De Navidades, Conejos, Cadenas y Bebes

Hola, mi gente. ¡Esto es lo que trajo Santa Claus!

Bueno, ha llegado por fin lo que todo el mundo espera cada año, la fecha en la que conmemoramos la Navidad en Puerto Rico y en el mundo entero (aún en aquellos países en los que se trata de quedar bien con todo el mundo, cosa que la vida nos enseña a cada rato que no siempre se puede hacer). Fecha en la que se intercambian regalos, se comparten los buenos momentos con la familia—aun cuando algunos de sus miembros estén físicamente lejos unos de otros… claro, cuando la lejanía es emocional, ya eso trasciende la misma lejanía física, pero de eso hablaremos a su debido tiempo… ¡lo prometo!—y se procura dejar atrás los recuerdos no muy buenos del pasado y fijar la mirada en lo que la vida nos depara de aquí en adelante. Siempre esperando lo mejor, aunque haya que prepararse para lo peor que pueda suceder (eso creo).

De mi parte, prácticamente todos los regalos que esperaba para la fecha los he ido recibiendo poco a poco, principalmente aquéllos con los que yo mismo me recompenso por tratar de hacer algún bien, dentro de lo que esté a mi alcance. Sí he asistido (como mencioné la vez pasada) a alguna que otra actividad de mi oficina y a algún encuentro familiar, pero nada más que eso. No sé si será que las Navidades producen en mí sentimientos encontrados, de alegría por un lado y de tristeza por otro. Alegría como la que se supone que se perciba en el ambiente, por la celebración gozosa del nacimiento del Niño Dios. Tristeza, tal vez por la sensación de un vacío, de que algo se nos ha desgarrado en el tejido de la vida, algo que difícilmente pueda repararse.

Pero así son las cosas. De todos modos, entramos en la recta final, en el conteo regresivo hacia el momento en que dejamos en puerto los eventos que marcaron nuestras vidas y nos disponemos a navegar hacia aguas desconocidas, en busca de una felicidad cada vez más evasiva…

Total, dicen que los barcos no se hicieron para dejarlos anclados en el puerto… Pero bueno, vamos a lo que vinimos…

ESTO FUE LO QUE SANTA CLAUS NOS DEJÓ PARA LA ÚLTIMA SEMANA DE 2006 (25–31 DE DICIEMBRE DE 2006): La curiosidad de un niño sobre los conejos, produce una situación muy embarazosa… Si usted es de esas personas a quienes no les importa recibir las infames “cadenas”, prepárese a recibir… ¡una cadena de sexo!… (Bueno, y ahora que tengo su atención…) Un italiano de New York se ufana del tremedo bebé que su esposa acaba de parir… Presenciar “las verdades de la vida” lleva a un hombre y su hijo a dialogar… ¡sobre “las (verdaderas) verdades de la vida”!… Una madre primeriza le cuenta a una enfermera pediátrica el origen del nombre de su bebé… Se ha revelado el secreto: Cómo es que Santa Claus sabe verdaderamente si durante el año usted ha sido naughty o niceY… Una mujer la emprende contra su esposo… ¡por culpa de una voz femenina en el teléfono!

Si ustedes quieren saber qué le ocurrió a los que recibieron la cadenita esa y no la pasaron adelante… Y NO SE HAGAN LOS INOCENTES, YO SÉ QUE LA CURIOSIDAD LOS ESTÁ MATANDO… visiten Humor, según Luis Daniel Beltrán.

¡Y vamos a dejar eso ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

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