No hay enemigo pequeño… ¿o sí?

Amigas y amigos, mi gente: ¡estoy de regreso!

La verdad es que extrañaba mucho sentarme a escribir en este blog.

Y yo sé que a algunos de ustedes también eso les extrañó.

Cierto es que los eventos que tuve que vivir durante los últimos 3 años de vida de mi papá (vean aquí y aquí) tuvieron su peso en mi ánimo.  Aunque también les diré que empecé a tener dudas de por qué me sentaba a comentar en un blog sobre cosas que muchos otros tenían mejor base para comentar.  Admito que mi vida ha cambiado tan significativamente desde la última vez que me senté a teclear un comentario sobre esas cosas de la vida que son… ¿cómo lo digo?… tan “extrañas”.  Sobre todo ahora que, habiendo cumplido los 60 años de edad en diciembre de 2018, estoy entrando en una etapa de mi vida en la que debo irme despidiendo de aquellas cosas que me movían en mi juventud, para buscar algo que me dé mayor sosiego.  Y no es nada fácil cuando no hay un punto de apoyo cercano, alguien que te diga que lo estás haciendo bien, que tienes la fuerza y la capacidad para seguir hacia adelante.

Pero aún así, cada día te dices que debes tener ánimo, debes tener la fuerza para poder seguir hacia adelante, porque tienes que alcanzar una meta y no te puedes detener.

Aun cuando esa meta—por irónico que pueda parecer—te lleve por un rumbo distinto al que esperabas, como ha llevado a otros en los últimos años en Puerto Rico.

(OK, les prometo que, en su día, daré la debida explicación de por qué tendré que seguir ese rumbo, pero, lamentablemente, ahí la suerte ya está echada.)


Así las cosas, mientras eso ha estado ocurriendo en mi vida, el mundo que me rodea—por lo menos en lo inmediato—se ha vuelto una cosa más complicada de lo usual.  A Puerto Rico lo atacan desastres y calamidades inmisericordes, como los huracanes Irma y María (6 y 20 de septiembre de 2017, respectivamente), los movimientos sísmicos en la costa suroeste de Puerto Rico (particularmente el fuerte terremoto de maginitud 6.4/6,4 del 7 de enero de 2020), y para acabar de completar, una pandemia como no se había visto desde la “gripe española” de 1918 (Wikipedia: en español, in English).  Una variante de los llamados “coronavirus” (corríjanme si me equivoco, pero ¿no es el del catarro o resfrío común un tipo de coronavirus?), pero mucho más contagiosa y peligrosa, llamada “Covid-19”.

(Y a juzgar por el trágico impacto global de este virus, cabría preguntarse si es cierto aquello de que “no existe un enemigo pequeño”—pero ésa es mi opinión.)

Pero si estos desastres y calamidades han sido inmisericordes con Puerto Rico, la respuesta que se le ha dado por parte de las autoridades a estos desastres y calamidades ha sido—en muchos casos—más inmisericorde aún.  A riesgo de estarlo repitiendo como cotorra amaestrada, los huracanes de 2017 dejaron al descubierto la realidad de un Puerto Rico que aspiraba a lucir sus mejores galas, solo para resultar que estaba tan desnudo como el emperador del cuento aquél.

¿Y qué se ha hecho desde entonces por parte de los que pueden hacer algo para remediarlo?

Lo ignoran.

Se burlan.

Lo toman de tonto…

No, vamos a frasearlo de la manera que el—por entonces—gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló Nevárez, lo expresó en un chat cibernético con sus ayudantes y funcionarios cercanos, que él pensaba que nadie conocería de su existencia—y que en última instancia, provocó que un pueblo molesto lo sacara del poder en agosto de 2019, menos de año y medio antes del final de su mandato:

“Cogemos de pendejo hasta los nuestros.”

Expresión del entonces Gobernador Ricardo Rosselló en una sala de chat de Telegram, el 1 de diciembre de 2018 a las 12:32:26 PM (UTC -4:00:00).

Y, aparte, yo creo que ésa es una gran verdad, la realidad de lo que han hecho todos los políticos habidos y por haber en el Puerto Rico de las últimas 4 o 5 décadas.

Y mientras lo ignoran, se burlan y lo toman de tonto, buscan sacarle provecho económico a la situación.

Destinan fondos públicos para contratos a compañías de poca reputación profesional, que pueden ser de esas empresas “de marquesina” o “de sótano” con apenas 2 o 3 socios (tal vez queriendo imitar el modelo de empresas exitosas como Microsoft o Apple, pero también queriendo hacerlo en menos tiempo).

O hacen contratos para adquirir pruebas de detección del coronavirus Covid-19 a sobreprecio, a favor de empresas sin ninguna experiencia o peritaje en equipos médicos—digo, a menos que el mantenimiento y reparación de acondicionadores de aire de escala comercial cualifique para ese propósito.  Y cuando el banco que se suponía que financiara esa pretendida transacción levanta bandera sobre la misma, las responsabilidades se evaden y nadie asume responsabilidad, nadie sabe nada, nadie dice nada.  Y la orquesta sigue tocando su música mientras el barco hace agua.

Y en el proceso, dándole la razón—aunque no necesariamente por la razón correcta—a un entertainer racista y con ínfulas de grandeza, al que el país que conocemos como los Estados Unidos de América cometió el garrafal error de elegir como su presidente para el periodo 2017–2021.  (Ya quisiera yo que allá aprendieran de esta mala experiencia, pero lo veo muy dudoso.)

Sí, la realidad es que se le ha fallado a la responsabilidad que cada quien debe tener, tanto individual (consigo mismo) como social (con los demás).  Y ha habido que recordárselo a quienes se les ha tiendo que recordar.  De eso habló el movimiento de pueblo que vivió el “Verano de 2019”, el que, con su persistencia, logró la salida del poder de quien se creía que podía “coger de pendejo” hasta a sus propios simpatizantes y quedar limpio de polvo y paja.  Aunque aún quedan algunos rastros de inmundicia que deberán ser limpiados a su tiempo.  Porque, como lo saben ustedes que me han seguido todos estos años, no cumplir con la responsabilidad que todos tenemos, con nosotros mismos y con los demás, trae consecuencias, aun para quienes no tienen la culpa de que le fallen quienes están llamados a ayudarles.


No es por nada, pero la verdad es que escribir esta entrada me está haciendo bien, dentro de la situación que vive Puerto Rico y el mundo en estos días que debieron marcar el inicio de una nueva década.  Pero nada, yo creo que esto debe motivarme a continuar el ejercicio de escribir este blog mientras la vida me lo permita.

Así que… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Y sobre todo, de ésta vamos a salir adelante.

LDB

2 comentarios sobre “No hay enemigo pequeño… ¿o sí?

  1. Me alegro que regresara y que esté un poco mejor. Lo que está pasando en Puerto Rico es inaudito. Creo que tienen mucho afán por robar pues la metrópoli con su junta se los pondrá más difícil, para que esta misma metrópoli pueda llevarse el resto. Si este pueblo no despierta, no quedarán ni los huesos. un saludo

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