El dedo

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Symbol_thumbs_up (Photo credit: Wikipedia)

Para empezar, yo no lo hubiera hecho.  Es más, yo ni lo hubiera permitido.  Simple y sencillamente, YO NO LO HUBIERA PERMITIDO.  Ni creo que ningún editor u otro responsable de medio de prensa—principalmente prensa impresa, televisiva o cibernética (aunque la radial también tiene su cuota de responsabilidad, o de falta de la misma)—le debió haber dado exposición a una imagen tan grosera.

Y no me estoy refiriendo a un escenario de delito en el que la víctima aparece “en todo su esplendor”, encima de un charco de su propia sangre, tal vez con los sesos u otros órganos corporales regados por ahí, tal vez con el rostro desencajado que refleja el horror de la muerte (especialmente cuando se enfrenta de manera súbita y sin modo de escaparse de ella).  Sino a la imagen compuesta formada por las fotos de dos presuntos asesinos de un manejador de música (la única traducción razonable que se me ocurre para el término copiado del inglés, “disc jockey” o DJ) en una fiestecita juvenil, quienes al saberse objeto de la atención de la prensa el día de su arresto hicieron ante los presentes (¿cada quién por su propia cuenta o fue algo acordado de antemano?) un gesto obsceno.  El gesto que consiste en apuntar hacia arriba con el dedo “del corazón”, el que llamamos “el dedo malo”.

Y por favor, no me pidan que les explique a qué gesto me refiero.

Digan lo que digan los editores y demás responsables del medio que tomó las imágenes y autorizó su reproducción (que seguramente se llenarán la boca invocando—a mi juicio, incorrectamente en este caso—la libertad de prensa, a veces convertida en libertinaje), yo no le hubiera dado foro a la arrogancia, a la prepotencia, a la falta de respeto de estos dos jóvenes.

De entrada eso me hace preguntarme, ¿en qué rayos están pensando esos editores y responsables de medios?  ¿Qué clase de mensaje le lleva una imagen como esa (o más bien, cada una de las dos imágenes que la componen) a una sociedad como la nuestra?  ¿Qué es, que nos debemos dejar intimidar, que debemos dejar que nos falten el respeto—en el sentido honesto del concepto—los que roban, los que matan sin importarle nada ni nadie, los que exigen “respeto”—en el sentido en el que ellos entienden el mismo concepto—porque no te quieren entregar el vehículo al que le echaron el ojo o porque les miraste la novia-posesión (aun si la miraste por accidente) y eso no les gustó?

Seguro que de aquí en lo adelante cualquier delincuente se sentirá envalentonado.  Tanto el que asesina a un hombre como a una mujer, a un adulto como a un niño, a un extraño como a su propia pareja, sentirá el deseo de proclamarse ante el mundo como si fuera un ser poderoso, alguien al que se le debe tener miedo, al que se le debe rendir pleitesía.  Sentirá el deseo de afirmar su control sobre la misma sociedad de la que—nos guste esa realidad o no—es producto, afirmar su poder sobre la vida y sobre la muerte.  Sentirá su deseo de afirmarse en victoria.

Y eso es algo que como dije al comienzo de la entrada, e insisto en ello, yo no lo hubiera permitido.  Especialmente, si yo hubiera sabido que exponer esas imágenes hubiera dado pie al oportunismo político.  O más bien, que exponer esas imágenes hubiera resultado en otra “sacada de dedo”.

Y para mí, esa “otra ‘sacada de dedo’” (una de tantas, como veremos en breve) describe a la perfección la valla publicitaria producida por el partido en el poder (PNP) para un referendo que se celebrará a dos semanas de la fecha en la que escribo y publico esto (si no me atraso por X o Y), en la que se tratará de decidir si se enmienda la sexagenaria Constitución puertorriqueña de 1952 para eliminar el derecho a libertad bajo fianza en ciertos casos de delitos graves, a tenor con la discreción de los jueces que vean esos casos.  (Y recordarán que en la entrada anterior me referí, tanto al oportunismo de los políticos que promueven esta propuesta de enmienda como a los efectos de la mal utilizada discreción de algunos jueces en este país.)  Y esa es una sacada de dedo, en tanto quienes promueven el uso de las imágenes que llamo, “de la discordia”, se afirman con todo el derecho del mundo a usarlas por haberse difundido públicamente, por lo que no tienen que rendirle cuentas a nadie—ni siquiera a los familiares de la víctima en ese caso, los cuales ya cargan con la bastante pesada cruz de perder a su ser querido.

¿Será como dice la consigna de corte machista o racista que suele circular en algunos chistes publicados en los tableros de discusión de “usenet”: “because I can”?

Y la falta de respeto manifestada en público por los dos acusados, ¿qué puede aportar a la discusión pública seria de un asunto tan delicado como la libertad de una persona a la que se acusa de un delito y la limitación de esa libertad a través de un mecanismo por el cual se pretende garantizar que esa persona comparezca a juicio por el delito del que se acusa?  Argumento razonado y convincente, no creo que lo aporte—y ni esperen a que lo aporte, en un país en el que estamos tan acostumbrados a dejar a un lado la razón y a que se legisle con base en lo emocional, o inventando a ver cómo nos va.  Un país en el que abundan las acciones que (como le oí decir el otro día, más o menos en esas líneas, al comentarista y abogado Jay Fonseca) pueden ser legales (en derecho), pero no son morales.

Total, que a fin de cuentas, ésta no es la única “sacada de dedo” que se le tiene que aguantar a “quienes pueden hacerlo”.  Porque:

  1. Cuando matan a un niño bajo tu propio techo y todas las sospechas recaen sobre ti, que como padre o madre tienes la responsabilidad de proteger y defender a tus hijos, y en lugar de cooperar con las autoridades para esclarecer el crimen, recurres a todo el poder e influencia que puedas tener a tu disposición y haces todo un ejercicio para eliminar toda evidencia comprometedora, para desviar la atención y para evadir toda la responsabilidad que no supiste asumir, ¿no es eso una “sacada de dedo”?
  2. Cuando tu cónyuge está descansando en el patio de tu casa y leyendo el periódico y de súbito recibe dos balazos—se dice que disparados de manera profesional, tal vez con la precisión que se esperaría de un experto—que le siegan la vida, y luego de desarrollar una versión de los hechos en la que tu prioridad es ir detrás del presunto asesino, en lugar de atender a tu cónyuge antes de dar sus últimos respiros, resulta que hay demasiadas sombras sobre ti que tienes que esconderte detrás de una figura de poder en tu familia (no sólo de poder familiar, sino de poder e influencia por su posición dentro de la sociedad) para poder evitar un posible desenlace adverso, ¿no es eso una “sacada de dedo”?
  3. Cuando en un ejercicio en el que dejas ver lo que realmente guardas por dentro, emites en una red social (digamos, Twitter) un comentario cargado de ignorancia y prejuicio—sea racial, étnico o por preferencias sexuales, entre otros—contra una figura pública por ser alguien distinto a ti, y quien o quienes están llamados a imponer disciplina no se atreven, o no quieren, o no les da la gana de imponer esa disciplina, ¿no es esa una “sacada de dedo”, tanto de la persona que cometió la ofensa como de quien se supone que ejerza su autoridad sobre esa persona?  (Y no vale justificarse con aquello de que “tengo parientes negros” o “mis mejores amigos son negros”.  Ese tipo de excusa es bastante pobre y solamente sirve para salir del paso, como para no dejar el mal sabor de racismo que much@s en Puerto Rico niegan que existe—pero asoma su feo rostro de manera sutil, y lo mismo se vira contra propios y contra extraños.)

A buen entendedor, con pocas palabras basta.

En fin, son muchas las “sacadas de dedo” que nos hacen a diario.  Son muchas las faltas de respeto, los gestos de envalentonamiento, de arrogancia, de prepotencia que nos hacen “quienes lo hacen porque (creen que) pueden”.  Y ciertamente es mucho lo que tenemos que hacer como sociedad para recuperar ese respeto perdido.  Es una gran responsabilidad la que tiene toda una sociedad como la nuestra, de recuperar su respeto, su dignidad y su honra.  De exigirle RESPETO (así, en negrillas y en mayúsculas) a quienes nos “sacan el dedo” cada día, para que no canten victoria, para que sepan que no prevalecerán.

De lo contrario, las consecuencias, que apenas estamos empezando a ver, serán mucho peores.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán, y usando el dedo que es… ¡yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Amanecer en la impunidad

Fireworks
Fireworks - Image via Wikipedia

Bueno, amigas y amigos, mi gente, parece que el año 2012 que comenzó hace unos días las tomó donde mismo las dejó el año anterior, con una violencia que más me parece un síntoma de lo mal encaminada que está nuestra sociedad.  Pero para echarle sal a la herida que tal violencia nos dejó en el año recién pasado—con un total de 1136 muertes violentas, cifra hacia la que íbamos de camino un par de entradas atrás—, el 2012 no podía empezar más violento, con una gran cantidad de personas que—por más que se les dijo que no lo hicieran, por más exhortaciones de toda clase, de las principales figuras públicas del país—se pusieron a disparar al aire sus armas de fuego, tal vez creyendo que ésa era una forma legítima de celebrar el final de un año y el comienzo de otro, tal vez creyendo que eso era divertido, que eso no le hacía daño a nadie.

Pero más allá de la conmoción creada por una práctica tan salvaje—como la conmoción que recogió una jovencita y sus amigos, que tuvieron la valentía (aunque sus rostros reflejaran el terror del momento) de grabar un vídeo casero en el que se escucha claramente cómo las cercanas detonaciones de armas de distinto calibre empañaron su celebración de despedida de año1 (y que refleja la realidad que se vive, muy a pesar de las críticas ulteriores de algunas personas, de ésas que se sienten tan cómodas y tan a gusto con su propia cobardía)—, algo sucedió.  Las balas “perdidas” no se perdieron.  Salieron a cumplir con su encomienda.

Karla Michelle Negrón Vélez, 1996—2012 (foto según publicada por El Nuevo Día, San juan, P.R.)

Y una de esas balas que no se perdió, acabó encontrando un objetivo: una niña de 15 años, de nombre Karla Michelle Negrón Vélez, estudiante escolar, llena de pasión por el ballet, llena de sueños e ilusiones para su vida, para su futuro.  ¿Y qué hizo ella para merecer que un pedazo de metal, atraído a tierra con una aceleración de 32 metros por segundo cada segundo, la castigara de esa manera, destrozando su cabeza y alojándosele en el tallo del cerebro, dejándola con muerte cerebral hasta que partió hacia la eternidad, en una fecha que muchos consideran de mala suerte (un viernes 13 de enero de 2012)?  Digo, a menos que el “pecado” de ella hubiera sido estar en el balcón de la casa de algún amigo, presenciando un espectáculo de fuegos artificiales para la despedida del año.  Algo que tal vez, l@s más insensibles y despreocupad@s2 dirán cínicamente que “no debió estar haciendo” en ese momento, o sea, estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado… ¿para qué, para dejarle libre el camino a quien “se divierte” disparando al aire?

Y lo peor de todo es que la bala que no se perdió, sino que encontró su objetivo, tal vez sin proponérselo, pudo haber venido de cualquier lugar en las cercanías.  Pudo haber sido disparada por alguien tan inconsciente del daño que habría de causar.  ¿Pero quién?  ¿Quién pudo haber sido tan irresponsable como para haber disparado al aire un arma de fuego, en un país donde las armas de fuego están tan fuertemente reguladas (por lo que no se puede pretender, como alguna gente quiere, que la gente ande armada por ahí como en el Viejo Oeste estadounidense), sin medir las consecuencias?

Ciertamente, esa clase de persona no va a dar cara por lo que hizo, porque sabe que cometió una brutal torpeza, y por ello prefiere esconderse en el anonimato, prefiere refugiarse en la impunidad.

Impunidad.

IM-PU-NI-DAD.

“impunidad.
(Del lat. impunĭtas, -ātis).
1. f. Falta de castigo.”

Diccionario de la Real Academia Española, vigésimo segunda edición. (Consultado el 16 de enero de 2012 a las 03:10 UTC -04:00)

Gente así prefiere hacerse a la ilusión de que por más egregia que haya sido la barbaridad cometida, nunca tendrá que pagar las consecuencias, ni tendrá que rendirle a nadie cuenta alguna de sus actuaciones.  Tal vez esa clase de persona recibe mucha inspiración de lo que ve a diario, especialmente con figuras de poder, de ésas que buscan cuanto truco existe para no someterse a los mismos trabajos, a los mismos sacrificios que tenemos que pasar l@s que estamos “en la rueda de abajo”.  De ésas que creen que pueden salirse con la suya “porque lo pueden hacer”.  Y encima de eso, son de las primeras personas que se llenan la boca recordándoles a los demás su responsabilidad con el colectivo, recordándoles que deben pagar los servicios básicos a tiempo, si no desean arriesgarse al corte de esos mismos servicios, entre otras consecuencias.  (Y si la Constitución de Puerto Rico de 1952 no estableciera claramente su prohibición a que se aplique la pena de muerte, seguramente estas mismas personas abogarían por ese castigo para cualquier “Juan Pela’o” que se atreva a atrasarse un minuto en el pago de sus servicios—o sea, para cualquiera, ¡menos para ellos!  Ya sé que exagero, ¡pero quién sabe!)

Pero no.  Cualquiera diría que se está fomentando en Puerto Rico una cultura de impunidad, en la que cualquiera puede cometer un acto bárbaro, como el de disparar un arma de fuego al aire en una celebración de Año Viejo, sin importarle que haya alguien más entre la trayectoria de la bala y el terreno, y sin preocuparse de lo que sucedería en el cada vez más improbable caso de que alguien lo pueda señalar como responsable.  Y si no hay nadie que tenga la autoridad moral para señalar esa conducta impropia, para imponer las debidas sanciones contra quienes las practican… bueno, digamos que seguirá habiendo quien crea que puede actuar irresponsablemente, sin temor al castigo, que no se sentirá obligado a responder por sus actos, que podrá esconderse fácil y cómodamente en la impunidad.

Así de mal hemos comenzado este nuevo año.

De mi parte, que tengas un buen viaje hacia la eternidad, Karla Michelle, y que tu sonrisa ilumine las vidas de tus padres y tus familiares, y que sirva de guía en el camino de tus amistades.  Y sobre todo, si el sufrimiento de los últimos 13 días de tu vida sirve para algo, deberá ser para evitar que reine la impunidad.  ¡Que así sea!


NOTAS:

  1. Al momento en el que escribo esto, el vídeo había sido retirado de YouTube, pero no sin antes desatarse toda una controversia por el mismo y hasta ser objeto de exposición internacional, a través de los diferentes medios de prensa.
  2. Mientras trato de escribir el párrafo del que sale esta nota, me tropiezo con la insensibilidad que mostraron algunos usuarios y usuarias de redes sociales como Facebook y Twitter, quienes criticaron el que la gente dedicara su atención al caso de la agonía y muerte de Karla Michelle Negrón.  Más aún, me molestó ver la falta de respeto de algunas de estas personas hacia quienes mostraron su solidaridad y su apoyo a los padres de la jovencita.  Me pregunto si ésa es la clase de educación que se les da a personas como ésas en el seno de sus familias.  Ésas tal vez son personas que creen tenerlo todo en el ámbito de lo material, pero carecen de lo más básico en lo emocional y lo espiritual.  Tal vez a personas como ésas no les preocupará recorrer la Avenida Baldorioty entre Carolina y San Juan y verse de momento en medio de un tiroteo entre autos, o salir una noche a “janguear” a Isla Verde o el Condado, sólo para acabar agredida o violada sexualmente, o peor aún, asesinada por algún vicioso o por alguien a quien no le importa la vida humana, ni siquiera la suya propia.  Tal vez a esas personas no les preocupan esas cosas, porque esas cosas “les suceden a los demás”, porque “YO soy YO”, porque “a MÍ eso no me va a suceder”…
    Y les guste o no, esas cosas suceden.  Y le suceden a cualquier persona.
    Es más: Si alguna de esas personas está leyendo esto—y sé que lo están haciendo, además de que hacen el honor de leer mi blog—, la reto a que se atreva a faltarme el respeto por mostrar un poco de solidaridad humana, algo de lo que ciertamente carecen esas personas.  La caja de comentarios estará disponible por 30 días a partir de la publicación de la entrada.  Mis direcciones de email están al final de la página.  Sólo falta que tengas la valentía para hacerlo… pero no voy a perder mi tiempo esperando.  Tal vez prefieras esconderte en la impunidad.

LDB

Siempre queda la sospecha…

Calle 13 singer- segundos antes de volver a sa...
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Amigas y amigos, no voy a tapar el Sol con un dedo: ninguno de los componentes de Calle 13 es santo de mi devoción.

Digo, si Christine O’Donnell—la fallida candidata republicana al senado federal por el estado de Delaware, apoyada por el grupo de fanáticos conservadores conocido como el “Tea Party”—se disparó la maroma de comenzar un anuncio político pagado diciendo, “Yo no soy una bruja”, ¡que yo comience esta entrada con una oración como la del párrafo anterior no quiere decir nada!

Por cierto, ella dice al final de dicho anuncio, “Yo soy Christine O’Donnell…  ¡Yo soy tú!”  Si yo hubiera sido elegible para votar en Delaware, mi respuesta hubiera sido: “¡Y yo no soy tú!  Gracias… ¡pero NO, GRACIAS!

Pero volviendo al tema, ni el Residente (René Pérez-Joglar) ni el Visitante (Eduardo Cabra), ni siquiera la PG-13 (la hermana de Eduardo, Ileana Cabra) son santos de mi devoción.  Su estilo de decir las cosas, su irreverencia (como cuando el Residente dijo públicamente que se estaba orinando, mientras recibía uno de los tres premios obtenidos por Calle 13 durante la ceremonia de los Grammy Latinos de 2006), tal vez no sean para alguien como yo, de una generación diferente, que interpreta las cosas de otra manera.  Pero quiérase o no, ése es su estilo, y yo tengo que respetarlo, de la misma forma que yo exijo el respeto para mi estilo de decir las cosas. Y quiérase o no, ellos están en todo su derecho de opinar, de decir lo que piensan, sin que a nadie más se le ocurra entrar en un ataque de pánico por lo que ellos dicen.

Y precisamente eso es lo que hace el Residente en “Digo lo que Pienso”—una de las canciones del cuarto disco de Calle 13, “Entren los que quieran”—, cuya letra (o “lírica”, como la llama el corillo hoy en día) está causando furor, además de una clase de aprehensión entre los objetos de sus críticas.  Y la razón para ello se encuentra en las estrofas finales de “Digo lo que pienso”, en las que el Residente se refiere a un supuesto “periquero”, un “Alcalde drogadicto con cara de idiota”, un presunto “corrupto” que tiene “cara de narcotraficante con miedo”, y de quien ciertos supuestos amigos del Residente dicen que lo han visto “cambiando el perico / La coca, hueliendo (sic), olfateando”, y a quien le ofrece pagarle la “rehabilitación” y que ambos a la vez se hagan una prueba de dopaje.

Pero, ¿acaso mencionó el Residente el nombre de Alcalde alguno?  Una simple mirada a la letra de la canción (y les dejo como asignación buscarla a través de Google, Yahoo!, Bing o el motor de búsqueda de su preferencia) debería indicar que no.  Pero siempre queda la sospecha.

Y si de sospechas se trata, la prensa puertorriqueña—la misma que, por cierto, parece que no sabe qué más hacer para llamar la atención y se dispara la maroma de crear titulares tales como “Fidel jura bandera americana”… en referencia a un nacional cubano residente al este de San Juan, casualmente llamado Fidel Castro, que hace un par de semanas adoptó la ciudadanía estadounidense vigente en Puerto Rico—se encargó de buscar uno de los sospechosos habituales: el alcalde de San Juan, Jorge A. Santini Padilla.  (Sí, el mismo que en 2006 la emprendió contra los preparadores de un informe en el que se denunciaba que la ciudad de San Juan era una de las 10 ciudades en jurisdicción estadounidense que más criminalizaba a los desamparados y los deambulantes—y lo sigue haciendo al día de hoy.)

Ni corta ni perezosa (yo no sé cómo lo ven, pero esa frase me parece tan “Siglo 20 19”), la prensa le pidió una reacción… y esto fue lo que respondió (versión de El Nuevo Día; versión de Primera Hora):

“ ‘¿Ustedes creen que yo pierdo un segundo escuchando la música de ese tipo?  No hombre, no.  Yo no sé qué canción es, yo no sé si dice o no mi nombre, o lo que diga, pero no me interesa.  Porque mientras él escribe la cosa esa para después declamarla, yo estoy haciendo trenes, parques, escuelas, museos’, señaló el Alcalde.

“El Nuevo Día le preguntó por qué, a pesar de sus esfuerzos de relaciones públicas durante todos estos años no ha logrado desvincularse del tema. ‘¿Tú crees que yo voy a perder el tiempo con esa necedad y con esas tonterías?’, fue su respuesta.  Añadió que a quienes únicos le interesa el tema es a la prensa.”

Por supuesto, ésta no es la primera escaramuza entre ambos contendientes.  Valga recordar lo del año pasado, cuando el alcalde Santini mandó a cancelar un espectáculo en el que Calle 13 participaría, aparentemente en represalia reacción a las expresiones del Residente en contra del gobernador Luis G. Fortuño Bruset y su administración durante la transmisión de los Premios MTV de 2009.  Pero este nuevo episodio ya es otra cosa, algo así como gritar sobre el techo del edificio más alto un secreto a voces.  Secreto que pudo haber quedado más o menos expuesto el 18 de septiembre de 2009, durante el incidente que mencioné de pasada en una entrada anterior, en el que el primer ejecutivo capitalino se vio implicado mientras se encontraba en un cafetín rural en el peor momento posible: en medio de una incursión policial en la cual se investigaba—entre otras cosas—una aparente actividad de tráfico de narcóticos.  (Sé lo que están pensando: debí haber ampliado ese tema entonces, en lugar de concentrarme en la “caca laboral”, pero ya eso es otra historia.)  Incidente tras el cual el alcalde alegó que se quiso fabricar un caso por ley de drogas en su contra “por motivos políticos partidistas”, porque dos de los oficiales policiacos implicados fueron parte de la escolta de la hoy ex-gobernadora Sila M. Calderón (o sea, que son “culpables por asociación”).

Total, que un informe de agosto de 2010 de la Comisión de Derechos Civiles de Puerto Rico exoneró al alcalde Santini de toda sospecha relacionada con drogas y a los policías, más o menos, de la implicación de impropiedad que se quiso hacer en su contra.  Pero qué puede importar eso ahora, porque siempre queda la sospecha…

Está de más decir que las reacciones a todo este evento han sido mixtas, pero hay dos que llamaron bastante la atención.  Primero fue la de la radioemisora de los expertos en los chismes y diretes, broncas y bolletes que quieren hacerle creer al público que son análisis y noticias, que despidió a uno de sus analistas, el dramaturgo Roberto Ramos Perea, luego de que éste se expresara sobre el tema durante un programa en esa emisora, con la excusa de una supuesta baja en la sintonía del programa.  (Otro caso para archivar bajo “Desde que se inventaron las excusas…”)  Pero más interesante es la reacción de la presidenta de la Junta Reglamentadora de Telecomunicaciones de Puerto Rico (JRT), Sandra Torres, quien además de determinar que “Digo lo que pienso” es “completamente obscena y lasciva”,

“… instó a todo aquel que no se sienta cómodo o no esté de acuerdo en que se transmita la canción a escribir a la agencia que dirige para remitir las quejas a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, en inglés), que es el ente con jurisdicción sobre estos asuntos.

[…]

“La funcionaria pública afirmó que el asunto tiene que llegar a la FCC, por lo que exhortó al público a enviar sus cartas a la JRT y ‘yo gustosamente las voy a remitir a la FCC con una carta de mi puño y letra expresándoles  la indignación del pueblo puertorriqueño sobre este tipo de material’.”

Francamente, tanta cortesía y amabilidad me abruman…  Pero eso no es lo único interesante de las expresiones de la funcionaria:

“Para la presidenta de la JRT, ‘el pueblo de Puerto Rico se siente indignado con la lírica de la nueva canción de René, independientemente que la canción vaya dirigida a una figura política de un partido en particular’.

“‘Yo creo que nuestra gente es más inteligente que eso, los valores nuestros deben ir por encima de cualquier consideración político partidista y por eso más allá de colores todos nos debemos sentir indignados’, añadió.”

Yo creo que todo lo que le faltó a la señora Torres fue repetir las palabras de Christine O’Donnell, “¡Yo soy tú!”  Y créanme, que mi respuesta sería la misma: “¡Y yo no soy tú!  Gracias… ¡pero NO, GRACIAS!”  Francamente, no entiendo cómo una funcionaria que tiene que responder a los designios de la administración gubernamental que la nombra a su puesto, se erige como un supuesto paladín de la decencia en los medios, como una mensajera de la “indignación” de un pueblo contra una canción que ella ha determinado que es “obscena y lasciva”, que predica el predominio de “los valores nuestros”—los mismos que tanto se le exhorta al pueblo que los practiquen en su vida diaria, pero que ellos mismos no son capaces de practicar.  Aunque aquí también, siempre queda la sospecha…

Al menos, en una cosa le doy la razón: “nuestra gente es más inteligente que eso”.  Y demás está decirlo, que nuestra gente es más inteligente y está reaccionando, cuestionando todo este asunto, desde la reacción del alcalde Santini, pasando por la “botá’ como bolsa” de Ramos Perea, hasta el manifiesto de la funcionaria convertida en portavoz de la lucha por proteger la moral y la decencia de los puertorriqueños.  Mientras escribo esto (a las 00:01 UTC –04:00 del domingo 28), veo que Global Voices ya ha recogido varias de esas reacciones.  También merece destacar las entradas que J. Sánchez Lugo, la Prof. Rima Brusi y Elco Lao le han dedicado al tema en sus respectivos blogs.

Yo lo que sé es lo siguiente: queramos o no, hay muchas cosas que toda esta situación ha dejado al descubierto.  Como la presunta conducta del funcionario que dirige los destinos de la ciudad de mayor importancia en Puerto Rico, puesta en duda públicamente por un artista cuyo “defecto” es querer cuestionar lo que hay, sacudir los cimientos de lo establecido y buscar un mundo más justo y equitativo, y aparentemente protegida por quienes no toleran el cuestionamiento, por quienes dicen defender la libertad de expresión, pero en realidad le tienen miedo a la libertad del pensamiento.  Y cuando suceden cosas como ésas… siempre queda la sospecha.

Y yo sospecho que esta entrada me quedó muy larga, ¡así que vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB