Haz lo que yo digo, NO lo que yo hago: Edición “Fuego y Azufre”

OK, pellízquenme los brazos si lo he mencionado anteriormente en este blog.  Pero casi 4 décadas después recuerdo el comentario que me hizo una compañera de estudios en la actual Universidad de Puerto Rico en Humacao, mientras esperábamos el inicio de una clase en el programa de Biología Marina.  La joven, cuyo nombre ya no puedo recordar (aunque sí recuerdo que era del vecino pueblo de Gurabo), pero que era miembro de una iglesia cristiana protestante (hasta donde yo tenía conocimiento), me contaba sobre una situación en la que se había visto un pastor evangélico de su comunidad, en la que enfrentaba algún cargo por un incidente violento, creo que contra una menor de edad.  Puede que yo no recuerde mucho de lo que ella comentó, pero ella hizo un señalamiento que desde entonces llevo grabado en mi cabeza:

“Algunos que dicen ser cristianos son hasta peores que el mismísimo demonio.”

(Y ahora que me doy cuenta, por lo menos en una ocasión mencioné esta anécdota en el blog.  OK, ya está bueno, ¡dejen de pellizcarme, que eso duele!  ¡AAAYYY! Llorón )

Reloj

(OK, mis brazos ya están bien, puedo seguir escribiendo.)

Pues bien, hoy fue una de esas veces en las que me acordé de las palabras de la compañera universitaria de entonces, al ver en mi cuenta de Twitter una noticia en particular.  Una noticia que, queramos o no, nos lleva al trágico evento ocurrido el 12 de junio de 2016, cuando un individuo presuntamente influido por la ideología radical musulmana—la misma que, a mi entender, no es representación fiel de las buenas personas que practican esa religión, y que es detrás de lo que se esconden pandillas de asesinos, como la que se hace llamar “Estado Islámico de Irak y Siria” (o “de Irak y el Levante”) (y sí, eso es ese grupo, y como tal hay que llamarlo, como una pandilla de asesinos que no merece ninguna legitimidad en lo absoluto, ni religiosa ni política)—asesinó a 49 personas—23 de las cuales eran puertorriqueñas—en la discoteca “Pulse” de Orlando, Florida (antes de ser abatido por las fuerzas policiales).  Cuarenta y nueve personas que salieron a divertirse ese sábado por la noche, como cualquiera de nosotr@s lo haría—pero sin pensar que esa diversión acabaría costándoles la vida.

Y no pasaron 4 días desde el trágico suceso, cuando a una persona identificada como pastor evangélico de una localidad en el vecino estado de Georgia se le ocurrió colocar la siguiente expresión en su cuenta de Twitter:

“Been through so much with these Jacksonville Homosexuals that I don’t see none of them as victims. I see them as getting what they deserve!!”

¡Todo porque el escenario de la matanza era un club nocturno frecuentado por—o cuyas actividades están dirigidas a—homosexuales!    (Además de que equivocó el nombre de la ciudad, porque Jacksonville está al norte de Orlando, casi en la colindancia estatal con Georgia.)  Es más, voy a volver a la misma entrada de mi blog que cité hace un momento, porque creo que lo siguiente le cae como anillo al dedo, a éste y a muchos otros a quienes el sayo le cae perfectamente:

“Yo me cuestiono cómo… el dirigente de una congregación religiosa, la clase de persona que debe predicar el amor al prójimo, la paz, la buena voluntad para con los demás seres humanos—sean cristianos, judíos, budistas o musulmanes… sean blancos, negros, hispanos, orientales o nativo americanos… sean heterosexuales, homosexuales, transgenéricos, etc.—, sea la misma persona que predique el odio contra un grupo en particular por su implicación en unos hechos tan nefastos…  ¿… será de los ciegos que se ufanan de algo así como… ‘mi religión/mi Dios/es mejor que tu religión/tu(s) dios(es)’?”

Pero, ¿qué tal si echamos este otro ingrediente en la olla, a ver la clase de guiso que resulta?

“Puede ser que muchos de los que son rápidos para juzgar y para condenar las ‘fallas’ de los demás—pero lentos para perdonar a quienes cometen esas ‘fallas’, lentos para solidarizarse con el ser humano que habita dentro de eso que llamamos ‘pecador (o pecadora)’—queden retratados en una afirmación como la que cito….”*

[…]

“Si alguno de es@s que mencioné arriba viene a decirme que habla de parte de Dios… lo siento mucho por ell@s, pero no se los voy a creer.  Tal vez porque sus corazones encierran otra cosa, porque guardan otro sentir que no es consecuente con la prédica de la paz y el amor, con el ideal de ayudar a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes necesitan de nuestro apoyo y solidaridad.  Tal vez porque en realidad, son fieles a otro amo, que no es a quienes tanto dicen ser fieles.”

(* La afirmación a la que me refiero está en: Evangelio según San Lucas, capítulo 16, versos 13–15; citado de la versión Dios Habla Hoy.  México, D.F.: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983.)

Pues bien, parece que mi entonces compañera de estudios y yo tenemos razón, muchos años después.

Según esta nota publicada por el portal noticioso Fusion, el mismo pastor evangélico de Georgia que dijo que las 49 víctimas de una ira asesina—y repito, incluidas 23 víctimas puertorriqueñas—recibieron “su merecido” por ser lo que cierto ex-presidente del Senado boricua llamaría “torcidos”, fue arrestado este fin de semana por cargos de acoso sexual simple y agravado, en la persona de un menor de 16 años miembro de su congregación, en hechos ocurridos hacia el año 2010.

¿Alguien tiene una explicación RACIONAL para esto?  Una explicación de por qué una persona que está llamada a predicar la paz, el amor, y más que nada, el perdón de nuestras fallas como seres humanos, busca satisfacer a escondidas los impulsos carnales que tanto le critica y condena a otr@s.  ¡Así cualquiera!  De un lado, condenando los impulsos carnales que—según él—llevaron a los 49 de “Pulse” a recibir el “castigo de Dios”, mientras que del otro lado, cediendo a esos mismos impulsos carnales.

Tal vez le cae perfectamente ajustado el sayo del que sirve a los 2 amos.

Tal vez conviene repasar algo que escribí anteriormente sobre las personas no heterosexuales (o sea, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero), las mujeres víctimas de violencia de género y los inmigrantes ilegales:

“Y estos tres sectores, entre tantos sectores marginados de nuestra sociedad, acabarán como objeto de la ignorancia, el odio y la ira de gente a la que describí en una ocasión anterior como ‘quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás’, como ‘personas bañadas de «rectitud» de arriba para abajo’—sin dar precisamente los mejores ejemplos de esa rectitud que tanto ostentan.  Y acabarán pagando los platos rotos de quienes no se atreverían a enfrentarse a un simple reto que los ponga en evidencia, a ver si demuestran los valores que tanto le exigen tener a los demás.”

Y lamentablemente, tanto al asesino de la discoteca “Pulse” como al pastor evangélico que quiso pasar por más santo que Dios, les cae perfectamente ese sayo.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Ya verás, Puerto Rico, ya verás…

Captura de pantalla (modificada para eliminarle la publicidad que no viene al caso) de la entrada que escribí en TwitLonger el 18 de octubre de 2014, al día siguiente de producirse los despidos en el departamento de noticias de Univisión-Puerto Rico (WLII-DT).

Pues sí, amigas y amigos, mi gente, la imagen que encabeza esta entrada es una captura de pantalla (o como dirían en el mismo suburbio sanjuanero donde ocurrió el hecho, un “screenshot”)* de una nota que escribí el pasado 18 de octubre de 2014.  Apenas un día después de ocurrido un evento que aún comenzando noviembre sigue dando de qué hablar.  Pero como no todos ustedes tienen la vista “igual de buena” que yo… afortunadamente, porque la mía no anda muy bien que digamos (pero no es nada que no se pueda corregir con bifocales, así que no se me asusten)… permítanme reproducir abajo lo que dice la entrada (y como es de esperarse, el énfasis que no está en el original es con toda la intención):

“Nota Solidaria

“Mi gente, tengo que sacar un momento para solidarizarme con @MarilianaTorres, @Roberto_FuerzaD y @SusanSoltero, entre otr@s, tras el golpe que representa el cierre de la operación de noticias de @UnivisionPRCuando se cierra un taller de trabajo como éste y se deja en la calle a todo un grupo de comunicadores talentosos, que hacen su trabajo con dignidad y profesionalismo, Puerto Rico pierde mucho.  Es otro ejemplo de por dónde está partiendo la soga en estos tiempos.  Desde aquí le deseo todo lo mejor a estos seres humanos, padres y madres de familia, que se han visto perjudicad@s por la codicia corporativa, y que a dondequiera que les lleve la vida, puedan tener éxito.

“¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

“LDB”

Triste, ¿verdad que sí?  Más de un centenar de empleados, entre periodistas, redactores, videoperiodistas, editores, presentadores (los eufemísticamente llamados “anclas”… ¿será porque algun@ que otr@ de ell@s cae pesad@?), y un larguísimo et cétera.  Tod@s víctimas en medio de lo que el Gabo hubiera llamado la “crónica de una muerte anunciada”, desde que a comienzos de 2014 se eliminaran las ediciones de fin de semana de los mismos informativos que hoy acaban de pasar a mejor vida.  Y para colmo, las razones para la caída de entonces son las mismas para la debacle de ahora, como lo muestra la periodista Sandra Rodríguez Cotto en dos entradas de su blog (he aquí una, y he aquí la otra).

Razones a las que puede añadirse lo que parece ser un enfoque empresarial dentro del cual esos empleados parecen no tener cabida.  Un enfoque que como vimos en una ocasión anterior, igual se aplica en la operación pública sin mucho miramiento.

Un enfoque que por más gestos que traten de hacerse, por más intentos de expresar “buena voluntad”, que se está cumpliendo con la responsabilidad contraída con un pueblo como el nuestro, difícilmente se percibe como algo sincero, como lo muestra este artículo en la revista cibernética 80grados.

Y un enfoque que a la larga podría resultar siendo todo lo contrario a lo que se pretendía lograr en principio, fuese lo que fuese.  En el que sólo por mantener una apariencia de que se está sirviendo a la comunidad en el área de servicio de la emisora, se sustituya el noticiario estelar de la tarde (el que tod@s querían ver al llegar del trabajo a la casa, aunque fuera para sufrirle las mismas payasadas a los políticos del patio y enterarse de cuán mal está el mundo a su alrededor—aunque la atención al mundo que nos rodea sólo se reduzca a una cápsula de un minuto), por un programa de entrevistas de actualidad noticiosa… ¡la veintiúnica carta que dejaron para jugar en esta baraja!  Estrategia que bien podría estar fallando, si no cuenta con el favor del público, como nuevamente lo muestra la periodista Rodríguez Cotto.

Tal vez sea esto un indicio de que alguna reinvención se necesita en los medios de comunicación social y que los mismos tiene que evolucionar con los tiempos, como lo menciona repetidamente la periodista Rodríguez Cotto en las entradas de su blog que estoy citando aquí (y ciertamente, recomiendo encarecidamente que las lean).  Quien sabe, a lo mejor sea esto un llamado a despertar (nuevamente en español de “Guaynabo City”, un “wake-up call”) para estos profesionales de la información—los de hoy y los que vendrán después, si antes no se quitan—, especialmente a que pongan el oído en tierra y se preparen para una marejada de cambios que los puede arropar cuando menos lo esperen.  Total, las cosas no están buenas para nadie en absoluto.  ¡Para nadie!

Mientras tanto, seguiremos viendo cómo la codicia corporativa a la que me refería en mi tuiteo largo de arriba hace que una emisora que ha tenido una trayectoria distinguida, desde sus humildes comienzos en una calle en el distrito Santurce de San Juan** hasta nuestros días… pues, se hunde.  Porque para sacarla a flote, como dicen, se necesitará de “Dios y su santa ayuda”.

Y ahora si, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables, gústele a quien le guste.


* Valga aclararles que la captura de pantalla que encabeza esta entrada fue alterada por mí, a fin de eliminarle los anuncios encima y debajo de la nota, por entender que los mismos no son pertinentes para el propósito de la entrada original.

** Si mis lectores fuera de Puerto Rico me disculpan la digresión, la zona donde ubicó en su momento esa emisora es hoy en día un área venida a menos, plagada de adicciones y prostitución… ¡lo siento mucho, pero hay que decirlo!


LDB

El verano del descontento

A day without immigrants, May 1, 2006. Descrip...
A day without immigrants, May 1, 2006. Descriptions shall come later. (Photo credit: Wikipedia)

Cualquiera diría que las fuerzas supremas que rigen el universo se levantaron un día de este verano por el lado de la cama que está pegado a la pared—y créanme, no es muy agradable despertar así.  Que mientras el mundo se entretenía en Brasil viendo cómo 22 jugadores de bandos opuestos corrían de lado a lado dándole patadas a un balón, en un regio baile mundial que terminó cuando los alemanes le hicieron “flippenfläppenmuckenßpræden” a los argentinos (y por favor, no me pregunten qué significa la claje ‘e disparate que acabo de escribir), en varios lugares de ese mismo mundo había una olla de conflictos por hervir o en plena ebullición.

Tenemos un ejemplo bastante gráfico en el nuevo conflicto entre los israelíes y los palestinos de Gaza—uno de tantos conflictos entre ambos bandos que se remontan a los “good old days” del Antiguo Testamento bíblico—, supuestamente desatado tras el secuestro y asesinato de 3 adolescentes israelíes y el supuesto secuestro y asesinato de un joven palestino en represalia.  Un conflicto en el que cada bando tiene su parte de responsabilidad, en el que cada bando trata de defender lo que entiende es suyo.

Y lamentablemente, un conflicto en el que la respuesta de cada bando no guarda ni la más mínima simetría.  Cohetes palestinos que pocas veces alcanzan su objetivo, ante las astutas defensas israelíes.  Cohetes israelíes que supuestamente alcanzan su objetivo en Gaza… o al menos, eso es lo que se le quiere hacer creer al resto del mundo.

El saldo hasta el momento refleja esa asimetría.  Una gran cantidad de víctimas civiles en el lado palestino, frente a sólo 2 ó 3 civiles del lado israelí (más un par de decenas de militares—pero en Tel Aviv dirán que “eso no es ná’, ellos son reemplazables”).  Hombres, mujeres y niños.  Más o menos un millar de víctimas palestinas en el momento en el que escribo esto.  Víctimas en una cacería de terroristas en la que todo se vale.  Bombardear escuelas, hospitales, balnearios playeros, hasta los refugios administrados por la Organización de las Naciones Unidas (la misma que para ambos bandos es buena cuando les conviene).  Y todo, porque los israelíes alegan que los palestinos de Gaza ocultan sus lanzadores de cohetes en esos mismos lugares, y utilizan a su propia gente como escudos humanos.

Pero déjenme decir algo: tan mal está el que se esconde detrás de gente inocente para atacar y hacer daño a otros, como el que mata o manda a matar a esa misma gente inocente para evitar que “nazcan” los futuros terroristas—y después se lava las manos como Pilatos y trata de manipular la opinión mundial para que ésta acepte su historia como “la realidad”.

Pero ¡ay! de quien trate de descorrer el velo que oculta la otra cara de esa realidad por estar “en el lugar correcto en el momento correcto”, como lo sabe de primera mano el periodista de la NBC estadounidense que tuvo que sufrir una represalia de sus jefes tras ser testigo de primera mano del bombardeo de una playa en la que apenas unos minutos antes había jugado con unos niños que más tarde se convertirían en víctimas.  (Digo, ¿no es para eso que existen los periodistas, para ser testigos de aquello de lo que se hace la historia de la humanidad?)  Y aunque el medio para el que trabaja lo llegó a remover de esa asignación “por su seguridad”—para reemplazarlo con otro periodista de mayor estelaridad cuya “seguridad” debía preocupar igual—, la molestia con dicha decisión ha permitido que él siga ahí, mostrando las cosas desde otra perspectiva.   La de quienes dicen no tener nada que ver con los cohetes que se lanzan contra Israel, la de las ciudades y villas de Gaza destrozadas por una guerra que no parece tener más sentido que el de los viejos odios de antaño, una guerra en la que hay hombres, mujeres, y sobre todo, niños que llevan la peor parte.

Y ya que hablamos de niños que llevan la peor parte, no hay más que mirar un poco más de cerca, al influjo creciente de menores centroamericanos que cruzan la frontera de los Estados Unidos de México con los Estados Unidos de América.  Como todas aquellas masas hacinadas de inmigrantes desamparados y azotados por la tempestad a las que le cantaba la poetisa estadounidense Emma Lazarus (1849–1887) en “The New Colossus”,* llegan buscando respirar en libertad, buscando aquello que llaman “the American dream”.  Y por todo el riesgo que corren sus vidas en el intento, todo lo que encuentran es un sistema de control fronterizo estadounidense que hace lo que puede por atenderlos, a veces más allá de su propia capacidad.

Eso, y los efectos de la ignorancia, el odio y la intolerancia, con los que se han rechazado los vehículos que los tratan de llevar a las facilidades donde se les debía dar el cuido que la más elemental humanidad exige.  Sentimientos que muchos estadounidenses, lamentablemente, lucen como si fuera una medalla de honor, como si eso los hiciera superiores al resto de los seres humanos.  Sentimientos que son alimentados por ideologías que descuentan a quienes no son “iguales” que quienes las impulsan y las propagan, y mucho menos que quienes caen en la trampa de seguirles sin cuestionar esas ideologías.  (Y ésa es la misma gente capaz de esperar a que culmine la administración del presidente Barack H. Obama en enero de 2017—y haya un nuevo presidente—para diz que “residenciarlo”, de tanto que los ciega el odio contra “el otro”.)

Lo malo del caso es que ese odio y esa intolerancia no permiten ver con claridad—mucho menos entender—la(s) razón (razones) por la(s) que tantos niñ@s centroamerican@s se ven obligados a abandonar sus países para hacer ese arriesgado y peligroso viaje hacia el norte.  En particular la violencia generada por las pandillas juveniles en muchos de esos países centroamericanos.  (De paso, aprovecho para recomendarles este informe del 2009 sobre la violencia juvenil y las “maras” y pandillas en El Salvador, especialmente las páginas 6–15, en las que se presenta el marco conceptual del estudio—una excelente descripción que tal vez nos ayude entender un poco mejor ese problema… y quizás en el proceso podamos ver cuán retratados estamos en esa realidad, nos guste o no.)  O la violencia ocasionada por el tráfico de drogas provenientes de la América del Sur, a través de los mismos países centroamericanos, para satisfacer una necesidad de consumo en los propios EE.UU.de A.—o sea, un caso de “oferta y demanda” como cualquier otro, como lo plantea una entrada reciente en el blog “Two Weeks Notice”.  Pero no, tal vez entender eso sea un esfuerzo sobrehumano para las “mentes”—si se les puede llamar así—de aquellas personas para las cuales la ignorancia es su savia, lo que les da la vida.

No me sorprendería que ése sea el mismo caso entre israelíes y palestinos, que desde tiempo inmemorial no pueden entenderse los unos a los otros, no se pueden ver las caras los unos a los otros, y están cegados por su propio odio y su propia intolerancia.

¡Quién sabe!  Tal vez si se acabara con ese odio, con esa intolerancia, con esa ignorancia que te hace levantarte un día y decidir que quieres atacar la casa de tu vecino para liquidarlo a él y a su familia y “prevenir” que éstos te ataquen, o decidir que no le vas a permitir la entrada a tu casa a alguien de otro lugar que esté huyendo de una situación problemática en su propia casa, porque es “diferente” a ti, se podría evitar muchos de los conflictos que han plagado a la humanidad.  Cuántos esfuerzos no se han hecho para acabar con los conflictos alrededor del mundo, principalmente por quienes aún quieren ser optimistas, por quienes no pierden la fe en la discusión sosegada de los asuntos, quienes quieren buscar las causas de los problemas, en lugar de dar palos a diestro y siniestro como “disuasivo”.

Pero como dije al principio, parece que esta vez, las fuerzas supremas que rigen el universo se levantaron un día de este verano de muy mal humor.  Tal vez debería ser tiempo de que esa rabieta se les pase pronto.  O por lo menos, debemos aspirar a que esa rabieta se les calme.  Cuanto antes, mejor.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.


* Cortesía del traductor de Google (con alguna ayudita de mi parte), ésta es la cita del poema de Emma Lazarus a la que hago referencia:

“Dame tus cansados​​, tus pobres,
Tus masas hacinadas anhelando respirar en libertad,
El desamparado desecho de tus rebosantes playas.
Envía estos, los desamparados, azotados por la tempestad, a mí:
Levanto mi lámpara junto a la puerta dorada.”


LDB

Derribando un oso blanco sin que sea asunto de nadie más

A veces, cuando me tomo un receso (en buen español boricua, un “break”) de mis labores, me pongo a mirar por un momento el mundo que está más allá del ventanal del piso o nivel del edificio de mi oficina.  Cierto es que tener actualmente frente a mí parte de los distritos sanjuaneros de Río Piedras y Hato Rey, no compensa el mar que tanta falta me hace mirar, como cuando estaba en Puerta de Tierra hasta hace unos 8 años.  Pero por lo menos con mirar las áreas verdes cercanas a mi oficina me basta.  Aunque las mismas estén rodeadas—casi ahogadas, diría yo—por las urbanizaciones alrededor, la vía elevada del Tren Urbano, un cementerio, y un poco más hacia el fondo, el enorme edificio de lo que fue en su momento la Penitenciaría Estatal de Río Piedras, construida entre 1927 y 1933.  O, como much@s la conocemos “afectuosamente”, el Oso Blanco.

Antigua Penitenciaría Estatal de Río Piedras («El Oso Blanco»), situada entre las carrerteras PR-18 (Avenida Las Américas), PR-21 y PR-1 y la Avenida José de Diego en Río Piedras.
Antigua Penitenciaría Estatal de Río Piedras («El Oso Blanco»), situada entre las carrerteras PR-18 (Avenida Las Américas), PR-21 y PR-1 y la Avenida José de Diego en Río Piedras.

Sí, ese complejo de edificios que se ve hacia el centro de la foto, con tres urbanizaciones a su costado derecho (Este) y varios desarrollos más a su alrededor.  Lo que en sí habrá sido problemático para los residentes, cada vez que se daba alguna fuga de confinados o algún incidente entre confinados y guardias penales.  (Y sólo por eso, yo no le hubiera ubicado desarrollos residenciales demasiado cercanos o a su alrededor, pero ya eso es otra historia.)

Pues bien, ahora resulta que ese mismo complejo de edificios que se aprecia en la foto aérea de arriba, de la noche a la mañana se ha visto en medio de una controversia.  No por una fuga de confinados más o menos peligrosos.  No por una rebelión de los confinados, de ésas que las organizaciones que los agrupan allí adentro organizan cuando tienen agravios—unos con razón y otros sin razón—para los que exigen reparación.  NO.  Porque ya el Oso Blanco cumplió hace tiempo con su función y ya no se está utilizando como institución penal.  Y allí ya no hay presos que se fuguen o que se rebelen.

Ahora es porque están derribando al Oso.  Pero, ¿para dar paso a qué?

Cierto es que se ha hablado de planes grandiosos, como el que se barajaba durante la época de la “emergencia fiscal” en la administración de gobierno anterior, de desarrollar allí una “ciudad de las ciencias”.  Algo que complementara el proyecto de Ciencias Biomoleculares de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas, cuya única cara visible en estos momentos es un edificio con paredes exteriores de vidrio—lo que me imagino que vendrá “súper bien” en caso de que a Puerto Rico lo azote un huracán durante la temporada que se avecina—y una ampliación vial que no parece terminar nunca o parece que se está haciendo sin mirar bien lo que se hace.

Si no me lo creen…

Carretera PR-8838 en el Barrio El Cinco de Río Piedras, frente al Edificio de Ciencias Biomoleculares de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas. Foto tomada el 13 de octubre de 2013 a las 9:28 AM (1328 UTC).

Esta foto la tomé la mañana del 13 de octubre de 2013, frente a lo que deberá ser a su debido tiempo el estacionamiento del Edificio de Ciencias Biomoleculares (detrás del matorral a la derecha).  Se supone que esto sea un carril adicional de la Avenida Ponce de León, donde ésta sigue la ruta de la carretera PR-8838, en dirección hacia el barrio Cupey.  ¿Notan algo raro?  Como que hay 2 postes del tendido eléctrico “metidos” en la futura vía de rodaje, ¿no?  ¿Y me creerían si les digo que a la fecha en la que escribo esta entrada (¡32 semanas después!), el lugar sigue igual que como lo retraté entonces?*

Pero volviendo al tema, a la fecha en la que escribo hará un par de semanas que comenzó una obra de demolición de la estructura principal del Oso Blanco.  Tanto la demolición como el propósito de la misma han estado escondidos bajo un manto de silencio y secreto.  Como si cualquiera que fuese el propósito de “la misión” corriera peligro si el público supiera el porqué de la misma.

Y ese manto de secreto no le ha caído bien a mucha gente, por ejemplo, a los arquitectos profesionales licenciados y colegiados.  Porque no se ha querido dar explicaciones en público.  Porque no ha habido ni la cortesía de explicar por qué un edificio que—queramos o no—cumplió una función importante para la sociedad puertorriqueña, al alojar a quienes fueron encontrados culpables de transgredir las normas de esa misma sociedad (por las razones que fueran), debe ser borrado de la faz de la tierra.  Como si fuera un borrón que afea el paisaje urbano y debe ser eliminado.  Como si la sola presencia de la estructura fuera tan amenazante como los más violentos de sus huéspedes—aquéllos que no mostraron arrepentimiento por sus transgresiones ni voluntad para rehabilitarse (y ésa es la realidad, nos guste como sociedad o no).  Como si ese complejo de edificios anidado entre urbanizaciones, carreteras y otros desarrollos no mostrara arrepentimiento por haber almacenado a esa parte del género humano que—seamos honestos y admitámoslo—nadie desea volver a ver por ahí.

Tal vez sea que alguna de esa misma gente que repudia esa fealdad no tiene la capacidad para ver la belleza en la fachada de la institución, con la que por lo menos se mantenía una semblanza de algo estético dentro de todo lo tétrico.  Fachada adornada con un mensaje noble—para quien quiera recibir y asimilar ese mensaje: “Odia el delito y compadece al delincuente”.

Pero a riesgo de exagerar un poco, a much@s de nosotros el asunto huele más que nada a especulación.  A un afán de especular con el valor económico de un terreno, irónicamente, en un momento de crisis económica.  Y esa especulación requiere que el terreno esté “limpio” de obstáculos, libre de cualquier impedimento que disminuya su valor en un apetecible mercado inmobiliario.

A mí, con toda franqueza, no me sorprendería si ésa es la razón para tanto misterio, para tanta urgencia de demoler el Oso Blanco, sin darle explicaciones a nadie, sin que haya una transparencia en los procesos que llevaron a determinar que se procediera de esta manera.  Y en eso, las administraciones políticas puertorriqueñas, del partido que sea (PPD o PNP), no son muy diferentes, le guste a quien le guste.

Pero es así como se hacen las cosas en este país.  Por satisfacer el afán de lucro se trata de borrar la historia de un plumazo.  Como si eso borrara un pasado nefasto.  Como si eso fuera “por nuestro bien”—aunque quién sabe cuántas maldades se esconden detrás de ese pretendido bien.  Porque ese pretendido bien es lo único que a nosotr@s nos tiene que importar.  Eso, y ninguna otra cosa.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.


* NOTA PARA REÍRNOS UN POCO: ¿También me creerían si les digo que la de los 2 postes mal ubicados es una de las 2 fotos más populares de las que tengo colocadas en mi cuenta de Instagram?  Debe ser porque tiene características de un clásico y miserable “FAIL!”, al que sólo falta escribirle el “meme”.  Es más, tengo una idea: si fracasa todo el proyecto en medio de una economía tan pésima como la actual, me gustaría proponer este lugar como la sede del nuevo evento olímpico de… redoble de tambores, por favor… ¡SLALOM DE CARRETERA! Thumbs upThumbs down 

La otra foto es la de mi reciente primer experimento culinario—o sea, como cocinero, no sean malpensados—friendo sorullos de maíz (y si alguno de mis lectores fuera de Puerto Rico no recuerda lo que son los sorullos de maíz, lo refiero a la segunda nota al final de una entrada anterior en este blog)…

Mi primera experiencia culinaria cocinando sorullos.

Digo, para ser mi primera vez (friendo sorullos, que conste) no estuvo tan mal.  Lo interesante es que esta foto parece ser la sensación entre muchas de las chicas que me siguen en Instagram… y uno que otro “chico” que me sigue también.  Eye rolling smile  Pero bueno, siempre y cuando en los comentarios yo no vaya a encontrar algo así como… Embarrassed smile … esteeeeeeeeee…

“¡Ay, papi!  ¡Qué rico tu sorullo!  ¡Rico rico rrri-cooooo!  ¡A que te lo como todito!  Red lips

… esteeeeeeeeee… ¡estaremos muy bien!


ACTUALIZACIÓN (27 DE MAYO DE 2014): Yo creo que les debo la foto de lo que mencioné al comienzo de la entrada:

Vista del Oso Blanco (hacia el centro, a la izquierda) desde el Edificio de Agencias Ambientales, Río Piedras, Puerto Rico). (c) 2014 Luis Daniel Beltrán Burgos. Derechos reservados.

En esta vista, el Oso Blanco queda detrás de la vía y la estación de Cupey del Tren Urbano.  Me imagino que si los intereses detrás de la demolición de la estructura se salen con la suya, el paisaje se verá muy diferente a como se veía esta mañana cuando tomé la foto.


ACTUALIZACIÓN (11 DE JUNIO DE 2014):

El Oso Blanco, o lo que queda del mismo, al 11 de junio de 2014.

Además de mostrar la necesidad de que vengan los de mantenimiento y le den una buena limpieza al ventanal del edificio donde yo trabajo… Annoyed … la foto muestra por dónde va la demolición del Oso Blanco.  Para que la comparen con la foto anterior y lleguen a sus propias conclusiones.


LDB

Las cartas sobre la mesa

Amigas y amigos, mi gente: Sé que no me estoy dejando ver mucho por aquí en estos días.  Para ser honesto con ustedes, los meses que han pasado desde fin de año 2013 han sido un tanto difíciles debido a una situación familiar que estoy ayudando a atender.  Pero eso no significa que no haya habido cosas que llamaran mi atención durante estas semanas—si las 2 entradas que vienen antes de ésta son una muestra.

Aun así, he aquí algo que llevo varias semanas por tratar de sacar un momento para comentarlo.  Es la idea que el gobierno de Puerto Rico ha lanzado en las últimas semanas, de convocar a lo que llama la “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento”.

Y esa mesa, ¿es de queso y se come con melao?  Según lo presenta su sitio ‘web’ (cuya dirección a la fecha en que escribo esto—y puede ser que el enlace no esté activo después de abril de 2014—es o era: http://mesadeaccion.pr.gov/) el propósito de esa iniciativa es el siguiente (énfasis añadido—con toda intención, como siempre):

“La Mesa de Acción está formada por 24 ciudadanos de diferentes sectores de nuestra sociedad con la encomienda de atender 4 áreas para adelantar nuestro crecimiento y competitividad como país: la baja tasa de participación laboral, la fuga de talento joven, el envejecimiento de la población y la economía subterránea.

“Las recomendaciones que surjan de esta iniciativa formarán parte del Plan de Recuperación que presentará el gobernador en su Mensaje de Estado de Situación en las próximas semanas y estará complementado con acciones en el plano fiscal, gubernamental y de desarrollo económico.  El conjunto de estas estrategias deberá conducir al país hacia el objetivo de tener un gobierno eficiente y fiscalmente responsable, que a la vez propenda a un crecimiento económico sostenible y a una mejor calidad de vida para todos los puertorriqueños.

Suena bastante bonito.  Y no dudo de que haya una intención noble de atender esas áreas de desarrollo económico y competitividad para lograr los objetivos que se persiguen.  Más aún, no dudo que una iniciativa como ésta debe atraer todas las ideas posibles (y si posible, las mejores) para atender estas situaciones—al punto de que cuando visité esa página el 30 de marzo de 2014, había unas 108 propuestas sometidas (en las 4 categorías que se mencionan en la cita arriba), aunque no parece que ninguna de ellas había sido evaluada (o sea, en status de “revisión”) a esa fecha.

Pero como siempre, tiene que haber un “pero”.  O varios “peros”.  Principalmente en lo que se refiere a las 4 áreas en las que ese grupo busca propuestas.  Máxime cuando las mismas son el resultado de situaciones que no se atendieron o se dejaron de atender—o tal vez no se tuvo la entereza y valentía de atender—durante 3 ó 4 décadas en Puerto Rico.  De hecho, muchos de los comentarios que he leído en la prensa desde que se dio esta noticia indican que las 4 áreas a las que se pretende enfatizar no son sino los síntomas de males aún mayores, males que requieren algo más que simplemente proponer ideas—aun cuando las mismas se presenten con la mejor intención.

Por ejemplo, ¿cómo se van a atender seriamente y de raíz las desigualdades económicas y sociales que causan que muchos de nuestros mejores muchachos y muchachas se pierdan en la delincuencia, o que quienes pueden alejarse de ese tipo de vida también se quieran alejar de su patria, de la tierra que les vio nacer, porque en su propio terruño no les dan la oportunidad de aportar su talento y tienen que emigrar a otras tierras?  ¿Y dónde está el apoyo y el respeto a quienes se quedan, especialmente a una población de “la tercera edad” que hace tiempo está empujando los límites de su longevidad?

Por la manera en la que veo estas cosas, no estoy muy seguro de que los gobiernos de la actualidad de crisis—y como yo siempre digo, sean del PNP o del PPD, ambos son la misma cosa en lo que a eso respecta (y eso también lo vimos aquí y aquí en este blog)—estén suficientemente capacitados para enfrentar estas situaciones, porque no demuestran la capacidad para enfrentarlas seriamente y buscar soluciones que trasciendan la política partidista y el figureo de los políticos ante sus fanáticos.  Basta con ver que ni siquiera dentro de un mismo bando (PPD) hay acuerdo—y tampoco me parece ver que haya voluntad para lograrlo—para diseñar e implantar una reforma en la producción de energía eléctrica que deshaga el esquema de enriquecimiento con el que unos pocos defraudan a todo un pueblo consumidor y baje el costo de ese servicio esencial a un nivel aceptable.

Lo cual no significa que la gente deje de hacer un esfuerzo sincero para proponer ideas que ayuden a todo el colectivo a resolver sus problemas, como lo he mencionado en este blog una vez y otra vez y otra más.  Pero nuevamente me sale otro “pero” (énfasis en el original):

“(C)iertamente, no ha habido la voluntad para acoger muchas de las soluciones razonadas, discutidas sensatamente, nutridas con la buena voluntad y el deseo de sus proponentes, con el interés de sacar al país de la crisis económica, social, medioambiental, de salud y seguridad pública, en la que ha estado sumido durante años, y que no es privativa de partido político—se llame PNP, PPD o PIP—o líder alguno.

“Por el contrario, lo que se ve en estos días es una tendencia a dejar de lado mucha de esta sabiduría de pueblo, a sustituir la idea sensata y justamente formada por la burda acción que favorece un punto de vista político particular.  A sustituir el mayor bien posible por el bien de algunos, particularmente de quienes son afines a la ideología dominante de turno.  Y en ese proceso, se olvidan de las consecuencias, tal vez porque no saben manejarlas (¿no estaré siendo yo demasiado benévolo?), o no pueden manejarlas, o no les interesa manejarlas, o les importa un pepino angolo lo que pase por no manejarlas.  Total, el que venga atrás… ¡arrégleselas como pueda!

“Y no hace falta entrar en lo que sucede cuando ‘el que viene atrás’ tiene que enfrentar las consecuencias de las acciones de otros—o la falta de las mismas.  Las estamos viendo en los periódicos, las estamos escuchando cada mañana por la radio, las estamos viendo en la televisión al atardecer, en todo su ‘glorioso’ detalle.”

Habrá que esperar a ver lo que resulte de la gestión de la “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento”, aun cuando yo, en lo personal, no estoy muy convencido de que se haga caso de alguna de las 108 propuestas sometidas hasta el día en que escribo esto.  Tal vez será que este ejercicio resulte ser apariencia, una ilusión de que se quiere hacer algo por rescatar a un país del borde de un abismo, al que no fue necesariamente de muy buena gana.

Y vamos a dejarlo ahí…


No, todavía no.  Porque no puedo ni debo pasar por alto el bochornoso incidente de hace unos días, en el que se reveló la existencia del vídeo de un acto íntimo entre 2 oficiales de la Policía de Puerto Rico, dama y caballero (para que no se me equivoque nadie).  Dentro de una instalación oficial (que al día en que escribo se dice que fue en una de las facilidades anexas a “La Fortaleza”, el palacio de gobierno de Puerto Rico).  En tiempo oficial.  Con ambas personas vistiendo el honroso uniforme de la Policía de Puerto Rico—uniforme que tras esta acción, se habrá visto bastante manchado (y por favor, no tomen el comentario más allá del sentido simbólico en el que lo hago).

Francamente, ¿en qué estaban pensando ambos agentes del orden público?  (Y por favor, no empecemos a filosofar sobre la diferencia que hace la letra L en esa palabrita, ¿OK?)  Tal vez no les importó utilizar una facilidad gubernamental para su “sesión privada”, en lugar de ir a algún lugar más alejado donde pudieran dar rienda suelta a su pasión.  Tal vez no importó que—si es como se ha dicho—el hecho se hiciera en tiempo oficial, cuando compete atender la protección y la seguridad de los ciudadanos, ante una ola delictiva que se hace cada día más grave.  Peor aún, tal vez no les importó usar la vestimenta oficial de la Policía, la misma que se supone que se lleve como un símbolo de confianza, autoridad y respeto.

Y ciertamente, respeto fue lo menos que hubo por todas esas cosas.

Que nadie se sorprenda de que algunas personas no respeten a la misma Policía.  Si dentro de sus filas no hay respeto propio, ¿cómo puede pedírsele al resto de nosotros que respetemos a la Policía?

¡Simplemente, vergonzoso!


OK, ahora sí, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB