Entre una canción de cuna y la realidad

El Cañuelo, Isla de Cabras, Puerto Rico Histor...
Image via Wikipedia

La semana que acaba de concluir, amigas y amigos, trajo varios acontecimientos que nos hicieron pasar por lo que los estadounidenses llamarían un “emotional rolercoaster”.

De un lado, vimos cómo el gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, daba un mensaje a la asamblea legislativa y al pueblo boricua, en el cual ofrecía una reforma en los mecanismos impositivos del país.  (¡Sí!  Otra reforma contributiva, o como diría Yogi Berra… deja vu all over again!)  Un mensaje que se caracterizó por la repetición constante de un tema que parecería sacado de un comercial de un supermercado o de una financiera: “más dinero para tu bolsillo”.  (Y que de paso, me hacía pensar en otra frase sarcástica estadounidense: “Would you buy a used car from this guy?”)  Y así parece ser la cosa: más dinero para repartir entre quienes han hemos tenido que llenar como pueden podamos el vacío que dejaron 26371 servidores públicos despedidos en el último par de años—alguno que otro de los cuales ha tenido mayor éxito en buscar la manera de resolver su situación económica (si es que no ha sucumbido por completo, como lamentablemente hemos visto).  Dinero que entre otras cosas provendría de imponer un arbitrio de 4% sobre los ingresos de corporaciones foráneas que, aunque establecidas en Puerto Rico, no venden sus productos en Puerto Rico.  Dinero que se pretende que ayude a revivir la economía puertorriqueña—o al menos, eso es lo que se piensa—mediante un aumento en el consumo, especialmente ahora que la temporada de compras navideñas está, como quien dice, a la vuelta de la esquina.

Polígono de Tiro de la Policía de Puerto Rico, Isla de Cabras, Toa Baja, P.R.

Lamentablemente, del otro lado, hubo también un acontecimiento sorpresivo y desagradable, que habla demasiado mal del estado de deterioro social que se vive actualmente—mientras se distrae la atención del público en otras cosas.  Para beneficio de quienes estén leyendo esto alrededor del mundo, me estoy refiriendo al asalto del que fue objeto el área de prácticas de tiro de la Policía de Puerto Rico en un islote conocido como la “Isla de Cabras” en Toa Baja, al oeste de San Juan (indicado con la “tachuela” roja en el mapa de arriba).  Tres delincuentes vestidos de agentes policiales (aunque a la luz de los recientes eventos en los que ha habido policías implicados, creo que hay que esperar lo inesperado), con aparente conocimiento de movimientos e itinerarios (hasta sabían a qué hora hacía su ronda de vigilancia una unidad de otro cuartel), ejecutaron un audaz atraco en el que se hicieron con unas 130 pistolas y rifles—las mismas armas de fuego con las que cientos de agentes del orden público practican sus destrezas para el uso de la fuerza letal.  No conformes con ello, los atracadores quisieron violar sexualmente a una mujer policía que atendía el cuartel ubicado en el lugar, acción que, afortunadamente (gracias a Dios o a la Fuerza Suprema según cada cual la entienda), no se llegó a consumar.

Digo, si estoy en lo correcto al suponer que se trata de delincuentes relacionados con el tráfico de drogas en Puerto Rico—porque no quiero pensar en la otra posibilidad ya mencionada—, ¿así de envalentonados están que no conformes con robarse las armas, se quieren atrever a tratar de hacerle a otro ser humano, a una mujer, un daño que la destruirá como persona, pero que además destruirá su alma, su sentido de humanidad, su espíritu, para lo que le reste de su vida?  Mal estamos cuando por ahí existe quien alardea de hacerle daño a otros seres humanos, sin sentido de responsabilidad ni de las consecuencias que sus acciones habrán de ocasionar.

Por supuesto, desde lo sucedido, los responsables de la Policía nos dicen que se harán tooooodos los esfuerzos posibles por atrapar a los atracadores, o al menos tratar de evitar que estas armas sean usadas para cometer delitos, delitos en los que mucha gente inocente podría caer sin tener culpa de ello (como estamos viendo últimamente con demasiada frecuencia).  A eso, yo les podría contestar con algo así como, good luck with that! Y ciertamente, necesitarán muchísima suerte, por toneladas, para poder superar el ingenio de quienes demuestran ser más ágiles y más inteligentes—y aclaro, no por ello “más sabios”—que las fuerzas del orden público.  Sobre todo, se necesitará toda una estrategia para combatir la delincuencia, una estrategia que busque desbaratar de una buena vez y por todas el imperio que quienes se lucran del dolor humano quieren establecer en Puerto Rico (digo, si es que con la anuencia del propio gobierno—de los dos partidos principales, PPD y PNP—que dice tratar de combatirlo no lo han hecho ya, y la impresión en ese sentido no es muy favorable que digamos), una estrategia en la que se pierda el miedo a liberarse del yugo de los violentos y de los que nos quieren destruir, física y espiritualmente.

Pero mientras quienes tienen la capacidad para hacerlo se enrollan las mangas y desarrollan esa estrategia, ¿tendremos que seguir escuchando una canción de cuna que nos arrulle, que nos duerma haciéndonos sentir que todo está bien, mientras que el mundo a nuestro alrededor se cae en pedazos—tal vez con la propia anuencia de quienes nos “arrullan”?

¡Mejor lo dejamos ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

P.S.  No olviden dejarme sus comentarios, ya sea en el enlace de abajo o a través de mis emails (al final de la página).

(AUDIO DE ESTA ENTRADA: 101107_006pc)

LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

3 comentarios en “Entre una canción de cuna y la realidad”

  1. La policía ya está bastante desmoralizada con la alta e imparable ola criminal y ahora les toca ser las víctimas de uno de los mayores atracos en la historia de Puerto Rico. Yo también digo “good luck with that”. Si todavía no han podido hacer algo por bajar la taza de crímenes ¿como podrán atrapar a los ingeniosos que “bailaron en la casa del trompo”?

    Ade;ante y éxito.

    Me gusta

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