Fuenteovejuna en Sirte

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Title page of a comedy by Spanish playwright Lope de Vega - Image via Wikipedia

¡Adió’ cará’!  ¿Que ustedes todavía están aquí, leyendo esto?  Para mí esto demuestra una de dos cosas: que ustedes son tan fieles seguidores de este blog, lo que me da el honor—más bien, el privilegio—de llamarlos “amigas y amigos, mi gente”… o que el Ing. Harold Camping, o sea, el viejo loco ése que se la pasa proclamando “el fin del mundo” cuando él lo dice

(Redoble de tambores, ¿por favor?)

¡falló otra vez (y seguirá fallando)!  ¡A ver con qué excusa sale ahora!  Es más, permítanme hacer una predicción aquí (digo, para eso y mucho más éste es mi blog):

ESE SEÑOR MORIRÁ DE VIEJO Y/O DE LOCO UN DÍA DE ÉSTOS.

Y aunque tenga tanta probabilidad de que ocurra una cosa como la otra—o sea, que él muera de viejo y loco o que sólo muera de viejo—, ésa sí que es una predicción que no debe fallar.

OK, ya nos quitamos de encima a ese desquiciado, así que vamos a lo que vinimos hoy.

Lo primero que pensé mientras revisaba mi cronolínea de Twitter después del mediodía (en hora de San Juan) del jueves pasado fue algo así como, “Esto debe ser una broma, ¿verdad?”  Ya para entonces, los medios principales estaban dando cuenta de que las fuerzas rebeldes en Libia habían ubicado al depuesto dictador, el Col. Muammar Abu Minyar al-Qadhafi,* y lo habían capturado.  Digo, de ser eso cierto—y acuérdense, eso era lo que yo pensaba en ese momento—, significaba que él habría cometido algún error táctico que lo hubiera dejado al descubierto, que le hubiera dado un exceso de confianza en que podía salir del lío en el que estaba metido.

Lo que no me esperaba fue lo que observé un par de minutos después en mi cronolínea (y si se preguntan, es que estoy traduciendo literalmente la palabra “timeline”), cuando los servicios de noticias que sigo en Twitter informaban que Qadhafi había sido muerto por los mismos rebeldes que lo capturaron.  “Bueno, pero y… ¿qué es esto?  ¿Será que el individuo se resistió a que lo capturaran y por eso lo mataron?”  Digo, eso sonaría más parecido al dictador desafiante, egocéntrico y excéntrico (al punto de mandarse a hacer una pistola en oro—mostrada gustosamente al mundo por alguno de sus captores-ejecutores luego de consumarse el hecho), al hombre que por 42 años rigió con mano de hierro los destinos de su país, el que los países de Occidente le atribuyen auspiciar y fomentar actos de violencia contra otros seres humanos—como albergar a los dos nacionales de su país que mataron a 270 personas (11 de éstas, en tierra) cuando derribaron un avión de pasajeros sobre una villa escocesa en diciembre de 1988 (vía Wikipedia: en español, en inglés).  O por lo menos, yo no lo vería de otra manera.

Y según se iban confirmando los primeros datos, surgió que pudo haber habido otra manera… aunque mientras escribo esto, eso es algo que no se sabe con certeza—y quién sabe si nunca se sabrá cuál fue esa manera.  Pero las imágenes no podían ser equívocas: un coronel Qadhafi ensangrentado y golpeado, arrastrado por la calle por sus captores, en actitud desafiante, como si aún tuviera la facultad de intimidarlos para que lo dejaran ir, so pena de una fuerte y dolorosa represalia… sólo para aparecer hecho cadáver pocos segundos después, sin que hubiera alguna constancia de cómo llegó al final de sus días.  Sólo el cadáver ensangrentado en el piso, en medio de la turba.  Sólo lo que parece ser un agujero de bala en la sien izquierda, de esos que se ven pequeños de entrada, pero dejan un gran destrozo a la salida.

Francamente, eso es para que ustedes y yo nos preguntemos: ¿era eso realmente necesario?  ¿Acaso cuesta mucho apresarlo y llevarlo donde las nuevas autoridades libias (aun si éstas no están muy bien constituidas que digamos) para someterlo a juicio, y que sean esas mismas autoridades las que decidan su destino?  Digo, algo así fue lo que se hizo con Saddam Hussein en Iraq—con quien, por cierto, Qadhafi comparte ahora la dudosa distinción de haber sido capturado mientras se escondía en la tierra: el dictador iraquí, en un agujero; el dictador libio, en una tubería de drenaje pluvial.  Pero tengo que insistir de nuevo: ¿qué les costaba a los rebeldes enjuiciarlo, exponer a su pueblo y al mundo las atrocidades, los lujos, las excentricidades, las componendas, todo, todo, TODO?  ¿Tanta prisa tenían ellos por “hacerle un favor” a los libios, y por extensión, al resto de la humanidad?

Y aún así, no sería la primera vez en la Historia de la humanidad que ocurre algo así, especialmente cuando no se sabe exactamente quién hizo el disparo fatal:

“JUEZ: ¿Quién mató al Comendador?

“PASCUALA: Fuenteovejuna, señor.”

(Tomado de: Fuenteovejuna, por Félix Lope de Vega y Carpio [1562–1635].)

Tal vez, Libia se convirtió en la nueva Fuenteovejuna y los libios son ahora los villanos (en el sentido antiguo de la palabra, no en el de “los malos de la película”, mind you) que se tomaron la justicia en sus manos.

¿Qué me dice a mí todo esto?  Tal vez que llegan momentos en la vida de los pueblos, cuando éstos se cansan de los abusos repetidos de quienes ostentan el poder.  Tal vez que quienes abusan de ese poder, quienes violan la confianza que se les ha dado, se exponen a que el descontento estalle, como un envase cerrado al que le aumentan la presión y revienta—al no tener por dónde liberar esa presión.  Y cuando ese estallido se produce… hay que tenerle mucho cuidado.  Y si no lo creen, fíjense en Irak, en Egipto, o hasta en Haití.

Y eso es algo a lo que yo creo que algunos dictadores en funciones o en ciernes deben prestarle mucha atención, porque en ello se les puede ir la vida.  Total, que de nada les servirán los lujos, los placeres, y hasta las excentricidades—como la pistola de oro del dictador libio (que de “gran cosa” le sirvió).  Ahí no habrá salvación posible, no podrán evitar atenerse a las consecuencias.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Ah, y nos vemos en la próxima entrada, que será oficialmente la número 400.  ¡Como pasa el tiempo!


P.S. Aunque se podría “castellanizar” un el apellido de este señor como “Gadafi”, voy a optar por no hacerlo en esta ocasión.


LDB

De los hijos de papá…

AR-15 rifles showing their configurations with...
Image via Wikipedia

¡Y aquí estoy de nuevo, amigas y amigos, mi gente!  Gracias por esperarme… digo, ustedes me esperaron, ¿no?  ¡¿Que no?!  Llorón

OK, vamos ahora en serio.  Seguramente ustedes saben que yo no soy casado y que nunca he tenido hijos (digo, que yo sepa…).  (Y por si acaso, eso NO significa que “después de viejo” yo me vaya a meter a… esteeeeeeeeee… ¡a algo que no es lo mío!  That’s NOT going to happen!  PUNTO.)  Pero leo las noticias de los últimos días y pienso que si yo fuera padre de hijos como aquéllos de los que trata esta entrada, a mí se me caería la cara de la vergüenza.

Más o menos como se le debe estar cayendo la cara de la vergüenza al alcalde novoprogresista (o sea, del PNP para quienes leen esto fuera de Puerto Rico) del municipio de Canóvanas, José “Chemo” Soto, al enterarse de que uno de sus hijos, de nombre Christian, fue detenido esta pasada semana por agentes del gobierno estadounidense por aparentemente estar involucrado en actividades de trasiego de drogas a través del correo federal.  Algo que el atribulado (y de estado de salud algo precario) padre diría pocas horas después del arresto, que el muchacho “no tenía por qué hacerlo”.  (Y aunque el “distinguido” alcalde—que también es padre de la senadora del PNP por Carolina, Lornna Soto—no es santo de mi devoción personal por su pintoresca manera de perder el tiempo—cazando “chupacabras” y demás extraterrestres, viajando en un ataúd y escribiendo reclamos encima de su ropa para llevarlos hasta donde el gobernador de la Isla—, esta vez tengo que darle la razón.)

(Y por si lo quieren saber: ESO es algo que yo tampoco le haría a mis padres—y mucho menos se lo hubiese hecho a mi mamá, quién por cierto, acaba de cumplir los 11 años desde su partida física de este mundo.  Pero aún así, mi papá y yo sabemos eso muy bien.  Que quede claro.)

Y ciertamente no tenía por qué meterse en el trasiego de drogas, teniendo su buena preparación académica y teniendo sus buenas posibilidades para salir adelante en la vida.  Al punto de que ya él estaba preparándose para emprender una campaña para ser elegido como representante a la cámara (por supuesto, por el mismo bando político de su padre y su hermana).

Pero ahora digo yo: ¿Y qué hubiera sucedido si hubiera salido electo al escaño al que se disponía a pretender, y sin que él hubiera sido intervenido por las autoridades federales?  ¿Estaría coordinando sus negocios desde su oficina en el Capitolio?  Y para colmo de males, la noticia dice que en la redada se le confiscaron varias armas de fuego, entre ellas un rifle AR-15.  Tal vez él no sea el único de nuestras “joyitas” de la corona política puertorriqueña que lo tenga, pero… ¿para qué querría él un rifle AR-15?  Yo me imagino que no será para irse los fines de semana a cazar palomas y tórtolas…

¡Quién sabe!  Tal vez él se hubiera unido a otras figuras políticas que se han caracterizado por llevar sus negocios turbios a la casa puertorriqueña de las leyes.  Como un ex-sargento de armas cameral, hijo de otro alcalde, el de Fajardo, Aníbal Meléndez—quien presumo que también se le debió caer la cara de la vergüenza al saber que su hijo había sido arrestado hace algún tiempo, también por delitos relacionados con drogas.  Sin embargo, en este caso, este otro muchacho pareció salir “de oro”, al conseguírsele una colocación como “asesor” a unos US$3000 mensuales, en la oficina de otro legislador.

A lo mejor es cierto lo que dice el dicho, que “el que tiene padrino, se bautiza”.

Es vergonzoso, francamente.  Sumamente vergonzoso.  Como también es vergonzoso que sean las autoridades estadounidenses las que tengan que darse a la tarea de “limpiar la casa”, ya que quienes están llamados a mantenerla limpia, los que viven en esta casa, parece que están tan atorados en el “no hago más na” que mencioné dos entradas atrás, como para poderse preocupar de ponerla habitable.  Sí, las mismas autoridades federales que hace un mes divulgaron las serias deficiencias y los serios abusos cometidos por la Policía de Puerto Rico*—abusos que, contrario a la opinión de quienes quieren reescribir la historia oficial, no se limitan a los tiempos de la “antigüedad” (o sea, los años pre-2009).  (¡Ah!  Y que no se entere The New York Times, shhhhhhhhhh…)  Las mismas autoridades de la nación que algunos idolatran como si fuese “lo máximo”—siempre y cuando no se les metan con sus intenciones de seguir haciendo algo parecido a la “Chicago-style politics” (con mis más sinceras disculpas a quienes me estén leyendo en Chicago), porque entonces sí que son “los malos de la película”, o como dijo uno de estos “iluminados”, los “reyes de la feca”.

Y ésas son las mismas personas que le predican “los valores” a los demás, y no pueden ser capaces de vivir según esos valores.  ¡A mí que no me vengan con engaños!  ¡ESOS NO SON MIS AMIGOS!

Pero más allá de todo eso, es descorazonante ver cómo la delincuencia y el vicio han llegado a infiltrar los ámbitos del poder.  Esto hasta me pone a pensar un poco en la película, The Departed (Dir. Martin Scorcese, 2006), en la que los enemigos jurados se infiltran los unos a los otros, con consecuencias desastrosas, tanto para los unos, como para los otros.

Y también para l@s demás, para l@s que no tenemos nada que ver, para quienes—queramos o no—acabamos pagando por el daño que hacen (incluso a sí mismos) los hijos de ciertos padres.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, a través del blog, derechoalderecho, William Vázquez Irizarry colocó enlaces a varios documentos en los que se trata el tema de la corrupción y las violaciones a los derechos civiles por parte de la Policía de Puerto Rico—incluido el reciente informe del Departamento de Justicia estadounidense—, para quienes interesen más información.


LDB

Fue un momento de locura

¡Saludos, mi gente!

Para cuando estén leyendo esto, los ríos de tinta (y también de unos y ceros—después de todo, ésta es la era digital, ¿no?) habrán corrido en lo que se refiere al escándalo surgido desde que el jueves pasado se divulgó la existencia de una serie de 1179 fotos de médicos boricuas que fueron en misión humanitaria a socorrer a las víctimas del terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití y dieron la impresión de no conducirse como profesionales.  Fotos que a muchos nos hicieron recordar las que varios de los soldados estadounidenses se hicieron tomar en la nefasta cárcel de Abu Grahib , con el fin de mostrar “quién es el que manda” en Irak.  (Y en ese caso, sigo pensando que por mayor que sea nuestra ira contra los confinados de esa cárcel—y hasta los que están todavía en la base de Bahía Guantánamo en Cuba—por ayudar a poner al mundo en el estado de inseguridad que se vive hoy en día, nada… NADA nos da el derecho a humillar a ningún ser humano.  Nos guste o no, así no es que se supone que sean las reglas de juego, sobre todo en el tenso ambiente de nuestros días.)

(Por supuesto, la mención de Abu Grahib me trae a la mente el libro del Dr. Phil Zimbardo que llevo leyendo desde que escribí Cuando la hormiga se quiere perder—y que todavía no encuentro el tiempo para seguirlo leyendo, pero no se apuren, ya aparecerá ese tiempo…)

Fotos que uno de los miembros del equipo médico enviado por el Senado de Puerto Rico tras el terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití colocó en su página en Facebook, sin pensar ni medir en el momento las consecuencias que hoy en día le están trayendo.  (Consecuencias que al día en el que escribo, él apenas está empezando a ponderar… ¡pero ya es muy tarde para eso!)

Fotos que salen a la luz al pública al ser encontradas por la periodista de MegaTV, Dianne Cabán Arce, aunque haya quien pueda poner en tela de juicio los motivos para su divulgación.  ¿Será porque la periodista en cuestión tuvo el “atrevimiento” de modelar en bikini para el desaparecido programa de TV, “No te Duermas” (aunque habría que ver el efecto que ello ha tenido en su credibilidad como periodista desde entonces)?  ¿Será porque ella aparentemente estuvo envuelta románticamente con uno de los médicos que estuvo en la delegación y que sale en las fotos?  ¿Será éste otro ejemplo de la furia de la mujer despechada?*

(Y para colmo de males, parece que ella “pisó algunos callos” con la divulgación de las fotos, en tanto algunos de los implicados han estado haciendo amenazas en su contra, las cuales se ha pedido que se investiguen lo antes posible.  Pero así es la vida…)

Fotos que pintan un cuadro de insensibilidad ante el dolor ajeno, que pintan a unos médicos que parece que no tomaron en serio la labor humanitaria a la que fueron, que aparecen retratados en la vestimenta propia de su oficio mientras sostienen en sus manos vasos de bebidas alcohólicas, que se sonríen mientras sujetan una extremidad de un paciente en una mano y en la otra una segueta—con la que se presume que habrán de amputar la extremidad afectada—, que se lucen sujetando rifles, fusiles, carabinas, como para “demostrar” quién es el matón del corillo—y peor aún, con la presunta complacencia y complicidad de soldados a los que no parece importarle su deber con la misma institución que les brinda ese mismo uniforme.  (Y aunque yo tampoco estoy muy de acuerdo que digamos con la existencia de la guerra en este mundo nuestro, aun la institución que la promueve merece que quienes la integran le tengan la debida deferencia… pero ésa es sólo mi opinión.)

(Por no hablar de aquellas fotos en las que se retrata a los pacientes en situaciones poco dignas, como la paciente a la que sólo han dejado en la blusa con la que fue llevada a atender, más una gasa para cubrir sus partes íntimas… ¡y que a nadie se le ocurra hacer algo así en Puerto Rico o Estados Unidos con estas leyes de privacidad que existen actualmente!)

Por supuesto, si a mí me dicen que estas fotos responden a que los médicos en cuestión estaban buscando descargar las tensiones propias de tener que lidiar con la miseria, el sufrimiento y el dolor de los haitianos afectados por un fenómeno natural que casi los deja sin país—algo que por su parte debe alertarnos a nosotros y a los dominicanos para que no nos ocurra lo mismo—, tal vez yo lo podría entender.  Lo malo es que esas fotos han dejado un mal sabor, una mala impresión que ha dado la vuelta al mundo (y si aún no lo creen, hagan una búsqueda en Google con los términos, “Médicos+Puerto+Rico+Haiti”, a ver lo que resulta), que pone a estos médicos a la altura de los soldados burlones de Abu Grahib, en tanto crea la impresión de que estos médicos fueron a hacerles un favor a los haitianos, sin un compromiso real de mitigar su sufrimiento, sin el más mínimo asomo de compasión por las víctimas de esta catástrofe de la naturaleza.

A menos que me vengan a decir algo así como, “Oops!  Lo siento mucho, todo fue un momento de locura…”

Definitivamente, jamás yo me iba a imaginar que la falta de un buen sentido de responsabilidad—individual y colectiva—trajera las consecuencias que nos ha traído esta desagradable situación.  Pero ahí están esas consecuencias, y yo espero que esto nos sirva como un momento de aprendizaje, tanto a quienes lucen la insignia de la irresponsabilidad, como a nosotros, los espectadores de este bochornoso espectáculo.

Y ya, eso era.  Vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


* Por si se me olvida decirles a qué me refiero…

“Heaven has no rage like love to hatred turned
Nor hell a fury like a woman scorned.”

"The Mourning Bride" (1697), por William Congreve (poeta y dramaturgo inglés, 1670–1729).  (FUENTE:  The New Dictionary of Cultural Literacy, Third Edition.  Edited by E.D. Hirsch, Jr., Joseph F. Kett, and James Trefil.  © 2002 Houghton Mifflin Company.  Published by Houghton Mifflin Company.  All rights reserved.)

O sea: “No hay ira en el cielo como la del amor que se volvió odio, ni furia en el infierno como la de una mujer despechada.”


LDB

Cuando la Hormiga se Quiere Perder…

Cuando la hormiga se quiere perder, alas le han de nacer.

(Tomado de Refranero Popular. Desde mi pueblito nuevo, por Raquel G. Gómez, edición publicada por la propia autora en Bayamón, Puerto Rico, 1995.  Éste es un libro de refranes que compré en alguna ocasión, no sé si en las Fiestas de la Calle San Sebastián—cuando yo todavía me podía dar el lujo de ir, hace ya mil años luz—o si en una librería del Viejo San Juan, pero ya qué rayos…  Según la autora, este refrán significa que cuando una persona insiste en actuar incorrectamente, nadie lo puede evitar. — LDB)

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Hoy no creo que yo quiera estar mucho tiempo escribiendo, ya que me esperan unas semanas algo agitadas en mi trabajo.  Entre otros eventos, a fines de este mes estoy involucrado en una actividad que representa la aportación de Puerto Rico al año internacional de los arrecifes de coral (IYOR 2008), y eso es un compromiso al que no puedo decir que no.  (Ya lo deben estar viendo en la columna lateral del blog, bajo “Próximos Eventos”).

De todos modos, no quiero dejar pasar la oportunidad para llamar la atención al primer aniversario del lamentable evento ocurrido en el poblado costero de Punta Santiago en Humacao, cuando una intervención policial resultó en el asesinato de un ciudadano a manos de un policía (y sobre el que yo también tuve algo que decir; vea Los Vientos Violentos de Agosto.)  El agente policial que disparó las balas que segaron la vida de Miguel Cáceres ese trágico 11 de agosto de 2007, sentenciado a 109 años de prisión por lo sucedido, sufre actualmente las consecuencias que le acarrearon haber tirado por la borda su carrera policial, su reputación y su vida.  Consecuencias que bien pudieron evitarse, de no haberse excedido en el alcance de su autoridad, de no haber asumido una actitud prepotente, de no haberse sentido embriagado del poder sobre la vida y la muerte.

Pero bueno, ya esa agua pasó, y el molino que ésta mueve… pues, hace rato que se siguió moviendo…

Mientras tanto, siguen sucediendo cosas.  Cosas buenas.  Cosas malas.  Cosas peores.  Y un poco más abajo de esta última categoría, están los recientes desplantes de nuestros pseudolíderes políticos locales.  Cuando no es que los líderes de uno y otro bando se quieren disputar la paternidad de una medida que traería los “alivios contributivos sin precedentes” de los que tanto se ufanó el actual gobernador Acevedo Vilá en su campaña para las elecciones de 2004, es el ejercicio de arrogancia dictatorial de nuestros “distinguidos” parlamentarios estatales, en su afán de encabezar una investigación sobre el propio gobernador, que según los entendidos, no tiene más razón de ser que no sea obtener una ventaja política ante la inminencia de las elecciones del 4 de noviembre de 2008.  (Y seguro ellos estarán ¿pensando? algo así como… “Y la investigación de la Fiscalía Federal, ¡que se j…!  Total, la pelota está en nuestra cancha, y los Federales… ¡nos lo agradecerán después!”)

Si me preguntan a mí, yo diría que los actuales líderes políticos de Puerto Rico tienen toda la sutileza de una hoja de papel de lija… ¡de la bien gruesa, la que se utiliza para suavizar la madera!

Fenómenos como éstos me traen a la mente un libro que apenas estoy empezando a leer, y que nos propone una visión de cómo la gente que—a nuestro juicio—es esencialmente buena, es la misma que puede llegar hasta a cometer las mayores barbaridades contra otros seres humanos.  Me refiero al libro del psicólogo social estadounidense Philip G. Zimbardo, The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn Evil (New York, NY: Random House.  2008.  xxi+551 pp.)  El libro—cuyo autor dictó una conferencia en abril de 2008 en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras (San Juan, P.R.)—hace un relato de lo sucedido en 1971 en la Universidad de Stanford en California, durante el experimento penal del que el propio Zimbardo fue responsable, y cómo los hallazgos del mismo podrían explicar situaciones como las que ocurrieron en la prisión militar de Abu Grahib en Irak en 2003 y 2004.  (Para conocer más sobre este libro, visite el sitio web The Lucifer Effect, o vea la descripción del libro en el catálogo de Random House.)

De lo que he leído hasta el momento (a la fecha en que escribo esto, estoy por comenzar el Capítulo 4, de un total de 16), encuentro que hay una diversidad de razones por las cuales algunas personas, cuando se les dan las herramientas del poder, se sienten súbitamente embriagadas.  Se sienten dueñas de algo que en realidad es más grande que ellas.  Se sienten con la capacidad de controlar a todo y a todos a su alrededor.  Hasta dónde eso llevó a los interpretes de los “guardias penales” en este experimento, y cómo los interpretes de los “confinados” se vieron afectados, es algo que estaré comentando en futuros mensajes, según vaya avanzando en la lectura del libro dentro del tiempo del que dispongo (que de un tiempo para acá, no es mucho).  Pero a juzgar por las infames imágenes de Abu Grahib que recorrieron el mundo… o las de los hechos de hace un año en Humacao, que gracias a un valiente que estuvo allí filmando lo ocurrido con una cámara de vídeo, también recorrieron el mundo… ¡que Dios nos encuentre confesa’os!

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  ¡Hasta luego!

LDB

Asegurese De Que No Haya Un Helicoptero Sobrevolando Mientras Lee Esto

Saludos, mi gente. ¡Esto es lo que está pasando!

Bueno, parece que se atenuó un poco la controversia por la genial idea de elegir al cantante de reggaetón Don Omar como portavoz de la campaña en contra de la deserción escolar… aunque ése no sea el final de las controversias que persiguen a esta nueva modalidad musical. A cada rato sale un interprete de este tipo de música en problemas con la justicia, porque anda en su carro—generalmente un carrazo que a mí no se me ocurriría comprar, ni de chiste… ése no es mi estilo—armado o llevando drogas. Digo, siempre que no imiten el modelo que se sigue en los Estados Unidos (como lo demostró en su momento el rapero B.I.G.), estaremos “de lo más bien” (sic).

Pero no hace más que atenuarse ese asunto, salta a la palestra otro asunto para entretenernos. Esta vez se trata de los eventos del viernes 10 de febrero de 2006, en los que agentes del FBI repelieron al enjambre de periodistas que cubrían un allanamiento en un condominio en Río Piedras (específicamente en el apartamento de una líder comunitaria e independentista), en busca (y es lo que esa agencia dice) de evidencias de un “potencial acto terrorista” que ocurriría en Puerto Rico. (Por cierto, además de que tengo conocidos en la zona donde ocurrió el operativo, y de que una persona allegada a mí trabaja en las cercanías, debo admitir que me interesa esa zona, aunque por razones que me voy a reservar de momento.) La agencia federal alega que tuvo que proceder así, porque los periodistas habían superado el perímetro de seguridad establecido para el operativo, y (supuestamente) alguien entre ellos había lanzado objetos contra los agentes. Los periodistas, por su parte, alegaron que eso no fue así, que sólo estaban “tratando de hacer su trabajo” de informar al público lo acontecido allí. Por supuesto, eso NO justifica que los agentes federales repelieran la supuesta agresión periodística con gas pimienta…

¡SÍ! ¡ESO ESCRIBÍ! ¡LOS AGENTES LE ECHARON GAS PIMIENTA A LOS PERIODISTAS!

Ciertamente, fue un tremendo papelón el que desempeñaron ambas partes. La prensa, al exponerse a una situación que pudo haber degenerado en algo peor, y los agentes federales… ¡por tratar a los periodistas como si fueran… delincuentes peligrosos (por no decir, “como perros”)! Aunque como yo siempre digo, ni los unos ni los otros son hermanitas de la caridad, pero aún así, lo sucedido NO SE JUSTIFICA PARA NADA. ¡ABSOLUTAMENTE PARA NADA!

Y lo peor del asunto es que la dirección de dicha agencia en Puerto Rico todavía no ha querido explicar a qué vino la agresión contra la prensa, ni cuáles fueron las sospechas de “terrorismo” que dieron base para efectuar el allanamiento en ése y otros lugares de Puerto Rico (a menos que sea que las “armas de destrucción masiva” de Saddam Hussein están en algún lugar aquí en Puerto Rico… digo, ¡quién sabe!). ¿Será que descubrieron que OBL (cuyo nombre no me da gusto escribir completamente aquí) está en Puerto Rico? O será que siendo la residente del apartamento en cuestión una líder comunitaria, ¿a alguien le da miedo a que sus acciones ayuden a la comunidad a la que ella sirve a ponerse de pie y defender sus derechos? ¿Tanto miedo le tienen los gobiernos a que el mismo pueblo sea quien resuelva sus propios problemas, usando su propio esfuerzo en lugar de la ayuda gubernamental? Y hay muchos ejemplos de eso a través de Puerto Rico, es cuestión de buscarlos e inspirarse…

Pero lo que me parece más patético de todo ello es la justificación que cierto ex-gobernador y actual senador de distrito alega que es la verdadera intención detrás de estos operativos… ¡Que diz que el FBI quiere pintar a Puerto Rico como un “nido de terroristas” para que Washington no le conceda a la Isla su integración como estado de los EE.UU., y que diz que la verdadera razón del operativo era la “persecución contra los estadoístas” y no contra los independentistas! ¡QUÉ CO… perdónenme, casi se me zafa… PANTALONES!

La verdad es que situaciones como éstas no le hacen bien a nadie en Puerto Rico. A NADIE. ABSOLUTAMENTE A NADIE. No sólo crean un ambiente de tensión innecesaria, sino que desvía la atención y los esfuerzos que deben dedicarse a atender las necesidades mayores de nuestros hermanos. Ahora habrá que esperar si prosperan las demandas que pongan en corte los periodistas que se vieron “en la página de Cheo” por culpa de esta situación, así como las exigencias (probablemente tímidas) que el gobierno de Puerto Rico le haga al gobierno federal para que haya respuestas. Ya veremos qué sucede…

(Por cierto, como ejemplo de la tensión innecesaria creada por este incidente lamentable, el pasado viernes 17 yo me encontraba en el estacionamiento del Jardín Botánico en Río Piedras, a la espera de acudir a la sesión de la tarde de un simposio sobre arrecifes de coral. Mientras conversaba con varios de los asistentes a la actividad, noté que sobre nuestras cabezas voló un helicóptero oscuro, sin mucha numeración que lo identificara. El aparato estaba volando en círculos sobre el área adyacente al Jardín Botánico, conocido como la Barriada Venezuela de Río Piedras. Entre nosotros hubo algún comentario de que algo estaba pasando en aquella barriada obrera, “como todos los días”; pero a mí se me ocurrió pensar si aquello no sería la continuación del operativo de la semana anterior. La verdad es que cosas como esa dejan bastante que pensar…)

Pero bueno, vamo’al mambo…

¿QUÉ HAY DE NUEVO ESTA SEMANA (20—26 DE FEBRERO DE 2006)? La de cosas que pudieran ocurrir si usted cae de…tonto y abre un mensaje de email infectado con un virus… Un concurso de perros que deja chiquito al de Westminster (New York)… Dos señoras de la tercera edad están tratando de decidir cómo vestirse para el baile que se avecina… Y… Un viajero de negocios está solito en su hotel y busca cómo “resolverse”.

Así que ya lo saben: Si el Conde quiere bailar, será al son que le toque Fígaro aquí.

Bueno, ahora sí los dejo. Cuídense mucho y pórtense bien. Bye!

LDB