La hora de la amargura ha llegado

¡Hola, mi gente!  Aquí estoy de regreso, semana y pico después de batallar con una infección que me tenía loco… ¡pero no es lo que ustedes se imaginan!  Resulta que de manera extraña, algún tipo de malware que no voy a mencionar (o si quieren, piensen en un caballo más famoso que Camarero, Secretariat, el caballo blanco de Napoleón o hasta el emblemático caballo de ajedrez de Paladin—aunque igual de impredecible que este último) se coló en el disco duro de mi computadora, especialmente en el directorio donde reside el sistema operativo Windows Vista, y me dejó un saldo de 48456 archivos infectados.  Ello me ocasionó pasar varios días rompiéndome la cabeza (¡no se preocupen, no es para tanto!), tratando de encontrar la manera de atajar todas esas infecciones y eliminar de mi sistema al malware responsable de las mismas.  Y me alegra decirles que apenas lo pude lograr la madrugada del domingo 27… ¡a las 05:36 UTC-04:00, después de 17 horas y media de correrle un programa altamente recomendado para manejar el spyware y otras amenazas!  (Yo no quiero ver cuando llegue la cuenta de electricidad de mi casa… ¡pero no había otra manera!  Ya resolveré de alguna manera…)

Así que habiendo sacado del medio ese “problemita”, pasemos a lo que nos trae hasta aquí, shall we?  (Y si alguien quiere saber los detalles de lo que me pasó, para que no le pase lo mismo, por favor me escribe a mi dirección electrónica… o fíjese en las etiquetas de esta entrada.)

Enigüei, el 25 de septiembre de 2009—justo a la puerta de un fin de semana normal y caluroso (¡!)—se produjo el anuncio más esperado, pero no necesariamente por las razones correctas o deseadas: Apenas un minuto antes de las 14:00 UTC –04:00 de ese día, el gobierno de Puerto Rico anunció la emisión de 16970 cartas de despido de servidores públicos, como parte de la “estrategia” del gobierno de Puerto Rico para atajar su crisis fiscal.  Por si a alguien se le ha olvidado de qué se trata, le recuerdo seguidamente que hace algún tiempo en este blog me refería a…

Una "tormenta perfecta" en la que se juntaron el hambre y las ganas de comer… o más bien, en la que se juntaron la lamentable situación económica de la gente común y corriente—gente como usted y como yo, que vive y padece de día en día el encarecimiento en el costo de la vida—y la no menos lamentable situación fiscal del gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico…  […]  Y lo que (el gobernador Luis G. Fortuño Bruset) describe aquí es el resultado de una tendencia de los distintos gobiernos (sean del PNP o el PPD—y como ya hemos visto, ninguno de los dos partidos está limpio de polvo y paja) a gastar más allá de lo que sus posibilidades les permitían, aun en los tiempos en los que la austeridad se predicaba como si fuera el evangelio (o como decía un comediante hace muchos años, "¡hay que economizar… cueste lo que cueste!"). Y si se añade a esa tendencia la mala costumbre de tratar de "cuadrar" los presupuestos de gastos públicos mediante la toma de préstamos a los bancos centrales… ¡tremendo lío en el que estamos metidos!
La hora del sacrificio (8 de marzo de 2009) (énfasis añadido intencionalmente)

¿O qué tal esto?

Se trata de una serie de medidas en las que el nuevo gobierno de Puerto Rico pretende atajar en poco tiempo (a lo sumo, tres de los cuatro años del presente ejercicio de gobierno) una crisis que se estuvo desarrollando durante muchos años, sin que ninguno de los dos partidos políticos que comparten el poder (PPD y PNP) hubiesen dado pasos afirmativos para evitar que llegáramos al punto en el que nos encontramos hoy en día.
Mar en calma y (no tan próspero) viaje (23 de marzo de 2009 ) (énfasis añadido también con toda la intención)

Sin embargo, dice el gobierno que del total de esas cesantías, se proyecta reclutar nuevamente a unos 1000 empleados para ejercer funciones de cobradores de impuestos (Good luck on that!) o para hacer limpieza en las escuelas públicas.  Así que comoquiera 15970 servidores públicos puertorriqueños—principalmente padres y madres de familia que se tragaron el cuento de la “seguridad de empleo en el gobierno”—se tendrán que ir a la calle para el 6 de noviembre de este año.

Súmelos a los 10401 que se fueron (¿los ‘fueron’?) en la ronda de despidos y renuncias ‘voluntarias’ de junio pasado, y tendrá 26371 víctimas de una situación que nunca debió ocurrir.

Son 26371 seres humanos que tendrán que ver cómo se las arreglan para cumplir con sus responsabilidades económicas—la hipoteca de la casa, el préstamo del carro, y si sigo no acabo—a la vez que le llevan el sustento a sus familias.  Son 26371 potenciales candidatos a empleo que tendrán que andar para aquí y para allá cargando con un resumé y una carta de presentación, tocando a cuanta puerta puedan tocar, aunque sea para pedir empleo barriendo pisos por menos del nuevo salario mínimo federal, o vendiendo mercancía barata en alguna tienda de pueblo pequeño, u ofreciendo “papitas, onion rings o apple pie” en algún restaurante de comida ligera.  Después de todo, se supone que ahora—según el gobierno—la empresa privada es “la cura” de todos los males de la economía puertorriqueña, ¿no?  Sabe Dios cuántos de estos 26371 tendrán la iniciativa y el interés de organizar su propia empresa, de ofrecer algún servicio diferente e innovador, algo que nadie más puede ofrecer en Puerto Rico en estos momentos.  Tal vez muchos de ellos quieran regresar a la universidad a hacerse de otra carrera, aunque sea distinta a aquella para la cuya preparación pasaron tanto trabajo.

¿Cuántos de estos 26371 se cansarán de darse golpes contra la muralla que tienen ante sí y emigrarán?  ¿Volveremos a ver un éxodo como el de los tiempos de dos de mis tías (los 1950s), que emigraron con sus esposos a la Nueva Inglaterra, en busca de un futuro mejor para sus hijos?  (Aunque les aclaro que esta estrategia funcionó bien en el caso de mis tías, ya que ambas trabajaron duro y supieron criar bien a sus hijos, y éstos han levantado sus propias familias, con dignidad y respeto.  Y yo me siento orgulloso de que todos ellos sean parte de mis lazos familiares.)  ¿Y qué encontrarán los que lleguen hasta allí?  Si creen que la suerte les va a caer del cielo… quiera Dios que la decepción no sea tan fuerte.

¿Y qué ocurrirá con aquell@s que sin entrar por la puerta del infierno han aceptado fatalistamente aquella admonición de “abandonad toda esperanza”?  ¿Cuántos se sumirán en la desesperación, o recurrirán al vicio—llámese del alcohol, llámese de las drogas, llámese como se quiera llamar—para poder aliviar su dolor, para escapar de una realidad agobiante?  ¿Cuántas de estas 26371 personas recurrirán al delito para poder conseguir el dinero que les ayude a satisfacer sus necesidades?  Y más importante aún, ¿cómo se afectará el resto de la sociedad puertorriqueña por una acción de la trascendencia de esta que se acaba de tomar?

Lamento mucho decir esto, pero me sospecho que a los responsables de tomar las decisiones que nos han traído hasta aquí, no les importa su responsabilidad, consigo mismos como individuos y con la sociedad a la que dicen que quieren rescatar de la negligencia económica del pasado.  Y en cuanto a las consecuencias de sus acciones… ¡que el de atrás sea el que lo arregle, que para eso no es de los “agraciados”!


Si se preguntan, en mi lugar de trabajo, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico (DRNA), las fatídicas cartas de despido no vinieron a entregarse sino hasta el lunes 28.  Día en el que vi algo más o menos parecido a lo que vi y sentí unos meses atrás, cuando…

Después de las renuncias “involuntariamente voluntarias” de empleados públicos en Puerto Rico, ha llegado el momento para los despidos “voluntariamente involuntarios”….  (Y)a se ha iniciado el despido de varios de los empleados irregulares, transitorios y por contrato que fueron reclutados en años recientes.  (Y aun si alguno de ellos fue reclutado en violación a la ley que prohíbe reclutar personal en el gobierno pocos meses antes de las elecciones, debe quedar claro que no es su culpa.)  Y eso es algo que me tiene un tanto apenado, porque muchos de los que se nos van de esta manera son jóvenes de cuyo talento y dedicación he sido testigo…
Episodio 301: De permisos, despidos y el surgimiento de una estrella (31 de mayo de 2009)

Sin embargo, en esta ocasión no fueron únicamente los jóvenes que apenas estaban empezando a despuntar en su desempeño profesional.  Hoy vi llorar a personas a quienes he conocido de mucho tiempo en el DRNA, personas que siempre han mostrado dedicación a su trabajo, personas cuyo profesionalismo es y será siempre incuestionable… y que han sucumbido a la incapacidad de un sistema político que no tiene las salvaguardas adecuadas para evitar estas situaciones, y a la incompetencia de quienes tienen en sus manos evitar que dichas situaciones ocurran.  Hoy vuelvo a temer por lo que suceda con est@s compañer@s de trabajo, como cuando tuvimos que sufrir juntos el cierre gubernamental de mayo de 2006, un trago amargo cuyas lecciones parece que quienes debían aprenderlas no las han querido aprender (o no les conviene aprenderlas).  Y vuelvo a sentirme como que nada que yo pueda decir o hacer ayudará a aliviar esta crisis.

Debe ser que en este momento siento lo que los especialistas estadounidenses en conducta humana denominan como “la culpa del sobreviviente”, como si me pareciera injusto que gente prometedora como ésta tenga que sucumbir ante una crisis de la que no tienen culpa, y dejarnos en el camino a nosotros, los “veteranos” en estas lides, en momentos en los que más los necesitamos.  Pero bueno, así es la vida, y lo mejor que puedo hacer desde aquí es darles las gracias por el tiempo que estuvieron con nosotros, desearles a tod@s ell@s la mejor de las suertes, y recordarles que cuando nos necesiten… ¡pa’ eso estamos!
También de "Episodio 301: De permisos, despidos y el surgimiento de una estrella" (y nuevamente, el énfasis está puesto ahí con toda la intención, ¿OK?)

Y como a mi juicio, la historia tiene el mal hábito de repetirse, ésta no va a ser la excepción.


¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, pero sobre todo, no pierdan la esperanza, que es lo último que debe perderse, ¿OK?


ACTUALIZACIÓN (30 DE SEPTIEMBRE DE 2009, 05:23 UTC -04:00): Añado un par de cosas:

  1. Las cartas de despido en el DRNA no se repartieron el mismo viernes como se esperaba, sino que fue el lunes siguiente.  Los despidos en todo el DRNA ascendieron a 280.
  2. Y en la mañana de ayer (29 de septiembre) tuvimos en el DRNA un anticipo de lo que está por venir—y no precisamente lo mejor—cuando se recibió una llamada telefónica que anunciaba la supuesta colocación de un artefacto explosivo.  Afortunadamente, la búsqueda policial no encontró ninguno, pero de más está decir la molestia que eso nos ha ocasionado, sumado al desasosiego que ya impera en la agencia con los 280 despidos.  Y yo me pregunto: ¿ES ESTO REALMENTE NECESARIO?  ¿Será ésta la constante durante los próximos días… o meses… o durante los años que (se supone) esté en vigencia la ley que nos trajo a esta situación?

Como decían antes en los noticiarios de radio (o “los informativos”, como últimamente alguna gente insiste en llamarlos)… "Seguiremos informando."


LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

1 comentario en “La hora de la amargura ha llegado”

  1. Pingback: Trackback

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s