Mar en calma y (no tan) prospero viaje

¡Saludos, mi gente!

Leo con detenimiento la Ley 7 del día 9 de marzo de 2009, la cual lleva el título de “Ley Especial Declarando (sic) Emergencia Fiscal y Estableciendo (otra vez, sic) Plan Integral de Estabilización Fiscal para Salvar el Crédito de Puerto Rico”.  Específicamente, el Capítulo III de esa ley, el que habla de las medidas de “reducción de gastos” en el gobierno de Puerto Rico, a las que me refería la vez pasada.

Y con toda franqueza, lo que leí me ha dejado bastante sorprendido.  Se trata de una serie de medidas en las que el nuevo gobierno de Puerto Rico pretende atajar en poco tiempo (a lo sumo, tres de los cuatro años del presente ejercicio de gobierno) una crisis que se estuvo desarrollando durante muchos años, sin que ninguno de los dos partidos políticos que comparten el poder (PPD y PNP) hubiesen dado pasos afirmativos para evitar que llegáramos al punto en el que nos encontramos hoy en día.

Por supuesto, no ha faltado quien ha tratado de ayudarnos a entender esto “en arroz y habichuelas”.  Supongamos que usted es el capitán de un barco que lleva carga y pasajeros, de los cuales debe llevar una cantidad más o menos limitada—digamos, 250 personas (sin contar la tripulación—ésa NUNCA está de más… y menos en el caso que nos ocupa).  Sin embargo, usted ha dejado entrar más de tres veces esa cantidad de pasajeros (o sea, hay un total de 800 pasajeros) . . . y para colmo de males, está enfrentando un tiempo tormentoso y la nave se está arriesgando a zozobrar como el avión de la teleserie Lost.  Usted se ve entonces en la disyuntiva de reducir la cantidad de pasajeros abordo de la nave, aunque sea para salvar la carga (¿?).

Así que si seguimos el modelo esbozado por la Ley 7 de 2009—y establecemos como meta que la nave llegue a puerto seguro con la cantidad de 250 pasajeros, más la carga—, usted empieza por ofrecerle a sus pasajeros abandonar “voluntariamente” la nave en alta mar, a cambio de lo cual les dará como “incentivo” . . . ¡un lindo chaleco salvavidas con el emblema de la compañía dueña de la nave!  (Ya me imagino el comentario: . . . and all I’ve got is this lousy life jacket!).  O en vez de eso, que por cada quince horas se monten por una hora en un bote salvavidas.

Dependiendo de cuántos tontos picaron el anzuelo cuántos “voluntarios” aceptaron hacer ese sacrificio, usted verifica si está cumpliendo con la meta de 250 pasajeros.  Veamos:

  1. De los 800 pasajeros que había en la nave, digamos que 120 abandonaron “voluntariamente” la nave y se tiraron al mar embravecido, luciendo el lindo chaleco salvavidas con el logo de la compañía matriz de la nave (800 – 120 = 680).
  2. De los 680 que quedan, digamos que otros 195 están se dando una “gozadita” por una hora (de cada quince) en los botes salvavidas (680 – 195 = 485).  Y entonces usted nota que aún no cumple con el objetivo que se trazó, o sea,
  3. Usted todavía tiene 235 pasajeros de más en la nave (485 – 250 = 235), y sigue arriesgándose a no llegar a puerto seguro con la carga que lleva la nave (y que no me venga nadie con que ésa no es la prioridad).  ¿Qué hacer entonces?
  4. Ah, pues recurra al “plan B”: Usted tiene que sacar los 235 pasajeros que están de más, hasta que llegue a los 250.  Empiece por los 175 que abordaron la nave en las escalas más recientes (485 – 175 = 310).  ¡Ah!  Y no se olvide del lindo chaleco salvavidas como incentivo.
  5. ¿Que todavía tiene pasajeros de más?  ¿Y que éstos están entre los primeros que abordaron la nave en el puerto de partida?  Pues ni modo, ésos se van también, con todo y los lindos chalecos salvavidas (310 – 60 = 250).

Y si entendí esto correctamente, se supone que ahí se detenga la cosa, cuando sólo haya 250 pasajeros y se pueda llevar la carga a puerto seguro.  (Traducido al caso real, eso será cuando se logre una economía de US$2 000 000 000.)  Pero a lo mejor resulta que como dice el mantra de los originadores de este plan de “rescate económico”, eso no será suficiente . . . ¿y entonces, qué?

(Y antes de que se me olvide, hay algo muy importante: La decisión que usted tome como capitán de la nave es final y firme, y ninguno de los pasajeros podrá discutírsela, por más razón que tenga.  En mi libro, eso se llama “salirse con la suya”.)

Pero bueno, la cosa es que ya ha dado inicio el conteo regresivo para que se vean los efectos de la Ley 7 de 2009.  Y demás está decir que al día en que escribo esta entrada reinan la confusión, la especulación y la incertidumbre entre los empleados públicos que se verán potencialmente afectados, muchos de los cuales están buscando desde ya las maneras de enfrentar una posible cesantía (claro está, si es que eso les toca como suerte).  Y eso es algo que estoy viendo todos los días en mi lugar de trabajo. Y me temo que ésa será la norma por los próximos meses.

Es más, ahora que lo pienso, había un ambiente más o menos parecido cuando se empezaba a plantear lo del cierre gubernamental de mayo del 2006… Así que como decía el gran filósofo pelotero estadounidense, Yogi Berra,

It’s déjà vu all over again!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


P.S. Hasta este fin de semana que acaba de concluir, no había tenido la oportunidad de chequear lo que me llama la atención en mis suscripciones de Bloglines.com.  Pero esta vez me puse al día, especialmente con una variedad de artículos dedicados a destacar el papel que están desempeñando últimamente los llamados “nuevos medios” como la Internet en la provisión de información al público; cómo los aprovechó (y los sigue aprovechando) la administración estadounidense del presidente Obama, aun desde que éste era candidato a la presidencia; y cómo se están afectando varios de los medios tradicionales, como los periódicos.  Así que valdría la pena que se dieran una vueltita por allí.


NOTA: En la mañana de hoy (23 de marzo de 2009), Puerto Rico despertó con la triste noticia del fallecimiento (en la tarde del día anterior) de la que se conoció como “la dama de la comedia en Puerto Rico”, Awilda Carbia Benítez; tenía 71 años de edad al morir de un paro respiratorio.  Actriz y comediante de extensa trayectoria en la radio, la televisión y el teatro puertorriqueños, se distinguió en los años más recientes por sus “Desconciertos”, en los cuales imitaba a figuras públicas de gran prominencia (en la política y la farándula, dos áreas que comoquiera uno no sabe dónde termina una y empieza la otra, pero ya ése es otro tema).  Interesantemente, el deceso se produce dos meses después del de don Tommy Muñiz, productor con el cual ella despuntó como comediante y actriz, y cinco años después del de don José Miguel Agrelot (ver: ¡Ajaaaaaaaaaa!), con quien también despuntó en el difícil arte de hacer reír.  No en balde, al anunciar el deceso, el cantante y productor Edgardo Huertas (cuya página en YouTube.com, que mencioné en una ocasión anterior, contiene vídeos de Awilda Carbia) lo expresó de esta manera:

Tommy Muñiz llamó.  Necesita a Awilda Carbia para hacer un sketch con (José Miguel) Agrelot.

¡BUEN VIAJE, AWILDA!  Y QUE ALLÁ ARRIBA PUEDAS ALEGRAR A LAS HUESTES CELESTIALES, COMO NOS HAS ALEGRADO AQUÍ EN LA TIERRA.

FUENTES: De luto la comedia y ‘Por mis venas estaba el artistaje’ (El Nuevo Día, 23 de marzo de 2009).


LDB

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Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

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