De noche todos los gatos son prietos

¡Buen día, mi gente!

Aquí estoy con ustedes después de una semana en la que continúa la crisis ocasionada por la presunta propagación del virus de la influenza (no “influencia”, como he escuchado decir a varias figuras públicas… ¡y hasta a algunos periodistas de la televisión!  ¡Ay, por favor!) A-H1N1 y la respuesta—o falta de la misma—del aparato estatal ante esta crisis (que mantenía el saldo de muertes confirmadas en ocho al día de hoy).  Situación que al menos por un día se vio interrumpida por el paso de una onda tropical por Puerto Rico el pasado martes 21—y que me llevó a ver de primera mano cómo el Río Grande de Loíza, aguas abajo de la represa del Embalse Carraízo, se convierte en un turbulento río que no tendría nada que envidiarle a algunos de los grandes ríos estadounidenses.  (Lo único que lamento fue que ese día no tenía mi cámara digital a la mano para tomar un par de fotos del fenómeno y así poderlas incluir en esta entrada… ¡pero ya en otra ocasión será!)

El caso es que mientras sigo esperando a ver si tengo que ponerme todo esto para salir a la calle…

¿Que yo tendré que ponerme guantes y mascarilla para salir a la calle?

… me encuentro con la noticia de lo ocurrido la semana pasada en Cambridge, estado de Massachustetts, relacionada con el arresto del catedrático de la Universidad de Harvard, Henry Louis Gates, hijo.  Noticia que pareció dejar al descubierto una vez más que a pesar de todos los logros que se puedan reclamar, lo que se da en llamar las “minorías” en los Estados Unidos aún tiene ante sí un camino lleno de piedras, entre las cuales están la ignorancia y la incomprensión.  Noticia en la que los detalles son tan diferentes como la noche y el día, como la oscuridad y la luz, como lo negro y lo blanco.

Gates, un profesor de distinguida trayectoria académica y de gran riqueza intelectual—cualidades que tal vez muchos desearían tener, a juzgar por el testimonio personal de una de sus discípulas, la conocida escritora puertorriqueña, Mayra Santos Febres (y les recomiendo encarecidamente que lo lean)—, recién había llegado el 21 de julio de 2009 a su casa en Cambridge luego de un viaje a China en función de su quehacer profesional, cuando se vio forzado a entrar a su propia casa por la puerta trasera de la misma (al encontrar atascada la puerta frontal).  Esto llevó a que alguien, a quien los primeros informes describen como “una vecina de raza blanca” llamara a la línea telefónica de emergencias de la policía local para informar del aparente “escalamiento” de una residencia.  (Pero si nos dejamos llevar por los reportajes noticiosos posteriores a los hechos, lo anterior como que no cuadra, ya que los vecinos entrevistados por los medios de prensa—blancos, negros, y uno que otro que no es ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario—no se proyectan como la clase de persona que no querría tener a alguien “distinto” en su vecindario.  Habrá que ver si la susodicha “vecina blanca” sale a la luz pública a disfrutarse su cuarto de hora de fama, una fama que tal vez ni deseaba en principio…)

Lo que ocurrió después… bueno, eso depende de quién es el que hace el cuento, a menos que resulte que el escritor puertorriqueño, Luis Rafael Sánchez, tuviera razón cuando expresó en su excelente obra teatral, Quíntuples,

El cuento no es el cuento… el cuento es quien lo cuenta.

Según el profesor Gates, el policía que atendió la querella no se identificó en principio como tal (un “no-no” que ha de haber servido a uno que otro libretista febril para eliminar—de una manera que no sea matarlo—un personaje principal en la trama de alguna teleserie detectivesca), pero luego se identificó debidamente y le informó de que se encontraba allí para responder a una querella por un “escalamiento”.  A esto, el profesor Gates alega que cuestionó la justificación de la presencia policial “porque soy un negro en los Estados Unidos”.  Por su parte, el policía que intervino con el profesor Gates, el Sargento James Crowley—de quien se ha dicho que ha ofrecido charlas y seminarios sobre tolerancia racial y sobre cómo evitar la práctica de hacer perfiles étnicos (en inglés, racial profiling)—, alega que sí se identificó debidamente como policía y que le requirió que se identificara como residente en el domicilio objeto del supuesto escalamiento, a lo que el profesor Gates se había negado en principio; que cuando quiso exhortarlo a salir de la casa para poder continuar la discusión sobre la pesquisa, el profesor Gates se comportó de manera altanera e insultante; y que tuvo que arrestarlo finalmente por exhibir una conducta ruidosa y arrogante (¿alteración a la paz?) ante la pesquisa policial.

Y es así como se produce el arresto del profesor Gates, reflejado en la foto que ha dado la vuelta al mundo (y que ustedes verán en otros lugares… menos en este blog, ya que no la muestro para evitarme problemas de derechos de autoría); irónicamente, dos elementos resaltan en la foto: en un primer plano, la presencia de un policía de raza negra como parte del operativo (¿quién dijo que no había diversidad étnica en la policía de Cambridge, Massachusetts?), mientras que en un segundo plano aparece el profesor Gates esposado con las manos al frente.  Y por ahí sigue lo de que Gates estuvo bajo arresto varias horas, que la policía de Cambridge decidió al final retirar los cargos contra Gates (¿habrá sido porque en la policía de Cambridge se dieron cuenta de que los estadounidenses y el mundo los estaban mirando?), y que ninguna de las dos partes (Gates y Crowley) se ha querido disculpar por lo sucedido (hasta el momento en el que escribo esto).

Por lo menos, así estuvieron las cosas, hasta que el miércoles 22, el presidente Barack H. Obama, quien resulta ser un amigo personal del profesor Gates,* aprovechó un intercambio con la prensa (luego de ofrecer un mensaje sobre su propuesta de reforma de salud) para contestar una pregunta sobre lo sucedido el día anterior.  Si bien él aceptó que no tenía todos los detalles a la mano, el mandatario se “esmandó” (como dicen en mi barrio) y dijo que la policía de Cambridge, Massachusetts, “actuó de una manera estúpida” en el arresto del profesor Gates.  Claro está, desde entonces para acá ha tratado de suavizar su posición, la que atribuye…

(Redoble de tambores, por favor…)

¡a una incorrecta y desafortunada elección de palabras!  (¿Dónde o cuándo yo habré escuchado eso antes?)

¡Ah!  Y ahora—para arreglar la clase de boquete que se formó—el presidente Obama ha extendido una invitación al profesor Gates y al Sargento Crowley a zanjar sus diferencias, mientras los tres se dan unas cervecitas fríííííííííías… (¡Qué bonito!  ¡Ellos hacen la fiesta y no me invitan!)

Miren, mi gente, de lo que se trata esto es de un asunto que se ha prestado para hacer juicios apresurados (como el que cada una de las partes ha hecho), de algo en lo que no se tienen todos los detalles a la mano—o los que se tienen no pegan ni con saliva—y que cualquiera puede interpretar a su manera.  Yo no sé cómo ustedes lo vean, pero para mí que a esto le cae como anillo al dedo el refrán que le da el título a esta entrada, y que se explica más o menos así:

De noche todos los gatos son prietos (o pardos).
En circunstancias imprecisas la observación del detalle pasa por inadvertida, por lo cual las diferencias pierden pertinencia.  La obscuridad oculta las faltas.

(Adaptado de la página 90 de Refranes más usados en Puerto Rico, segunda edición revisada y aumentada, por María E. Díaz Rivera.  San Juan, P.R.: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1994.)

Y ciertamente, eso es algo que debieran aprender muchos, especialmente las partes involucradas en este incidente (desde la “vecina de raza blanca” que originó la querella sobre el “escalamiento” hasta el propio presidente Obama—de origen étnico mixto).  Un incidente que demuestra el gran camino que aún queda por recorrer en la convivencia entre etnias en los Estados Unidos.

Habrá que ver quién se anima a emprender ese camino.

Mientras tanto, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


* Interesantemente, un artículo del Center for Responsive Politics indica que el profesor Gates es algo más que un buen amigo del presidente Obama, al punto de que donó unos US$4,600 a la campaña presidencial de este último en 2008—el máximo que las leyes electorales federales permiten por parte de ciudadanos particulares.


NOTA (27 de julio de 2009 a las 15:23 UTC): La versión que están viendo en este momento tiene algunas correcciones y adiciones menores con respecto a la versión que publiqué originalmente hace unas horas.  Les pido me disculpen si esto les ha creado alguna confusión.

LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

5 thoughts on “De noche todos los gatos son prietos”

  1. Mi gente, acabo de escuchar—por cortesía de Jason, quien tuvo la gentileza de enviarme el enlace en YouTube.com—la grabación de audio de la llamada telefónica que originó todo este lío. (Posteriormente, Jason me envió el audio de las unidades policiales que respondieron a la querella inicial, pero este comentario se concentrará principalmente en la llamada telefónica inicial.) De lo que escuché (en la primera grabación) pude notar que la dama que hace la llamada se cuida muy bien de relatar al operador del sistema “911”, estrictamente lo que ella—o la otra testigo, que se infiere que es una señora de más edad—había podido observar fuera de la casa del profesor Gates. Inclusive, cuando el operador del “911” le pregunta a ella si los dos hombres que estaban “escalando” la vivienda (y ya que se me olvidó mencionarlo en la entrada, Gates estaba acompañado de su chofer en el momento del supuesto escalamiento) eran blancos, negros o hispanos, ella mencionó que uno de los dos individuos le pareció que era hispano, pero que no tenía certeza sobre la identidad étnica del otro individuo (por lo que me imagino que ella, responsablemente, no podía decirle al operador del “911” algo que no le constara—como dicen los abogados—de propio y personal conocimiento).

    En ese sentido, lo responsable de mi parte es decir que tal vez juzgué erróneamente en mi entrada a la dama que hizo la llamada al “911”, y que si ello resultó ser así no fue mi intención. Por lo menos, de mi parte, queda aclarado ese aspecto del tema.

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