Ver “De La Nada- Vota por mi” en YouTube

Amigas y amigos, mi gente, yo creo que una de las razones por las que estaremos recordando el ciclo electoral que termina mañana martes (8 de noviembre de 2016), más allá de los escándalos de corrupción, la caída de las finanzas públicas en un abismo profundo (luego de décadas de prácticas malsanas) y la imposición de un Supragobierno por parte del gobierno estadounidense (luego de que dicho gobierno dejó ver que lo que le dijo a Puerto Rico y al mundo a principios de la década de 1950 fue una gran mentira), es por el alivio cómico y reflexivo que nos dio De La Nada.

De hecho, el enlace abajo es a lo que se denomina como el “fin de temporada” de ese sitio web, en el cual se hace un tremendo junte de los 6 candidatos a la gobernación de Puerto Rico (PPD, PNP, PIP, más Partido del Pueblo Trabajador y 2 candidatos independientes) para cantar al estilo de aquella canción milnovecientosochentosa, “We Are the World”.  (Aunque a diferencia de la época en que se se grabó la original…  Bueno, digamos que los de hoy se habrán pasado el letrero de “Check your egos at the door” por donde no les da el Sol.  Pero así son las cosas.)

Comoquiera, les dejo aquí el enlace para que se diviertan un poco, aunque sé que les dará un poco de pena (como a mí) con los líderes del pasado que miran desde el cielo cómo los que están aquí hoy han dañado su legado.  Y créanme, Muñoz Marín, Ferré y Doña Fela deben estarse revolviendo en sus sepulcros.  Pero nada.

Gracias, Rangely, por este respiro electoral.

¡Y vamos a dejarlo ahí, por el momento!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

Soy Luis Daniel Beltrán…  ¡Y ya, pa’ la porra con esto de estar aprobando mis propias entradas! 😛

¿Qué es, que aquí no hay justicia?

English: A Ford Puerto Rico Police car parked ...
English: A Ford Puerto Rico Police car parked on Paseo de la Princesa. (Photo credit: Wikipedia)

La pregunta que da título a esta entrada suena como si la desesperación se hubiera apoderado de mi persona.  Pero aun si así fuera, no soy el único.  De hecho, somos much@s l@s que pensamos que no hay manera de encontrar justicia en Puerto Rico, ante la realidad de un sistema de justicia que—simple y sencillamente—no funciona como debe ser.

Porque, ¿cómo pueden explicarse cosas como una fuerza policial—una de las de mayor tamaño de las áreas bajo jurisdicción estadounidense, aunque esa me parece una comparación injusta, si la comparación es con las agencias policiales de las urbes estadounidenses, pero ya eso es otra cosa—que en lugar de aprovechar su energía combatiendo una oleada delictiva aparentemente sin control, la malgasta como un instrumento de represión y de violación de los derechos civiles de sus ciudadanos (como lo refleja el reciente informe de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles, ACLU, sobre la impunidad policial en Puerto Rico)?  ¿O qué tal un sistema judicial en el que o los jueces ejercen (bien o mal) su discreción—esa misma a la cual se quiere delegar, según propuesto en un referendo programado para agosto del año en curso, la potestad de no fijar fianza para los acusados de ciertos delitos violentos—y dejan irse libre a la persona equivocada, a pesar de lo contundente que haya sido la prueba desfilada ante sus ojos, o los representantes del Ministerio Público no tienen la capacidad para que esa misma prueba resista el más fuerte escrutinio?

De lo primero, habrán visto muchos ejemplos a través de los años que llevo escribiendo este blog.  Para mí, los más notables son dos: la muerte de un líder cívico humacaeño a manos de un policía, sabe Dios bajo influencia de qué, y los hechos represivos con los que se quiso disfrazar un abuso del poder legislativo (for the English version of the same post, click here), y cuyas imágenes—una de las cuales ocupa “en todo su esplendor” la portada del informe de la ACLU al que me refería—nos persiguen hasta el día de hoy.

De lo segundo, bien podrían elegirse otros dos, y el primero que me viene a la mente es el caso de la jueza que en la práctica “exoneró” a un acusado de violencia de género, al encontrarlo culpable de “asesinato atenuado”.  Y como decía arriba: muy a pesar de toda la prueba que desfiló en contra del acusado.  Ahora bien, déjenme imaginarme por un momento que ese resultado no hubiese sido—como se atribuye—culpa de la jueza, sino el producto de un mal trabajo de la Fiscalía.  Y ahí bien podría ubicarse el segundo ejemplo, el más reciente, cuando el Tribunal declaró culpable de “mutilación negligente” a un individuo—del que se dice que comoquiera tenía antecedentes penales—que atropelló a su novia, Francheska Duarte Jiménez, al punto de que se le debieron amputar a ésta las dos piernas.  (Y aunque suene trillado, ni hablar del daño emocional que acompañará a Francheska por el resto de sus días—y que es mucho mayor que el propio daño físico que ella sufrió, pero no hace que el primero sea menos importante.)  O por lo menos, esa fue la justificación que dio la jueza que vio el caso en una comparecencia pública que no tenía que hacer, pero la hizo de todos modos.

Yo no sé cómo lo ven ustedes, pero aquí se supone que haya “taller”—y de sobra—para quienes dirigen o aspiran a dirigir los destinos de un pueblo como el nuestro, a fin de arreglar las cosas que están dañadas en este sistema de cosas que vivimos y padecemos los puertorriqueños.

Mientras tanto, ¿qué hace nuestra claje política?  (Entenderán que si escribo “clase”, como debería ser, le estaría dando mucho “status”, mucha “clase” a quienes ni se la merecen.)  Pues, entretenida entre insultos (como la “cara de… ‘oveja’ bien administrada” del gobernador, según el candidato rival—que de paso, al estratega de campaña que le sugirió esa táctica, yo lo mandaría a botar sin dejarle abrir la boca) y planes grandiosos pero de dudoso beneficio público, como el plan del gobernador para que el sistema público de enseñanza comience “desde ya” a impartir instrucción en el idioma de Shakespeare.  Una iniciativa con la que yo, personalmente, no estoy de acuerdo.


Antes de seguir, déjenme recalcar lo que acabo de expresar, y esto lo digo muy a pesar del entorno familiar en el que me crié (o tal vez gracias a ese entorno… ¡qué sé yo!):

YO DECLARO POR MEDIO DE ESTE BLOG QUE NO ESTOY DE ACUERDO CON LA INICIATIVA DE LA ACTUAL ADMINISTRACIÓN DE GOBIERNO DE PUERTO RICO, DE TRANSFORMAR EL SISTEMA EDUCATIVO PÚBLICO PUERTORRIQUEÑO, EN UN PLAZO DE 10 AÑOS, EN UN SISTEMA EN EL QUE TODAS LAS MATERIAS ACADÉMICAS—MENOS EL ESPAÑOL, POR SUPUESTO—SE IMPARTAN EN INGLÉS.  MI RECHAZO OBEDECE A QUE ESA MEDIDA AMENAZA CON DESTRUIR LA NATURALEZA DEL PUERTORRIQUEÑO, QUIEN VIVE, AMA Y SUEÑA EN ESPAÑOL, Y PORQUE NO VA DIRIGIDA A LA RAÍZ DE LOS PROBLEMAS QUE AQUEJAN AL SISTEMA PÚBLICO DE ENSEÑANZA, PROBLEMAS A LOS QUE DEBE DARSE PRIORIDAD, SI QUEREMOS TENER UN SISTEMA EDUCATIVO DE EXCELENCIA, QUE NOS AYUDE A SER COMPETITIVOS EN EL MUNDO DEL SIGLO 21 Y DE LOS SIGLOS POR VENIR.

Y ese es mi sentir, gústele a quien le guste, moleste a quien moleste, duélale a quien le duela.  Enfadado


Volviendo al tema, yo no veo mucha sinceridad en los esfuerzos actuales para corregir los males que nos llevan a situaciones como las que menciono en esta entrada.  Más bien, lo que sobresale es la conducta reactiva—cuando debiera ser proactiva—de quienes tienen la responsabilidad de corregir las fallas.  En el caso del informe de la ACLU, sobresale la reacción del otrora SAC del FBI en Miami, Héctor Pesquera, actual Superintendente de la Policía de Puerto Rico, quien tildó el informe de la ACLU de “irresponsable” y acusó a sus preparadores de tener “una agenda” (no puede esperarse nada diferente de una persona así).  Tal vez porque lo que le interesa es lo que varios autores que han comentado al respecto han llamado “mirar para otro lado”, porque no quiere tomarse el tiempo ni la molestia de “limpiar la casa” dentro de la policía.  Que de paso, me recuerda algo que escribí una vez:

“Yo no sé, pero tal vez sea necesario que la Policía comience por poner su propia casa en orden, antes de pretender poner en orden la casa de los demás. Tal vez la Policía debe empezar por limpiar su casa de cuanto elemento impropio tenga dentro de sus filas, y no únicamente al nivel del policía que está en la calle, del que arriesga su vida cada día por llevar la paz y por promover la sana convivencia social. (Y de éstos, yo creo que hay más, muchísimos más policías honestos que deshonestos.) También debe buscar dentro de sus altos mandos, y sacar a quienes mal utilizan ese poder que les da el rango, y con el que hace daño a los ajenos… y a los propios.”

Pero también me recuerda esto otro:

“Le estamos pidiendo demasiado a un sistema político cuyos componentes han demostrado no tener la capacidad para atender eficientemente las necesidades de sus ciudadanos, que no pueden ir hasta las raíces de los problemas que aquejan a nuestra sociedad para solucionarlos, y que más bien hacen gala de su mediocridad e incompetencia, de su extraordinario talento para el figureo.”

Y mientras tanto, ¿qué hay de las víctimas del delito y de la incompetencia oficial, como Francheska Duarte Jiménez, quien tendrá que vivir en adelante con las consecuencias de una mala decisión?  ¿Qué hay de las víctimas de la brutalidad policial, como Betty Peña Peña y Elizabeth Ramos Peña, madre e hija cuyo suplicio a manos de inescrupulosos con placa, pistola y macana nos seguirá para siempre desde la portada del informe de la ACLU?  ¿Habrá justicia alguna vez para ellas?  ¿Habrá justicia alguna vez en Puerto Rico?

Yo tengo fe de que habrá justicia.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán.  Soy Puertorriqueño.  Y aunque de vez en cuando—y sólo por necesidad, como habrán visto en este blog una que otra vez—le someto al “difícil”… ¡yo Corazón rojo mi vida y la vivo EN ESPAÑOL!  ¡Ah, y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Ni ley ni orden: Explosión criminal

Balanza de la Justicia
Image via Wikipedia

Amigas y amigos, mi gente: Algo tiene que estar tan tremendamente mal en Puerto Rico, como para que se produzcan alrededor de 30 muertes violentas durante un sólo fin de semana.  Tremendamente mal.  (Y eso, que éstas no incluyen la muerte de un niño de 11 años de edad a manos de delincuentes armados, la madrugada del día en que escribo esto… sí, lo leyeron bien: escribí, “un niño de 11 años de edad”.)  Y muchas de esas muertes violentas están relacionadas con ese cáncer social que hemos dejado que haga metástasis en nuestro país: la droga.  La misma que enriquece a un@s que se creen dueños del mundo, mientras siembran la semilla del dolor y la desesperación en muchas familias aquí y allá.

Pero si malo es ver cómo se deshace una sociedad ante nuestros propios ojos, peor es ver cómo las autoridades que se supone que velen por la seguridad de sus conciudadanos, “se asombran” al ver cómo la situación se les ha ido—aparentemente, entiendo yo—casi completamente de las manos.  Y ciertamente no debe ser un signo de optimismo para un alto oficial de la Policía de Puerto Rico, admitir que “no se esperaba” que hubiera ocurrido la cantidad de crímenes violentos que ocurrió el pasado fin de semana.  Que esa incidencia criminal era “un hito en la historia policiaca puertorriqueña”.

Es más, si yo fuera un alto oficial de la Policía (y afortunadamente, ni lo soy ni me interesa cambiar mi rumbo profesional a estas alturas de mi vida—o sea, gracias… ¡pero no, gracias!), sentiría tanta vergüenza que me movería a tratar de hacer algo.  Pero algo que no sea—como decía el viejo comercial de una marca de habichuelas—”lo mismo… lo mismo… lo mismo…”.  Aunque sea un “aguaje”.  Aunque en el camino me pongan obstáculos, me pongan “peros”.  Pero trataría de hacer algo.

Aunque parece que para hacer algo, las cosas son bien cuesta arriba.  Y son cuesta arriba, mientras no se cuente con una dirección bien capacitada en los altos mandos, mientras éstos no le den al (a la) policía honest@, honrad@ y decente—porque a pesar de los pesares, l@s hay, y yo estoy convencido de que ést@s son l@s más, y que exceden por mucho las deshonrosas excepciones que aparecen de vez en cuando—el apoyo que necesita.  Y son muy cuesta arriba, mientras esos altos mandos respondan a intereses que no son necesariamente el bienestar y la seguridad del pueblo al que juraron proteger y defender.  Y esos intereses pueden ser políticos o de alguna otra índole que no conocemos.  (O tal vez, sólo podemos especular de qué otra índole…)

Y mucho peor aún: mientras se siga asumiendo frente a la delincuencia una pose de “túmbame la pajita del hombro”, como la que insisten en asumir algunas de estas autoridades (valga recordar la patética imitación de “Dirty Harry” que vimos el año pasado), y que no va acompañada de acciones concretas para atajar los males sociales que llevan a toda una sociedad en una carrera desenfrenada hacia el borde del barranco, mucho más que peores van a estar las cosas.

Interesantemente, lo único que ofrecen algunos de estos aprendices de justicieros es un lema: “Puerto Rico es una Sociedad de Ley y Orden”.  Pero como se ven las cosas en estos momentos… yo creo que no tenemos ni lo uno ni lo otro, ni Ley ni Orden.  Y las consecuencias, las vemos demasiado de cerca para nuestro bien.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

Estampida de Reyes

Picture of Roberto Clemente Coliseum Stadium i...
Image via Wikipedia

Miro las primeras planas de los periódicos del viernes, 7 de enero de 2011, y con toda franqueza, ésta es una de esas veces que se me hace difícil entender cómo puede pasar una cosa como ésta.  Veamos cómo lo describe la periodista Cynthia López Cabán en El Nuevo Día:

“Un caos fue lo que vivieron muchas de las personas que hoy acudieron con sus hijos a buscar regalos en la actividad del Día de Reyes que organiza el Gobierno, este año en el Coliseo Roberto Clemente.

“Y es que un conato de motín se desarrolló a eso del mediodía en el segundo piso del recinto cuando miles de personas, incluyendo niños, intentaban entrar para obtener sus regalos.  Todos quedaron atrapados cuando la Policía tuvo que cerrar los portones que daban acceso al lugar.  Personas brincaron, gritaron, los niños lloraban y una decena de policías buscaba cómo controlar la muchedumbre.  Otros se desmayaron y se marearon.”

Caos, gritos y llanto en Fiesta de Reyes (El Nuevo Día, 6 de enero de 2011)

La verdad es que yo no sé a quién, en su sano juicio, se le ocurre congregar una cantidad enorme de personas—más bien, de familias con niños pequeños—en un lugar cerrado como lo es el Coliseo Roberto Clemente,* situado frente al centro comercial Plaza Las Américas en Hato Rey, para una actividad de repartición de regalos por la festividad del Día de los Tres Reyes Magos (o como también se le conoce, Día de la Epifanía).  Una actividad que sirve al gobierno puertorriqueño, independientemente del color del partido que lo dirija en el momento, para dar una impresión de que está honrando una de las tradiciones que son—se quiera o no—parte de lo que somos como Puertorriqueños.

Pero si mal estuvo congregar una gran cantidad de personas en un espacio cerrado, peor estuvo no tener una planificación efectiva de la logística del lugar.  No prever la cantidad de familias con niños que acudirían a la actividad—atraídos como la proverbial mosca hacia la miel por la novedad de que se regalarían, entre otros, reproductores “mp3” y computadoras portátiles tipo “laptop”—y organizar la actividad para que el proceso de llevara de manera ordenada.  (Por cierto, esto me recuerda el cuarto punto en las listas—en español y en inglés—de los 10 pasos para la formación de una república bananera: regalarle “dulces” o “caramelos” a los ciudadanos, con el propósito de comprar su afecto.)  Y el resultado de esa mala planificación… bueno, a mí se me ocurre compararlo con una de esas ventas del “viernes negro” (término que ya expliqué en una entrada anterior), en las que se forma una estampida justo cuando abren las puertas de la megatienda por departamentos (o el comercio que sea)—y en ocasiones, ese resultado ha sido trágico.

Yo no sé cómo lo vean, pero me luce que lo que en otros años se hacía ordenadamente (con algunas excepciones no muy honrosas), en esta ocasión se improvisó.  Se realizó una actividad en la que se tiró a la gente “a los leones”, sin importar mucho las consecuencias que esto acarrearía.   Y francamente, las consecuencias fueron bastante serias: empujones, golpes, malos ratos, gente conducida como si fueran las reses que llevan al matadero, niños a los que se les hace pasar un susto innecesario, y que probablemente habrán salido de allí traumatizados, con un mal recuerdo de lo que debió ser un día de alegría, en el que se conmemora el reconocimiento de la grandeza de un niño en particular por parte de tres sabios del Oriente cercano (y no hace falta explicar a qué me refiero).

Lógicamente, después de la tempestad debe venir la calma, ¿no?  Y con la calma, la explicación de tan soberana metida de pata, como la ilustra esta cita del Primera Hora:

“El secretario de la Gobernación, Marcos Rodríguez-Ema, catalogó los momentos de tensión que se vivieron en la fila del coliseo Roberto Clemente, donde muchos se desmayaron y se lastimaron por los empujones, como «lamentables».

“Destacó que la actividad «se hizo con la mejor intención», pero «obviamente hubo fallas en la planificación».

“«Lamentamos los inconvenientes que pasaron muchas personas, muchos niños.  También hay que hacer un llamado en este tipo de evento a la cordura, a la paciencia y a los padres, a ver si es prudente que lleven bebés a este tipo de evento donde va a haber muchísima gente», manifestó Rodríguez-Ema.

[…]

“«Creo que, por lo que he visto, creo que fue mucha más gente de lo esperado.  Me parece que definitivamente el sitio donde se tenían que haber repartido los juguetes y los regalos posiblemente no debió ser en un segundo piso, debió ser en el espacio más amplio posible como lo fue el año pasado en el parque (Luis) Muñoz Rivera, y ése es el tipo de situación y cosa que debemos mirar ahora con detalle de cómo se pudo haber mejorado.»”

El Gobierno reconoce errores en el Día de Reyes (Primera Hora, 8 de enero de 2011)

Digo, si el Secretario de la Gobernación de Puerto Rico dice que la actividad del Día de Reyes se hizo “con la mejor intención”… bueno, dice el viejo refrán que así también se hizo el camino hacia el infierno.  Además, si apenas el año anterior se realizó la actividad en un espacio abierto en el que no hubiera posibilidad de formar un tumulto que se saliera de control, ¿por qué el cambio a un espacio cerrado, donde el riesgo de que la gente salga lastimada es mayor?  Y créanme que yo me he visto en locales en los que se ha congregado tanta y tanta gente, al punto de que la preocupación era que el Cuerpo de Bomberos de Puerto Rico fuera a intervenir y a desalojar el local.  Afortunadamente, en esas situaciones la cosa no pasó de ahí, pero la posibilidad no deja de ser un problema.

(Y ahora que lo pienso mientras escribo esto, ¿se imaginan lo que hubiera sucedido si allí, en ese mismo momento, se hubiese producido entonces un temblor de tierra como el de la pasada nochebuena, que mencioné de paso en mi entrada final del 2010?  Con eso lo digo todo.)

Pero lo más que me saca por el techo de esta situación es la tendencia oficialista de culpar a las personas, las familias que asistieron a la actividad, a las que se les crearon expectativas para esta actividad, por un comportamiento que a todas luces se les fomentó, motivado por la expectativa de que se iban a regalar computadoras portátiles y reproductores “mp3”.  Familias a las que se les inculcó un deseo de tener “lo último de la avenida”, tal vez con una expectativa de contentarlas y tenerlas de su lado a la hora de revalidar en el poder.  Pero eso no debería ser de extrañarse cuando se trata con quienes no se ven como parte del problema—que como bien lo dice Alberto Cortez, se olvidan que son “los demás de los demás”—y proclaman a los cuatro vientos que los pobres no salen de pobres porque no les da la gana, porque quieren, porque no aprovechan las dádivas que se les ofrecen en bandeja de plata.

Total, que a veces es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, en lugar de asumir responsabilidades y evitar lo que podría acabar en una tragedia lamentable.  Pero ya eso último me parece demasiado pedir.

Y vamos a dejarlo ahí, que ya habrá más de que (pre)ocuparse en el año que acaba de comenzar.  Cuídense mucho y pórtense bien.


Ubicación de los municipios de San Juan y Carolina, Puerto Rico.
Ubicación del Coliseo Roberto Clemente en San Juan, Puerto Rico.
Ubicación del Estadio Roberto Clemente-Walker y del Complejo Ciudad Deportiva Roberto Clemente, en Carolina, Puerto Rico.

* Para quienes me estén leyendo fuera de Puerto Rico: El Coliseo Roberto Clemente situado en San Juan no debe confundirse con el Estadio Roberto Clemente-Walker, situado a la salida de Carolina hacia el municipio de Canóvanas (que también es aparte del complejo conocido como la Ciudad Deportiva Roberto Clemente, cercano al Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín).


LDB