¿A qué mundo he regresado?

Amigas y amigos, mi gente,

Ahora que me saqué del buche lo sucedido con mi padre y cómo eso me ha puesto la vida desde entonces, no me queda más que tratar de retomar las cosas donde las dejé anteriormente (con excepción de las ensartas de disparates que veo a cada rato en Facebook, Twitter, etc., porque una de ésas sale a cada rato—y seguirán saliendo, es cuestión de tiempo Sarcástico ).  Y francamente, las cosas parece que están cada vez más de mal en peor.

Resulta que en 2016, “el americano” habló.  Y al hablar admitió—aún sin quererlo—que lo que le dijo al mundo en 1953 sobre Puerto Rico fue una gran mentira, un gran engaño, una enorme tomadura de pelo.

Una de esas “maldades” que se hacen, sólo porque quienes las hacen se pueden dar el lujo de hacerlas y quedar impunes en el proceso.

Y la “maldad” en cuestión fue decirle al mundo que al haberse constituido un año antes como “Estado Libre Asociado” (whatever it means now), Puerto Rico tenía el poder para gobernarse a sí mismo.  Que aun cuando dependería en parte—en gran parte… en una grandísima parte—de lo que dispusiera el Congreso estadounidense, Puerto Rico tenía el poder para hacer sus propias leyes, y hacerlas cumplir.  Que como país, Puerto Rico podía hacer lo que le diera la gana…

Y lamentablemente, much@s puertorriqueñ@s cayeron en ese engaño.  Desde quienes ayudaron gustosamente a montar la farsa, hasta quienes se prestaron solícitamente para actuarla, e incluso para buscar un papel de mayor protagonismo.  De una y otra tendencia ideológica.  Estadolibristas y estadoístas, un@s y otr@s por igual.

Much@s de es@s un@s y es@s otr@s se adscribieron al mito de que podían hacer lo que les diera la gana.  Y empezaron a hacer lo que les diera la gana.

Y al sol de hoy siguen haciendo lo que les da la gana.

Y quieren seguir haciendo lo que les dé la gana.

Pero en eso de hacer lo que les dé la gana, es@s un@s y es@s otr@s cometieron—¿o ayudarían a cometer?—la torpeza de causar una crisis económica y fiscal.  Una crisis acentuada por una deuda pública de más de US$72,000,000,000 (US$72.000.000.000).  Deuda que, si ustedes se acuerdan bien (y si no, busquen la nota 1 en esta entrada), corresponde a la que el Artículo VI, Sección 8 de la Constitución de Puerto Rico de 1952 dispone que se pague antes que a todo lo demás.  O sea, antes que a la Policía para proteger a los ciudadanos de una ola delictiva cada vez más imparable, antes que al Departamento de Salud para atender  desde los problemas básicos de salud hasta las epidemias de dengue, zika y otros males de difícil pronunciación, antes que al Departamento de la Familia para atender la enormidad de las situaciones de maltrato y violencia familiar, antes que a la Autoridad de Energía Eléctrica para modernizar el sistema de provisión de energía eléctrica…

Oops!  Too late!  El miércoles 21 de septiembre de 2016, hubo un colapso total en el sistema eléctrico de Puerto Rico, del que prácticamente nadie se pudo librar (ni siquiera yo, ahora que estoy haciendo mi vida solo).  Aproximadamente 1.5 (1,5) millones de abonados del servicio eléctrico.  Y aunque luego de las 58 horas que tuve que esperar mientras me restablecían ese servicio, todavía quedaban algunas regiones en Puerto Rico a oscuras, se podría decir que esta crisis había sido superada.  Digo, me parece a mí…

Aunque no sin dejar el mal sabor de que en Puerto Rico, somos rehenes de un sistema eléctrico cuya prioridad es protegerse a sí mismo.  Y en el proceso, proteger a quienes se han enriquecido del mismo.  Y el resto de nosotr@s, ¡que se fastidie!

De eso es de lo que se trata esto.

Y eso es lo que parece que al “americano” no le gustó.  (O al menos, ésa es la teoría.)

En fin, que “el americano” dejó que “los nativos” hicieran y deshicieran como les dio gusto y gana.  Pero llegó el momento de empezar a imponerles disciplina.  Porque ellos no se saben comportar.  Porque no se portan bien.  Y hay que “educarlos”.  Hay que enseñarles a ser “buenos”, “obedientes”, “leales”.

Y sobre todo, porque esos “nativos” no mandan en su propia casa, porque quien manda—quien realmente manda—es el Congreso estadounidense.

Así que ese mismo Congreso se dio a la tarea de proponer una ley, con un nombre muy bonito: Ley de Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico (‘Puerto Rico Oversight, Management, and Economic Stability Act’, PROMESA).  Una ley federal con un propósito bastante ostentoso:

“Para establecer una Junta de Supervisión que ayude al Gobierno de Puerto Rico, incluidas sus instrumentalidades, en el manejo de sus finanzas públicas, y para otros propósitos.”

O sea, que tienen que venir desde afuera a enseñarnos a manejar los asuntos de nuestra propia casa.  ¿Por qué?  Porque pueden hacerlo.  ¿Y cómo lo van a hacer?  A través de una Junta de Supervisión (¿no será más bien, de Control?) Fiscal de 7 personas designadas por el gobierno estadounidense, o sea, ninguna de las cuales ha sido elegida por los puertorriqueños.

¿Qué tal si les damos un nombre que describa mejor a ese ente?  Un SUPRAGOBIERNO.

Pero de veras, ¿es esto lo que nos hemos buscado?  ¿Es esto a lo que hemos tenido que llegar?  ¿Es éste el precio que tenemos que pagar los puertorriqueños por dejarnos engañar de cuanto estafador nos pide el voto cada 4 años?

La cosa es que el Supragobierno Estadounidense del Territorio de Puerto Rico ya se constituyó.  Y vino a recomendar cirugías mayores para las finanzas públicas del país.  Y eso no le gustó a la administración gubernamental anterior (del PPD, 2013–2016), que quiso hacer malabares con lo que quedaba como gusto y ganas le diera, importándole poco lo que fuera a suceder (cuya actitud se puede resumir en un “¡me vale!”).  Y aunque sus sucesores (del PNP, 2017–2020) han querido sacar pechito tratando de pasarle gato por liebre, con un plan fiscal algunas de cuyas premisas se habrían basado en proyecciones irreales, al final éstos parecían haberse allanado a las exigencias del Supragobierno (por lo menos, mientras escribo esta entrada).

Obviamente, el menos complacido con esta situación ha sido el pueblo.  (Y si me han estado siguiendo por los pasados 13–14 años, sabrán que yo hago la distinción entre el pueblo y el gobierno del país que sea, se llame Puerto Rico o Estados Unidos o Colombia o España o…)  Y entre el pueblo, el estudiantado universitario es el que se ha estado dejando sentir, aunque ello no sea del agrado de algunos pichones de dictador, especialmente de la derecha.  Pero el caso es que cuando las cirugías mayores recomendadas por el Supragobierno incluyen recortar el déficit incurrido por la Universidad de Puerto Rico, nuestro primer y más importante centro docente (y como ex-alumno lo digo con mucho orgullo), a costa de aumentar los costos de matrícula, eliminar programas académicos que algunos creen inútiles en el medioambiente tecnológico del Siglo 21, e incluso, limitar el acceso de vastos sectores de la población a una formación académica que les permita ayudar a echar este país pa’lante… ¡no hay otra salida!

Por supuesto, la ley federal que nos trajo el Supragobierno, tiene básicamente el propósito de que las finanzas de Puerto Rico sean saneadas, al tiempo que se cumpla con pagarle a quienes la Constitución dice que se les debe pagar, antes que a todo lo demás.  Pero una cosa que a mí me hubiera gustado ver en esa ley es que hubiera algún tipo de mecanismo que permitiera llevar a los responsables de meternos en el atolladero en el que estamos hoy en día, a responder por los actos cometidos hacia ese fin.  Algo así como una Comisión de la Verdad.  Sin embargo, lo más cercano a ello podría ser exigir una auditoría de los fondos públicos para ver en qué se gastaron y por qué se contrajo toda esa deuda.  Más aún, ver cuánta de esa deuda se contrajo de manera lícita y cuánta de la deuda se contrajo en contravención de lo que manda la Constitución (en la misma sección citada arriba).

Pero entonces, cuando se trae el tema públicamente, el mismo gobierno que debe ser transparente y rendir cuentas se niega a que se realice una auditoría, porque diz que “no es necesario”.  (¿No será más bien, “por nuestros… ‘pantalones’”?)  ¿Cuál es el miedo a que se realice una auditoría?  ¿Acaso no fue la falta de estados financieros auditados—con la evasión de la responsabilidad de preparar los mismos y someterlos a tiempo—lo que llevó al gobierno federal a imponer un Supragobierno, nuevamente, porque puede hacerlo?  ¿A quién se está tratando de proteger?

A mí me parece haber escuchado en algún lugar que “quien nada debe, nada teme”.  Pero por lo visto, parece haber muchos que temen.  De uno y otro bando.  Ambos, igual de temerosos.

Siendo eso así, ¿qué podrá seguir desde aquí?  ¿Una molestia tan y tan grande de parte de un pueblo que está cansado de dejarse engañar?  Yo no quisiera pensar que lleguemos a extremos peligrosos, pero me temo que eso ocurrirá algún día.  Tarde o temprano, pero algún día.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

LDB

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La hora del sacrificio… aún no termina

Flag of Puerto Rico
Flag of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

Debe ser que me estoy cansando de decir “lo mismo… lo mismo… lo mismo” en este blog.  Cualquiera diría que los gobiernos en Puerto Rico no saben atender las crisis económicas y fiscales—creadas irresponsablemente por esos mismos gobiernos—sin que sea “el de abajo” el que pague los platos rotos.

Ahora, luego de varias semanas de estarse discutiendo la implantación de una nueva ley para declarar una “emergencia fiscal” en Puerto Rico, la misma acaba de ser aprobada por la Asamblea Legislativa y firmada por el gobernador García Padilla.  Se trata de la Ley Número 66 de 17 de junio de 2014 (Ley 66-2014), conocida como la “Ley Especial de Sostenibilidad Fiscal y Operacional del Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico”.  Una ley que del saque se ha dado en decir que es una nueva versión de la Ley Número 7 de 9 de junio de 2009 (Ley 7-2009), conocida como la “Ley Especial Declarando Estado de Emergencia Fiscal y Estableciendo Plan Integral de Estabilización Fiscal para Salvar el Crédito de Puerto Rico”, firmada por el entonces gobernador Luis G. Fortuño Burset.  Dos leyes con largas exposiciones de motivos (23 páginas en la Ley 7-2009 vis a vis 44 páginas en la Ley 66-2014), llenas de datos, gráficas y estadísticas para justificar sus respectivas existencias.  Pero ambas van dirigidas a un mismo fin: tratar de atender una crisis de la creación de los gobiernos que las implantaron, sin asumir mayor responsabilidad que la de ponerlas en el papel (o en el formato de documentos digitales, PDF—porque hay que hacerlo “a la moderna”, ¿vi’jte?) para la posteridad.  Para que se les recuerde—y se les “quiera” en el proceso (dándole su voto en las próximas elecciones generales).

Y si vamos a hablar de recordación, la de la Ley 7-2009 y sus lamentables consecuencias aún está fresquecita, y no con mucho cariño que digamos.  Y yo la sigo viviendo todos los días en mi lugar de trabajo.  Pero vamos a seguir con lo que hoy nos trae hasta aquí.

Por lo menos esta vez, la Ley 66-2014 no nos promete retiros tempranos ni renuncias “voluntariamente involuntarias” o “involuntariamente voluntarias” (o como diría Cantinflas, “ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario”) como las de la Ley 7-2009—digo, si le creemos a la declaración de política pública en el segundo artículo de la Ley 66-2014.  (Sí, porque parece que la situación fiscal del gobierno es de tal magnitud, que no hay para proveer los lindos chalecos salvavidas con el emblema de los dueños de la nave que quiere llegar a puerto con la carga, los pasajeros y la tripulación—la que como siempre, NUNCA está de más—que ofrecieron la última vez.)  Más bien propone una variedad de medidas que deben estar en vigor hasta el 1 de julio de 2017 (o sea, hasta casi 7 meses después de las elecciones generales de 2016), o que podrían expirar antes si se certifica que el producto nacional bruto del país habría aumentado en 1.5% (1,5%) para un próximo año fiscal, las casas acreditadoras de la Calle Wall neoyorkina resuelven que las obligaciones financieras gubernamentales no son chatarra y el año fiscal que cierra lo haga sin un déficit (a menos que algún legislador de pueblo chiquito se haya despertado de su siesta en plena sesión para reclamar que a su municipio no lo dejan beneficiarse de las “medidas importantes”… ¡como los déficits!).  Medidas tales como reducción en la contratación de servicios profesionales; reducción en el gasto de nómina de empleados de confianza; prohibición de nombramientos de empleados regulares, de carrera, transitorios o irregulares para puestos (excepto que rindan servicios directos o sean esenciales para los recaudos de la agencia implicada, o por varias otras razones); autorización de traslados o destaques de empleados dentro de una misma agencia o entre agencias (sin disminución de sueldo o beneficios marginales); prohibición en la concesión de aumentos en beneficios económicos o compensación monetaria extraordinaria; extensión de las cláusulas no económicas de los convenios colectivos vigentes en las agencias de gobierno que se rigen bajo la Ley Número 45 de 25 de febrero de 1998 (Ley 45-1998), conocida como la “Ley de Relaciones del Trabajo para el Servicio Público de Puerto Rico” (los cuales serán negociados luego de concluir la vigencia de la Ley 66-2014); prohibición de los gastos en las agencias de gobierno, en exceso de los fondos presupuestados; suspensión de las cláusulas no económicas en los convenios vigentes en las corporaciones públicas (las cuales se rigen por otras leyes que no son la Ley 45-1998), incluida la prohibición de liquidar monetariamente los balances acumulados de licencia de sus empleados; prohibición del uso de fondos públicos para pagar escoltas a jefes de agencias (con algunas excepciones), así como para viajes no esenciales al extranjero, contratación de servicios profesionales y adquisición de equipos tecnológicos personales de uso exclusivo (ustedes saben: celulares inteligentes, PDAs—¿hay quien todavía usa eso habiendo actualmente celulares más inteligentes que un PDA?—y demás); y disminuciones en los gastos de arrendamiento (por ejemplo, de edificios) y en el consumo de electricidad y agua de las agencias públicas.

(La Ley 66-2014 también tiene otras medidas que aplican a las ramas legislativa y judicial, pero para los efectos de esta entrada me enfocaré en lo resumido en el párrafo anterior.)

Tal vez muchas de esas medidas suenan bien sobre el papel (o en la copia en formato digital).  Pero no les suenan bien a todo el mundo.  Particularmente a los empleados unionados de las corporaciones públicas (particularmente las autoridades de Acueductos y Alcantarillados y de Energía Eléctrica), los cuales han amenazado con envolver al país en un “paro nacional” si no se les excluye de la Ley 66-2014 (particularmente de lo relacionado con la prohibición en la concesión de aumentos en beneficios económicos o compensación monetaria extraordinaria y la suspensión de las cláusulas no económicas en los convenios vigentes).  Un paro que podría ocurrir como la visita anual de los 3 Reyes Magos, “de noche, con gran cautela, cuando nadie, sus pasos vela”.  Un paro cuyos pininos se dieron hace unos días, cuando formaron una enorme congestión de tránsito en el Túnel Minillas, una de las principales vías de tránsito del San Juan metropolitano.

Pero, ¿para qué?  ¿Con qué propósito?  ¿Qué se quería lograr?  Tal vez para mí no se logró nada, excepto que los principales medios de prensa captaran—intencionalmente o no, eso es inmaterial—el lado oscuro de las protestas obreras en Puerto Rico: manifestantes en pleno abuso contra los conductores a los que sólo les interesaba salir del barullo que se había formado en el túnel, con latas de cerveza en la mano (como si fuera una fiesta o un pasadía en la playa), incluso faltándole el respeto a los policías asignados a mantener el orden—que si vamos a ver, también son trabajadores, también tienen sus hachas que amolar (como la del tiempo trabajado por horas extra que nunca se les quiere pagar), pero también tienen la responsabilidad social de cumplir con su deber de garantizar la seguridad ciudadana, le guste a quien le guste.

Y después de todo ese “show of force”… ¡pa’ Plaza Las Américas!  No precisamente para conseguirse “lo último en la avenida” y estar a la moda—aunque el mundo se joda—, sino a marchar por dentro del centro para revivir la eterna dialéctica entre “ustedes, los ricos” y “nosotros, los pobres”.  (Me pregunto si estas personas sabrán que no todo el o la que va a “Plaza”—me incluyo, aunque sólo voy cuando sea estrictamente necesario—es porque quiere lucir la última moda de Armani Exchange, adornarse con las más exclusivas piezas de joyería de Gordon’s, o calzar unas lujosas y decadentes tacas de 6″ o 152 mm de alto de DiMorini o Novus.  Pero ya eso es otra cosa.)

Por supuesto, no es la primera vez que las uniones obreras que representan los empleados de las corporaciones públicas tratan de convocar a un paro nacional (y por los mismos motivos), o que las mismas protestas se mudan a “Plaza”.  Y no creo que sea la última vez que ello suceda.

Otras sindicales, las cobijadas por la Ley 45-1998 (que lamentablemente, no provee el derecho a la huelga a los miembros de dichas sindicales), han tenido que negociar los impactos de la hoy Ley 66-2014 antes de que la misma fuera aprobada.  Tal vez porque entendían que era más responsable agarrar el toro por los cuernos y enfrentar directamente la amenaza de eliminación de sus conquistas laborales, a la vez que se evitara profundizar la crisis que nos ha traído hasta aquí—aunque se pudieran reservar la opción de embestir como hicieron los maestros sindicados hace unos meses, cuando vieron amenazado su sistema de retiro.  Por supuesto, sólo el tiempo dirá si el enfoque de estas sindicales fue correcto o no, y si resulta que no, que sirva de lección para evitar tomaduras de pelo en el futuro.

Pero lo importante es que estamos viendo de nuevo lo mismo que en el pasado.

“(L)o que se está viendo no es muy agradable que digamos….  (L)a tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando ‘las Navidades más largas del mundo’….  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o ‘bonistas’—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

“¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo ‘por su bien’.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.”

Y me temo que al final, el resultado será siempre el mismo.

“(D)e ahora en adelante seguiremos viendo a un bando y al otro haciendo sus movidas correspondientes, a ver quién prevalece en un juego de ajedrez en el que los que estamos en medio somos peones….  Lo que estamos viendo en estos días, es tan sólo el comienzo de la partida.”

O tal vez la continuación de una partida de ajedrez que tuvo su inicio hace largo tiempo y está actualmente en su fase de combate, pero cuya resolución está todavía muy lejos de verse.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.

LDB

¿Mugir o embestir?

“¡Ah desgraciado si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece
y como el germen enterrado: late.

“Resurge, alienta, grita, anda, combate,
vibra, ondula, retruena, resplandece…
Haz como el río con la lluvia: ¡Crece!
Y como el mar contra la roca: ¡Bate!

“De la tormenta al iracundo empuje,
no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.

“¡Levántate! ¡Revuélvete! ¡Resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡Muge!
O como el toro que no muge: ¡Embiste! ”

José de Diego (1866–1918), En la Brecha

En Puerto Rico, los últimos meses de 2013 y el inicio de 2014 han sido objeto de una disyuntiva, ocasionada por las medidas que toman quienes tienen la sartén por el mango—y como decía Alberto Cortez, “el mango también”—cuando dicen darse cuenta, temprano en el proceso, de que el mismo oro con el que pavimentaron las calles de la ilusión se ha hecho inasequible.  Medidas que responden a la Regla de Oro del nuevo milenio: “El que tiene el oro, es el que hace las reglas.

Medidas que son la principal consecuencia de años y años de despilfarros, de malos manejos fiscales que se quisieron subsanar con dinero “prestado” por las generaciones futuras, y que se pretenden borrar tan “de golpe y porrazo” como sea posible.  Y ello a costa, no de quienes se hicieron con el botín, sino de quienes hicieron su aporte honesto, sus sacrificios más fuertes para poder poner en marcha un país, sólo para ver como se les “castiga” esa lealtad.

Es más, no hace falta decir que ya pasamos por este mismo camino antes.  Y no puedo decir que los signos no estuvieran visibles, aun para los más ciegos entre nosotros, y que no se hicieron las debidas advertencias.  Como lo escribí alguna vez en este blog:

“A mí me parece que muchas de estas recomendaciones… son innecesarias o resultarían muy onerosas para la gente común y corriente, la gente que está en la calle tratando de sobrevivir de día en día y de cheque de pago en cheque de pago….

[…]

“En fin… a mí me parece que la medicina que nos espera sí que va a ser difícil de tragar para un pueblo que ya está saturado con sus problemas de todos los días.  Cómo pueda cada uno de nosotros asimilar esa medicina es lo que determinará si las recomendaciones (porque… ‘sólo son recomendaciones’) propuestas… surten algún efecto… pero no me quiero hacer muchas ilusiones sobre ello.”

Ni entonces, ni ahora, quiero hacerme ilusiones de que el efecto de las “recomendaciones” para solucionar la crisis del fisco sea positivo.  Sobre todo, a juzgar por lo que se está viendo últimamente.  Y lo que se está viendo no es muy agradable que digamos.  Particularmente cuando la tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando “las Navidades más largas del mundo”.  (¿En ese “duérmete, nene” es que nos tienen?)  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o “bonistas”—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo “por su bien”.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.

Entonces, como lo planteé en la entrada que cito arriba, ¿cómo puede cada uno de nosotros asimilar esa medicina que nunca deseó tomar?

Por lo menos, el colectivo de l@s maestr@s del sistema público de enseñanza, cuyo sistema de retiro independiente del de los demás servidores públicos—con la excepción que mencionaré en breve—se ha visto amenazado con esas nuevas leyes aprobadas “de noche, con gran cautela”, encontró que mugir como el toro acorralado del poema de de Diego no lo llevará a ninguna parte.  Ese colectivo decidió embestir.  Y luego de que no se le hiciera caso en principio, llevó su protesta al palacio boricua de las leyes—el mismo recinto cuyos ocupantes rojos, azules y verdes han hecho desmerecer su prestigio.  Y aunque algun@ de l@s agraviad@s se fuera a extremos objetables—como el de un maestro cuyo acto de orinar en uno de los escaños ha desatado un debate filosófico sobre dónde cayó el chorro (si en la silla del legislador o en el escritorio) y sobre el rango jerárquico de la “víctima” del aparente intento de “orinicidio” (¡hay que ver en lo que perdemos el tiempo en este país!), o el maestro que en su empeño por entrar a una oficina legislativa destruyó una costosísima puerta de vidrio (como diría cierta politóloga sata, “güey tu gou!”)—, no es menos cierto que estaba haciendo sentir su molestia por el agravio cometido en su contra.

Porque eso fue lo que ocurrió: l@s maestr@s fueron objeto de un agravio.  Y en lugar de sólo mugir acorralados, es@s maestr@s estaban en plena embestida, exigiendo la reparación de ese agravio.  Un agravio que podría tener repercusiones, pero a eso quiero ir más abajo en la entrada.

Hasta aquí todo estaría bien, de no ser porque hay otros que están tratando de embestir contra lo que consideran como un agravio: los miembros de la rama judicial de gobierno, cuyo sistema de retiro también es independiente del de los empleados públicos y del de los maestros.  Contra los jueces y las juezas se cierne también el espectro de leyes de reforma a su sistema de retiro, también para tapar el mismo agujero que se pretende tapar con la reforma al sistema de retiro de l@s maestr@s.  Porque parece que eso es lo único que saben hacer las autoridades en una crisis como ésta: tapar agujeros.*  Y aunque no tan militantes como l@s maestr@s, los jueces y las juezas han mostrado oposición a esas medidas, aunque tal vez los motivos no parezcan ser igual de nobles, especialmente cuando equiparan la independencia judicial a su sueldo.  Sobre todo porque cuando se retiran, se les garantiza un 100% del salario más alto percibido—que no es lo mismo que para l@s maestr@s y otros servidores públicos, a los cuales lo más que se les garantizaba hasta no hace mucho era un 75% del promedio de los tres salarios más altos.  (Y para colmo, para quienes nos retiremos del servicio público en un futuro no muy lejano, esa proporción será aún más baja [dicen que hasta de 38%].  ¡Qué mal nos va! Crying face )

Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.

Y ya que no cerré adecuadamente el 2013 en este blog—por lo que les pido las debidas disculpas—, vamos a hacer algo mucho mejor: ¡vamos a dejar el comienzo de 2014 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Y ya que estamos hablando de tapar agujeros, he aquí algo del baúl de los recuerdos… ¿o era “de los recuerdos del baúl”?  ¡Qué sé yo!  Smile with tongue out

"Francamente, para mí… es como tratar de reparar una represa colocando un dedo en la grieta por donde se está colando el agua….

[…]

“Por cierto, me viene a la mente la leyenda del niño holandés—unas versiones lo llaman ‘Peter’, otras versiones lo llaman ‘Hans Brinker’—que salvó a su poblado de verse inundado, al ser el primero en percatarse de que el agua del océano se estaba colando por una grieta en un dique y tapar dicha grieta con un dedo…  Si eso hubiese ocurrido en Puerto Rico, probablemente la prensa estaría a su alrededor tratando de matarlo a preguntas, y hasta habría manifestaciones de ‘apoyo’ y ‘solidaridad’ de los radicales en el movimiento ambiental local (y ellos saben quiénes son)…  ¡Y tal vez hasta el propio gobierno le requeriría al pobre muchachito preparar una declaración de impacto ambiental por tan sólo estar poniendo el dedo en la grieta!  ¡Quién entiende esto!”

De una vez, aprovecho para corregir la omisión de no haber hecho referencia a alguna de las fuentes de esa leyenda.  Afortunadamente, encontré la fuente que les dejo a continuación (en inglés), en la que se aclara quién era realmente Hans Brinker y quién era Peter, y que este último fue el verdadero héroe que salvó la ciudad de Haarlem, Holanda.

The Boy who Saved the Netherlands, en Lidy’s Page (acceso: 19 de enero de 2014).


LDB

Y tú, ¿qué piensas traer a nuestra mesa?

Flag of the United States
Flag of the United States (Photo credit: Wikipedia)

Ok, amigas y amigos, mi gente.  Confieso que no me había detenido a pensar en ello.  Incluso le resté importancia al asunto.  Total, para el caso que siempre le han hecho a los proponentes de la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos de América como el quincuagésimo primer estado de esa federación—y no me voy a andar con paños tibios: NINGÚN CASO.  Salvo por dos o tres expresiones de algunas figuras políticas de relieve, preparadas más bien para “agitar a las masas” (informadas o no), lo que suele verse es que allá, en los centros de poder estadounidense, ése es un asunto como para barrerse bajo la alfombra.  Un asunto que siempre compite en desigualdad de condiciones con asuntos “más importantes”, “más apremiantes” que atender.

Como la vez que nunca se me olvida, cuando en la década de 1990, un congresista por Alaska—del que un@ no se acordaría en estos días, de no ser porque tuvo un “lapsus” mental (¿habrá sido algo así como lo que Peck describe en la anécdota que cito en la nota con los dos asteriscos en esta entrada?) y llamó “wetbacks” a los inmigrantes que trabajaban en los huertos de su granja ancestral… para después autoflagelarse y pedir perdón en público por haber metido las patas—trató de impulsar un proyecto para que se le concediera a Puerto Rico la estadidad, sólo para ser rechazado sin ser visto en el Senado estadounidense (donde se dice que radica el verdadero poder congresional), porque había “asuntos más importantes que atender”… ¡como el intento de residenciar al entonces presidente William J. Clinton por dárselas de Macho-en-Jefe con una becaria (de la que ciertamente nadie se acuerda en estos días)!

Allá pensarían entonces—y tal vez hoy en día—muchos de esos congresistas, “¿y viene esa minoría a pedir que les dediquemos nuestro valioso tiempo?”  Total, son lo que el hoy ex-presidente George W. Bush llamaría “nuestros amigos y vecinos” (en referencia a los viequenses que lucharon por sacar al “U.S. Navy” de la Isla Nena), y a lo mejor como Bush añadió seguidamente, “no nos quieren allá”.  ¿Pero para qué nos va a preocupar eso en este momento?  “What’s all the fuzz about?”  Total, hay tiempo para atenderlos, pero hoy no será el día.  ¡Que esperen a que atendamos nuestros asuntos de interés apremiante!  Para ellos… ¡ya habrá tiempo!

Y sí, el tiempo sigue pasando.  Y siguen las peregrinaciones hacia Washington, D.C., de estadoístas* convencidos de que si se forma un gran “bonche” de gente con carteles, pancartas y demás y se paran bajo el sol de marzo—en el aniversario de la concesión de una tan ate$orada ciudadanía estadounidense mediante ley congresional de 1917—entre la Explanada (“The Mall”) y el patio sur de la Casa Blanca (me suena como el patio de atrás—y yo estuve por allí en 1994, en mejores circunstancias, y sé por qué lo digo), a “protestar” por la falta de “igualdad” con nuestros conciudadanos del norte… bueno, tal vez hagan caso esta vez.  Tal vez nos dirán que sí, que nos van a conceder lo que les pedimos, porque tienen ese compromiso con nosotros, porque nos lo deben.

La pregunta que yo me hago es: ¿pensarán igual los estadounidenses?  ¿Tendrán ese mismo sentido de necesidad, de urgencia?  ¿Estarán viendo allá las cosas con los mismos ojos que nosotros acá?

Algo me dice a mí que no.

Y tal vez baste con el botón de muestra del “reportaje” filmado por “The Daily Show with Jon Stewart”, en el cual se relatan las impresiones del “reportero” (el entrecomillado es para fines del contexto, nadie se equivoque) Al Madrigal (no sé ni viene al caso si ese nombre es real o no), cuando en medio de la situación creada por la medida de control presupuestario federal conocida como “confiscación” (en inglés, “sequester”)… “tropieza” con una manifestación de estadoístas frente al lado sur de la Casa Blanca—o sea, detrás del patio de atrás.  En un momento que el propio segmento de comedia da la impresión de que es inoportuno—cuando los Congresistas responsables de la garata por el presupuesto federal del año fiscal 2013–2014 decidieron tomar “la juyilanga” para irse de vacaciones.  Y sobre todo, en plan de pedir cosas que a muchos de los televidentes de ese programa… digamos que podrían causarles más risa que los propios chistes del señor Stewart.

O les podría ocasionar un dolor de cabeza, sólo de tratar de entender qué quería ese grupo que estaba reunido allí ese día.  O si ese mismo grupo entendía, o entiende, o no entiende, de qué es de lo que se trata ser un estado de la unión federada (fuera del conocimiento que tengan los alrededor de 4 millones de puertorriqueños que residen dentro de los propios Estados Unidos, cuya experiencia tendemos mucho a desestimar como si no tuviera valor alguno).

La cosa es que por lo que vi en el vídeo, la cosa no pinta muy positiva que digamos:

  • Un “Resident Commissioner” que balbucea cuando el “reportero” le pregunta por qué si tiene en su puesto “lo mejor de todos los mundos”, no tiene voto en el mismo Congreso en el que nos representa.
  • Una manifestante que al planteársele que un estado de Puerto Rico no podría tener su desfile como el de todos los años en New York City, responde con una simplonería: que si fuese así, entonces habría menos oportunidad para el comportamiento salvaje (“wilding”) que exhiben “algunos de los míos”.  (¡Qué… pantalones!)
  • Otra manifestante que cuando se le pregunta qué se proponen aportar a la unión—que me parece que es a lo que equivale la frase que titula esta entrada, “qué piensas traer a nuestra mesa”—si se incorporaran como estado, también contesta simplonamente que los Estados Unidos “necesita” nuestro béisbol y nuestro ron.  Pero entonces digo yo: ¿se habrá dado cuenta la dama en cuestión (y estoy siendo demasiado benévolo en el uso de “dama”) de que el béisbol, aun si sus orígenes son inciertos y debatibles, adquirió mucho de su desarrollo y madurez en los Estados Unidos de América y de ahí le ha dado la vuelta al mundo?  ¿Sabrá que lo llaman “el pasatiempo favorito de los estadounidenses”—o en idioma que tal vez pueda entender un poco, “America’s favorite passtime”—, y ello muy a pesar de otros deportes de gran popularidad como el “football” de la NFL y el baloncesto de la NBA?  Así que entonces, ¿qué tenemos nosotros que aportar ahí—aparte de jugadores de calibre mundial, como los que nos hicieron subcampeones en el reciente Clásico Mundial de Béisbol?
  • Y lo que más pena me da (a menos que haya sido escenificado como parte del segmento, porque en cosas como ésa no se puede tapar el Sol con un dedo), toda una ex-senadora estadoísta recibiendo una lección práctica gratuita de lo que es el “filibusterismo”, cortesía de una bolsa de “snacks”, el almidón hidrolizado y el colorante amarillo número 7.

La verdad es que al ver el “reportaje”/segmento-de-comedia, lo menos que podría sentir es pena por estas personas.  Total, llevan una batalla cuesta arriba por décadas para convencer a “los dueños de nuestra casa”, a los “hacendados” si se quiere, de que quieren formar parte de la hacienda.  Y cuentan con que ese deseo se les concederá.  Pero cuando tratan de articular los motivos para pedir que eso se les conceda, por más nobles que esos motivos parezcan, el resultado es un desastre mayor que el que deja un huracán cuando nos pasa por encima.

Y entonces, ¿cómo quedamos todos gracias a ello?  Probablemente como objeto de mofa, como gente que no sabe qué es lo que quiere realmente, ni qué se necesita para poder lograrlo, cuáles son los sacrificios que deben hacerse.  Tal vez quedamos como gente que no puede aportar gran cosa, que no puede contribuir con algo que sea significativo.

Simplemente, como gente que no traerá nada a la mesa—más bien, que quiere participar de la “fiesta del sorullo”**… ¡sin llevar lo suyo!

(Menos mal que esa claje ‘e gente ya no me representa a mí…  ¡Ahí está, lo dije!)

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Personalmente, prefiero utilizar “estadoísta”/“estadoístas” para referirme a los simpatizantes de la estadidad para Puerto Rico, en lugar de “estadista”/”estadistas”, por entender que el significado de estas últimas implica un mayor respeto por la función que se escribe, la de “hombre (o mujer) de estado”, persona representativa de un gobierno, independientemente del bando político que rija ese gobierno.

** Para beneficio de quienes leen esto fuera de Puerto Rico: la expresión “fiesta del sorullo” significa lo mismo que el inicialismo en inglés, BYOB: “Fiesta del sorullo, cada quien traiga lo suyo.”  (Y para los que no sepan lo que son los sorullos, les dejo dos páginas que les ilustrarán cómo se preparan: aquí está una; y aquí está la otra.  ¡Y a mí me está dando un hambre!  Guiño )


LDB

No se acabó el mundo en el 2012—sólo se acabó el 2012

English: Mayan calendar created by a modern cr...
English: Mayan calendar created by a modern craftsman (Photo credit: Wikipedia)

(sol-sol-sol-sol-sol)

NotaSe equivocaron
Los mayas
Se equivocaban
Se equivocaban…Nota

(Entónese como si fueran las primeras estrofas de “Se equivocó la paloma” [1941], del poeta español Rafael Alberti [1902–1999], con música del compositor argentino Carlos Gustavino [1912–2000].)

¡Adió’!  ¿Todavía están por aquí?  Si es así, son somos más que afortunados de que el mundo no hubiera llegado a su final, como lo decía supuestamente la profecía de los Mayas, al llegar al final de su calendario de piedra (en fecha equivalente al 21 de diciembre de 2012).

(Aunque acá entre nos, mi sospecha es que los Mayas pudieron haber seguido construyendo su calendario… de no haber sido porque su suplidor ya se había ido a la quiebra y no encontraron otro que les supliera más piedra.  ¿Y solicitar ellos mismos un permiso de extracción de materiales de la corteza terrestre para eso?  ¡No, hombre, no!  Lengua fuera  ¡Pero allá Juana con sus pollos!)

Por supuesto, los Mayas no han sido los únicos que fallaron en vaticinar el fin del mundo—aunque afortunadamente para todos nosotros, no contaban con muchos de los adelantos tecnológicos que algunas personas mal utilizan hoy en día para tratar de crear influencia en torno a sus descabelladas ideas.  O dicho en “palabras finas”: manipular a todo un montón de incautos.  (Y no hay que ir muy lejos: exhibit 408, exhibit 728.)

Pero bueno, ya basta de ese desahogo.  Vamos a lo que vinimos hoy: a despedirnos del año 2012.  Un año que tal vez debería compartir el título de la entrada que escribí hace exactamente un año en este blog, por las cosas difíciles que ocurrieron y que lo caracterizaron.  Y si vamos a ver, el 2012 fue—para sorpresa de nadie—una copia del 2011.

La violencia siguió su paso avasallador, ensañándose contra quien se la encuentre, ya sea que se lo proponga o que no.  Violencia que como lo refleja el Inventario de Estadísticas: Delitos Tipo I, del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, hasta noviembre de 2012 (último mes para el cual las estadísticas estaban disponibles mientras escribo esto) tenía en su haber 871 asesinatos y muertes violentas (y aun si fueron un 17% menos que las 1050 de la misma fecha en 2011, no dejan de ser demasiadas), fácilmente cerca de llegar a las 1000 para cuando caiga el 2012.  Peor aún, nuestros niños y jóvenes siguen siendo las víctimas más frecuentes, desde quienes esperan con emoción las primeras luces del año (como en el trágico caso de la quinceañera Karla Michelle Negrón Vélez), hasta los más inocentes que no tienen culpa de la irresponsabilidad de quienes se supone que los cuiden (como la madre que hace unos días fue arrestada por sofocar a su bebé de poco tiempo de nacido y guardarlo en un congelador).  Pero no son solamente los niños: también están las mujeres que sufren las consecuencias de la violencia con las que las trata su pareja, mientras que el mismo Estado que juró un día proteger a sus ciudadanos “contra todo enemigo interno y externo” les falla.  Esa misma violencia que, gústele a quien le guste, se la debe llamar como lo que es: violencia de género.  No “doméstica”, no “pasional”.  VIOLENCIA DE GÉNERO.  Así de simple y sencillo.

Para colmo de males, no se salva nadie: ni los pobres a los que la sociedad ha relegado para que “se maten ellos mismos” (y ciertamente hay bastante culpa para compartir), ni figuras de mayor reconocimiento y de quienes menos se espera que sufran un desenlace violento, como el de Héctor “Macho” Camacho, o el de la Sra. Carmen Paredes, cuyo esposo (Carlos Casellas—hijo del juez del Tribunal de los EE.UU. en Puerto Rico, Salvador Casellas) es el principal sospechoso de su muerte).  Así que “no hay de otra”: seas rico o pobre, conocido o desconocido, doctorado magna cum laude o analfabeta, te llega la hora sin querer, sin que te des cuenta.  PUNTO.

(Y ni hablar de las matanzas ocurridas este año en los EE.UU., entre las cuales nos toca muy de cerca la de la Escuela Elemental de Sandy Hook en Newtown, CT, en la que a 12 niñas—una de ellas, de ascendencia boricua—y ocho varoncitos entre 6 y 7 años de edad y seis mujeres—una de ellas, la heroica maestra Victoria Soto, de 27 años, de padres oriundos de Bayamón—también les llegó su hora sin querer, sin que hubiese necesidad para ello.  Y todo en medio de una cultura que glorifica las armas de fuego, al punto de justificarlas casi como si fuese un derecho divino, un rasgo distintivo del “buen americano”.  Y es triste decirlo, pero ésa es la realidad, gústele a quien le guste.)

¿Y la Policía de Puerto Rico?  Digo, ya sea que esta pregunta se refiera a la agencia del orden público que no ha sido capaz de detener esa ola criminal, o a la que parece ser más efectiva como instrumento para adelantar agendas políticas—y que mientras escribo esto está tratando de zafarse de una demanda judicial presentada por el Departamento de Justicia de los EE.UU. por violaciones a los derechos civiles de los ciudadanos—, la respuesta es la misma: ¡bien, gracias!

Pero además, el 2012 fue un año en el que los políticos puertorriqueños hicieron galas de por qué no deben considerarse dignos representantes de lo que se concibió en la antigüedad grecorromana como un noble oficio.  Por ser un año de elecciones, se empeñaron en usar cuanto truco se les ocurrió para tratar de ganarse la confianza de un electorado que vivía en un mundo real—una realidad de la que estaban enajenados sus propios líderes.  Desde entrometerse en la vida personal e íntima de sus opositores para sacarlos de carrera, pasando por descarados intentos de burlar las leyes electorales mediante el voto de electores “mudados” expresamente para favorecer el candidato impulsado por un alcalde influyente, hasta la práctica—que much@s creíamos que era cosa del pasado (los 1920s, 30s, 40s, etc.)—de regalos a cambio de votos, y en el proceso, tratar de dar la impresión de que son mejores puertorriqueños que nadie—aunque ese mismo “nadie” se lo crea, especialmente cuando se dejan ver como son en realidad, llenos de odio y de prejuicios… ¡y hasta sacando el dedo para burlarse de todos nosotros!

(Y a éstos no sería a los únicos a quienes yo les tomaría con pinzas esa “puertorriqueñidad” que tratan de demostrar, pero ese ya es otro tema).

Y también fue el año en el que el impacto de esa realidad fue contundente en quienes quisieron hacerse a la idea de que la misma no existía.  Y esa realidad llevó al electorado a rechazar que se manipulara el constitucionalmente reconocido derecho de todo ciudadano—aún aquéllos que por lo demás no lo merecen, y ustedes saben de lo que eso se trata—a estar libre bajo fianza mientras se ventila su caso, y a que se manipulara la composición de la Asamblea Legislativa, sin que eso representara un juicio sobre la calidad de los legisladores.  Pero más allá de eso, llevó al electorado a derrotar las aspiraciones de reelección de quienes, más mal que bien, rigieron sus destinos por cuatro años.

Por supuesto, no será nada fácil para quienes serán los herederos trabajar para construir una mejor realidad—por lo que a mí me parece que el cambio en el estilo de hacer las cosas, expresado en las urnas puertorriqueñas, será más cosmético que otra cosa, pero bueno…

Aún así, miro lo que escribí tal día como hoy, hace exactamente un año, sobre lo que fue y lo que podría ser (editado y con énfasis añadido):

“(El 2011 fue un) año en el que los agravios crecían como los hongos, aquí y allá, aún más que en el año anterior.  Un año en el que la esperanza se puso a prueba, que pareció estar en su más bajo nivel.  Pero también fue un año en el que quedó manifiesto que los agravios se deben reparar, que la gente está comenzando a reclamar lo suyo, que la gente está comenzando a mirar las cosas como éstas son y a exigir que se le haga justicia….  Y aun cuando a muchos de estos movimientos de protesta, las autoridades locales se la están poniendo difícil, ellos no pierden la esperanza de lograr sus reivindicaciones.  Podrán haberse quedado sin empleo, podrán haberle ejecutado las hipotecas de sus viviendas, podrán haber perdido los ahorros con los que pretendían tener una jubilación decente, pero todavía les queda su dignidad.  Eso, y la esperanza que tanto se dice que es lo último que se pierde.

La misma esperanza que todos tenemos en que nuestras vidas mejoren con el año que está por comenzar.  La misma esperanza que no debemos perder, bajo ningún concepto.

Eso fue lo que ocurrió.  Fue la dignidad y la esperanza lo que prevaleció en el año que está por dejarnos a la hora en que escribo esto, por encima de la mezquindad y de la intimidación.  Y son la dignidad y la esperanza las cualidades que guían a través de la más fuerte tormenta, que nos ayudan a caminar por la más oscura de las noches.  Y a riesgo de sonar “como disco rallado” (que por cierto, eso era lo que decíamos antes sobre los discos de pasta de acetato, aunque también resulta que los discos compactos y algunos DVD también se rallan… pero ya eso es otro tema), son la dignidad y la esperanza lo que nos ayudará a vivir nuestra vida, en el Año Nuevo 2013 y siempre.

¡Y vamos a dejar el 2012 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien—en el 2013 y siempre.

Fiesta ¡NOS VEMOS EN EL 2013! Fiesta

LDB