Vergüenza en azul

Colin Henderson's winning design will be displ...
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A veces yo digo que en Puerto Rico estamos muy mal cuando quienes juran protegernos y ayudarnos son los primeros en violar las leyes.  Y si eso es así, cómo podemos esperar que los ciudadanos muestren el debido respeto por esa misma autoridad.

Esta semana, ese pensamiento no estuvo muy lejos de ser realidad, con las revelaciones sobre oficiales policiales de alto rango (por lo menos dos al momento en que escribo esto—quién sabe cuántos más en realidad), a los que se les ha encontrado causa por violar varios artículos de la Ley Número 54 de 15 de agosto de 1989, según enmendada, conocida como la ‘Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica’ (ley que, para quienes aún no lo sepan, fue tema de conversación hace varias semanas cuando el Tribunal Supremo de Puerto Rico dejó fuera de su alcance a las parejas que llevan una relación adúltera—pero de eso podemos hablar más tarde).  Primero fue el Comandante de Área de San Juan de la Policía de Puerto Rico, a quien se le halló causa por maltratar sicológicamente a su esposa, que también es policía; después le siguió el Director de la Región Policial de Caguas, a quien se le imputan maltratar física y sicológicamente a su esposa—y lo que más me molesta de este otro caso es que habría cometido los delitos que se le imputan, ¡en presencia de sus propios hijos!

¡Caramba!  A mí no me importa que lleves una placa y portes un arma de fuego por la naturaleza de tu trabajo, ni mucho menos que tengas un puesto que implique la toma de decisiones.  Pero exhibir una conducta violenta e irrespetuosa contra tu cónyuge, y peor aún, frente a tus propios hijos… ¡eso nunca debe hacerse!  PUNTO.

Digo, ¿qué clase de conducta es ésa?  ¿Qué clase de mensaje se le envía a la propia familia, cuando por alguna razón, o hasta por la menor tontería, se agrede a la persona con la que una vez se juró amor eterno, “hasta que la muerte nos separe”?  ¿Por qué el insulto, por qué la palabra hiriente?  ¿Crees que así tu pareja—y también tus hijos—va a complacerte haciendo lo que tú mandes y ordenes?  ¿Crees que así te sientes completo, que además de tu puesto de alto rango, un puesto que debe servir para ayudar a mantener el orden y la convivencia en sociedad, tienes un derecho soberano sobre tu propia familia—un derecho de poner a tus seres queridos bajo tu bota?

Pero más que nada, ¿crees que los mismos ciudadanos a los que tanto les nos exiges obedecer las leyes y evitar buscarnos problemas, te van vamos a hacer caso?

A mí no me sorprende que a falta de una brújula moral que guíe las acciones de la policía, muchos ciudadanos hagan como hacen los ratones cuando el gato no está.  Y aparte de todos los tiroteos que se han visto en los últimos años, aparte de todas las víctimas inocentes de una incidencia delictiva fuera de un mayor control, tampoco me sorprende que haya quienes le faltan el respeto a la propia policía, en su propia cara.  No me sorprende que en la misma semana que los dos oficiales policiales de alto rango que mencioné arriba fueron acusados de violencia doméstica de género, la gente pobre (principalmente la de los residenciales públicos), la gente marginada, la que se trata como “ciudadanos de segunda clase” (o de tercera, o cuarta, o…), sea la que la emprenda contra las fuerzas de “ley y orden”: agreden policías, les niegan información sobre sospechosos de delitos, interfieren con las redadas policiales en las que se le busca dar un “golpe al punto”…  (“Golpe” que no hará ni mella, porque el mismo “punto” de venta de drogas en el caserío volverá a estar en pie al día siguiente, pero ya eso es otra cosa…)

Yo no sé, pero tal vez sea necesario que la Policía comience por poner su propia casa en orden, antes de pretender poner en orden la casa de los demás.  Tal vez la Policía debe empezar por limpiar su casa de cuanto elemento impropio tenga dentro de sus filas, y no únicamente al nivel del policía que está en la calle, del que arriesga su vida cada día por llevar la paz y por promover la sana convivencia social.  (Y de éstos, yo creo que hay más, muchísimos más policías honestos que deshonestos.)  También debe buscar dentro de sus altos mandos, y sacar a quienes mal utilizan ese poder que les da el rango, y con el que hace daño a los ajenos… y a los propios.

Mientras tanto, sabe Dios (o aquello en lo que queramos creer, o en lo que algunos no quieran creer) cuántos más de estos últimos estarán todavía haciendo daño, no sólo a la reputación de la Policía de Puerto Rico, sino al bienestar y seguridad de sus seres queridos.  Los mismos que no se merecen ese daño.

¡Y con esto vamos a dejar el mes de abril de 2011 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

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Sirviendo a dos amos

Pentecostal Preacher
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“«Ningún sirviente puede servir a dos amos; porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro.  No se puede servir a Dios y a las riquezas.»

“Los fariseos, que eran amigos del dinero, oyeron todo esto y se burlaron de Jesús.  Jesús les dijo: «Ustedes son los que se hacen pasar por buenos delante de la gente, pero Dios conoce sus corazones; pues lo que los hombres tienen por más elevado, Dios lo aborrece».”

(El Evangelio según San Lucas, capítulo 16, versos 13–15; citado de la versión Dios Habla Hoy.  México, D.F.: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983).

Me pregunto qué harían muchas de nuestras figuras públicas de hoy en día si se vieran en una disyuntiva como ésa.  Tal vez se sentirían amenazadas, se sentirían que por más que traten de dar cara al mundo como supuesta gente de bien, alguien sabe cómo son cuando dan la espalda.

Puede ser que muchos de los que son rápidos para juzgar y para condenar las “fallas” de los demás—pero lentos para perdonar a quienes cometen esas “fallas”, lentos para solidarizarse con el ser humano que habita dentro de eso que llamamos “pecador (o pecadora)”—queden retratados en una afirmación como la que cito arriba.  Desde los jueces cuya ascensión responde a criterios ajenos a los méritos de su profesión (resumidos en lo que denominan, “la marejada del cambio” electoral), y que en esencia validan la acción violenta e inhumana contra una mujer cuya conducta no se atiene a las normas de su mundo perfecto; pasando por la persona que se apropia de un título que conlleva una mayor dignidad y humildad (¿he dicho “apóstol” yoooooooooo?), que invierte en autos lujosos y joyas—y hasta se construyen imperios—las “ofrendas” que le sacan a quienes la siguen, al tiempo que predican el “evangelio de la santa prosperidad”—y encima de eso, atribuye cualidades infernales a quienes no encajan dentro de su estrecho concepto de lo que es ser “hombre” o “mujer”; tal vez alcanzando al que en aras de una ideología supuestamente “bendecida por Dios” trastoca a su antojo la historia, las cosas que—gústele a quien le guste—sucedieron, que son parte de la vida de un pueblo, y la transforma en algo “neutral”, tal vez para borrar de la faz de la tierra su recuerdo, tal vez para creerse a sí mismos lo grandes que son.

No sé, pero de momento me recuerdo de aquel intento de chiste que hice en una entrada anterior, cuando escribí (citando entonces como ahora la versión Dios Habla Hoy)…

“Nos acaba de pasar por encima el día de los padres, y pensando en ello, quise plasmar en este mensaje un cuento que le escuché a un pastor bautista natural de mi pueblo…  Resulta que éste es un padre de los de ‘enántej’, que cada tarde ponía a su hijo a leerle la siguiente porción bíblica:

“«Hijos, obedezcan a sus padres por amor al Señor, porque esto es justo.  El primer mandamiento que contiene una promesa es éste: ‘Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y vivas una larga vida en la tierra’.»
(Efesios, capítulo 6, versos 1–3…)

“Hasta aquí todo iba bien… hasta que el hijo empezaba el verso que le sigue…

“«Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos…»
(Efesios, capítulo 6, verso 4…)*

“¡Y ahí era que el muy señor él mandaba a su hijo a que dejara de leer y se fuera a dormir!”


“ * El verso 4 completo lee así:

“Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien críenlos con disciplina e instrúyanlos en el amor al Señor.”


Si alguno de es@s que mencioné arriba viene a decirme que habla de parte de Dios… lo siento mucho por ell@s, pero no se los voy a creer.  Tal vez porque sus corazones encierran otra cosa, porque guardan otro sentir que no es consecuente con la prédica de la paz y el amor, con el ideal de ayudar a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes necesitan de nuestro apoyo y solidaridad.  Tal vez porque en realidad, son fieles a otro amo, que no es a quienes tanto dicen ser fieles.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Mi agenda no es tu agenda

Delft Town Hall, Meeting in session
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“Entre el 2007 y 2008 se celebraron 14 foros ciudadanos a través de la isla que recogieron más de 3,000 propuestas sustanciales que fueron resumidas en una Agenda Ciudadana entregada a los candidatos de los cuatro partidos políticos inscritos entonces….

“Durante los años 2009 y 2010, El Nuevo Día convocó y dio seguimiento a estas propuestas a través de mesas redondas, congresos, entrevistas de fondo y la celebración de seis diálogos transectoriales….

“En todos los eventos celebrados se confirmaron y apoyaron las propuestas y acciones ciudadanas y la necesidad urgente de transformar la política pública y las prácticas de los diferentes sectores en varios aspectos fundamentales que se resumieron en principios, propuestas y acuerdos para la acción.”

(Adaptado de la introducción de: Agenda Ciudadana: Rendición de cuentas, El Nuevo Día, 30 de marzo de 2011.)

Hay veces en las que uno se llega a preguntar si un ejercicio como ése vale la pena, a la vez que siente que por más ríos de “unos” y “ceros” que corran por las líneas y los circuitos, las cosas no mejoran gran cosa.  Que continuamos en rumbo a despeñarnos por un barranco, en términos económicos y sociales, mientras que quienes tienen la responsabilidad de detener esa marcha suicida se zafan de esa responsabilidad, e insisten en perder su tiempo—y hacer que los demás pierdan algo tan valioso como su tiempo—en lo tonto, lo trivial, lo que tiene menos valor social.  Que mientras un@s luchamos por salir adelante, otr@s marchan a un ritmo diferente, porque siguen una agenda que no es necesariamente la agenda correcta, que no es necesariamente la agenda que es.

Tal es la impresión que me da cuando leo u oigo decir que, con algunas excepciones, las sugerencias y recomendaciones en la Agenda Ciudadana, la cual resultó de una serie de foros efectuados en Puerto Rico, con tiempo más que suficiente antes de las elecciones generales de noviembre de 2008, simplemente no fueron seguidas por los líderes políticos hacia los cuales iban dirigidas las mismas.  Permítanme meter la mano por un momento en el baúl de los recuerdos para sacar de allí la siguiente cita:

“(Segmentos) de nuestra sociedad, particularmente aquéllos que normalmente no tienen acceso a medios de expresión masiva, están dejándose sentir en la toma de decisiones que pueden afectar sus vidas….  (La) gente se agrupa para enterarse de los problemas que les afectan, pero no es únicamente escuchar; muchas de las veces, la gente propone acciones que pueden ayudar a resolver esos problemas.  Ejemplo de ello son las iniciativas que varios medios locales están llevando, a fin de promover la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones que afecten su vida y su bienestar.  Estas iniciativas incluyen reuniones de pueblo (me imagino que será algo parecido a los «town hall meetings» estadounidenses… ¡pero sin que sean los políticos los que lleven la voz cantante!), en las que se proponen nuevas ideas, se debaten las mismas sin la intención de menospreciar o poner en ridículo aquellas ideas que no sean simpáticas, y se busca un consenso para mover a los líderes políticos a que resuelvan los problemas apremiantes.

“Esto es, siempre que los susodichos políticos tengan la voluntad para resolver los problemas apremiantes que afectan a la comunidad a la que juraron ayudar y defender, pero eso son otros veinte pesos…”

Y ciertamente, no ha habido la voluntad para acoger muchas de las soluciones razonadas, discutidas sensatamente, nutridas con la buena voluntad y el deseo de sus proponentes, con el interés de sacar al país de la crisis económica, social, medioambiental, de salud y seguridad pública, en la que ha estado sumido durante años, y que no es privativa de partido político—se llame PNP, PPD o PIP—o líder alguno.

Por el contrario, lo que se ve en estos días es una tendencia a dejar de lado mucha de esta sabiduría de pueblo, a sustituir la idea sensata y justamente formada por la burda acción que favorece un punto de vista político particular.  A sustituir el mayor bien posible por el bien de algunos, particularmente de quienes son afines a la ideología dominante de turno.  Y en ese proceso, se olvidan de las consecuencias, tal vez porque no saben manejarlas (¿no estaré siendo yo demasiado benévolo?), o no pueden manejarlas, o no les interesa manejarlas, o les importa un pepino angolo lo que pase por no manejarlas.  Total, el que venga atrás… ¡arrégleselas como pueda!

Y no hace falta entrar en lo que sucede cuando “el que viene atrás” tiene que enfrentar las consecuencias de las acciones de otros—o la falta de las mismas.  Las estamos viendo en los periódicos, las estamos escuchando cada mañana por la radio, las estamos viendo en la televisión al atardecer, en todo su “glorioso” detalle.

Tal vez de lo anterior se dé la impresión de que esta mañana me levanté “del lado contrario de la cama” (lo que es imposible para mí porque ése lado es el que da a la pared de mi habitación—digo, por si les interesa ese dato) y que no soy muy optimista que digamos en lo que a un proyecto como éste se refiere.  Pero no creo que ése sea el caso.  Sigo creyendo que quienes participaron en el ejercicio de 2007–2008* lo hicieron de muy buena fe, de buena voluntad, porque aún creen que se puede reformar el proceso político y social de Puerto Rico, porque aún creen en un proceso justo y equitativo, en el que se atiendan de manera justa los problemas de nuestro país, sin contaminar las posibles soluciones con la tinta político partidista—como hacen quienes no se ven a sí mismos como parte del problema… y de sus posibles soluciones.

Y por lo que veo, quienes creen creemos en Puerto Rico y en que se puede salir adelante, seguirán debemos seguir en ese empeño con mayor ahínco.  No hay nada más que ver lo que los organizadores de la Agenda Ciudadana tienen en planes para los próximos meses (busque hacia el final de la página ‘web’).  Tan sólo eso es motivo suficiente para que yo no pierda la esperanza.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por aquello de ser transparente con ustedes, mis lectores, debo mencionar aquí que tanto mi padre como mi sobrina fueron parte de ese esfuerzo.  Ambos participaron en el foro realizado en Humacao, en el que se tomó el pulso a la región este del país, y que en realidad fue el pie forzado para la entrada de mi blog que cité arriba.


LDB