Y tú, ¿estás listo para tu ‘close-up’?

In the final scene Norma Desmond (Gloria Swans...
Image via Wikipedia

“You see, this is my life!  It always will be!  Nothing else!  Just us, the cameras, and those wonderful people out there in the dark! . . .  All right, Mr. DeMille, I’m ready for my close-up.”

‘Norma Desmond’, actriz de cine silente (interpretada por la actriz estadounidense Gloria Swanson [1899–1983] en la película, ‘Sunset Boulevard’ [dir. Billy Wilder, 1950]).

Leo esta cita y me pongo a pensar si “Norma Desmond” tiene o no la razón—aunque en las circunstancias en las que dice esto (al final de la película, cuando ya se consumó el hecho trágico con cuyas secuelas comienza la misma), ya ella no sabe qué es razón o qué no.  Aun así, yo creo que hay gente para la que la vida es ese espectáculo de luces, cámaras y acción.  Es esa complicidad entre los actores y las actrices, las cámaras que graban los gestos y las emociones de los actores y las actrices, y “esa gente maravillosa allá en la oscuridad”, ya sea la de la sala de cine o la sala de estar de la casa (viendo la película en DVD o en Blu-ray, por supuesto—y sobre todo, ahorrándose el estratosférico costo del “popcorn”, las barras de chocolate y los refrescos carbonatados).

Tal vez mucha de la gente que piensa de esa manera estará complacida con la aprobación y firma de la Ley número 27 del 4 de marzo de 2011, conocida como la Ley de Incentivos Económicos para la Industria Fílmica de Puerto Rico (versión en MS Word; versión en PDF).  Esta ley se firmó en una actividad a la que asistieron, entre otros, una pareja que ya hace rato tiene experiencia en ese negocio, y me refiero a mis “panitas fuertes”… ¡las ganas de ellos!… Marquito y Juanita.  Tal vez porque, como se ha dicho durante algún tiempo, ellos tienen interés en “buscar casa” y desarrollar un estudio cinematográfico en Puerto Rico (aunque de esto último ellos han sido un poco parcos en expresarse).

Si bien—como quien dice—la intención de esta ley es buena, la misma parece ir dirigida a fomentar el que las grandes casas cinematográficas vengan a filmar sus películas en Puerto Rico, mediante una serie de incentivos económicos y contributivos.  (Yo no sé, pero me pregunto si no era eso lo que el gobierno puertorriqueño hacía en los tiempos “d’enantej”, cuando quería atraer las grandes industrias para que se crearan empleos en la manufactura.  Pero me imagino que para la presente generación, eso no es importante…)  Lo que tal vez no le deja mucho (quién sabe si hasta nada, tal vez unas migajas) a los cineastas boricuas, los mismos que se buscan dos o tres préstamos si lo tienen que hacer para poder sacar una película de la que se puedan sentir orgullosos.

(Además de que, como lo establece este artículo de fondo en El Nuevo Día, esta ley puede prestarse para acciones que implican corrupción, pero ya eso es otro tema.)

Francamente, yo no sé si tras la firma de esta ley, Puerto Rico se convertirá en otra meca del cine al estilo de Hollywood.  Tal vez la mentalidad detrás de esta ley será que por medio de la inversión de las grandes casas cinematográficas, se logre la tan anhelada “recuperación económica y fiscal” de Puerto Rico (la misma que no se ha podido lograr a fuerza de despedir empleados de gobierno y de fomentar el deterioro de los servicios públicos—que como ya estamos empezando a ver en Wisconsin, Ohio y otros estados de los Estados Unidos, está empezando a regarse con la virulencia que le falta al virus de la gripe porcina o la aviar).  Quién sabe si la inversión continua en proyectos cinematográficos nos lleve hacia una vida de luces, cámaras y acción, a vivir esa ilusión que arropó a “Norma Desmond” hasta en su peor momento, al punto de estar preparada para su acercamiento con el destino.

Por supuesto, si de hacer películas se trata, yo creo que aquí hay muchas ideas que podrían ayudar a Puerto Rico a prepararse para su “close-up”.  He aquí algunas que se me ocurren al paso:

  1. Dramas policiales en los que una fuerza policial sobrecargada y mal pagada lucha para deshacer el agarre mortífero de los narcotraficantes y sus esbirros, los mismos a los que no les importa nada ni nadie a la hora de ajustar cuentas, dondequiera y cuando quieren;
  2. Tragedias familiares en las que las mujeres son asesinadas cobardemente por sus esposos, a veces frente a las criaturas inocentes a las que les dieron su vida, para luego ellos darse a la huida o (en el peor caso) privarse de la vida;
  3. Otras tragedias en las que criaturas inocentes son asesinadas en circunstancias altamente sospechosas, y alrededor de las cuales se teje una madeja de intrigas, sazonada con toques de escándalo farandulero;
  4. Relatos sobre la corrupción de funcionarios públicos, y sobre los esfuerzos—unas veces triunfales, otras veces no tanto—que hacen los funcionarios honestos para llevarlos a la justicia;
  5. Y un larguísimo “et cetera”.

¡Quién sabe!  Tal vez sea cierto eso de que “Puerto Rico lo hace mejor”.  Tal vez sabemos hacer las cosas mejor que los grandes estudios de cine, con sus presupuestos exorbitantes y sus estrellas de renombre (que saben de simpatía y humildad lo que yo sé de física nuclear).  Pero a lo mejor, eso no importa.  Lo que importa es el espectáculo, la complicidad de las estrellas, las cámaras, y la maravillosa gente allá en la oscuridad.

Habrá que ver si estamos listos para nuestro “close-up”.

Pero como yo aún no creo estar listo para mi “close-up”, ¡vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


Antes de cerrar la entrada de hoy, quiero expresar mi mayor pena y mi solidaridad con el pueblo japonés, ante la terrible experiencia del terremoto de magnitud 8.9 (8,9) experimentado allí el pasado viernes, 11 de marzo de 2011.  Mientras escribo esto, apenas está se empezando a comprender la magnitud de los daños ocasionados por el sismo—lo que se agudiza ante la posibilidad de un desastre mayor en varias de las centrales generatrices nucleares en la costa este de Japón.  Y aunque ciertamente, fue de una magnitud mayor que la del jamaqueón de 5.4 (5,4) que experimentamos en Puerto Rico la Nochebuena de 2010 (que en su momento yo mencioné de pasada), no deja de ser preocupante.  Por lo pronto, confiemos en que como se levantó de los destrozos ocasionados por la Segunda Guerra Mundial, el pueblo japonés podrá volver a encontrar su camino y seguir echando pa’lante.


LDB

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