Mr. Branson y la "Resiliencia" (ACTUALIZADO)

Y aquí estoy de regreso, amigas y amigos, mi gente, con el enlace a un artículo escrito citado por Sir Richard Branson (biografía en español y en inglés, como siempre, vía Wikipedia—que por cierto, ahora me entero que es la principal fuente de información de una funcionaria de alto nivel de gobierno… Madam, you know better than that!) sobre la “resiliencia” (y me disculpan por las comillas, pero aún no estoy seguro de que la Real Academia Española la haya aceptado como vocablo en castellano, pero allá Juana con sus pollos) y las maneras en las que la misma se puede construir.  Una cosa de la que se habla mucho en estos días, a la luz del impacto que ocasionaron en Puerto Rico los 2 huracanes categoría 4-5 (alrededor de 150 mi/h o 240 km/h) de septiembre pasado: Irma el 6 de septiembre y María el 20 de septiembre de 2017.  Huracanes que pasarán a la historia de Puerto Rico como lo más devastador que se haya visto en el Puerto Rico de nuestros tiempos (o por lo menos desde 1928, cuando nos azotó un huracán de intensidad bastante similar, bautizado “San Felipe”).


ACTUALIZACIÓN (18 DE FEBRERO DE 2018, 14:00 UTC – 04:00): Ahora tengo que corregir lo antes dicho sobre la palabra resiliencia, como me lo acaba de demostrar la propia Real Academia Española:

RAE-Resiliencia

Quedo corregido entonces. Ruborizado


Y al momento en que escribo esto, unos 145 151 días desde el azote de María, aún está a oscuras casi la mitad de la Isla (¡y hasta las islas-municipios de Vieques y Culebra!), con probabilidades cada vez más lejanas de que se le restablezca el servicio de electricidad (y en algunos casos, el de agua potable también) en un tiempo razonable.

¿Será por la negligencia de alguien, ya sea del gobierno estatal o del federal?  Si es así, para mí que esa negligencia es bastante temeraria, casi rayando en lo criminal.  (Lo siento mucho si alguien se ofende con esto, pero es mi sentir y lo tengo que decir así, guste o no.)  Pero bueno, tarde o temprano se pagará esa negligencia, esa falta de responsabilidad con la gente, con un país que aún está herido, sufriendo las consecuencias de esa negligencia (se dice que de décadas de decisiones mal tomadas, y de índole político partidista muchas de ellas—como la de reclutar en puestos de importancia a familiares o “amigos del alma”, sólo por seguir la línea del partido, el que sea… y ya ustedes saben mi opinión al respecto), pero que se puede poner en pie y se va a poner en pie, le guste a quien le guste.

Sí, mi gente, yo creo mucho en nuestra resiliencia (aun cuando yo pensaba que la RAE no aceptaba esa palabra en el idioma español).  Esa resiliencia es lo que nos ha permitido sobrevivir a cosas peores.  Hasta a mí, personalmente, luego de la clase de año que tuve que pasar en 2017, como ustedes ya saben.  Y esta crisis que está pasando ahora mismo, no será la excepción.

Y ya que estoy de regreso… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien y sean personas razonables.

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Con el agua hasta más arriba del cuello

English: This graphic describes the sea-level ...
English: This graphic describes the sea-level rise. (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente: Acaba de llamar mi atención un artículo en el Daily Mail de Londres, en el que se reseña una serie de imágenes modificadas por el artista Nickolay Lamm, de Pittsburg, PA.  Dichas imágenes ilustran la manera en la que quedarían varias de las principales atracciones turísticas en la costa este de los Estados Unidos, si se cumplieran las predicciones de los científicos sobre el calentamiento global.  La verdad es que mete miedo pensar que algo así ocurra en un futuro que quizás no veremos, pero las generaciones futuras tal vez lo vean.

‘Waterworld: How America’s cities will look in five centuries if sea level rises predicted by scientists prove correct’, Daily Mail, 10 de abril de 2013.

Y antes que nos quedemos con el agua al cuello… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

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Valores familiares: Llévalos contigo, o si no…

Fort Buchanan Sergeant Major David Davis and g...
Hon. Jorge A. Santini - Image via Wikipedia

Puede ser que lo que voy a decir a continuación sea chocante para mis lectores en San Juan, Puerto Rico—que al momento en que escribo esto, hacían unas 22 (4.40%) de las 500 visitas más recientes por ciudad a este blog, según mi cuenta en StatCounter.com.  Pero la realidad es que a mí me alegra no ser residente de San Juan.

Digo, si ustedes han visitado mi página biográfica, saben que yo no resido en San Juan, y que este blog ni siquiera se escribe en San Juan.  Y aunque yo tenga que gastar fuertemente en gasolina cada semana (actualmente al ritmo de US$0.817 por litro de gasolina—US$3.09 por galón estadounidense) para moverme “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, yo no cambio por nada del mundo el hecho de no residir en San Juan.  Por muchas razones: porque mi naturaleza es y será “de pueblo chiquito”, porque los costos de la vivienda en San Juan son muy altos (especialmente para quienes se les hace difícil conseguir una vivienda cuyo costo no comience por debajo de los “bajos” US$150,000—y ya a estas alturas de mi vida, yo no estoy para eso), por la alta tasa de delincuencia en sus calles (aunque últimamente, los pueblos pequeños como el mío, Juncos, no son exactamente los santuarios contra la violencia delictiva que eran en otros tiempos), porque se forma un congestionamiento vehicular en casi cada esquina (en muchos casos, debido a la mala planificación de los usos alrededor de las vías principales)… ¿de veras, quieren que les haga la lista?

Yo estoy seguro de que no.

O tal vez sí, tal vez debería añadir una razón adicional por la que me alegra no residir en San Juan.  Y esa razón es recibir en mi correo lento (lo que algunos cínicos bautizaron hace rato como el “snail mail”) lindezas como la que ha llamado la atención de todo Puerto Rico y el mundo, pero no necesariamente por las mejores razones del mundo: la ya mundialmente archifamosa tarjeta de Navidad del Gobierno Municipal Autónomo de San Juan, en la que el alcalde, Hon. Jorge A. Santini Padilla (el mismo al que ya conocemos por esta entrada, esta otra y esta otra), envía un saludo navideño a sus conciudadanos, en compañía de su esposa y de los tres hijos de la pareja.  La misma tarjeta cuyo diseño ha sido reconocido por medios informativos tan prestigiosos e importantes como El Nuevo Día, The Washington Post (que la comparó con la tarjeta navideña del presidente Obama), CNN, TMZ (¡ay, por favor!), los principales periódicos en Europa… ¡y hasta El Ñame!

(Y para ser completamente responsable, valga hacer una advertencia importante: La familia del señor Santini no tiene—ni debe tener—responsabilidad alguna por lo bueno o malo que se haya dicho, se diga y se dirá de su tarjeta navideña del 2011. PUNTO.)

OK, amigas y amigos, mi gente: ¿notan algo raro aquí?  (“Una de estas cosas, no es como las otras…”)  Digo, es bueno ver al distinguido incumbente municipal rodeado de su familia, como debe ser, en una época de tanta alegría y regocijo para la humanidad (aun para aquell@s a quienes ni les viene ni les va el motivo por el que los demás celebramos, o se supone que celebramos, esta fiesta tan especial al final del año—pero ya eso es otro tema).  Y qué mejor manera de resaltar esa unidad, de promover los valores familiares, que llevar a su familia al nuevo Museo de Historia Natural de San Juan, a retratarse con los antílopes y los leopardos en plena lucha por la supervivencia

¡Un momentito!  ¿Un mensaje digno de una época en la que se predican la paz y el amor, con una escena violenta en primer plano?  Yo no sé a quién se le puede haber ocurrido semejante barbaridad, pero definitivamente, alguien “se quedó dormido en la zona de los tres segundos” (como en el baloncesto, para quienes no entienden esa frase).  O si lo quieren tratar de entender en otro idioma, “someone’s been asleep at the wheel”.

“Jorge Santini posó con su familia junto a un leopardo que intenta matar a un antílope mordiéndole el cuello y desea ‘que esta Navidad ilumine tu sueño’.  Para algunos la foto no es apta para las Navidades, la mordida del felino, para algunos, proyecta una violencia que contrasta con la paz y la armonía que debería caracterizar el espíritu navideño.”

¿Mandarías esta tarjeta de Navidad? Controversia por postal de Jorge Santini, por Victoria Merlo (AOL Noticias, 13 de diciembre de 2011)

Y ahí tenemos dos elementos muy opuestos entre sí, contrapuestos en una misma imagen: un elemento de violencia en un primer plano (qué no tiene que limitarse a lo que presenta la imagen original, como lo demuestra esta página de fotomontajes), y un elemento de “paz y armonía” en un segundo plano.

Por supuesto, el incumbente municipal se ha ocupado de desmentir que la tarjeta tenga esa intención, más bien atribuyendo el propósito de las cinco tarjetas que se realizaron para esta Navidad (incluida la tarjeta de la discordia) a un esfuerzo para promover el Museo de Historia Natural de San Juan.  Esfuerzo que, a juzgar por los resultados que reporta el primer ejecutivo municipal (con una expectativa de recibir 135,000 visitantes antes de que termine el 2011), no han sido tirados a pérdida.  Y por supuesto, al mismo incumbente le han “resbalado” las críticas ganadas por su acción a través de todo el mundo—particularmente, la del periodista Anderson Cooper (andersoncooper y ac360 en Twitter), de CNN, quien lo puso en vitrina en su lista de “ridiculeces”—, al alegar que “toda publicidad es buena publicidad” y que ahora todo el mundo sabe que existe un Museo de Historia Natural en San Juan.

Así que la cosa, como dijo alguna vez Madonna, es que hablen bien o mal de mí… ¡pero que hablen!

Es más, déjenme decirles mi opinión muy personal de lo que veo ahí.  Veo en la imagen a una persona, un importante y reconocido líder político, que como todo importante y reconocido líder político que se precie de serlo, está posando en una foto con su familia, dando un cuadro de unidad familiar que parece resaltar la importancia de la familia en estos tiempos difíciles, en los que la gente se está—como mínimo—halando por los pelos en una diaria lucha por la supervivencia, como se ve en el primer plano de la imagen.  (Que, si no es otra cosa, es lo que significa la escena del leopardo y el antílope, por lo menos para los que hemos estudiado—y para los que estudian—Ecología, Biología o Ciencias Biológicas en la universidad.  Un ejemplo de la eterna lucha por la búsqueda del sustento que todos los seres vivos enfrentan, de una manera u otra.)  Tal vez el mensaje que se da es que la familia está segura, mientras “allá afuera”, en la calle, los demás se las están arreglando para sobrevivir a cómo dé lugar.  Otra vez, “nosotros” vs. “los otros”.

O qué tal si en un caso menos benévolo, lo que se ve es a un alcalde que se sabe una figura controvertida (y si alguien todavía tiene dudas, vea los tres enlaces a mis entradas anteriores sobre este singular personaje político), que pone a su familia como una especie de “carnada”, para decirle a sus rivales (por lo menos, éstos son conocidos) y a posibles enemigos (que pudieran o no ser conocidos) algo así como esto:

“Aquí estoy YO, con MI esposa y con MIS hijos, celebrando la Navidad como mejor NOS parece.  Si eso te molesta, tu problema es CONMIGO y ‘arreglamos’ donde sea.  Pero no se te ocurra meterte con MI familia, porque de lo contrario… ¡podría ocurrirte lo que al antílope que es atacado por el leopardo!  ¡Ése es MI reto!  ¡Estás advertido!”

OK, yo sé que lo que acabo de plantear suena un poco exagerado, pero quién sabe si hay algo de eso implicado en lo que proyecta la tarjeta navideña de la discordia.  Una especie de provocación, una especie de “ven y túmbame la pajita, si te atreves”, algo más allá de simplemente promover el Museo de Historia Natural de San Juan.

Y en cuanto a promover el Museo de Historia Natural de San Juan, yo pienso que debe haber mejores maneras de darlo a conocer, tanto a propios (o sea, sanjuaneros) como extraños (todos los demás habitantes de Puerto Rico y de este planeta).  Me imagino que una buena orientación con el personal del Museo Nacional de Historia Natural de la Smithsonian Institution, reconocido internacionalmente como un lugar de excelencia, pudiera ayudarlos a enfocar mejor sus esfuerzos, a desarrollar programas educativos, a enseñar a los sanjuaneros a que ese museo debe ser fuente de orgullo e inspiración para lograr cosas mejores en la vida.

Pero en lo que el hacha va y viene y se hacen las cosas como debe ser, me imagino que la concurrencia al Museo de Historia Natural de San Juan aumentará, no tanto por el sano interés de conocer la naturaleza, de enriquecerse en conocimientos y experiencias sobre el medio ambiente que nos rodea—y del que, queramos o no, formamos parte, y en el que tenemos un papel esencial que desempeñar—, sino tal vez por alimentar el morbo, por ver los famosos animales con los cuales el alcalde de la ciudad capital y su familia posaron para una tarjeta de navidad.  Una tarjeta de navidad que implica la prédica de unos valores que parece que dejamos atrás, y que deberíamos tratar de recuperar… una prédica opacada por una imagen de violencia.

¡Y vamos a dejarlo ahí, que ya la Navidad de 2011 está a la vuelta de la esquina!  Cuídense mucho y pórtense bien, porque si no, se los come el leopardo de la tarjeta navideña… ¡o algo peor!

¡Felicidades!

(¡Ah!  Y por si acaso: Ningún animal fue muerto o lastimado en la realización de esta entrada.)

LDB

Lo que nos deja el 2010

an old post card
Image via Wikipedia

Bueno, amigas y amigos, para cuando yo coloque esta entrada en los servidores de WordPress.com, el resto del mundo aún no habrá recibido el nuevo año 2011—cosa que deberá empezar a ocurrir cuando en Puerto Rico sean las 8 de la mañana (08:00 UTC –04:00) del viernes, 31 de diciembre de 2010.  (O por lo menos, eso es a lo que yo aspiro.)  Así que a ésta la considero como la última entrada oficial de mi blog para el 2010.  Un año en el que en Puerto Rico se vieron muchas cosas.

Se vieron los efectos de una ola delictiva que parece no tener fin, muy a pesar de que se alega oficialmente que la misma “está bajo control”—or is it?  Una ola delictiva en la que cualquiera se cree con poder sobre la vida y la muerte y los inocentes se convierten en un blanco fácil.

Se registraron más y más actos de violencia dentro del seno familiar, con resultados cada vez más escalofriantes—y siempre, quienes menos pueden defenderse, especialmente l@s niñ@s, ya sean l@s del residencial público, o l@s de la barriada pobre, o l@s de la ruralía, o hasta l@s de las supuestamente seguras urbanizaciones de “acceso controlado”, acaban pagando los platos rotos.

Se continuaron implantando las medidas de “estabilización” y “recuperación” fiscal, con la salida de más empleados públicos de sus puestos en el gobierno estatal—medidas que han traído un desmejoramiento en la calidad de los servicios que se le prestan al público, al sobrecargar a l@s emplead@s que quedan para hacer las tareas de l@s que “se fueron”.  Y en cuanto a l@s que “se fueron”, muchos de ést@s tratan de arreglárselas como pueden, ya que la suerte de volver a tener un empleo no parece favorecerles por lo pronto.  Y l@s que no pueden arreglárselas… no pueden más con su carga y caen.

La mediocridad se paseó de la mano de la codicia una vez más, especialmente en el lugar donde se elaboran las normas que deben ayudar a la sana convivencia de quienes preferimos vivir en sociedad a vivir sin reglas—con una profusión de necios, ignorantes, elementos con más ambición de servirse de los demás que de servir a los demás, o aquéllos cuya conducta pública evoca un sentimiento de vergüenza.

Sobre todo, el conflicto y la confrontación se hicieron sentir mucho durante este año que nos deja.  Se hicieron sentir en las acciones contra entidades de la confianza de los ciudadanos, como el Colegio de Abogados, y contra las comunidades pobres, cuyo único “delito” es interponerse en el camino del “progreso”.  Se hicieron sentir en la Universidad del estado, cuando imperaron la retórica de un tiempo que muchos creíamos muerto y sepultado, la intolerancia y la mala voluntad, sobre el consenso y la razón.  Y todo eso, ¿para qué?

Es curioso que estos días del feriado de Navidad y fin de año del 2010 han transcurrido en Puerto Rico bajo una lluvia persistente.  Tal vez para cuando yo coloque esta entrada en los servidores de WordPress.com, ya haya dejado de llover y empiece a brillar el Sol, como un signo de esperanza, de que no todo está perdido.  A mí me gustaría pensar que eso será así, pero con los barruntos que nos deja el año 2010 que se va… la pregunta que me hago es: ¿hacia dónde vamos desde aquí?

(Y eso, que ni siquiera voy a mencionar el temblor de tierra de magnitud 5.4, que se sintió en Puerto Rico la noche del 24 de diciembre de 2010.  Interesantemente, el epicentro del mismo se estimó como a 15 millas o 24 kilómetros al oeste de donde vivo… lo suficiente como para que se sintiera como si un tren hubiera chocado contra mi casa.  ¡Así de fuerte se sintió ese temblor!  ¡UY!)

Y ahora sí, ¡vamos a dejar el 2010 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Nos vemos en el 2011.

LDB

Donde la celebración es pura fachada

Celebration, Florida
Image via Wikipedia

¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!

Yo creo que ahora sí que me echaron de menos, ¿no?  Pero no se asusten.  Si no he podido estar con ustedes este pasado par de semanas, es por lo que me propongo explicar a continuación.

Habrán notado que mis “status” recientes en Facebook y en Twitter reflejan que he estado atendiendo una situación familiar difícil, ocasionada por una caída que sufrió mi padre hace unas dos semanas, mientras él trataba de colocar unos adornos de Navidad en mi casa.  Como podrán suponer, eso, sumado a la presión para completar algunas de mis tareas en la oficina antes de que termine el 2010, me habían dejado con muy poco ánimo para poder escribir en este blog.

No obstante, eso no significa que yo me haya desconectado de los recientes acontecimientos en la Universidad de Puerto Rico, y en el resto del país para todos los efectos prácticos.  Y si lo vamos a ver bien, este último par de semanas nos da indicios de la clase de camino que nos queda por recorrer, en el segundo par de años del actual ciclo de gobierno puertorriqueño.  Un camino sumamente difícil y peligroso.

Pero de eso hablaremos antes de que se acabe el año.  Es más, yo creo que ésa será mi próxima entrada, la última del 2010.  Pueden contar con eso.

Comoquiera, ya que estas próximas 2 semanas dispondré de algún tiempo para descansar (¡lo que pueda!) y hacer mis cosas personales, a la vez que atiendo la situación que mencioné al comienzo, voy a tratar de compartir con ustedes algunas cosas que he encontrado en estos días.  Primera en la agenda es una situación ocurrida hace unas semanas en Celebration (28°19′12″ N, 81°32′25″ O), una comunidad planificada situada en el condado Osceola del estado de Florida.

Celebration, Florida, EE.UU. (a 21 millas o 34 kilómetros al sudoeste de Orlando; a 67 millas o 108 kilómetros al nordeste de Tampa).

Sintetizando un poco lo que aparece en esta entrada de Wikipedia (si se creían que yo me iba a referir al “otro Wiki”, ¡se han podido…!), Celebration es un experimento creado durante la década de 1990 por la corporación que nos trajo a Mickey Mouse y todo su corillo, para desarrollar una comunidad inspirada en las comunidades de las primeras décadas del Siglo 20, en terrenos cercanos a la propiedad un poco más famosa que tiene algunas millas al norte en la carretera I-4.  Celebration ocupa una cabida aproximada de más de 10-y-media millas cuadradas (28 kilómetros cuadrados), la cual alberga una población aproximada de 11,860 (11.860) habitantes según el Censo decenal del 2010 (casi 9 mil personas más que a la fecha del Censo decenal del 2000).  De esta población, casi un 94% la conforman estadounidenses de raza blanca; lamentablemente, la proporción de Latinos en Celebration es de apenas 26 centésimas del 1% (0.26% / 0,26%), mientras que la de otras “minorías” oscila alrededor del 1%.  Casi 2 de cada 3 núcleos familiares (66.5% / 66,5%) se componen de la tradicional pareja casada hombre-mujer, y casi la mitad de esos núcleos familiares (45.1% / 45,1%) son familias con hijos menores de 18 años.  Un 4.3% (4,3%) de las familias de Celebration viven por debajo del nivel de la pobreza.

De acuerdo con esta reseña en About.com, las aproximadamente 2,500 (2.500) viviendas de Celebration están agrupadas alrededor de un pequeño distrito comercial, de naturaleza peatonal.  Estos comercios están agrupados alrededor de un paseo peatonal que bordea un pequeño lago, con el fin de alentar la caminata y el disfrute al aire libre.  Muchos de los edificios en el distrito comercial tienen una apariencia “de libro de cuentos de hadas”, algo “como de Disney”, con paredes en estuco, pretiles, persianas, verandas y arcadas, mientras que las casas y los apartamentos reproducen estilos históricos tales como el colonial o el Victoriano, con todos los edificios construidos y pintados en materiales similares entre sí.  De hecho, la reseña de About.com señala que a Celebration se le suele citar como un ejemplo del llamado “nuevo urbanismo”, o sea, el diseño de comunidades habitadas mediante formas neo-tradicionales.

Vamos bien hasta aquí, ¿no?  Pero si nos dejamos llevar por lo que dice la siguiente cita, detrás hay algo más:

“Se supone que el poblado sea perfecto y que todos los residentes estén felices.  Pero—chocantemente—los periodistas revelan que debido a la falsa nieve… la música zumbada desde altavoces en el centro urbano… y una arquitectura tradicional que se acerca más a la realidad que el schlock característico, todo es falso—una fachada.…

“Una serie de eventos en la pasada semana más o menos, revelaron cuán imperfecta puede ser la vida para los 11000 residentes de un poblado de 14 años de antigüedad con un nombre que suena como un perpetuo buen rato.  Un hombre fue asesinado, el primer homicidio en la historia de Celebration.  Pocos días después, un hombre agobiado, que había perdido su empleo y había visto desplomarse su matrimonio, se mató de un balazo en una casa rodeada por barricadas policiales.

[…]

“Celebration, por supuesto, nunca ha ocupado el terreno de la ilusión, un dominio en algún lugar fuera del mundo real.  Los residentes tienen empleos y los pierden.  Tienen familias que en ocasiones se rompen.  Hay drogas, enfermedades (físicas) y enfermedades mentales.  El poblado no ha estado inmune a las penurias económicas de la nación (estadounidense), especialmente en Florida, donde los valores de las viviendas se han desplomado.  El (New York) Times se complació en informar que la sala de cine cerró el Día de Acción de Gracias, y (hoy) los precios de las viviendas son como la mitad de lo que eran durante su auge.”

Adaptado y traducido por mí de: “News flash: Celebration is not perfect”, por Robert Steuteville (The New Urban Network, 5 de diciembre de 2010).

El principal argumento del autor del artículo citado, Robert Steuteville, es que a pesar de su apariencia de felicidad y de su evocación de cosas buenas, Celebration es apenas un asentamiento humano como cualquier otro, con sus defectos y sus virtudes, con sus cosas buenas y con sus imperfecciones.  Steuteville alega que aun cuando el diseño del poblado, su mezcla de residencias, comercios y espacios públicos, tenga el propósito de aportarle al poblado un sentido de comunidad y de un ambiente social más diverso, no todos quedarán satisfechos ni felices—lo mismo que en todos los asentamientos humanos que han existido, existen y existirán alrededor del mundo, desde los comienzos de la humanidad y para siempre.  En otras palabras, Celebration no es un asentamiento humano perfecto, ni siquiera un escenario sacado de una película de Hollywood—aunque algunos de los periodistas que Steuteville menciona en la cita de arriba han osado comparar a Celebration con el poblado ficticio de “Stepford”, Connecticut, donde se desarrolla la obra de Ira Levin, “The Stepford Wives” (“Las Esposas Perfectas”) (versión de 1975, Dir. Bryan Forbes; versión de 2004, Dir. Frank Oz).  En todo caso, Celebration es un asentamiento verdadero.  Es una realidad sobre el terreno.  Y como tal es que se debe tratar.

Afortunadamente, añade Steuteville hacia el final de su artículo, la compañía de Walt Disney no estará construyendo poblados en el futuro inmediato, y eso es bueno.  O sea, que aunque—en opinión de Steuteville—tuvo sus intenciones buenas y nobles cuando desarrolló Celebration, es mejor que la compañía de Walt Disney siga con lo suyo, que es hacer películas y construir y operar parques temáticos.  O sea, ¡zapatero, a sus zapatos!

¡Y yo secundo esa moción!  Sí, porque no quiero imaginarme lo que sucedería, por ejemplo, si a la compañía de Walt Disney se le ocurriera desarrollar un poblado típico puertorriqueño (OK, estoy exagerando, pero por favor, síganme la corriente), un poblado a la usanza de los tiempos “d’enantes”, con su placita del mercado y sus ventorrillos que ofrecen generosamente los frutos de nuestra tierra, con su plaza central frente a la iglesia (y que sea la Católica, ni más ni menos), con sus casitas de madera, con su gente amable y cortés, siempre dispuesta a ayudar al prójimo…  No, that’s never gonna happen!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  (Aunque eso no quiere decir, “vamos a dejar el 2010 ahí”.  O por lo menos, todavía no, porque aún falta.)  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB