Valores familiares: Llévalos contigo, o si no…

Fort Buchanan Sergeant Major David Davis and g...
Hon. Jorge A. Santini - Image via Wikipedia

Puede ser que lo que voy a decir a continuación sea chocante para mis lectores en San Juan, Puerto Rico—que al momento en que escribo esto, hacían unas 22 (4.40%) de las 500 visitas más recientes por ciudad a este blog, según mi cuenta en StatCounter.com.  Pero la realidad es que a mí me alegra no ser residente de San Juan.

Digo, si ustedes han visitado mi página biográfica, saben que yo no resido en San Juan, y que este blog ni siquiera se escribe en San Juan.  Y aunque yo tenga que gastar fuertemente en gasolina cada semana (actualmente al ritmo de US$0.817 por litro de gasolina—US$3.09 por galón estadounidense) para moverme “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, yo no cambio por nada del mundo el hecho de no residir en San Juan.  Por muchas razones: porque mi naturaleza es y será “de pueblo chiquito”, porque los costos de la vivienda en San Juan son muy altos (especialmente para quienes se les hace difícil conseguir una vivienda cuyo costo no comience por debajo de los “bajos” US$150,000—y ya a estas alturas de mi vida, yo no estoy para eso), por la alta tasa de delincuencia en sus calles (aunque últimamente, los pueblos pequeños como el mío, Juncos, no son exactamente los santuarios contra la violencia delictiva que eran en otros tiempos), porque se forma un congestionamiento vehicular en casi cada esquina (en muchos casos, debido a la mala planificación de los usos alrededor de las vías principales)… ¿de veras, quieren que les haga la lista?

Yo estoy seguro de que no.

O tal vez sí, tal vez debería añadir una razón adicional por la que me alegra no residir en San Juan.  Y esa razón es recibir en mi correo lento (lo que algunos cínicos bautizaron hace rato como el “snail mail”) lindezas como la que ha llamado la atención de todo Puerto Rico y el mundo, pero no necesariamente por las mejores razones del mundo: la ya mundialmente archifamosa tarjeta de Navidad del Gobierno Municipal Autónomo de San Juan, en la que el alcalde, Hon. Jorge A. Santini Padilla (el mismo al que ya conocemos por esta entrada, esta otra y esta otra), envía un saludo navideño a sus conciudadanos, en compañía de su esposa y de los tres hijos de la pareja.  La misma tarjeta cuyo diseño ha sido reconocido por medios informativos tan prestigiosos e importantes como El Nuevo Día, The Washington Post (que la comparó con la tarjeta navideña del presidente Obama), CNN, TMZ (¡ay, por favor!), los principales periódicos en Europa… ¡y hasta El Ñame!

(Y para ser completamente responsable, valga hacer una advertencia importante: La familia del señor Santini no tiene—ni debe tener—responsabilidad alguna por lo bueno o malo que se haya dicho, se diga y se dirá de su tarjeta navideña del 2011. PUNTO.)

OK, amigas y amigos, mi gente: ¿notan algo raro aquí?  (“Una de estas cosas, no es como las otras…”)  Digo, es bueno ver al distinguido incumbente municipal rodeado de su familia, como debe ser, en una época de tanta alegría y regocijo para la humanidad (aun para aquell@s a quienes ni les viene ni les va el motivo por el que los demás celebramos, o se supone que celebramos, esta fiesta tan especial al final del año—pero ya eso es otro tema).  Y qué mejor manera de resaltar esa unidad, de promover los valores familiares, que llevar a su familia al nuevo Museo de Historia Natural de San Juan, a retratarse con los antílopes y los leopardos en plena lucha por la supervivencia

¡Un momentito!  ¿Un mensaje digno de una época en la que se predican la paz y el amor, con una escena violenta en primer plano?  Yo no sé a quién se le puede haber ocurrido semejante barbaridad, pero definitivamente, alguien “se quedó dormido en la zona de los tres segundos” (como en el baloncesto, para quienes no entienden esa frase).  O si lo quieren tratar de entender en otro idioma, “someone’s been asleep at the wheel”.

“Jorge Santini posó con su familia junto a un leopardo que intenta matar a un antílope mordiéndole el cuello y desea ‘que esta Navidad ilumine tu sueño’.  Para algunos la foto no es apta para las Navidades, la mordida del felino, para algunos, proyecta una violencia que contrasta con la paz y la armonía que debería caracterizar el espíritu navideño.”

¿Mandarías esta tarjeta de Navidad? Controversia por postal de Jorge Santini, por Victoria Merlo (AOL Noticias, 13 de diciembre de 2011)

Y ahí tenemos dos elementos muy opuestos entre sí, contrapuestos en una misma imagen: un elemento de violencia en un primer plano (qué no tiene que limitarse a lo que presenta la imagen original, como lo demuestra esta página de fotomontajes), y un elemento de “paz y armonía” en un segundo plano.

Por supuesto, el incumbente municipal se ha ocupado de desmentir que la tarjeta tenga esa intención, más bien atribuyendo el propósito de las cinco tarjetas que se realizaron para esta Navidad (incluida la tarjeta de la discordia) a un esfuerzo para promover el Museo de Historia Natural de San Juan.  Esfuerzo que, a juzgar por los resultados que reporta el primer ejecutivo municipal (con una expectativa de recibir 135,000 visitantes antes de que termine el 2011), no han sido tirados a pérdida.  Y por supuesto, al mismo incumbente le han “resbalado” las críticas ganadas por su acción a través de todo el mundo—particularmente, la del periodista Anderson Cooper (andersoncooper y ac360 en Twitter), de CNN, quien lo puso en vitrina en su lista de “ridiculeces”—, al alegar que “toda publicidad es buena publicidad” y que ahora todo el mundo sabe que existe un Museo de Historia Natural en San Juan.

Así que la cosa, como dijo alguna vez Madonna, es que hablen bien o mal de mí… ¡pero que hablen!

Es más, déjenme decirles mi opinión muy personal de lo que veo ahí.  Veo en la imagen a una persona, un importante y reconocido líder político, que como todo importante y reconocido líder político que se precie de serlo, está posando en una foto con su familia, dando un cuadro de unidad familiar que parece resaltar la importancia de la familia en estos tiempos difíciles, en los que la gente se está—como mínimo—halando por los pelos en una diaria lucha por la supervivencia, como se ve en el primer plano de la imagen.  (Que, si no es otra cosa, es lo que significa la escena del leopardo y el antílope, por lo menos para los que hemos estudiado—y para los que estudian—Ecología, Biología o Ciencias Biológicas en la universidad.  Un ejemplo de la eterna lucha por la búsqueda del sustento que todos los seres vivos enfrentan, de una manera u otra.)  Tal vez el mensaje que se da es que la familia está segura, mientras “allá afuera”, en la calle, los demás se las están arreglando para sobrevivir a cómo dé lugar.  Otra vez, “nosotros” vs. “los otros”.

O qué tal si en un caso menos benévolo, lo que se ve es a un alcalde que se sabe una figura controvertida (y si alguien todavía tiene dudas, vea los tres enlaces a mis entradas anteriores sobre este singular personaje político), que pone a su familia como una especie de “carnada”, para decirle a sus rivales (por lo menos, éstos son conocidos) y a posibles enemigos (que pudieran o no ser conocidos) algo así como esto:

“Aquí estoy YO, con MI esposa y con MIS hijos, celebrando la Navidad como mejor NOS parece.  Si eso te molesta, tu problema es CONMIGO y ‘arreglamos’ donde sea.  Pero no se te ocurra meterte con MI familia, porque de lo contrario… ¡podría ocurrirte lo que al antílope que es atacado por el leopardo!  ¡Ése es MI reto!  ¡Estás advertido!”

OK, yo sé que lo que acabo de plantear suena un poco exagerado, pero quién sabe si hay algo de eso implicado en lo que proyecta la tarjeta navideña de la discordia.  Una especie de provocación, una especie de “ven y túmbame la pajita, si te atreves”, algo más allá de simplemente promover el Museo de Historia Natural de San Juan.

Y en cuanto a promover el Museo de Historia Natural de San Juan, yo pienso que debe haber mejores maneras de darlo a conocer, tanto a propios (o sea, sanjuaneros) como extraños (todos los demás habitantes de Puerto Rico y de este planeta).  Me imagino que una buena orientación con el personal del Museo Nacional de Historia Natural de la Smithsonian Institution, reconocido internacionalmente como un lugar de excelencia, pudiera ayudarlos a enfocar mejor sus esfuerzos, a desarrollar programas educativos, a enseñar a los sanjuaneros a que ese museo debe ser fuente de orgullo e inspiración para lograr cosas mejores en la vida.

Pero en lo que el hacha va y viene y se hacen las cosas como debe ser, me imagino que la concurrencia al Museo de Historia Natural de San Juan aumentará, no tanto por el sano interés de conocer la naturaleza, de enriquecerse en conocimientos y experiencias sobre el medio ambiente que nos rodea—y del que, queramos o no, formamos parte, y en el que tenemos un papel esencial que desempeñar—, sino tal vez por alimentar el morbo, por ver los famosos animales con los cuales el alcalde de la ciudad capital y su familia posaron para una tarjeta de navidad.  Una tarjeta de navidad que implica la prédica de unos valores que parece que dejamos atrás, y que deberíamos tratar de recuperar… una prédica opacada por una imagen de violencia.

¡Y vamos a dejarlo ahí, que ya la Navidad de 2011 está a la vuelta de la esquina!  Cuídense mucho y pórtense bien, porque si no, se los come el leopardo de la tarjeta navideña… ¡o algo peor!

¡Felicidades!

(¡Ah!  Y por si acaso: Ningún animal fue muerto o lastimado en la realización de esta entrada.)

LDB

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Yo tenía una luz, que a mi me alumbraba…

EDF Electricity meter in France.
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Bueno, amigas y amigos, mi gente: tuve que cederle el turno a la entrada sobre el escándalo de las supuestas fotos “pornográficas” de cierto senador futuro ex-senador con fachada de “moralista”.  Sin embargo, no quiero dejar pasar la oportunidad sin comentar sobre el alza peligrosa en el costo de la electricidad en Puerto Rico.  Ya este tema se ha discutido bastante, y he insistido en otras entradas (como ésta de junio de 2008, o ésta de octubre del mismo año… o qué tal esta entrada de hace casi un año) en lo injusto de que el monopolio estatal que se ocupa de proveer la electricidad a Puerto Rico (Autoridad de Energía Eléctrica: AEE/PREPA), cobre una exagerada cantidad de dinero por la adquisición del combustible que utiliza para generar electricidad, mucho mayor que la que constituye el consumo directo de ese bien.

Hasta he insistido en presentar mi caso particular, de un núcleo familiar de tres personas (el que les escribe y dos miembros más), en el que ha habido que enfrentar pagos bastante altos por el consumo de electricidad.  (De hecho, en el primero de los enlaces que coloqué en el párrafo anterior, menciono que mi cuenta a junio de 2008 era de aproximadamente US$250, de la que apenas un 17% era por concepto del consumo real de electricidad.)  Les voy a mostrar a continuación cómo hemos lidiado en mi casa con la situación por los pasados cinco meses de 2011 (y si la suma porcentual en alguno de los meses no cuadra a “100”… la culpa es de los errores de redondeo):

Mes de 2011 Compra de Combustible “Compra de Energía” Consumo Básico (%) Total
Agosto $196.00 $35.43 $47.09 (16.91%) $278.52
Julio $152.07 $35.00 $43.61 (18.90%) $230.68
Junio $129.03 $32.59 $37.15 (18.69%) $198.77
Mayo $154.89 $43.41 $44.25 (18.24%) $242.55
Abril $106.44 $24.20 $31.18 (18.87%) $165.23
NOTA: Todas las cantidades de dinero en esta tabla y en la próxima se expresan en US$; se emplea aquí la usanza estadounidense, de punto para separar dólares y centavos (o enteros y decimales para los porcientos).

Noten que el costo combinado de la compra de combustible y la compra de energía (whatever that means!) fluctúa entre 81% y 84% del total, mientras que lo que realmente se consume de electricidad en mi casa, fluctúa entre el 16% y el 19%—o sea, es entre un quinto y un sexto del total (más o menos lo mismo que he expuesto antes).  De manera que como consumidor, incurro en un gasto alto en el que, a mi juicio, yo no debería de estar incurriendo.  Y todo eso, gracias a la misteriosa fórmula mágica que ya vimos en la tercera entrada que cito en el primer párrafo de la entrada que están leyendo ahora.

Lamentablemente, si alguien tenía la esperanza que al bajar el costo del barril de petróleo, y con ello, los precios de algunos combustibles fósiles (como la gasolina), bajaría el costo de la electricidad, esas esperanzas se hicieron tan sal y agua como las de los sectores más aislados de Puerto Rico, luego del paso de “Irene” la semana pasada, cuando la presidenta de la junta de gobierno de la AEE presentó las siguientes objeciones:

“Fórmula de ajuste por combustible

“Pese a ser un compromiso programático del gobernador Luis Fortuño, indicó que la Junta de Gobierno de la AEE no tiene planes de modificar o simplificar la fórmula de ajuste por combustible.  Dijo que la fórmula, que le permite a la AEE recobrar todas sus pérdidas, es justa.  Sostuvo que la fórmula no la estableció la AEE, sino la Legislatura, por lo que serían los legisladores quienes deberían enmendarla.  La Junta no tiene planes de presentar un proyecto de ley a tales efectos.

“Subsidios

“Sobre los subsidios a municipios, iglesias, hoteles y otras entidades, que el año pasado ascendieron a $292 millones, expresó que también es un asunto fuera del control de la AEE.  Al igual que la fórmula de ajuste por combustible, apuntó que los subsidios salen de la Legislatura.  No precisó si la Junta de Gobierno estaría recomendando legislación para limitar los subsidios, pero afirmó que ya hay una medida radicada a esos fines.  Fortuño ha expresado su intención de reducir los subsidios.”

(Tomado de: Adiós al alivio tarifario en la AEE, El Nuevo Día, 20 de agosto de 2011.)

O sea, que según esta persona, es “justo” que yo pague entre US$134,00 y US$232,00 para que la corporación pública que ella dirige pueda recobrar sus pérdidas, o para pagar la electricidad que otros se gastan, o para atender una situación que la propia corporación pública alega que no puede (¿no será mejor, “no quiere” o “no le da la real gana de”?) controlar, porque depende más bien de la buena voluntad de una legislatura que tiene “asuntos de mayor importancia que atender”.  Y que si quiero ver un verdadero ahorro en mi factura eléctrica, tendré que esperar un año más… cuando ya el propuesto gasoducto que atravesaría el país de sur a norte (la mal llamada “Vía Verde”) esté en funciones.  Es más, déjenme ver si puedo agarrar esa gata por el rabo:

Mes de 2011 Total de la factura Supuesto total con el gasoducto Ahorro (¿?) Diferencia porcentual:
Agosto $278.52 $239.32 $39.20 14.07%
Julio $230.68 $200.27 $30.41 13.18%
Junio $198.77 $172.96 $25.81 12.98%
Mayo $242.55 $211.57 $30.98 12.77%
Abril $165.23 $143.94 $21.29 12.89%
NOTAS:

  1. Las cantidades de dinero y los porcientos siguen la misma convención que en la tabla anterior.
  2. La columna “Diferencia porcentual” se basa en el “Ahorro (¿?)” dividido por el “Total de la factura”, y ese resultado se mutiplica por “100%”.

No entiendo esto: a un ahorro de entre 12% y 15% en mi factura de electricidad, ¿lo llaman “ahorro verdadero”?  Lengua fuera  Gracias… ¡pero no, gracias!

Pero total, no se puede esperar mucho de una corporación pública que padece de serios problemas de administración, y que tiene que manejar una infraestructura eléctrica que no resiste muy bien los embates de los ciclones (como la tormenta-convertida-en-huracán Irene nos demostró la semana pasada), cuando no tiene que satisfacer las exigencias de sus bonistas—los mismos para los que el esquema de facturación es “justo”, a ser los pobres y la clase media quienes cargan con todo el peso de su ineficiencia.

Bueno, yo creo que ya me desahogué lo suficiente por hoy.  Ahora, a ver de cuanto me saldrá la próxima factura… y si en el proceso tengo que solicitar un refinanciamiento de la hipoteca de mi casa para poder pagar la cuenta.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN PARA EL RÉCORD (27 de septiembre de 2011): Tanto dio la gota sobre la piedra hasta que la hizo resquebrajarse.  O más bien, parece que la presión pública fue tanta que llevó al director ejecutivo de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE/PREPA), Ing. Miguel Cordero, a presentar su carta de renuncia a ese puesto.  Y no podía ser más oportuna la noticia, luego de divulgarse el escandaloso enriquecimiento de este señor, con un sueldo anual que llegaba aproximadamente a los US$350000—incluidas dos bonificaciones por “productividad” ascendentes a US$40000 cada seis meses (de las que ya había recibido cuatro en los pasados dos años).  ¡Tal vez es ahí a donde va a parar el dinero que con tanto sacrificio pagamos por sostener un sistema eléctrico ineficiente y mal manejado, que ni siquiera permite el crecimiento económico del país!  Me imagino que ahora este señor se irá a disfrutar su retiro (donde hace rato se debió haber quedado), tal vez viviendo de los cuentos que él mismo se pueda inventar.  Cuentos como el de que el sistema eléctrico está funcionando bien, a toda su capacidad, y que eso de que a los abonados del servicio eléctrico les están robando en cada factura mensual es sólo una “percepción”…  Pero lo mejor de todo esto (para hacer corto el cuento) es que en este mismo momento es que están lloviendo las promesas—especialmente las de los presidentes de Cámara y Senado—de que se va a bajar el costo de la electricidad en los próximos meses.  Eso hace que un@ se pregunte dónde estuvieron quienes quieren presentarse como los héroes de último minuto cuando más se les necesitaba.  Pero siempre es fácil hacer leña del árbol caído…  Ya veremos qué sucede.


LDB

La oscura marejada del desastre

Anchor-handling tugboats battle the blazing re...
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¡Qué tal, mi gente!

Esta vez quiero descansar un poco de la versión criolla de los que la revista satírica estadounidense Mad llamaría, the usual gang of idiots (y no hace falta decir aquí quienes son), para mirar lo que ha estado sucediendo por alrededor de 40 días (casi tanto tiempo como lo que llevaba el conflicto huelgario de la Universidad de Puerto Rico al escribir esta entrada) en las costas del Golfo de México frente al estado estadounidense de Louisiana.  Lógicamente, me refiero a las secuelas del siniestro en la plataforma petrolera Deepwater Horizon, especialmente el escape del petróleo que se extraía en dicha plataforma y su peligrosa propagación a través de dicho cuerpo de agua.

Este asunto ha resultado ser tan complejo de manejar, en varios aspectos.  Por ejemplo, está el costo de 11 trabajadores que—como se presume—pagaron con sus vidas por ejercer un trabajo riesgoso, como lo es la explotación petrolera en altamar, un costo que sus familiares tal vez nunca puedan recuperar, en tanto no parece que haya manera de recuperar los cadáveres al momento en que escribo.  Está el costo de la infraestructura que se destruyó desde el estallido inicial hasta el colapso de la plataforma, más el de la pérdida que conlleva todo ese petróleo que se ha echado a perder al medio ambiente, especialmente en momentos en los que acceder a ese material se hace muy complicado y difícil… a menos que haya que declarar una guerra en otro lado del mundo (para la que haya que disponer de una justificación como la “liberación” de un pueblo de la opresión de su mandatario—que antes era un aliado del país interventor—o la búsqueda de “armamentos de destrucción masiva” que no aparecen ni aunque los busques en Google.  Digo, desde que se inventaron las excusas…)

Pero también hay un costo mucho mayor de desastres como éste, y es el que es pertinente a las gentes que viven de los recursos que les proveen el mar y sus costas: pescadores de ostiones, cangrejos, camarones, ostiones y demás; operadores de turismo, que cada verano esperan ver sus arcas llenarse con el influjo de turistas que se escapan del infierno de las grandes ciudades para reponer sus energías físicas y mentales; hasta el mismo comercio en general.  Y en el caso de quienes viven de lo que con toda generosidad les provee el medio ambiente costero, podría ser una pérdida considerable, si se tiene en cuenta el valor económico de los recursos de la costa.  De hecho, tengo frente a mí el texto Mitsch y Gosselink sobre los humedales,* el cual cita un análisis interesante que me gustaría compartir aquí.   Según ese análisis, de 1989, cuando se considera la disposición del público a pagar por “servicios” medioambientales de las ciénagas costeras de Louisiana—como la pesca comercial, la caza de animales como la rata almizclera y la nutria (para el aprovechamiento de sus pieles), la recreación y la protección de la costa contra eventos atmosféricos (o sea, huracanes y otros)—, y esa cantidad se contrasta con la utilización de la energía solar en la producción de materia orgánica, se encuentra que estas ciénagas producen un valor anual de tan poco como US$6000 y tan alto como US$70000, por cada 10000 metros cuadrados de estos ecosistemas.  Asimismo, se estima que la pérdida anual de estas ciénagas costeras—por causas que no son igual de catastróficas que un derrame de petróleo, pero que no por ello son menos problemáticas, como la erosión del suelo a causa del desarrollo costero—tiene un costo social de entre US$77000000 y US$544000000 al año.

Y aún cuando Mitsch y Gosselink explican un poco más adelante en su libro que la cuantificación del valor económico de los humedales—o de cualquier otro recurso natural, para todos los efectos—está plagada de toda clase de paradojas y complicaciones, las cifras en el párrafo anterior nos deberían poner a pensar un poco, ¿no?  Particularmente, debe ponernos a pensar en la cantidad de personas que viven de la generosidad de la costa.  Obreros que sacrifican sus vidas para obtener su sustento y para vender las riquezas del mar, y que ahora tienen que ver con decepción y amargura cómo esas riquezas se echan a perder.  Y todo, porque se permitió que ocurriera un desastre en una plataforma petrolera a 42 kilómetros mar afuera, la cual ahora está sangrando petróleo desde más de 1500 metros de profundidad (una profundidad a la que ni siquiera mis amigos que son buzos “le someten”).

Y si eso trágico, no es menos trágico ver cómo los remedios que se han intentado para poner coto a la fuga de petróleo en el fondo del mar no han servido de nada.  Campanas de concreto de todo tamaño posible, esparcido de agentes químicos dispersantes, inyección de materiales industriales que puedan contener la presión a la que el subsuelo expulsa el petróleo hacia el exterior, todo ha sido un fracaso tras otro.  Añádase a ello el patético espectáculo de los ejecutivos de tres empresas vinculadas con la plataforma siniestrada, con caras de “yo no fui” y echándole la culpa al “otro”, siempre es “el otro”… y tenemos así una canción triste para ser—verdaderamente—llorada.

No sé si será que la humanidad (o por lo menos, la porción de la humanidad que vive en los Estados Unidos) necesita que la madre naturaleza le dé lecciones como ésa, para que aprenda a contener su apetito voraz por el consumo de los recursos naturales.  Un apetito voraz alentado por quienes sólo ven la ganancia fácil, y no consideran las consecuencias que esa voracidad puede traer si no se mantiene el aprovechamiento de esos recursos dentro de un marco de gobierno razonable.  Habrá que ver si en los próximos meses—ya que esto va para laaaaargo, mientras la compañía responsable del desastre (BP) ejecuta su próximo “plan B” (porque siempre tiene que haber un “plan B”, ¿OK?)—esta lección será bien aprendida.  Digo, la esperanza es lo último que se pierde…

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* FUENTE: William J. Mitsch y James G. Gosselink.  (2000)  Wetlands. Tercera edición.  New York, NY: John Wiley & Sons, Inc.


LDB

Medicinas Amargas

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Aquí estoy de nuevo, después de una Navidad más o menos sosa, en la que no sonó casi ni un petardo ni un siquitraque (ni en mi vecindario ni en el de alguna de la gente que conozco).  Una Navidad que—tristemente lo tengo que decir—ha ido perdiendo su brillo y se ha convertido en una suerte de vacaciones de verano… frase que tiene más sentido en estos momentos al Sur del ecuador, claro está.  Pero bueno, siempre queda la esperanza de que las cosas y los tiempos sean mejores.

OK, creo que tengo que atemperar un poco la última oración del párrafo anterior, a la luz de lo que ocurre mientras escribo en el conflicto entre israelíes y palestinos en la Franja de Gaza, iniciado el último fin de semana del año 2008.  Allí, parece que las cosas no mejorarán en buen tiempo, ante la poca disposición de los caudillos de guerra israelíes a ceder hasta no cumplir con su misión, de eliminar a los terroristas que controlan a esa zona y a sus habitantes.  Lo malo del asunto es que en el desempeño de esta misión, son los civiles—de uno y otro bando, que conste—los que pagan los platos rotos.  Y peor aún, los niños—no importa a cuál bando pertenezcan—son los que siempre, siempre, siempre salen más perjudicados—física y emocionalmente—con las acciones de una guerra como ésta.  Y las imágenes que se obtienen de uno y otro lado de la frontera no pueden ser más elocuentes.  Edificios destruidos, escuelas destruidas, ciudades destruidas, inocencias destruidas… vidas destruidas.

En fin, la receta de una medicina amarga, administrada por médicos insensibles a un paciente que ha sido forzado a tomarla.  (Y para los fines de esta nota, ese paciente no representa a un pueblo en particular, sino que tiene rasgos de los unos y los otros.)

¿Y que hay de las críticas de la comunidad internacional a esta acción militar?  Pues, como diría una pegatina (en buen puertorriqueño, un bumper sticker) que algunos carros ostentan con un orgullo indebido, “los críticos, pa’l ca…”.

Y ya que estamos en el tema del conflicto entre palestinos e israelíes en Gaza, quiero aprovechar para pedir que alguien me explique algo que vi antes de empezar a escribir esta entrada: Viene un DON NADIE como Samuel Wurzelbacher, mejor conocido como “Joe el Plomero” (Joe The Plumber), que luego de haber tenido su cuarto de hora de fama dentro del espectáculo electoral estadounidense del 2008, un portal cibernético lo envía a Israel a cubrir este conflicto como “corresponsal de guerra” (¿sabrá él lo que eso conlleva?), para entonces decirle a los reporteros de medios informativos legítimos cómo hacer su trabajo.  Mr. Wurzelbacher ha tenido la desfachatez de decirle a los periodistas destacados en este conflicto que la prensa no tiene por qué estar cubriendo ninguna guerra en absoluto, porque lo que estos medios—legítimos, muy a su pesar—informan es sólo lo “malo”, las atrocidades de la guerra, en lugar de lo que él considera “positivo” (pero, ¿cuando se ha visto algo positivo en una guerra?).  A tal grado parece llegar la limitada visión del mundo de Mr. Wurzelbacher, que él implica su deseo de que los informes de los demás medios de prensa sobre esta guerra fueran como los noticiarios (newsreels) que se veían en los cines en los tiempos de la Primera (sic) y la Segunda Guerra Mundial, en los que sólo se daba paso a los “logros” del bando estadounidense, a fin de entusiasmar a la gente y motivarla a aumentar su aporte al esfuerzo de guerra del momento.

(Por cierto, ¿alguien sabe si los newsreels existían en tiempos de la Primera Guerra Mundial?  Que alguien me corrija si me equivoco, pero para mí eso es como decir que la telefonía inalámbrica ya existía desde mucho antes de la Antigua Grecia, con planes de llamadas “I-LI-MI-TADOS”…)

Es más, lean la “experta” opinión de este plomero/periodista, cuyas credenciales profesionales son tan auténticas como un billete de US$3.00:

I’ll be honest with you.  I don’t think journalists should be anywhere allowed war.  I mean, you guys report where our troops are at.  You report what’s happening day to day.  You make a big deal out of it.  I-I think it’s asinine.  You know, I liked back in World War I and World War II when you’d go to the theater and you’d see your troops on, you know, the screen and everyone would be real excited and happy for’em.  Now everyone’s got an opinion and wants to downer–and down soldiers.  You know, American soldiers or Israeli soldiers.  I think media should be abolished from, uh, you know, reporting.  You know, war is hell.  And if you’re gonna sit there and say, ‘Well look at this atrocity,’ well you don’t know the whole story behind it half the time, so I think the media should have no business in it.

(FUENTE: Joe The Reporter, from Israel: “Media shouldn’t report war”)

Y éste es el enlace al vídeo en YouTube.comJoe Plumber: Media Shouldn’t Report War.  (La infame cita ocupa los 32 segundos finales del vídeo, de un minuto con 55 segundos de duración.)

Miren, yo insisto en que mentalidades mediocres como la de “Joe el Plomero” son altamente peligrosas para toda sociedad que se precie de ser civilizada (como hemos visto anteriormente).  Pero mientras haya quienes les den apoyo… pues, ¡habrán muchos más de éstos!  Lo importante aquí es estar alertas y vigilantes, y exponerlos como lo que son, a la luz de la verdad y la razón.

Bueno, yo también tenía que desahogarme un poco sobre este tema.  Pero quiero pasar a otra cosa.  Según están soplando los vientos, parece que en Puerto Rico nos esperan tiempos que no serán fáciles de sobrellevar.  (Y eso, que el cuatrienio que concluyó la semana pasada no fue exactamente “miel sobre hojuelas”…)  Otra cosa que yo estaba viendo antes de escribir esta entrada fue el resumen ejecutivo del informe del Consejo Asesor sobre Reconstrucción Económica y Fiscal (CAREF) al nuevo gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, relacionado con la situación económica de Puerto Rico y las medidas que podrían resolver esa situación a corto y largo plazo.  Y la verdad es que muchas de las recomendaciones del informe no son muy agradables que digamos, algo así como una medicina amarga que los puertorriqueños tendríamos que tomar durante el cuatrienio que acaba de comenzar (2009–2012).  Entre moratorias de créditos contributivos; sobretasas impositivas a corporaciones e individuos; aumentos en arbitrios como el de la gasolina, el alcohol o los cigarrillos, más la imposición de nuevos arbitrios (como el de US$0.01 por minuto que se pretende imponer a la comunicación de voz, aunque no la de datos o texto, por los teléfonos celulares); la imposición de una moratoria de dos años a las cláusulas económicas de los convenios colectivos vigentes; la congelación de la contratación de empleados, y reducción de puestos transitorios, irregulares y de confianza; la reducción de los gastos de funcionamiento en las agencias del gobierno y en la legislatura (de un 10%) y otras medidas, aquí parece que hay de todo y para todos.

(Por cierto, a la fecha de esta entrada no había un enlace directo al informe del CAREF, por lo que si alguno de ustedes está interesado, le recomiendo una búsqueda de ese acrónimo en Google para dar con el documento.)

A mí me parece que muchas de estas recomendaciones no prosperarán, porque son innecesarias o resultarían muy onerosas para la gente común y corriente, la gente que está en la calle tratando de sobrevivir de día en día y de cheque de pago en cheque de pago.  El aumento al arbitrio de la gasolina, por ejemplo, sería perjudicial en el caso de que vuelva a ocurrir un aumento monstruoso en el precio del carburante, como el que vimos el verano pasado.  ¿Y qué hay de la imposición del centavo por minuto a la comunicación celular de voz?  Mucha gente ya está poniendo el grito en el cielo, ahora que la comunicación celular está desplazando a la de línea fija en muchos hogares.  (En mi casa, por ejemplo, hace rato que eliminamos el teléfono de línea fija, a pesar de que eso tiene sus desventajas, pero eso ya es otro tema.) Menos mal que la propia industria de telecomunicaciones de Puerto Rico está expresando su oposición a la idea.  ¿Y qué me dicen de la moratoria de dos años a las cláusulas económicas de los convenios colectivos?  Ya las uniones obreras—por cierto, las mismas con las que nunca se contó para formar parte del CAREF (con lo que mis lectores fuera de Puerto Rico podrán imaginar el resto de la historia de ese comité)—deben estar considerando medidas para exigir que se cumpla con la implantación de esas cláusulas.

En fin—porque esta entrada del blog ya se me está alargando demasiado—, a mí me parece que la medicina que nos espera sí que va a ser difícil de tragar para un pueblo que ya está saturado con sus problemas de todos los días.  Cómo pueda cada uno de nosotros asimilar esa medicina es lo que determinará si las recomendaciones (porque como insiste el gobernador Fortuño, “sólo son recomendaciones”) propuestas en ese informe surten algún efecto… pero no me quiero hacer muchas ilusiones sobre ello.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

P.S. Por cierto, quiero aprovechar para darle las gracias a Elco Lao, por incluir mi blog en su reciente felicitación por el año nuevo 2009.  Digo, además de que todavía me estoy preguntando qué hice yo para merecer este honor 😉 … la verdad es que ello me hace sentir que estoy en una compañía demasiado buena, por lo que de todo corazón acepto esa felicitación.  Igualmente deseo muchas cosas buenas para Elco, Myrisa, Ivonne, Edwin, Eugenio, Prometeo, y para todos los que le dan relieve e importancia a la blogósfera puertorriqueña, en este año que ya comenzó y por muchos años más.

LDB

Es Muy Facil Entrar… Lo Dificil es Salir!

¡Hola, mi gente, dondequiera que estén!

Aquí estoy, sobreviviendo la onda tropical centrada al Sur de Puerto Rico, que nos dejó unas cantidades considerables de lluvia (por ejemplo, el domingo 21 llegó a dejar hasta 15 pulgadas—38 centímetros—en algunas áreas de la Isla).  Mientras escribo esto, el sistema no mostraba señales de que se fuera a fortalecer muy pronto, pero los meteorólogos ya estaban dando por sentado que, como están las cosas en el Atlántico noroccidental en esta época del año, se podría convertir en depresión tropical, tormenta y hasta huracán (nombrados “Kyle”) y que podría seguir un rumbo hacia la costa Nordeste de los EE.UU.  Eso sí, yo auguro que a los residentes en esa comarca no les espera una cosa como la de este caballero:

Por favor, deposite setenta y cinco centavos por las próximas tres pulgadas de lluvia.  ¡Gracias!
Por favor, deposite setenta y cinco centavos por las próximas tres pulgadas de lluvia. ¡Gracias!

Pero yo no soy meteorólogo para estar haciendo pronósticos, así que voy a otra cosa más digna de lo que ustedes esperan como mis lectores.

¡Si, papi!  Como si tú fueras a leer el resto de esta entrada...
¡Sí, papi! Como si la gente fuera a leer el resto de esta entrada...

OK, sarcasmos aparte…  El miércoles de la semana pasada me sorprendió ver que apenas entrado en el tercer mes del presente año fiscal (2008–2009), el Departamento de Hacienda de Puerto Rico tuvo que tomar prestado al Banco Gubernamental de Fomento unos US$500 000 000 para poder pagar la nómina de los 120 mil servidores públicos que cobramos del Fondo General.  Presuntamente, esto aumenta la deuda de dicha agencia de gobierno por ese renglón a US$1 000 000 000, sin contar con los intereses que se acumulen de la misma.  Pero eso no es lo único que mete miedo en esta situación: el Departamento de Hacienda insiste en cifrar sus esperanzas de recuperación en ingresos provenientes de fuentes no muy estables, como la venta de deudas viejas por la misma cantidad que le debe al referido banco, y en que el precio del petróleo—y por consiguiente, el de la gasolina—siga su actual tendencia a bajar… cosa que a mi entender, tendrá que esperar a que termine la temporada de huracanes (por el efecto de los mismos sobre las plataformas petroleras del Golfo de México)… o a que a la rana le salga pelo… o a que la estatua de San Juan Bautista que está junto al mar en el lado Norte del Capitolio (no la de Cristóbal Colón, como todavía cree alguna gente; ésa está en la placita del mismo nombre, a la entrada del Viejo San Juan) baje su dedo acusador… o a que…

Y mientras tanto, ¿habrá inversionistas dispuestos a comprar esas deudas viejas?  Si los hay, ¿quiénes son y dónde están?  Y si no los hay, ¿quién vendrá a sacar al pobre gobierno de Puerto Rico del hoyo en el que quedó enterrado?

¡Ea rayo! ¡Pero si esta nube de polvo del Sahara no era tan densa!
¡Ea rayo! ¡Pero si esta nube de polvo del Sahara no era tan densa!

Y eso, que este desastre potencial no pudo venir en un peor momento.  Justo al mismo tiempo, el gobierno federal está tratando de atender la peor crisis económica vista en mucho tiempo, motivada principalmente por la enorme cantidad de préstamos hipotecarios “malos” (o sea, las llamadas hipotecas de tasa ajustable o adjustable rate mortgage o ARM… que a mucha gente le ha costado un ARM y una leg) y por la caída de los precios en el mercado de viviendas.  ¿Y qué se le ocurre al Departamento federal de Hacienda (fíjense que me estoy refiriendo al de allá) para remediar esa situación?  ¡Sencillo!  Un plan de liquidación (bailout)—en discusión en el Congreso estadounidense cuando empecé a escribir esto el martes 23*—mediante el cual el gobierno federal compraría esa cartera de préstamos hipotecarios “malos” por una cantidad no mayor de US$700 000 000 000.  Si el estimado que vi la noche del lunes 22 en el noticiario estelar de NBC es correcto, eso representa que cada hombre, mujer y niño estadounidense tendrá que sacar alrededor de US$3 500 de donde no los tiene para sacar del hoyo a las propias instituciones financieras estadounidenses (yo espero que eso no incluya a PR, USVI y demás territorios y posesiones estadounidenses… pero no me siento muy optimista).  Pero no es sólo eso: La implantación de este plan conllevaría aumentar el límite de la deuda pública estadounidense a la cantidad de US$11 315 000 000 000… ¡y ya me estoy mareando con tanta cifra astronómicamente alta!

* Por cierto, en una nota publicada a las 20:16 UTC del 23 de septiembre de 2008, la agencia Reuters informó que la Comisión de Banca del Senado de EE.UU. había rechazado el referido plan de liquidación, al que consideró como “inaceptable” según propuesto, pero dejó la puerta abierta a una negociación sobre el mismo.  Comoquiera, la administración federal seguirá insistiendo en que no hay otro camino, que “es una solución buena para el país”, por lo que habrá que estar pendientes.  (Y por supuesto, ésa tendrá que ser la cuestión más importante para los candidatos presidenciales Obama y McCain en las próximas elecciones… ¡si les da la gana de abordarla responsablemente y no andarse por las ramas!)

A mí, francamente, cosas como ésta son para preocuparme.  A mi entender, son el resultado de muchos factores, entre los que se destaca la irresponsabilidad en la toma de decisiones fiscales.  Y esa irresponsabilidad no es del día de hoy, sino que viene de muchos años de no afrontar los problemas económicos mediante la toma de decisiones valientes, sabias y sólidas.  Y si vamos a hablar de irresponsabilidad fiscal, recurrir a ingresos no recurrentes o a fuentes volátiles de ingresos (por ejemplo, un préstamo) para tratar de aliviar una crisis de la magnitud de la que existe en las finanzas del gobierno de Puerto Rico, a mí me parece el epítome (palabra “de domingo”) de la irresponsabilidad fiscal, en tanto la situación original no se atiende y se siguen acumulando los problemas.

¿Y quién es el que siempre acaba pagando los platos rotos?  No son precisamente los que nos metieron en el lío para empezar.  Ésos tienen su ganancia asegurada, mientras que al resto de nosotros nos toca salvarles de la ruina.  (¿No será eso lo que en una columna de opinión que leí la semana pasada en El Nuevo Día llamaban, “privatización de la ganancia, socialización de la deuda”?)

OK, test sin avisar (y cuenta para la nota del semestre). Identifique a quiénes se refiere el párrafo anterior (20 puntos).
OK, test sin avisar (y cuenta para la nota del semestre). Identifique a quiénes se refiere el párrafo anterior (20 puntos).

Y a todo esto, tengo que preguntar de nuevo: ¿no se suponía que el impuesto de ventas y uso (IVU) era la bala de plata que vendría para ayudar a mantener a flote las finanzas del estado y evitar otro cierre gubernamental?  ¿Será que lo que yo escribí en mayo pasado, cuando recordé el segundo aniversario del cierre gubernamental de 2006 sigue siendo cierto?

…al día de hoy, yo tengo que preguntarme: ¿A dónde han ido a parar los recaudos del IVU? ¿Quién más (que no sea el pueblo de Puerto Rico) se está beneficiando con esos recaudos? ¿Por qué no se le dice al público—el mismo al que se le recalca cada año su responsabilidad de aportar al bienestar del país—lo que ocurre en la realidad?

En resumidas cuentas, es muy fácil crear una crisis financiera.  Lo difícil es salir de ella.  Sobre todo, si se está bien enterrado y sin posibilidades de salir por un buen tiempo…

Enterrados hasta el ñú en...
Enterrados hasta el ñú en...

Así que…  ¡Buena suerte, no hay más ná’!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

(Por cierto, tengo una última sugerencia para aliviar la crisis financiera del gobierno de Puerto Rico, si éste insiste en manejarla de la manera en la que la ha estado manejando hasta el momento.  ¿Qué tal si en el Departamento de Hacienda le prenden una o varias velas a la Virgen de la Caridad del Cobre?  Después de todo, se dice que ella es la creadora del dinero…)

LDB