Ni ley ni orden: Explosión criminal

Balanza de la Justicia
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Amigas y amigos, mi gente: Algo tiene que estar tan tremendamente mal en Puerto Rico, como para que se produzcan alrededor de 30 muertes violentas durante un sólo fin de semana.  Tremendamente mal.  (Y eso, que éstas no incluyen la muerte de un niño de 11 años de edad a manos de delincuentes armados, la madrugada del día en que escribo esto… sí, lo leyeron bien: escribí, “un niño de 11 años de edad”.)  Y muchas de esas muertes violentas están relacionadas con ese cáncer social que hemos dejado que haga metástasis en nuestro país: la droga.  La misma que enriquece a un@s que se creen dueños del mundo, mientras siembran la semilla del dolor y la desesperación en muchas familias aquí y allá.

Pero si malo es ver cómo se deshace una sociedad ante nuestros propios ojos, peor es ver cómo las autoridades que se supone que velen por la seguridad de sus conciudadanos, “se asombran” al ver cómo la situación se les ha ido—aparentemente, entiendo yo—casi completamente de las manos.  Y ciertamente no debe ser un signo de optimismo para un alto oficial de la Policía de Puerto Rico, admitir que “no se esperaba” que hubiera ocurrido la cantidad de crímenes violentos que ocurrió el pasado fin de semana.  Que esa incidencia criminal era “un hito en la historia policiaca puertorriqueña”.

Es más, si yo fuera un alto oficial de la Policía (y afortunadamente, ni lo soy ni me interesa cambiar mi rumbo profesional a estas alturas de mi vida—o sea, gracias… ¡pero no, gracias!), sentiría tanta vergüenza que me movería a tratar de hacer algo.  Pero algo que no sea—como decía el viejo comercial de una marca de habichuelas—”lo mismo… lo mismo… lo mismo…”.  Aunque sea un “aguaje”.  Aunque en el camino me pongan obstáculos, me pongan “peros”.  Pero trataría de hacer algo.

Aunque parece que para hacer algo, las cosas son bien cuesta arriba.  Y son cuesta arriba, mientras no se cuente con una dirección bien capacitada en los altos mandos, mientras éstos no le den al (a la) policía honest@, honrad@ y decente—porque a pesar de los pesares, l@s hay, y yo estoy convencido de que ést@s son l@s más, y que exceden por mucho las deshonrosas excepciones que aparecen de vez en cuando—el apoyo que necesita.  Y son muy cuesta arriba, mientras esos altos mandos respondan a intereses que no son necesariamente el bienestar y la seguridad del pueblo al que juraron proteger y defender.  Y esos intereses pueden ser políticos o de alguna otra índole que no conocemos.  (O tal vez, sólo podemos especular de qué otra índole…)

Y mucho peor aún: mientras se siga asumiendo frente a la delincuencia una pose de “túmbame la pajita del hombro”, como la que insisten en asumir algunas de estas autoridades (valga recordar la patética imitación de “Dirty Harry” que vimos el año pasado), y que no va acompañada de acciones concretas para atajar los males sociales que llevan a toda una sociedad en una carrera desenfrenada hacia el borde del barranco, mucho más que peores van a estar las cosas.

Interesantemente, lo único que ofrecen algunos de estos aprendices de justicieros es un lema: “Puerto Rico es una Sociedad de Ley y Orden”.  Pero como se ven las cosas en estos momentos… yo creo que no tenemos ni lo uno ni lo otro, ni Ley ni Orden.  Y las consecuencias, las vemos demasiado de cerca para nuestro bien.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Historia de dos líderes: Medianoche en una tarde de San Juan

A typical Cuban sandwich that can be found in ...
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Astuto.  Yo no creo que el Presidente de los EE.UU. de A., Barack H. Obama, pueda ser descrito con una palabra más adecuada, tras viajar el martes 16 de junio de 2011 a San Juan para una visita que comoquiera duró menos de lo que dura un centavo de queso.  Una visita para la que se hicieron muchas expectativas, sobre lo que se lograría alcanzar tras la misma.  Una visita para la que se quiso vestir a San Juan de punta en blanco.  Una visita para la cual se quiso movilizar a la gente, tal vez para dar la impresión de que Puerto Rico estaba así de contento de recibir a un visitante de la importancia del líder de la nación más poderosa sobre la tierra.

¿Y qué pasó?  (O más bien, ¿qué fue lo que no pasó?)  La llegada del “Fuerza Aérea 1” a San Juan con algunos minutos de adelanto, un discurso presidencial de 10 minutos y medio (en el que apenas dijo algo sustantivo—o lo que dijo no era nada nuevo), una caravana motorizada que se desplazó por la vía de rodaje como si tuviera prisa, una parada breve en el palacio de gobierno puertorriqueño (“La Fortaleza”), una parada para almorzar en una repostería y restaurante del sector El Condado…  ¡Adi’ó!  Pero, ¿y el almuerzo a todo dar que se le tenía preparado en La Fortaleza?  Y para terminar de hacerla, ¿almorzando con el principal líder de la oposición, el senador Alejandro García Padilla (PPD-Acumulación)?  No sólo eso: ¿almorzando (lo que en buen puertorriqueño conocemos como) un sándwich de medianoche” (cuyos ingredientes suelen incluir el jamón, el pernil de cerdo y el queso suizo), con agua embotellada?  Yo no sé, pero ese “sandwichito” debe ser un tremendo “resuelve” cuando se tienen por delante dos actividades de recaudación de fondos de campaña (una de las cuales era a US$38500 por cabeza), además de concederle entrevistas a dos de los medios locales (El Nuevo Día y Univisión Puerto Rico) antes de partir con rumbo a casa en el “Fuerza Aérea 1”.

¿Y dónde quedó el gobernador?  ¿Y dónde quedó la debida deferencia a las autoridades locales?  A mí me parece que eso se llama “plantón”.  Un buen plantón para las autoridades estatales y para muchos de los que fueron a vitorearle a su paso, como para que él viera que los puertorriqueños somos “una tribu feliz”.  Y no quepa la menor duda que quienes tanto se quisieron lucir, como si se tratara del reciente casorio de Guillo y Kati (¡y dale que es tarde!) de la boda real efectuada en abril pasado (y me imagino que alguna de las aspirantes a realeza conocidas “cariñosamente” como “las Cívicas” habría querido lucir un sombrero tan ridículo como el que llevó entonces la princesa Beatrice, que parecía más que otra cosa un asiento de excusado—o de retrete, o de inodoro… whatever!), se llevaron una enorme decepción.  Porque más que nada, lo principal que le importaba a las autoridades locales era lucirse.  Dar una buena impresión para que se nos tome en cuenta, a la hora de decidir nuestro futuro político, si queremos o no tener algo que ver con la nación poderosa del mundo.

Nación a la que—si nos dejamos llevar por algunos comentaristas políticos, como el periodista Luis Francisco Ojeda, uno de los expertos en dimes y diretes, broncas y bolletes “análisis” y “noticias”—no le interesa resolver la situación de su relación política con Puerto Rico.  ¿Será porque como hemos visto en otras ocasiones, siempre hay “asuntos más importantes que atender”?  ¿O será que al saber que aquí cada quién tira para su lado, simplemente los cachanchanes de allá están esperando a que nos acabemos de arrancar las cabezas?  Y cuidado que lo vengo diciendo, desde cuándo…

El caso es que, a mi juicio, una de las consecuencias inmediatas de la visita del presidente Obama Puerto Rico ha sido dejar una estela de “malos perdedores” (o que se comportan así), principalmente entre las huestes azules locales.  (Interesantemente, el color azul es el símbolo político que tienen en común los personeros del actual gobierno local [PNP] y los miembros del Partido Demócrata, a pesar de que los primeros se identifican principalmente con el Partido Republicano estadounidense, cuyo color es el rojo—el mismo que por décadas ha identificado a los miembros del PPD.  ¿Entendieron eso?  ¿No?  ¡Olvídenlo!)  Ya por lo menos, ha habido dos amenazas de miembros del actual gobierno (de hecho, son el presidente del senado y una senadora que es hija de un ex-gobernador) de irse de “tour” a través de las comunidades hispanas en los EE.UU.—las mismas a las cuales precisamente iba dirigido el viaje presidencial—para expresar el “agravio” del que fueron objeto a manos del mandatario.  (Y cuando se oye hablar a estas personas, no se puede menos que pensar en que están en la etapa de la ira que postulaba la doctora Kübler-Ross, como si se les hubiese arrebatado algo tan querido, una oportunidad que tal vez nunca volverán a tener.)

Sea como sea, para mí que este viaje presidencial no tuvo los resultados que todos teníamos en mente.  Y aun cuando algun@ que otr@ ilus@ pudiera albergar esperanzas de que tras el regreso del presidente Obama a Washington, de repente empezara a nevar en nuestras montañas (y si no me lo creen, véanse este “reportaje” en El Ñame), francamente, eso no habrá de suceder, o al menos no sucederá así porque sí.  Y nunca hubo la intención de que eso sucediera.

Lo que sí hubo fue un brillante ejercicio de astucia política.  Una partida de ajedrez de movimientos impredecibles—aunque no para los conocedores del juego, y me refiero en este caso al juego de ajedrez político.  Un ejercicio en el que prevaleció el gran maestro, el estratega (un poco irónico, tratándose de un ganador del Premio Nobel de la Paz), el que movió las fichas en el tablero a su antojo, dejando al bando enemigo tratando de curarse las heridas de la batalla.

Interesantemente, se nos vendió ésta como la primera visita en asuntos oficiales de un mandatario estadounidense, desde la de John F. Kennedy en diciembre de 1961 (y yo era un infante entonces, por lo que no tengo recuerdos de esa visita—sorry!), o como el cumplimiento de la promesa de campaña que el entonces candidato presidencial y senador por el estado de Illinois había hecho en otra visita fugaz, en 2008, de que volvería a Puerto Rico como presidente estadounidense.  Para muchos de nosotros, esta “venta” salió demasiado cara.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

La caída del gracioso

2003 Bentley Azure Mulliner Final Series Photo...
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OK, amigas y amigos, mi gente.  En la entrada anterior terminé pidiendo que vinieran los payasos.  Pero tal vez con la prisa de escribir se me olvidó (¿de veras?) mencionar que de unos meses a esta parte teníamos un payaso entre nosotros.  Una figura que ha querido darle un entretenimiento gratuito a Puerto Rico y al mundo.  Un individuo que a falta de la capacidad para desarrollar ideas que ayuden a su pueblo a superar su infortunio, se ha convertido a la trágala en una figura folclórica, en un referente cultural populista, en un bufón que tal vez cree que todo mundo debe reírle las gracias.  Y en el proceso, ha puesto en entredicho muchas cosas, tales como el prestigio (por lo menos, el poco que pudiera tener en estos momentos) de la profesión política, y hasta la afición de ciertos medios convencionales por la trivialización y el sensacionalismo.

Pero vamos por partes, comenzando por lo que escribí hace menos de un año:

“… todavía es la hora en que se me hace difícil entender cómo es posible que elijamos para los puestos públicos en Puerto Rico, personas que por lo demás deberían asumir una conducta pública digna… para entonces echar por tierra esas expectativas.  Pero a veces, la vida nos demuestra que no siempre el que más se llena la boca predicando la honestidad es el más honesto, no siempre el que más se llena la boca predicando la paz y el amor hacia el prójimo es el más tolerante hacia quienes no son sus iguales, no siempre el que más firmemente se apega a la prédica de la moral y la decencia es el mejor ejemplo a seguir.

“Prueba de ello nos la dieron la semana atrasada… dos ‘servidores públicos’, quienes se han visto envueltos en situaciones que apuntan hacia su carácter y su entereza moral (o a la falta de los mismos).  (Uno) de ellos…  el senador (of all people!) Antonio Soto Díaz, que se hace llamar “el chuchin”, quiso caer en gracia durante un programa matinal en la radio FM local… y se ufanó de que la contratación como su ayudante, de la conocida modelo profesional Yadira Hidalgo… esteeeeeeeeee… no fue precisamente por sus cualificaciones profesionales, si entienden lo que quiero decir…

(OK, voy a decirlo como es: fue… esteeeeeeeeee… ¡porque ella tenía unas tremendas nalgas!  PUNTO.)

Francamente, con un antecedente como ése, no cabría esperar nada bueno.  Al contrario, sólo tienen cabida las payasadas cada vez más espectaculares.  Como la supuesta capacidad de ese individuo para “adivinar” el resultado de un campeonato deportivo o la candidata delegada (¿así las llaman ahora?) ganadora de Miss Esto o Miss Aquello o Miss Lo Otro, porque él alega ser “brujo” (y no precisamente en referencia al cognomento de los oriundos de la ciudad de Guayama, en el sur de Puerto Rico para los que me leen en el extranjero).  Aunque yo no sé: creo que el pulpo aquél que predijo que España vencería a los Países Bajos en la Copa Mundial de Fútbol/Soccer/Balompié del año pasado, acertaba más que el “honorable” en cuestión.  (¡Una pena que nuestro amigo el cefalópodo ya no esté con nosotros; a lo mejor aún se lo están cenando en escabeche!)

Pero para hacer el cuento corto, lo que parece haber tirado a ese individuo a la fosa de los leones es su admisión de que maneja un costoso automóvil Bentley blanco de 1999, de esos que ni yo ni muchos de mis lectores y lectoras nos podríamos costear por más que quisiéramos (el precio de un Bentley nuevo del año-modelo 2011 ronda los US$200000—y si no me lo creen, háganse una búsqueda en Yahoo! Autos para que lo vean con sus propios ojos).  Y entonces, ¿cómo una persona como ésa puede acceder a un vehículo así de lujoso, sin ser un empresario de esos a los que el éxito les sonríe, o sin ser uno de esos afortunados que gastan su dinero en lujos, como si su vida dependiera de tanta ostentación?  Ésa es la gran interrogante, y el muy “distinguidísimo” senador ha tratado de contestarla… ¡de tres o cuatro maneras diferentes!  O lo compró (cosa que yo dudo, nada más en vista del precio mencionado arriba en este párrafo), o lo usa mediante un arriendo, o se lo prestaron (naaaaaaaaaah!)… o se lo regaló una persona “anónima” porque como él es diz que “buena gente”…  (Si por eso último fuera, a lo mejor manejaría un auto de mayor “distingancia”—sorry, doña Jacinta!—que la guagüita que yo manejo de momento… total, soñar no cuesta nada…)

(O quién sabe si otros le “prestaron” a él su buen nombre, su crédito, para él poder adquirir ese costosísimo vehículo y así tener de qué ufanarse ante un país que le ríe las gracias.  Digo, uno nunca sabe…)

Pero si es patético ver la clase de ejemplo que da una figura pública como ésa, para mí es más patético que se le dé foro en los medios de comunicación principales, que se le dé lo que llaman un “outlet” para él poder hacer los disparates que le dé la gana, tal vez esperando a cambio la risa de una ciudadanía que no aguanta el incremento en el costo de sobrevivir (más que de vivir), que tiene que salir a la calle con el temor de no poder regresar con vida a su casa, que sufre y padece serios problemas de salud y bienestar a los que sus líderes le dan la espalda.  Y esta experiencia pone en evidencia la parte que desempeñan los medios de comunicación social, cuando se dejan llevar por lo trivial, por lo que no es sustancia, por lo que apela al instinto más bajo del ser humano.  Cualquiera diría que muchos de estos medios se han dejado perder el respeto de sí mismos, a cambio de lograrse una posición de privilegio en el favor del público.

Total, que ya yo lo venía diciendo hace tiempo (de la misma fuente que en la cita de arriba)…

“… eventos como éstos apuntan hacia un síntoma bastante serio, en lo que respecta al liderato político del país.  Un liderato político sin carácter, sin vocación de servicio, que se deja llevar por sus impulsos más bajos…

“Tal vez ésa es una de las consecuencias de elegir ‘cualquier cosa’, lo que sale de debajo de la tapa de un zafacón (‘papelera’, ‘cesto para la basura’, etc.), como la persona que ha de representar y defender los intereses del pueblo, en lugar de buscar personas que tengan un sentido de responsabilidad, que tengan un sólido carácter moral, que asuman con seriedad la función pública, que manifiesten dominio propio.

“Tal vez, es ahora que nos damos cuenta de ello.”

O tal vez nos dimos cuenta de ello hace mucho tiempo y no lo hemos querido admitir… ¡qué sé yo!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

P.S. También les interesará leer esta entrada del blog de Benjamín Torres Gotay en la edición del 5 de junio de 2011 de El Nuevo Día.  No creo haber visto hasta el momento una crítica más contundente (o tal vez la hay en otro sitio, pero para muestra, basta con este botón).


ACTUALIZACIÓN PARA EL RÉCORD (16 de septiembre de 2011): ¡Ya era hora!  Luego de varias semanas en las que no se sabía de él, toda vez que la “luna de miel” con la prensa ahora le sabe a otra cosa, el senador Antonio “el Chuchin” Soto Díaz presentó su renuncia al puesto que mal ostentaba.  Desde aquí, le esperan vistas e investigaciones en su contra, por cosas que van desde cómo obtuvo el vehículo lujoso del que tanto se jactaba que se lo habían regalado por “ser buena gente” y porque lo “quieren” mucho, hasta posibles casos de evasión contributiva (yo no sé, pero tal vez le hubiera sido de provecho pensar en el destino de cierto Alphonse Gabriel Capone, 1899–1947…).  Pero al menos, lo importante en el momento en que escribo esta actualización (porque ya yo no lo puedo hacer como comentario aparte, al haber pasado más de 30 días desde que publiqué esta entrada) es que esto debe servirnos a tod@s como una lección sobre el cuidado que hay que tener a la hora de escoger candidatos a puestos electivos, que no debemos escoger “cualquier cosa” porque nos parezca simpático, sino a escoger los hombres y las mujeres que asuman responsablemente la función de manejar los destinos de un pueblo con dignidad y respeto.  Mientras tanto, habrá que ver quién será el (la) próxim@ que caiga enredado en su propia trampa.

Alas, poor Chuchin, we hardly knew ye…


LDB