Otra tragedia que esperaba por ocurrir…

Amigas y amigos, la verdad es que de un tiempo a esta parte, salir a la calle es una verdadera batalla por la supervivencia.  Una batalla en la que hay que tener mucha cautela—tal vez demasiada—para evitar meterse sin querer en una situación inesperada y potencialmente peligrosa.  Una situación en la que la muerte puede ser ocasionada por quien menos se espera.

Ése es el cuadro ante el incidente ocurrido la noche del miércoles 22 de septiembre, en el que el joven atleta José Vega Jorge, quien al ir a cenar con unos amigos al restaurante Burger King del sector Altamira en Guaynabo, se topa con un atraco a dicho restaurante y mientras está tratando de ayudar a la policía a dar con el paradero de los dos presuntos asaltantes (un hombre y una mujer), es confundido con uno de éstos y reducido a la obediencia… sólo para acabar recibiendo un disparo en la cabeza (a consecuencia del que murió en la mañana del 24 de septiembre en el hospital) luego de que a uno de los “agentes del orden público” (se presume que fue un novato recién salido del Colegio de Ciencias Policiales) se le zafara un disparo cuando “se resbaló” al bajarse de su auto de patrullaje y todos los policías en el lugar empezaran a disparar a diestro y siniestro.

Digo, yo evidentemente no soy miembro de la policía, ni me creo con las cualidades esenciales para esa clase de trabajo.  Pero abalear en la cabeza a una persona que ha sido detenida, que ha sido reducida a la obediencia, que por estar esposada no puede moverse ni en su propia defensa, ni para hacerle daño a nadie, que está paralizada—y hasta angustiada—por el miedo a lo próximo que pueda suceder, es una cuestión que se sale de lo que dicta el sentido común.  Y ciertamente los policías involucrados en el incidente actuaron de una manera doblemente irresponsable, por manejar mal la investigación del atraco al restaurante y por disparar—sin que hubiera necesidad para ello—contra quien creían que era un sospechoso al que ya tenían dominado.  Y ciertamente, las consecuencias de esa irresponsabilidad hablan por sí solas.

Y lo peor de todo es que este incidente, a much@s nos ha hecho recordar fácilmente el trágico asesinato del Sr. Miguel A. Cáceres Cruz, a manos de un agente policial en Humacao (más recordado como el asesinato que le dio la vuelta al mundo al ser grabado en un vídeo colocado pocos minutos después en YouTube).  Es más, lo que sucedió en Altamira la otra noche… como que ya yo lo había señalado en ese otro caso:

“Lo primero que me pregunto es, ¿qué puede ocasionar que un miembro de la institución gubernamental dedicada a garantizar el orden social (en un país supuestamente democrático como el nuestro), de momento se comporte como un ser todopoderoso, con poder absoluto sobre la vida y la muerte?  ¿Será que esta persona arrastró algún rasgo de conducta negativa que pasó inadvertido (o no) para quienes lo reclutaron en la Policía?  ¿Será, como algunas personas han comentado, producto de la ingestión de alguna sustancia extraña que lo convirtió en un monstruo?  (Y aparentemente, éste no sería un caso aislado dentro de la Policía de Puerto Rico.)  Sobre todo, ¿cuántos más como este supuesto ‘agente del orden público’ andan sueltos por ahí, como un estallido que espera la oportunidad adecuada para que alguien encienda la mecha?
(No, los énfasis no están en el original; los añadí, como es de esperar, con toda intención.)

Y lo ocurrido el miércoles pasado contesta y da validez a esa última pregunta en el párrafo citado.

Sin embargo, por lo menos hay un atisbo de esperanza dentro de esta tragedia sin sentido, y es que se ha dispuesto para que varios de los órganos del cuerpo del atleta malogrado sean trasplantados a pacientes de condiciones graves que los necesitan.  (Por lo menos, se dice—aunque por razones de confidencialidad no se dieron muchos detalles—que la misma noche del viernes 24 se había trasplantado el corazón del joven asesinado al cuerpo de un adolescente que luchaba por su vida.)  Y aunque ello no le devolverá la vida al joven atleta asesinado, por lo menos seguirá vivo en los pacientes que se beneficiaron de los trasplantes, así como lo estará en el recuerdo de sus seres queridos.

Mientras tanto, las cosas continúan mal, como de costumbre.  Con un par de delincuentes que deben estarse jactando de haber burlado a las autoridades, y de haber ocasionado una tragedia en el mismo proceso.  Y con un cuerpo policial que trabaja sin un rumbo fijo, sin un plan de acción que ayude a combatir la delincuencia y que le devuelva la paz y la tranquilidad a una sociedad que se ve amenazada por la violencia.  Y con una familia que llora la pérdida de su ser querido, en medio de una ola de violencia sin sentido.  Así de mal estamos hoy en día.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

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Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

2 comentarios en “Otra tragedia que esperaba por ocurrir…”

  1. Lo triste del caso, aparte de haber asesinado al joven, es que el policia se rehusa a testificar su version del suceso. Si fuera un ciudadano el que dice que no va a testificar lo meten preso, pero como es un policia…

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    1. Bueno, Kofla, entiendo que el policía asesino es un novato, de esos que al no tener “calle” suficiente no sabe qué hacer en una situación así de peliaguda. Y lo peor es que mientras más se rehúse a dar a las autoridades su versión de lo que ocurrió esa noche, más se va a comprometer—algo que a él le deberá servir de lección práctica para el resto de su vida.

      Como siempre, gracias por tu visita a mi blog.

      LDB

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