El día en el que la música y la magia se nos fueron

Muchos años después, yo recordaría aquella experiencia vivida durante “los setentas”, de ver a Cheo confesar su verdad en un anuncio de servicio público por televisión.  Ver cómo admitía haberse dejado seducir por las drogas.  Ver cómo se sinceraba al admitir que ello le había costado su libertad.  Ver cómo dijo que tuvo que dejar esa adicción: “romper en frío”.  Así, de cantazo.  Con todo el dolor que representa la abstinencia de la heroína y quién sabe qué otra sustancia más.  Con esa agonía, esas ganas de que todo se acabe pronto, que el suplicio termine ya.  ¡YA!  Para entonces admitir de todo corazón que no quería que eso le ocurriera a nadie más y entonces proclamar, “¡Detente!  ¡Ni una vida más para la droga!”*

(Por supuesto, de mi diario caminar por la vida, sé que una cosa es el llamado y otra muy distinta es el caso que se le haga.  Pero ya eso es otra historia.)

Pero esa sería una de muchas cosas que yo recordaría ese Jueves Santo.  Como el dueto que Cheo hizo con su compueblana, la diva (dicho en el mejor sentido que pueda tener esa palabra) ponceña Ednita Nazario, para otro anuncio televisivo de servicio público.**  Y digo lo que sigue sin que quede me nada por dentro: 2 de las mejores voces de Puerto Rico, unidas para exhortar mediante la canción a preocuparnos por nuestra gente, por quienes necesitan de nuestra mano para poder atender sus situaciones difíciles y salir a flote en la vida.  Tal vez todo lo que faltaba en medio de un anuncio hecho tan elegantemente y tan en serio, fuera que Cheo lanzara su grito característico de… “¡FAMILIA!”  Pero aun si así lo hubiera hecho, ello hasta se le hubiera aplaudido.

Y muchos años después, en la mañana de ese 17 de abril de 2014, en el que quedé atónito al leer en mi teléfono inteligente que José Luis Feliciano Vega… sí, ése mismo, Cheo Feliciano, había fallecido en un accidente vehicular ocurrido en el área sanjuanera de Cupey a eso de las 4:15 AM (08:15 UTC), a poca distancia de su residencia, se lo aplaudiría también.

La tachuela roja marca el lugar donde ocurrió el accidente vehicular en el que falleció el cantante José Luis "Cheo" Feliciano Vega el 17 de abril de 2014 a las 4:13 AM (0813 UTC). El lugar está a unos 100–200 metros del puente de la Avenida Ana G. Méndez (carretera PR-176) sobre el Río Piedras y a unos 600 metros más o menos de la Universidad Metropolitana (UMET).
La tachuela roja marca el lugar donde ocurrió el accidente vehicular en el que falleció el cantante José Luis “Cheo” Feliciano Vega el 17 de abril de 2014 a las 4:13 AM (0813 UTC). El lugar está a unos 100–200 metros del puente de la Avenida Ana G. Méndez (carretera PR-176) sobre el Río Piedras y a unos 600 metros más o menos de la Universidad Metropolitana (UMET).

Pero no, ése no era un momento para aplaudir.  Sobre todo porque la revelación era doblemente estremecedora para mí.  Primero, porque antes de que empezaran las obras de construcción “en los alrededores de la estación del del Tren Urbano en Cupey”, yo solía pasar por ese lugar todos los días laborables al salir de mi trabajo (o de camino hacia éste, si el tránsito no era el normal de los días de semana, cuando se formaban los molestos “tapones” a la entrada de la Universidad Metropolitana o UMET).  Peor aún: ¡yo había pasado por el mismo lugar 2 días antes, cuando los estudiantes de la UMET estaban de receso por Semana Santa (¿o sería el descanso post-Justas Interuniversitarias?) y el tránsito era liviano, para variar!  ¿Cómo yo podría imaginar que ese mismo lugar sería el escenario de una tragedia 2 días más tarde?

Pero lo segundo era más estremecedor.  No era ninguna broma pesada—algo impensable en un Jueves Santo (aunque uno nunca sabe).  Era la realidad que golpeaba duramente, como siempre lo hace, al saberse que Cheo había perdido el control de su auto y se había estrellado contra un poste del alumbrado eléctrico—y para colmo (y lo voy a decir aquí con el mayor respeto posible), ése no era el momento más adecuado para acordarse de tener abrochado el cinturón de seguridad antes de poner el vehículo en movimiento.  Y él no lo llevaba abrochado al momento del impacto.  Pero así son las cosas.

Y conforme lo confirmaban los medios que trabajaban ese día a pesar del asueto (y si alguien tiene alguna duda, vea lo que la periodista Sandra Rodríguez Cotto escribió de inmediato en su blog sobre la cobertura que hicieron los medios), esa realidad se hacía permanente, se grababa en piedra, y no había manera de evitarla.  Desde el príncipe hasta la cortesana, todo el mundo lo supo.  Hasta periódicos de la “distingancia” (¡de nada, doña Jacinta!) de The New York Times y el New York Daily News dedicarían notas a su deceso, notas en las que lo calificaban de elegante (o si lo prefieren en inglés, “debonair”), de icono, de leyenda de la salsa.

(Y si leyeron la entrada del blog de la señora Rodríguez Cotto mencionada en el párrafo anterior, se habrán dado cuenta de que el lugar del accidente prácticamente se convirtió en punto de peregrinaje para mucha de su fanaticada, una vez se dijo lo que allí ocurrió—y hasta de uno que otro encontronazo con las autoridades que estaban manejando la zona para no afectar su investigación.  Pero total, así es como comienza el culto a los grandes cuando nos dejan, digo, así es que me parece.)

Pero ésa no sería la única sorpresa que el destino tenía reservada para ese día.

Dos de mis obras favoritas de Gabriel García Márquez: 'Cien Años de Soledad' (1967) y 'Noticia de un Secuestro' (1996). Otra de mis obras favoritas de Gabriel García Márquez: 'El amor en los tiempos del cólera' (1985). Al lado, la versión cinematográfica de 2007 (dir. Mike Newell) en DVD.

“¡Y aquí se nos va otro!”, fue mi reacción al enterarme la misma tarde de que Gabriel José de la Concordia García Márquez, o mejor, el Gabo, el sinónimo del “realismo mágico”, había dejado de existir terrenalmente (y mientras escribo esto, no se ha establecido públicamente la causa del fallecimiento).  Y eso, que para mí no es común que 2 figuras públicas importantes terminen su estadía en este valle de lágrimas el mismo día.  (O por lo menos no desde el 25 de junio de 2009, cuando la actriz Farrah Fawcett había muerto en la mañana… sólo para verse opacada horas más tarde por la muerte del “rey del pop”, Michael Jackson—y nadie más acordarse de ella desde entonces (excepto quien quiera verlos mencionados en una entrada anterior).  Y gústele a quien le guste, esa es la verdad.  Pero como me lo dijo alguna vez un ex-compañero de trabajo, “no siempre se gana”.)

En ésas vinieron a mi mente recuerdos como el de mi primer encuentro con la literatura del Gabo, unos 30 y tantos casi 40 años antes, a través de la lectura del libro, Cien años de soledad (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1967).***  Aún recuerdo mi fascinación con ese mundo tan extraño pero interesante, con sus sueños, esperanzas y tragedias, con sus personajes tan reales como lo absurdo que de sus vidas—alguno de los cuales me serviría de pie forzado para criticar la conducta de otros personajes más reales, pero que se comportan de maneras igual de absurdas.  (Después de todo, ¿no se supone que a eso se refiere la frase de Pirandello que yo uso en el “tagline” de este blog?)

Siempre será parte de mí y de lo que soy esa fascinación con una comunidad como la de Macondo, que puede ser cualquier comunidad latinoamericana, en pleno proceso de vida, que nace, prospera, decae y muere.

O qué decir de El amor en los tiempos del cólera (Bogotá: Editorial Oveja Negra, 1985), con un Florentino que persiste en alcanzar el amor de Fermina (la mujer que siempre amó), o más bien, que busca mantener viva la llama de la esperanza.  Total, ¿no es eso lo que perseguimos tod@s?  ¿Mantener viva esa misma llama?  ¿Quién dice que no?

O qué tal ese encuentro con el estilo de crónica que ayudó al Gabo a llegar a donde lo llevó su fama, a través de la Noticia de un secuestro (New York: Penguin Books, 1996), sobre el secuestro de figuras públicas prominentes por los narcotraficantes que alguna vez creyeron tener a Colombia bajo su bota.  (Otro duro golpe de la realidad de nuestros tiempos, de la realidad de nuestra América.)  Y pensar que tuve ese encuentro después de la insistencia de otro ex-compañero de trabajo (aunque muchos años después nos reencontraríamos trabajando en el mismo edificio, para entidades medioambientales distintas) de que lo leyera.  De hecho, una revelación que tuve con ese libro fue la de descubrir que cada quien usa a Dios y la religión a su manera, como lo ilustra la manera en la que los sicarios se persignan y hacen sus ruegos, pero no por lo que lo harían quienes verdaderamente creen en la bondad, la misericordia y el amor por los semejantes.

Por supuesto, que a fin de cuentas tengo que darle las gracias a mi ex-colega y hoy vecino de edificio por la insistencia.

Pero sea como sea, lo que yo me llevaría como lección de la partida física de dos grandes, distintos en su lar nativo y en su emprendimiento de vida, es apreciar lo que cada uno aportó al género humano.  Desde la precisión del soneo de Cheo hasta la destreza con la que el Gabo manejó la palabra, desde la elegancia con la que Cheo entonaba melodías románticas como “Amada Mía” (compuesta por José Nogueras) hasta el arte del Gabo para convertir una situación por demás absurda en una imagen con la que evocar la fantasía, y ambos asumiendo su responsabilidad de expresar el sentir de sus pueblos respectivos, de sus ansiedades, de sus esperanzas.  Y ciertamente, ambos seguirán vivos, muy vivos, en los frutos de sus respectivos esfuerzos y en el corazón de toda una humanidad agradecida.

Y por eso hoy, yo también quiero darles las gracias, a ambos, a Cheo y al Gabo, porque siempre serán parte de lo que soy y porque gracias a ellos puedo seguir aspirando a un mundo mejor.

Mientras tanto, quiero tomarme la libertad de cerrar como Cheo lo haría, al final de su interpretación de “Los Entierros”, de su compadre, Catalino “Tite” Curet Alonso (1926–2003)**** (con quien seguramente se habrá reencontrado—y lo más seguro es que allá se debe haber empezado a formar tremendo rumbón):

¡Buen viaje, Cheo!  ¡Buen viaje, Gabo!

¡Buen viaje!


* Por si acaso: Se trata de una campaña que el periódico El Nuevo Día tuvo durante la década de 1970, bajo el lema, “¡Ni una vida más para la droga!”, para crear conciencia sobre el significativo—ya para entonces—problema en el que la adicción a drogas se estaba convirtiendo.  (La misma también tuvo otra ejecución en la que el testimonio era el de nuestra Voz Nacional, Lucecita Benítez, pero ya eso debe ser tema para otra entrada.)

** También por si acaso: Se trata de una campaña de la entidad-sin-fines-de-lucro, Fondos Unidos de Puerto Rico (la afiliada boricua de United Way), emitida—si mi recuerdo es correcto—a mediados de la década de 1980.  No sé si haya algún vídeo de este anuncio en YouTube (dudo mucho que del de la nota anterior haya alguno), aunque sería buena idea investigar eso.  Si lo encuentro, les dejaré saber.

*** Aquell@s de ustedes que no se quieran pasar el trabajo de leer la obra completa, les interesará la descripción de la obra en Wikipedia (en español).

**** OK, una nota más: Aquell@s de ustedes que no conocen la letra de esa canción, les recomiendo que la vean en el enlace en el texto.


LDB

No Me Pregunten Por Marquito y Juanita

Hola, mi gente. ¡Esto es lo que está pasando!

La semana que acaba de terminar estuvo bastante tranquila. A menos que sea que yo estoy tan dedicado a mi trabajo que no me quiera enterar de que hay un mundo allá afuera. Y más aún de que a ese mundo se acaba de mudar la producción de ooooooooootraaaaaaaaaa película de Hollywood. Específicamente la que están filmando los tortolitos… ¡perdón!… la pareja de actores y cantantes que llamaré afectuosamente “Marquito” y “Juanita”.

Se trata de una película sobre la vida del “cantante de los cantantes”, Héctor Juan Pérez-Martínez, mejor conocido como Héctor Lavoe (9/22/1946—6/29/1993). Que de todos modos, no es la única que se está filmando sobre el mismo tema en estos momentos (además de que ambas ni siquiera son originales en los títulos; la de Marquito y Juanita se titula “El Cantante”, mientras que la otra que se está filmando en Ponce, lugar natal de Pérez-Martínez, se titula The Singer… ¡Qué co… perdón… pantalones!) Pero lo importante es que en el Viejo San Juan se está viendo el mismo circo de siempre, con cámaras, equipo, alcahuetes de producción y demás pa’quí y pa’llá… ¡y ni hablar de cuanto periodista de aquí y de allá se pueda dar vuelta por el set!

Y como suele suceder, siempre algún periodista sale mal en algún incidente relacionado con todo ese show. La última vez que yo me acuerde, fue cuando Sly Stallone (mientras filmaba Assassins con Antonio Banderas) mandó a uno de sus gorilas a quitarle la cámara a un camarógrafo de WAPA-TV… ¡porque lo mangó “haciéndole el cuento bobo a una muchacha local! Pues lo más reciente fue el jueves pasado (6/26/2006), cuando una telerreportera de WKAQ-TV/DT, por meterse más allá de donde tenía que meterse… OK, me refiero a que se metió más allá de donde está la línea de seguridad de la producción… ¡se llevó tremendo cantazo de un camión cuyo conductor estaba mirando pa’l ca… perdón… pa’l infierno viejo (como lo hubiera dicho mi madre)! Afortunadamente, ella no sufrió daños físicos mayores en el accidente.

Total, ya quedará por verse si todo el esfuerzo que hagan en la filmación de una u otra película valió la pena, especialmente a la hora de ver cuánto se recaudó en la taquilla. Mientras tanto, ¡paz y amor!… ¡y Marquito y Juanita muy cariñosos, dándose besos por ahí!

(¡Ojalá que eso les dure mucho!)

Mientras tanto, “¡vamo’ al mambo!”

¿QUÉ HAY DE NUEVO ESTA SEMANA? Una niñera que… ¡como que no sabe seguir instrucciones!… ¡Se revela el secreto! Cuáles deberían ser los nombres de sus artistas favoritos… Coincidencias macabras entre Abraham Lincoln y John F. Kennedy… Las verdades de la vida, desde el punto de vista de los perros… E… Instrucciones de uso… ¿para una camiseta (t-shirt)?

(¡SÍ! Porque si escribo “Y… Instrucciones de uso…”, ¡como que eso no está bien dicho! ¿Verdad?)

OK, repitan conmigo: Aquí es que es, aquí es que es.

Bueno, con eso los dejo por lo pronto. Cuídense mucho y pórtense bien. Bye!

LDB

No, No Estoy Perdido Na’

Saludos, mi gente. ¡Esto es lo que está pasando!

OK, ya sé que les habrá extrañado no haber visto mi mensaje habitual el domingo pasado. La verdad es que no me sentí el domingo pasado con muchos deseos de escribir, además de que lo que estaba ocurriendo entonces no valía la pena comentarlo mucho. Pero… ¡que no cunda el pánico! Aquí estoy como siempre, viendo la vida desde mi punto de vista.

Así que para que no se me vaya a formar un “tapón” peor que el que se formó en la mañana de hoy (20 de enero) en Bayamón, a causa de un accidente de tránsito ocasionado por un conductor ebrio…*

¿QUÉ HAY DE NUEVO ESTA SEMANA? Un hipocondriaco va al médico porque sospecha algo… ¿Un programa de 12 pasos para adictos a la web?… Un vendedor de aspiradoras pone demasiado entusiasmo en su primer intento de venta… ¿Por qué Pamela Anderson (ustedes saben quién es ella… ¡no se hagan…!) exige que se remueva el busto del Coronel Sanders del Capitolio estatal de Kentucky?… Premian la mejor obra de ficción literaria de 2005… Un soliloquio de Macbeth… ¡dirigido a un hamburger!… Y… Un examen de entrada a la universidad, que el que no lo apruebe, ¡se quedará colga’o!

Como siempre… ¡por aquí, que es camino!

OK, ahora que me han vuelto a ver, les dejo con eso hasta el domingo. Como siempre, cuídense mucho y pórtense bien, ¿OK? Bye!

* Por cierto, en el accidente al que me refiero hubo dos víctimas fatales, uno de los cuales era un policía que en el momento estaba dando asistencia mecánica a un conductor (que es la otra víctima fatal en este caso). Menciono este incidente para hacer referencia en el tiempo, y por la sencilla razón de que esa fue la comidilla del día hoy viernes, no sólo por lo trágico de los hechos, sino porque aparentemente el conductor que causó el accidente venía de darse qué sé yo cuánta cantidad de licor en las Fiestas de la Calle San Sebastián (en progreso mientras escribo esto). Definitivamente, éste es un “fin de fiesta” que NADIE… ABSOLUTAMENTE NADIE se merece tener.

LDB

Con La Cuellerita… Ella Se Ve Mas Bonita

Saludos, mi gente.

Pues sí, esta vez no tengo mucho que decir. La semana ha transcurrido un poco aburrida… tal vez muy aburrida para mi gusto. Ni siquiera los huracanes se están dando vueltas por aquí… y eso, que estamos en el periodo del mes de septiembre en el que se supone que los veamos a menudo pasar por nuestra isla, como sucedió con Hugo (1989), Georges (1998) y Jeanne (2004). Pero mejor que sea así…

…o tal vez no, porque los huracanes se están yendo para el Golfo de México y el Sur de los Estados Unidos, y lo estragos que están dejando son terribles. Sobre todo en lo que se refiere a las operaciones petroleras en esa zona… con lo que ello representa para quienes tenemos que estar echando US$40+ de gasolina para nuestros vehículos… ¡AAAAAARGHHHHHH!

Pero lo importante fue que no hubieron muertos…

OOPS! Acabo de “poner un huevo”… Pero total, hay quienes cometen errores tan y tan espectaculares que eso es lo más que se puede esperar de ellos… o ellas. Para botón de muestra basta con ver lo que sucedió con la modelo Maripili Rivera el fin de semana pasado, cuando al hacer caso omiso a las indicaciones de un policía de tránsito en San Juan se buscó un choque frontal con otro vehículo al que sí se la había indicado que continuara su marcha. (Por cierto, para quienes no la conocen muy, pero que muy bien, la frase entre las comillas la dijo ella, luego del accidente.) Peor aún, ella llevaba a su niño de dos años en el asiento delantero, donde no se suponía que estuviera sentado (y donde recibió el golpe de la bolsa de aire cuando ocurrió el impacto).

A mi juicio, eso es algo que a ella le acarreará bastantes problemas (total, aparte de haberse lastimado el cuello ¿qué importa uno más?) ante la justicia, ya que en Puerto Rico (para no ser menos que los EE.UU.) la ley requiere que todo niño menor de 4 años vaya en un asiento protector y éste debe estar atado al asiento de atrás del vehículo de motor. Habrá que ver cómo sale ella de esto. Lo que sí espero… ¡por el amor de Dios!… es que ella no haga una de sus barrabasadas verbales habituales cuando tenga que responder por lo sucedido… Aunque yo creo que ella está algo consciente de eso, cuando dijo no hace mucho,

¡Calladita, me veo más bonita!

Pero bueno, vamos a otra cosa…

¿QUÉ HAY DE NUEVO ESTA SEMANA? Curiosas inscripciones en las lápidas de los viejos cementerios… Asaltan a una tortuga en las calles de Nueva York… De qué se quejaba la gente allá para 1957… Y… Por qué no es tan buena idea disciplinar a su niño o niña… ¡obligándole a leer una obra de Shakespeare! (¡Total! Yo tampoco esperaría que Maripili le hiciera eso a su niño…)

Aquí es que es… Aquí es que es…

Bueno, ojalá que la próxima semana sea más interesante. Cuídense mucho y pórtense bien…

¡Ah! Y por favor, no se olviden de ayudar a la Cruz Roja y a aquellas entidades humanitarias bona fide que están ayudando a las víctimas de los huracanes Katrina y Rita. ¿OK? Bye!

LDB