La hora del sacrificio

¡Hola, mi gente!  ¿Cómo estamos?

Pues a juzgar por lo que el gobernador de Puerto Rico, Hon. Luis G. Fortuño Bruset, dijo el martes 3 de marzo de 2009 en un mensaje a todo el país, en Puerto Rico estamos muy mal.  Muy, pero que muy mal.  Una “tormenta perfecta” en la que se juntaron el hambre y las ganas de comer… o más bien, en la que se juntaron la lamentable situación económica de la gente común y corriente—gente como usted y como yo, que vive y padece de día en día el encarecimiento en el costo de la vida—y la no menos lamentable situación fiscal del gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico… whatever was the meaning of the phrase I’ve just uttered! En lo que al gobierno se refiere, no hay más que ver la admisión que el propio primer ejecutivo hace al comienzo de su mensaje:

En estos 60 días, hemos descubierto que el déficit fiscal que encontramos es CUATRO VECES mayor que el que nos dijeron… de hecho, el déficit es de más de $3,200 millones de dólares… proporcionalmente el más alto en toda la Nación.

¿Verdad que suena aterrador?  Y lo que él describe aquí es el resultado de una tendencia de los distintos gobiernos (sean del PNP o el PPD—y como ya hemos visto, ninguno de los dos partidos está limpio de polvo y paja) a gastar más allá de lo que sus posibilidades les permitían, aun en los tiempos en los que la austeridad se predicaba como si fuera el evangelio (o como decía un comediante hace muchos años, “¡hay que economizar… cueste lo que cueste!”).  Y si se añade a esa tendencia la mala costumbre de tratar de “cuadrar” los presupuestos de gastos públicos mediante la toma de préstamos a los bancos centrales… ¡tremendo lío en el que estamos metidos!

Y tan tremendo es el lío, que el riesgo que corre Puerto Rico es que las casas de corretaje estadounidense que evalúan el crédito de nuestro país decidan que no se nos dé más crédito.  Y entonces, ¿qué sucederá con la realización de las obras públicas que hacen falta en estos momentos, así como la atención a la salud de la gente (especialmente aquélla que no se puede dar el lujo que se dan algunos(as) de atenderse en una sala de emergencias… ¡hasta para un uñero!) y la atención que tan urgentemente necesitan nuestros complejos problemas sociales?

Más que aterrador, suena deprimente, ¿no?  Y ésa es la parte del “cómo fue que nos metimos en este lío”.  Así que lo próximo que debe venir es el “cómo salimos de ahí”, ¿no?

Aquí es donde entra la medicina amarga de la que hablábamos no hace mucho.  Aparte de algunas medidas de ayuda que dependerán de lo que le toca a Puerto Rico del stimulus package firmado el otro día por el presidente Obama (y como ustedes entenderán, no me voy a detener en esto por lo que resta de esta entrada), el gobernador habló de que se había recortado la cantidad de contratos con asesores (muchos de los cuales también tenían asignado un vehículo oficial con chofer), abogados externos, agencias de publicidad, etc.; se había recortado la cantidad de puestos “de confianza” y disminuido los sueldos “demasiado altos” de los que se quedan en esa categoría (para mí que eso último es tomar al perro por las patas traseras para descubrir… esteeeeeeeeee… ustedes saben a qué me refiero); se habrían eliminado los teléfonos celulares oficiales, las tarjetas de crédito oficiales (que se prestan muchísimo al abuso, como el de un alcalde que utilizó una para jugar en un casino en el extranjero) y los vehículos oficiales (me imagino que se refiere a los de aquellos funcionarios públicos para los cuales ese privilegio no se justifica); y hasta se disminuyó el sueldo del gobernador (en un 10%) y de los jefes de las agencias (en un 5%).

Digo, no es que nada de eso esté mal.  Además, ¿no es eso en lo que yo he estado insistiendo por mucho tiempo?  Todo sea por “dar el ejemplo”.

Pero (¿por qué siempre tiene que haber un “pero”?) donde la puerca entorcha el rabo es en el papel que desempeñamos “los demás” actores en esta tragicomedia.  Los mismos que “no tienen la culpa” de esta crisis (¡no! ¿quién dijo?).

En Puerto Rico tenemos 300,000 empleados públicos, proporcionalmente muchísimos más que ningún estado de la Unión.  Peor aún, la nómina gubernamental se disparó de $3,748 millones de dólares en el 2001 a $5,528 millones de dólares en el 2009. . . .

(Aproveche ahora y tenga a la mano una caja de pañuelos faciales de su marca favorita, porque aquí viene la parte emotiva…)

Pero el empleado público no tiene la culpa de los desmadres administrativos de los que estaban a cargo. Considero que los empleados públicos son servidores leales y responsables, padres y madres de familia que se ganan el pan de cada día con esfuerzo y dedicación. Ustedes no tienen la culpa de que los que estaban a cargo del gobierno fueran incapaces de desarrollar nuestra economía creando más oportunidades de empleo en el sector privado.

(Conmovedor, ¿no?  Por cierto, el énfasis es mío, y lo hice con toda intención.  En cuanto a los violines… no me pregunten de dónde salieron, que yo no me di cuenta.)

Aparte de que se congelarían los aumentos en los sueldos, beneficios marginales y otro tipo de compensación de los empleados públicos por los próximos dos años fiscales (2009–2010 y 2010–2011), los artífices de las medidas económicas presentadas por el gobernador (el CAREF, al que me referí anteriormente) tienen la noción de que eso “no es suficiente” para salir de la crisis.  Por lo que las “soluciones” que se proponen no son exactamente las más fáciles de asimilar.  Primero, se  ofrecería una opción de retiro voluntario, que permitiría al empleado público que la ejerza obtener un incentivo y alternativas de readiestramiento y capacitación, o de reempleo en el sector privado o en organizaciones sin fines de lucro.  (OK, a mí me parece bien, con la cantidad de gente en el gobierno que deberían irse retirando YA.  Y eso, que cada día veo en mi lugar de trabajo gente que sólo piensa en retirarse lo antes posible, ante el ambiente enrarecido en el que pasan sus días supuestamente productivos, pero ya ése es otro tema.)  Y a los empleados que hayan cumplido 20 años en el gobierno, se les permitirá acogerse voluntariamente a la reducción permanente de su jornada laboral, a razón de un día laborable por quincena.

¿Vamos bien hasta ahí?  Lo malo es que aun si hubiese una gran cantidad de “voluntarios” que se acojan a esas alternativas, ello no será suficiente para aliviar la crisis (otra vez el mantra de los genios que desarrollaron el plan).  Y ahí es donde entra en escena la versión gubernamental del “Plan B” (y por favor, saque de nuevo su caja de pañuelos faciales):

De no haber alcanzado nuestra meta de ahorros con esta fase voluntaria, comenzaremos una transición ordenada de empleados de su actual empleo en el gobierno.  No te puedo anticipar la cantidad exacta de los empleados que se verán afectados porque el número dependerá de los ahorros en gastos operacionales, la congelación de salarios y demás beneficios, y del número de empleados que se acojan a los programas voluntarios.  Pero te soy franco, la cantidad puede ser significativa y me temo que pueden exceder los 30,000 empleados.

(Nuevamente, el énfasis es mío y con toda intención.)

¿No será eso darle la razón al que fue secretario de gobernación en la administración anterior, Jorge Silva Puras, cuando dijo que en el mundo de hoy, no hay seguridad de empleo para nadie (ni siquiera en el gobierno)?  Aun si se siguiera un proceso “ordenado” como el que el señor Fortuño implica en la cita anterior, el que se iniciaría con el despido de los empleados de menor antigüedad (ustedes saben, los últimos en llegar y los primeros en irse) y al que se extenderían las mismas opciones de readiestramiento, capacitación y reempleo que se están proponiendo para la fase “voluntaria” inicial, a mí me parece que se está tratando de una manera demasiado drástica un problema de gigantismo gubernamental que NUNCA debió haberse permitido que ocurriera.  Además, ¿no fue para evitar esto que se impuso el IVU?

A mi entender, hay mejores maneras de atender esa situación, que no conlleven el despido masivo de empleados públicos.  Por ejemplo, algo en lo que yo siempre insisto es que las agencias públicas deben asegurar que su capital humano sea ubicado en las áreas de trabajo en las que sus destrezas, conocimientos y capacidades puedan ser más útiles, y que a la vez hagan que dichas áreas de trabajo operen más eficientemente.  Y eso es algo que no vemos a diario en muchas agencias públicas… ¡incluida aquélla para la que yo trabajo!  (Y todavía me pregunto qué le cuesta a una agencia de gobierno en Puerto Rico hacer algo así de sencillo.)

Total, a grandes rasgos, esto es lo que trae el llamado “plan de recuperación económica y fiscal” del que habló el señor Fortuño el martes pasado.  Y me parece que entre sus consecuencias estará revolver el avispero social, como ya lo están demostrando muchas de las uniones obreras del país (especialmente las que representan a los servidores públicos), que están alzando desde ya su voz de protesta.  ¿Y qué puede ganar una administración gubernamental—como dije, la que sea—con provocar ese hervidero social, con causar una sensación de desasosiego entre la población general, ante un futuro no muy prometedor?

NADA, ABSOLUTAMENTE NADA.

Pero bueno, me temo que eso es lo que nos espera, sabe Dios hasta cuándo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien… ¡y que Dios nos encuentre confesados!

(Por cierto, ¿le importaría prestarme su cajita de pañuelos faciales?  Me temo que la voy a necesitar pronto…)

LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

1 comentario en “La hora del sacrificio”

  1. OK, mi gente, no quiero dejar el tema por hoy, sin unir mi voz a las de quienes han criticado el desliz en el mensaje del gobernador Fortuño, de mencionar a una persona marcada por la sociedad, como un ejemplo a seguir por su generosidad y sacrificio:

    Nosotros en Puerto Rico hemos sido bendecidos por almas nobles y buenas, personas dispuestas a sacrificar lo que tienen para darle al más necesitado… individuos como Agustín Torres Castellar de Peñuelas, quien el 20 de enero, envió un giro postal de $10 al Secretario de Hacienda con el fin de aliviar la crisis fiscal que atravesamos. Agustín en su carta me dijo que si todos aportáramos $10 mensuales, saldríamos del hoyo en que estamos más rápido. Agustín es un puertorriqueño comprometido y generoso, que representa la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Su generosidad y desprendimiento nos debe servir no sólo de ejemplo, sino de aliento y esperanza.

    Alguien tiene que estarle “corriendo la máquina” al gobernador Fortuño. Digo, mencionar a una persona que siendo maestro de escuela, se lleva a una niña de 12 años de edad para algún lugar de Texas, donde él sostuvo relaciones sexuales con la niña (relaciones que él alega que fueron consensuales… ¡ay, por favor!), como un “ejemplo” de desprendimiento y generosidad para los puertorriqueños… Me gustaría creer que alguien en la Fortaleza le quiso hacer una bromita al gobernador incluyendo a ese “desprendido”, “comprometido” y “generoso” ciudadano, a esa “alma noble”, a ese “ejemplo” para todos los puertorriqueños…

    Si eso fue una broma… ¡yo lo siento mucho, pero nadie se está riendo!

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