Cosas Que a Mi Me Hubiera Gustado Ver

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Escribo esto cuando para la otra mitad del planeta Tierra, el calendario dice que es martes, 28 de octubre de 2008 (digo, si se dejan llevar por el indicador de la hora a la que esta entrada se coloca en mi blog), cuando falta exactamente una semana para la realización de las elecciones generales, tanto en Puerto Rico como en los Estados Unidos de América.  Como es de suponer, los políticos allá y acá están tratando de agotar los últimos cartuchos de su campaña política, en busca de convencer a un electorado que los mira con bastante recelo.

Y aquí en Puerto Rico, no debe ser para menos, con todas las cosas que han ocurrido a lo largo de los pasados cuatro años.  Ejercicios de ambición personal, actuaciones públicas que reflejan una aberrante falta de decoro, manejos públicos que implican una inexperiencia y una falta de destreza administrativa (y de uno de los cuales fui una de más de 95000 víctimas—y no tengo que recalcar a qué me refiero), así como una debilidad en el carácter de quienes están llamados a velar por el bienestar de los ciudadanos, y defenderlos de cualquier exabrupto social…

Pero creo que me estoy adelantando demasiado a mi próxima entrada (que espero colocar el próximo domingo—o antes, si es necesario), así que voy a dejar eso ahí, por el momento.

A lo que sí quiero ir hoy es a lo que se nos ofrece aquí en Puerto Rico para paliar la difícil situación en la que nos encontramos, mientras encontramos nuestro rumbo y lo emprendemos.  Y obviamente, me refiero a los programas políticos de los cuatro partidos políticos que se enfrentan en el ejercicio del martes, 4 de noviembre (PPD, PNP, PIP y PPR).  Una mirada general a los mismos me indica que son bastante similares entre sí: llenos de frases grandilocuentes, sin datos específicos que respalden sus aseveraciones, ni metas cuyo alcance sea viable; dirigidos a enfatizar la apariencia de que se hará algo, más que la sustancia de lo que se piensa hacer; a veces las cosas que se ofrecen para el próximo cuatrienio lucen como que debieron haberse propuesto cuatro años atrás (u ocho, o 12, o tal vez mucho antes).

¡Y ya!  Eso es lo mejor que puedo decir, luego de echarle una mirada rápida a los cuatro prospectivos programas de gobierno.  Algunas de las áreas que me interesan, como la conservación de los recursos naturales y la planificación (obviamente, en virtud de mi quehacer profesional), reciben un tratamiento somero o no se les da la debida importancia.  Y aunque el consenso entre los programas de gobierno es que se debe tener en vigencia en los próximos años el nuevo Plan de Usos de Terrenos para Puerto Rico—del que puedo decir que la oficina para la que trabajo tuvo una valiosa aportación, aunque eso significara que los preparadores del mismo nos privaran (¡porque eso fue lo que hicieron!) de los servicios de un técnico y una secretaria por los dos años que duraría la encomienda—, en ninguno parece haber un compromiso para evitar que el mismo sea manipulado en perjuicio del medio ambiente.

¡Pero nada!  En lo que el hacha va y viene, lo mejor que yo puedo hacer es pensar en las cosas que me hubiera gustado ver en los cuatro programas de gobierno para el ejercicio electoral de 2008.  Cosas como por ejemplo, un mayor apoyo del gobierno a las organizaciones comunitarias, que en el análisis final, son las que están ayudando a la gente a pararse sobre sus propios pies, sin “recostarse” de las dádivas de los programas de asistencia social estadounidense.  Una rehabilitación del sistema vial histórico (y aquí me refiero a las carreteras que no son autopistas ni expresos rurales), que permita que las carreteras de la Isla, particularmente las del interior montañoso, puedan adaptarse a las exigencias del Siglo 21.  Una defensa certera de los recursos naturales y el medio ambiente, por medio de leyes que tengan, tanto las garras (o sea, los mecanismos legales que las defiendan de las andanadas de aquéllos a quienes no le convendría su implantación) como el respaldo económico necesario.  (Y aquí mi experiencia en la evaluación de proyectos de leyes ambientales—como parte de mis labores regulares—me da un buen fundamento para decir esto.)  Y sobre todo, un mayor empeño en afrontar con valentía los graves problemas que enfrentamos, de delincuencia, adicción a sustancias controladas, salud mental, costo de vida, etc.

Aquéllos de ustedes que me han estado siguiendo desde que empecé mi blog a finales de 2003 saben que cuando llego a un punto como éste, siempre me surge esta pregunta (a la que le voy a suplir mucho énfasis, con toda intención):

¿SERÁ TODO ESTO MUCHO PEDIR?

Y si me conocen bien, sabrán la respuesta:

¡POR SUPUESTO QUE NO!  Y lo importante es que SEGUIREMOS LUCHANDO PORQUE NO SEA MUCHO PEDIR.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

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