Ver “De La Nada- Vota por mi” en YouTube

Amigas y amigos, mi gente, yo creo que una de las razones por las que estaremos recordando el ciclo electoral que termina mañana martes (8 de noviembre de 2016), más allá de los escándalos de corrupción, la caída de las finanzas públicas en un abismo profundo (luego de décadas de prácticas malsanas) y la imposición de un Supragobierno por parte del gobierno estadounidense (luego de que dicho gobierno dejó ver que lo que le dijo a Puerto Rico y al mundo a principios de la década de 1950 fue una gran mentira), es por el alivio cómico y reflexivo que nos dio De La Nada.

De hecho, el enlace abajo es a lo que se denomina como el “fin de temporada” de ese sitio web, en el cual se hace un tremendo junte de los 6 candidatos a la gobernación de Puerto Rico (PPD, PNP, PIP, más Partido del Pueblo Trabajador y 2 candidatos independientes) para cantar al estilo de aquella canción milnovecientosochentosa, “We Are the World”.  (Aunque a diferencia de la época en que se se grabó la original…  Bueno, digamos que los de hoy se habrán pasado el letrero de “Check your egos at the door” por donde no les da el Sol.  Pero así son las cosas.)

Comoquiera, les dejo aquí el enlace para que se diviertan un poco, aunque sé que les dará un poco de pena (como a mí) con los líderes del pasado que miran desde el cielo cómo los que están aquí hoy han dañado su legado.  Y créanme, Muñoz Marín, Ferré y Doña Fela deben estarse revolviendo en sus sepulcros.  Pero nada.

Gracias, Rangely, por este respiro electoral.

¡Y vamos a dejarlo ahí, por el momento!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

Soy Luis Daniel Beltrán…  ¡Y ya, pa’ la porra con esto de estar aprobando mis propias entradas! 😛

La “percepción razonable”, ¿es de queso y se come con melao?

Esta semana, mientras buscaba en la Internet información para uno de esos proyectos que tengo, de esos que puede que se den en mi futuro profesional y puede que no, me surgió una duda relacionada con una frase que a veces se usa bien o mal, pero que puede tener sus implicaciones.  Se trata de la percepción razonable.

Si les parece haber visto esa frase en este blog, es por que hace ya 2 años le dediqué una entrada.  Aunque tal vez en mi prisa por desarrollar el tema de esa entrada—el incidente en el que el adolescente de raza negra, Trayvon Martin, perdió la vida manos del “vigilante vecinal” George Zimmerman, blanco y de ascendencia hispana (del que este último se saliera con la suya) me dejé llevar por la ola y no exploré debidamente el significado de esa frase.  (Y si así fue, les pido su indulgencia, amigas y amigos, mi gente.)

A mi entender, por lo que he podido ver en las redes, la percepción razonable es un concepto que parece ser tan natural y tan aceptado como un@ cambiarse de ropa, como algo que se da por hecho.  Y leyendo la entrada anterior a la que me refería, así como otras variaciones sobre el mismo tema (como el caso del proyecto SB1070 de Arizona), me sigue dando la misma impresión.  Pero creo que no debería ser así, ante las consecuencias que puede tener el uso—correcto o indebido—de ese concepto.

Comoquiera, para tratar de acortar este cuento, tal vez sería apropiado dividir el concepto de percepción razonable en sus componentes principales.  Según el Diccionario de la Real Academia Española en su vigésimo segunda edición (2001), percepción es “acción y efecto de percibir”.  A su vez significa, percibir significa, entre otras cosas, “recibir por uno de los sentidos las imágenes, impresiones o sensaciones externas”, o como “comprender o conocer algo”.  Por su parte, razonable tiene varias definiciones, entre las cuales se destaca su sentido de “arreglado, justo, conforme a razón”.*

El significado de percepción razonable, no obstante, pudiera entenderse mejor (para los fines de lo que estoy escribiendo aquí) a través de un concepto legal que sí pude encontrar durante mi búsqueda, el de la persona razonable.  En el diccionario de términos legales de The Free Dictionary Online encontramos lo siguiente:

“A phrase frequently used in tort and criminal law to denote a hypothetical person in society who exercises average care, skill and judgment in conduct and who serves as a comparative standard for determining liability.”

Según esa definición, la persona razonable es este hipotético miembro de la sociedad que ejerce prudencia y buen juicio en su conducta, o sea, que actúa de manera conforme a la razón—por lo que dentro del contexto de esa definición, se suele tomar a esa persona hipotética como la norma para determinar responsabilidades en ciertas situaciones.

Y si vamos a ver, la existencia de esta persona hipotética es importante en muchos contextos.  Ejemplo de ello lo encontré apenas unos minutos antes de empezar a teclear estas líneas, en una (a mi juicio, excelente) página producida por el Secretariado de la Junta de Hacienda de Canadá (“Treasury Board of Canada Secretariat” o “Secrétariat du Conseil du Trésor du Canada”), en la que se discute la apariencia de conflictos de interés en el sector público de ese país.  De especial interés es la cita siguiente de dicha página:

“(A)n apparent conflict of interest need not be a major one: if it is reasonably perceived by a reasonably informed and reasonable person that there is a conflict of interest, the situation—in plain language—fails ‘the smell test’ and infringes the rules.”

O sea, que basta con que una persona razonable, que ejerce una conducta prudente y juiciosa en su sociedad, que basa sus actos y su conducta en la razón, cuyos sentidos obtienen información con la que se ayuda a formar una impresión, una opinión informada, pueda tener una impresión de que un servidor público está involucrado en un conflicto de intereses para determinar que una situación dada es incorrecta.  O como lo decía cierto antiguo comercial de salsa de tomates, “¡a tomates no huelen!”**

Así que en resumidas cuentas, para mí la percepción razonable viene siendo el entendimiento o comprensión que una persona razonable tiene sobre un asunto o situación particular.  (Por supuesto, si esto está bien o mal esbozado… por algo hay una caja para comentarios al final de cada entrada de este blog, así que ilústrenme en los comentarios de ésta si me equivoco.)  Aunque cabe pensar cuán razonable es esa percepción en casos como el de George Zimmerman o el de la iniciativa de corte anti inmigrantes de Arizona—y podríamos pensar que en ninguno de esos casos les asiste el uso de la razón, aunque eso dependerá de los insumos en los que se base la percepción en cada caso.  Pero así es la vida: cada ciego que toque la pata de un elefante pensará que está tocando el tronco de un árbol.  Eso sí, no quiero pensar en qué pasará cuando ese “tronco” empiece a moverse.

Y ya que entiendo que he podido librarme razonablemente de esta duda, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.


* Otras fuentes consultadas, como el diccionario en inglés de Merriam-Webster, definen de manera similar ambos conceptos.  La definición de percepción sería más o menos así (con mi traducción al español): “la manera en la que usted piensa sobre o entiende alguien o algo”, o “la manera en la que usted nota o entiende algo mediante el uso de uno de sus sentidos”.  Por su parte, razonable según la misma fuente (también con mi traducción al español) será “estar de acuerdo con la razón” o “que tiene la facultad de juicio” o “que posee un juicio sólido”.

** Para quienes leen esto en otros países y se preguntan a qué ca…ramba se refiere X o Y cuando utiliza esa frase en alguno de los blogs puertorriqueños: La situación se da en el contexto de que se está comparando el revestimiento interior en las latas de la salsa de tomates objeto del comercial (OK, mejor lo digo: salsa de tomates Goya) con los de otras marcas de la competencia; lo que se implica es que la lata de la salsa de tomate del anuncio preserva mejor el olor del tomate que la de las marcas rivales.  El caso es que para dramatizar ese argumento, primero le ponen en la cara a la modelo una lata “ya usada” de la salsa de tomates del anuncio y su expresión es—”wait for it”—positiva.  Sin embargo, una vez le ponen en la cara las latas “usadas” de salsa de tomates de las otras marcas, el rostro de la modelo hace una expresión de disgusto controlado—que hubiera sido como para otorgarle el “premio de la academia” por la mejor actuación dramática en un comercial de salsa de tomates—y entonces hace el “delivery” de la archifamosa frase, “¡a tomates no huelen!”.  Aclarado queda.


LDB

El grito que se escuchó por todo el mundo

English: Aerial picture of the Mameyes landslide
English: Aerial picture of the Mameyes landslide (Photo credit: Wikipedia)

Espantoso.

Simplemente espantoso.

No creo que haya nada más espantoso que despertar una mañana y ver cómo la ladera de una montaña se le viene encima a la casa que tanto esfuerzo y sacrificio te ha costado tener.  O ver cómo la casa de tu vecin@ está en la línea de impacto de un desastre así, y que tu primera preocupación sea por la vida de quienes habitan esa casa.  Y sales a la calle horrorizad@.  Y pegas un grito a tu vecin@ para que se dé cuenta del peligro y se salga.  Y le ruegas a Dios—o al Ser Supremo o Fuerza Suprema en que crees, suponiendo que no eres de l@s que no cree ni en la luz eléctrica—que tu vecin@ no quede pillad@ entre los escombros de la roca que está en vías de caerle encima.

Me imagino que de esa manera debió haberse sentido la señora residente en la urbanización Villa España, en Bayamón, que mientras grababa un vídeo con su teléfono celular vio cómo la ladera de una montaña de roca caliza—lo que comúnmente conocemos en Puerto Rico como un mogote o “pepino”, por la forma que adquieren normalmente—se empezaba a deshacer junto a la hilera de casas que le quedaban al lado y empezó a correr hacia la residencia de su vecina y amiga, al grito de “Tatiiiii… Tatiiiii… Tatiiiii…”

Por lo menos, no parecía haber nadie—ni siquiera “Tati”—en esa residencia en el momento en que la ladera quiso imponer su voluntad.  Y si lo vemos del lado “positivo”, el resultado de la terrible experiencia no fue una tragedia, ni para “Tati” ni para ninguno de los vecinos afectados en esa calle.  O sea, al menos aquello no acabó como el derrumbe de una ladera en la Comunidad Mameyes de Ponce en 1987.  (Y para aquell@s que aún muchos años después tengan sus dudas, les digo que un compañero de estudios graduados de entonces y quien hoy en día es su esposa—y ambos son catedráticos universitarios hoy en día—me llevaron hasta cerca del lugar del derrumbe.  De más está decir lo espantoso que se vio ese cuadro—aparte del horror de quienes perdieron sus vidas en esa tragedia.)  O sea, que pudo haber sido peor.

Pero como suele suceder, esta lamentable situación vuelve a desatar el eterno debate sobre la mala planificación—o la falta de una buena planificación, dependiendo del nivel de optimismo o pesimismo de cada quien—de la que Puerto Rico ha sido objeto por décadas.  Planificación que, por más esfuerzos que se hagan por evitarlo, permite que se construyan desarrollos urbanos, comerciales, industriales o de telecomunicaciones en lugares en los que no se debe construir nada, lugares en los que la naturaleza reclama tener su espacio.

El caso que nos ocupa es el de una urbanización que  se construyó varios años atrás, al lado de un cerro de roca caliza de los muchos que caracterizan la zona norte de Puerto Rico, prácticamente desde Carolina (al este de San Juan, para quienes no nos conocen bien) hasta Aguadilla (noroeste de Puerto Rico), que reflejan un tiempo muy remoto en el que esa zona de mi isla estaba bajo el dominio del mar y de sus formas de vida.  (Interesantemente, en pedazos de roca de esa zona, se puede encontrar de vez en cuando el fósil de algún organismo marino; yo los he visto una que otra vez.)  A su vez, ese tipo de roca produce en esa zona formaciones tales como sumideros (o dolinas, o como se las quiera llamar), cuevas y cavernas, debido a que es una roca que dadas las condiciones adecuadas es susceptible a disolverse con el agua (aunque en algunos lugares, dependiendo del tipo de roca caliza, esa susceptibilidad es mayor que en otros—pero no vinimos a ponernos muy técnicos, ¿o sí?).

(Es más, si alguien quiere más información sobre el Carso puertorriqueño, la encontrará a mitad de la página en el siguiente enlace: Proyecto Salón Hogar: Geografía de Puerto Rico, o mediante una búsqueda en Google, Bing o Yahoo!.)

Lamentablemente, esa misma variación en la susceptibilidad a disolverse hace que algunos lugares en nuestra zona norte sean más propensos que otros a que ocurran situaciones como la que vivieron estos vecinos, especialmente si se corta el terreno de las laderas de estos cerros para permitir un desarrollo urbano que, por lo demás, “no cabría” por causa de ese “obstáculo” que está ahí en medio… más o menos como—a mi juicio—lo verían los desarrolladores.  Y a mí me parece que ese es un error muy grave y costoso.

Como también me parece grave y costoso el error de colocar una enorme pelota de relleno dentro del valle de un río (o al borde de un sumidero de los que mencioné anteriormente), amoldarla en forma de meseta y “espetar” sobre la misma una nueva urbanización, de esas en las que la casa más básica y económica de 3 dormitorios y 2 baños se vende en los “bajos” US$150’000.  Y ni hablar de un montón de “errores y horrores” como éstos.

(Creo que alguna vez escuché en un paso de comedia a la excelsa actriz fajardeña, doña Norma Candal [1930–2006], proponer un nombre para una urbanización así: “Alturas de Hoyo Hondo”.)

Pero volviendo al tema… con el derrumbe de la ladera se escuchan de nuevo los gritos habituales.  Que si en Puerto Rico ha habido una mala planificación de los desarrollos urbanos.  Que si se ha permitido construir donde no se debe.  Junto a las laderas de los mogotes, al borde de los sumideros, aun hasta a la orilla de las playas, unas playas que se supone—o al menos, siempre me lo han dicho en mi trabajo—son de todos en general y de nadie en particular.  Que si hubiera habido un Plan de Usos de Terrenos en vigencia, que no se hubiera aplazado por X o Y razón, ninguna de estas cosas hubiera pasado.  Y muchos otros gritos similares.

(Es más, permítanme detenerme por un par de minutos para decirles algo: unos días atrás evalué una propuesta para reconstruir una residencia en un sector costero de San Juan, donde el tipo de vivienda es más del de quien puede costearse ese lujo—los detalles del lugar no vienen al caso.  Como parte de mi evaluación, yo comparé fotos aéreas de la zona en cuestión, de los años 2007 y 2010.  Una cosa me dejó atónito al comparar las fotos: la costa frente a la susodicha residencia se fue perdiendo en el transcurso de apenas 3 años…  Así como lo están leyendo: ¡3 años!  Lo que no había ocurrido desde, por ejemplo, los años 30 del siglo pasado, había ocurrido en el transcurso de apenas 3 años.  Basta con decir que para el 2010, ya el mar estaba llegando a la pared de la residencia que daba a la playa.  Y me pregunto si alguna vez aprenderemos algo de cosas como ésta…)

Pero una cosa sí es clara: alguien hizo una apuesta a que se podía burlar de la naturaleza, y desarrolló una urbanización junto a la ladera de un mogote.  Y la naturaleza hizo—o tal vez empezó a hacer—su jugada.  Y ganó la apuesta.

Así que ahora, ¿quién le paga a Tati por esa apuesta?  ¿Cómo se van a reponer los sueños, las esperanzas de futuro, las ilusiones de Tati y de decenas de residentes de Villa España, que sufrieron—o tal vez están empezando a sufrir—las consecuencias de un juego en el que la naturaleza tiene una mano ganadora?  Peor aún, la vecina cuyo grito se escuchó alrededor del mundo—gracias a que subió el vídeo a YouTube—tal vez estará empezando a preocuparse, no sea que las casas frente a la hilera siniestrada sean las próximas, en caso de que la naturaleza quiera jugar una carta más poderosa.

A lo mejor pasa como dijo una vez el Rvdo. Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller (1862–1984):

“Para entonces, ya no había nadie que protestara por ningún otro.”

O que por lo menos le pegara un grito para que se saliera de allí y salvara su vida.

Y con la esperanza de que la casa no se me caiga encima… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

La maldad nunca llegará a la meta

¡No otra vez!  Aquí vamos nuevamente.  Otro incidente que se suma a la lista.  Otro incidente que nos recuerda la fragilidad de la vida, y cómo hay quien por la razón que sea (o las razones que sean) se entretiene jugando con ese don preciado que tienen los demás.

Para abonar al estado incómodo en el que ya se encontraba el mundo después de los trágicos actos criminales del 11 de septiembre de 2001—que para mí, son y seguirán siendo algo más que un acto de terrorismo—, dos explosivos de fabricación casera estallaron cerca de la meta de la carrera Maratón de Boston el lunes 15 de abril de 2013, cuando ya habían pasado más de 4 horas desde el inicio de la carrera de 42 kilómetros (26.2 millas) y alrededor de 2 horas desde que el primer corredor llegara a la meta (sólo para que ese logro quedara opacado por la tragedia que no lo llegó a tocar).  Y no eran precisamente petarditos de los que se escuchan a menudo en las fiestas de Navidad y Año Viejo: fueron aparatos explosivos creados con detonantes y materiales sueltos como clavos, balines de los que se disparan con rifles de aire comprimido, bolas de las que se usan en las cajas de bolas con las que tanto mecánico trabaja de día en día, etc., empacados dentro de una olla de presión.  Y no con el propósito de causar un simple susto, sino con el propósito de matar, herir, mutilar gente, tanto la gente inocente que nada tiene que ver como los servidores de primera respuesta.  En otras palabras, causar el mayor daño a vidas humanas que una mente enferma pueda concebir.

Probablemente, esto fue lo primero que a muchos nos vino a la mente (World Trade Center visto desde el observatorio del Empire State Building, New York, NY, julio de 1984).

Tal vez eso fue lo primero que a muchos nos vino a la mente.  El recuerdo de una tragedia como nunca se había vivido en el mundo.  Y aunque no se pueden comparar el precio humano de una y otra tragedia, las 3 muertes resultantes de lo del lunes pasado no dejan de ser demasiado: una joven y alegre madre y esposa de 29 años de edad, una joven estudiante china que buscaba labrarse su futuro a través de la educación universitaria (en una ciudad famosa por sus centros educativos de gran reputación académica) y un alegre y sonriente niño de 8 años de edad.  OK, vamos de nuevo: un alegre y sonriente niño de 8 años de edad.  Y tanto ese niño como las 2 adultas, el único “pecado” que cometieron fue estar “en el lugar equivocado y en el momento equivocado”: presenciando la llegada de una carrera de maratón como lo haría cualquiera de nosotr@s—como cuando nos paramos a los lados de la calle para ver pasar a los corredores en el Maratón Internacional San Blas en Coamo, o en el “World’s Best 10-K” en el Puente Teodoro Moscoso, o aun en el Maratón Internacional Modesto Carrión aquí en mi pueblo de Juncos.  (O aun en los eventos de pista de las Justas de la Liga Atlética Interuniversitaria que apenas se celebraron el fin de semana en el que escribo esta entrada.)  Y mientras todos esos corredores y corredoras van en busca de alcanzar la meta, como prueba de su capacidad física, de su resistencia, de su tesón y disposición a alcanzar ese lugar tan deseado, nosotros nos colocamos a los lados de la calle para verlos pasar, para alentarlos a seguir hacia adelante, para darles fuerzas, para darles ánimo—aun si el cuerpo del o de la atleta le empieza a decir que ya basta, que ya no puede más.

Pero parece que hay quien o quienes no ven las cosas de esa manera.  Que su único interés es vengar algún tipo de agravio, real o imaginario, en la figura de lo que algunas personas llaman “el gran satán”.  Eso pareció funcionar para los homicidas del 11 de septiembre de 2001 en New York, Washington (D.C.) y Shanksville (PA).  Y a alguien se le ocurrió que le podía funcionar igual: agarrar desprevenida a la gente, en medio de la celebración de un feriado local (el “día de los patriotas” que se celebra localmente en Boston—y que “por casualidad” coincidió este año con nuestra efeméride del natalicio de don José de Diego… aparte de darnos un día adicional para el plazo de radicación de “la dolorosa” planilla de impuestos, que se vencía al día siguiente) y causar el mayor saldo de víctimas que fuera posible, para humillar a toda una nación, pa’ que respeten, pa’ que sepan quién manda en este mundo, pa’ vengar… ¡lo que sea que haya que vengar!

Interesantemente, quienes así pensaron (yo no llamaría a eso “pensar”, pero ya para qué…) estaban conscientes de las consecuencias que su acción habría de provocar en los demás… pero no contaron con las consecuencias que les venían para encima.  Consecuencias que se empezaron a producir apenas 3 días después (más rápido que lo que se pensaba en un principio), cuando gracias a los desarrollos tecnológicos recientes (que estarán con nosotros para bien o para mal) se pudo identificar a 2 sospechosos: una pareja de hermanos varones, de ascendencia de una de las repúblicas que formaban lo que hasta el otro día se llamaba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de cabezas cubiertas con gorras como las de los deportistas (“pa’l fronte”, como dicen en la calle), cada uno de los cuales llevaba una mochila (“backpack”) que se notaba “algo pesadita”, caminando de manera sospechosa entre el público (repito, “pa’l fronte”).

Así que no quede duda: el “hermano mayor” sí está observando.  Y esa capacidad de observar llevó al desenlace del hermano mayor—y esta vez me refiero al mayor de los 2 sospechosos—, al caer abatido por las autoridades entre el jueves 18 y el viernes 19, luego de que ambos sospechosos mataran (según se les atribuye) a un agente policial del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y robaran violentamente un vehículo de motor.  Y horas después llevó al desenlace del hermano menor, al ser detenido estando escondido en un bote estacionado en una residencia, luego de una intensa cacería humana que mantuvo en vilo a toda una ciudad.

Al momento en el que escribo esta entrada, el detenido no había podido contestar las preguntas de las autoridades sobre los hechos.  Y ciertamente sería interesante saber el por qué colocar 2 bombas en medio de una celebración pública.  En medio de una celebración de sentido patriótico para los estadounidenses, particularmente los bostonianos.

¿Qué pretendían ambos hermanos lograr?  ¿Acaso los Estados Unidos, que se dice que es su patria adoptiva, había cometido algún tipo de agravio que requerían que se les reparara?  ¿Por qué escoger esta fecha, de gran valor para los bostonianos?  ¿Querían humillar, en su propio suelo, a quienes tal vez les estaban dando una mano de ayuda que ni se merecían?

¿Por qué causar muertes, heridas y mutilaciones?  Ciertamente, el hermano menor del sospechoso ya muerto tendrá que enfrentar cara a cara la realidad de que murieron 2 mujeres y un niño de apenas 8 años de edad, además de que sus acciones dejaron cientos de espectadores que quedaron mutilados por todos esos clavos, balines, bolas metálicas y demás.  Y todo ello porque también estuvieron “en el lugar equivocado y en el momento equivocado”.  Algunas de estas víctimas perdieron sus piernas o sus brazos.  Y el sospechoso sobreviviente tendrá que darle la cara a esas víctimas; ya no es hora de esconderse o acobardarse.

¿Y por qué lo hicieron?  ¿Sería por la emoción de matar a alguien (“for the thrill of it”), como supuestamente habrían confesado en su momento los autores del “crimen del siglo”, Leopold y Loeb?  ¿O sería que alguien los envió a librar una “guerra santa” contra “el gran satán”?  ¿Creerían que con esa acción, ellos podrían alcanzar su meta?

Eso sí suena irónico: ambos sospechosos querían lograr su propia meta… ¡de no dejar que otros alcanzaran la meta!  Habrá que ver lo que se produzca próximamente.

Por lo pronto, vaya desde aquí mi más profunda pena y mi mayor solidaridad con la gente de Boston, y con ella mis mayores deseos de que puedan volverse a poner de pie cuanto antes, sabiendo que la maldad nunca le ganó la carrera a la ciudad de Boston, que la maldad nunca llegó a la meta.

Soy yo, con mi camiseta de los Medias Rojas de Boston.

¡Que así sea!  ¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Y tú, ¿qué piensas traer a nuestra mesa?

Flag of the United States
Flag of the United States (Photo credit: Wikipedia)

Ok, amigas y amigos, mi gente.  Confieso que no me había detenido a pensar en ello.  Incluso le resté importancia al asunto.  Total, para el caso que siempre le han hecho a los proponentes de la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos de América como el quincuagésimo primer estado de esa federación—y no me voy a andar con paños tibios: NINGÚN CASO.  Salvo por dos o tres expresiones de algunas figuras políticas de relieve, preparadas más bien para “agitar a las masas” (informadas o no), lo que suele verse es que allá, en los centros de poder estadounidense, ése es un asunto como para barrerse bajo la alfombra.  Un asunto que siempre compite en desigualdad de condiciones con asuntos “más importantes”, “más apremiantes” que atender.

Como la vez que nunca se me olvida, cuando en la década de 1990, un congresista por Alaska—del que un@ no se acordaría en estos días, de no ser porque tuvo un “lapsus” mental (¿habrá sido algo así como lo que Peck describe en la anécdota que cito en la nota con los dos asteriscos en esta entrada?) y llamó “wetbacks” a los inmigrantes que trabajaban en los huertos de su granja ancestral… para después autoflagelarse y pedir perdón en público por haber metido las patas—trató de impulsar un proyecto para que se le concediera a Puerto Rico la estadidad, sólo para ser rechazado sin ser visto en el Senado estadounidense (donde se dice que radica el verdadero poder congresional), porque había “asuntos más importantes que atender”… ¡como el intento de residenciar al entonces presidente William J. Clinton por dárselas de Macho-en-Jefe con una becaria (de la que ciertamente nadie se acuerda en estos días)!

Allá pensarían entonces—y tal vez hoy en día—muchos de esos congresistas, “¿y viene esa minoría a pedir que les dediquemos nuestro valioso tiempo?”  Total, son lo que el hoy ex-presidente George W. Bush llamaría “nuestros amigos y vecinos” (en referencia a los viequenses que lucharon por sacar al “U.S. Navy” de la Isla Nena), y a lo mejor como Bush añadió seguidamente, “no nos quieren allá”.  ¿Pero para qué nos va a preocupar eso en este momento?  “What’s all the fuzz about?”  Total, hay tiempo para atenderlos, pero hoy no será el día.  ¡Que esperen a que atendamos nuestros asuntos de interés apremiante!  Para ellos… ¡ya habrá tiempo!

Y sí, el tiempo sigue pasando.  Y siguen las peregrinaciones hacia Washington, D.C., de estadoístas* convencidos de que si se forma un gran “bonche” de gente con carteles, pancartas y demás y se paran bajo el sol de marzo—en el aniversario de la concesión de una tan ate$orada ciudadanía estadounidense mediante ley congresional de 1917—entre la Explanada (“The Mall”) y el patio sur de la Casa Blanca (me suena como el patio de atrás—y yo estuve por allí en 1994, en mejores circunstancias, y sé por qué lo digo), a “protestar” por la falta de “igualdad” con nuestros conciudadanos del norte… bueno, tal vez hagan caso esta vez.  Tal vez nos dirán que sí, que nos van a conceder lo que les pedimos, porque tienen ese compromiso con nosotros, porque nos lo deben.

La pregunta que yo me hago es: ¿pensarán igual los estadounidenses?  ¿Tendrán ese mismo sentido de necesidad, de urgencia?  ¿Estarán viendo allá las cosas con los mismos ojos que nosotros acá?

Algo me dice a mí que no.

Y tal vez baste con el botón de muestra del “reportaje” filmado por “The Daily Show with Jon Stewart”, en el cual se relatan las impresiones del “reportero” (el entrecomillado es para fines del contexto, nadie se equivoque) Al Madrigal (no sé ni viene al caso si ese nombre es real o no), cuando en medio de la situación creada por la medida de control presupuestario federal conocida como “confiscación” (en inglés, “sequester”)… “tropieza” con una manifestación de estadoístas frente al lado sur de la Casa Blanca—o sea, detrás del patio de atrás.  En un momento que el propio segmento de comedia da la impresión de que es inoportuno—cuando los Congresistas responsables de la garata por el presupuesto federal del año fiscal 2013–2014 decidieron tomar “la juyilanga” para irse de vacaciones.  Y sobre todo, en plan de pedir cosas que a muchos de los televidentes de ese programa… digamos que podrían causarles más risa que los propios chistes del señor Stewart.

O les podría ocasionar un dolor de cabeza, sólo de tratar de entender qué quería ese grupo que estaba reunido allí ese día.  O si ese mismo grupo entendía, o entiende, o no entiende, de qué es de lo que se trata ser un estado de la unión federada (fuera del conocimiento que tengan los alrededor de 4 millones de puertorriqueños que residen dentro de los propios Estados Unidos, cuya experiencia tendemos mucho a desestimar como si no tuviera valor alguno).

La cosa es que por lo que vi en el vídeo, la cosa no pinta muy positiva que digamos:

  • Un “Resident Commissioner” que balbucea cuando el “reportero” le pregunta por qué si tiene en su puesto “lo mejor de todos los mundos”, no tiene voto en el mismo Congreso en el que nos representa.
  • Una manifestante que al planteársele que un estado de Puerto Rico no podría tener su desfile como el de todos los años en New York City, responde con una simplonería: que si fuese así, entonces habría menos oportunidad para el comportamiento salvaje (“wilding”) que exhiben “algunos de los míos”.  (¡Qué… pantalones!)
  • Otra manifestante que cuando se le pregunta qué se proponen aportar a la unión—que me parece que es a lo que equivale la frase que titula esta entrada, “qué piensas traer a nuestra mesa”—si se incorporaran como estado, también contesta simplonamente que los Estados Unidos “necesita” nuestro béisbol y nuestro ron.  Pero entonces digo yo: ¿se habrá dado cuenta la dama en cuestión (y estoy siendo demasiado benévolo en el uso de “dama”) de que el béisbol, aun si sus orígenes son inciertos y debatibles, adquirió mucho de su desarrollo y madurez en los Estados Unidos de América y de ahí le ha dado la vuelta al mundo?  ¿Sabrá que lo llaman “el pasatiempo favorito de los estadounidenses”—o en idioma que tal vez pueda entender un poco, “America’s favorite passtime”—, y ello muy a pesar de otros deportes de gran popularidad como el “football” de la NFL y el baloncesto de la NBA?  Así que entonces, ¿qué tenemos nosotros que aportar ahí—aparte de jugadores de calibre mundial, como los que nos hicieron subcampeones en el reciente Clásico Mundial de Béisbol?
  • Y lo que más pena me da (a menos que haya sido escenificado como parte del segmento, porque en cosas como ésa no se puede tapar el Sol con un dedo), toda una ex-senadora estadoísta recibiendo una lección práctica gratuita de lo que es el “filibusterismo”, cortesía de una bolsa de “snacks”, el almidón hidrolizado y el colorante amarillo número 7.

La verdad es que al ver el “reportaje”/segmento-de-comedia, lo menos que podría sentir es pena por estas personas.  Total, llevan una batalla cuesta arriba por décadas para convencer a “los dueños de nuestra casa”, a los “hacendados” si se quiere, de que quieren formar parte de la hacienda.  Y cuentan con que ese deseo se les concederá.  Pero cuando tratan de articular los motivos para pedir que eso se les conceda, por más nobles que esos motivos parezcan, el resultado es un desastre mayor que el que deja un huracán cuando nos pasa por encima.

Y entonces, ¿cómo quedamos todos gracias a ello?  Probablemente como objeto de mofa, como gente que no sabe qué es lo que quiere realmente, ni qué se necesita para poder lograrlo, cuáles son los sacrificios que deben hacerse.  Tal vez quedamos como gente que no puede aportar gran cosa, que no puede contribuir con algo que sea significativo.

Simplemente, como gente que no traerá nada a la mesa—más bien, que quiere participar de la “fiesta del sorullo”**… ¡sin llevar lo suyo!

(Menos mal que esa claje ‘e gente ya no me representa a mí…  ¡Ahí está, lo dije!)

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Personalmente, prefiero utilizar “estadoísta”/“estadoístas” para referirme a los simpatizantes de la estadidad para Puerto Rico, en lugar de “estadista”/”estadistas”, por entender que el significado de estas últimas implica un mayor respeto por la función que se escribe, la de “hombre (o mujer) de estado”, persona representativa de un gobierno, independientemente del bando político que rija ese gobierno.

** Para beneficio de quienes leen esto fuera de Puerto Rico: la expresión “fiesta del sorullo” significa lo mismo que el inicialismo en inglés, BYOB: “Fiesta del sorullo, cada quien traiga lo suyo.”  (Y para los que no sepan lo que son los sorullos, les dejo dos páginas que les ilustrarán cómo se preparan: aquí está una; y aquí está la otra.  ¡Y a mí me está dando un hambre!  Guiño )


LDB