… pero algunos más (o menos) iguales que otros: el cuento de nunca acabar

Amigas y amigos, mi gente,

Durante estas semanas en las que el mundo ha tratado de adaptarse a la carrera a una manera distinta de vivir, a causa de la pandemia de Covid-19 del 2020, han salido a relucir varias situaciones penosas, situaciones que los más optimistas entre nosotros desearíamos que se hubieran resuelto hace mucho tiempo. Para ello, quisiera consignar aquí 3 nombres, con el énfasis correspondiente en cada uno a través de toda esta entrada:

  1. Ahmaud M. Arbery.
  2. George Floyd.
  3. Christian Cooper.

¿Qué tienen en común estos 3 nombres? Primero, los 3 son hombres de raza negra (o para los políticamente correctos como yo, “afroamericanos”). Segundo, los 3 fueron en momentos distintos objeto de ataques en su contra, por parte de otros que no comparten con ellos el mismo color de su piel. Y lo tercero, por lo menos 2 de ellos pagaron con sus vidas por los ataques de que fueron objeto; sólo uno de ellos se libró de correr esa suerte. Pero en los 3 casos, se plantea la posibilidad de que los mismos comparten un elemento en común: que en los incidentes en los que estuvo involucrado cada uno, haya estado presente el elemento del racismo. Un problema que mucha gente en los Estados Unidos creyó que se estaba superando. Una herida en el corazón de la nación llamada, “más poderosa del mundo”, “tierra de los libres y hogar de los valientes”. Una herida que no acaba de cicatrizar—y sabe Dios si algún día cicatrizará.

Arbery tenía 25 años de edad cuando murió el 23 de febrero de 2020 cerca de Brunswick, Georgia (EE.UU.), en medio de un incidente—aún algo confuso mientras escribo esto—en el que, habiéndose detenido en una residencia en construcción durante una carrera de ejercicio, sale de nuevo a la calle a continuar con su carrera, sólo para ser seguido e interceptado después por un duo de padre e hijo, blancos, ambos armados, uno de ellos (el padre) con una escopeta, quien lo mató de 3 disparos, bajo el pretexto de que Arbery era un escalador que había estado rondando ese vecindario. Todo eso mientras un tercer hombre, también blanco, grababa en su teléfono celular un vídeo de la acción que se estaba desatando frente a él, sin aparente interés de hacer nada por evitar esa tragedia.

Floyd murió a los 46 años de edad el lunes, 25 de mayo de 2020 en Minneapolis, Minnesota (EE.UU.), luego de ser detenido por un incidente en el que, supuestamente (hasta el día en que escribo, ya que no había concluido la investigación de los hechos), había tratado de pagar una mercancía con un billete de US$20.00 que había sido identificado como falso por un empleado de la tienda donde se efectuaba la transacción. Probablemente, el incidente no hubiera llegado a lo que llegó, de no ser porque uno de los 4 agentes de la policía que intervino con Floyd, quien ya estaba restringido con esposas (luego de—presuntamente—ofrecer resistencia al arresto), colocó toda la masa de su cuerpo, por medio de su rodilla izquierda, sobre el cuello de este último para restringirlo aún más. Y así estuvo durante 8 minutos y 46 segundos.

Déjenme repetir eso último: OCHO MINUTOS Y CUARENTA Y SEIS SEGUNDOS.

Y durante los primeros 5 minutos con 53 segundos de todo ese tiempo, Floyd no podía hacer otra cosa que suplicar por su vida (en una manera que de inmediato recuerda a otra muerte de origen policial, en el caso de Eric Garner; vía Wikipedia, en inglés, en español):

“No puedo respirar.”

“Me duele el estómago, me duele el cuello, me duele todo.”

“No me maten.”

Hasta que Floyd quedó inconsciente por otros 2 minutos y 53 segundos más, mientras el mismo agente policial mantenía su rodilla sobre el cuello del infortunado. Tras lo cual Floyd fue llevado por los paramédicos a un hospital, donde se certificó su muerte posteriormente.

Sin embargo, Cooper, cuya edad no aparece en las fuentes consultadas hasta ahora para esta entrada, no corrió la misma suerte de los anteriores, aunque no deja de preocupar la posibilidad de que el desenlace hubiera sido diferente. El mismo día que ocurrió la muerte de Floyd, el señor Cooper, un entusiasta observador de aves—quien resulta ser miembro de la junta del Capítulo de la Ciudad de New York de la Sociedad Nacional Audubon—sorprendió a una joven, blanca, cuyo perro estaba corriendo sin estar sujeto con una cadena, por un área forestada del Central Park neoyorquino, conocida como The Ramble” (nombre que se podría traducir como “El Paseo” o “El Paseo Largo”), en desobediencia de los rótulos que indican la regulación de esa práctica. Cuando el señor Cooper trató de llamarle la atención a la joven sobre el particular, ella se sintió “amenazada” y procedió a tomar su teléfono celular para llamar a la línea de emergencia 9-1-1. Sin embargo, en su llamada, ella expresó en un tono dramático que había un hombre negro que la estaba amenazando—a ella y a su perro—, que ella temía por su vida en ese sector del parque y que se enviara de inmediato a la policía para atender esa situación. Todo eso, mientras el señor Cooper grababa todo el espectáculo a través de su teléfono celular.

Ahora bien, ninguno de los 3 casos ha quedado sin consecuencias. En el caso de Arbery, tanto los 2 presuntos “justicieros” (yo los llamaría más bien, “ajusticiadores”) como el tercero que grabó toda la escena fueron arrestados en mayo de 2020, luego de más de 70 días sin que se tomara acción alguna, y en los que algunos funcionarios del ministerio público tuvieron que recusarse de la investigación por mostrar favoritismo implícitamente contra la víctima fatal.

En el caso de Floyd, sin embargo, se actuó un poco más rápido, cuando la policía de Minneapolis puso en licencia administrativa a los 4 agentes participantes, para después ordenar el despido de los mismos, y culminando con una acusación contra el agente que estanguló con su rodilla a Floyd—quien ya tenía casi 2 decenas de querellas en su contra por acciones indebidas como miembro de la policía—1 por asesinato en tercer grado, en su modalidad de asesinato provocado por una mente depravada (es decir, cuando un individuo lleva a cabo, con o sin intención, un acto, a sabiendas de que ese acto tiene una alta probabilidad de resultar en un grave daño corporal o en la muerte de otra persona; al hacer caso omiso de esa posibilidad, el individuo que lleva a cabo el acto demuestra una indiferencia depravada a la vida humana y la muerte así ocasionada se considera como cometida con malicia de antemano, “malice aforethought“; vea esta explicación en Wikipedia, en inglés). Lamentablemente, ello no ha impedido que se alcen las voces de protesta, tanto en Minneapolis como en otras ciudades, en las que han ocurrido manifestaciones con algunos actos destructivos (como la quema del cuartel policial donde estaban asignados los 4 policías blancos implicados en el incidente), mientras escribo esta entrada.

En el caso de Cooper, afortunadamente, la suerte se le viró en contra a la joven que quiso hacer el papel de “víctima”. A pesar de que después ella se disculpó públicamente por el incidente (disculpa que el señor Cooper dejó la puerta abierta para aceptarla), eso no parece haberle valido a ella de nada, ya que al día siguiente fue despedida por su patrono (una casa de corretaje de valores de la Wall Street) y hasta le fue quitado el perro que ella estaba paseando al momento del incidente (el cual ella había adoptado de un refugio de animales). (De paso, según el vídeo del señor Cooper que trascendió en los medios, la joven tenía agarrado al perro por el cuello, mientras trataba de ponerse dramática por el teléfono con la supuesta amenaza contra su vida y la del can. Me da la sospecha impresión de que eso debió haber influido en el ánimo de los responsables del refugio en su decisión de quitarle a la joven la custodia del perro—¿tal vez porque se demostraba en el vídeo una indiferencia depravada hacia la vida de un animal?—, pero eso es sólo mi opinión.)

Cabe preguntarse entonces si la joven habrá aprendido de esta experiencia a medir las consecuencias de sus actos de ahora en adelante (porque, en todo caso, ella fue la que ocasionó todo el problema, al no respetar una norma dirigida a asegurar el disfrute del área natural por todos, hombres y mujeres por igual, niños y adultos por igual, blancos, negros, latinos, orientales y otros por igual). Pero también cabe preguntarse qué hubiera ocurrido si la policía de New York (NYPD), notoriamente malhumorada y agresiva (no se podría esperar menos, por ser la fuerza policial que sirve y protege a una ciudad fría y dura como la de New York), hubiera intervenido con Cooper, y esa intervención hubiera tenido resultados funestos, como en el caso de Floyd o incluso en el de Garner (o que, en lugar de los “New York’s Finest“, hubieran intervenido “justicieros” civiles, como en el caso de Arbery). De haber sido así, ¿habría creído la joven que le estaba haciendo un servicio a la humanidad, al librarla de un hombre de raza negra que supuestamente amenazaba con hacerle daño a ella y a su perro (y todo, porque él la atrapó en falta)? ¿Podría ella dormir tranquila por la noche, sabiéndose responsable de una tragedia como ésa, o demostraría una indiferencia depravada hacia la vida de su presunto atacante?

Por ahora, y aunque no se había determinado si se radicaría en su contra alguna querella por el uso indebido de la línea de emergencia 9-1-1,2 creo que ya ella tiene suficiente castigo como para no poder dormir tranquila por mucho tiempo.

En todo caso, incidentes como los que estoy mencionando en esta entrada me llevan a otras ocasiones en las que he tratado el tema en este blog. Como hace unos 8 años, cuando dije lo siguiente:

“La verdad es que el debate que se ha originado por causa de tan lamentable incidente es una cosa tan sensitiva. Es una herida bastante profunda que se vuelve a abrir en la piel de una sociedad como la estadounidense, que tiene que cargar con el peso de un pasado de discrimen y racismo, de la creencia en la supuesta inferioridad de unos grupos sociales con respecto a otros, que criminaliza a esos grupos supuestamente “inferiores” y que ha resultado en consecuencias muy trágicas. Pero lo peor es que esa herida corre el riesgo de abrirse aún más, según aumenten los esfuerzos por revivir el prejuicio, por avivar la llama del odio entre grupos y entre clases sociales, por matizar la convivencia entre todos los miembros de esa sociedad sobre la base de la “percepción razonable”, de la mera sospecha de que el que dice ser mi prójimo no es lo que aparenta ser.

“Francamente, esa no es la manera de llevar una vida en comunidad. Pero así es como se está viviendo hoy en día (queramos o no).”

Viendo cómo han estado sucediendo las cosas desde que escribí esa entrada en 2012, sobre todo en los años transcurridos desde 2017, con un magnate ególatra y voluntarioso al mando de “la nación más poderosa del mundo” (como decía la conocida muñeca chismosa… “¿he mencionado nombre yoooooooooo?”), me da la impresión de que los cerdos que regían la granja en la novela de Orwell siguen andando por ahí lo más campantes:

All animals are equal, but some animals are more equal than others.

(“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.”)

[…]

Definitivamente, parece que los cerdos se han hecho con el gobierno de esta granja. Un gobierno en el que se consideran por encima del resto de los animales. En el que el bienestar y el progreso de los demás animales no les importa; sólo mantener sus poderes y privilegios. En el que no son iguales con respecto a los otros… sino más iguales que los otros.

Y es esa clase de “cerdo” la que resiente cualquier cosa que sea conflictiva con su ideología racista. Es más, permítanme repetir aquí algo que escribí en 2013, tras el fallecimiento del líder de África del Sur (y ex-confinado número 46664), Nelson Mandela:

“… lo importante es que ahora queda un legado, tanto para los africanos del sur como para el resto del mundo. Un legado de firmeza en las convicciones, de buscar aquello que debe unir—más bien, une—a los seres humanos, sin esa distinción artificial resultante de cómo vemos el color de la piel del otro, o de dónde procede, o cómo es su cultura o su ideario político, o si es hombre o mujer, o si habiendo nacido hombre o mujer tiene otras inclinaciones (siempre que las mismas no sean hacia cosas verdaderamente abominables—y ésa es una raya que hay que tirar de todos modos), o si cree en Dios o en una Fuerza Suprema, o incluso si no cree.

“Un legado que siempre se verá bajo amenaza de quienes no ven la vida con ese mismo espíritu. De quienes pretenden mantener vivas las cosas que dividen a los seres humanos. De quienes pretenden explotar los miedos de los incautos hacia “el otro”—se llame “mujer”, “negro”, “latino” o “hispano”, “chino” u otro tipo de asiático (total, hay quien no distingue unos de otros), “homosexual” o “lesbiana” o “bisexual” o “transexual” o “transgénero” (y también hay quien pinta a todos éstos con el mismo brochazo)… se llame como se llame—para adelantar sus propias agendas en lo político, en lo religioso, en lo social. Bajo amenaza de quienes no creen en la justicia social.

“Pero aún así, es un legado del que podemos todos aprender algo, si nos lo proponemos. Y que podemos aplicar en nuestras vidas, si queremos. Y que podemos seguir propagando y extendiendo, si aceptamos esa misión que. después de todo, será para el bien de quienes sigan nuestros pasos ahora, y de quienes seguirán sus pasos después.

“Y es un legado de justicia, de persistencia, y sobre todo, de unión. UNIÓN para enfrentar las dificultades que encontramos a lo largo del camino. UNIÓN para prevalecer, más allá de las pequeñas diferencias, en busca del bienestar de todos. UNIÓN para lograr una vida mejor, un futuro mejor.”

Tal vez sea sólo una ilusión creer que se podrán vencer el racismo y el discrimen, pero yo creo que vale la pena. Por todos los Eric Garner, Ahmoud Arbery, George Floyd, Trayvon Martin, y muchos otros que se arriesgan a no ver la luz del día, porque alguien no les dio la consideración de seres humanos.

¡Y vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho—cada quien y a los demás—y pórtense bien.


1 Interesantemente, y no por reirme de las tragedias de nadie, antes de ponerme a actualizar esta entrada me enteré de que la esposa del policía implicado en la muerte de Floyd… ¡le ha solicitado el divorcio! La verdad es que no sé si tenerle pena al pobre individuo, pero con un historial como el suyo… ¡es como para que la amante—en caso de que la tuviese—lo deje de inmediato! ¡A juyirrrrr!

2 Para que los lectores fuera de Puerto Rico tengan una idea, el Artículo 239 de la Ley Núm. 146 de 30 de julio de 2012, según enmendada, conocida como el Código Penal de Puerto Rico (Ley 146-2012), dispone lo siguiente sobre las llamadas telefónicas falsas a sistemas de emergencia:

“Toda persona que a sabiendas efectúe o permita que desde cualquier teléfono bajo su control se efectúe una llamada telefónica a cualquier sistema de respuesta a llamadas telefónicas de emergencia, como el tipo conocido comúnmente como “9-1-1”, para dar aviso, señal o falsa alarma de fuego, emergencia médica, comisión de delito, desastre natural o cualquier otra situación que requiera la movilización, despacho o presencia del Cuerpo de Bomberos, personal de Emergencias Médicas, la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias, Junta de Calidad Ambiental o fuerzas del orden público, incluyendo la Policía de Puerto Rico, o que efectúe o permita que desde cualquier teléfono bajo su control se efectúe una llamada obscena o en broma a tal sistema de respuestas a llamadas telefónicas de emergencia, será sancionada con pena de reclusión por un término fijo de tres (3) años.

“El tribunal también podrá imponer la pena de restitución para subsanar cualquier utilización innecesaria de recursos o desembolsos innecesarios de fondos por parte del Estado Libre Asociado para responder a cualquier llamada telefónica obscena, en broma o constitutiva de falsa alarma a tales sistemas de emergencia.”


LDB

Haz lo que yo digo, NO lo que yo hago: Edición “Fuego y Azufre”

OK, pellízquenme los brazos si lo he mencionado anteriormente en este blog.  Pero casi 4 décadas después recuerdo el comentario que me hizo una compañera de estudios en la actual Universidad de Puerto Rico en Humacao, mientras esperábamos el inicio de una clase en el programa de Biología Marina.  La joven, cuyo nombre ya no puedo recordar (aunque sí recuerdo que era del vecino pueblo de Gurabo), pero que era miembro de una iglesia cristiana protestante (hasta donde yo tenía conocimiento), me contaba sobre una situación en la que se había visto un pastor evangélico de su comunidad, en la que enfrentaba algún cargo por un incidente violento, creo que contra una menor de edad.  Puede que yo no recuerde mucho de lo que ella comentó, pero ella hizo un señalamiento que desde entonces llevo grabado en mi cabeza:

“Algunos que dicen ser cristianos son hasta peores que el mismísimo demonio.”

(Y ahora que me doy cuenta, por lo menos en una ocasión mencioné esta anécdota en el blog.  OK, ya está bueno, ¡dejen de pellizcarme, que eso duele!  ¡AAAYYY! Llorón )

Reloj

(OK, mis brazos ya están bien, puedo seguir escribiendo.)

Pues bien, hoy fue una de esas veces en las que me acordé de las palabras de la compañera universitaria de entonces, al ver en mi cuenta de Twitter una noticia en particular.  Una noticia que, queramos o no, nos lleva al trágico evento ocurrido el 12 de junio de 2016, cuando un individuo presuntamente influido por la ideología radical musulmana—la misma que, a mi entender, no es representación fiel de las buenas personas que practican esa religión, y que es detrás de lo que se esconden pandillas de asesinos, como la que se hace llamar “Estado Islámico de Irak y Siria” (o “de Irak y el Levante”) (y sí, eso es ese grupo, y como tal hay que llamarlo, como una pandilla de asesinos que no merece ninguna legitimidad en lo absoluto, ni religiosa ni política)—asesinó a 49 personas—23 de las cuales eran puertorriqueñas—en la discoteca “Pulse” de Orlando, Florida (antes de ser abatido por las fuerzas policiales).  Cuarenta y nueve personas que salieron a divertirse ese sábado por la noche, como cualquiera de nosotr@s lo haría—pero sin pensar que esa diversión acabaría costándoles la vida.

Y no pasaron 4 días desde el trágico suceso, cuando a una persona identificada como pastor evangélico de una localidad en el vecino estado de Georgia se le ocurrió colocar la siguiente expresión en su cuenta de Twitter:

“Been through so much with these Jacksonville Homosexuals that I don’t see none of them as victims. I see them as getting what they deserve!!”

¡Todo porque el escenario de la matanza era un club nocturno frecuentado por—o cuyas actividades están dirigidas a—homosexuales!    (Además de que equivocó el nombre de la ciudad, porque Jacksonville está al norte de Orlando, casi en la colindancia estatal con Georgia.)  Es más, voy a volver a la misma entrada de mi blog que cité hace un momento, porque creo que lo siguiente le cae como anillo al dedo, a éste y a muchos otros a quienes el sayo le cae perfectamente:

“Yo me cuestiono cómo… el dirigente de una congregación religiosa, la clase de persona que debe predicar el amor al prójimo, la paz, la buena voluntad para con los demás seres humanos—sean cristianos, judíos, budistas o musulmanes… sean blancos, negros, hispanos, orientales o nativo americanos… sean heterosexuales, homosexuales, transgenéricos, etc.—, sea la misma persona que predique el odio contra un grupo en particular por su implicación en unos hechos tan nefastos…  ¿… será de los ciegos que se ufanan de algo así como… ‘mi religión/mi Dios/es mejor que tu religión/tu(s) dios(es)’?”

Pero, ¿qué tal si echamos este otro ingrediente en la olla, a ver la clase de guiso que resulta?

“Puede ser que muchos de los que son rápidos para juzgar y para condenar las ‘fallas’ de los demás—pero lentos para perdonar a quienes cometen esas ‘fallas’, lentos para solidarizarse con el ser humano que habita dentro de eso que llamamos ‘pecador (o pecadora)’—queden retratados en una afirmación como la que cito….”*

[…]

“Si alguno de es@s que mencioné arriba viene a decirme que habla de parte de Dios… lo siento mucho por ell@s, pero no se los voy a creer.  Tal vez porque sus corazones encierran otra cosa, porque guardan otro sentir que no es consecuente con la prédica de la paz y el amor, con el ideal de ayudar a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes necesitan de nuestro apoyo y solidaridad.  Tal vez porque en realidad, son fieles a otro amo, que no es a quienes tanto dicen ser fieles.”

(* La afirmación a la que me refiero está en: Evangelio según San Lucas, capítulo 16, versos 13–15; citado de la versión Dios Habla Hoy.  México, D.F.: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983.)

Pues bien, parece que mi entonces compañera de estudios y yo tenemos razón, muchos años después.

Según esta nota publicada por el portal noticioso Fusion, el mismo pastor evangélico de Georgia que dijo que las 49 víctimas de una ira asesina—y repito, incluidas 23 víctimas puertorriqueñas—recibieron “su merecido” por ser lo que cierto ex-presidente del Senado boricua llamaría “torcidos”, fue arrestado este fin de semana por cargos de acoso sexual simple y agravado, en la persona de un menor de 16 años miembro de su congregación, en hechos ocurridos hacia el año 2010.

¿Alguien tiene una explicación RACIONAL para esto?  Una explicación de por qué una persona que está llamada a predicar la paz, el amor, y más que nada, el perdón de nuestras fallas como seres humanos, busca satisfacer a escondidas los impulsos carnales que tanto le critica y condena a otr@s.  ¡Así cualquiera!  De un lado, condenando los impulsos carnales que—según él—llevaron a los 49 de “Pulse” a recibir el “castigo de Dios”, mientras que del otro lado, cediendo a esos mismos impulsos carnales.

Tal vez le cae perfectamente ajustado el sayo del que sirve a los 2 amos.

Tal vez conviene repasar algo que escribí anteriormente sobre las personas no heterosexuales (o sea, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero), las mujeres víctimas de violencia de género y los inmigrantes ilegales:

“Y estos tres sectores, entre tantos sectores marginados de nuestra sociedad, acabarán como objeto de la ignorancia, el odio y la ira de gente a la que describí en una ocasión anterior como ‘quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás’, como ‘personas bañadas de «rectitud» de arriba para abajo’—sin dar precisamente los mejores ejemplos de esa rectitud que tanto ostentan.  Y acabarán pagando los platos rotos de quienes no se atreverían a enfrentarse a un simple reto que los ponga en evidencia, a ver si demuestran los valores que tanto le exigen tener a los demás.”

Y lamentablemente, tanto al asesino de la discoteca “Pulse” como al pastor evangélico que quiso pasar por más santo que Dios, les cae perfectamente ese sayo.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

Te puede pasar a ti también

Ya casi han pasado 2 semanas desde que ocurrió lo impensable, que alguien tuviera el atrevimiento de ensañarse contra el orden y la ley en Puerto Rico.  Dos semanas desde que una representante del Ministerio Público se convirtiera en víctima de un acto criminal.  Y para colmo, casi a la puerta de su casa, donde la esperaba su familia, donde podía sentirse protegida del desquicio del mundo exterior, donde ella se podía sentir en paz consigo misma y con la vida.

Mientras escribo esto, vamos para 2 semanas desde el asesinato a balazos de la fiscal Francelis Ortiz Pagán, justo cuando llegaba a su casa de practicar su oficio.  Un oficio en el que ella estaba despuntando, como acusadora contra elementos criminales de alto riesgo para una sociedad puertorriqueña que se precia de ser civilizada.  Un oficio arriesgado, de esos que hacen que quien lo practique tenga que ser cautelos@.  Pero que alguien tiene que hacer por el bien de este país.

Y aun así, ocurrió lo impensable comoquiera.

De inmediato, la conmoción y la especulación fueron la orden del día.  Que si fue algún delincuente que dio la orden para que la mataran, así como lo hubiese dispuesto en su tiempo Pablo Escobar en Colombia.  O como le alcancé a escuchar decir a un chismoso en mi lugar de trabajo (¡y tod@s tenemos uno de ésos bocabajo en nuestros lugares de trabajo!), que en el lucimiento de su ignorancia dijo que había sido el esposo de ella—quien resulta ser otro abogado altamente reconocido en Puerto Rico—que la había mandado a matar.  Y eso, ¿para qué?  ¿Para dejar huérfana intencionalmente a una niña de poca edad—que como quiera tendrá que llevar la dolorosa carga de haber perdido a su madre de una manera tan cruel?  La verdad es que para insinuar una cosa como ésa hay que ser…

Total, que al final resultó que se trató de un intento de robo violento del vehículo de la infortunada y que resultó en violencia, al no poderse lograr el objetivo de despojarla de su vehículo.  Y todo, porque a uno de los sospechosos se le antojó el vehículo en el que ella iba.  Ni que fuera un trofeo de caza, aunque de todos modos, como lo confesaba el mismo sospechoso hace unos días, de eso se trataba, de salir de noche en busca de autos que robar, sin importar a quién se los quitaban.

Y eso lo hace muy espantoso.  Porque pone de manifiesto lo grave que es el problema de criminalidad en Puerto Rico.  Un problema con el que gobierno que viene y gobierno que va han estado lidiando sin resultados que valgan la pena.  O del que tal vez se beneficia tácitamente, como aquella hipótesis que mencioné en una ocasión anterior.

Pero lo más espantoso es que pone de relieve esa frase que nos viene desde tiempo inmemorial: puede ocurrirle a cualquiera.  No importa si eres rico o pobre.  Hombre o mujer.  Obrero o profesional.  Persona sola que tal vez no tenga alguien que la apoye, o aquélla que tiene un hogar y una familia que la espera.

De hecho, aunque a mí personalmente no me ha sucedido algo tan fuerte como lo de la fiscal asesinada (excepto por 2 ocasiones en las que me han robado vehículos que he tenido), en mi entorno personal ha sucedido.  Yo conozco de por lo menos alguien muy allegado a mí que tuvo que pasar por la horrible experiencia de ser secuestrad_ (y escribo esa palabra así intencionalmente, espero que entiendan el por qué) durante un robo violento de su vehículo, que afortunadamente sobrevivió y por el que actualmente hay una persona convicta y encarcelada.  Y déjenme decirles, no es fácil lidiar con una experiencia como ésa, y algunas personas que la han vivido no salen muy bien de la misma.  Pero esa persona muy allegada a mí sobrevivió y está haciendo su vida, tan en paz como le sea posible.

Porque vivir en paz en el Puerto Rico de hoy en día se está volviendo imposible.  Y más cuando se tiene que salir a la calle sin saber si se regresará a la casa san@ y salv@, expuest@ a verse—sin querer—en medio de un tiroteo entre carros, o en el lugar de trabajo o en algún lugar público supuestamente seguro—como en el caso de la joven que recién había dado a luz en un hospital de Mayagüez, sólo para morir acuchillada por un adicto que se puso una bata de médico para engañar a medio mundo y buscarse “la cura”.

Así es como nos tienen a los que estamos en la rueda de abajo.

Mientras tanto, la partidocracia portoricensis se entretiene tratando de perpetuarse y de poner obstáculos a quienes no la favorecen, las arcas del país se siguen vaciando en una caída libre hacia el abismo y se sigue tratando de perpetuar una situación política a la que se le ha visto la costura.  ¡Y a Dios que reparta suerte!

En lugar del cierre habitual de la entrada, lo que me resta por hoy es desearle un buen viaje a la fiscal Ortiz, en la esperanza de que lo poco que hubiese podido lograr a lo largo de su carrera haya sido de beneficio para una sociedad agobiada como la nuestra, y que dondequiera que ella esté, tenga la satisfacción de que habrá justicia.  Costará mucho trabajo, sudor y sacrificio, pero no dudo en que se logrará.

¡Que así sea!

LDB

El verano del descontento

A day without immigrants, May 1, 2006. Descrip...
A day without immigrants, May 1, 2006. Descriptions shall come later. (Photo credit: Wikipedia)

Cualquiera diría que las fuerzas supremas que rigen el universo se levantaron un día de este verano por el lado de la cama que está pegado a la pared—y créanme, no es muy agradable despertar así.  Que mientras el mundo se entretenía en Brasil viendo cómo 22 jugadores de bandos opuestos corrían de lado a lado dándole patadas a un balón, en un regio baile mundial que terminó cuando los alemanes le hicieron “flippenfläppenmuckenßpræden” a los argentinos (y por favor, no me pregunten qué significa la claje ‘e disparate que acabo de escribir), en varios lugares de ese mismo mundo había una olla de conflictos por hervir o en plena ebullición.

Tenemos un ejemplo bastante gráfico en el nuevo conflicto entre los israelíes y los palestinos de Gaza—uno de tantos conflictos entre ambos bandos que se remontan a los “good old days” del Antiguo Testamento bíblico—, supuestamente desatado tras el secuestro y asesinato de 3 adolescentes israelíes y el supuesto secuestro y asesinato de un joven palestino en represalia.  Un conflicto en el que cada bando tiene su parte de responsabilidad, en el que cada bando trata de defender lo que entiende es suyo.

Y lamentablemente, un conflicto en el que la respuesta de cada bando no guarda ni la más mínima simetría.  Cohetes palestinos que pocas veces alcanzan su objetivo, ante las astutas defensas israelíes.  Cohetes israelíes que supuestamente alcanzan su objetivo en Gaza… o al menos, eso es lo que se le quiere hacer creer al resto del mundo.

El saldo hasta el momento refleja esa asimetría.  Una gran cantidad de víctimas civiles en el lado palestino, frente a sólo 2 ó 3 civiles del lado israelí (más un par de decenas de militares—pero en Tel Aviv dirán que “eso no es ná’, ellos son reemplazables”).  Hombres, mujeres y niños.  Más o menos un millar de víctimas palestinas en el momento en el que escribo esto.  Víctimas en una cacería de terroristas en la que todo se vale.  Bombardear escuelas, hospitales, balnearios playeros, hasta los refugios administrados por la Organización de las Naciones Unidas (la misma que para ambos bandos es buena cuando les conviene).  Y todo, porque los israelíes alegan que los palestinos de Gaza ocultan sus lanzadores de cohetes en esos mismos lugares, y utilizan a su propia gente como escudos humanos.

Pero déjenme decir algo: tan mal está el que se esconde detrás de gente inocente para atacar y hacer daño a otros, como el que mata o manda a matar a esa misma gente inocente para evitar que “nazcan” los futuros terroristas—y después se lava las manos como Pilatos y trata de manipular la opinión mundial para que ésta acepte su historia como “la realidad”.

Pero ¡ay! de quien trate de descorrer el velo que oculta la otra cara de esa realidad por estar “en el lugar correcto en el momento correcto”, como lo sabe de primera mano el periodista de la NBC estadounidense que tuvo que sufrir una represalia de sus jefes tras ser testigo de primera mano del bombardeo de una playa en la que apenas unos minutos antes había jugado con unos niños que más tarde se convertirían en víctimas.  (Digo, ¿no es para eso que existen los periodistas, para ser testigos de aquello de lo que se hace la historia de la humanidad?)  Y aunque el medio para el que trabaja lo llegó a remover de esa asignación “por su seguridad”—para reemplazarlo con otro periodista de mayor estelaridad cuya “seguridad” debía preocupar igual—, la molestia con dicha decisión ha permitido que él siga ahí, mostrando las cosas desde otra perspectiva.   La de quienes dicen no tener nada que ver con los cohetes que se lanzan contra Israel, la de las ciudades y villas de Gaza destrozadas por una guerra que no parece tener más sentido que el de los viejos odios de antaño, una guerra en la que hay hombres, mujeres, y sobre todo, niños que llevan la peor parte.

Y ya que hablamos de niños que llevan la peor parte, no hay más que mirar un poco más de cerca, al influjo creciente de menores centroamericanos que cruzan la frontera de los Estados Unidos de México con los Estados Unidos de América.  Como todas aquellas masas hacinadas de inmigrantes desamparados y azotados por la tempestad a las que le cantaba la poetisa estadounidense Emma Lazarus (1849–1887) en “The New Colossus”,* llegan buscando respirar en libertad, buscando aquello que llaman “the American dream”.  Y por todo el riesgo que corren sus vidas en el intento, todo lo que encuentran es un sistema de control fronterizo estadounidense que hace lo que puede por atenderlos, a veces más allá de su propia capacidad.

Eso, y los efectos de la ignorancia, el odio y la intolerancia, con los que se han rechazado los vehículos que los tratan de llevar a las facilidades donde se les debía dar el cuido que la más elemental humanidad exige.  Sentimientos que muchos estadounidenses, lamentablemente, lucen como si fuera una medalla de honor, como si eso los hiciera superiores al resto de los seres humanos.  Sentimientos que son alimentados por ideologías que descuentan a quienes no son “iguales” que quienes las impulsan y las propagan, y mucho menos que quienes caen en la trampa de seguirles sin cuestionar esas ideologías.  (Y ésa es la misma gente capaz de esperar a que culmine la administración del presidente Barack H. Obama en enero de 2017—y haya un nuevo presidente—para diz que “residenciarlo”, de tanto que los ciega el odio contra “el otro”.)

Lo malo del caso es que ese odio y esa intolerancia no permiten ver con claridad—mucho menos entender—la(s) razón (razones) por la(s) que tantos niñ@s centroamerican@s se ven obligados a abandonar sus países para hacer ese arriesgado y peligroso viaje hacia el norte.  En particular la violencia generada por las pandillas juveniles en muchos de esos países centroamericanos.  (De paso, aprovecho para recomendarles este informe del 2009 sobre la violencia juvenil y las “maras” y pandillas en El Salvador, especialmente las páginas 6–15, en las que se presenta el marco conceptual del estudio—una excelente descripción que tal vez nos ayude entender un poco mejor ese problema… y quizás en el proceso podamos ver cuán retratados estamos en esa realidad, nos guste o no.)  O la violencia ocasionada por el tráfico de drogas provenientes de la América del Sur, a través de los mismos países centroamericanos, para satisfacer una necesidad de consumo en los propios EE.UU.de A.—o sea, un caso de “oferta y demanda” como cualquier otro, como lo plantea una entrada reciente en el blog “Two Weeks Notice”.  Pero no, tal vez entender eso sea un esfuerzo sobrehumano para las “mentes”—si se les puede llamar así—de aquellas personas para las cuales la ignorancia es su savia, lo que les da la vida.

No me sorprendería que ése sea el mismo caso entre israelíes y palestinos, que desde tiempo inmemorial no pueden entenderse los unos a los otros, no se pueden ver las caras los unos a los otros, y están cegados por su propio odio y su propia intolerancia.

¡Quién sabe!  Tal vez si se acabara con ese odio, con esa intolerancia, con esa ignorancia que te hace levantarte un día y decidir que quieres atacar la casa de tu vecino para liquidarlo a él y a su familia y “prevenir” que éstos te ataquen, o decidir que no le vas a permitir la entrada a tu casa a alguien de otro lugar que esté huyendo de una situación problemática en su propia casa, porque es “diferente” a ti, se podría evitar muchos de los conflictos que han plagado a la humanidad.  Cuántos esfuerzos no se han hecho para acabar con los conflictos alrededor del mundo, principalmente por quienes aún quieren ser optimistas, por quienes no pierden la fe en la discusión sosegada de los asuntos, quienes quieren buscar las causas de los problemas, en lugar de dar palos a diestro y siniestro como “disuasivo”.

Pero como dije al principio, parece que esta vez, las fuerzas supremas que rigen el universo se levantaron un día de este verano de muy mal humor.  Tal vez debería ser tiempo de que esa rabieta se les pase pronto.  O por lo menos, debemos aspirar a que esa rabieta se les calme.  Cuanto antes, mejor.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.


* Cortesía del traductor de Google (con alguna ayudita de mi parte), ésta es la cita del poema de Emma Lazarus a la que hago referencia:

“Dame tus cansados​​, tus pobres,
Tus masas hacinadas anhelando respirar en libertad,
El desamparado desecho de tus rebosantes playas.
Envía estos, los desamparados, azotados por la tempestad, a mí:
Levanto mi lámpara junto a la puerta dorada.”


LDB

Derribando un oso blanco sin que sea asunto de nadie más

A veces, cuando me tomo un receso (en buen español boricua, un “break”) de mis labores, me pongo a mirar por un momento el mundo que está más allá del ventanal del piso o nivel del edificio de mi oficina.  Cierto es que tener actualmente frente a mí parte de los distritos sanjuaneros de Río Piedras y Hato Rey, no compensa el mar que tanta falta me hace mirar, como cuando estaba en Puerta de Tierra hasta hace unos 8 años.  Pero por lo menos con mirar las áreas verdes cercanas a mi oficina me basta.  Aunque las mismas estén rodeadas—casi ahogadas, diría yo—por las urbanizaciones alrededor, la vía elevada del Tren Urbano, un cementerio, y un poco más hacia el fondo, el enorme edificio de lo que fue en su momento la Penitenciaría Estatal de Río Piedras, construida entre 1927 y 1933.  O, como much@s la conocemos “afectuosamente”, el Oso Blanco.

Antigua Penitenciaría Estatal de Río Piedras («El Oso Blanco»), situada entre las carrerteras PR-18 (Avenida Las Américas), PR-21 y PR-1 y la Avenida José de Diego en Río Piedras.
Antigua Penitenciaría Estatal de Río Piedras («El Oso Blanco»), situada entre las carrerteras PR-18 (Avenida Las Américas), PR-21 y PR-1 y la Avenida José de Diego en Río Piedras.

Sí, ese complejo de edificios que se ve hacia el centro de la foto, con tres urbanizaciones a su costado derecho (Este) y varios desarrollos más a su alrededor.  Lo que en sí habrá sido problemático para los residentes, cada vez que se daba alguna fuga de confinados o algún incidente entre confinados y guardias penales.  (Y sólo por eso, yo no le hubiera ubicado desarrollos residenciales demasiado cercanos o a su alrededor, pero ya eso es otra historia.)

Pues bien, ahora resulta que ese mismo complejo de edificios que se aprecia en la foto aérea de arriba, de la noche a la mañana se ha visto en medio de una controversia.  No por una fuga de confinados más o menos peligrosos.  No por una rebelión de los confinados, de ésas que las organizaciones que los agrupan allí adentro organizan cuando tienen agravios—unos con razón y otros sin razón—para los que exigen reparación.  NO.  Porque ya el Oso Blanco cumplió hace tiempo con su función y ya no se está utilizando como institución penal.  Y allí ya no hay presos que se fuguen o que se rebelen.

Ahora es porque están derribando al Oso.  Pero, ¿para dar paso a qué?

Cierto es que se ha hablado de planes grandiosos, como el que se barajaba durante la época de la “emergencia fiscal” en la administración de gobierno anterior, de desarrollar allí una “ciudad de las ciencias”.  Algo que complementara el proyecto de Ciencias Biomoleculares de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas, cuya única cara visible en estos momentos es un edificio con paredes exteriores de vidrio—lo que me imagino que vendrá “súper bien” en caso de que a Puerto Rico lo azote un huracán durante la temporada que se avecina—y una ampliación vial que no parece terminar nunca o parece que se está haciendo sin mirar bien lo que se hace.

Si no me lo creen…

Carretera PR-8838 en el Barrio El Cinco de Río Piedras, frente al Edificio de Ciencias Biomoleculares de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Ciencias Médicas. Foto tomada el 13 de octubre de 2013 a las 9:28 AM (1328 UTC).

Esta foto la tomé la mañana del 13 de octubre de 2013, frente a lo que deberá ser a su debido tiempo el estacionamiento del Edificio de Ciencias Biomoleculares (detrás del matorral a la derecha).  Se supone que esto sea un carril adicional de la Avenida Ponce de León, donde ésta sigue la ruta de la carretera PR-8838, en dirección hacia el barrio Cupey.  ¿Notan algo raro?  Como que hay 2 postes del tendido eléctrico “metidos” en la futura vía de rodaje, ¿no?  ¿Y me creerían si les digo que a la fecha en la que escribo esta entrada (¡32 semanas después!), el lugar sigue igual que como lo retraté entonces?*

Pero volviendo al tema, a la fecha en la que escribo hará un par de semanas que comenzó una obra de demolición de la estructura principal del Oso Blanco.  Tanto la demolición como el propósito de la misma han estado escondidos bajo un manto de silencio y secreto.  Como si cualquiera que fuese el propósito de “la misión” corriera peligro si el público supiera el porqué de la misma.

Y ese manto de secreto no le ha caído bien a mucha gente, por ejemplo, a los arquitectos profesionales licenciados y colegiados.  Porque no se ha querido dar explicaciones en público.  Porque no ha habido ni la cortesía de explicar por qué un edificio que—queramos o no—cumplió una función importante para la sociedad puertorriqueña, al alojar a quienes fueron encontrados culpables de transgredir las normas de esa misma sociedad (por las razones que fueran), debe ser borrado de la faz de la tierra.  Como si fuera un borrón que afea el paisaje urbano y debe ser eliminado.  Como si la sola presencia de la estructura fuera tan amenazante como los más violentos de sus huéspedes—aquéllos que no mostraron arrepentimiento por sus transgresiones ni voluntad para rehabilitarse (y ésa es la realidad, nos guste como sociedad o no).  Como si ese complejo de edificios anidado entre urbanizaciones, carreteras y otros desarrollos no mostrara arrepentimiento por haber almacenado a esa parte del género humano que—seamos honestos y admitámoslo—nadie desea volver a ver por ahí.

Tal vez sea que alguna de esa misma gente que repudia esa fealdad no tiene la capacidad para ver la belleza en la fachada de la institución, con la que por lo menos se mantenía una semblanza de algo estético dentro de todo lo tétrico.  Fachada adornada con un mensaje noble—para quien quiera recibir y asimilar ese mensaje: “Odia el delito y compadece al delincuente”.

Pero a riesgo de exagerar un poco, a much@s de nosotros el asunto huele más que nada a especulación.  A un afán de especular con el valor económico de un terreno, irónicamente, en un momento de crisis económica.  Y esa especulación requiere que el terreno esté “limpio” de obstáculos, libre de cualquier impedimento que disminuya su valor en un apetecible mercado inmobiliario.

A mí, con toda franqueza, no me sorprendería si ésa es la razón para tanto misterio, para tanta urgencia de demoler el Oso Blanco, sin darle explicaciones a nadie, sin que haya una transparencia en los procesos que llevaron a determinar que se procediera de esta manera.  Y en eso, las administraciones políticas puertorriqueñas, del partido que sea (PPD o PNP), no son muy diferentes, le guste a quien le guste.

Pero es así como se hacen las cosas en este país.  Por satisfacer el afán de lucro se trata de borrar la historia de un plumazo.  Como si eso borrara un pasado nefasto.  Como si eso fuera “por nuestro bien”—aunque quién sabe cuántas maldades se esconden detrás de ese pretendido bien.  Porque ese pretendido bien es lo único que a nosotr@s nos tiene que importar.  Eso, y ninguna otra cosa.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.


* NOTA PARA REÍRNOS UN POCO: ¿También me creerían si les digo que la de los 2 postes mal ubicados es una de las 2 fotos más populares de las que tengo colocadas en mi cuenta de Instagram?  Debe ser porque tiene características de un clásico y miserable “FAIL!”, al que sólo falta escribirle el “meme”.  Es más, tengo una idea: si fracasa todo el proyecto en medio de una economía tan pésima como la actual, me gustaría proponer este lugar como la sede del nuevo evento olímpico de… redoble de tambores, por favor… ¡SLALOM DE CARRETERA! Thumbs upThumbs down 

La otra foto es la de mi reciente primer experimento culinario—o sea, como cocinero, no sean malpensados—friendo sorullos de maíz (y si alguno de mis lectores fuera de Puerto Rico no recuerda lo que son los sorullos de maíz, lo refiero a la segunda nota al final de una entrada anterior en este blog)…

Mi primera experiencia culinaria cocinando sorullos.

Digo, para ser mi primera vez (friendo sorullos, que conste) no estuvo tan mal.  Lo interesante es que esta foto parece ser la sensación entre muchas de las chicas que me siguen en Instagram… y uno que otro “chico” que me sigue también.  Eye rolling smile  Pero bueno, siempre y cuando en los comentarios yo no vaya a encontrar algo así como… Embarrassed smile … esteeeeeeeeee…

“¡Ay, papi!  ¡Qué rico tu sorullo!  ¡Rico rico rrri-cooooo!  ¡A que te lo como todito!  Red lips

… esteeeeeeeeee… ¡estaremos muy bien!


ACTUALIZACIÓN (27 DE MAYO DE 2014): Yo creo que les debo la foto de lo que mencioné al comienzo de la entrada:

Vista del Oso Blanco (hacia el centro, a la izquierda) desde el Edificio de Agencias Ambientales, Río Piedras, Puerto Rico). (c) 2014 Luis Daniel Beltrán Burgos. Derechos reservados.

En esta vista, el Oso Blanco queda detrás de la vía y la estación de Cupey del Tren Urbano.  Me imagino que si los intereses detrás de la demolición de la estructura se salen con la suya, el paisaje se verá muy diferente a como se veía esta mañana cuando tomé la foto.


ACTUALIZACIÓN (11 DE JUNIO DE 2014):

El Oso Blanco, o lo que queda del mismo, al 11 de junio de 2014.

Además de mostrar la necesidad de que vengan los de mantenimiento y le den una buena limpieza al ventanal del edificio donde yo trabajo… Annoyed … la foto muestra por dónde va la demolición del Oso Blanco.  Para que la comparen con la foto anterior y lleguen a sus propias conclusiones.


LDB