Las cartas sobre la mesa

Amigas y amigos, mi gente: Sé que no me estoy dejando ver mucho por aquí en estos días.  Para ser honesto con ustedes, los meses que han pasado desde fin de año 2013 han sido un tanto difíciles debido a una situación familiar que estoy ayudando a atender.  Pero eso no significa que no haya habido cosas que llamaran mi atención durante estas semanas—si las 2 entradas que vienen antes de ésta son una muestra.

Aun así, he aquí algo que llevo varias semanas por tratar de sacar un momento para comentarlo.  Es la idea que el gobierno de Puerto Rico ha lanzado en las últimas semanas, de convocar a lo que llama la “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento”.

Y esa mesa, ¿es de queso y se come con melao?  Según lo presenta su sitio ‘web’ (cuya dirección a la fecha en que escribo esto—y puede ser que el enlace no esté activo después de abril de 2014—es o era: http://mesadeaccion.pr.gov/) el propósito de esa iniciativa es el siguiente (énfasis añadido—con toda intención, como siempre):

“La Mesa de Acción está formada por 24 ciudadanos de diferentes sectores de nuestra sociedad con la encomienda de atender 4 áreas para adelantar nuestro crecimiento y competitividad como país: la baja tasa de participación laboral, la fuga de talento joven, el envejecimiento de la población y la economía subterránea.

“Las recomendaciones que surjan de esta iniciativa formarán parte del Plan de Recuperación que presentará el gobernador en su Mensaje de Estado de Situación en las próximas semanas y estará complementado con acciones en el plano fiscal, gubernamental y de desarrollo económico.  El conjunto de estas estrategias deberá conducir al país hacia el objetivo de tener un gobierno eficiente y fiscalmente responsable, que a la vez propenda a un crecimiento económico sostenible y a una mejor calidad de vida para todos los puertorriqueños.

Suena bastante bonito.  Y no dudo de que haya una intención noble de atender esas áreas de desarrollo económico y competitividad para lograr los objetivos que se persiguen.  Más aún, no dudo que una iniciativa como ésta debe atraer todas las ideas posibles (y si posible, las mejores) para atender estas situaciones—al punto de que cuando visité esa página el 30 de marzo de 2014, había unas 108 propuestas sometidas (en las 4 categorías que se mencionan en la cita arriba), aunque no parece que ninguna de ellas había sido evaluada (o sea, en status de “revisión”) a esa fecha.

Pero como siempre, tiene que haber un “pero”.  O varios “peros”.  Principalmente en lo que se refiere a las 4 áreas en las que ese grupo busca propuestas.  Máxime cuando las mismas son el resultado de situaciones que no se atendieron o se dejaron de atender—o tal vez no se tuvo la entereza y valentía de atender—durante 3 ó 4 décadas en Puerto Rico.  De hecho, muchos de los comentarios que he leído en la prensa desde que se dio esta noticia indican que las 4 áreas a las que se pretende enfatizar no son sino los síntomas de males aún mayores, males que requieren algo más que simplemente proponer ideas—aun cuando las mismas se presenten con la mejor intención.

Por ejemplo, ¿cómo se van a atender seriamente y de raíz las desigualdades económicas y sociales que causan que muchos de nuestros mejores muchachos y muchachas se pierdan en la delincuencia, o que quienes pueden alejarse de ese tipo de vida también se quieran alejar de su patria, de la tierra que les vio nacer, porque en su propio terruño no les dan la oportunidad de aportar su talento y tienen que emigrar a otras tierras?  ¿Y dónde está el apoyo y el respeto a quienes se quedan, especialmente a una población de “la tercera edad” que hace tiempo está empujando los límites de su longevidad?

Por la manera en la que veo estas cosas, no estoy muy seguro de que los gobiernos de la actualidad de crisis—y como yo siempre digo, sean del PNP o del PPD, ambos son la misma cosa en lo que a eso respecta (y eso también lo vimos aquí y aquí en este blog)—estén suficientemente capacitados para enfrentar estas situaciones, porque no demuestran la capacidad para enfrentarlas seriamente y buscar soluciones que trasciendan la política partidista y el figureo de los políticos ante sus fanáticos.  Basta con ver que ni siquiera dentro de un mismo bando (PPD) hay acuerdo—y tampoco me parece ver que haya voluntad para lograrlo—para diseñar e implantar una reforma en la producción de energía eléctrica que deshaga el esquema de enriquecimiento con el que unos pocos defraudan a todo un pueblo consumidor y baje el costo de ese servicio esencial a un nivel aceptable.

Lo cual no significa que la gente deje de hacer un esfuerzo sincero para proponer ideas que ayuden a todo el colectivo a resolver sus problemas, como lo he mencionado en este blog una vez y otra vez y otra más.  Pero nuevamente me sale otro “pero” (énfasis en el original):

“(C)iertamente, no ha habido la voluntad para acoger muchas de las soluciones razonadas, discutidas sensatamente, nutridas con la buena voluntad y el deseo de sus proponentes, con el interés de sacar al país de la crisis económica, social, medioambiental, de salud y seguridad pública, en la que ha estado sumido durante años, y que no es privativa de partido político—se llame PNP, PPD o PIP—o líder alguno.

“Por el contrario, lo que se ve en estos días es una tendencia a dejar de lado mucha de esta sabiduría de pueblo, a sustituir la idea sensata y justamente formada por la burda acción que favorece un punto de vista político particular.  A sustituir el mayor bien posible por el bien de algunos, particularmente de quienes son afines a la ideología dominante de turno.  Y en ese proceso, se olvidan de las consecuencias, tal vez porque no saben manejarlas (¿no estaré siendo yo demasiado benévolo?), o no pueden manejarlas, o no les interesa manejarlas, o les importa un pepino angolo lo que pase por no manejarlas.  Total, el que venga atrás… ¡arrégleselas como pueda!

“Y no hace falta entrar en lo que sucede cuando ‘el que viene atrás’ tiene que enfrentar las consecuencias de las acciones de otros—o la falta de las mismas.  Las estamos viendo en los periódicos, las estamos escuchando cada mañana por la radio, las estamos viendo en la televisión al atardecer, en todo su ‘glorioso’ detalle.”

Habrá que esperar a ver lo que resulte de la gestión de la “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento”, aun cuando yo, en lo personal, no estoy muy convencido de que se haga caso de alguna de las 108 propuestas sometidas hasta el día en que escribo esto.  Tal vez será que este ejercicio resulte ser apariencia, una ilusión de que se quiere hacer algo por rescatar a un país del borde de un abismo, al que no fue necesariamente de muy buena gana.

Y vamos a dejarlo ahí…


No, todavía no.  Porque no puedo ni debo pasar por alto el bochornoso incidente de hace unos días, en el que se reveló la existencia del vídeo de un acto íntimo entre 2 oficiales de la Policía de Puerto Rico, dama y caballero (para que no se me equivoque nadie).  Dentro de una instalación oficial (que al día en que escribo se dice que fue en una de las facilidades anexas a “La Fortaleza”, el palacio de gobierno de Puerto Rico).  En tiempo oficial.  Con ambas personas vistiendo el honroso uniforme de la Policía de Puerto Rico—uniforme que tras esta acción, se habrá visto bastante manchado (y por favor, no tomen el comentario más allá del sentido simbólico en el que lo hago).

Francamente, ¿en qué estaban pensando ambos agentes del orden público?  (Y por favor, no empecemos a filosofar sobre la diferencia que hace la letra L en esa palabrita, ¿OK?)  Tal vez no les importó utilizar una facilidad gubernamental para su “sesión privada”, en lugar de ir a algún lugar más alejado donde pudieran dar rienda suelta a su pasión.  Tal vez no importó que—si es como se ha dicho—el hecho se hiciera en tiempo oficial, cuando compete atender la protección y la seguridad de los ciudadanos, ante una ola delictiva que se hace cada día más grave.  Peor aún, tal vez no les importó usar la vestimenta oficial de la Policía, la misma que se supone que se lleve como un símbolo de confianza, autoridad y respeto.

Y ciertamente, respeto fue lo menos que hubo por todas esas cosas.

Que nadie se sorprenda de que algunas personas no respeten a la misma Policía.  Si dentro de sus filas no hay respeto propio, ¿cómo puede pedírsele al resto de nosotros que respetemos a la Policía?

¡Simplemente, vergonzoso!


OK, ahora sí, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

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Bill Gates critica la forma en que Estados Unidos se relaciona con Puerto Rico

La verdad, amigas y amigos, mi gente, es que esto me ha dejado boquiabierto.  Cuando una persona de la relevancia de quien nos ha permitido llegar hasta aquí, gracias a algunos de los productos que ha fabricado—con perdón de aquéll@s de ustedes que son fanátic@s de las Macs—, hace una expresión como ésa, algo tiene que estar terriblemente mal con el modelo económico y de gobierno por el cual llevan rigiéndose nuestras vidas desde 1898.

Ahora, a ver qué opinan sobre esto quienes tienen la sartén por el mango—y como decía Alberto Cortés, el mango también—en Puerto Rico.

“Bill Gates, el hombre más rico del mundo, considera que el modo en que Estados Unidos gestiona su relación con Puerto Rico supone un mal ejemplo ante la comunidad internacional….
“ ‘Cuando hacemos las cosas bien como país, de ello se beneficia el mundo entero’, explica Gates, quien añade que ‘los gobernantes del resto del mundo no copian todo lo que hacemos’, entre otros motivos porque ‘ven algunas cosas que hacemos, como el modo en que administramos nuestro servicio postal o Puerto Rico, que simplemente está mal’.”
Bill Gates critica la forma en que Estados Unidos se relaciona con Puerto Rico, por Lino Solís de Ovando, América Economía, Sat, 15 Mar 2014 19:09:41 GMT

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Fue muy fácil entrar… y ahora, ¿cómo vamos a salir?

Nos dijeron que esto iba a ocurrir, ¿no es así?  Nos advirtieron que décadas de prácticas ineficaces para el manejo de las finanzas públicas nos iban a llevar a esto, ¿no es así?  Nos dijeron que si no corregíamos nuestras prácticas financieras a tiempo, el dictamen iba a ser sumamente negativo, ¿no es así?

Sí, nos lo dijeron, y aun así no quisimos hacer caso.  Quisimos quedarnos dormidos, bajo la anestesia de las mentiras oficiales.  Quisimos dejarnos engañar por quienes nos decían que estábamos “en las papas”, que las cosas se podían resolver sacrificando el tesoro que le estábamos legando a las generaciones que vendrán después de las nuestras.

Y ahora, ¿qué hacemos?  ¿Qué podemos hacer cuando 2 de las 3 casas acreditadoras de bonos de la calle Wall neoyorquina—Standard & Poor’s y Moody’s (que de todos modos, no son santos de la devoción de algunos gobiernos en el mundo, como el de Argentina, por citar un ejemplo)—nos dicen que las deudas obligaciones del gobierno puertorriqueño son riesgosas, que están al nivel de la chatarra (“junk”)?

Exactamente eso: chatarra… cha-ta-rraCHA-TA-RRA.

(A todo esto, imagino que “Chatarra” debe ser un nivel un poco más arriba de “Mierda”, tal vez un poco más benévolo… ¡pero yo qué sé de esas cosas! Smile with tongue out )

Pero la cosa es que—en la misma semana en que uno de los hijos del privilegio, alguien que creyó que por ser “el nene del juez federal” se salvaría de ser declarado culpable del asesinato de su esposa (efectuado con una semiautomática más “poco común” que el revólver de Paladín), fue sentenciado a pasar el resto de su vida en otro mundo al que no estaba acostumbrado—llegó la hora que muchas personas veían venir y de la que se venía advirtiendo por años de años.  Llegó la hora en la que se nos diría en la cara que nuestros compromisos no valen ni lo que cuesta la hoja (o cuartilla, como le llaman en otros países hispanoparlantes) de papel sobre los cuales están impresos—con todo y ese papel ser de materiales finísimos y carísimos y con cuanta marca de agua, hilos microscópicos y medidas de seguridad para evitar el fraude.  Como decir que para las casas americanas acreditadoras de deuda, nuestros compromisos no valen gran cosa, tal vez hasta menos que un pedazo de papel higiénico… ¡del que ya está usado!

(Lo anterior, dicho con todo el respeto que merecen los fabricantes de papel higiénico, desde el más acolchonado para esa sensación angelical de suavidad en su… esteeeeeeeeee… ustedes saben dónde, Embarrassed smile , hasta las marcas baratas que al final se sienten como si fueran papel de lija.  Y ésa es la áspera realidad [chiste intencional]… pero mejor volvamos al tema.)

Y ahora, ¿qué hacemos?  ¿Ponernos a negar que tod@s tuvimos arte y parte, como han hecho—muy a pesar de la evidencia que los refuta—varios de los gobernadores del PPD y el PNP bajo los cuales se inició la crisis actual y se dejó que evolucionara como un tumor que se extendió cada vez más si detenerse?  ¿Tratar de ir “saliendo de la gatera” (como lo dicen quienes se juegan hasta los calzoncillos apostando a las patas de los caballos en el hipódromo) como los agoreros que hoy vienen a decirnos, “¡yo se los dije, las cosas se estaban poniendo malas y miren lo que pasó!” y entonces aparecer como los que vienen a “salvar el mundo”… si les dan el voto en un par de años más?  Cualquiera puede tener una visión 20/20 retrospectiva (o para que lo entiendan ciertas personas, “20/20 hindsight”) y hacer ese tipo de reclamo.  ¿O tal vez insultar a quienes sin tener que ver nada con el quehacer político boricua asumen la responsabilidad de alertarnos sobre los peligros de caer en un abismo a causa de nuestra propia irresponsabilidad?

(Si alguien tiene alguna duda, pregúntele a la periodista estadounidense de economía y finanzas, Cate Long [Twitter: @cate_long], que bastante tuvo que aguantarle a ciertos críticos de derecha—y uno que otro de centro—cuando quiso hacer un paralelismo entre los problemas económicos de Puerto Rico con la crisis pública que ya se estaba desatando en Grecia.  Y ya eso es demasiado decir.)

O mejor que todo eso, ¿dejaremos de dividirnos en bandos o tribus, cada cual buscando su propia conveniencia por el lado, y nos unimos para manejar esta crisis y salir de ella?  En un comentario que hice a la entrada, “Es muy fácil entrar… ¡lo difícil es salir!”, mencioné algunas sugerencias que el Centro para la Nueva Economía (CNE) estaba proponiendo, de esas medidas que nunca pierden su vigencia:

“Ahora bien, lo que yo me pregunto es cuán aceptables serán para nuestros ‘líderes’ políticos y gubernamentales las medidas que grupos como el CNE proponen para remediar este problema.  Algunas de las ideas del CNE que me atraen incluyen la simplificación del sistema contributivo, la imposición de penalidades por actividades nocivas al medio ambiente (a lo mejor una medida así nos facilitaría grandemente la tarea a quienes hacemos trabajo ambiental), exigir que cualquier gasto gubernamental requiera una fuente de repago (algo tan justo como cuando a mí se me pide que demuestre mi capacidad para repagar el préstamo que estoy solicitando) y que cada agencia se vea obligada a justificar los fondos que se le asignan (quién sabe y a lo mejor esto último ocasiona que muchas de las agencias del gobierno de Puerto Rico—¿he mencionado nombres yoooooooooo?—se evalúen a fondo y se vean en la necesidad de eliminar funciones innecesarias y asignar los recursos asociados a dichas funciones a aquellas áreas en las que pueden ser más productivos… ¡y yo sé de qué estoy hablando!).

Pero como siempre, tiene que haber un “pero”:

“Total, es cuestión de voluntad y del interés que los ‘líderes’ puedan tener en enfrentar esta fuerte situación económica y retomar el camino hacia una vida mejor para las generaciones puertorriqueñas de hoy y del mañana.  Lo único malo de esto es que tal vez estoy pidiendo demasiado…”

Y casi 5½ años después, sigo pidiendo demasiado.

Es más, vámonos un momento al texto principal de la misma entrada (editado):

“A mí, francamente, cosas como ésta son para preocuparme.  A mi entender, son el resultado de muchos factores, entre los que se destaca la irresponsabilidad en la toma de decisiones fiscales.  Y esa irresponsabilidad no es del día de hoy, sino que viene de muchos años de no afrontar los problemas económicos mediante la toma de decisiones valientes, sabias y sólidas.  Y si vamos a hablar de irresponsabilidad fiscal, recurrir a ingresos no recurrentes o a fuentes volátiles de ingresos (por ejemplo, un préstamo) para tratar de aliviar una crisis de la magnitud de la que existe en las finanzas del gobierno de Puerto Rico, a mí me parece el epítome (palabra ‘de domingo’) de la irresponsabilidad fiscal, en tanto la situación original no se atiende y se siguen acumulando los problemas.

“¿Y quién es el que siempre acaba pagando los platos rotos?  No son precisamente los que nos metieron en el lío para empezar.  Ésos tienen su ganancia asegurada, mientras que al resto de nosotros nos toca salvarles de la ruina.  (¿No será eso lo que en una columna de opinión que leí [una semana antes de escribir la entrada citada] en El Nuevo Día llamaban, ‘privatización de la ganancia, socialización de la deuda’?)”

Así que por qué será que no me sorprende que aquellos polvos que se han estado regando por muchos años nos han traído los lodos de hoy en día.  Y por supuesto, siempre hay—y habrá—quien pague los platos rotos.

Así que ahora habrá que ver cómo se pagan esos platos rotos.  Los mismos que acabamos rompiendo después de tantas advertencias.  Ahora habrá que ver cómo salimos del mismo problema en el que nos metieron metimos tan fácilmente.  Y me temo que el esfuerzo será intenso y que la lucha por salir será larga y dolorosa.  Pero ya no hay más remedio.  La lucha por salir del hoyo debe comenzar ahora.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

NYTimes: Economy and Crime Spur New Puerto Rican Exodus

NYTimes: Economy and Crime Spur New Puerto Rican Exodus
http://nyti.ms/1aHmGNS

Amigas y amigos, mi gente, esto fue publicado el 8 de febrero de 2014 por el New York Times, y el cuadro que se pinta no es muy halagador que digamos.  Una economía arruinada por la incompetencia oficial, una ola de violencia a la que parece que no dan ganas de detener (si no es que hay apariencia de complicidad), una emigración de la gente más productiva hacia los Estados Unidos (principalmente), en busca de “una mejor calidad de vida” que no pueden tener en su propio terruño…

Pero ésa, nos guste o no, es nuestra realidad.  Y hoy en día, estamos viendo las consecuencias.  Ahora queda ver cómo lo ven, allá en “los niuyores”.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Y sobre todo, mucho ánimo, que la lucha apenas comienza.

LDB

¿Mugir o embestir?

“¡Ah desgraciado si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece
y como el germen enterrado: late.

“Resurge, alienta, grita, anda, combate,
vibra, ondula, retruena, resplandece…
Haz como el río con la lluvia: ¡Crece!
Y como el mar contra la roca: ¡Bate!

“De la tormenta al iracundo empuje,
no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.

“¡Levántate! ¡Revuélvete! ¡Resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡Muge!
O como el toro que no muge: ¡Embiste! ”

José de Diego (1866–1918), En la Brecha

En Puerto Rico, los últimos meses de 2013 y el inicio de 2014 han sido objeto de una disyuntiva, ocasionada por las medidas que toman quienes tienen la sartén por el mango—y como decía Alberto Cortez, “el mango también”—cuando dicen darse cuenta, temprano en el proceso, de que el mismo oro con el que pavimentaron las calles de la ilusión se ha hecho inasequible.  Medidas que responden a la Regla de Oro del nuevo milenio: “El que tiene el oro, es el que hace las reglas.

Medidas que son la principal consecuencia de años y años de despilfarros, de malos manejos fiscales que se quisieron subsanar con dinero “prestado” por las generaciones futuras, y que se pretenden borrar tan “de golpe y porrazo” como sea posible.  Y ello a costa, no de quienes se hicieron con el botín, sino de quienes hicieron su aporte honesto, sus sacrificios más fuertes para poder poner en marcha un país, sólo para ver como se les “castiga” esa lealtad.

Es más, no hace falta decir que ya pasamos por este mismo camino antes.  Y no puedo decir que los signos no estuvieran visibles, aun para los más ciegos entre nosotros, y que no se hicieron las debidas advertencias.  Como lo escribí alguna vez en este blog:

“A mí me parece que muchas de estas recomendaciones… son innecesarias o resultarían muy onerosas para la gente común y corriente, la gente que está en la calle tratando de sobrevivir de día en día y de cheque de pago en cheque de pago….

[…]

“En fin… a mí me parece que la medicina que nos espera sí que va a ser difícil de tragar para un pueblo que ya está saturado con sus problemas de todos los días.  Cómo pueda cada uno de nosotros asimilar esa medicina es lo que determinará si las recomendaciones (porque… ‘sólo son recomendaciones’) propuestas… surten algún efecto… pero no me quiero hacer muchas ilusiones sobre ello.”

Ni entonces, ni ahora, quiero hacerme ilusiones de que el efecto de las “recomendaciones” para solucionar la crisis del fisco sea positivo.  Sobre todo, a juzgar por lo que se está viendo últimamente.  Y lo que se está viendo no es muy agradable que digamos.  Particularmente cuando la tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando “las Navidades más largas del mundo”.  (¿En ese “duérmete, nene” es que nos tienen?)  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o “bonistas”—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo “por su bien”.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.

Entonces, como lo planteé en la entrada que cito arriba, ¿cómo puede cada uno de nosotros asimilar esa medicina que nunca deseó tomar?

Por lo menos, el colectivo de l@s maestr@s del sistema público de enseñanza, cuyo sistema de retiro independiente del de los demás servidores públicos—con la excepción que mencionaré en breve—se ha visto amenazado con esas nuevas leyes aprobadas “de noche, con gran cautela”, encontró que mugir como el toro acorralado del poema de de Diego no lo llevará a ninguna parte.  Ese colectivo decidió embestir.  Y luego de que no se le hiciera caso en principio, llevó su protesta al palacio boricua de las leyes—el mismo recinto cuyos ocupantes rojos, azules y verdes han hecho desmerecer su prestigio.  Y aunque algun@ de l@s agraviad@s se fuera a extremos objetables—como el de un maestro cuyo acto de orinar en uno de los escaños ha desatado un debate filosófico sobre dónde cayó el chorro (si en la silla del legislador o en el escritorio) y sobre el rango jerárquico de la “víctima” del aparente intento de “orinicidio” (¡hay que ver en lo que perdemos el tiempo en este país!), o el maestro que en su empeño por entrar a una oficina legislativa destruyó una costosísima puerta de vidrio (como diría cierta politóloga sata, “güey tu gou!”)—, no es menos cierto que estaba haciendo sentir su molestia por el agravio cometido en su contra.

Porque eso fue lo que ocurrió: l@s maestr@s fueron objeto de un agravio.  Y en lugar de sólo mugir acorralados, es@s maestr@s estaban en plena embestida, exigiendo la reparación de ese agravio.  Un agravio que podría tener repercusiones, pero a eso quiero ir más abajo en la entrada.

Hasta aquí todo estaría bien, de no ser porque hay otros que están tratando de embestir contra lo que consideran como un agravio: los miembros de la rama judicial de gobierno, cuyo sistema de retiro también es independiente del de los empleados públicos y del de los maestros.  Contra los jueces y las juezas se cierne también el espectro de leyes de reforma a su sistema de retiro, también para tapar el mismo agujero que se pretende tapar con la reforma al sistema de retiro de l@s maestr@s.  Porque parece que eso es lo único que saben hacer las autoridades en una crisis como ésta: tapar agujeros.*  Y aunque no tan militantes como l@s maestr@s, los jueces y las juezas han mostrado oposición a esas medidas, aunque tal vez los motivos no parezcan ser igual de nobles, especialmente cuando equiparan la independencia judicial a su sueldo.  Sobre todo porque cuando se retiran, se les garantiza un 100% del salario más alto percibido—que no es lo mismo que para l@s maestr@s y otros servidores públicos, a los cuales lo más que se les garantizaba hasta no hace mucho era un 75% del promedio de los tres salarios más altos.  (Y para colmo, para quienes nos retiremos del servicio público en un futuro no muy lejano, esa proporción será aún más baja [dicen que hasta de 38%].  ¡Qué mal nos va! Crying face )

Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.

Y ya que no cerré adecuadamente el 2013 en este blog—por lo que les pido las debidas disculpas—, vamos a hacer algo mucho mejor: ¡vamos a dejar el comienzo de 2014 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Y ya que estamos hablando de tapar agujeros, he aquí algo del baúl de los recuerdos… ¿o era “de los recuerdos del baúl”?  ¡Qué sé yo!  Smile with tongue out

"Francamente, para mí… es como tratar de reparar una represa colocando un dedo en la grieta por donde se está colando el agua….

[…]

“Por cierto, me viene a la mente la leyenda del niño holandés—unas versiones lo llaman ‘Peter’, otras versiones lo llaman ‘Hans Brinker’—que salvó a su poblado de verse inundado, al ser el primero en percatarse de que el agua del océano se estaba colando por una grieta en un dique y tapar dicha grieta con un dedo…  Si eso hubiese ocurrido en Puerto Rico, probablemente la prensa estaría a su alrededor tratando de matarlo a preguntas, y hasta habría manifestaciones de ‘apoyo’ y ‘solidaridad’ de los radicales en el movimiento ambiental local (y ellos saben quiénes son)…  ¡Y tal vez hasta el propio gobierno le requeriría al pobre muchachito preparar una declaración de impacto ambiental por tan sólo estar poniendo el dedo en la grieta!  ¡Quién entiende esto!”

De una vez, aprovecho para corregir la omisión de no haber hecho referencia a alguna de las fuentes de esa leyenda.  Afortunadamente, encontré la fuente que les dejo a continuación (en inglés), en la que se aclara quién era realmente Hans Brinker y quién era Peter, y que este último fue el verdadero héroe que salvó la ciudad de Haarlem, Holanda.

The Boy who Saved the Netherlands, en Lidy’s Page (acceso: 19 de enero de 2014).


LDB