Nadie se quiere ir . . . y yo tampoco!

¡Saludos, mi gente!

Leo en la edición de anteayer (5 de abril de 2009) del suplemento dominical La Revista de El Nuevo Día que no todo el mundo está convencido sobre las bondades del plan de recuperación económica propuesto por el gobierno de Puerto Rico, especialmente en lo que se refiere a las renuncias “incentivadas” “voluntarias” y la reducción permanente de la jornada laboral.  Un sondeo informal llevado a cabo por dicho suplemento encontró, entre otras cosas:

  1. Que los entrevistados tienen dudas que quienes se supone que las aclaren no saben aclararlas (o como yo digo a veces: si usted no entiende lo que está tratando de explicar, no espere que los demás lo entiendan);

    (Ciertamente, tampoco ayuda el que la directora de la Oficina de Gerencia y Presupuesto—que a través de su ayudante de prensa alegó que “tenía una agenda muy cargada”—evadiera contestar las preguntas que el mismo medio informativo trató de hacerle sobre el tema.  Pero tarde o temprano se le tendrá que responder a quienes de todos modos llevarán la peor parte en esto, a la porción fina de la soga que acabará rompiéndose comoquiera.  Y yo quiero creer que ellos lo saben.)

  2. Insatisfacción entre los entrevistados con los ofrecimientos económicos envueltos en el plan;
  3. Que los entrevistados se sienten bajo la presión de tomar una decisión trascendental (¡y créanme que para muchos de estos empleados lo es!) en tan poco tiempo—tan temprano como el lunes, 27 de abril de 2009—, como la de sacrificar un día de trabajo cada quincena, con la correspondiente disminución en sueldo;
  4. Que para algunos de los entrevistados, los “incentivos” tales como tres meses de sueldo y el pago del plan médico por un año son “poco atractivos”; y
  5. Que los empleados que ya estaban en vías de retirarse del gobierno corren el riesgo de perder los beneficios a los que tienen derecho, por lo que prefieren esperar a jubilarse a su debido tiempo.  (Y de esto último puedo dar fe a través del caso de un compañero de trabajo que está por acogerse al retiro a finales del año 2009, y quien dijo la semana pasada en mi oficina que ha optado por esperar a seguir con el trámite normal, común y corriente.)

Es interesante notar que el artículo señala (aunque por encimita) algunas de las consecuencias probables de tomar una decisión tan trascendental como la de acogerse a alguna de las opciones descritas en el plan de recuperación económica.  Tal vez los autores del plan creen—si es que eso les importa—que el empleado que opte por acogerse al retiro “voluntario” “se conformará” con los incentivos que les están ofreciendo.  Pero entonces, ¿qué sucederá cuando esos beneficios se agoten?  ¿Cómo podrán esos retirados “voluntarios” pagar la hipoteca de su casa (y quiera Dios que no le haya tocado en suerte una de esas hipotecas tipo ARM—las que cuestan un ARM y una leg), o la educación de los hijos, o la compra en el supermercado?

¿Y qué hay de los que renuncien “voluntariamente”?  ¿Optarán por buscar fortuna marchándose a los Estados Unidos, donde la situación económica tampoco está muy bien que digamos (principalmente por causa de la caída en el mercado de la vivienda), hasta para quienes se graduaron con sueños de ganarse la vida en alguna profesión de prestigio e importancia—sólo para acabar lavando platos, vendiendo verduras o barriendo pisos?

(Y que conste: si ofendí a alguien con lo expresado al final del párrafo anterior, le pido que me disculpe, ya que ésa no fue mi intención.)

Además, no sé si los autores del plan de “recuperación” económica lo saben, pero mucha de la potencial “clientela” del retiro “voluntario” “incentivado” consta de personas que normalmente se pueden considerar como que todavía tienen una adecuada capacidad de producir, que tienen talento y experiencia—y que aun si hubiesen acumulado el tiempo trabajado, no necesariamente tienen la edad para acogerse al retiro, a través de los mecanismos ya establecidos por ley.  Y yo les digo una cosa a ustedes: mucha de esa gente se podría frustrar al poco tiempo de retirarse de forma “voluntaria” e “incentivada”, ya que se encontrarán en la disyuntiva entre aportar laboralmente en una capacidad similar o relacionada, y pasarse el día “cuidando a los nietos” o sentándose en el balcón de la casa a “mirar crecer las plantas”.

Y ahí no quiero ni pensar en qué pudiera ocurrir después, pero creo que la cita que hace el reportaje, de un economista que opina que el plan de “recuperación” económica no funcionará, lo expresa meridianamente claro:

Hay que hacer un cálculo matemático, y el existencial, que es el más importante.  Quedarte en tu casa es un llamado a la enfermedad y a la locura…

Argeo T. Quiñones Pérez, catedrático de Economía, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (San Juan, P.R.)

Pero bueno, así están las cosas hasta el momento.  Se mueven los engranajes de un plan que pretende “salvar” a Puerto Rico de una crisis económica acentuada por la potencial degradación del crédito que nos permite tener dinero para la obra pública y el bienestar público.  Lo próximo es que cada quien se le provea la carta oficial que indica su antigüedad en el empleo… y tal vez cuánto tiempo le queda para hacer en pocos meses, lo que tal vez nunca hará en 30 años.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


FUENTE: Nadie se quiere ir (La Revista, El Nuevo Día, 5 de abril de 2009).


LDB

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Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

2 comentarios en “Nadie se quiere ir . . . y yo tampoco!”

  1. Saludos, Myrisa. La verdad es que no sé qué decirte sobre eso, pero creo que debe ser algún ajuste que tenga yo que hacer en mi cuenta (o por lo menos, eso es lo primero que se me ocurre pensar, si es que no pasa lo mismo con Tinta Digital). De todos modos, una vez termine de escribir esto voy a tratar de averiguar qué pasa y te haré saber lo que encuentre. Como siempre, gracias por tu visita. Cuídate mucho.

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  2. No entiendo que ocurre con tu blog que lo he puesto en mi blogroll, pero aunque aparece en la lista larga, no se pone en la lista de los recientes cuando haces una entrada nueva. Tengo a Tinta Digital que también está en wordpress y no pasa lo mismo. Tal vez usas una versión anterior o quizá puedas darme una idea de como ponerlo al día.

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