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Jugando con la vida y la muerte

English: Lady Justice
English: Lady Justice (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente, hoy comienzo reiterando una cosa que siempre estoy diciendo: YO AMO LA VIDA.  Yo no tendría el valor para privar de la vida a ningún ser humano, ni a ninguna otra criatura viviente, aun aquéllas que se consideran como “plagas”, organismos “indeseables”, etc.  Es más, yo ni siquiera tendría razón alguna para privarme de la vida, especialmente en esos momentos en los que la proverbial luz al final del túnel no está visible.  Pero del mismo modo, yo no le reconozco autoridad a nadie, absolutamente a nadie, para disponer de mi vida sólo para satisfacer sus intereses.  Sea quien sea.  Sean los intereses que sean.  PUNTO.  Nada más que añadir.

(Y aquí debo abstenerme de decir que si no se ve la luz al final del túnel es porque algún sinvergüenza se robó el cobre de la línea eléctrica.  Pero… como que acabo de romper la coherencia de esta entrada, ¿no?)

Siendo eso así, no va conmigo el que una persona, por las razones que sean (¿ajuste de cuentas? ¿venganza? ¿sólo por placer?), se pare a la entrada de un local de entretenimiento nocturno a gritar, como si se creyese con autoridad para ello, que “de aquí no sale nadie con vida” y empiecen él y sus secuaces a disparar indiscriminadamente contra hombres y mujeres, con un saldo de ocho personas muertas, más un feto que recibió los plomazos en el vientre de su madre y no sobrevivió.  Pero eso fue lo que ocurrió la noche del 17 de octubre de 2009, en el local de entretenimiento “La Tómbola” en Toa Baja.  (Y si ustedes han estado siguiendo lo que escribo en estos casi 10 años, sabrán que mencioné de pasada esa tragedia cuando escribí esta entrada sobre la aparente codependencia entre la incidencia de crímenes violentos y las acciones—o inacciones—de las autoridades gubernamentales.)*

Pero tampoco va conmigo el que una autoridad, sea la que sea, por más razón que tenga para ello—sean de poder o de lo que sea—, busque “darle un escarmiento” a quienes matan indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños, sometiéndoles a probar el sabor amargo de la muerte.  Máxime cuando la Carta de Derechos de la Magna Carta puertorriqueña lo dice claramente:

Se reconoce como derecho fundamental del ser humano el derecho a la vida, a la libertad y al disfrute de la propiedad.  No existirá la pena de muerte.  Ninguna persona será privada de su libertad o propiedad sin el debido proceso de ley, ni se negará a persona alguna en Puerto Rico la igual protección de las leyes.…”

(Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico de 1952, Artículo II, Sección 7.  Como siempre, los énfasis fueron hechos con toda intención.)

Noten que la cita no dice algo así como “derecho fundamental del ser humano de algunos seres humanos” o “del ser humano de los seres humanos decentes” o “de los miembros de un grupo X de nuestra sociedad” (donde “grupo X” puede significar… casi cualquier cosa).  Dice que el derecho a la vida es un derecho del ser humano, sin excepción de raza, color, credo religioso (e incluso quienes no creen), estrato social, pertenencia a uno de los monstruos engendrados por la partidocracia.  Más claro no canta un gallo.  (OK, yo sé que dejé afuera intencionalmente que no se haga distinción de preferencia sexual en cuanto al derecho a la vida, ahora que el tema está en discusión en Puerto Rico, Estados Unidos y alrededor del mundo.  Pero creo que eso ya será tema para otra entrada.)

Ese ha sido el dilema que se ha visto en Puerto Rico por las pasadas 2 décadas, entre la afirmación explícita del derecho de todo ser humano a la vida, aun los seres humanos más despreciables que existen sobre la faz de la tierra, y el deseo—so color de autoridad—de imponer un castigo que pretende negar y anular esa afirmación.  Un dilema que surge cada cierto tiempo, cuando se determina que la posibilidad de aplicar la pena capital es viable, para entonces atenuarse cuando la afirmación del derecho a la vida prevalece, pero sólo hasta que venga una próxima oportunidad y el monstruo vuelva a levantar la cabeza.

Y esta vez, no fue la excepción (¡maldito sea el cliché!).  Y la fiscalía estadounidense en Puerto Rico determinó, como suele hacer, que el sospechoso que habían capturado las autoridades—quien había sido encarcelado en el ámbito estatal por más de una docena de asesinatos adicionales, sólo para que lo dejaran irse a “la libre” en poco tiempo—debía ser juzgado bajo la normativa estadounidense que autoriza la pena de muerte (específicamente, el Título VI de la Ley Pública 103-122 de 13 de septiembre de 1994, conocida como la Ley de Control de Crímenes Violentos y Cumplimiento de la Ley de 1994; vea una explicación de esa ley en Wikipedia), de así determinarlo un jurado.  Pero no en una simple determinación de “50% + 1” ni nada que “tendiera” o “se aproximara” a un 100%: debía ser una determinación unánime, del 100%, donde tod@s l@s deliberantes estuvieran de acuerdo en que la pena máxima debía aplicarse.

Determinación que no llegó a concretarse en este caso, sólo porque, según se dice, una miembro del jurado no quiso formar parte del coro.  No quiso entonar la misma canción trágica que, también según se dice, el resto del coro quiso obligarla a cantar.  ¿Y para qué obligarla a seguir la corriente?  ¿Para saciar así su propia sed de venganza?  ¿Porque tal vez una decisión unánime de aplicar la pena de muerte l@s hubiera hecho importantes, l@s hubiera validado ante la sociedad, l@s hubiera convertido en “héroes” ante los ojos de los demás?

Gústele a quien le guste, el derecho a la vida, aun la vida de la peor escoria producida por una sociedad enferma, una sociedad que arde en llamas mientras los que la rigen siguen enajenándose, fue lo que prevaleció.  Y el juez federal que vio el caso no tuvo más remedio que sentenciar al acusado a pasar el resto de su vida natural encerrado.

Por supuesto, ello debería darle a algunas personas la posibilidad de especular si un asesino como ése, privado de su libertad para el resto de su vida, tendrá la oportunidad de mirar hacia sí mismo, entender las consecuencias que le acarrearon sus actos y buscar la manera de enmendarse.  Digo, siempre existe esa oportunidad de enmienda y rehabilitación, y eso parece que ha sido bien aprovechada en algunos casos, como el que cité sobre Nathan Leopold en una entrada anterior y que nos lo recordó un par de días atrás una escritora que compartió con él durante los años que vivió en Puerto Rico, precisamente en un escrito sobre el mismo tema de la presente entrada.  Pero también debería darnos la oportunidad de mirarnos a nosotr@s mism@s, de ver qué es lo que realmente queremos.  De ver si nos dejamos dominar por lo que alguien más nos dice, bajo pretexto de autoridad, que debemos aceptar—aunque eso nos rebaje al nivel de las turbas de linchamiento que se habrían visto en otros tiempos y lugares—o si buscamos dar, no un escarmiento, sino una lección de que la vida es algo valioso, aun la de aquellos a quienes el impulso del momento nos dicta que no merecen compartir el mismo espacio vital que el resto del género humano.

Lamentablemente, ésta no creo que sea la última vez que Puerto Rico tendrá que enfrentar ese dilema.  Ciertamente no será la última vez que las autoridades federales en Puerto Rico traten de jugar con la vida y la muerte para imponer algo que contradice la tradición de una cultura que apoya el derecho a la vida, aun el derecho que tiene quien tal vez no se lo merezca.  Pero espero que tampoco será la última vez que el derecho a la vida sea el que tenga la última palabra.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Lamentablemente, el enlace a la nota del periódico Primera Hora a la que me refería en esa entrada apunta hoy hacia una página de “error 404”, lo que me parece que significa que la fuente original ya no está disponible públicamente.  De todos modos, aquí les dejo la referencia, para el récord histórico:

“Mortífera tómbola en Sabana Seca.”  Primera Hora, San Juan, P.R., 19 de octubre de 2009.


LDB

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… pero algunos (somos) más iguales que otros

Cover of "Animal Farm: Centennial Edition...
Cover of Animal Farm: Centennial Edition

En su novela de 1945, “Rebelión en la granja” (Animal Farm), en la que relata cómo los animales de una granja se libran de la tiranía de los seres humanos—sólo para caer en otro tipo de tiranía y volverse a rebelar—, Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell (1903–1950), incluye esta frase que siempre me ha parecido curiosa (con mi traducción libre):

“All animals are equal, but some animals are more equal than others.”

(“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.”)

Según la fuente de la cita anterior,* se trata de una proclama hecha por los cerdos que controlan el gobierno de la granja, una vez expulsados de allí los humanos.  Pero no se trata de una cita hecha en el vacío: “es un comentario sobre la hipocresía de los gobiernos que proclaman la absoluta igualdad de sus ciudadanos, pero le dan poderes y privilegios a una elite pequeña” (mi traducción del comentario en la fuente citada).

Poderes y privilegios.  Parece que hay quien no puede vivir sin sus poderes y privilegios.

Me pregunto si es eso lo que describe la conducta de los miembros de la Asamblea Legislativa puertorriqueña, los que parecen haberse visto amenazados por una propuesta de reforma legislativa en la cual se buscaría eliminar el “per diem” (o lo que conocemos comúnmente como “la dieta”) que muchos de ellos cobran, sólo por presentarse a una sesión legislativa o a una vista de la comisión a la cual están asignados.  Sí, porque parece que estas personas se ven a sí mismas en un plano diferente al de los demás meros mortales, o sea, parece que se ven como “más iguales que otros”.  Y ésta es la clase de gente que se aferra a ciertos “derechos adquiridos”, en un abierto menosprecio a quienes no tenemos la misma facilidad que ellos tienen para alcanzar esos mismos “derechos” que se abrogan.

De paso, habrán visto en mi página biográfica que en varias ocasiones, he acudido como parte de la representación del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) a vistas legislativas sobre proyectos de ley que tienen que ver con nuestro ámbito de injerencia.  Tanto vistas en el Capitolio como inspecciones oculares.  Y por eso sé lo que es ver cómo un legislador se presenta a una vista para discutir un proyecto para la protección de un recurso de alto valor natural, firma la hoja de asistencia, escucha a los deponentes por un par de minutos y se va antes de terminada la vista.  Parecerá que el (la) legislador(a) no tenía interés en el tema para el que se citó la vista, después de todo, que sólo fue a “dar cara” por unos minutos, “para que no digan después”.  Y todo, por agenciarse el pago de “la dieta”.  Y mientras tanto, los que quedan son: el legislador que preside la comisión en cuestión y uno que otro legislador(a) que esté dispuesto(a) a hacer un “frente” (o a dar la impresión de que alguien más está escuchando lo que les decimos—suerte que por aquellos días los teléfonos inteligentes, las “tabletas”, los iPhone, iPod, iPad, i-de-coco, i-de-piña, i-de-esto-o-de-aquello-o-de-lo-otro… no eran tan comunes como para esconderse detrás de una jugadita de “solitario” o Tetris o de un status de Facebook… ¡siempre y cuando no los agarren en pifia!).

(Yo creo que me acabo de delatar porque de vez en cuando tomo mi teléfono móvil y echo mi jugadita de “solitario”… Ruborizado ¡pero sólo cuando estoy aburrido o necesito “hacer tiempo”!)

Pero si da vergüenza ajena ver cómo hay quien abusa de esos poderes y privilegios, más vergüenza da ver cómo se defienden a ultranza sus beneficiarios, és@s que pertenecen a esa “elite pequeña” que Orwell (Blair) denuncia a través de la cita de arriba.  Sólo díganle a ese (esa) legislador(a) que le habrán de quitar el pago de dieta o le reducirán el estipendio para el millaje que tiene que recorrer desde su residencia para llegar al Capitolio, y ciertamente se pondrá “como guabá pelú” (aunque que yo sepa, el guabá que normalmente se encuentra en las cuevas y cavernas, Phrynus longipes, nunca ha sido peludo ni es tan agresivo como lo pintan; es más, haga usted una búsqueda de “guabá” en Google y después me dice).

Puede ser que le digan, como hizo un par de semanas atrás una legisladora de la hoy minoría (PNP) con su “cara de lechuga”, que con US$7’300 00 mensuales no le da para vivir.  (Creo que vale la pena repetir la oración anterior:  “Puede ser que le digan, como hizo un par de semanas atrás una legisladora de la hoy minoría [PNP] con su ‘cara de lechuga’, que con US$7’300 00 mensuales no le da para vivir.”)  (¡Y sí, dije “mensuales”!)  Si es por ese estándar, entonces yo que apenas gano la mitad del sueldo de esa legisladora (no voy a dar la cifra exacta, pero es alrededor de US$3’700 00 mensuales) y tengo que afrontar muchos de los gastos mensuales de mi hogar (siendo el de la electricidad el más notorio), aparte de mis cuentas y otras deudas que arrastro, debo estar resignándome a morir de hambre mañana, como la “viuda de Sarepta”.**  ¡Qué sé yo!  Puede ser que una cantidad como la que gana cada mes la legisladora en cuestión no le dé para vivir una vida de lujos, como aquellos con los que quienes nos ganamos apenas la mitad de eso o menos sólo podríamos soñar.  Puede ser que para ella esos no sean suficientes poderes y privilegios que ostentar.  Puede ser que ella se sienta como que es más igual que los demás.***

O puede ser que eso sea un simple ejercicio en necedad.  Como el del legislador del mismo bando político (aunque también los del bando contrario, PPD, también son capaces de semejantes lindezas) que al salir a defender sus propios poderes y privilegios, queriendo decir otra cosa se le zafó que la mujer tradicionalmente se ocupa del cuidado de la familia y del hogar—y cuidado que de todos lados (hasta de la propia prensa) le cayeron chinches al “honorable” después de haber dicho las expresiones machistas que dijo.  Por supuesto, siempre está la defensa basada en que “mis expresiones fueron sacadas de contexto” (como siempre, “la culpa es de la prensa, no es mía”).  Pero para mí que es difícil esconder una necedad como esa.****

Definitivamente, parece que l@s cerd@s se han hecho con el gobierno de esta granja.  Un gobierno en el que se consideran por encima del resto de los animales.  En el que el bienestar y el progreso de los demás animales no les importa; sólo mantener sus poderes y privilegios.  En el que no son iguales con respecto a los otros… sino más iguales que los otros.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* “all animals are equal, but some animals are more equal than others.” Dictionary.com. The American Heritage® New Dictionary of Cultural Literacy, Third Edition. Houghton Mifflin Company, 2005. http://dictionary.reference.com/browse/all animals are equal, but some animals are more equal than others (accessed: February 24, 2013).

** Por si acaso, el pasaje sobre la visita del profeta hebreo Elías a la viuda de Sarepta está en Primero de los Reyes 17: 8–24 (yo uso la versión Dios Habla Hoy, CELAM, 1983).  El pasaje me llama mucho la atención por la resignación de la viuda cuando Elías le pide agua y un pedazo de pan, y ella le responde que todo lo que tiene es un poco de harina y de aceite, y que estaba por cocinarlo para ella y para su hijo, y que comerían el pan y después morirían de hambre (eso está en el verso 12).  Es algo que de pensarlo me estremece mucho, pero esa es la realidad de los que apenas tienen poco con qué vivir.

*** Y ahora digo yo, tal vez mucha de esa gente es de la clase de elemento que desprecia todo aquello que pueda expandir su espíritu, como en el caso de los autores de las reseñas de libros en Amazon.com sobre los que escribí en otra ocasión, que tienen tanto de literatos como lo que yo tengo de doctor en física nuclear.  Burla  Pero ya eso es otra cosa.

**** OK, otra más: Siempre me viene a la mente esto cuando alguien se va hasta “home” y comete una necedad:

“El inteligente no hace alarde de su saber, pero el necio hace gala de su estupidez.” (Proverbios 12:23, también versión Dios Habla Hoy, CELAM, 1983)


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No se acabó el mundo en el 2012—sólo se acabó el 2012

English: Mayan calendar created by a modern cr...
English: Mayan calendar created by a modern craftsman (Photo credit: Wikipedia)

(sol-sol-sol-sol-sol)

NotaSe equivocaron
Los mayas
Se equivocaban
Se equivocaban…Nota

(Entónese como si fueran las primeras estrofas de “Se equivocó la paloma” [1941], del poeta español Rafael Alberti [1902–1999], con música del compositor argentino Carlos Gustavino [1912–2000].)

¡Adió’!  ¿Todavía están por aquí?  Si es así, son somos más que afortunados de que el mundo no hubiera llegado a su final, como lo decía supuestamente la profecía de los Mayas, al llegar al final de su calendario de piedra (en fecha equivalente al 21 de diciembre de 2012).

(Aunque acá entre nos, mi sospecha es que los Mayas pudieron haber seguido construyendo su calendario… de no haber sido porque su suplidor ya se había ido a la quiebra y no encontraron otro que les supliera más piedra.  ¿Y solicitar ellos mismos un permiso de extracción de materiales de la corteza terrestre para eso?  ¡No, hombre, no!  Lengua fuera  ¡Pero allá Juana con sus pollos!)

Por supuesto, los Mayas no han sido los únicos que fallaron en vaticinar el fin del mundo—aunque afortunadamente para todos nosotros, no contaban con muchos de los adelantos tecnológicos que algunas personas mal utilizan hoy en día para tratar de crear influencia en torno a sus descabelladas ideas.  O dicho en “palabras finas”: manipular a todo un montón de incautos.  (Y no hay que ir muy lejos: exhibit 408, exhibit 728.)

Pero bueno, ya basta de ese desahogo.  Vamos a lo que vinimos hoy: a despedirnos del año 2012.  Un año que tal vez debería compartir el título de la entrada que escribí hace exactamente un año en este blog, por las cosas difíciles que ocurrieron y que lo caracterizaron.  Y si vamos a ver, el 2012 fue—para sorpresa de nadie—una copia del 2011.

La violencia siguió su paso avasallador, ensañándose contra quien se la encuentre, ya sea que se lo proponga o que no.  Violencia que como lo refleja el Inventario de Estadísticas: Delitos Tipo I, del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, hasta noviembre de 2012 (último mes para el cual las estadísticas estaban disponibles mientras escribo esto) tenía en su haber 871 asesinatos y muertes violentas (y aun si fueron un 17% menos que las 1050 de la misma fecha en 2011, no dejan de ser demasiadas), fácilmente cerca de llegar a las 1000 para cuando caiga el 2012.  Peor aún, nuestros niños y jóvenes siguen siendo las víctimas más frecuentes, desde quienes esperan con emoción las primeras luces del año (como en el trágico caso de la quinceañera Karla Michelle Negrón Vélez), hasta los más inocentes que no tienen culpa de la irresponsabilidad de quienes se supone que los cuiden (como la madre que hace unos días fue arrestada por sofocar a su bebé de poco tiempo de nacido y guardarlo en un congelador).  Pero no son solamente los niños: también están las mujeres que sufren las consecuencias de la violencia con las que las trata su pareja, mientras que el mismo Estado que juró un día proteger a sus ciudadanos “contra todo enemigo interno y externo” les falla.  Esa misma violencia que, gústele a quien le guste, se la debe llamar como lo que es: violencia de género.  No “doméstica”, no “pasional”.  VIOLENCIA DE GÉNERO.  Así de simple y sencillo.

Para colmo de males, no se salva nadie: ni los pobres a los que la sociedad ha relegado para que “se maten ellos mismos” (y ciertamente hay bastante culpa para compartir), ni figuras de mayor reconocimiento y de quienes menos se espera que sufran un desenlace violento, como el de Héctor “Macho” Camacho, o el de la Sra. Carmen Paredes, cuyo esposo (Carlos Casellas—hijo del juez del Tribunal de los EE.UU. en Puerto Rico, Salvador Casellas) es el principal sospechoso de su muerte).  Así que “no hay de otra”: seas rico o pobre, conocido o desconocido, doctorado magna cum laude o analfabeta, te llega la hora sin querer, sin que te des cuenta.  PUNTO.

(Y ni hablar de las matanzas ocurridas este año en los EE.UU., entre las cuales nos toca muy de cerca la de la Escuela Elemental de Sandy Hook en Newtown, CT, en la que a 12 niñas—una de ellas, de ascendencia boricua—y ocho varoncitos entre 6 y 7 años de edad y seis mujeres—una de ellas, la heroica maestra Victoria Soto, de 27 años, de padres oriundos de Bayamón—también les llegó su hora sin querer, sin que hubiese necesidad para ello.  Y todo en medio de una cultura que glorifica las armas de fuego, al punto de justificarlas casi como si fuese un derecho divino, un rasgo distintivo del “buen americano”.  Y es triste decirlo, pero ésa es la realidad, gústele a quien le guste.)

¿Y la Policía de Puerto Rico?  Digo, ya sea que esta pregunta se refiera a la agencia del orden público que no ha sido capaz de detener esa ola criminal, o a la que parece ser más efectiva como instrumento para adelantar agendas políticas—y que mientras escribo esto está tratando de zafarse de una demanda judicial presentada por el Departamento de Justicia de los EE.UU. por violaciones a los derechos civiles de los ciudadanos—, la respuesta es la misma: ¡bien, gracias!

Pero además, el 2012 fue un año en el que los políticos puertorriqueños hicieron galas de por qué no deben considerarse dignos representantes de lo que se concibió en la antigüedad grecorromana como un noble oficio.  Por ser un año de elecciones, se empeñaron en usar cuanto truco se les ocurrió para tratar de ganarse la confianza de un electorado que vivía en un mundo real—una realidad de la que estaban enajenados sus propios líderes.  Desde entrometerse en la vida personal e íntima de sus opositores para sacarlos de carrera, pasando por descarados intentos de burlar las leyes electorales mediante el voto de electores “mudados” expresamente para favorecer el candidato impulsado por un alcalde influyente, hasta la práctica—que much@s creíamos que era cosa del pasado (los 1920s, 30s, 40s, etc.)—de regalos a cambio de votos, y en el proceso, tratar de dar la impresión de que son mejores puertorriqueños que nadie—aunque ese mismo “nadie” se lo crea, especialmente cuando se dejan ver como son en realidad, llenos de odio y de prejuicios… ¡y hasta sacando el dedo para burlarse de todos nosotros!

(Y a éstos no sería a los únicos a quienes yo les tomaría con pinzas esa “puertorriqueñidad” que tratan de demostrar, pero ese ya es otro tema).

Y también fue el año en el que el impacto de esa realidad fue contundente en quienes quisieron hacerse a la idea de que la misma no existía.  Y esa realidad llevó al electorado a rechazar que se manipulara el constitucionalmente reconocido derecho de todo ciudadano—aún aquéllos que por lo demás no lo merecen, y ustedes saben de lo que eso se trata—a estar libre bajo fianza mientras se ventila su caso, y a que se manipulara la composición de la Asamblea Legislativa, sin que eso representara un juicio sobre la calidad de los legisladores.  Pero más allá de eso, llevó al electorado a derrotar las aspiraciones de reelección de quienes, más mal que bien, rigieron sus destinos por cuatro años.

Por supuesto, no será nada fácil para quienes serán los herederos trabajar para construir una mejor realidad—por lo que a mí me parece que el cambio en el estilo de hacer las cosas, expresado en las urnas puertorriqueñas, será más cosmético que otra cosa, pero bueno…

Aún así, miro lo que escribí tal día como hoy, hace exactamente un año, sobre lo que fue y lo que podría ser (editado y con énfasis añadido):

“(El 2011 fue un) año en el que los agravios crecían como los hongos, aquí y allá, aún más que en el año anterior.  Un año en el que la esperanza se puso a prueba, que pareció estar en su más bajo nivel.  Pero también fue un año en el que quedó manifiesto que los agravios se deben reparar, que la gente está comenzando a reclamar lo suyo, que la gente está comenzando a mirar las cosas como éstas son y a exigir que se le haga justicia….  Y aun cuando a muchos de estos movimientos de protesta, las autoridades locales se la están poniendo difícil, ellos no pierden la esperanza de lograr sus reivindicaciones.  Podrán haberse quedado sin empleo, podrán haberle ejecutado las hipotecas de sus viviendas, podrán haber perdido los ahorros con los que pretendían tener una jubilación decente, pero todavía les queda su dignidad.  Eso, y la esperanza que tanto se dice que es lo último que se pierde.

La misma esperanza que todos tenemos en que nuestras vidas mejoren con el año que está por comenzar.  La misma esperanza que no debemos perder, bajo ningún concepto.

Eso fue lo que ocurrió.  Fue la dignidad y la esperanza lo que prevaleció en el año que está por dejarnos a la hora en que escribo esto, por encima de la mezquindad y de la intimidación.  Y son la dignidad y la esperanza las cualidades que guían a través de la más fuerte tormenta, que nos ayudan a caminar por la más oscura de las noches.  Y a riesgo de sonar “como disco rallado” (que por cierto, eso era lo que decíamos antes sobre los discos de pasta de acetato, aunque también resulta que los discos compactos y algunos DVD también se rallan… pero ya eso es otro tema), son la dignidad y la esperanza lo que nos ayudará a vivir nuestra vida, en el Año Nuevo 2013 y siempre.

¡Y vamos a dejar el 2012 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien—en el 2013 y siempre.

Fiesta ¡NOS VEMOS EN EL 2013! Fiesta

LDB

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¿A dónde fue a parar la Navidad?

Una cosa que nunca seré capaz de entender, mientras viva, es por qué alguien se ensañaría contra un niño o una niña.  Por qué hay quien tiene tan poco corazón como para privar de la vida a un ser humano que apenas está empezando a recorrer su camino.  Ya hemos visto eso en varias ocasiones en este blog, y me temo que mientras no haya un propósito de corregir las causas que llevan a ese tipo de situación, seguiremos viendo cosas como esa.

Mapa de Connecticut, EE.UU.A. La tachuela roja indica la ubicación de la villa de Sandy Hook.
Mapa de Connecticut, EE.UU.A. La tachuela roja indica la ubicación de la villa de Sandy Hook.
Vista aérea de Sandy Hook, en el suroeste del estado de Connecticut, EE.UU.A.
Vista aérea de Sandy Hook, en el suroeste del estado de Connecticut, EE.UU.A.

Esta vez le tocó a Sandy Hook, un villorrio dentro del municipio de Newtown, en el sudoeste del estado de Connecticut, que desde hace dos días (el 14 de diciembre de 2012) vive en lo más íntimo de su ser el impacto de ese sinsentido.  (Como tal vez lo estén sintiendo mis primos que viven al sudeste de la capital estatal, Hartford.)  Tal vez como lo que se vivió en Littleton, Colorado, cuando en 1998 dos jóvenes desquiciados la emprendieron a plomo y fuego contra sus compañeros de la escuela secundaria Columbine, antes de matarse ellos mismos.  O como cuando años más tarde un universitario, también desquiciado, mató a 32 estudiantes universitarios en la Universidad Tecnológica de Virginia, para entonces matarse antes que ser capturado por las autoridades.  Pero lo que hace esto más doloroso es que se trata de otro tipo de estudiante: niños en edad de escuela elemental o primaria.  Veinte niños y niñas entre las edades de 6 y 7 años.  Doce niñitas y ocho varoncitos.  Veinte vidas que apenas empezaban a dar sus primeros pasos.  Veinte vidas que seguramente esperaban ansiosas por ver sus regalos de Navidad.  Veinte vidas que no disfrutarán de esta Navidad.  Ni de ninguna otra.

Junto con esas 20 vidas infantiles tronchadas, también se van las de seis mujeres, maestras, administradoras, consejeras, en alguna manera relacionadas con el plantel objeto de la ira asesina.  Mujeres que dedicaron sus vidas a educar a esas vidas nuevas.  Mujeres para quienes esos niños fueron su razón de ser, ese impulso que las hacía levantarse por la mañana para ir a su trabajo, sin quejarse de la vida que eligieron vivir, de la carrera que eligieron ejercer contra vientos y mareas.  Mujeres que vinieron a este mundo a servir, sin importar las consecuencias que ello les pudiera acarrear.  Y eso fue lo que hicieron.  Especialmente la maestra hispana (¿puertorriqueña, tal vez?) de apenas 27 años de edad, que escondió a sus estudiantes en un armario del salón de clase para poderlos proteger, para acabar perdiendo su vida a manos del desquiciado.

Y sí, como en los otros antecedentes que mencioné, también se fue la vida del aparente asesino, quien al ver sus opciones acabarse según se acercaban las autoridades al plantel—el mismo al que tuvo que ganar acceso por la fuerza, al hacérselo difícil el aparato de seguridad montado allí—, prefirió la solución fácil a tener que responder por su crimen.  Pero no sin antes haber asesinado a su propia madre de varios disparos a la cabeza… con un arma de fuego de varias que ella poseía.  Y vaya si da la casualidad de que la madre de su propio asesino era una entusiasta de las armas de fuego.

Pero entonces, ¿para qué querría ella tener un rifle de asalto, dos pistolas semiautomáticas y una escopeta?  (Y por favor, no me vengan a decir que las tenía para cazar venados u osos grises—personalmente, yo no creo que esos animales sean tan tontos como para dejarse cazar así.)  Y siendo el caso que su hijo era considerado como una persona con deficiencia en su desarrollo emocional (en realidad se dice que el joven padecía cierta clase de autismo), ese era el clásico accidente que esperaba por ocurrir.  Y se quisiera o no, ocurrió.

La verdad es que esta noticia es como para crearle a un@ una tormenta emocional.  Hay muchas cosas que pudieron haber llevado a un desenlace así de terrible—y mientras escribo esto (el 16 de diciembre de 2012, pasadas las 22:30 UTC –04:00), todavía hay más preguntas que respuestas.

Pero entre esas preguntas para las que debería haber una contestación, creo que sigue estando el por qué ese ensañamiento contra la niñez.  ¿Qué pudieron haberle hecho los niños de tan temprana edad al joven asesino?  A mí se me ocurre pensar que tal vez él los observaría y pensaría que ellos tendrían en su futuro mejores oportunidades que las que él tuvo durante esa misma etapa de la vida.  Que tal vez él se sentiría desdichado, pensando que la vida de esos niños y niñas era más feliz que la de él, a la que tal vez vería como un calvario.  Como una prisión de la que él trataba de salir sin éxito.  Una prisión en la que los muros y los barrotes eran de su propia construcción.  O tal vez él se sentía como la víctima de una “injusticia” percibida, en la cual otros podían ser felices en la vida y él no.  Y él tenía que “castigar” esa injusticia, hacer que el resto del mundo pagara su supuesta culpa.

Yo me imagino que no sería un caso muy diferente de aquellos que he mencionado en todos los años que llevo con este blog.  No muy diferente del caso de Paola Nicole, o del incidente en la escuela de los amitas en Lancaster, Pennsylvania, o la “madre” que asesinó a sus dos hijos (niña de 3 años, varón de apenas un añito) luego de una discusión con su compañero y quiso despistar a las autoridades hiriéndose e incendiando su vivienda (por si no tienen idea de por qué “madre” entre comillas).  Niñ@s que perdieron sus tiernas vidas a manos de gente sin corazón, sin alma.  Y mejor no sigo citando más ejemplos.

Así que por lo pronto, habrá que esperar por lo que arroje la investigación de las autoridades.  Pero para mí una cosa sí es segura: en más de un sentido, el trágico tiroteo en la escuela elemental de Sandy Hook, Connecticut, representa la pérdida de la inocencia, tanto la de los niños, como la de toda una comunidad.

Y con mucha pena por esta pérdida irremediable, especialmente en plena época navideña, lo dejamos ahí.  Hasta la próxima.

LDB

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Todos somos… ¿quién?

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English: San Juan Tramway down Ponce de León in Miramar, Santurce, Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

Lo primero que escuché sobre el caso del joven publicista José Enrique Gómez Saladín fue como para darme algo de miedo.  Llevaba informado como “desaparecido” desde el jueves 29 de noviembre de 2012 (exactamente una semana después del Día de Acción de Gracias), y entre las primeras cosas que habían salido a relucir estaba el vía crucis que lo llevaría a retirar dinero de un cajero automático o máquina ATH, mientras un delincuente—su presunto secuestrador—se le mantenía detrás observándole para que no hiciera ningún truco que fuera a empeorar las cosas.  Dicen que en su rostro se notaba la desolación de no poder zafarse de eso, de saber que su tiempo en este mundo estaba contado, que en cualquier momento podría perder ese algo tan valioso que se aprecia de veras cuando se está en una situación difícil: la vida.

(Normalmente, esa clase de imagen me causa pesadillas, tan sólo de pensar en lo que debía estar pasando por la mente de la persona en ese momento aciago.  Tal vez será por eso que trato de evitar esa clase de imagen a toda costa.)

Y mientras sucedía eso, todo el mundo estaba en vilo, esperando por un milagro que lo devolviera a donde sus seres queridos, aun si fuera que se hubiese “perdido en el camino a su casa”.  Espera en la que mucha gente se solidarizó con el desaparecido, en la que mucha gente asumió otra identidad: #YoSoyJoseEnrique.  Espera y esperanza que en ese momento me parecieron un poco cuestionables, tal vez por tratarse de la profesión de este caballero: publicista.  Y les aclaro que digo esto porque yo me preguntaba entonces (aún sin conocer los detalles del caso) si la vida de un publicista tenía más valor que la del hijo o la hija de la empleada doméstica o de la conserje escolar o la de la empleada de un comedor escolar—también expuesta a ser objeto del desquicio de quien quiera privarl@ de su libertad por el dinero que le pueda sacar a un cajero automático—, como para desatar toda una ola de solidaridad que produjera el tan ansiado milagro.

Lo próximo fue saber que el ansiado milagro no se habría de dar nunca.  Saber que el joven había sido víctima de una trama en la que estaban involucrados individuos movidos por el vicio de la droga ilegal y por la prostitución.  Saber que después de retirar dinero de la máquina ATH su destino sería otro, un destino en el que sería agredido de muerte y dejado abandonado en lo que una vez fuera un campamento penal en Cayey, no muy lejos de donde empezó el drama final, en lo que se dice que es un foco de prostitución en Caguas.  Y ahí fue donde se empezó a caer la esperanza.  Donde la cruda realidad confesada por quienes habrían participado de su suplicio salió a la luz.  Donde una prostituta, una amiga de ésta y dos varones, todos ellos enviciados, atraparon su presa y le causaron su sufrimiento final, sólo por satisfacer su vicio sin más consideración.

Y ese golpe que nos dio la realidad fue muy duro y contundente.

Fue un golpe que nos llevó a despertar a una de esas realidades que nos empeñamos en no querer ver, por más que insiste en dejar ver su feo rostro: la de los focos de prostitución, como el lugar de Caguas al que me refería anteriormente (un sector de la calle José Padial), donde se practica la prostitución femenina y masculina.  (Que tal vez sea igual de peligroso que la zona entre las “paradas”* 15 y 18 en Santurce.)  Pero también destapó—sin proponérselo—una caja de Pandora, luego de que una conocida muñeca chismosa que ostenta a los cuatro vientos conducir el programa #1 de la televisión puertorriqueña… ¿he mencionado nombre yo?… editorializara y cuestionara la razón de que la víctima hubiera encontrado la muerte en las circunstancias en las que la encontró.  En el que a juicio de much@s de nosotr@s—y yo también me incluyo—fue el momento más inoportuno.  Un momento en el que—como diría una querida ex-compañera de trabajo que siguió hacia el ejercicio de la abogacía—la conocida muñeca chismosa juzgó y adjudicó, olvidando que hay heridas emocionales que todavía no habían sanado (o no han sanado para cuando escribo esto) y que siempre habrá un tiempo para saber el por qué, el cómo y el cuándo de lo que ocurrió.  Y eso, le guste o no, tiene consecuencias económicas para el medio en el cual se difunde su programa (WAPA-TV), ya que por más que el presidente de ese medio lo defienda,** en pocos días ha perdido pautas publicitarias importantes, de productos y servicios que parece que no quieren seguirse ensuciando las manos, invirtiendo en publicidad para un vehículo de odio y de desprecio.

(Aunque lo cierto es que de una persona que tal vez no resistiría el escrutinio que hice un tiempo atrás, al final de esta entrada, no podría esperarse algo positivo.  Máxime cuando es de l@s que por un lado echan bendiciones, pero por el otro buscan destruir a quien no se amolda a su mundo perfecto.  Un mundo en el que las cosas—gústele a quien le guste—no son “en blanco y negro”, o más bien, tienen demasiados tonos de gris.  Pero ya eso es otra cosa.)

Y aun si estuviéramos de acuerdo en que un hecho violento y trágico como éste no tenía razón de haber ocurrido, ese no era el momento para condenar a la víctima por infligirse su propio daño (¿no será acaso otra variación de “matar al mensajero por ser quien llevó la mala noticia”?).  Total, ya habrá tiempo para que las autoridades averigüen por qué la víctima fue a parar a este matadero, si hubo algún afán de parte de esta persona, de sentirse mejor que lo que estaba—a la vista del mundo, particularmente de sus amigos y compañeros que entendían conocerlo bien—, o si esta persona tenía alguna necesidad emocional no resuelta (y cuán apremiante era)… ya habrá tiempo para entender mejor lo que ocurrió.

Pero ya, como quien dice, lo hecho ya está hecho, particularmente el daño.  Y dondequiera que esté, el espíritu del joven publicista José Enrique Gómez Saladín estará observando con asombro el mundo terrenal que fue forzado a dejar, observando con asombro las trágicas consecuencias de lo que le sucedió.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y—por lo que más quieran en esta vida—pórtense bien.


* Para los que no conocen realmente la ciudad de San Juan, la designación “parada #” hace referencia a las paradas (creo que son alrededor de 40) que hacía un antiguo sistema de tren liviano o “trolley” que circulaba por San Juan—especialmente a lo largo del eje formado por las avenidas Manuel Fernández Juncos, Luis Muñoz Rivera y Juan Ponce de León, desde Santurce hasta Río Piedras Pueblo—a principios del Siglo 20.  Esa designación ha sobrevivido hasta nuestros días, y es usada principalmente por el sistema de transporte.

** Ésta no es la primera vez que el presidente de la televisora en cuestión, Sr. José Ramos, defiende el espacio televisivo en el que se hicieron las manifestaciones de la discordia.  Ya anteriormente tuvo que defenderlo cuando se levantó una protesta en torno al odio que la conocida muñeca chismosa destila en contra de las personas homosexuales, lesbianas, etc.  (O sea, los que otras personas con mentalidad similar llamarían “torcidos”.)  Ahora bien, me pregunto si esta defensa es por puro interés empresarial (y que conste, él tiene todo el derecho de defender a su empresa)… ¿o será que la conocida muñeca chismosa le tiene un precio a la cabeza del señor Ramos?  Es algo que debería dar de qué pensar.


LDB