Mr. Branson y la "Resiliencia" (ACTUALIZADO)

Y aquí estoy de regreso, amigas y amigos, mi gente, con el enlace a un artículo escrito citado por Sir Richard Branson (biografía en español y en inglés, como siempre, vía Wikipedia—que por cierto, ahora me entero que es la principal fuente de información de una funcionaria de alto nivel de gobierno… Madam, you know better than that!) sobre la “resiliencia” (y me disculpan por las comillas, pero aún no estoy seguro de que la Real Academia Española la haya aceptado como vocablo en castellano, pero allá Juana con sus pollos) y las maneras en las que la misma se puede construir.  Una cosa de la que se habla mucho en estos días, a la luz del impacto que ocasionaron en Puerto Rico los 2 huracanes categoría 4-5 (alrededor de 150 mi/h o 240 km/h) de septiembre pasado: Irma el 6 de septiembre y María el 20 de septiembre de 2017.  Huracanes que pasarán a la historia de Puerto Rico como lo más devastador que se haya visto en el Puerto Rico de nuestros tiempos (o por lo menos desde 1928, cuando nos azotó un huracán de intensidad bastante similar, bautizado “San Felipe”).


ACTUALIZACIÓN (18 DE FEBRERO DE 2018, 14:00 UTC – 04:00): Ahora tengo que corregir lo antes dicho sobre la palabra resiliencia, como me lo acaba de demostrar la propia Real Academia Española:

RAE-Resiliencia

Quedo corregido entonces. Ruborizado


Y al momento en que escribo esto, unos 145 151 días desde el azote de María, aún está a oscuras casi la mitad de la Isla (¡y hasta las islas-municipios de Vieques y Culebra!), con probabilidades cada vez más lejanas de que se le restablezca el servicio de electricidad (y en algunos casos, el de agua potable también) en un tiempo razonable.

¿Será por la negligencia de alguien, ya sea del gobierno estatal o del federal?  Si es así, para mí que esa negligencia es bastante temeraria, casi rayando en lo criminal.  (Lo siento mucho si alguien se ofende con esto, pero es mi sentir y lo tengo que decir así, guste o no.)  Pero bueno, tarde o temprano se pagará esa negligencia, esa falta de responsabilidad con la gente, con un país que aún está herido, sufriendo las consecuencias de esa negligencia (se dice que de décadas de decisiones mal tomadas, y de índole político partidista muchas de ellas—como la de reclutar en puestos de importancia a familiares o “amigos del alma”, sólo por seguir la línea del partido, el que sea… y ya ustedes saben mi opinión al respecto), pero que se puede poner en pie y se va a poner en pie, le guste a quien le guste.

Sí, mi gente, yo creo mucho en nuestra resiliencia (aun cuando yo pensaba que la RAE no aceptaba esa palabra en el idioma español).  Esa resiliencia es lo que nos ha permitido sobrevivir a cosas peores.  Hasta a mí, personalmente, luego de la clase de año que tuve que pasar en 2017, como ustedes ya saben.  Y esta crisis que está pasando ahora mismo, no será la excepción.

Y ya que estoy de regreso… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien y sean personas razonables.

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Sueños, pesadillas, y «Pepe Isuzu»

Aquéll@s entre nosotros que estábamos creciendo durante la década de 1970, tal vez recordaremos—¿con cariño?—aquella campaña de publicidad gubernamental que rezaba,

“Algunos sueños son pesadillas.”

Ésa era una campaña dirigida a movilizar al puertorriqueño común y corriente en contra de un problema de adicción a las drogas que estaba empezando a crecer (y tod@s sabemos en lo que se ha convertido 4 ó 5 décadas después).  Una campaña cuya idea central era que los que trafican o venden sustancias químicas controladas ofrecen a los usuarios algo así como un sueño.  Un sueño que resulta ser muy nefasto.  Un sueño que se convertirá a la larga en una pesadilla de la que pocos han despertado… ¡digo, si es que logran despertar!

Pensaba en esto hoy, al ver la larga pesadilla en la que hemos estado sumidos durante el año 2015 que está por terminar.  Una pesadilla que tal vez comenzó mucho tiempo antes.

Una pesadilla coronada por 2 eventos sumamente difíciles para mi amado Puerto Rico: una escasez de agua que llevó al gobierno estatal a aplicar una de esas soluciones equivocadas de las que Groucho Marx advirtió agudamente en su tiempo: la de poner a casi todo Puerto Rico bajo un régimen de 6 meses de racionamiento; y una crisis económica y fiscal que reventó como bomba este año, y que dejó al descubierto el desgaste de un modelo político que—muy a pesar de quienes se aferran al mismo como si fuese un salvavidas, creyendo que no se ahogarán como el resto de nosotros—ya hace rato agotó su vida útil.

(Y para colmo de males, apenas hace unos días el procurador general estadounidense nos vino a recordar, a través de un escrito para un caso federal, que el sueño que se le vendió a mi gente en julio de 1952, o sea, unos 6 años, 4 meses y qué sé yo cuantos días antes de comenzar mi existencia, sigue siendo sólo una vana ilusión y que no somos la gran cosa que se nos hizo creer entonces, a nosotros mismos y al resto del mundo.  Y ésa es la verdad, ¡duélale a quien le duela!)

Todo lo que se ha visto este año que está por terminar ha sido un corre y corre.  Una improvisación.  Una búsqueda de cómo salir del lío en el que llevamos varias décadas, mientras que se apacigua a los bonistas (como lo pide la Sección 8 en el Artículo VI de la Constitución de Puerto Rico de 1952).1,2  Décadas en las que se aspiraba a lucir como si nuestra realidad fuera de un país más moderno, aún cuando nuestros cimientos se estuviesen haciendo añicos en el proceso.  Décadas en las que la billetera gubernamental parecía un pozo de dinero que nunca se podría agotar.  Pero, ¿y si al final del periodo acabábamos con menos dinero para sustentarnos que lo que habíamos gastado en sostener nuestra fachada de modernidad?  Pues “no problem!”  Tomamos prestado de lo que le toca a las futuras generaciones para sostenerse… ¡y que siga la fiesta!

(Y pensar que hasta yo mismo había venido diciendo en este blog, que esa jugarreta le podía salir muy peligrosa al país.  Una vez, y otra vez, y otra … ¡y ahí tienen!)

Y con el corre y corre y esa improvisación han venido las soluciones a lo Groucho.  Por ejemplo, se aumentó el impuesto de ventas y uso (IVU) 4½ puntos porcentuales, a 11½%, al frustrarse la implantación de un IVA (VAT) de 16%.  Un IVA más predicado en la propaganda que en la realidad económica del país.  ¿No me lo creen?  Pues juzguen ustedes si lo que recibí a comienzos de 2015 en mi  dirección de correo electrónico oficial3 encaja dentro de lo que acabo de plantear:

“From: Gobernador del ELA
“To: xxxxxxxx@xxxx.gobierno.pr
“Sent: Friday, March 6, 2015 9:28 AM
“Subject: REDUCCIÓN EN TUS CONTRIBUCIONES

“Hemos trabajado en una transformación total del Sistema Contributivo actual, que es uno injusto e ineficiente porque Ia carga contributiva descansa sobre la clase trabajadora y productiva.  La razón de esta transformación es traer justicia y equidad a las miles de empleados asalariados que como tu llevan la principal carga del país.

“Es importante que sepas que la implantación del IVA esta acompañada de una histórica reducción en las tasas contributivas de todos los individuos y corporaciones.  Todos los solteros que ganan S40,000 o menos pagarán $0 contribución sobre ingresos, y así lo verán reflejado en su cheque de nómina.  Los casados que ganen $80,000 o menos no rendirán planillas y tampoco se les retendrá dinero de su cheque por ese concepto.  Esto significa que más de 857,000 personas, de sobre de 1 millón de asalariados que hoy rinden planillas en Puerto Rico, no tendrán que hacerlo en el futuro.

“Como ejemplo, una persona soltera que gana §40,000, NO pagará contribuciones.  Lo mismo ocurre con los casados que tienen ingresos de $80,000 o menos.  También, a modo de ejemplo, si una persona gana $50,000 al año y rinde como soltera hoy paga contribuciones por los $50 mil, a una tasa que podría llegar hasta 25%.  Con la Transformación Contributiva esa misma persona no pagará contribuciones por los primeros $40,000, y solo pagará por los restantes $10,000 a una tasa propuesta de 15%.

“De lo que se trata es de justicia contributiva.  La gente tendrá más dinero en sus bolsillos, y además, se reducirá la evasión.  Con esta transformación los evasores también tendrán que pagar.

“Para que puedas ver de manera individual el ahorro que tendrás con la reducción de las tasas contributivas, te invito a que saques tus números con la nueva calculadora que está disponible en transformacionpr.com.  También puedes accederla directamente en sacatusnumeros.com.

“Si quieres que la comparación sea más clara, busca tu planilla del año pasado (año contributivo 2013) o la del 2014 y úsala como referencia.  Haz tus propios números y llega a tus propias conclusiones.  Ese ejercicio te permitirá ver claramente cuánto dinero adicional tendrás en tu bolsillo para utilizarlo como prefieras.

“Te exhorto a que invites a tus familiares, vecinos y amigos a sacar sus propios números.  En transformacionpr.com también obtendrás información valiosa de cómo funcionará el sistema completo para todas las personas, no importa su nivel socioeconómico.  ¡Infórmate!

“El Gobernador del Estado Libre Asociada de Puerto Rico,

“Alejandro J. García Padilla”

(A todo esto: ¿en qué quedó la famosa “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento” de la que tanto se habló en 2014?  Me imagino que ya nadie se acordará de eso…)

Otras lindezas improvisadas en este año incluyen: retener los reintegros contributivos de muchos de los que cumplieron con su deber ciudadano y pagaron a tiempo—y hasta antes de tiempo—sus impuestos (y por cierto, la mañana del día en el que escribo esto, se decía que se iban a pagar varios de los reintegros en el par de días que quedan antes de que culmine el 2015—¡qué pantalones!); retener el pago del Bono de Navidad de los empleados públicos hasta el último minuto que disponía la ley (¡sí, dije ley!) porque no había dinero en caja… para que entonces aparecieran por arte de magia los US$120,000,000.00 (US$120.000.000,00) necesarios para cubrir los pagos…

Ciertamente, todo eso ha tenido su costo: servicios públicos que si no se están deteriorando están en vías de ello, incluidos los que son esenciales, como el agua; una economía en la que hasta la empresa privada está sintiendo los malestares, con el cierre de varias empresas; y una migración de personas como no se había visto en mucho tiempo, principalmente a distintas ciudades de los Estados Unidos—en unas, con más suerte que en otras.

Pero hay un costo muy importante, tal vez el mayor de todos: el de la credibilidad de quienes tienen la responsabilidad de dirigir los destinos de todo un país.  Muestra de ello es lo sucedido con el presunto autor de la comunicación que cité hace un momento, el gobernador García Padilla, quien parece que vio la escritura en la pared y hace un par de semanas anunció al país que decidió no postularse para la reelección.  Algo que en su momento yo había visto venir:

«Y entonces resultó que—para sorpresa de nadie—el electorado puertorriqueño eligió al candidato del PPD, Lcdo. Alejandro García Padilla, como quien entrará en funciones de gobernador el miércoles 2 de enero de 2013—por lo menos hasta el domingo 1 de enero de 2017, si no se le ocurre buscar la reelección….  Un candidato que much@s de nosotros encontraríamos tan difícil de entender como la sonrisa de la Gioconda de Da Vinci (pa’ los que jugábamos “bolita y hoyo” con la Mona Lisa)….

»Habrá que ver cómo él resolverá la crisis económica actual, sin cometer el mal hábito de sus antecesores políticamente afines, de desvestir a un santo para vestir a otro (o sea, tratar de “cuadrar” los presupuestos gubernamentales mediante préstamos—algo de lo que yo siempre he estado y estaré en contra).  Habrá que ver cómo resolverá el problema de las agencias públicas afectadas por la pérdida de sus servidores públicos, sin crear un problema mucho más grave que el que se pretendió resolver (si es que lo hubo en realidad, porque hasta yo me estoy cuestionando eso mientras escribo).  Habrá que ver cómo detiene la ola delictiva que hace que tengamos que mirar más a menudo por encima del hombro.  Habrá que ver cómo él piensa restaurar la confianza del pueblo en su gobierno, cómo piensa reconstruir los puentes rotos por la arrogancia e insolencia de quienes se sienten que por estar en el poder, pueden imponer su ley y sus normas sin que nadie les cuestione ni les oponga resistencia.

»Habrá que ver si el futuro incumbente hará algo que no sea quedarse callado ante semejantes retos.  Los mismos ciudadanos que lo eligieron para asumir esa posición (y… yo no estoy entre ellos—pero aun así, pienso estar pendiente de lo que él haga) no deben exigir menos que eso.»

Es más, a mí hasta me da la impresión de que por los últimos 30 ó 40 años, los puertorriqueños nos hemos dejado gobernar por ese icono comercial ochentoso, «Joe Isuzu»—o por su versión boricua menos afamada, «Pepe Isuzu».  Es más, díganme (porque para eso es que está la caja de comentarios, ¿OK?) si la siguiente cita de Wikipedia referente al personaje original (con mi traducción-adaptación del original) le cae a la presente situación como anillo al dedo, o como el sayo del refrán (“Al que le caiga el sayo, que se lo ponga”):

«Joe Isuzu was a pathological liar who made outrageous and overinflated claims about Isuzu’s cars.  (One commercial even cast him as the Boy Who Cried Wolf.)»

O sea, que «Pepe Isuzu» era un mentiroso patológico que hacía reclamos atrevidos y excesivos sobre la marca de automóviles que promovía (de la cual yo llegué a tener uno a mi nombre, y esto no es broma), hasta apareciendo en uno de los anuncios publicitarios como el niño que gritaba, “¡ahí viene el lobo!”.

Peor aún, es la clase de mentiroso patológico que no tiene un color específico.  Puede ser rojo PPD o azul PNP, y quien sabe si hasta verde PIP, aunque el único verde que le interesa a los 3 es el del dinero, muchas veces mal habido.  Es más, voy a aprovechar que lo dije de manera bastante clara en una ocasión, featuring el “irremediablemente bello” (según él se describe a sí mismo) «Mandrake Morrison» de los Quíntuples de Sánchez:

“Sí, son muchos cuentos.  Pero ése no es necesariamente el cuento….  El cuento verdaderamente es quien lo cuenta.  Es y ha sido y será siempre el (la) mism@ cuenter@.  Que sea del PNP o del PPD da lo mismo.  Es quien parece vivir en una realidad paralela a la nuestra, en un universo paralelo al nuestro.  Un universo paralelo en el que el país se está salvando de años décadas de malos manejos económicos (de muchos de los cuales no se responsabilizan, ni tocándolos con una vara de 3 metros—o de 10 pies, lo que le dé la gana de que venga primero); en el que la confianza de los inversionistas en la capacidad de recuperación económica de nuestro país nunca estuvo en duda (y quien diga lo contrario es un mentiroso, según esa mentalidad); en el que somos una ‘estrella’ que puede aportar mucho al mundo, que hasta puede enseñar a jugar béisbol a los mismos que inventaron el ‘baseball’… sin que lo más talentoso de su gente se tenga que ir pa’ otro la’o en busca de suerte.

“Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una ‘magia hermosa’ que esconda—y que l@s esconda de—la realidad que los demás vivimos a diario.  Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una maroma de complicidad entre ell@s y nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras que tenemos que aguantarle los cuentos que nos hacen cada día.  Y el precio que nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras tenemos que pagar por esa maroma de complicidad se hace cada vez más costoso.

“Ésa no es una maroma de complicidad de la que me alegre ser parte.  Pero gústele a quien le guste, ése es el cuento nuestro de siempre.”

Por los pasados 11 ó 12 años, he sido—y cuenten con que en el futuro seguiré siendo—consecuente en decir en este blog que muchos de los absurdos sin fin que suceden a diario en Puerto Rico, o donde sea, se deben a que alguien no asumió su cuota de responsabilidad (ya sea la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, con nuestros familiares, amigos, vecinos y demás) y permitió que las cosas llegaran al punto en el que—al fin y al cabo—tod@s tenemos que atenernos a las consecuencias de lo ocurrido.  Y ese es un punto del que nadie puede escaparse—ni siquiera los mentirosos patológicos que parecen tenernos agarrados por el mango como a la proverbial sartén.  Lo mismo da que no hayamos cuidado de nuestras posesiones personales como del medio ambiente de este único planeta en el que nos ha tocado existir: si no cumplimos con nuestra responsabilidad, tendremos que atenernos a las consecuencias.  Y ya sea que me sienta cómodo o no repitiendo esto, lo tengo que hacer—y lo seguiré haciendo mientras pueda hacerlo.  No hay otra manera de enfrentarlo.

Otra de esas cosas de las que de tanto que la he dicho a lo largo de los años en este blog, ya tiene vida propia y se dice por sí misma, es: ¿Qué es lo que una administración gubernamental—como dije, la que sea—que no cumplió con su responsabilidad cuando debió hacerlo, puede ganar con provocar un hervidero social, con causar una sensación de desasosiego entre la población general, ante un futuro no muy prometedor?

NADA, ABSOLUTAMENTE NADA.

Pero como dije entonces, me temo que eso es lo que nos espera, sabe Dios hasta cuándo.

Y en lo que el hacha va y viene y el palo del refrán descansa, ¿qué hacer ante una situación así?  Pues como escribí en una ocasión anterior, la gente está teniendo que echar mano de las palabras de Don José de Diego:

“Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

“Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.”

Y eso es algo en lo que deberían pensar los «Pepe Isuzu» de la vida, esos mentirosos patológicos que tratan de vendernos—como dice el de «La Cámara que Vende», “como pan caliente… ¡y con mantequilla!”—reclamos exagerados y excesivos, esos que tratan de huir de la triste realidad, en la esperanza de que la misma no los alcanzará.

O tal vez, creen que la realidad no los alcanzará.  Pero tarde o temprano los alcanzará, como nos está alcanzando a nosotros.  Y tarde o temprano tendrán que sufrir las consecuencias de su irresponsabilidad.

Y tarde o temprano, esos sueños que nos vendieron serán sus pesadillas.

¡Ojalá y así sea, en el 2016 que está por comenzar, y siempre!

¡Y vamos a dejar el año 2015 ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien, sean personas razonables y nos vemos en 2016.  (Eso sí, roguemos por que el nuevo año no nos salga de pesadilla… Sarcástico )


1 La Sección 8 (“Prioridad de desembolsos cuando recursos no basten”) en el Artículo VI (“Disposiciones Generales”) de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico de 1952 establece lo siguiente (énfasis añadido con toda intención): «Cuando los recursos disponibles para un año económico no basten para cubrir las asignaciones aprobadas para ese año, se procederá en primer término, al pago de intereses y amortización de la deuda pública, y luego se harán los demás desembolsos de acuerdo con la norma de prioridades que se establezca por ley.»

2 Pero para una explicación más detallada sobre el tema de la deuda pública del Puerto Rico de 2015 y los mitos sobre la misma, vea este artículo preparado por el Centro para la Nueva Economía (CNE).

3 Que conste que yo no divulgo mi dirección de correo electrónico oficial (ni siquiera mi dirección de correo electrónico regular) aquí en este blog, porque no la quiero para ningún otro propósito que no tenga que ver con mi trabajo.


Es más, aquí vamos de nuevo:

Yo soy Luis Daniel Beltrán… y yo APRUEBO esta entrada. Pulgar hacia arriba

El grito que se escuchó por todo el mundo

English: Aerial picture of the Mameyes landslide
English: Aerial picture of the Mameyes landslide (Photo credit: Wikipedia)

Espantoso.

Simplemente espantoso.

No creo que haya nada más espantoso que despertar una mañana y ver cómo la ladera de una montaña se le viene encima a la casa que tanto esfuerzo y sacrificio te ha costado tener.  O ver cómo la casa de tu vecin@ está en la línea de impacto de un desastre así, y que tu primera preocupación sea por la vida de quienes habitan esa casa.  Y sales a la calle horrorizad@.  Y pegas un grito a tu vecin@ para que se dé cuenta del peligro y se salga.  Y le ruegas a Dios—o al Ser Supremo o Fuerza Suprema en que crees, suponiendo que no eres de l@s que no cree ni en la luz eléctrica—que tu vecin@ no quede pillad@ entre los escombros de la roca que está en vías de caerle encima.

Me imagino que de esa manera debió haberse sentido la señora residente en la urbanización Villa España, en Bayamón, que mientras grababa un vídeo con su teléfono celular vio cómo la ladera de una montaña de roca caliza—lo que comúnmente conocemos en Puerto Rico como un mogote o “pepino”, por la forma que adquieren normalmente—se empezaba a deshacer junto a la hilera de casas que le quedaban al lado y empezó a correr hacia la residencia de su vecina y amiga, al grito de “Tatiiiii… Tatiiiii… Tatiiiii…”

Por lo menos, no parecía haber nadie—ni siquiera “Tati”—en esa residencia en el momento en que la ladera quiso imponer su voluntad.  Y si lo vemos del lado “positivo”, el resultado de la terrible experiencia no fue una tragedia, ni para “Tati” ni para ninguno de los vecinos afectados en esa calle.  O sea, al menos aquello no acabó como el derrumbe de una ladera en la Comunidad Mameyes de Ponce en 1987.  (Y para aquell@s que aún muchos años después tengan sus dudas, les digo que un compañero de estudios graduados de entonces y quien hoy en día es su esposa—y ambos son catedráticos universitarios hoy en día—me llevaron hasta cerca del lugar del derrumbe.  De más está decir lo espantoso que se vio ese cuadro—aparte del horror de quienes perdieron sus vidas en esa tragedia.)  O sea, que pudo haber sido peor.

Pero como suele suceder, esta lamentable situación vuelve a desatar el eterno debate sobre la mala planificación—o la falta de una buena planificación, dependiendo del nivel de optimismo o pesimismo de cada quien—de la que Puerto Rico ha sido objeto por décadas.  Planificación que, por más esfuerzos que se hagan por evitarlo, permite que se construyan desarrollos urbanos, comerciales, industriales o de telecomunicaciones en lugares en los que no se debe construir nada, lugares en los que la naturaleza reclama tener su espacio.

El caso que nos ocupa es el de una urbanización que  se construyó varios años atrás, al lado de un cerro de roca caliza de los muchos que caracterizan la zona norte de Puerto Rico, prácticamente desde Carolina (al este de San Juan, para quienes no nos conocen bien) hasta Aguadilla (noroeste de Puerto Rico), que reflejan un tiempo muy remoto en el que esa zona de mi isla estaba bajo el dominio del mar y de sus formas de vida.  (Interesantemente, en pedazos de roca de esa zona, se puede encontrar de vez en cuando el fósil de algún organismo marino; yo los he visto una que otra vez.)  A su vez, ese tipo de roca produce en esa zona formaciones tales como sumideros (o dolinas, o como se las quiera llamar), cuevas y cavernas, debido a que es una roca que dadas las condiciones adecuadas es susceptible a disolverse con el agua (aunque en algunos lugares, dependiendo del tipo de roca caliza, esa susceptibilidad es mayor que en otros—pero no vinimos a ponernos muy técnicos, ¿o sí?).

(Es más, si alguien quiere más información sobre el Carso puertorriqueño, la encontrará a mitad de la página en el siguiente enlace: Proyecto Salón Hogar: Geografía de Puerto Rico, o mediante una búsqueda en Google, Bing o Yahoo!.)

Lamentablemente, esa misma variación en la susceptibilidad a disolverse hace que algunos lugares en nuestra zona norte sean más propensos que otros a que ocurran situaciones como la que vivieron estos vecinos, especialmente si se corta el terreno de las laderas de estos cerros para permitir un desarrollo urbano que, por lo demás, “no cabría” por causa de ese “obstáculo” que está ahí en medio… más o menos como—a mi juicio—lo verían los desarrolladores.  Y a mí me parece que ese es un error muy grave y costoso.

Como también me parece grave y costoso el error de colocar una enorme pelota de relleno dentro del valle de un río (o al borde de un sumidero de los que mencioné anteriormente), amoldarla en forma de meseta y “espetar” sobre la misma una nueva urbanización, de esas en las que la casa más básica y económica de 3 dormitorios y 2 baños se vende en los “bajos” US$150’000.  Y ni hablar de un montón de “errores y horrores” como éstos.

(Creo que alguna vez escuché en un paso de comedia a la excelsa actriz fajardeña, doña Norma Candal [1930–2006], proponer un nombre para una urbanización así: “Alturas de Hoyo Hondo”.)

Pero volviendo al tema… con el derrumbe de la ladera se escuchan de nuevo los gritos habituales.  Que si en Puerto Rico ha habido una mala planificación de los desarrollos urbanos.  Que si se ha permitido construir donde no se debe.  Junto a las laderas de los mogotes, al borde de los sumideros, aun hasta a la orilla de las playas, unas playas que se supone—o al menos, siempre me lo han dicho en mi trabajo—son de todos en general y de nadie en particular.  Que si hubiera habido un Plan de Usos de Terrenos en vigencia, que no se hubiera aplazado por X o Y razón, ninguna de estas cosas hubiera pasado.  Y muchos otros gritos similares.

(Es más, permítanme detenerme por un par de minutos para decirles algo: unos días atrás evalué una propuesta para reconstruir una residencia en un sector costero de San Juan, donde el tipo de vivienda es más del de quien puede costearse ese lujo—los detalles del lugar no vienen al caso.  Como parte de mi evaluación, yo comparé fotos aéreas de la zona en cuestión, de los años 2007 y 2010.  Una cosa me dejó atónito al comparar las fotos: la costa frente a la susodicha residencia se fue perdiendo en el transcurso de apenas 3 años…  Así como lo están leyendo: ¡3 años!  Lo que no había ocurrido desde, por ejemplo, los años 30 del siglo pasado, había ocurrido en el transcurso de apenas 3 años.  Basta con decir que para el 2010, ya el mar estaba llegando a la pared de la residencia que daba a la playa.  Y me pregunto si alguna vez aprenderemos algo de cosas como ésta…)

Pero una cosa sí es clara: alguien hizo una apuesta a que se podía burlar de la naturaleza, y desarrolló una urbanización junto a la ladera de un mogote.  Y la naturaleza hizo—o tal vez empezó a hacer—su jugada.  Y ganó la apuesta.

Así que ahora, ¿quién le paga a Tati por esa apuesta?  ¿Cómo se van a reponer los sueños, las esperanzas de futuro, las ilusiones de Tati y de decenas de residentes de Villa España, que sufrieron—o tal vez están empezando a sufrir—las consecuencias de un juego en el que la naturaleza tiene una mano ganadora?  Peor aún, la vecina cuyo grito se escuchó alrededor del mundo—gracias a que subió el vídeo a YouTube—tal vez estará empezando a preocuparse, no sea que las casas frente a la hilera siniestrada sean las próximas, en caso de que la naturaleza quiera jugar una carta más poderosa.

A lo mejor pasa como dijo una vez el Rvdo. Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller (1862–1984):

“Para entonces, ya no había nadie que protestara por ningún otro.”

O que por lo menos le pegara un grito para que se saliera de allí y salvara su vida.

Y con la esperanza de que la casa no se me caiga encima… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Valores familiares: Llévalos contigo, o si no…

Fort Buchanan Sergeant Major David Davis and g...
Hon. Jorge A. Santini - Image via Wikipedia

Puede ser que lo que voy a decir a continuación sea chocante para mis lectores en San Juan, Puerto Rico—que al momento en que escribo esto, hacían unas 22 (4.40%) de las 500 visitas más recientes por ciudad a este blog, según mi cuenta en StatCounter.com.  Pero la realidad es que a mí me alegra no ser residente de San Juan.

Digo, si ustedes han visitado mi página biográfica, saben que yo no resido en San Juan, y que este blog ni siquiera se escribe en San Juan.  Y aunque yo tenga que gastar fuertemente en gasolina cada semana (actualmente al ritmo de US$0.817 por litro de gasolina—US$3.09 por galón estadounidense) para moverme “de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”, yo no cambio por nada del mundo el hecho de no residir en San Juan.  Por muchas razones: porque mi naturaleza es y será “de pueblo chiquito”, porque los costos de la vivienda en San Juan son muy altos (especialmente para quienes se les hace difícil conseguir una vivienda cuyo costo no comience por debajo de los “bajos” US$150,000—y ya a estas alturas de mi vida, yo no estoy para eso), por la alta tasa de delincuencia en sus calles (aunque últimamente, los pueblos pequeños como el mío, Juncos, no son exactamente los santuarios contra la violencia delictiva que eran en otros tiempos), porque se forma un congestionamiento vehicular en casi cada esquina (en muchos casos, debido a la mala planificación de los usos alrededor de las vías principales)… ¿de veras, quieren que les haga la lista?

Yo estoy seguro de que no.

O tal vez sí, tal vez debería añadir una razón adicional por la que me alegra no residir en San Juan.  Y esa razón es recibir en mi correo lento (lo que algunos cínicos bautizaron hace rato como el “snail mail”) lindezas como la que ha llamado la atención de todo Puerto Rico y el mundo, pero no necesariamente por las mejores razones del mundo: la ya mundialmente archifamosa tarjeta de Navidad del Gobierno Municipal Autónomo de San Juan, en la que el alcalde, Hon. Jorge A. Santini Padilla (el mismo al que ya conocemos por esta entrada, esta otra y esta otra), envía un saludo navideño a sus conciudadanos, en compañía de su esposa y de los tres hijos de la pareja.  La misma tarjeta cuyo diseño ha sido reconocido por medios informativos tan prestigiosos e importantes como El Nuevo Día, The Washington Post (que la comparó con la tarjeta navideña del presidente Obama), CNN, TMZ (¡ay, por favor!), los principales periódicos en Europa… ¡y hasta El Ñame!

(Y para ser completamente responsable, valga hacer una advertencia importante: La familia del señor Santini no tiene—ni debe tener—responsabilidad alguna por lo bueno o malo que se haya dicho, se diga y se dirá de su tarjeta navideña del 2011. PUNTO.)

OK, amigas y amigos, mi gente: ¿notan algo raro aquí?  (“Una de estas cosas, no es como las otras…”)  Digo, es bueno ver al distinguido incumbente municipal rodeado de su familia, como debe ser, en una época de tanta alegría y regocijo para la humanidad (aun para aquell@s a quienes ni les viene ni les va el motivo por el que los demás celebramos, o se supone que celebramos, esta fiesta tan especial al final del año—pero ya eso es otro tema).  Y qué mejor manera de resaltar esa unidad, de promover los valores familiares, que llevar a su familia al nuevo Museo de Historia Natural de San Juan, a retratarse con los antílopes y los leopardos en plena lucha por la supervivencia

¡Un momentito!  ¿Un mensaje digno de una época en la que se predican la paz y el amor, con una escena violenta en primer plano?  Yo no sé a quién se le puede haber ocurrido semejante barbaridad, pero definitivamente, alguien “se quedó dormido en la zona de los tres segundos” (como en el baloncesto, para quienes no entienden esa frase).  O si lo quieren tratar de entender en otro idioma, “someone’s been asleep at the wheel”.

“Jorge Santini posó con su familia junto a un leopardo que intenta matar a un antílope mordiéndole el cuello y desea ‘que esta Navidad ilumine tu sueño’.  Para algunos la foto no es apta para las Navidades, la mordida del felino, para algunos, proyecta una violencia que contrasta con la paz y la armonía que debería caracterizar el espíritu navideño.”

¿Mandarías esta tarjeta de Navidad? Controversia por postal de Jorge Santini, por Victoria Merlo (AOL Noticias, 13 de diciembre de 2011)

Y ahí tenemos dos elementos muy opuestos entre sí, contrapuestos en una misma imagen: un elemento de violencia en un primer plano (qué no tiene que limitarse a lo que presenta la imagen original, como lo demuestra esta página de fotomontajes), y un elemento de “paz y armonía” en un segundo plano.

Por supuesto, el incumbente municipal se ha ocupado de desmentir que la tarjeta tenga esa intención, más bien atribuyendo el propósito de las cinco tarjetas que se realizaron para esta Navidad (incluida la tarjeta de la discordia) a un esfuerzo para promover el Museo de Historia Natural de San Juan.  Esfuerzo que, a juzgar por los resultados que reporta el primer ejecutivo municipal (con una expectativa de recibir 135,000 visitantes antes de que termine el 2011), no han sido tirados a pérdida.  Y por supuesto, al mismo incumbente le han “resbalado” las críticas ganadas por su acción a través de todo el mundo—particularmente, la del periodista Anderson Cooper (andersoncooper y ac360 en Twitter), de CNN, quien lo puso en vitrina en su lista de “ridiculeces”—, al alegar que “toda publicidad es buena publicidad” y que ahora todo el mundo sabe que existe un Museo de Historia Natural en San Juan.

Así que la cosa, como dijo alguna vez Madonna, es que hablen bien o mal de mí… ¡pero que hablen!

Es más, déjenme decirles mi opinión muy personal de lo que veo ahí.  Veo en la imagen a una persona, un importante y reconocido líder político, que como todo importante y reconocido líder político que se precie de serlo, está posando en una foto con su familia, dando un cuadro de unidad familiar que parece resaltar la importancia de la familia en estos tiempos difíciles, en los que la gente se está—como mínimo—halando por los pelos en una diaria lucha por la supervivencia, como se ve en el primer plano de la imagen.  (Que, si no es otra cosa, es lo que significa la escena del leopardo y el antílope, por lo menos para los que hemos estudiado—y para los que estudian—Ecología, Biología o Ciencias Biológicas en la universidad.  Un ejemplo de la eterna lucha por la búsqueda del sustento que todos los seres vivos enfrentan, de una manera u otra.)  Tal vez el mensaje que se da es que la familia está segura, mientras “allá afuera”, en la calle, los demás se las están arreglando para sobrevivir a cómo dé lugar.  Otra vez, “nosotros” vs. “los otros”.

O qué tal si en un caso menos benévolo, lo que se ve es a un alcalde que se sabe una figura controvertida (y si alguien todavía tiene dudas, vea los tres enlaces a mis entradas anteriores sobre este singular personaje político), que pone a su familia como una especie de “carnada”, para decirle a sus rivales (por lo menos, éstos son conocidos) y a posibles enemigos (que pudieran o no ser conocidos) algo así como esto:

“Aquí estoy YO, con MI esposa y con MIS hijos, celebrando la Navidad como mejor NOS parece.  Si eso te molesta, tu problema es CONMIGO y ‘arreglamos’ donde sea.  Pero no se te ocurra meterte con MI familia, porque de lo contrario… ¡podría ocurrirte lo que al antílope que es atacado por el leopardo!  ¡Ése es MI reto!  ¡Estás advertido!”

OK, yo sé que lo que acabo de plantear suena un poco exagerado, pero quién sabe si hay algo de eso implicado en lo que proyecta la tarjeta navideña de la discordia.  Una especie de provocación, una especie de “ven y túmbame la pajita, si te atreves”, algo más allá de simplemente promover el Museo de Historia Natural de San Juan.

Y en cuanto a promover el Museo de Historia Natural de San Juan, yo pienso que debe haber mejores maneras de darlo a conocer, tanto a propios (o sea, sanjuaneros) como extraños (todos los demás habitantes de Puerto Rico y de este planeta).  Me imagino que una buena orientación con el personal del Museo Nacional de Historia Natural de la Smithsonian Institution, reconocido internacionalmente como un lugar de excelencia, pudiera ayudarlos a enfocar mejor sus esfuerzos, a desarrollar programas educativos, a enseñar a los sanjuaneros a que ese museo debe ser fuente de orgullo e inspiración para lograr cosas mejores en la vida.

Pero en lo que el hacha va y viene y se hacen las cosas como debe ser, me imagino que la concurrencia al Museo de Historia Natural de San Juan aumentará, no tanto por el sano interés de conocer la naturaleza, de enriquecerse en conocimientos y experiencias sobre el medio ambiente que nos rodea—y del que, queramos o no, formamos parte, y en el que tenemos un papel esencial que desempeñar—, sino tal vez por alimentar el morbo, por ver los famosos animales con los cuales el alcalde de la ciudad capital y su familia posaron para una tarjeta de navidad.  Una tarjeta de navidad que implica la prédica de unos valores que parece que dejamos atrás, y que deberíamos tratar de recuperar… una prédica opacada por una imagen de violencia.

¡Y vamos a dejarlo ahí, que ya la Navidad de 2011 está a la vuelta de la esquina!  Cuídense mucho y pórtense bien, porque si no, se los come el leopardo de la tarjeta navideña… ¡o algo peor!

¡Felicidades!

(¡Ah!  Y por si acaso: Ningún animal fue muerto o lastimado en la realización de esta entrada.)

LDB

El viaje final de los condenados

This photograph shows Lago de Loíza Reservoir ...
Image via Wikipedia

Pienso en ello y entonces me siento como si fuera mi peor pesadilla.

Voy en un vehículo oficial, atado de manos y pies, como “huésped” del sistema penal, regresando al campamento correccional luego de un día inmerso en un proceso judicial.  Afuera, se produce un aguacero intenso, de esos aguaceros inclementes que algunos de nuestros ciclones tropicales tienden a dejarnos como “souvenir”.  El conductor del vehículo, un guardia penal, ve que las aguas se están apropiando de la carretera, pero parece que ha decidido, “por sus…pantalones”, que va a cruzar el área del desborde, confiado en que lo podrá cruzar.  Total, si el vehículo ya casi está llegando a la entrada del campamento penal, ya casi está “ahí al lado”.

Y ahí es que viene el desastre.  Un golpe de agua que llega justo en el momento en que el conductor trata de hacer cruzar el vehículo.  Y ése no es precisamente el momento para no recordar algo que debió haber escuchado en sus clases de ciencia en la escuela superior—digo, si no “cortó clases” ese día:

“In a flood, two feet (61 cm) of water can move with enough force to wash a car away…

“Flood waters are more dangerous because they can apply much more pressure than an ordinary river or a calm sea. This is due to the massive differences in water volume that exist during many floods…. The bigger the difference between water volumes across an area, the greater the force of movement.  But at a particular point, the water doesn’t look so deep, and so doesn’t seem particularly dangerous—until it’s too late….

“The most dangerous floods are flash floods, which are caused by a sudden, intense accumulation of water.  Flash floods hit an area soon after water begins to accumulate (whether from excessive rain or another cause), so a lot of the time, people don’t see them coming….  Flash floods can be particularly devastating when a heavy thunderstorm dumps a high volume of rain on a mountain.  The water moves down the mountain at tremendous speed, plowing through anything in the valleys below.”

([Traducido a mi manera]: Durante una inundación, una masa de agua de dos pies de profundidad se mueve con fuerza suficiente para desplazar un automóvil.  El peligro de las aguas de inundación reside en que aplican una mayor presión que la de un río común y corriente o un mar en calma, debido a las enormes diferencias de volumen entre las masas de agua en un mismo río.  Así, mientras mayor sea esa diferencia, mayor será fuerza con la que empuja el agua.  Pero en algún punto, el agua se ve llanita y no muy peligrosa… ¡hasta que ya es tarde para evitar el peligro!  Por otra parte, aún más peligrosa es la inundación repentina, causada por la acumulación súbita e intensa de agua, por las lluvias o por otras causas, por lo que muchas veces eso es algo que, como quien dice, “no se veía venir”.  La inundación repentina puede ser particularmente devastadora cuando una tronada fuerte suelta una cantidad enorme de lluvias sobre las montañas.  El agua se mueve entonces montaña abajo a una tremenda velocidad, para barrer con todo lo que encontrará a su paso en los valles aguas abajo.)

(Citado de la página 4 de “How Floods Work”, por Tom Harris, en HowStuffWorks.com, 7 de junio de 2001.)

Pero no, no hay tiempo de pensar en eso, especialmente cuando él ve que su vehículo es arrastrado por la corriente fuerte y súbita, como empujar un sillón para cambiarlo de lugar en la sala de estar.  Arrastrado hasta que se detiene a un lado del camino, casi sepultado debajo de las aguas embravecidas.  Y tiene que buscar la manera de salir de allí.  Sí, él y el guardia correccional que lo acompaña para asegurarse de que al cargamento humano que lleva, no se le ocurra buscar la libertad en un descuido.

Y ambos logran salir del vehículo ahora incapacitado.  Pero… ¿y qué hay de los confinados?  ¿Y qué hay de mí, que estoy atrapado aquí adentro, que estoy entrando en pánico, mientras veo que el interior del vehículo se llena de agua?  ¿Qué es, que acaso estamos pensando en aprovechar el desastre que se nos viene encima para darnos a la fuga, en caso de que alguien más se apiade y venga a rescatarnos a los que estamos adentro?  Porque a la vez que el agua se está alzando dentro del vehículo convertido en cámara mortuoria, varios vecinos valientes se están ofreciendo para ayudarnos a salir.  Pero los dos guardias penales rechazan los esfuerzos ofrecidos—tal vez por ignorancia, o por insensibilidad, o por apego a una reglamentación que les obliga a retener a los confinados bajo cadenas, aun en una situación en la que las vidas de confinados y custodios corren un peligro inminente.  Total, qué más da que muera un confinado en medio de un desastre inminente… ¡lo importante es que no se fuguen!  Y PUNTO.

Mientras tanto, grito y grito para que me ayuden a salir… hasta que ya no me queda un grito más que exhalar.

Amigas y amigos, mi gente, créanme que no es nada fácil para mí imaginar—a la vez que lo voy escribiendo aquí—lo que pasaron en sus últimos minutos de vida los ocho confinados que murieron a comienzos de esta semana, mientras eran transferidos (junto con otros dos que sobrevivieron ulteriormente) al campamento correccional Sabana Hoyos de Arecibo.  Hombres que por más que se diga que estaban pagando sus deudas con la sociedad—con excepción de por lo menos uno que habría sido hallado no culpable del delito que se le habría imputado, y que tal vez estaría pensando en lo primero que haría a su regreso a la libre comunidad—, no tenían que morir de la manera tan cruel en la que murieron.  Sobre todo, no tenían por qué ser víctimas del atrevimiento e insensibilidad de los guardias correccionales que los custodiaban en ese fatídico viaje.  Guardias que ciertamente fallaron en actuar de manera responsable, aunque actuar responsablemente les costara tardar más tiempo y gastar más combustible, al desandar el camino ya andado y rodear por alguna ruta alterna.  Total, se dice que Puerto Rico es el país con la mayor cantidad de carreteras por milla cuadrada en el mundo.*  Así que… ¡por aquí, que es camino!

Pero no.  Prefirieron retar la suerte.  Y cuando la suerte les falló, prefirieron anteponer sus propias vidas a las de los confinados que llevaban en su custodia, como si la vida de un confinado valiera menos que nada.

Apostaron a que podían vencer a la naturaleza.  Pero la naturaleza los venció.  Y las consecuencias de esa jugarreta no podían ser más lamentables.


* Sólo una pequeña crítica constructiva: Parece que da mucho trabajo calcular y proveer el dato de cuántas millas de carretera (preferiblemente carreteras pavimentadas, incluidas las autopistas) hay por milla cuadrada en Puerto Rico, a juzgar por que muchos de los sitios en los que busqué en la Internet repiten esa frase (“Puerto Rico es el país con la mayor cantidad de carreteras por milla cuadrada en el mundo”), pero no aportan el dato numérico en concreto.


LDB