¿Mugir o embestir?

“¡Ah desgraciado si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece
y como el germen enterrado: late.

“Resurge, alienta, grita, anda, combate,
vibra, ondula, retruena, resplandece…
Haz como el río con la lluvia: ¡Crece!
Y como el mar contra la roca: ¡Bate!

“De la tormenta al iracundo empuje,
no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.

“¡Levántate! ¡Revuélvete! ¡Resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡Muge!
O como el toro que no muge: ¡Embiste! ”

José de Diego (1866–1918), En la Brecha

En Puerto Rico, los últimos meses de 2013 y el inicio de 2014 han sido objeto de una disyuntiva, ocasionada por las medidas que toman quienes tienen la sartén por el mango—y como decía Alberto Cortez, “el mango también”—cuando dicen darse cuenta, temprano en el proceso, de que el mismo oro con el que pavimentaron las calles de la ilusión se ha hecho inasequible.  Medidas que responden a la Regla de Oro del nuevo milenio: “El que tiene el oro, es el que hace las reglas.

Medidas que son la principal consecuencia de años y años de despilfarros, de malos manejos fiscales que se quisieron subsanar con dinero “prestado” por las generaciones futuras, y que se pretenden borrar tan “de golpe y porrazo” como sea posible.  Y ello a costa, no de quienes se hicieron con el botín, sino de quienes hicieron su aporte honesto, sus sacrificios más fuertes para poder poner en marcha un país, sólo para ver como se les “castiga” esa lealtad.

Es más, no hace falta decir que ya pasamos por este mismo camino antes.  Y no puedo decir que los signos no estuvieran visibles, aun para los más ciegos entre nosotros, y que no se hicieron las debidas advertencias.  Como lo escribí alguna vez en este blog:

“A mí me parece que muchas de estas recomendaciones… son innecesarias o resultarían muy onerosas para la gente común y corriente, la gente que está en la calle tratando de sobrevivir de día en día y de cheque de pago en cheque de pago….

[…]

“En fin… a mí me parece que la medicina que nos espera sí que va a ser difícil de tragar para un pueblo que ya está saturado con sus problemas de todos los días.  Cómo pueda cada uno de nosotros asimilar esa medicina es lo que determinará si las recomendaciones (porque… ‘sólo son recomendaciones’) propuestas… surten algún efecto… pero no me quiero hacer muchas ilusiones sobre ello.”

Ni entonces, ni ahora, quiero hacerme ilusiones de que el efecto de las “recomendaciones” para solucionar la crisis del fisco sea positivo.  Sobre todo, a juzgar por lo que se está viendo últimamente.  Y lo que se está viendo no es muy agradable que digamos.  Particularmente cuando la tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando “las Navidades más largas del mundo”.  (¿En ese “duérmete, nene” es que nos tienen?)  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o “bonistas”—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo “por su bien”.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.

Entonces, como lo planteé en la entrada que cito arriba, ¿cómo puede cada uno de nosotros asimilar esa medicina que nunca deseó tomar?

Por lo menos, el colectivo de l@s maestr@s del sistema público de enseñanza, cuyo sistema de retiro independiente del de los demás servidores públicos—con la excepción que mencionaré en breve—se ha visto amenazado con esas nuevas leyes aprobadas “de noche, con gran cautela”, encontró que mugir como el toro acorralado del poema de de Diego no lo llevará a ninguna parte.  Ese colectivo decidió embestir.  Y luego de que no se le hiciera caso en principio, llevó su protesta al palacio boricua de las leyes—el mismo recinto cuyos ocupantes rojos, azules y verdes han hecho desmerecer su prestigio.  Y aunque algun@ de l@s agraviad@s se fuera a extremos objetables—como el de un maestro cuyo acto de orinar en uno de los escaños ha desatado un debate filosófico sobre dónde cayó el chorro (si en la silla del legislador o en el escritorio) y sobre el rango jerárquico de la “víctima” del aparente intento de “orinicidio” (¡hay que ver en lo que perdemos el tiempo en este país!), o el maestro que en su empeño por entrar a una oficina legislativa destruyó una costosísima puerta de vidrio (como diría cierta politóloga sata, “güey tu gou!”)—, no es menos cierto que estaba haciendo sentir su molestia por el agravio cometido en su contra.

Porque eso fue lo que ocurrió: l@s maestr@s fueron objeto de un agravio.  Y en lugar de sólo mugir acorralados, es@s maestr@s estaban en plena embestida, exigiendo la reparación de ese agravio.  Un agravio que podría tener repercusiones, pero a eso quiero ir más abajo en la entrada.

Hasta aquí todo estaría bien, de no ser porque hay otros que están tratando de embestir contra lo que consideran como un agravio: los miembros de la rama judicial de gobierno, cuyo sistema de retiro también es independiente del de los empleados públicos y del de los maestros.  Contra los jueces y las juezas se cierne también el espectro de leyes de reforma a su sistema de retiro, también para tapar el mismo agujero que se pretende tapar con la reforma al sistema de retiro de l@s maestr@s.  Porque parece que eso es lo único que saben hacer las autoridades en una crisis como ésta: tapar agujeros.*  Y aunque no tan militantes como l@s maestr@s, los jueces y las juezas han mostrado oposición a esas medidas, aunque tal vez los motivos no parezcan ser igual de nobles, especialmente cuando equiparan la independencia judicial a su sueldo.  Sobre todo porque cuando se retiran, se les garantiza un 100% del salario más alto percibido—que no es lo mismo que para l@s maestr@s y otros servidores públicos, a los cuales lo más que se les garantizaba hasta no hace mucho era un 75% del promedio de los tres salarios más altos.  (Y para colmo, para quienes nos retiremos del servicio público en un futuro no muy lejano, esa proporción será aún más baja [dicen que hasta de 38%].  ¡Qué mal nos va! Crying face )

Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.

Y ya que no cerré adecuadamente el 2013 en este blog—por lo que les pido las debidas disculpas—, vamos a hacer algo mucho mejor: ¡vamos a dejar el comienzo de 2014 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Y ya que estamos hablando de tapar agujeros, he aquí algo del baúl de los recuerdos… ¿o era “de los recuerdos del baúl”?  ¡Qué sé yo!  Smile with tongue out

"Francamente, para mí… es como tratar de reparar una represa colocando un dedo en la grieta por donde se está colando el agua….

[…]

“Por cierto, me viene a la mente la leyenda del niño holandés—unas versiones lo llaman ‘Peter’, otras versiones lo llaman ‘Hans Brinker’—que salvó a su poblado de verse inundado, al ser el primero en percatarse de que el agua del océano se estaba colando por una grieta en un dique y tapar dicha grieta con un dedo…  Si eso hubiese ocurrido en Puerto Rico, probablemente la prensa estaría a su alrededor tratando de matarlo a preguntas, y hasta habría manifestaciones de ‘apoyo’ y ‘solidaridad’ de los radicales en el movimiento ambiental local (y ellos saben quiénes son)…  ¡Y tal vez hasta el propio gobierno le requeriría al pobre muchachito preparar una declaración de impacto ambiental por tan sólo estar poniendo el dedo en la grieta!  ¡Quién entiende esto!”

De una vez, aprovecho para corregir la omisión de no haber hecho referencia a alguna de las fuentes de esa leyenda.  Afortunadamente, encontré la fuente que les dejo a continuación (en inglés), en la que se aclara quién era realmente Hans Brinker y quién era Peter, y que este último fue el verdadero héroe que salvó la ciudad de Haarlem, Holanda.

The Boy who Saved the Netherlands, en Lidy’s Page (acceso: 19 de enero de 2014).


LDB

Autor: Luis Daniel Beltrán

Planificador ambiental en Puerto Rico, con preparación de Maestría en Ciencias en Biología. (An M.S.-degreed Biologist working as a Licensed Professional Planner in Puerto Rico.)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s