Caer gracioso… o caer en la desgracia

¡Hola, amigas y amigos, mi gente!  Luego de una semana que comenzó para mí de la peor y más inesperada manera imaginable, como lo explicaré más adelante en esta entrada, aquí estoy nuevamente.

Sea como sea, todavía es la hora en que se me hace difícil entender cómo es posible que elijamos para los puestos públicos en Puerto Rico, personas que por lo demás deberían asumir una conducta pública digna—y sobre todo, personas entradas en bastante edad, que siempre se nos ha dicho que es una señal de sabiduría y de respeto—, para entonces echar por tierra esas expectativas.  Pero a veces, la vida nos demuestra que no siempre el que más se llena la boca predicando la honestidad es el más honesto, no siempre el que más se llena la boca predicando la paz y el amor hacia el prójimo es el más tolerante hacia quienes no son sus iguales, no siempre el que más firmemente se apega a la prédica de la moral y la decencia es el mejor ejemplo a seguir.

Prueba de ello nos la dieron la semana atrasada (y si me siguen hasta que termine esta parte de la entrada, sabrán el por qué de este atraso) dos “servidores públicos”, quienes se han visto envueltos en situaciones que apuntan hacia su carácter y su entereza moral (o a la falta de los mismos).  A uno de ellos, el alcalde de Cidra (municipio ubicado hacia el extremo este de la Cordillera Central, para quienes me leen fuera de Puerto Rico), se le ha imputado cargos de hostigamiento sexual en la persona de varias de sus empleadas alcaldicias, mientras que el otro, el senador (of all people!) Antonio Soto Díaz, que se hace llamar “el chuchin”, quiso caer en gracia durante un programa matinal en la radio FM local (‘La Perrera’ de Salsoul) y se ufanó de que la contratación como su ayudante, de la conocida modelo profesional Yadira Hidalgo… esteeeeeeeeee… no fue precisamente por sus cualificaciones profesionales, si entienden lo que quiero decir…

(OK, voy a decirlo como es: fue… esteeeeeeeeee… ¡porque ella tenía unas tremendas nalgas!  PUNTO.)

Lo anterior resultó en que ulteriormente el presidente del Senado de Puerto Rico, Thomás Rivera Schatz, rescindiera el contrato, lo que no le cayó muy bien a la modelo, quien amenazó con entablar la correspondiente acción en los tribunales.  (Aunque francamente, yo no perdería mi tiempo en llevar una demanda en esas circunstancias, sobre todo dado que pendía sobre ese contrato un planteamiento público de naturaleza moral y el presidente senatorial, como autoridad nominadora, tenía todo su derecho de tomar esa decisión—si la decisión fue buena o mala, ya eso es otra cosa.)

Pero el caso es que eventos como éstos apuntan hacia un síntoma bastante serio, en lo que respecta al liderato político del país.  Un liderato político sin carácter, sin vocación de servicio, que se deja llevar por sus impulsos más bajos, eso por un lado, mientras que por el otro tratan de pasar como los guardianes de la moralidad y el civismo ante la sociedad puertorriqueña.  Digo, ¿no son estos líderes políticos los mismos que le exigen a los ciudadanos que cumplan con las leyes, aunque éstas sean absurdas o acaben por ahogar a los propios ciudadanos?  ¿Los que exigen que las comunidades marginadas por el crimen y la pobreza echen a un lado la “ley del silencio” y denuncien ante la Justicia a los que cometen los delitos más atroces?  ¿Los mismos que pretenden inculcarle valores a un pueblo—y de veras, yo creo que los puertorriqueños necesitamos recuperar esos valores que reflejan la convivencia de otros tiempos—, cuando ni siquiera son capaces de ser los ejemplos que reflejen esos mismos valores?

Tal vez, políticos como éstos creerán que se saldrán con la suya, porque tienen alguna clase de poder—o como en el caso del senador Soto, que dice ser creyente en la brujería y hasta ha amenazado con “hacerle daño” a sus enemigos (una vez salga de su lío actual, por supuesto).  Tal vez ésa es una de las consecuencias de elegir “cualquier cosa”, lo que sale de debajo de la tapa de un zafacón (“papelera”, “cesto para la basura”, etc.), como la persona que ha de representar y defender los intereses del pueblo, en lugar de buscar personas que tengan un sentido de responsabilidad, que tengan un sólido carácter moral, que asuman con seriedad la función pública, que manifiesten dominio propio.

Tal vez, es ahora que nos damos cuenta de ello.


Y ahora voy a la explicación que prometí al comienzo.  El domingo pasado (11 de julio de 2010), luego de disfrutar el triunfo 1–0 de la escuadra española sobre la holandesa en la final de la Copa Mundial de Fútbol, me había quedado sin ánimo para escribir la entrada que están leyendo hoy.  En todo caso, cuando me dirigía a mi oficina el lunes, empecé a pensar en que debía haber alguna manera de mantener el contacto con aquéll@s de mis compañer@s de trabajo que habían sido objeto de la implacable ola de despidos promovida por la Ley 7 de 2009.  Me interesaba mucho saber qué estaban haciendo, cómo les iba en la vida, si habían tenido éxito en conseguir un empleo que les ayudara a atender sus compromisos, cómo les trataba la vida—bien, mal o peor—, y sobre todo, si había alguna cosa, por pequeña que fuera, que pudiéramos hacer quienes nos quedamos atrás para luchar por ellos.

Una vez entro al ascensor que me lleva hasta el nivel del edificio en el que se encuentra mi oficina, comienzo a notar que varios compañeros de trabajo están hablando en voz queda sobre una persona que había muerto la noche anterior.  Comentaban cómo esa persona había atravesado por tiempos difíciles en su vida pasada y reciente, especulaban sobre qué pudo haber pasado por su mente en sus momentos finales.  Mientras oía esta conversación, no pude evitar pensar que algo estaba mal.  ¿Sería la persona de la que se estaba hablando, alguna persona de las que recién se había retirado, luego de dejar toda su vida en el trabajo?  Digo, se conocen casos en los que una persona que hubiese trabajado por mucho tiempo, sea en el sector público o en el privado, al no poderse adaptar a la idea de que ya su misión laboral terminó, que ya su rutina diaria cambió para algo menos intenso, encuentran intolerable ese cambio y sucumben.  Pero de otra parte, ¿sería esta persona de la que se hablaba alguna de las víctimas—gústele a quien le guste—de una mal ejecutada campaña de despidos dirigidos a “reducir” las nóminas gubernamentales en aras de una “recuperación económica y fiscal”?  Digo, yo llevo bastante tiempo advirtiendo (o por lo menos, dándolo a entender) en este blog que cosas como ésa podrían suceder, que ésa podía ser una de las consecuencias de dicha campaña de despidos.

No es sino hasta que llego a mi oficina y le pregunto a una de las secretarias sobre lo sucedido, que la realidad me da un golpe brusco: En efecto, fue una de las personas que había sido víctima de la ola de despidos masivos gubernamentales.  Una joven mujer, en sus 40s medios, divorciada, madre de tres niños, cargada con el peso intolerable de una serie de deudas y compromisos, y sin los medios para poder cumplir con esas deudas y compromisos… tomó la lamentable decisión de suicidarse la noche anterior.  (Y por respetar su recuerdo, me voy a reservar la manera en la que ella se privó de la vida.)  Y eso me dejó fuertemente sorprendido, y muy triste, por tratarse de una persona a la que tal vez hubiera ayudado una buena palabra a tiempo, el consejo de algún buen amigo, de alguien que la hubiera escuchado sin juzgarla, alguien que le hubiera dado su apoyo, alguien que hubiera estado ahí, con ella, en su momento de mayor desolación.

Sea como sea, la noticia de que alguien a quien se conoce—o tal vez debo decir, a quien yo apenas estaba empezando a conocer y entender—ha optado por resolver los problemas angustiosos de su vida privándose de la misma, nos deja muy consternados.  Nos deja con la sensación de que personas como mi ex-compañera de trabajo—por lo demás una hermosa y esbelta rubia de tez blanca y ojos claros y de buen corazón, aunque a quien no la conociera le parecería tan fría y distante como una princesa de hielo—viven por dentro un infierno, una situación mental tan angustiosa que no las deja ver más allá.  Nos deja con una sensación de vacío, de que nos hará cada vez más falta, de que nuestro mundo dejó de ser el mismo ante su partida al más allá.

¡Desde aquí deseo para ti un buen viaje, amiga Edna!  Que tu recuerdo ilumine y alegre las vidas de quienes te conocimos, y nos ayude a seguir luchando por lo que es justo.

(Por cierto, la realidad me dio el segundo golpe trágico en menos de una semana, cuando la noche del sábado—mientras realizaba una búsqueda en Bing.com—me enteré de que una atleta que admiré durante mucho tiempo hasta que desapareció de la vista pública, la fisicoculturista estadounidense Shelley Beattie, se suicidó en febrero de 2008, a los 40 años de edad, mientras estaba bajo tratamiento siquiátrico por un trastorno bipolar.  Un final lamentable para una atleta que a pesar de ser sorda desde su temprana niñez, demostró su excelencia en la práctica de ese deporte, ganando o logrando escalar altas posiciones en varias competencias importantes.)


Pero bueno, la vida continúa para l@s que quedamos atrás, aunque esta entrada tenga que llegar hasta aquí, así que… ¡vamos a dejarla ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Y sobre todo, recuerden esto: Por más angustiosa que sea la situación por la que pasan nuestras vidas, ¡no debemos rendirnos NUNCA! ¡Que así sea!

LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

2 comentarios en “Caer gracioso… o caer en la desgracia”

  1. Una cosa es hablar en términos generales de un fenómeno que todos conocemos, y otra es que le toque a una persona cercana… Como quiera, el que tengamos conciencia de lo que son las injusticias, nos acerca más a una sensibilidad en el momento que nos da el golpe directamente. Se toma el evento con más coraje, pero con más conciencia de que el asunto del poder político nos toca a todos, que no es algo aislado ni al azar o un evento de la casualidad…

    Me gusta

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s