Volando por los cielos (super) amistosos . . . suavemente!

ADVERTENCIA: Por la naturaleza escabrosa del tema, les pido su discreción e indulgencia (máxime cuando para los fines de WordPress.com, este blog no está definido como que trate temas para adultos).

En el calor de la fiesta (José Arcadio) exhibió sobre el mostrador su masculinidad inverosímil…  A las mujeres que lo asediaron con su codicia les preguntó quién pagaba más….  Entonces él propuso rifarse entre todas a diez pesos el número.

Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad

¡Hola, mi gente!

Yo me pregunto en qué es lo que piensan algunas personas cuando se les ocurre exhibir en público el tipo de conducta que toda sociedad que se precie de serlo considera como patentemente ofensiva.  Como en el caso que más se comentó esta semana, y que por unos instantes nos apartó la atención de la inminencia de los despidos “voluntarios” en el gobierno y del vergonzoso bochinche sobre las finanzas de campaña de los partidos políticos.  Obviamente, me refiero a la revelación de lo sucedido con el cantante boricua Elvis Crespo, cuando fue visto por una pasajera en un vuelo comercial de Houston (Texas) a Miami (Florida) el 19 de marzo pasado, mientras él se auto gratificaba (una manera políticamente correcta de decir que él se estaba masturbando… ¡Y PUNTO!).

Francamente, la primera vez que escuché hablar del asunto en la radio (el miércoles pasado, de camino a mi trabajo), yo no podía creer que a alguien se le hubiera ocurrido algo así.  Sobre todo, hacerlo en un lugar público como la cabina de un avión comercial, en la que por su naturaleza, el (la) pasajero(a) tiene que mantener una cercanía forzosa con su compañero(a) de fila.  (¡Si no sabré yo lo que eso significa, de tanto que he viajado en avión en los últimos años, sobre todo en clase económica!)  Me pregunto si él estaba consciente de que además de su compañera de fila, cualquier persona que se moviera a través del pasillo del avión (o sea, otros pasajeros en ida y vuelta al servicio sanitario y los asistentes de vuelo—tres de los cuales también presenciaron el incidente) podían darse cuenta de lo que sucedía.

Y si lo estuvo, ¿le importó eso en algún momento?  ¡Yo apuesto mi vida a que NO!

Pero si malo fue que tanto la compañera de fila de Elvis en el avión como tres de los asistentes de vuelo se percataran de que él se estaba auto gratificando públicamente, peor fue que a su llegada a Miami él le dijera a las autoridades federales que lo interrogaron que “no recordaba” haber hecho lo que se le imputaba.  (Digo, a menos que él estuviera durmiendo en el momento del incidente… ¡uno nunca sabe!)  Y mucho peor aún ha sido la actitud que él ha asumido desde entonces, de “exigir respeto” para sus compañeros artistas este pasado jueves (26 de marzo de 2009) a su llegada a la ceremonia de los Premios “Lo Nuestro” (otro de los engendros que Univisión trata de imponerle a los puertorriqueños, y que no me vengan ellos con que ésa no es su agenda) para no hablar del tema allí.  Y ni hablar de las ambiguas declaraciones que él hizo en un breve vídeo que colocó anteayer (27 de marzo de 2009) en su página de MySpace (cuyo enlace no incluyo en esta entrada para no ensuciarme las manos ni ensuciar este blog), en el que niega que los hechos hubiesen ocurrido o que hubiera sido arrestado por las autoridades federales a su llegada a Miami (y no me pregunten de dónde él sacó eso último, porque la noticia según relatada no decía en ninguna parte que él hubiera sido arrestado, aunque hay una querella que está rondando por ahí y que pronto podría ser vista en el foro judicial correspondiente), y promete salir bien librado de todo ese lío (probablemente para seguirse rifando como el José Arcadio que pinta el Gabo en su obra literaria cumbre).

(¡Un individuo como ése viene a exigir respeto!  ¡Qué pantalones!  Venir a exigir algo que parece que él no tiene, ni por los demás, ni por él mismo.  Yo no sé de él, pero por lo menos en mi casa me enseñaron a tener respeto por los demás, para que los demás me puedan respetar a mí.)

La verdad es que para un individuo con su reputación de mujeriego, que lo ha llevado a tener encuentros sexuales “sin protección” con varias jovencitas a las que ha dejado embarazadas—andanzas que ya le costaron perder su primer matrimonio—, este incidente parece serle una cosa tan natural como respirar.  Tal vez él está en una búsqueda constante de emociones, en la que cada nueva experiencia es más excitante que la anterior… aun con el riesgo que ello conlleva (como que lo pesquen en la movida, como en este incidente)… aunque tal vez es el factor “riesgo” el que lo impulsa en esa dirección.  Tal vez él siente que su condición de cantante, de figura pública, de “famoso”, le da licencia para hacer y deshacer como a él le dé gusto y gana, aunque ello no incluya comportarse de manera responsable, consigo mismo y con los demás.  ¡Ah!  Y a quien no le guste, que “cambie de canal” y vea otra cosa, que él querrá seguir haciendo lo que le dé la gana (y puede que hasta peor, como hacen algunos engreídos en el ambiente farandulero)…  ¡Y que a nadie se le ocurra protestar!  Sí, porque quien proteste, se irá pa’l…

¿O será que simplemente él está enfermo, con una condición que no le permite ver el daño—puede que no físico en este caso, sino más bien social—que se hace?

Peor aún: ¿cuántos otros “Elvis” (o “José Arcadio”, como el del Gabo), de todos los órdenes de la vida, andan por ahí con esa misma condición?  ¿Y cuánto es el daño que le pueden estar haciendo a nuestra sociedad, que tanto se alaba de ser civilizada?

Muy penoso decirlo, pero así está el mundo en estos momentos.  Mientras tanto, que siga José Arcadio rifándose a la mejor postora…

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien—sobre todo en lugares públicos, ¿OK?  Hasta luego.

LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

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