Cuando la Hormiga se Quiere Perder…

Cuando la hormiga se quiere perder, alas le han de nacer.

(Tomado de Refranero Popular. Desde mi pueblito nuevo, por Raquel G. Gómez, edición publicada por la propia autora en Bayamón, Puerto Rico, 1995.  Éste es un libro de refranes que compré en alguna ocasión, no sé si en las Fiestas de la Calle San Sebastián—cuando yo todavía me podía dar el lujo de ir, hace ya mil años luz—o si en una librería del Viejo San Juan, pero ya qué rayos…  Según la autora, este refrán significa que cuando una persona insiste en actuar incorrectamente, nadie lo puede evitar. — LDB)

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Hoy no creo que yo quiera estar mucho tiempo escribiendo, ya que me esperan unas semanas algo agitadas en mi trabajo.  Entre otros eventos, a fines de este mes estoy involucrado en una actividad que representa la aportación de Puerto Rico al año internacional de los arrecifes de coral (IYOR 2008), y eso es un compromiso al que no puedo decir que no.  (Ya lo deben estar viendo en la columna lateral del blog, bajo “Próximos Eventos”).

De todos modos, no quiero dejar pasar la oportunidad para llamar la atención al primer aniversario del lamentable evento ocurrido en el poblado costero de Punta Santiago en Humacao, cuando una intervención policial resultó en el asesinato de un ciudadano a manos de un policía (y sobre el que yo también tuve algo que decir; vea Los Vientos Violentos de Agosto.)  El agente policial que disparó las balas que segaron la vida de Miguel Cáceres ese trágico 11 de agosto de 2007, sentenciado a 109 años de prisión por lo sucedido, sufre actualmente las consecuencias que le acarrearon haber tirado por la borda su carrera policial, su reputación y su vida.  Consecuencias que bien pudieron evitarse, de no haberse excedido en el alcance de su autoridad, de no haber asumido una actitud prepotente, de no haberse sentido embriagado del poder sobre la vida y la muerte.

Pero bueno, ya esa agua pasó, y el molino que ésta mueve… pues, hace rato que se siguió moviendo…

Mientras tanto, siguen sucediendo cosas.  Cosas buenas.  Cosas malas.  Cosas peores.  Y un poco más abajo de esta última categoría, están los recientes desplantes de nuestros pseudolíderes políticos locales.  Cuando no es que los líderes de uno y otro bando se quieren disputar la paternidad de una medida que traería los “alivios contributivos sin precedentes” de los que tanto se ufanó el actual gobernador Acevedo Vilá en su campaña para las elecciones de 2004, es el ejercicio de arrogancia dictatorial de nuestros “distinguidos” parlamentarios estatales, en su afán de encabezar una investigación sobre el propio gobernador, que según los entendidos, no tiene más razón de ser que no sea obtener una ventaja política ante la inminencia de las elecciones del 4 de noviembre de 2008.  (Y seguro ellos estarán ¿pensando? algo así como… “Y la investigación de la Fiscalía Federal, ¡que se j…!  Total, la pelota está en nuestra cancha, y los Federales… ¡nos lo agradecerán después!”)

Si me preguntan a mí, yo diría que los actuales líderes políticos de Puerto Rico tienen toda la sutileza de una hoja de papel de lija… ¡de la bien gruesa, la que se utiliza para suavizar la madera!

Fenómenos como éstos me traen a la mente un libro que apenas estoy empezando a leer, y que nos propone una visión de cómo la gente que—a nuestro juicio—es esencialmente buena, es la misma que puede llegar hasta a cometer las mayores barbaridades contra otros seres humanos.  Me refiero al libro del psicólogo social estadounidense Philip G. Zimbardo, The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn Evil (New York, NY: Random House.  2008.  xxi+551 pp.)  El libro—cuyo autor dictó una conferencia en abril de 2008 en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras (San Juan, P.R.)—hace un relato de lo sucedido en 1971 en la Universidad de Stanford en California, durante el experimento penal del que el propio Zimbardo fue responsable, y cómo los hallazgos del mismo podrían explicar situaciones como las que ocurrieron en la prisión militar de Abu Grahib en Irak en 2003 y 2004.  (Para conocer más sobre este libro, visite el sitio web The Lucifer Effect, o vea la descripción del libro en el catálogo de Random House.)

De lo que he leído hasta el momento (a la fecha en que escribo esto, estoy por comenzar el Capítulo 4, de un total de 16), encuentro que hay una diversidad de razones por las cuales algunas personas, cuando se les dan las herramientas del poder, se sienten súbitamente embriagadas.  Se sienten dueñas de algo que en realidad es más grande que ellas.  Se sienten con la capacidad de controlar a todo y a todos a su alrededor.  Hasta dónde eso llevó a los interpretes de los “guardias penales” en este experimento, y cómo los interpretes de los “confinados” se vieron afectados, es algo que estaré comentando en futuros mensajes, según vaya avanzando en la lectura del libro dentro del tiempo del que dispongo (que de un tiempo para acá, no es mucho).  Pero a juzgar por las infames imágenes de Abu Grahib que recorrieron el mundo… o las de los hechos de hace un año en Humacao, que gracias a un valiente que estuvo allí filmando lo ocurrido con una cámara de vídeo, también recorrieron el mundo… ¡que Dios nos encuentre confesa’os!

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Hasta luego!

LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

2 comentarios en “Cuando la Hormiga se Quiere Perder…”

  1. ¡Saludos, Myrisa! Estoy de acuerdo contigo. No hace falta decir que hay mucha gente que ciertamente podría aportar mucho a Puerto Rico, y a la que no se le dan las oportunidades porque muchos de los títeres sin cabeza que nos gobiernan hace rato que las acapararon. Pero ¡qué diantre! Hay que seguir luchando. Gracias por tu comentario. Hasta luego.

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