta de mentiras a la autoridades sobre el paradero de su hijita), una cosa que me ha llamado mucho la atención ha sido la especulación sobre hacia dónde podría seguir su camino una vez ella saliera de prisión.  (De hecho, escribo esto menos de 48 horas después de que ella fuera excarcelada el 17 de julio de 2011 a las 00:10 UTC –5:00 +1:00.)*  Una teoría que se estuvo barajando la ubicaría viniendo a Puerto Rico, tal vez en plan de mudanza (vea la nota original, en inglés), con base en dos cosas: que durante el tiempo en el que ocurrieron los hechos que se le imputaban (tiempo durante el cual se dice que ella se dedicó a irse de discoteca en discoteca, divirtiéndose de manera escandalosa), ella habría expresado su deseo de venir de turista a Puerto Rico; y que el abogado de esta persona, José Báez, es nacido en Puerto Rico (aunque según varias fuentes, nunca llegó a criarse en mi isla).

(Me imagino que con este dato, el Boricuazo estará más lucido que nunca…)

Pero dejando de lado los méritos del caso, los errores y horrores procesales y las tremendas metidas judiciales de pata que se pudieran haber cometido, y hasta el encabritamiento (OK, quise decir otra cosa) que deben tener muchos de los que comentaron, debatieron y especularon (y a ver si se atreven a conjugar en primera persona singular el verbo especular) sobre las causas, motivos, razones y circunstancias… lo que me llama la atención es qué puede tener Puerto Rico que sirva de “dulce” para todas esas “moscas” que engendra el sistema de justicia estadounidense—tanto el de cada estado como el federal.

Debe ser tal vez la creencia de que Puerto Rico es un mundo aparte, de que aquí no llegan las noticias de lo que ocurre en otros lugares (aun cuando los noticiarios televisivos locales apenas le dediquen a eso un par de minutos, que bien pudieran quitarle a la sección de “entretenimiento y estilos de vida”—pero ya eso es otro asunto).  Puede ser que eso hubiese funcionado en el pasado.

Y un ejemplo que me viene a la mente es el de Nathan J. Leopold, Jr. (1904–1971), uno de los dos jóvenes involucrados en el secuestro y asesinato de un adolescente en 1924 en Chicago, Illinois.  Leopold y su cómplice, Richard A. Loeb (1905–1936), fueron los protagonistas de un sensacional juicio (en el cual fueron representados por el famoso criminalista estadounidense, Clarence Darrow), tras el cual fueron hallados culpables de asesinato y sentenciados en 1925 a cadena perpetua… ¡más 99 años!  (Parece que las autoridades quisieron asegurarse de que ellos no salieran de prisión después de cumplir la perpetua… ¿me entienden?)  Por entonces, la necesidad de mantener al público informado la cubrían los periódicos impresos (y tal vez la radio, que estaba apenas dando sus pasitos de bebé); a lo mejor, si para 1925 hubieran existido muchas de las maravillas tecnológicas con las que contamos hoy en día, hubiéramos conocido prácticamente al instante cuanto detallito existía sobre los acusados.

Leopold fue excarcelado en 1958 (el mismo año en el que nací), tras lo cual emigró a Puerto Rico para (según él) alejarse de la notoriedad que le ganó su caso judicial—y que le ganó a él y a su cómplice (quien muriera apuñalado en prisión 22 años antes) un status de referencia en la cultura popular estadounidense, que se ha mantenido así hasta nuestros días.  Durante esa etapa de su vida, Leopold entendía que podía aprovechar la alta capacidad intelectual que lo hizo ser considerado alguna vez como un niño prodigio.  Por ejemplo, en 1963, Leopold escribió para la Estación Experimental Agrícola de la Universidad de Puerto Rico, una lista de cotejo de las especies de aves de Puerto Rico y las Islas Vírgenes (en la misma se incluye la mención de una población de la paloma sabanera de Puerto Rico, Patagioenas inornata wetmorei, en los alrededores del Lago de Cidra, considerada como la mayor población de esta subespecie endémica, actualmente bajo seria amenaza de extinción en todo Puerto Rico).

Lamentablemente, una idea como la de emigrar a Puerto Rico para huir de un pasado tan innoble, no funciona en un mundo interconectado como el de nuestros días.  Un mundo de computadoras de escritorio y portátiles, de teléfonos inteligentes y de computadoras “de tableta”.  Un mundo en el que ocurre un evento grande en alguna ciudad del mundo—un acto terrorista, un desastre de magnitudes catastróficas, la muerte de un importante líder mundial, el triunfo de un equipo deportivo en una competencia importante—, y al minuto me puedo enterar, lo mismo viendo CNN por televisión que a través de mi teléfono móvil.  Y a juzgar por los comentarios a la nota original en la cual se publicó la especulación de la mudanza de la señora Anthony a Puerto Rico, si ella creía que aquí lo suyo no se conocía, se ha podido dar tremenda… ¡sorpresa!

Según escribo esto, cuando falta poco para que se cumplan las primeras 48 horas, se desconoce el paradero exacto de la (aún presunta) infanticida.  (Y escribo “aún presunta”, porque lo quiera ella o no, siempre quedará la sospecha.)  Y ello ha tenido echando chispas a l@s comentaristas, analistas y especuladores(-as) de siempre… y a otros tantos alcahuetes que hacen de la noticia un espectáculo.  Tal vez sea por la seguridad de ella, tal vez sea para hacerle una última burla a la justicia, la misma que le falló a la pequeña víctima al no poder cobrar la justa medida de una vida truncada a tan corto plazo.

A donde sea que ella se hubiera marchado, yo espero que no haya venido a Puerto Rico.

Y aún si no fuese aquí, yo no creo que ella se sienta completamente libre, por el resto de su vida.  Y ésa es la peor consecuencia.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por si se confundieron, la notación que usé aquí se refiere al huso horario de verano para la costa este de los Estados Unidos (EDT), de 5 horas menos que el Tiempo Universal Coordinado (UTC), pero con una hora de adelanto—lo que sitúa a ciudades como Miami, New York y Boston a la misma hora que San Juan en esta época del año.


LDB

Realidades virtuales, realidades reales

Map of Peuto Rico, with inset showing it's pos...

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El pasado fin de semana, mientras hacía tareas de limpieza en mi casa, me estuvo rondando por la cabeza una frase que mucha gente en Puerto Rico recordará.  “¡Qué bueno está este país!”*  Y eso mismo es lo que me viene a la mente cuando veo la situación fuerte que se vive en estos días en Puerto Rico.  Varios eventos definen la realidad de estos días:

  1. La continuación del conflicto en la Universidad de Puerto Rico, con sus secuelas de actos de desobediencia civil por parte de los Universitarios y los choques con los elementos policiales.
  2. La revelación de un esquema de fraude de varios residentes del pueblo montañoso de Lares contra la aseguradora AFLAC, a la que se le suma el acto desesperado del alcalde de dicho municipio (el mismo que ha querido tratar de borrar la memoria de un hecho que—gústele a quien le guste—es un hito histórico importante en Puerto Rico) de echarle la culpa a la propia aseguradora por el esquema de fraude (y yo me pregunto si no habrá sido la misma “inspiración divina” la que lo ha llevado a cometer este disparate).
  3. El revuelo causado por la revelación hecha en el programa televisivo “Dando Candela”—que si me preguntan, es una flojísima copia del tipo de programa que pulula últimamente en la televisión latinoamericana y en la televisión hispana de los Estados Unidos, de paneles en los que se “comentan” temas de farándula y figuras públicas (y que “por mera casualidad”, se emite en Puerto Rico a la misma hora del programa de “comentarios” de farándula conducido por una conocida muñeca de trapo… ¿he mencionado nombre yoooooooooo?)—, de que los resultados de pruebas de dopaje realizadas a varios legisladores (uno de los cuales resulta ser el aprendiz de Casanova que mencioné varias entradas atrás) habían resultado positivas al consumo de sustancias controladas.  Y ni hablar del rechazo de algunos de estas “lumbreras” a que se divulguen los resultados de las pruebas, aunque siempre recalcando que “quien no tiene hechas, no tiene sospechas”.
  4. Otro revuelo causado por un comentario “simpático” hecho por el senador Alejandro García Padilla (PPD) (otrora analista político en la radioemisora de los expertos en dimes y diretes, broncas y bolletes análisis y noticias), en referencia a la labor como abogada-notaria de la esposa del gobernador Luis G. Fortuño Bruset, la Lcda. Luz E. (Lucé) Vela, según el cual ella se dedicaba a hacer tareas “fresita” (término con el que quienes me leen en México—que según mis números de StatCounter.com, hacen un 11% del total de las 500 visitas más recientes a este blog—se podrán identificar mejor que nosotros en Puerto Rico).  Súmele a eso el intercambio de acusaciones de “cobarde” entre el susodicho senador y el cónyuge de la persona alegadamente ofendida… ¡y esto no se quiere acabar!
  5. Más imputaciones entre legisladores de que consumen drogas o son cónyuges maltratantes o…

Miren, amigas y amigos, a veces me pregunto como es que tenemos que estar lidiando con una realidad tan agobiante como ésta.  Una realidad que parece querer asfixiarnos cada día.  Una realidad que a muchos nos ha hecho dudar de si debemos levantarnos de la cama y vestirnos para ir a trabajar.  (Y si no me lo creen, pregúntenme a mí, que en una ocasión, hace bastantes años, en medio de una de esas situaciones laborales abrumadoras que surgen de vez en cuando, estuve aproximadamente media hora sentado en mi cama, frente a mi ropero, mirando la ropa nítidamente arreglada y alineada, pensando si valía la pena ir a trabajar ese día.  Se los digo yo: ¡no es nada fácil!)

Pero lo que más me molesta de esto es que quienes tienen el deber, la responsabilidad de dirigir los destinos del país (y como siempre, ninguno de los principales actores políticos de este país está libre de polvo y paja), a veces actúan como si vivieran en otro mundo, como si no compartieran el mismo suelo que nosotros, como si no respiraran el mismo aire que nosotros, como si la realidad de Puerto Rico fuera otra.  Proclaman como lo hizo el gobernador Fortuño hace un par de semanas, en viaje oficial por España, una realidad… esteeeeeeeeee… interesante, como la que expuso durante una entrevista en los madriles, cuando se le preguntó si la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos tendría desventajas para la Isla:

“Hay quien ha dicho que perdemos la autonomía fiscal, aunque realmente estamos tan integrados que ese argumento no tiene sentido.  Otros dicen que perderíamos nuestra identidad.  Somos Estados Unidos desde 1898, ciudadanos norteamericanos desde 1917 y más de la mitad de nuestra población reside en los 50 Estados Y seguimos siendo lo que somos.  Estadounidenses y biculturales.

“(Pregunta)  ¿El puertorriqueño es latinoamericano o estadounidense?

“(Respuesta)  En campaña escribí una columna que se titulaba «Boricua, hispano y americano».   Somos los tres.   ¿Tú quieres más a tu madre o a tu padre?”

Citado de: Puerto Rico es EE.UU., pero no todos lo tienen tan claro, por Verónica Calderón (El País, Madrid, España, 21 de enero de 2011).

Y a todo esto, ¿por qué la actitud prepotente ante la pregunta de seguimiento sobre el particular?  Si yo voy a visitar una casa ajena, NO es para yo salirle “de atrás pa’lante” a mi anfitrión (o anfitriona), con despliegues de arrogancia ni faltas de respeto, ni siquiera los “aires de superioridad” que criticaba Héctor Lavoe en una canción navideña.  Y esa actitud es algo que muchos de nosotros debemos corregir, sobre todo cuando estamos de viaje por el extranjero, entre muchas otras cosas.

(Valga recordar una cosa: Ni los demás son mejores que nosotros, ni nosotros somos mejores que los demás.  PUNTO…. Pero volvamos al tema.)

La realidad es que aunque “pertenecemos” a los Estados Unidos de Norteamérica desde 1898, y somos ciudadanos de los Estados Unidos de Norteamérica desde 1917, eso no nos ha hecho plenamente estadounidenses ni biculturales.  Si bien por X o Y razón, los puertorriqueños hemos tenido que adoptar algunos elementos del diario vivir estadounidense—y adaptarlos a nuestra forma de ser, a nuestra realidad—, ello no nos ha hecho biculturales.  Tal vez alguno de nosotros—OK, yo, por ejemplo—pueda expresarse con facilidad en inglés, siempre y cuando las circunstancias lo exigen, pero ello no significa que se claudique o reniegue de la realidad de lo que se es.  Y eso no es algo que se pueda desestimar tan fácilmente.  Y no es algo que se pueda disfrazar tan fácilmente.  Digo, puede que ese animal se mueva como un lobo, pero si está disfrazado de cordero…

Pero esa es la manera en la que se vive en estos días.  Hay quienes vivimos una realidad asfixiante cada día, en la que no parece haber posibilidad de una mejoría alcanzable, mientras que hay quienes viven una realidad virtual, una realidad en la que todo es color de rosa, según quien nos la trata de vender a nosotros, y se la trata de vender al resto del mundo, una realidad en la que este país está bien bueno.  ¡Qué bueno está este país!

Y como este país está bien bueno… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Frase popularizada por el Conjunto Quisqueya en el primer corte de su disco de 1974 que llevaba ese título.  (Lo pueden escuchar aquí o aquí.)


LDB

Lo que nos deja el 2010

an old post card

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Bueno, amigas y amigos, para cuando yo coloque esta entrada en los servidores de WordPress.com, el resto del mundo aún no habrá recibido el nuevo año 2011—cosa que deberá empezar a ocurrir cuando en Puerto Rico sean las 8 de la mañana (08:00 UTC –04:00) del viernes, 31 de diciembre de 2010.  (O por lo menos, eso es a lo que yo aspiro.)  Así que a ésta la considero como la última entrada oficial de mi blog para el 2010.  Un año en el que en Puerto Rico se vieron muchas cosas.

Se vieron los efectos de una ola delictiva que parece no tener fin, muy a pesar de que se alega oficialmente que la misma “está bajo control”—or is it?  Una ola delictiva en la que cualquiera se cree con poder sobre la vida y la muerte y los inocentes se convierten en un blanco fácil.

Se registraron más y más actos de violencia dentro del seno familiar, con resultados cada vez más escalofriantes—y siempre, quienes menos pueden defenderse, especialmente l@s niñ@s, ya sean l@s del residencial público, o l@s de la barriada pobre, o l@s de la ruralía, o hasta l@s de las supuestamente seguras urbanizaciones de “acceso controlado”, acaban pagando los platos rotos.

Se continuaron implantando las medidas de “estabilización” y “recuperación” fiscal, con la salida de más empleados públicos de sus puestos en el gobierno estatal—medidas que han traído un desmejoramiento en la calidad de los servicios que se le prestan al público, al sobrecargar a l@s emplead@s que quedan para hacer las tareas de l@s que “se fueron”.  Y en cuanto a l@s que “se fueron”, muchos de ést@s tratan de arreglárselas como pueden, ya que la suerte de volver a tener un empleo no parece favorecerles por lo pronto.  Y l@s que no pueden arreglárselas… no pueden más con su carga y caen.

La mediocridad se paseó de la mano de la codicia una vez más, especialmente en el lugar donde se elaboran las normas que deben ayudar a la sana convivencia de quienes preferimos vivir en sociedad a vivir sin reglas—con una profusión de necios, ignorantes, elementos con más ambición de servirse de los demás que de servir a los demás, o aquéllos cuya conducta pública evoca un sentimiento de vergüenza.

Sobre todo, el conflicto y la confrontación se hicieron sentir mucho durante este año que nos deja.  Se hicieron sentir en las acciones contra entidades de la confianza de los ciudadanos, como el Colegio de Abogados, y contra las comunidades pobres, cuyo único “delito” es interponerse en el camino del “progreso”.  Se hicieron sentir en la Universidad del estado, cuando imperaron la retórica de un tiempo que muchos creíamos muerto y sepultado, la intolerancia y la mala voluntad, sobre el consenso y la razón.  Y todo eso, ¿para qué?

Es curioso que estos días del feriado de Navidad y fin de año del 2010 han transcurrido en Puerto Rico bajo una lluvia persistente.  Tal vez para cuando yo coloque esta entrada en los servidores de WordPress.com, ya haya dejado de llover y empiece a brillar el Sol, como un signo de esperanza, de que no todo está perdido.  A mí me gustaría pensar que eso será así, pero con los barruntos que nos deja el año 2010 que se va… la pregunta que me hago es: ¿hacia dónde vamos desde aquí?

(Y eso, que ni siquiera voy a mencionar el temblor de tierra de magnitud 5.4, que se sintió en Puerto Rico la noche del 24 de diciembre de 2010.  Interesantemente, el epicentro del mismo se estimó como a 15 millas o 24 kilómetros al oeste de donde vivo… lo suficiente como para que se sintiera como si un tren hubiera chocado contra mi casa.  ¡Así de fuerte se sintió ese temblor!  ¡UY!)

Y ahora sí, ¡vamos a dejar el 2010 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Nos vemos en el 2011.

LDB

La Universidad… ¡a palo limpio!

University of Puerto Rico

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Amigas y amigos, la verdad es que a mí no me gusta lo que veo y escucho en estos días.  No me gusta cuando figuras de autoridad—ésas que deben establecer las pautas para resolver los problemas de nuestra sociedad—abogan por el uso de la fuerza bruta como medio para solucionar los conflictos.  Pero si eso es para preocuparse, más preocupante aún es cuando quien tiene que imponerle el orden y la disciplina a dichas figuras de autoridad, endosa actitudes como ésa.  Y en el proceso, abdica implícitamente de su responsabilidad de lidiar con las consecuencias que esa actitud acarreará después.  Pero vamos por partes.

“Muchos de estos grupos lo que hacen es buscar unos intereses que no son los intereses que te tratan de vender, que son los intereses de los estudiantes.  No, no, no, estos son políticos y la gente lo sabe, la mayoría de la comunidad universitaria lo sabe y los bandidos esos, los profesores bandidos esos que están ahí, que están apoyándolos e incitándolos lo saben también.  Tu sabes, lo que ellos quieren es seguir la cosa ideológica y política usando la universidad que queremos como paño de lágrimas y eso es algo que no se va a permitir.

“¿Cuál fue la excusa de la supuesta huelga que van a hacer?  La chavá cuota.  ¿Qué pasó hace dos días?  Se firmó una ley para que esa chavá cuota sea cubierta por una beca.  ¿Ellos pararon?  ¿Ellos echaron para atrás?  Eso le dio más coraje.  Eso es excusa, vuelvo y te digo, eso es excusa.  Por Dios, hay que abrir los ojos, estos son excusas de estos grupúsculos izquierdosos promovidos por profesores.  Yo los botaría a todos, eso es lo que yo haría.  Pero, obviamente, digo esas cosas y me miran como si estuviera loco, pero yo los botaría a todos.  Profesor que no enseña, profesor que va para afuera, si yo estoy seguro que hay un número de profesores que quieren dar clase en la universidad, en ese sistema, claro que sí.  Estudiantes, de esos estudiantes, el liderato que se tira encima de los portones son personas que llevan estudiando 10, 12, 14 años.  Esos son líderes políticos que cogen uno o dos cursos al año, todos ellos, con nombre y apellido, uno o dos cursos al año para poder decir que son estudiantes de la universidad y dar mensajes de izquierda y eso es lo que vivimos todos los días y lamentablemente, te lo tengo que decir, son favoritos de la prensa y tienen muchísimo acceso a los medios.  Y le ríen las gracias, le ríen las gracias.  Pero si tu me dices, yo los botaría a todos, yo los sacaría de la Iupi a patadas, tu sabes, porque simplemente están creando el desasosiego y no permitiendo que los que verdaderamente quieren estudiar, estudien.  Y a los profesores que se prestan a eso, sácalos, quítale el ‘tenure’, quítale las cátedras, bótalos y pon a otras personas a enseñar que verdaderamente usen su tiempo para enseñarle a los muchachos lo que es ser una persona de valores y a echar a Puerto Rico hacia adelante. Irrespectivamente de cómo piense ideológicamente.”

(“Rodríguez Ema amenaza con botar profesores de la UPR”, El Nuevo Día, 3 de diciembre de 2010.  Énfasis añadidos por mí con toda intención, especialmente donde se observan las contradicciones entre lo que tanto se le predica a los demás, y lo que no se practica.)

Las expresiones que acabo de citar (según las recoge El Nuevo Día) son las que el secretario de gobernación de Puerto Rico, Marcos Rodríguez-Ema, hiciera durante una entrevista concedida en diciembre de 2010 a los “expertos en los dimes y diretes, broncas y bolletes que se hacen pasar por análisis y noticias” (¡y ustedes saben quiénes son y saben que me refiero a ustedes!).  Se tratan estas expresiones de la posibilidad—cada vez más probable, mientras escribo esto—de una nueva huelga en el sistema de la Universidad de Puerto Rico, en protesta por la imposición de una “cuota” de US$800.00 por estudiante, adicional a los créditos matriculados y demás gastos (cuota de construcción, seguro médico, etc.), a cobrarse a partir del semestre de enero a mayo de 2011, para (según se dice) tratar de cubrir el déficit presupuestario del primer centro docente del país.  Más bien, esta “cuota” se ha visto como un intento de “tapar” las fallas en el manejo de las finanzas universitarias—fallas que datan de muchos años, aunque no por ello son necesariamente “cosa del pasado” para los actuales administradores universitarios—mediante el cobro a quienes comoquiera serán l@s más perjudicad@s: l@s estudiantes universitari@s y sus familias.

Como tal vez notarán de las partes de la entrevista a las que hice énfasis con toda intención, Rodríguez-Ema deja ver lo que él describe como su “frustración”—la cual poco después sería justificada tácitamente por el gobernador Luis G. Fortuño Bruset—con la forma con la que se ha desarrollado la discusión pública de la propuesta “cuota” desde que su implantación se anunciara el verano pasado, tras la huelga que afectó el final del semestre de enero a mayo de 2010.  Por supuesto, todos tenemos nuestras frustraciones y el derecho a tenerlas, pero en el caso de un funcionario de alto nivel en un gobierno, el que sea, esa frustración no debe llevarse a un plano en el que se pueda interpretar como una política pública oficial.  Y lamentablemente, con todo el poder y la influencia que imparte una posición como la del señor Rodríguez-Ema, ése es un lujo que no se debería dar, ni por descuido (a menos que a este funcionario, quien dice ser franco en cuanto a decir lo que piensa, asuma públicamente un papel de “gatillero gubernamental” como el de aquél funcionario que quiso pasarse de listo y humillar a las comunidades alrededor de la antigua base naval Roosevelt Roads… ¡y gracias a Dios que ya no está donde pueda hacer más daño!).

Por supuesto, si mal estuvo esa expresión, aun si la misma, como diría “El Chavo del 8”… “se le chispoteó”, peor estuvo el que las mismas no fueran desautorizadas explícitamente por la persona que tiene la responsabilidad de refrendar la política pública estatal: el gobernador Luis G. Fortuño Bruset.  Cuando la prensa le preguntó si las expresiones de Rodríguez-Ema se debían entender como la política pública a adoptarse por su administración en el asunto de la Universidad del estado, el gobernador no hizo referencia directa, sino que justificó las expresiones de la “frustración” que sienten “muchos puertorriqueños” (que para él deben ser tantos y tantos que se le perdió el conteo) con la situación universitaria actual, y hasta se rehusó molesto a contestar más sobre el carácter de política pública de las expresiones de su subalterno, al alegar que “eso no fue lo que yo dije”.  (¿Molesto?  ¿Por qué?  ¿Por una simple pregunta sobre la política pública del gobierno estatal?  ¿Así de sensitivo es el asunto?)

Tal vez, para el consumo público, la política pública de la presente administración no sea la de intervenir abiertamente de forma violenta contra los manifestantes en su contra, ya sea en la Universidad de Puerto Rico o en las agencias gubernamentales seriamente afectadas por la política de “recuperación” económica y fiscal, o en las comunidades socialmente desventajadas que ven cada día como se les cierran en la cara las puertas de su progreso y desarrollo.  Pero de que las semillas de esa política pública no escrita están sembradas, eso es algo que no necesita más evidencia.  Sobre todo, la semilla del odio visceral hacia todo lo que atente contra la filosofía (y estoy siendo demasiado condescendiente en el uso de la palabra “filosofía” en esta oración) y los proyectos políticos de quienes se hacen del poder.  O sea, todo aquello que atenta contra lo que la actual propaganda oficialista llama, “el Puerto Rico que todos queremos” (que como ya Ivonne lo demostró en su blog, no es el Puerto Rico que TODOS queremos).  Y el germen de esa semilla de odio se nota en las expresiones que se hacen, como la de etiquetar a los disidentes como “grupúsculos izquierdosos”, “políticos” (como si quien expresa esta misma palabra no lo fuera), “profesores bandidos ésos”… expresiones que se hacen cuando no se tienen argumentos de peso para refutar los planteamientos que se hacen, sobre todo cuando se quiere evitar la difícil tarea de buscar el entendimiento y la concordia (y en el caso de estos funcionarios, ello requeriría un esfuerzo sobrehumano), cuando lo que se quiere es hacer un cisma entre “nosotros, los buenos” y “ustedes, los malos”.

Con ese telón de fondo de la guerra entre “buenos” y “malos”, el martes 7 y miércoles 8 de diciembre de 2010 se efectuó un paro de 48 horas en la UPR en Río Piedras.  Paro que se destacó principalmente por los encontronazos en la madrugada del primer día, entre manifestantes encapuchados—que como lo planteó la misma radioemisora que nos trajo la entrevista que cité arriba, no hay manera de saber si eran estudiantes o no, contrario a la certeza oficialista que jura que lo son—y “guardias de seguridad” reclutados por una empresa privada, la Capitol Security, dirigida por José “Chicky Starr” Laureano, un miembro del submundo que gira alrededor de un espectáculo que se hace pasar por deporte: la lucha libre.  Un individuo cuya “práctica profesional” le permite reclamar para sí la inmortalidad por medio de la frase popular, “bregaste bien Chicky Starr” (o sea, “me traicionaste”).  E interesantemente, este mismo individuo aspira actualmente a un puesto político por el actual partido de gobierno en las elecciones generales que se efectuarán el 6 de noviembre de 2012 (algo que nuestros amigos de “El Ñame” también “reseñaron” en su momento).

Sé que ustedes estarán preguntándose lo mismo que yo al llegar a este punto: ¿tan podrida está la fibra moral de un partido político para permitir cosas como ésa?  Digo, si ese partido permite que individuos que se comportan como Don Juan Tenorio cuando están en asuntos oficiales fuera de Puerto Rico, o que manejan esquemas de soborno o extorsión a suplidores y contratistas, accedan a posiciones de alto poder y responsabilidad…  ¡Y el gobierno encabezado por ese mismo partido tiene la “fuerza de cara” de predicarle “valores” a los demás, cuando sus principales personeros no son capaces de demostrar públicamente la práctica de esos valores!  ¡Bastante mal estamos entonces!

Localización de Loíza, al este de San Juan, Puerto Rico

Por cierto, en un artículo de fondo en El Nuevo Día se menciona algo en lo que yo no había pensado antes.  Muchos de estos “matones” “guardias de seguridad” fueron reclutados por la Capitol Security a través de una página en Facebook.  (Pero, ¿no será esto en contra de la ley, ya que estamos hablando de un trabajo peligroso y que requiere de un adiestramiento especializado, especialmente para evitar problemas legales después?)  Resulta que muchos de estos “reclutas” son apenas muchachos que, por lo demás, buscan genuinamente una oportunidad económica que los haga salir de la pobreza en que viven.  Por lo general, muchos de ellos provienen del municipio de Loíza (al este de Carolina, para beneficio de quienes leen esto fuera de Puerto Rico), un municipio que históricamente ha sido objeto de un racismo institucionalizado por parte de administraciones estatales de uno y otro partido (PNP y PPD, ambos son igual de culpables), el mismo que se supone ayude a su progreso y desarrollo comunal y social.  (Sí, amigas y amigos, dije “racismo”.  Porque en Puerto Rico, el racismo también existe, aunque no de la manera tan abierta y descarnada que se da en los Estados Unidos… pero de que existe en Puerto Rico, ¡existe!)  Y entre todos ellos, los hay que tienen ese deseo legítimo de “echar pa’lante”, pero también los hay que sólo les importa hacer daño, sentir esa “nota” de adrenalina (el rush que lo llaman los estadounidenses) que da entrarle a patadas o a golpes a quien ellos consideren su “enemigo”, sin que le importen las consecuencias de sus acciones.  (Y si vamos a juzgar por el testimonio de una de varias estudiantes que durante el paro enfrentaron la furia de los “agentes privados de seguridad”, los hay a quienes no les importa si los echan de nuevo a la prisión, si al final volverán a campear por sus respetos bajo las mismas narices de las “autoridades de ley y orden”… las mismas que son buenas para darle macanazos a los ciudadanos que exigen legítimamente la reparación de agravios, pero no para parar en seco a los verdaderos delincuentes.)

Al fin y al cabo, el paro de 48 horas vino y se fue.  El cometido que tenían los estudiantes en protesta se cumplió de todas maneras.  Pero los mismos que culpan a los demás por los males que los aquejan, los mismos que no creen que en la vida todo se negocia (o no quieren rebajarse a negociar con el enemigo al que hay que derrotar a toda costa), quisieron jugarse una última carta.  Y desde la segunda noche del paro (la del miércoles 8), se ordenó la entrada de la Policía de Puerto Rico al Recinto de Río Piedras, algo que no se había visto en décadas.  Y mientras escribo esto, la Policía está apostada allí, procurando que los “grupúsculos izquierdosos” y los “profesores bandidos ésos” que los apoyan se atrevan a enfrentárseles, “a ver si el gas pela”, a ver si les gusta que les rajen la cabeza a palo limpio, a ver si les gusta que los saquen de la “iupi” a patadas, conforme a una política pública no escrita.  Eso sí, procurando “proteger” los derechos de los estudiantes que quieren estudiar y de los profesores que quieren dar sus clases.  (Que de todos modos los ha habido y los habrá.  Así ha sido a través de todos los periodos en los que ha habido conflictos en la “iupi”.  Así fue también cuando yo estudiaba allí mi maestría en Biología a comienzos de la década de 1980.  Pero también ha habido reclamos legítimos de que a los estudiantes se les haga justicia—nos gustara o no la manera en la que se hacían esos reclamos.)

Francamente, debo insistir en que esto no me gusta.  Y es algo con lo que no estoy de acuerdo, porque lleva a una situación muy peligrosa en la Universidad de Puerto Rico.  Una situación que podría llevar a convertir la Universidad de la que muchos como yo estamos orgullosos, en una fábrica de máquinas de producción continua, seres sin una formación que los sensibilice, seres que no tengan la capacidad de pensar por sí mismos, seres que no viven, sino que apenas existen.

Yo tampoco creo que ése sea el Puerto Rico que todos queremos.  Y a quien venga a decirme lo contrario… gracias, ¡pero NO, GRACIAS!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Otro día que vivirá en la infamia…

Ford Crown Victoria P.I. of the PRPD Highway P...

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“INDIGNACIÓN
“La Isla es escenario de la redada anticorrupción más grande en la historia de EE.UU.”

PROFUNDA SACUDIDA A LA POLICÍA
“Decenas de agentes son sorprendidos entrando en acuerdos con presuntos narcotraficantes.”

“WASHINGTON LE PONE EL OJO AL PAÍS
“Según (la jefa de la Fiscalía Federal en San Juan) Rosa Emilia Rodríguez, los federales están preocupados por la magnitud de la corrupción.”

‘TE VAMOS A DETENER’
“El jefe de Justicia de Estados Unidos envía un fuerte mensaje a los agentes corruptos.”

Amigas y amigos, no podían ser más elocuentes los titulares de la prensa escrita el 7 de octubre de 2010 ante los sucesos de la víspera—un día que, si usamos las famosas palabras del presidente Franklin D. Roosevelt ante el Congreso estadounidense, luego de otra víspera de ingrata recordación, “vivirá en la infamia”.  Y no hace falta decir que ese 6 de octubre de 2010 pasará a la historia como el día en el que las autoridades estadounidenses arrestaron a 132 personas por delitos relacionados con el tráfico de drogas y armas, 89 de los cuales eran agentes del orden público: 61 agentes de la Policía de Puerto Rico, 16 agentes de la policía local de cinco municipios (entre los que se destacan San Juan y Guaynabo… ¡qué interesante!) y 12 agentes del sistema correccional.  Los arrestos se llevaron a cabo con base en la labor de agentes encubiertos del Negociado Federal de Investigaciones (FBI), quienes captaron a los agentes implicados en medio de transacciones en las que se ofrecían para “proteger” y “dar seguridad” a varios narcotraficantes en sus transacciones de drogas y armas.

La verdad es que esto es como para asustarse, como para un@ no saber en quien confiar cuando sale a la calle…

Pero si malo es que hubieran arrestado a estos agentes del orden público, peor es lo que ello refleja sobre nuestro país actualmente.  Como lo expresado ante la prensa ese mismo día por el Agente Especial a Cargo (SAC) del FBI en San Juan, Luis Fraticelli, de que existe una corrupción “sistemática y endémica” en la Policía de Puerto Rico, en el Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR) y en varios de los cuerpos de policía municipal, y que se necesita hacer “cambios radicales ” para eliminar esa corrupción.

Digo, ¿tan mal están las cosas en Puerto Rico que las autoridades estadounidenses tienen que darnos una sacudida para que nos pongamos en movimiento, para que nos salgamos de nuestra comfort zone y las arreglemos (si es que nuestros pseudolíderes políticos tienen la voluntad para hacerlo)?  ¿Tan bajo hemos caído como para que en el mismo encuentro con la prensa, el secretario de justicia estadounidense Eric Holder, diga—en un español bastante aceptable, si me preguntan a mí—que “Puerto Rico se merece algo mejor” de sus agentes de ley y orden, y que no permitirá que las acciones de unos pocos deshonestos destruyan el buen trabajo de los muchos policías decentes y honestos?  (¡Y créanme que los hay!)

No podría ser peor el mensaje que se le lleva al mundo sobre un país que se jacta de que “lo hace mejor” (y hasta pretende unirse al fenómeno global del “branding” al mercadearse con esa misma frase como marca).  Y a juzgar por la lista de artículos relacionados que aparece al final de esta entrada, la fama que tenemos en estos momentos no es la mejor.  (Y salvo las honrosas excepciones que todos los puertorriqueños conocemos, parecería que nunca tuvimos buena fama.)  Por supuesto, no es habitual que alguno de los medios estadounidenses o internacionales informe los logros y los triunfos de los puertorriqueños, en y fuera de su propia patria… la misma que, lamentablemente, algunos de sus hijos ha dejado caer en un abismo.

Mucho se dice de las razones por las que estamos enterrados en este hoyo (no tan profundo como el de los 33 mineros chilenos que ya llevan más de dos meses atrapados—y que al yo escribir esto, podrían estar por salir de su encierro involuntario antes de finales de este mes).  Puede que sea tal vez que el gobierno (de los dos partidos políticos principales, el PPD y el PNP—a mí me da igual) hubiera decidido adoptar una política pública al estilo de la película ochentosa, Police Academy (Dir. Hugh Wilson, 1984), en la que un buen día, la alcaldesa de una gran ciudad estadounidense no nombrada levanta así porque sí las restricciones para el reclutamiento de cadetes de policía, lo que abre las puertas de la academia de policía “a Raimundo y to’ el mundo”… y no necesito contarles más para decirles en qué termina ese “experimento” (digo, en su momento algun@ de ustedes se gozó esa película tanto como yo… Sonrisa ).

Por supuesto, nuestra realidad no es exactamente tan divertida, especialmente cuando las consecuencias que vemos cada día incluyen asesinatos de inocentes (como los de José A. Vega Jorge y Miguel A. Cáceres Cruz), incidentes de brutalidad policial como los que observamos recientemente durante el paro universitario de 2010, y (aunque demasiado remotos como para atarlos a las causas de la situación actual) asesinatos con base política como los ocurridos hace 32 años—de veras, el tiempo se va volando—en el Cerro Maravilla.  Aunque no todas las consecuencias las han tenido que afrontar los ciudadanos que tienen la mala fortuna de quedar del lado equivocado del rotén o el del cañón de la Glock policial, ya que también las han sufrido los mismos agentes del orden público (como en el caso de la disputa familiar entre policías que terminó en tragedia Las Piedras).  ¿Verdad que esto hace desear que yo repita lo que yo escribí entonces para ese último caso?

“¿Qué queda entonces por hacer?  Ya el Superintendente de la Policía dijo que hará lo posible porque cada miembro de la Policía se haga examinar sicológicamente una vez al año….  Por supuesto, también sería de ayuda si se volviese a ser más selectivo en la admisión de nuevos reclutas a la academia del cuerpo policial, si se asegurara que quienes salgan a la calle (con el uniforme, la placa, las esposas y el arma de fuego) sean personas sólidas, templadas, equilibradas emocionalmente, con un claro sentido de honestidad y de justicia…

“¿Será eso demasiado pedir?  Francamente, YO NO LO CREO.”

Por supuesto, si no se ha hecho nada desde que escribí esa cita en enero de 2007, tal vez menos se hará hoy en día.  Y hasta puede ser que yo me hubiera equivocado todo este tiempo: Le estamos pidiendo demasiado a un sistema político cuyos componentes han demostrado no tener la capacidad para atender eficientemente las necesidades de sus ciudadanos, que no pueden ir hasta las raíces de los problemas que aquejan a nuestra sociedad para solucionarlos, y que más bien hacen gala de su mediocridad e incompetencia, de su extraordinario talento para el figureo.

Francamente, yo creo que el secretario federal de justicia, el señor Holder, tiene mucha razón: “Puerto Rico se merece algo mejor”.  Se merece tener gente honesta, gente decente, gente que suda la patria cada día, gente que construye un país con su esfuerzo… en lugar de quienes quieren destruirla vendiendo su dignidad, su honradez y su vida a precio de sangre y sufrimiento.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB