El precio del privilegio

Taken by Ashig84 of the University of Puerto R...
Image via Wikipedia

¡Qué tal, mi gente!

La verdad es que la situación de paro estudiantil en el sistema de la Universidad de Puerto Rico se pone cada vez más difícil.  A un mes de iniciado, ambas partes no han podido llegar a los acuerdos que podrían poner fin al paro, tal vez porque ninguna de las partes comprende el valor de lo que es en realidad la negociación, en la que se da algo para poder conseguir algo.  (Digo, de eso es de lo que se trata, ¿o me equivoco?)  Para colmo, y como era de esperarse siempre que un gobierno de derecha—y si ellos están leyendo esto: ustedes saben quiénes son y saben que me refiero a ustedes—asume el poder en Puerto Rico, las acciones de las autoridades han tomado un carácter punitivo, distante de consideración humanitaria.  Tal es el caso de la colocación de policías antimotines para vigilar los portones donde se han apostado los manifestantes, junto con la táctica policial de impedir que los padres de los estudiantes puedan compartir con ellos, o hasta puedan llevarles comida y agua.  (¿Para qué?  ¿Para minarles su resistencia?  ¿Para matarlos de hambre?)

Francamente, yo no creo que nadie pueda ganar algo con esto.  De un lado, los estudiantes en paro—quienes por lo demás han demostrado que pueden aprovechar los recursos de los nuevos tiempos (recursos que ya hubieran querido tener los huelguistas de 1981… ¡o tal vez los de 1948!) para organizarse y comunicar su mensaje al mundo externo—pierden al exponerse a la furia de unas autoridades empeñadas en reprimir, en acallar la justa protesta que denuncia una injusticia.  Del otro lado, la administración universitaria—que a juzgar por la exposición pública de sus acciones, dista mucho de ser el mejor ejemplo de lo que es ser un UNIVERSITARIO (así, en mayúsculas)—pierde al tomar acciones irresponsables e improvisadas, sin medir consecuencias, tales como decretar un cierre unilateral de la universidad (para que entonces se lo revoque un tribunal), sentarse a la mesa de negociaciones “solamente a escuchar”, sin tener la voluntad para discutir los problemas que aquejan al primer centro docente del país—o por lo menos, las exigencias de los estudiantes en paro—y buscarles las soluciones apropiadas.  (Siempre y cuando dichas soluciones no requieran tomar las acciones drásticas que la Ley 7 prescribe para el resto de nosotros, por supuesto.)

Aparte, si de no estar a la altura de lo que es ser un UNIVERSITARIO se trata, nada más hay que fijarse en esta breve incursión en el género del stand-up comedy, cortesía de la presidenta de la Junta de Síndicos de la UPR, Sra. Ygri Rivera:

“No hay peor ciego que el que no quiere oír.”

😀 😀 😀

(¡Sí, mi gente, como lo acaban de leer!  Yo espero que “El Chapulín Colorado” no venga a tratar de explicar esta mutilación del refranero de pueblo, pero… ¡la idea es ésa!)

Y ambas partes pierden bastante cuando ocurre la confrontación violenta, como lo sucedido el 20 de mayo de 2010, mientras se efectuaba una actividad de recaudación de fondos para el partido de gobierno (el PNP), en la que estaba presente el gobernador Luis G. Fortuño Burset—el mismo que semanas atrás levantó la bandera del ‘privilegio’ de estudiar en la UPR.  Y eso fue lo que ocurrió.  Estudiantes, líderes obreros (algunos de los cuales—no tapemos el cielo con un dedo—tienen sus barbas en remojo), y hasta personas que tal vez no tenían nada que ver, tuvieron su cuota de azotes (y una que otra patada traicionera, como la que se vio que un alto oficial policiaco—que en principio negó lo que el resto del mundo había visto—le propinó a un manifestante mientras éste ya estaba detenido en el piso).

Como lo escribí al comienzo de esta entrada, cosas como ésta son de esperarse cuando un gobierno de derecha como el del PNP asume el poder en Puerto Rico.  (Pero por aquello de hacer un balance, las administraciones del PPD tampoco son todo lo santas que quieren hacer creer al mundo que son.  Y ésa es la realidad, le guste a quien le guste.)  Ya yo había visto algo parecido cuando la huelga de 1981, especialmente la mentalidad de las autoridades de tratar a los estudiantes en protesta como si fueran delincuentes, como si fueran un enemigo al que hay que vencer a todo costo, a fin de “restaurar la paz” en el recinto universitario y mantenerlo todo bajo control.  Y no hace falta decir que a veces queda en el medio el que no tiene culpa, el que también paga los platos rotos a causa de la ira de un sistema que quiere mantenerse a flote, a costa de los que no tienen el privilegio del poder.

E insisto en que eso es lo que ocurre cuando quien no ha vivido la experiencia de ser un verdadero UNIVERSITARIO trata de meter sus manos en la UNIVERSIDAD del pueblo, en el centro donde chocan las ideas, donde se funden la tesis y la antítesis para lograr la síntesis, donde se desarrolla la capacidad para el pensamiento libre… ¡algo a lo que—como creo que dijo Voltaire (y por favor, me corrigen si me equivoco)—parecen tenerle mucho miedo quienes más abogan por la “libertad de expresión”!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB
Número 842-76-XXXX
Universidad de Puerto Rico en Humacao
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

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Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

2 comentarios en “El precio del privilegio”

  1. Los estudiantes han dado una clase a Puerto Rico de lo que es hacer una manifestación organizada. Tan organizada que hasta a hora la administración ha tenido que ceder. Verdaderamente los admiro.

    Adelante y éxito.

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    1. Sí, hasta yo mismo tengo que reconocer que los estudiantes han dado un mejor ejemplo público que el que dan los administradores del sistema de la UPR. (Aparte: si yo tuviera un pub, ni de chiste invitaría a la presidenta de la Junta de Síndicos a dar una rutina de stand-up comedy.) Y ciertamente, creo que los reclamos de los estudiantes son muy justos, particularmente lo de las exenciones de matrícula que permiten que los estudiantes que lo ameritan puedan desarrollar sus estudios con éxito. Una pena que tengan que lidiar con una administración que carece de sensibilidad universitaria, que cree—si no es que se empeña en hacérselo creer al resto del mundo—que le está haciendo un favor a los estudiantes al proveerles una educación post-secundaria, y que más bien responde a otros intereses, no necesariamente los más sanos. Pero así es como están las cosas, y aun así, yo no dejaré de tener fe en que se resuelva esta situación, por el bien de la UNIVERSIDAD y de todo Puerto Rico. Gracias, como siempre, por tu visita. ¡Hasta luego!

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