¿Y los niños? ¡Que la sigan pagando!

Children in a company housing settlement, Puer...
Children in a company housing settlement, Puerto Rico. (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente:

Si me han podido acompañar hasta aquí en los prácticamente 10 años que llevo haciendo este blog, sabrán que un tema del que se me hace muy penoso plasmar algo es el de la violencia cuando ésta se vuelve en contra de los niños.  A mí, que no tengo hijos—más por mi propia elección que por otra cosa… aunque tal vez alguna o alguno de ustedes (y hasta yo mismo, ¿por qué no decirlo?) me diga que ésa fue una muy mala elección, pero ya eso es tema para otro día—, me resulta muy fuerte ver cómo un niño o una niña sufre las consecuencias, a veces mortales, de la conducta, muchas veces irresponsable, de los adultos que están a su lado.  Desde el descuido en la casa que resulta en un infante ahogado en una cubeta de agua, pasando por la irresponsabilidad del padre o madre que olvida (¡¿?!) a su niñito o niñita en el asiento trasero del carro y se va a su trabajo (olvidando sobre todo aquello que se dice de que “la prisa es mala consejera”), hasta la cobardía de quien queriendo salvar su pellejo se escuda detrás de un niño o niña inocente para que las balas asesinas no lo toquen.

Aun escribiendo el párrafo anterior me da un sentimiento de frustración, y hasta una sensación de que esas víctimas inocentes preguntan amargamente, “¿y qué te hice yo para que me causaras este daño?

La semana que acaba de transcurrir, la última de agosto de 2013, nos trajo otro recordatorio de que los niños siguen sufriendo a manos de irresponsables.  Un niño fue hallado gravemente herido dentro del cilindro de una lavadora abandonado en un vertedero de Rincón (costa noroeste de Puerto Rico, para beneficio de los lectores y lectoras en el resto de la América hispana).  La madre del niño, indocumentada de aparente procedencia mexicana (y aclaro que el dato no lo incluyo con intención de juzgar a esta persona), alega ser víctima de maltrato y aislamiento por parte de su pareja, un individuo con aparentes rasgos maltratantes y que la intimidaba alegando que era, diz que “agente federal” (del Servicio Federal de Control de Inmigración y Aduanas, ICE).  Sin embargo, ambos están detenidos (hasta donde yo supiese al momento de escribir esto).  Y el niño está dando pasos más o menos ciertos hacia su recuperación de las heridas físicas que se le infligieron.

Y recalco que ésas son las heridas físicas.  Si logra sobreponerse a ellas… habrá que ver cómo se podrá sobreponer a las heridas mentales y emocionales.  Y esas otras son más difíciles de superar.

Pero aún así, parte de la frustración que ya mencioné está en que se me hace difícil entender qué lleva a un adulto—que no siempre y no necesariamente es el padre o la madre—a dañar la vida de un niño o una niña.  Será que a muchos de estos adultos les importa poco lo que suceda con estos niños y niñas, y los usan como piezas de una ocasionalmente macabro ajedrez.  (Y mientras escribo, se me antoja pensar que en ello no se diferencian gran cosa de los padres que en medio de un proceso de divorcio “usan” a lo niños habidos en el matrimonio como “fichas” de tranque, como las del dominó, tal vez porque sólo les importa satisfacer su ego o sus intereses, o ambos.)  Total, es más fácil sacrificar al peón que al rey.

(Y si de peones sacrificados se trata, sólo basta con mirar las imágenes de la insurrección civil en Siria y su siniestro resultado: 426 niños muertos a causa de un ataque con gases letales contra civiles hace un par de semanas.  Y ninguna de las partes en conflicto—gobierno e insurrectos—quiere hacerse parte responsable; el responsable siempre es “el otro bando”.  ¿Y los niños y adultos civiles?  “¡Bien, gracias!”)

Pero en otra instancia, será que muchos adultos no están verdaderamente preparados para ser padres.  (Y tal vez ese mismo es mi caso, tal vez yo nunca estaré preparado para tener esa satisfacción en mi vida… pero así es la vida y así son las cosas.)  Será que muchos adultos, hombres y mujeres, sienten que no pueden cargar con la responsabilidad de criar un hijo o una hija, porque eso “les daña” el estilo de su vida (como el que llevaban, por ejemplo, cuando estaban en su soltería).  Será que para muchos de estos hombres y mujeres adultos, haber traído hijos al mundo haya sido como una maldición, como un “castigo” que les da la vida… ¿tal vez por existir?

(Es más, voy a detenerme de momento para contar una experiencia muy lamentable que presencié una vez de camino a mi trabajo, en la primera mitad de la década del cero, cuando mi oficina estaba en el edificio cercano al Capitolio.  A varios hectómetros de llegar al edificio, observé que iba por la acera—”banqueta”, que la llaman en otros países hispanoparlantes—una señora, tal vez en sus 20s tempranos, tal vez de una de las barriadas pobres de Puerta de Tierra o de la barriada La Perla.  Esta señora llevaba a su niño casi arrastrado.  El niño lloraba por alguna razón.  Pero la señora, en lo que me pareció un reflejo de ira y frustración seguía arrastrando a su niño, mientras lo regañaba y le decía palabras de las que prefiero ni acordarme ni transcribir aquí.  Y el niño seguía llorando a moco tendido.  Y en ese trance madre e hijo siguieron su camino.  Créanme, ese día me sentí sumamente frustrado y triste por lo que vi.  Y aunque hoy las caras de la madre y del niño son sólo siluetas borrosas, el dolor de pensar en ese incidente sigue siendo el mismo.)

Tal vez esto sea mucho pensar para quienes tienen en sus manos la responsabilidad de prevenir situaciones como la ocurrida la semana que recién nos deja.  Como están las cosas, tal vez sea mucho pedir que se dé mayor atención a las bases que apoyan la conducta de ciertos adultos en contra de los niños.  Digo, quienes se dedican a atender situaciones de familia hacen lo que pueden, aun teniendo que lidiar con una gerencia que está más comprometida con mostrarle al mundo que “se está haciendo algo” que con verdaderamente hacer algo.

Pero de que debe hacerse algo para prevenir casos de violencia contra los niños… ¡algo hay que hacer, y debe ser YA!

No debemos dejar que los niños la sigan pagando—ni en Puerto Rico, ni en Siria, ni en Estados Unidos, ni en el sur asiático… ¡en ningún lugar del mundo!

Mientras tanto, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

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