… pero algunos más (o menos) iguales que otros: el cuento de nunca acabar

Amigas y amigos, mi gente,

Durante estas semanas en las que el mundo ha tratado de adaptarse a la carrera a una manera distinta de vivir, a causa de la pandemia de Covid-19 del 2020, han salido a relucir varias situaciones penosas, situaciones que los más optimistas entre nosotros desearíamos que se hubieran resuelto hace mucho tiempo. Para ello, quisiera consignar aquí 3 nombres, con el énfasis correspondiente en cada uno a través de toda esta entrada:

  1. Ahmaud M. Arbery.
  2. George Floyd.
  3. Christian Cooper.

¿Qué tienen en común estos 3 nombres? Primero, los 3 son hombres de raza negra (o para los políticamente correctos como yo, “afroamericanos”). Segundo, los 3 fueron en momentos distintos objeto de ataques en su contra, por parte de otros que no comparten con ellos el mismo color de su piel. Y lo tercero, por lo menos 2 de ellos pagaron con sus vidas por los ataques de que fueron objeto; sólo uno de ellos se libró de correr esa suerte. Pero en los 3 casos, se plantea la posibilidad de que los mismos comparten un elemento en común: que en los incidentes en los que estuvo involucrado cada uno, haya estado presente el elemento del racismo. Un problema que mucha gente en los Estados Unidos creyó que se estaba superando. Una herida en el corazón de la nación llamada, “más poderosa del mundo”, “tierra de los libres y hogar de los valientes”. Una herida que no acaba de cicatrizar—y sabe Dios si algún día cicatrizará.

Arbery tenía 25 años de edad cuando murió el 23 de febrero de 2020 cerca de Brunswick, Georgia (EE.UU.), en medio de un incidente—aún algo confuso mientras escribo esto—en el que, habiéndose detenido en una residencia en construcción durante una carrera de ejercicio, sale de nuevo a la calle a continuar con su carrera, sólo para ser seguido e interceptado después por un duo de padre e hijo, blancos, ambos armados, uno de ellos (el padre) con una escopeta, quien lo mató de 3 disparos, bajo el pretexto de que Arbery era un escalador que había estado rondando ese vecindario. Todo eso mientras un tercer hombre, también blanco, grababa en su teléfono celular un vídeo de la acción que se estaba desatando frente a él, sin aparente interés de hacer nada por evitar esa tragedia.

Floyd murió a los 46 años de edad el lunes, 25 de mayo de 2020 en Minneapolis, Minnesota (EE.UU.), luego de ser detenido por un incidente en el que, supuestamente (hasta el día en que escribo, ya que no había concluido la investigación de los hechos), había tratado de pagar una mercancía con un billete de US$20.00 que había sido identificado como falso por un empleado de la tienda donde se efectuaba la transacción. Probablemente, el incidente no hubiera llegado a lo que llegó, de no ser porque uno de los 4 agentes de la policía que intervino con Floyd, quien ya estaba restringido con esposas (luego de—presuntamente—ofrecer resistencia al arresto), colocó toda la masa de su cuerpo, por medio de su rodilla izquierda, sobre el cuello de este último para restringirlo aún más. Y así estuvo durante 8 minutos y 46 segundos.

Déjenme repetir eso último: OCHO MINUTOS Y CUARENTA Y SEIS SEGUNDOS.

Y durante los primeros 5 minutos con 53 segundos de todo ese tiempo, Floyd no podía hacer otra cosa que suplicar por su vida (en una manera que de inmediato recuerda a otra muerte de origen policial, en el caso de Eric Garner; vía Wikipedia, en inglés, en español):

“No puedo respirar.”

“Me duele el estómago, me duele el cuello, me duele todo.”

“No me maten.”

Hasta que Floyd quedó inconsciente por otros 2 minutos y 53 segundos más, mientras el mismo agente policial mantenía su rodilla sobre el cuello del infortunado. Tras lo cual Floyd fue llevado por los paramédicos a un hospital, donde se certificó su muerte posteriormente.

Sin embargo, Cooper, cuya edad no aparece en las fuentes consultadas hasta ahora para esta entrada, no corrió la misma suerte de los anteriores, aunque no deja de preocupar la posibilidad de que el desenlace hubiera sido diferente. El mismo día que ocurrió la muerte de Floyd, el señor Cooper, un entusiasta observador de aves—quien resulta ser miembro de la junta del Capítulo de la Ciudad de New York de la Sociedad Nacional Audubon—sorprendió a una joven, blanca, cuyo perro estaba corriendo sin estar sujeto con una cadena, por un área forestada del Central Park neoyorquino, conocida como The Ramble” (nombre que se podría traducir como “El Paseo” o “El Paseo Largo”), en desobediencia de los rótulos que indican la regulación de esa práctica. Cuando el señor Cooper trató de llamarle la atención a la joven sobre el particular, ella se sintió “amenazada” y procedió a tomar su teléfono celular para llamar a la línea de emergencia 9-1-1. Sin embargo, en su llamada, ella expresó en un tono dramático que había un hombre negro que la estaba amenazando—a ella y a su perro—, que ella temía por su vida en ese sector del parque y que se enviara de inmediato a la policía para atender esa situación. Todo eso, mientras el señor Cooper grababa todo el espectáculo a través de su teléfono celular.

Ahora bien, ninguno de los 3 casos ha quedado sin consecuencias. En el caso de Arbery, tanto los 2 presuntos “justicieros” (yo los llamaría más bien, “ajusticiadores”) como el tercero que grabó toda la escena fueron arrestados en mayo de 2020, luego de más de 70 días sin que se tomara acción alguna, y en los que algunos funcionarios del ministerio público tuvieron que recusarse de la investigación por mostrar favoritismo implícitamente contra la víctima fatal.

En el caso de Floyd, sin embargo, se actuó un poco más rápido, cuando la policía de Minneapolis puso en licencia administrativa a los 4 agentes participantes, para después ordenar el despido de los mismos, y culminando con una acusación contra el agente que estanguló con su rodilla a Floyd—quien ya tenía casi 2 decenas de querellas en su contra por acciones indebidas como miembro de la policía—1 por asesinato en tercer grado, en su modalidad de asesinato provocado por una mente depravada (es decir, cuando un individuo lleva a cabo, con o sin intención, un acto, a sabiendas de que ese acto tiene una alta probabilidad de resultar en un grave daño corporal o en la muerte de otra persona; al hacer caso omiso de esa posibilidad, el individuo que lleva a cabo el acto demuestra una indiferencia depravada a la vida humana y la muerte así ocasionada se considera como cometida con malicia de antemano, “malice aforethought“; vea esta explicación en Wikipedia, en inglés). Lamentablemente, ello no ha impedido que se alcen las voces de protesta, tanto en Minneapolis como en otras ciudades, en las que han ocurrido manifestaciones con algunos actos destructivos (como la quema del cuartel policial donde estaban asignados los 4 policías blancos implicados en el incidente), mientras escribo esta entrada.

En el caso de Cooper, afortunadamente, la suerte se le viró en contra a la joven que quiso hacer el papel de “víctima”. A pesar de que después ella se disculpó públicamente por el incidente (disculpa que el señor Cooper dejó la puerta abierta para aceptarla), eso no parece haberle valido a ella de nada, ya que al día siguiente fue despedida por su patrono (una casa de corretaje de valores de la Wall Street) y hasta le fue quitado el perro que ella estaba paseando al momento del incidente (el cual ella había adoptado de un refugio de animales). (De paso, según el vídeo del señor Cooper que trascendió en los medios, la joven tenía agarrado al perro por el cuello, mientras trataba de ponerse dramática por el teléfono con la supuesta amenaza contra su vida y la del can. Me da la sospecha impresión de que eso debió haber influido en el ánimo de los responsables del refugio en su decisión de quitarle a la joven la custodia del perro—¿tal vez porque se demostraba en el vídeo una indiferencia depravada hacia la vida de un animal?—, pero eso es sólo mi opinión.)

Cabe preguntarse entonces si la joven habrá aprendido de esta experiencia a medir las consecuencias de sus actos de ahora en adelante (porque, en todo caso, ella fue la que ocasionó todo el problema, al no respetar una norma dirigida a asegurar el disfrute del área natural por todos, hombres y mujeres por igual, niños y adultos por igual, blancos, negros, latinos, orientales y otros por igual). Pero también cabe preguntarse qué hubiera ocurrido si la policía de New York (NYPD), notoriamente malhumorada y agresiva (no se podría esperar menos, por ser la fuerza policial que sirve y protege a una ciudad fría y dura como la de New York), hubiera intervenido con Cooper, y esa intervención hubiera tenido resultados funestos, como en el caso de Floyd o incluso en el de Garner (o que, en lugar de los “New York’s Finest“, hubieran intervenido “justicieros” civiles, como en el caso de Arbery). De haber sido así, ¿habría creído la joven que le estaba haciendo un servicio a la humanidad, al librarla de un hombre de raza negra que supuestamente amenazaba con hacerle daño a ella y a su perro (y todo, porque él la atrapó en falta)? ¿Podría ella dormir tranquila por la noche, sabiéndose responsable de una tragedia como ésa, o demostraría una indiferencia depravada hacia la vida de su presunto atacante?

Por ahora, y aunque no se había determinado si se radicaría en su contra alguna querella por el uso indebido de la línea de emergencia 9-1-1,2 creo que ya ella tiene suficiente castigo como para no poder dormir tranquila por mucho tiempo.

En todo caso, incidentes como los que estoy mencionando en esta entrada me llevan a otras ocasiones en las que he tratado el tema en este blog. Como hace unos 8 años, cuando dije lo siguiente:

“La verdad es que el debate que se ha originado por causa de tan lamentable incidente es una cosa tan sensitiva. Es una herida bastante profunda que se vuelve a abrir en la piel de una sociedad como la estadounidense, que tiene que cargar con el peso de un pasado de discrimen y racismo, de la creencia en la supuesta inferioridad de unos grupos sociales con respecto a otros, que criminaliza a esos grupos supuestamente “inferiores” y que ha resultado en consecuencias muy trágicas. Pero lo peor es que esa herida corre el riesgo de abrirse aún más, según aumenten los esfuerzos por revivir el prejuicio, por avivar la llama del odio entre grupos y entre clases sociales, por matizar la convivencia entre todos los miembros de esa sociedad sobre la base de la “percepción razonable”, de la mera sospecha de que el que dice ser mi prójimo no es lo que aparenta ser.

“Francamente, esa no es la manera de llevar una vida en comunidad. Pero así es como se está viviendo hoy en día (queramos o no).”

Viendo cómo han estado sucediendo las cosas desde que escribí esa entrada en 2012, sobre todo en los años transcurridos desde 2017, con un magnate ególatra y voluntarioso al mando de “la nación más poderosa del mundo” (como decía la conocida muñeca chismosa… “¿he mencionado nombre yoooooooooo?”), me da la impresión de que los cerdos que regían la granja en la novela de Orwell siguen andando por ahí lo más campantes:

All animals are equal, but some animals are more equal than others.

(“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.”)

[…]

Definitivamente, parece que los cerdos se han hecho con el gobierno de esta granja. Un gobierno en el que se consideran por encima del resto de los animales. En el que el bienestar y el progreso de los demás animales no les importa; sólo mantener sus poderes y privilegios. En el que no son iguales con respecto a los otros… sino más iguales que los otros.

Y es esa clase de “cerdo” la que resiente cualquier cosa que sea conflictiva con su ideología racista. Es más, permítanme repetir aquí algo que escribí en 2013, tras el fallecimiento del líder de África del Sur (y ex-confinado número 46664), Nelson Mandela:

“… lo importante es que ahora queda un legado, tanto para los africanos del sur como para el resto del mundo. Un legado de firmeza en las convicciones, de buscar aquello que debe unir—más bien, une—a los seres humanos, sin esa distinción artificial resultante de cómo vemos el color de la piel del otro, o de dónde procede, o cómo es su cultura o su ideario político, o si es hombre o mujer, o si habiendo nacido hombre o mujer tiene otras inclinaciones (siempre que las mismas no sean hacia cosas verdaderamente abominables—y ésa es una raya que hay que tirar de todos modos), o si cree en Dios o en una Fuerza Suprema, o incluso si no cree.

“Un legado que siempre se verá bajo amenaza de quienes no ven la vida con ese mismo espíritu. De quienes pretenden mantener vivas las cosas que dividen a los seres humanos. De quienes pretenden explotar los miedos de los incautos hacia “el otro”—se llame “mujer”, “negro”, “latino” o “hispano”, “chino” u otro tipo de asiático (total, hay quien no distingue unos de otros), “homosexual” o “lesbiana” o “bisexual” o “transexual” o “transgénero” (y también hay quien pinta a todos éstos con el mismo brochazo)… se llame como se llame—para adelantar sus propias agendas en lo político, en lo religioso, en lo social. Bajo amenaza de quienes no creen en la justicia social.

“Pero aún así, es un legado del que podemos todos aprender algo, si nos lo proponemos. Y que podemos aplicar en nuestras vidas, si queremos. Y que podemos seguir propagando y extendiendo, si aceptamos esa misión que. después de todo, será para el bien de quienes sigan nuestros pasos ahora, y de quienes seguirán sus pasos después.

“Y es un legado de justicia, de persistencia, y sobre todo, de unión. UNIÓN para enfrentar las dificultades que encontramos a lo largo del camino. UNIÓN para prevalecer, más allá de las pequeñas diferencias, en busca del bienestar de todos. UNIÓN para lograr una vida mejor, un futuro mejor.”

Tal vez sea sólo una ilusión creer que se podrán vencer el racismo y el discrimen, pero yo creo que vale la pena. Por todos los Eric Garner, Ahmoud Arbery, George Floyd, Trayvon Martin, y muchos otros que se arriesgan a no ver la luz del día, porque alguien no les dio la consideración de seres humanos.

¡Y vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho—cada quien y a los demás—y pórtense bien.


1 Interesantemente, y no por reirme de las tragedias de nadie, antes de ponerme a actualizar esta entrada me enteré de que la esposa del policía implicado en la muerte de Floyd… ¡le ha solicitado el divorcio! La verdad es que no sé si tenerle pena al pobre individuo, pero con un historial como el suyo… ¡es como para que la amante—en caso de que la tuviese—lo deje de inmediato! ¡A juyirrrrr!

2 Para que los lectores fuera de Puerto Rico tengan una idea, el Artículo 239 de la Ley Núm. 146 de 30 de julio de 2012, según enmendada, conocida como el Código Penal de Puerto Rico (Ley 146-2012), dispone lo siguiente sobre las llamadas telefónicas falsas a sistemas de emergencia:

“Toda persona que a sabiendas efectúe o permita que desde cualquier teléfono bajo su control se efectúe una llamada telefónica a cualquier sistema de respuesta a llamadas telefónicas de emergencia, como el tipo conocido comúnmente como “9-1-1”, para dar aviso, señal o falsa alarma de fuego, emergencia médica, comisión de delito, desastre natural o cualquier otra situación que requiera la movilización, despacho o presencia del Cuerpo de Bomberos, personal de Emergencias Médicas, la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias, Junta de Calidad Ambiental o fuerzas del orden público, incluyendo la Policía de Puerto Rico, o que efectúe o permita que desde cualquier teléfono bajo su control se efectúe una llamada obscena o en broma a tal sistema de respuestas a llamadas telefónicas de emergencia, será sancionada con pena de reclusión por un término fijo de tres (3) años.

“El tribunal también podrá imponer la pena de restitución para subsanar cualquier utilización innecesaria de recursos o desembolsos innecesarios de fondos por parte del Estado Libre Asociado para responder a cualquier llamada telefónica obscena, en broma o constitutiva de falsa alarma a tales sistemas de emergencia.”


LDB

Roban salamis y 100 potes para desempeño sexual

Amigas y amigos, mi gente, se ha desatado una tremenda crisis, a juzgar por esta nota de Telemundo Puerto Rico.  Yo creo que esto debe preocupar a todos los macharranes que están luciéndose por ahí.  Es más, hay que hacer algo para que no sigan robándole al pueblo de Puerto Rico, sus suministros de productos para el desempeño sexual.  ¡He dicho!  (Y dije “dicho”, no… esteeeee… ¡no otra cosa!)

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Roban salamis y 100 potes para desempeño sexual

http://www.telemundopr.com/noticias/destacados/Roban-quesos-salamis-y-pastillas-439254833.html

Ver “De La Nada- Vota por mi” en YouTube

Amigas y amigos, mi gente, yo creo que una de las razones por las que estaremos recordando el ciclo electoral que termina mañana martes (8 de noviembre de 2016), más allá de los escándalos de corrupción, la caída de las finanzas públicas en un abismo profundo (luego de décadas de prácticas malsanas) y la imposición de un Supragobierno por parte del gobierno estadounidense (luego de que dicho gobierno dejó ver que lo que le dijo a Puerto Rico y al mundo a principios de la década de 1950 fue una gran mentira), es por el alivio cómico y reflexivo que nos dio De La Nada.

De hecho, el enlace abajo es a lo que se denomina como el “fin de temporada” de ese sitio web, en el cual se hace un tremendo junte de los 6 candidatos a la gobernación de Puerto Rico (PPD, PNP, PIP, más Partido del Pueblo Trabajador y 2 candidatos independientes) para cantar al estilo de aquella canción milnovecientosochentosa, “We Are the World”.  (Aunque a diferencia de la época en que se se grabó la original…  Bueno, digamos que los de hoy se habrán pasado el letrero de “Check your egos at the door” por donde no les da el Sol.  Pero así son las cosas.)

Comoquiera, les dejo aquí el enlace para que se diviertan un poco, aunque sé que les dará un poco de pena (como a mí) con los líderes del pasado que miran desde el cielo cómo los que están aquí hoy han dañado su legado.  Y créanme, Muñoz Marín, Ferré y Doña Fela deben estarse revolviendo en sus sepulcros.  Pero nada.

Gracias, Rangely, por este respiro electoral.

¡Y vamos a dejarlo ahí, por el momento!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

Soy Luis Daniel Beltrán…  ¡Y ya, pa’ la porra con esto de estar aprobando mis propias entradas! 😛

Haz lo que yo digo, NO lo que yo hago: Edición “Fuego y Azufre”

OK, pellízquenme los brazos si lo he mencionado anteriormente en este blog.  Pero casi 4 décadas después recuerdo el comentario que me hizo una compañera de estudios en la actual Universidad de Puerto Rico en Humacao, mientras esperábamos el inicio de una clase en el programa de Biología Marina.  La joven, cuyo nombre ya no puedo recordar (aunque sí recuerdo que era del vecino pueblo de Gurabo), pero que era miembro de una iglesia cristiana protestante (hasta donde yo tenía conocimiento), me contaba sobre una situación en la que se había visto un pastor evangélico de su comunidad, en la que enfrentaba algún cargo por un incidente violento, creo que contra una menor de edad.  Puede que yo no recuerde mucho de lo que ella comentó, pero ella hizo un señalamiento que desde entonces llevo grabado en mi cabeza:

“Algunos que dicen ser cristianos son hasta peores que el mismísimo demonio.”

(Y ahora que me doy cuenta, por lo menos en una ocasión mencioné esta anécdota en el blog.  OK, ya está bueno, ¡dejen de pellizcarme, que eso duele!  ¡AAAYYY! Llorón )

Reloj

(OK, mis brazos ya están bien, puedo seguir escribiendo.)

Pues bien, hoy fue una de esas veces en las que me acordé de las palabras de la compañera universitaria de entonces, al ver en mi cuenta de Twitter una noticia en particular.  Una noticia que, queramos o no, nos lleva al trágico evento ocurrido el 12 de junio de 2016, cuando un individuo presuntamente influido por la ideología radical musulmana—la misma que, a mi entender, no es representación fiel de las buenas personas que practican esa religión, y que es detrás de lo que se esconden pandillas de asesinos, como la que se hace llamar “Estado Islámico de Irak y Siria” (o “de Irak y el Levante”) (y sí, eso es ese grupo, y como tal hay que llamarlo, como una pandilla de asesinos que no merece ninguna legitimidad en lo absoluto, ni religiosa ni política)—asesinó a 49 personas—23 de las cuales eran puertorriqueñas—en la discoteca “Pulse” de Orlando, Florida (antes de ser abatido por las fuerzas policiales).  Cuarenta y nueve personas que salieron a divertirse ese sábado por la noche, como cualquiera de nosotr@s lo haría—pero sin pensar que esa diversión acabaría costándoles la vida.

Y no pasaron 4 días desde el trágico suceso, cuando a una persona identificada como pastor evangélico de una localidad en el vecino estado de Georgia se le ocurrió colocar la siguiente expresión en su cuenta de Twitter:

“Been through so much with these Jacksonville Homosexuals that I don’t see none of them as victims. I see them as getting what they deserve!!”

¡Todo porque el escenario de la matanza era un club nocturno frecuentado por—o cuyas actividades están dirigidas a—homosexuales!    (Además de que equivocó el nombre de la ciudad, porque Jacksonville está al norte de Orlando, casi en la colindancia estatal con Georgia.)  Es más, voy a volver a la misma entrada de mi blog que cité hace un momento, porque creo que lo siguiente le cae como anillo al dedo, a éste y a muchos otros a quienes el sayo le cae perfectamente:

“Yo me cuestiono cómo… el dirigente de una congregación religiosa, la clase de persona que debe predicar el amor al prójimo, la paz, la buena voluntad para con los demás seres humanos—sean cristianos, judíos, budistas o musulmanes… sean blancos, negros, hispanos, orientales o nativo americanos… sean heterosexuales, homosexuales, transgenéricos, etc.—, sea la misma persona que predique el odio contra un grupo en particular por su implicación en unos hechos tan nefastos…  ¿… será de los ciegos que se ufanan de algo así como… ‘mi religión/mi Dios/es mejor que tu religión/tu(s) dios(es)’?”

Pero, ¿qué tal si echamos este otro ingrediente en la olla, a ver la clase de guiso que resulta?

“Puede ser que muchos de los que son rápidos para juzgar y para condenar las ‘fallas’ de los demás—pero lentos para perdonar a quienes cometen esas ‘fallas’, lentos para solidarizarse con el ser humano que habita dentro de eso que llamamos ‘pecador (o pecadora)’—queden retratados en una afirmación como la que cito….”*

[…]

“Si alguno de es@s que mencioné arriba viene a decirme que habla de parte de Dios… lo siento mucho por ell@s, pero no se los voy a creer.  Tal vez porque sus corazones encierran otra cosa, porque guardan otro sentir que no es consecuente con la prédica de la paz y el amor, con el ideal de ayudar a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes necesitan de nuestro apoyo y solidaridad.  Tal vez porque en realidad, son fieles a otro amo, que no es a quienes tanto dicen ser fieles.”

(* La afirmación a la que me refiero está en: Evangelio según San Lucas, capítulo 16, versos 13–15; citado de la versión Dios Habla Hoy.  México, D.F.: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983.)

Pues bien, parece que mi entonces compañera de estudios y yo tenemos razón, muchos años después.

Según esta nota publicada por el portal noticioso Fusion, el mismo pastor evangélico de Georgia que dijo que las 49 víctimas de una ira asesina—y repito, incluidas 23 víctimas puertorriqueñas—recibieron “su merecido” por ser lo que cierto ex-presidente del Senado boricua llamaría “torcidos”, fue arrestado este fin de semana por cargos de acoso sexual simple y agravado, en la persona de un menor de 16 años miembro de su congregación, en hechos ocurridos hacia el año 2010.

¿Alguien tiene una explicación RACIONAL para esto?  Una explicación de por qué una persona que está llamada a predicar la paz, el amor, y más que nada, el perdón de nuestras fallas como seres humanos, busca satisfacer a escondidas los impulsos carnales que tanto le critica y condena a otr@s.  ¡Así cualquiera!  De un lado, condenando los impulsos carnales que—según él—llevaron a los 49 de “Pulse” a recibir el “castigo de Dios”, mientras que del otro lado, cediendo a esos mismos impulsos carnales.

Tal vez le cae perfectamente ajustado el sayo del que sirve a los 2 amos.

Tal vez conviene repasar algo que escribí anteriormente sobre las personas no heterosexuales (o sea, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero), las mujeres víctimas de violencia de género y los inmigrantes ilegales:

“Y estos tres sectores, entre tantos sectores marginados de nuestra sociedad, acabarán como objeto de la ignorancia, el odio y la ira de gente a la que describí en una ocasión anterior como ‘quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás’, como ‘personas bañadas de «rectitud» de arriba para abajo’—sin dar precisamente los mejores ejemplos de esa rectitud que tanto ostentan.  Y acabarán pagando los platos rotos de quienes no se atreverían a enfrentarse a un simple reto que los ponga en evidencia, a ver si demuestran los valores que tanto le exigen tener a los demás.”

Y lamentablemente, tanto al asesino de la discoteca “Pulse” como al pastor evangélico que quiso pasar por más santo que Dios, les cae perfectamente ese sayo.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Visto en las redes sociales hoy: Guau, Guau, snif, snif

Amigas y amigos, mi gente, ¿ustedes pueden creer una cosa como ésta?  Que sea materia de interés para la prensa de Puerto Rico que los perros se pongan… esteeeeeeeeee … con fresquerías.  Me imagino que llegaremos al punto en el que hasta los políticos y las figuras de la farándula (total, no hay mucha diferencia entre unos y otros) haya que preguntarles si su perro le huele el… esteeeeeeeeee… “el d’eso”.

Es más, propongo que en alguno de los debates con los candidatos a la gobernación de Puerto Rico, se le pregunte sobre ese particular.  A mí me interesaría saber cómo contestarían sobre un tema así de apremiante para el país. 😛

En cuanto a mí se refiere… ¡me alegro de no tener mascotas en mi casa en este momento!

¡Y vamos a dejar ese “d’eso” ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

(Y mejor me doy prisa, porque ese perro que está allí me está mirando medio raro… 🐶) 

Soy Luis Daniel Beltrán… y yo apruebo esta entrada. 👍