Sueños, pesadillas, y «Pepe Isuzu»

Aquéll@s entre nosotros que estábamos creciendo durante la década de 1970, tal vez recordaremos—¿con cariño?—aquella campaña de publicidad gubernamental que rezaba,

“Algunos sueños son pesadillas.”

Ésa era una campaña dirigida a movilizar al puertorriqueño común y corriente en contra de un problema de adicción a las drogas que estaba empezando a crecer (y tod@s sabemos en lo que se ha convertido 4 ó 5 décadas después).  Una campaña cuya idea central era que los que trafican o venden sustancias químicas controladas ofrecen a los usuarios algo así como un sueño.  Un sueño que resulta ser muy nefasto.  Un sueño que se convertirá a la larga en una pesadilla de la que pocos han despertado… ¡digo, si es que logran despertar!

Pensaba en esto hoy, al ver la larga pesadilla en la que hemos estado sumidos durante el año 2015 que está por terminar.  Una pesadilla que tal vez comenzó mucho tiempo antes.

Una pesadilla coronada por 2 eventos sumamente difíciles para mi amado Puerto Rico: una escasez de agua que llevó al gobierno estatal a aplicar una de esas soluciones equivocadas de las que Groucho Marx advirtió agudamente en su tiempo: la de poner a casi todo Puerto Rico bajo un régimen de 6 meses de racionamiento; y una crisis económica y fiscal que reventó como bomba este año, y que dejó al descubierto el desgaste de un modelo político que—muy a pesar de quienes se aferran al mismo como si fuese un salvavidas, creyendo que no se ahogarán como el resto de nosotros—ya hace rato agotó su vida útil.

(Y para colmo de males, apenas hace unos días el procurador general estadounidense nos vino a recordar, a través de un escrito para un caso federal, que el sueño que se le vendió a mi gente en julio de 1952, o sea, unos 6 años, 4 meses y qué sé yo cuantos días antes de comenzar mi existencia, sigue siendo sólo una vana ilusión y que no somos la gran cosa que se nos hizo creer entonces, a nosotros mismos y al resto del mundo.  Y ésa es la verdad, ¡duélale a quien le duela!)

Todo lo que se ha visto este año que está por terminar ha sido un corre y corre.  Una improvisación.  Una búsqueda de cómo salir del lío en el que llevamos varias décadas, mientras que se apacigua a los bonistas (como lo pide la Sección 8 en el Artículo VI de la Constitución de Puerto Rico de 1952).1,2  Décadas en las que se aspiraba a lucir como si nuestra realidad fuera de un país más moderno, aún cuando nuestros cimientos se estuviesen haciendo añicos en el proceso.  Décadas en las que la billetera gubernamental parecía un pozo de dinero que nunca se podría agotar.  Pero, ¿y si al final del periodo acabábamos con menos dinero para sustentarnos que lo que habíamos gastado en sostener nuestra fachada de modernidad?  Pues “no problem!”  Tomamos prestado de lo que le toca a las futuras generaciones para sostenerse… ¡y que siga la fiesta!

(Y pensar que hasta yo mismo había venido diciendo en este blog, que esa jugarreta le podía salir muy peligrosa al país.  Una vez, y otra vez, y otra … ¡y ahí tienen!)

Y con el corre y corre y esa improvisación han venido las soluciones a lo Groucho.  Por ejemplo, se aumentó el impuesto de ventas y uso (IVU) 4½ puntos porcentuales, a 11½%, al frustrarse la implantación de un IVA (VAT) de 16%.  Un IVA más predicado en la propaganda que en la realidad económica del país.  ¿No me lo creen?  Pues juzguen ustedes si lo que recibí a comienzos de 2015 en mi  dirección de correo electrónico oficial3 encaja dentro de lo que acabo de plantear:

“From: Gobernador del ELA
“To: xxxxxxxx@xxxx.gobierno.pr
“Sent: Friday, March 6, 2015 9:28 AM
“Subject: REDUCCIÓN EN TUS CONTRIBUCIONES

“Hemos trabajado en una transformación total del Sistema Contributivo actual, que es uno injusto e ineficiente porque Ia carga contributiva descansa sobre la clase trabajadora y productiva.  La razón de esta transformación es traer justicia y equidad a las miles de empleados asalariados que como tu llevan la principal carga del país.

“Es importante que sepas que la implantación del IVA esta acompañada de una histórica reducción en las tasas contributivas de todos los individuos y corporaciones.  Todos los solteros que ganan S40,000 o menos pagarán $0 contribución sobre ingresos, y así lo verán reflejado en su cheque de nómina.  Los casados que ganen $80,000 o menos no rendirán planillas y tampoco se les retendrá dinero de su cheque por ese concepto.  Esto significa que más de 857,000 personas, de sobre de 1 millón de asalariados que hoy rinden planillas en Puerto Rico, no tendrán que hacerlo en el futuro.

“Como ejemplo, una persona soltera que gana §40,000, NO pagará contribuciones.  Lo mismo ocurre con los casados que tienen ingresos de $80,000 o menos.  También, a modo de ejemplo, si una persona gana $50,000 al año y rinde como soltera hoy paga contribuciones por los $50 mil, a una tasa que podría llegar hasta 25%.  Con la Transformación Contributiva esa misma persona no pagará contribuciones por los primeros $40,000, y solo pagará por los restantes $10,000 a una tasa propuesta de 15%.

“De lo que se trata es de justicia contributiva.  La gente tendrá más dinero en sus bolsillos, y además, se reducirá la evasión.  Con esta transformación los evasores también tendrán que pagar.

“Para que puedas ver de manera individual el ahorro que tendrás con la reducción de las tasas contributivas, te invito a que saques tus números con la nueva calculadora que está disponible en transformacionpr.com.  También puedes accederla directamente en sacatusnumeros.com.

“Si quieres que la comparación sea más clara, busca tu planilla del año pasado (año contributivo 2013) o la del 2014 y úsala como referencia.  Haz tus propios números y llega a tus propias conclusiones.  Ese ejercicio te permitirá ver claramente cuánto dinero adicional tendrás en tu bolsillo para utilizarlo como prefieras.

“Te exhorto a que invites a tus familiares, vecinos y amigos a sacar sus propios números.  En transformacionpr.com también obtendrás información valiosa de cómo funcionará el sistema completo para todas las personas, no importa su nivel socioeconómico.  ¡Infórmate!

“El Gobernador del Estado Libre Asociada de Puerto Rico,

“Alejandro J. García Padilla”

(A todo esto: ¿en qué quedó la famosa “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento” de la que tanto se habló en 2014?  Me imagino que ya nadie se acordará de eso…)

Otras lindezas improvisadas en este año incluyen: retener los reintegros contributivos de muchos de los que cumplieron con su deber ciudadano y pagaron a tiempo—y hasta antes de tiempo—sus impuestos (y por cierto, la mañana del día en el que escribo esto, se decía que se iban a pagar varios de los reintegros en el par de días que quedan antes de que culmine el 2015—¡qué pantalones!); retener el pago del Bono de Navidad de los empleados públicos hasta el último minuto que disponía la ley (¡sí, dije ley!) porque no había dinero en caja… para que entonces aparecieran por arte de magia los US$120,000,000.00 (US$120.000.000,00) necesarios para cubrir los pagos…

Ciertamente, todo eso ha tenido su costo: servicios públicos que si no se están deteriorando están en vías de ello, incluidos los que son esenciales, como el agua; una economía en la que hasta la empresa privada está sintiendo los malestares, con el cierre de varias empresas; y una migración de personas como no se había visto en mucho tiempo, principalmente a distintas ciudades de los Estados Unidos—en unas, con más suerte que en otras.

Pero hay un costo muy importante, tal vez el mayor de todos: el de la credibilidad de quienes tienen la responsabilidad de dirigir los destinos de todo un país.  Muestra de ello es lo sucedido con el presunto autor de la comunicación que cité hace un momento, el gobernador García Padilla, quien parece que vio la escritura en la pared y hace un par de semanas anunció al país que decidió no postularse para la reelección.  Algo que en su momento yo había visto venir:

«Y entonces resultó que—para sorpresa de nadie—el electorado puertorriqueño eligió al candidato del PPD, Lcdo. Alejandro García Padilla, como quien entrará en funciones de gobernador el miércoles 2 de enero de 2013—por lo menos hasta el domingo 1 de enero de 2017, si no se le ocurre buscar la reelección….  Un candidato que much@s de nosotros encontraríamos tan difícil de entender como la sonrisa de la Gioconda de Da Vinci (pa’ los que jugábamos “bolita y hoyo” con la Mona Lisa)….

»Habrá que ver cómo él resolverá la crisis económica actual, sin cometer el mal hábito de sus antecesores políticamente afines, de desvestir a un santo para vestir a otro (o sea, tratar de “cuadrar” los presupuestos gubernamentales mediante préstamos—algo de lo que yo siempre he estado y estaré en contra).  Habrá que ver cómo resolverá el problema de las agencias públicas afectadas por la pérdida de sus servidores públicos, sin crear un problema mucho más grave que el que se pretendió resolver (si es que lo hubo en realidad, porque hasta yo me estoy cuestionando eso mientras escribo).  Habrá que ver cómo detiene la ola delictiva que hace que tengamos que mirar más a menudo por encima del hombro.  Habrá que ver cómo él piensa restaurar la confianza del pueblo en su gobierno, cómo piensa reconstruir los puentes rotos por la arrogancia e insolencia de quienes se sienten que por estar en el poder, pueden imponer su ley y sus normas sin que nadie les cuestione ni les oponga resistencia.

»Habrá que ver si el futuro incumbente hará algo que no sea quedarse callado ante semejantes retos.  Los mismos ciudadanos que lo eligieron para asumir esa posición (y… yo no estoy entre ellos—pero aun así, pienso estar pendiente de lo que él haga) no deben exigir menos que eso.»

Es más, a mí hasta me da la impresión de que por los últimos 30 ó 40 años, los puertorriqueños nos hemos dejado gobernar por ese icono comercial ochentoso, «Joe Isuzu»—o por su versión boricua menos afamada, «Pepe Isuzu».  Es más, díganme (porque para eso es que está la caja de comentarios, ¿OK?) si la siguiente cita de Wikipedia referente al personaje original (con mi traducción-adaptación del original) le cae a la presente situación como anillo al dedo, o como el sayo del refrán (“Al que le caiga el sayo, que se lo ponga”):

«Joe Isuzu was a pathological liar who made outrageous and overinflated claims about Isuzu’s cars.  (One commercial even cast him as the Boy Who Cried Wolf.)»

O sea, que «Pepe Isuzu» era un mentiroso patológico que hacía reclamos atrevidos y excesivos sobre la marca de automóviles que promovía (de la cual yo llegué a tener uno a mi nombre, y esto no es broma), hasta apareciendo en uno de los anuncios publicitarios como el niño que gritaba, “¡ahí viene el lobo!”.

Peor aún, es la clase de mentiroso patológico que no tiene un color específico.  Puede ser rojo PPD o azul PNP, y quien sabe si hasta verde PIP, aunque el único verde que le interesa a los 3 es el del dinero, muchas veces mal habido.  Es más, voy a aprovechar que lo dije de manera bastante clara en una ocasión, featuring el “irremediablemente bello” (según él se describe a sí mismo) «Mandrake Morrison» de los Quíntuples de Sánchez:

“Sí, son muchos cuentos.  Pero ése no es necesariamente el cuento….  El cuento verdaderamente es quien lo cuenta.  Es y ha sido y será siempre el (la) mism@ cuenter@.  Que sea del PNP o del PPD da lo mismo.  Es quien parece vivir en una realidad paralela a la nuestra, en un universo paralelo al nuestro.  Un universo paralelo en el que el país se está salvando de años décadas de malos manejos económicos (de muchos de los cuales no se responsabilizan, ni tocándolos con una vara de 3 metros—o de 10 pies, lo que le dé la gana de que venga primero); en el que la confianza de los inversionistas en la capacidad de recuperación económica de nuestro país nunca estuvo en duda (y quien diga lo contrario es un mentiroso, según esa mentalidad); en el que somos una ‘estrella’ que puede aportar mucho al mundo, que hasta puede enseñar a jugar béisbol a los mismos que inventaron el ‘baseball’… sin que lo más talentoso de su gente se tenga que ir pa’ otro la’o en busca de suerte.

“Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una ‘magia hermosa’ que esconda—y que l@s esconda de—la realidad que los demás vivimos a diario.  Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una maroma de complicidad entre ell@s y nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras que tenemos que aguantarle los cuentos que nos hacen cada día.  Y el precio que nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras tenemos que pagar por esa maroma de complicidad se hace cada vez más costoso.

“Ésa no es una maroma de complicidad de la que me alegre ser parte.  Pero gústele a quien le guste, ése es el cuento nuestro de siempre.”

Por los pasados 11 ó 12 años, he sido—y cuenten con que en el futuro seguiré siendo—consecuente en decir en este blog que muchos de los absurdos sin fin que suceden a diario en Puerto Rico, o donde sea, se deben a que alguien no asumió su cuota de responsabilidad (ya sea la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, con nuestros familiares, amigos, vecinos y demás) y permitió que las cosas llegaran al punto en el que—al fin y al cabo—tod@s tenemos que atenernos a las consecuencias de lo ocurrido.  Y ese es un punto del que nadie puede escaparse—ni siquiera los mentirosos patológicos que parecen tenernos agarrados por el mango como a la proverbial sartén.  Lo mismo da que no hayamos cuidado de nuestras posesiones personales como del medio ambiente de este único planeta en el que nos ha tocado existir: si no cumplimos con nuestra responsabilidad, tendremos que atenernos a las consecuencias.  Y ya sea que me sienta cómodo o no repitiendo esto, lo tengo que hacer—y lo seguiré haciendo mientras pueda hacerlo.  No hay otra manera de enfrentarlo.

Otra de esas cosas de las que de tanto que la he dicho a lo largo de los años en este blog, ya tiene vida propia y se dice por sí misma, es: ¿Qué es lo que una administración gubernamental—como dije, la que sea—que no cumplió con su responsabilidad cuando debió hacerlo, puede ganar con provocar un hervidero social, con causar una sensación de desasosiego entre la población general, ante un futuro no muy prometedor?

NADA, ABSOLUTAMENTE NADA.

Pero como dije entonces, me temo que eso es lo que nos espera, sabe Dios hasta cuándo.

Y en lo que el hacha va y viene y el palo del refrán descansa, ¿qué hacer ante una situación así?  Pues como escribí en una ocasión anterior, la gente está teniendo que echar mano de las palabras de Don José de Diego:

“Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

“Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.”

Y eso es algo en lo que deberían pensar los «Pepe Isuzu» de la vida, esos mentirosos patológicos que tratan de vendernos—como dice el de «La Cámara que Vende», “como pan caliente… ¡y con mantequilla!”—reclamos exagerados y excesivos, esos que tratan de huir de la triste realidad, en la esperanza de que la misma no los alcanzará.

O tal vez, creen que la realidad no los alcanzará.  Pero tarde o temprano los alcanzará, como nos está alcanzando a nosotros.  Y tarde o temprano tendrán que sufrir las consecuencias de su irresponsabilidad.

Y tarde o temprano, esos sueños que nos vendieron serán sus pesadillas.

¡Ojalá y así sea, en el 2016 que está por comenzar, y siempre!

¡Y vamos a dejar el año 2015 ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien, sean personas razonables y nos vemos en 2016.  (Eso sí, roguemos por que el nuevo año no nos salga de pesadilla… Sarcástico )


1 La Sección 8 (“Prioridad de desembolsos cuando recursos no basten”) en el Artículo VI (“Disposiciones Generales”) de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico de 1952 establece lo siguiente (énfasis añadido con toda intención): «Cuando los recursos disponibles para un año económico no basten para cubrir las asignaciones aprobadas para ese año, se procederá en primer término, al pago de intereses y amortización de la deuda pública, y luego se harán los demás desembolsos de acuerdo con la norma de prioridades que se establezca por ley.»

2 Pero para una explicación más detallada sobre el tema de la deuda pública del Puerto Rico de 2015 y los mitos sobre la misma, vea este artículo preparado por el Centro para la Nueva Economía (CNE).

3 Que conste que yo no divulgo mi dirección de correo electrónico oficial (ni siquiera mi dirección de correo electrónico regular) aquí en este blog, porque no la quiero para ningún otro propósito que no tenga que ver con mi trabajo.


Es más, aquí vamos de nuevo:

Yo soy Luis Daniel Beltrán… y yo APRUEBO esta entrada. Pulgar hacia arriba

¿Mugir o embestir?

“¡Ah desgraciado si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece
y como el germen enterrado: late.

“Resurge, alienta, grita, anda, combate,
vibra, ondula, retruena, resplandece…
Haz como el río con la lluvia: ¡Crece!
Y como el mar contra la roca: ¡Bate!

“De la tormenta al iracundo empuje,
no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.

“¡Levántate! ¡Revuélvete! ¡Resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡Muge!
O como el toro que no muge: ¡Embiste! ”

José de Diego (1866–1918), En la Brecha

En Puerto Rico, los últimos meses de 2013 y el inicio de 2014 han sido objeto de una disyuntiva, ocasionada por las medidas que toman quienes tienen la sartén por el mango—y como decía Alberto Cortez, “el mango también”—cuando dicen darse cuenta, temprano en el proceso, de que el mismo oro con el que pavimentaron las calles de la ilusión se ha hecho inasequible.  Medidas que responden a la Regla de Oro del nuevo milenio: “El que tiene el oro, es el que hace las reglas.

Medidas que son la principal consecuencia de años y años de despilfarros, de malos manejos fiscales que se quisieron subsanar con dinero “prestado” por las generaciones futuras, y que se pretenden borrar tan “de golpe y porrazo” como sea posible.  Y ello a costa, no de quienes se hicieron con el botín, sino de quienes hicieron su aporte honesto, sus sacrificios más fuertes para poder poner en marcha un país, sólo para ver como se les “castiga” esa lealtad.

Es más, no hace falta decir que ya pasamos por este mismo camino antes.  Y no puedo decir que los signos no estuvieran visibles, aun para los más ciegos entre nosotros, y que no se hicieron las debidas advertencias.  Como lo escribí alguna vez en este blog:

“A mí me parece que muchas de estas recomendaciones… son innecesarias o resultarían muy onerosas para la gente común y corriente, la gente que está en la calle tratando de sobrevivir de día en día y de cheque de pago en cheque de pago….

[…]

“En fin… a mí me parece que la medicina que nos espera sí que va a ser difícil de tragar para un pueblo que ya está saturado con sus problemas de todos los días.  Cómo pueda cada uno de nosotros asimilar esa medicina es lo que determinará si las recomendaciones (porque… ‘sólo son recomendaciones’) propuestas… surten algún efecto… pero no me quiero hacer muchas ilusiones sobre ello.”

Ni entonces, ni ahora, quiero hacerme ilusiones de que el efecto de las “recomendaciones” para solucionar la crisis del fisco sea positivo.  Sobre todo, a juzgar por lo que se está viendo últimamente.  Y lo que se está viendo no es muy agradable que digamos.  Particularmente cuando la tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando “las Navidades más largas del mundo”.  (¿En ese “duérmete, nene” es que nos tienen?)  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o “bonistas”—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo “por su bien”.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.

Entonces, como lo planteé en la entrada que cito arriba, ¿cómo puede cada uno de nosotros asimilar esa medicina que nunca deseó tomar?

Por lo menos, el colectivo de l@s maestr@s del sistema público de enseñanza, cuyo sistema de retiro independiente del de los demás servidores públicos—con la excepción que mencionaré en breve—se ha visto amenazado con esas nuevas leyes aprobadas “de noche, con gran cautela”, encontró que mugir como el toro acorralado del poema de de Diego no lo llevará a ninguna parte.  Ese colectivo decidió embestir.  Y luego de que no se le hiciera caso en principio, llevó su protesta al palacio boricua de las leyes—el mismo recinto cuyos ocupantes rojos, azules y verdes han hecho desmerecer su prestigio.  Y aunque algun@ de l@s agraviad@s se fuera a extremos objetables—como el de un maestro cuyo acto de orinar en uno de los escaños ha desatado un debate filosófico sobre dónde cayó el chorro (si en la silla del legislador o en el escritorio) y sobre el rango jerárquico de la “víctima” del aparente intento de “orinicidio” (¡hay que ver en lo que perdemos el tiempo en este país!), o el maestro que en su empeño por entrar a una oficina legislativa destruyó una costosísima puerta de vidrio (como diría cierta politóloga sata, “güey tu gou!”)—, no es menos cierto que estaba haciendo sentir su molestia por el agravio cometido en su contra.

Porque eso fue lo que ocurrió: l@s maestr@s fueron objeto de un agravio.  Y en lugar de sólo mugir acorralados, es@s maestr@s estaban en plena embestida, exigiendo la reparación de ese agravio.  Un agravio que podría tener repercusiones, pero a eso quiero ir más abajo en la entrada.

Hasta aquí todo estaría bien, de no ser porque hay otros que están tratando de embestir contra lo que consideran como un agravio: los miembros de la rama judicial de gobierno, cuyo sistema de retiro también es independiente del de los empleados públicos y del de los maestros.  Contra los jueces y las juezas se cierne también el espectro de leyes de reforma a su sistema de retiro, también para tapar el mismo agujero que se pretende tapar con la reforma al sistema de retiro de l@s maestr@s.  Porque parece que eso es lo único que saben hacer las autoridades en una crisis como ésta: tapar agujeros.*  Y aunque no tan militantes como l@s maestr@s, los jueces y las juezas han mostrado oposición a esas medidas, aunque tal vez los motivos no parezcan ser igual de nobles, especialmente cuando equiparan la independencia judicial a su sueldo.  Sobre todo porque cuando se retiran, se les garantiza un 100% del salario más alto percibido—que no es lo mismo que para l@s maestr@s y otros servidores públicos, a los cuales lo más que se les garantizaba hasta no hace mucho era un 75% del promedio de los tres salarios más altos.  (Y para colmo, para quienes nos retiremos del servicio público en un futuro no muy lejano, esa proporción será aún más baja [dicen que hasta de 38%].  ¡Qué mal nos va! Crying face )

Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.

Y ya que no cerré adecuadamente el 2013 en este blog—por lo que les pido las debidas disculpas—, vamos a hacer algo mucho mejor: ¡vamos a dejar el comienzo de 2014 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Y ya que estamos hablando de tapar agujeros, he aquí algo del baúl de los recuerdos… ¿o era “de los recuerdos del baúl”?  ¡Qué sé yo!  Smile with tongue out

"Francamente, para mí… es como tratar de reparar una represa colocando un dedo en la grieta por donde se está colando el agua….

[…]

“Por cierto, me viene a la mente la leyenda del niño holandés—unas versiones lo llaman ‘Peter’, otras versiones lo llaman ‘Hans Brinker’—que salvó a su poblado de verse inundado, al ser el primero en percatarse de que el agua del océano se estaba colando por una grieta en un dique y tapar dicha grieta con un dedo…  Si eso hubiese ocurrido en Puerto Rico, probablemente la prensa estaría a su alrededor tratando de matarlo a preguntas, y hasta habría manifestaciones de ‘apoyo’ y ‘solidaridad’ de los radicales en el movimiento ambiental local (y ellos saben quiénes son)…  ¡Y tal vez hasta el propio gobierno le requeriría al pobre muchachito preparar una declaración de impacto ambiental por tan sólo estar poniendo el dedo en la grieta!  ¡Quién entiende esto!”

De una vez, aprovecho para corregir la omisión de no haber hecho referencia a alguna de las fuentes de esa leyenda.  Afortunadamente, encontré la fuente que les dejo a continuación (en inglés), en la que se aclara quién era realmente Hans Brinker y quién era Peter, y que este último fue el verdadero héroe que salvó la ciudad de Haarlem, Holanda.

The Boy who Saved the Netherlands, en Lidy’s Page (acceso: 19 de enero de 2014).


LDB

No se acabó el mundo en el 2012—sólo se acabó el 2012

English: Mayan calendar created by a modern cr...
English: Mayan calendar created by a modern craftsman (Photo credit: Wikipedia)

(sol-sol-sol-sol-sol)

NotaSe equivocaron
Los mayas
Se equivocaban
Se equivocaban…Nota

(Entónese como si fueran las primeras estrofas de “Se equivocó la paloma” [1941], del poeta español Rafael Alberti [1902–1999], con música del compositor argentino Carlos Gustavino [1912–2000].)

¡Adió’!  ¿Todavía están por aquí?  Si es así, son somos más que afortunados de que el mundo no hubiera llegado a su final, como lo decía supuestamente la profecía de los Mayas, al llegar al final de su calendario de piedra (en fecha equivalente al 21 de diciembre de 2012).

(Aunque acá entre nos, mi sospecha es que los Mayas pudieron haber seguido construyendo su calendario… de no haber sido porque su suplidor ya se había ido a la quiebra y no encontraron otro que les supliera más piedra.  ¿Y solicitar ellos mismos un permiso de extracción de materiales de la corteza terrestre para eso?  ¡No, hombre, no!  Lengua fuera  ¡Pero allá Juana con sus pollos!)

Por supuesto, los Mayas no han sido los únicos que fallaron en vaticinar el fin del mundo—aunque afortunadamente para todos nosotros, no contaban con muchos de los adelantos tecnológicos que algunas personas mal utilizan hoy en día para tratar de crear influencia en torno a sus descabelladas ideas.  O dicho en “palabras finas”: manipular a todo un montón de incautos.  (Y no hay que ir muy lejos: exhibit 408, exhibit 728.)

Pero bueno, ya basta de ese desahogo.  Vamos a lo que vinimos hoy: a despedirnos del año 2012.  Un año que tal vez debería compartir el título de la entrada que escribí hace exactamente un año en este blog, por las cosas difíciles que ocurrieron y que lo caracterizaron.  Y si vamos a ver, el 2012 fue—para sorpresa de nadie—una copia del 2011.

La violencia siguió su paso avasallador, ensañándose contra quien se la encuentre, ya sea que se lo proponga o que no.  Violencia que como lo refleja el Inventario de Estadísticas: Delitos Tipo I, del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, hasta noviembre de 2012 (último mes para el cual las estadísticas estaban disponibles mientras escribo esto) tenía en su haber 871 asesinatos y muertes violentas (y aun si fueron un 17% menos que las 1050 de la misma fecha en 2011, no dejan de ser demasiadas), fácilmente cerca de llegar a las 1000 para cuando caiga el 2012.  Peor aún, nuestros niños y jóvenes siguen siendo las víctimas más frecuentes, desde quienes esperan con emoción las primeras luces del año (como en el trágico caso de la quinceañera Karla Michelle Negrón Vélez), hasta los más inocentes que no tienen culpa de la irresponsabilidad de quienes se supone que los cuiden (como la madre que hace unos días fue arrestada por sofocar a su bebé de poco tiempo de nacido y guardarlo en un congelador).  Pero no son solamente los niños: también están las mujeres que sufren las consecuencias de la violencia con las que las trata su pareja, mientras que el mismo Estado que juró un día proteger a sus ciudadanos “contra todo enemigo interno y externo” les falla.  Esa misma violencia que, gústele a quien le guste, se la debe llamar como lo que es: violencia de género.  No “doméstica”, no “pasional”.  VIOLENCIA DE GÉNERO.  Así de simple y sencillo.

Para colmo de males, no se salva nadie: ni los pobres a los que la sociedad ha relegado para que “se maten ellos mismos” (y ciertamente hay bastante culpa para compartir), ni figuras de mayor reconocimiento y de quienes menos se espera que sufran un desenlace violento, como el de Héctor “Macho” Camacho, o el de la Sra. Carmen Paredes, cuyo esposo (Carlos Casellas—hijo del juez del Tribunal de los EE.UU. en Puerto Rico, Salvador Casellas) es el principal sospechoso de su muerte).  Así que “no hay de otra”: seas rico o pobre, conocido o desconocido, doctorado magna cum laude o analfabeta, te llega la hora sin querer, sin que te des cuenta.  PUNTO.

(Y ni hablar de las matanzas ocurridas este año en los EE.UU., entre las cuales nos toca muy de cerca la de la Escuela Elemental de Sandy Hook en Newtown, CT, en la que a 12 niñas—una de ellas, de ascendencia boricua—y ocho varoncitos entre 6 y 7 años de edad y seis mujeres—una de ellas, la heroica maestra Victoria Soto, de 27 años, de padres oriundos de Bayamón—también les llegó su hora sin querer, sin que hubiese necesidad para ello.  Y todo en medio de una cultura que glorifica las armas de fuego, al punto de justificarlas casi como si fuese un derecho divino, un rasgo distintivo del “buen americano”.  Y es triste decirlo, pero ésa es la realidad, gústele a quien le guste.)

¿Y la Policía de Puerto Rico?  Digo, ya sea que esta pregunta se refiera a la agencia del orden público que no ha sido capaz de detener esa ola criminal, o a la que parece ser más efectiva como instrumento para adelantar agendas políticas—y que mientras escribo esto está tratando de zafarse de una demanda judicial presentada por el Departamento de Justicia de los EE.UU. por violaciones a los derechos civiles de los ciudadanos—, la respuesta es la misma: ¡bien, gracias!

Pero además, el 2012 fue un año en el que los políticos puertorriqueños hicieron galas de por qué no deben considerarse dignos representantes de lo que se concibió en la antigüedad grecorromana como un noble oficio.  Por ser un año de elecciones, se empeñaron en usar cuanto truco se les ocurrió para tratar de ganarse la confianza de un electorado que vivía en un mundo real—una realidad de la que estaban enajenados sus propios líderes.  Desde entrometerse en la vida personal e íntima de sus opositores para sacarlos de carrera, pasando por descarados intentos de burlar las leyes electorales mediante el voto de electores “mudados” expresamente para favorecer el candidato impulsado por un alcalde influyente, hasta la práctica—que much@s creíamos que era cosa del pasado (los 1920s, 30s, 40s, etc.)—de regalos a cambio de votos, y en el proceso, tratar de dar la impresión de que son mejores puertorriqueños que nadie—aunque ese mismo “nadie” se lo crea, especialmente cuando se dejan ver como son en realidad, llenos de odio y de prejuicios… ¡y hasta sacando el dedo para burlarse de todos nosotros!

(Y a éstos no sería a los únicos a quienes yo les tomaría con pinzas esa “puertorriqueñidad” que tratan de demostrar, pero ese ya es otro tema).

Y también fue el año en el que el impacto de esa realidad fue contundente en quienes quisieron hacerse a la idea de que la misma no existía.  Y esa realidad llevó al electorado a rechazar que se manipulara el constitucionalmente reconocido derecho de todo ciudadano—aún aquéllos que por lo demás no lo merecen, y ustedes saben de lo que eso se trata—a estar libre bajo fianza mientras se ventila su caso, y a que se manipulara la composición de la Asamblea Legislativa, sin que eso representara un juicio sobre la calidad de los legisladores.  Pero más allá de eso, llevó al electorado a derrotar las aspiraciones de reelección de quienes, más mal que bien, rigieron sus destinos por cuatro años.

Por supuesto, no será nada fácil para quienes serán los herederos trabajar para construir una mejor realidad—por lo que a mí me parece que el cambio en el estilo de hacer las cosas, expresado en las urnas puertorriqueñas, será más cosmético que otra cosa, pero bueno…

Aún así, miro lo que escribí tal día como hoy, hace exactamente un año, sobre lo que fue y lo que podría ser (editado y con énfasis añadido):

“(El 2011 fue un) año en el que los agravios crecían como los hongos, aquí y allá, aún más que en el año anterior.  Un año en el que la esperanza se puso a prueba, que pareció estar en su más bajo nivel.  Pero también fue un año en el que quedó manifiesto que los agravios se deben reparar, que la gente está comenzando a reclamar lo suyo, que la gente está comenzando a mirar las cosas como éstas son y a exigir que se le haga justicia….  Y aun cuando a muchos de estos movimientos de protesta, las autoridades locales se la están poniendo difícil, ellos no pierden la esperanza de lograr sus reivindicaciones.  Podrán haberse quedado sin empleo, podrán haberle ejecutado las hipotecas de sus viviendas, podrán haber perdido los ahorros con los que pretendían tener una jubilación decente, pero todavía les queda su dignidad.  Eso, y la esperanza que tanto se dice que es lo último que se pierde.

La misma esperanza que todos tenemos en que nuestras vidas mejoren con el año que está por comenzar.  La misma esperanza que no debemos perder, bajo ningún concepto.

Eso fue lo que ocurrió.  Fue la dignidad y la esperanza lo que prevaleció en el año que está por dejarnos a la hora en que escribo esto, por encima de la mezquindad y de la intimidación.  Y son la dignidad y la esperanza las cualidades que guían a través de la más fuerte tormenta, que nos ayudan a caminar por la más oscura de las noches.  Y a riesgo de sonar “como disco rallado” (que por cierto, eso era lo que decíamos antes sobre los discos de pasta de acetato, aunque también resulta que los discos compactos y algunos DVD también se rallan… pero ya eso es otro tema), son la dignidad y la esperanza lo que nos ayudará a vivir nuestra vida, en el Año Nuevo 2013 y siempre.

¡Y vamos a dejar el 2012 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien—en el 2013 y siempre.

Fiesta ¡NOS VEMOS EN EL 2013! Fiesta

LDB

Amanecer en la impunidad

Fireworks
Fireworks - Image via Wikipedia

Bueno, amigas y amigos, mi gente, parece que el año 2012 que comenzó hace unos días las tomó donde mismo las dejó el año anterior, con una violencia que más me parece un síntoma de lo mal encaminada que está nuestra sociedad.  Pero para echarle sal a la herida que tal violencia nos dejó en el año recién pasado—con un total de 1136 muertes violentas, cifra hacia la que íbamos de camino un par de entradas atrás—, el 2012 no podía empezar más violento, con una gran cantidad de personas que—por más que se les dijo que no lo hicieran, por más exhortaciones de toda clase, de las principales figuras públicas del país—se pusieron a disparar al aire sus armas de fuego, tal vez creyendo que ésa era una forma legítima de celebrar el final de un año y el comienzo de otro, tal vez creyendo que eso era divertido, que eso no le hacía daño a nadie.

Pero más allá de la conmoción creada por una práctica tan salvaje—como la conmoción que recogió una jovencita y sus amigos, que tuvieron la valentía (aunque sus rostros reflejaran el terror del momento) de grabar un vídeo casero en el que se escucha claramente cómo las cercanas detonaciones de armas de distinto calibre empañaron su celebración de despedida de año1 (y que refleja la realidad que se vive, muy a pesar de las críticas ulteriores de algunas personas, de ésas que se sienten tan cómodas y tan a gusto con su propia cobardía)—, algo sucedió.  Las balas “perdidas” no se perdieron.  Salieron a cumplir con su encomienda.

Karla Michelle Negrón Vélez, 1996—2012 (foto según publicada por El Nuevo Día, San juan, P.R.)

Y una de esas balas que no se perdió, acabó encontrando un objetivo: una niña de 15 años, de nombre Karla Michelle Negrón Vélez, estudiante escolar, llena de pasión por el ballet, llena de sueños e ilusiones para su vida, para su futuro.  ¿Y qué hizo ella para merecer que un pedazo de metal, atraído a tierra con una aceleración de 32 metros por segundo cada segundo, la castigara de esa manera, destrozando su cabeza y alojándosele en el tallo del cerebro, dejándola con muerte cerebral hasta que partió hacia la eternidad, en una fecha que muchos consideran de mala suerte (un viernes 13 de enero de 2012)?  Digo, a menos que el “pecado” de ella hubiera sido estar en el balcón de la casa de algún amigo, presenciando un espectáculo de fuegos artificiales para la despedida del año.  Algo que tal vez, l@s más insensibles y despreocupad@s2 dirán cínicamente que “no debió estar haciendo” en ese momento, o sea, estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado… ¿para qué, para dejarle libre el camino a quien “se divierte” disparando al aire?

Y lo peor de todo es que la bala que no se perdió, sino que encontró su objetivo, tal vez sin proponérselo, pudo haber venido de cualquier lugar en las cercanías.  Pudo haber sido disparada por alguien tan inconsciente del daño que habría de causar.  ¿Pero quién?  ¿Quién pudo haber sido tan irresponsable como para haber disparado al aire un arma de fuego, en un país donde las armas de fuego están tan fuertemente reguladas (por lo que no se puede pretender, como alguna gente quiere, que la gente ande armada por ahí como en el Viejo Oeste estadounidense), sin medir las consecuencias?

Ciertamente, esa clase de persona no va a dar cara por lo que hizo, porque sabe que cometió una brutal torpeza, y por ello prefiere esconderse en el anonimato, prefiere refugiarse en la impunidad.

Impunidad.

IM-PU-NI-DAD.

“impunidad.
(Del lat. impunĭtas, -ātis).
1. f. Falta de castigo.”

Diccionario de la Real Academia Española, vigésimo segunda edición. (Consultado el 16 de enero de 2012 a las 03:10 UTC -04:00)

Gente así prefiere hacerse a la ilusión de que por más egregia que haya sido la barbaridad cometida, nunca tendrá que pagar las consecuencias, ni tendrá que rendirle a nadie cuenta alguna de sus actuaciones.  Tal vez esa clase de persona recibe mucha inspiración de lo que ve a diario, especialmente con figuras de poder, de ésas que buscan cuanto truco existe para no someterse a los mismos trabajos, a los mismos sacrificios que tenemos que pasar l@s que estamos “en la rueda de abajo”.  De ésas que creen que pueden salirse con la suya “porque lo pueden hacer”.  Y encima de eso, son de las primeras personas que se llenan la boca recordándoles a los demás su responsabilidad con el colectivo, recordándoles que deben pagar los servicios básicos a tiempo, si no desean arriesgarse al corte de esos mismos servicios, entre otras consecuencias.  (Y si la Constitución de Puerto Rico de 1952 no estableciera claramente su prohibición a que se aplique la pena de muerte, seguramente estas mismas personas abogarían por ese castigo para cualquier “Juan Pela’o” que se atreva a atrasarse un minuto en el pago de sus servicios—o sea, para cualquiera, ¡menos para ellos!  Ya sé que exagero, ¡pero quién sabe!)

Pero no.  Cualquiera diría que se está fomentando en Puerto Rico una cultura de impunidad, en la que cualquiera puede cometer un acto bárbaro, como el de disparar un arma de fuego al aire en una celebración de Año Viejo, sin importarle que haya alguien más entre la trayectoria de la bala y el terreno, y sin preocuparse de lo que sucedería en el cada vez más improbable caso de que alguien lo pueda señalar como responsable.  Y si no hay nadie que tenga la autoridad moral para señalar esa conducta impropia, para imponer las debidas sanciones contra quienes las practican… bueno, digamos que seguirá habiendo quien crea que puede actuar irresponsablemente, sin temor al castigo, que no se sentirá obligado a responder por sus actos, que podrá esconderse fácil y cómodamente en la impunidad.

Así de mal hemos comenzado este nuevo año.

De mi parte, que tengas un buen viaje hacia la eternidad, Karla Michelle, y que tu sonrisa ilumine las vidas de tus padres y tus familiares, y que sirva de guía en el camino de tus amistades.  Y sobre todo, si el sufrimiento de los últimos 13 días de tu vida sirve para algo, deberá ser para evitar que reine la impunidad.  ¡Que así sea!


NOTAS:

  1. Al momento en el que escribo esto, el vídeo había sido retirado de YouTube, pero no sin antes desatarse toda una controversia por el mismo y hasta ser objeto de exposición internacional, a través de los diferentes medios de prensa.
  2. Mientras trato de escribir el párrafo del que sale esta nota, me tropiezo con la insensibilidad que mostraron algunos usuarios y usuarias de redes sociales como Facebook y Twitter, quienes criticaron el que la gente dedicara su atención al caso de la agonía y muerte de Karla Michelle Negrón.  Más aún, me molestó ver la falta de respeto de algunas de estas personas hacia quienes mostraron su solidaridad y su apoyo a los padres de la jovencita.  Me pregunto si ésa es la clase de educación que se les da a personas como ésas en el seno de sus familias.  Ésas tal vez son personas que creen tenerlo todo en el ámbito de lo material, pero carecen de lo más básico en lo emocional y lo espiritual.  Tal vez a personas como ésas no les preocupará recorrer la Avenida Baldorioty entre Carolina y San Juan y verse de momento en medio de un tiroteo entre autos, o salir una noche a “janguear” a Isla Verde o el Condado, sólo para acabar agredida o violada sexualmente, o peor aún, asesinada por algún vicioso o por alguien a quien no le importa la vida humana, ni siquiera la suya propia.  Tal vez a esas personas no les preocupan esas cosas, porque esas cosas “les suceden a los demás”, porque “YO soy YO”, porque “a MÍ eso no me va a suceder”…
    Y les guste o no, esas cosas suceden.  Y le suceden a cualquier persona.
    Es más: Si alguna de esas personas está leyendo esto—y sé que lo están haciendo, además de que hacen el honor de leer mi blog—, la reto a que se atreva a faltarme el respeto por mostrar un poco de solidaridad humana, algo de lo que ciertamente carecen esas personas.  La caja de comentarios estará disponible por 30 días a partir de la publicación de la entrada.  Mis direcciones de email están al final de la página.  Sólo falta que tengas la valentía para hacerlo… pero no voy a perder mi tiempo esperando.  Tal vez prefieras esconderte en la impunidad.

LDB

Valores familiares: Llévalos contigo, o si no…

Fort Buchanan Sergeant Major David Davis and g...
Hon. Jorge A. Santini - Image via Wikipedia

Puede ser que lo que voy a decir a continuación sea chocante para mis lectores en San Juan, Puerto Rico—que al momento en que escribo esto, hacían unas 22 (4.40%) de las 500 visitas más recientes por ciudad a este blog, según mi cuenta en StatCounter.com.  Pero la realidad es que a mí me alegra no ser residente de San Juan.

Digo, si ustedes han visitado mi página biográfica, saben que yo no resido en San Juan, y que este blog ni siquiera se escribe en San Juan.  Y aunque yo tenga que gastar fuertemente en gasolina cada semana (actualmente al ritmo de US$0.817 por litro de gasolina—US$3.09 por galón estadounidense) para moverme “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, yo no cambio por nada del mundo el hecho de no residir en San Juan.  Por muchas razones: porque mi naturaleza es y será “de pueblo chiquito”, porque los costos de la vivienda en San Juan son muy altos (especialmente para quienes se les hace difícil conseguir una vivienda cuyo costo no comience por debajo de los “bajos” US$150,000—y ya a estas alturas de mi vida, yo no estoy para eso), por la alta tasa de delincuencia en sus calles (aunque últimamente, los pueblos pequeños como el mío, Juncos, no son exactamente los santuarios contra la violencia delictiva que eran en otros tiempos), porque se forma un congestionamiento vehicular en casi cada esquina (en muchos casos, debido a la mala planificación de los usos alrededor de las vías principales)… ¿de veras, quieren que les haga la lista?

Yo estoy seguro de que no.

O tal vez sí, tal vez debería añadir una razón adicional por la que me alegra no residir en San Juan.  Y esa razón es recibir en mi correo lento (lo que algunos cínicos bautizaron hace rato como el “snail mail”) lindezas como la que ha llamado la atención de todo Puerto Rico y el mundo, pero no necesariamente por las mejores razones del mundo: la ya mundialmente archifamosa tarjeta de Navidad del Gobierno Municipal Autónomo de San Juan, en la que el alcalde, Hon. Jorge A. Santini Padilla (el mismo al que ya conocemos por esta entrada, esta otra y esta otra), envía un saludo navideño a sus conciudadanos, en compañía de su esposa y de los tres hijos de la pareja.  La misma tarjeta cuyo diseño ha sido reconocido por medios informativos tan prestigiosos e importantes como El Nuevo Día, The Washington Post (que la comparó con la tarjeta navideña del presidente Obama), CNN, TMZ (¡ay, por favor!), los principales periódicos en Europa… ¡y hasta El Ñame!

(Y para ser completamente responsable, valga hacer una advertencia importante: La familia del señor Santini no tiene—ni debe tener—responsabilidad alguna por lo bueno o malo que se haya dicho, se diga y se dirá de su tarjeta navideña del 2011. PUNTO.)

OK, amigas y amigos, mi gente: ¿notan algo raro aquí?  (“Una de estas cosas, no es como las otras…”)  Digo, es bueno ver al distinguido incumbente municipal rodeado de su familia, como debe ser, en una época de tanta alegría y regocijo para la humanidad (aun para aquell@s a quienes ni les viene ni les va el motivo por el que los demás celebramos, o se supone que celebramos, esta fiesta tan especial al final del año—pero ya eso es otro tema).  Y qué mejor manera de resaltar esa unidad, de promover los valores familiares, que llevar a su familia al nuevo Museo de Historia Natural de San Juan, a retratarse con los antílopes y los leopardos en plena lucha por la supervivencia

¡Un momentito!  ¿Un mensaje digno de una época en la que se predican la paz y el amor, con una escena violenta en primer plano?  Yo no sé a quién se le puede haber ocurrido semejante barbaridad, pero definitivamente, alguien “se quedó dormido en la zona de los tres segundos” (como en el baloncesto, para quienes no entienden esa frase).  O si lo quieren tratar de entender en otro idioma, “someone’s been asleep at the wheel”.

“Jorge Santini posó con su familia junto a un leopardo que intenta matar a un antílope mordiéndole el cuello y desea ‘que esta Navidad ilumine tu sueño’.  Para algunos la foto no es apta para las Navidades, la mordida del felino, para algunos, proyecta una violencia que contrasta con la paz y la armonía que debería caracterizar el espíritu navideño.”

¿Mandarías esta tarjeta de Navidad? Controversia por postal de Jorge Santini, por Victoria Merlo (AOL Noticias, 13 de diciembre de 2011)

Y ahí tenemos dos elementos muy opuestos entre sí, contrapuestos en una misma imagen: un elemento de violencia en un primer plano (qué no tiene que limitarse a lo que presenta la imagen original, como lo demuestra esta página de fotomontajes), y un elemento de “paz y armonía” en un segundo plano.

Por supuesto, el incumbente municipal se ha ocupado de desmentir que la tarjeta tenga esa intención, más bien atribuyendo el propósito de las cinco tarjetas que se realizaron para esta Navidad (incluida la tarjeta de la discordia) a un esfuerzo para promover el Museo de Historia Natural de San Juan.  Esfuerzo que, a juzgar por los resultados que reporta el primer ejecutivo municipal (con una expectativa de recibir 135,000 visitantes antes de que termine el 2011), no han sido tirados a pérdida.  Y por supuesto, al mismo incumbente le han “resbalado” las críticas ganadas por su acción a través de todo el mundo—particularmente, la del periodista Anderson Cooper (andersoncooper y ac360 en Twitter), de CNN, quien lo puso en vitrina en su lista de “ridiculeces”—, al alegar que “toda publicidad es buena publicidad” y que ahora todo el mundo sabe que existe un Museo de Historia Natural en San Juan.

Así que la cosa, como dijo alguna vez Madonna, es que hablen bien o mal de mí… ¡pero que hablen!

Es más, déjenme decirles mi opinión muy personal de lo que veo ahí.  Veo en la imagen a una persona, un importante y reconocido líder político, que como todo importante y reconocido líder político que se precie de serlo, está posando en una foto con su familia, dando un cuadro de unidad familiar que parece resaltar la importancia de la familia en estos tiempos difíciles, en los que la gente se está—como mínimo—halando por los pelos en una diaria lucha por la supervivencia, como se ve en el primer plano de la imagen.  (Que, si no es otra cosa, es lo que significa la escena del leopardo y el antílope, por lo menos para los que hemos estudiado—y para los que estudian—Ecología, Biología o Ciencias Biológicas en la universidad.  Un ejemplo de la eterna lucha por la búsqueda del sustento que todos los seres vivos enfrentan, de una manera u otra.)  Tal vez el mensaje que se da es que la familia está segura, mientras “allá afuera”, en la calle, los demás se las están arreglando para sobrevivir a cómo dé lugar.  Otra vez, “nosotros” vs. “los otros”.

O qué tal si en un caso menos benévolo, lo que se ve es a un alcalde que se sabe una figura controvertida (y si alguien todavía tiene dudas, vea los tres enlaces a mis entradas anteriores sobre este singular personaje político), que pone a su familia como una especie de “carnada”, para decirle a sus rivales (por lo menos, éstos son conocidos) y a posibles enemigos (que pudieran o no ser conocidos) algo así como esto:

“Aquí estoy YO, con MI esposa y con MIS hijos, celebrando la Navidad como mejor NOS parece.  Si eso te molesta, tu problema es CONMIGO y ‘arreglamos’ donde sea.  Pero no se te ocurra meterte con MI familia, porque de lo contrario… ¡podría ocurrirte lo que al antílope que es atacado por el leopardo!  ¡Ése es MI reto!  ¡Estás advertido!”

OK, yo sé que lo que acabo de plantear suena un poco exagerado, pero quién sabe si hay algo de eso implicado en lo que proyecta la tarjeta navideña de la discordia.  Una especie de provocación, una especie de “ven y túmbame la pajita, si te atreves”, algo más allá de simplemente promover el Museo de Historia Natural de San Juan.

Y en cuanto a promover el Museo de Historia Natural de San Juan, yo pienso que debe haber mejores maneras de darlo a conocer, tanto a propios (o sea, sanjuaneros) como extraños (todos los demás habitantes de Puerto Rico y de este planeta).  Me imagino que una buena orientación con el personal del Museo Nacional de Historia Natural de la Smithsonian Institution, reconocido internacionalmente como un lugar de excelencia, pudiera ayudarlos a enfocar mejor sus esfuerzos, a desarrollar programas educativos, a enseñar a los sanjuaneros a que ese museo debe ser fuente de orgullo e inspiración para lograr cosas mejores en la vida.

Pero en lo que el hacha va y viene y se hacen las cosas como debe ser, me imagino que la concurrencia al Museo de Historia Natural de San Juan aumentará, no tanto por el sano interés de conocer la naturaleza, de enriquecerse en conocimientos y experiencias sobre el medio ambiente que nos rodea—y del que, queramos o no, formamos parte, y en el que tenemos un papel esencial que desempeñar—, sino tal vez por alimentar el morbo, por ver los famosos animales con los cuales el alcalde de la ciudad capital y su familia posaron para una tarjeta de navidad.  Una tarjeta de navidad que implica la prédica de unos valores que parece que dejamos atrás, y que deberíamos tratar de recuperar… una prédica opacada por una imagen de violencia.

¡Y vamos a dejarlo ahí, que ya la Navidad de 2011 está a la vuelta de la esquina!  Cuídense mucho y pórtense bien, porque si no, se los come el leopardo de la tarjeta navideña… ¡o algo peor!

¡Felicidades!

(¡Ah!  Y por si acaso: Ningún animal fue muerto o lastimado en la realización de esta entrada.)

LDB