Se Acabo el Sol, Se Acabo la Luna, Se Acabaron las Estrellas

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¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Escribo esto unas cuatro horas y media después de que se conociera el resultado de la primaria de los Demócratas en Puerto Rico, hoy 1 de junio de 2008. Según lo informaron las agencias de noticias a eso de las 18:30 (22:30 UTC), la senadora por New York, Hillary Rodham Clinton, se alzó victoriosa con un 68% de los votos obtenidos, frente a un 32% de su contrincante, el senador por Illinois, Barack Obama; a esa hora, la gran mayoría de las unidades de votación (1446 de 1786, o un 81%) había sido contabilizada. Esto significa que la ex-primera dama federal obtiene unos 25 de los 36 delegados a la convención de su partido (a efectuarse en el mes de agosto en Denver, estado de Colorado), sin contar con otros 19 delegados que se escogerán por otro medio durante el mes que acaba de comenzar.

La verdad es que a mí me alegra que esta fase de nuestro atolondramiento colectivo ya haya terminado. No porque como se esperaba hubiese ganado la senadora—y aquí tengo que apuntar que fiel a lo expresado un par de mensajes atrás, yo no fui a votar en dicha primaria, por ninguno de los dos candidatos, por considerar que la misma no era nada más que un concurso de simpatías sin mayor trascendencia ni sentido genuino de compromiso—, sino porque ya dejará de ser el tema de la conversación diaria, en un Puerto Rico que necesita mirar más allá del brillo de las luces, para poder superar las dificultades que padece (o que le hacen padecer) a diario. Atrás quedará—por el momento—el alcahueteo de los políticos locales con estos candidatos, en busca de que quien se apunte el triunfo les conceda lo mismo que el buen ladrón le pidió a Jesús mientras compartían el tránsito hacia la muerte terrenal (y aquí me limito a darles la cita: Lucas, capítulo 23, versos 42 y 43). Atrás quedará el bailoteo al ritmo de reggaetón, las bebelatas con cerveza “puertorriqueña” (me pregunto si la distinguida senadora pensó que esa cerveza Presidente que se bebió para que la prensa la retratara era cerveza puertorriqueña), las promesas fabulosas de retirar a nuestros soldados puertorriqueños de los frentes de conflicto en Irak y Afganistán antes de culminar el primer año de su mandato (como dice nuestro jíbaro, “¡con la boca es un mamey!”), o de resolver nuestro más-que-centenario problema de las relaciones entre Puerto Rico y los Estados Unidos, o incluso de concederle el voto presidencial a los puertorriqueños, bajo cualquier fórmula de status que el pueblo elija…

Eso último sí que no lo entendí. ¿Significa eso que en una república independiente de Puerto Rico, yo podría votar por X o Y candidato a la presidencia de los Estados Unidos, un país que en ese escenario no estaría ejerciendo la soberanía sobre nosotros? ¿No será eso infringir en la soberanía de otro país? ¿Qué tal si alguien me agarra esa gata por el rabo?

Por lo menos, lo que importa ahora es que el Gran Circo de los Hermanos Burro presentó hoy su magna función en Puerto Rico, con los payasos, acróbatas y malbaristas por un tubo y siete llaves… ¡ah, y unos cuantos animales amaestrados! Ahora, como quien dice, todo lo que nos resta es esperar el final de esta gran gira circense. Ridi, pagliaccio!

Así que como diría “Tonio” al final de Pagliacci (ópera en un acto, de Ruggero Leoncavallo [1857–1919])…

La commedia é finita…

O dicho de otro modo… ¡Vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

LDB

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Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)