Se revela el misterio: La culpa no es de los “animalitos peligrosos”

Household electric meter, USA
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Amigas y amigos, en la prensa de hoy (28 de septiembre de 2010) ha trascendido un análisis de la fórmula empleada por la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE) (portal en español; el mismo portal, pero en inglés) por medio de la cual le fajan le roban le cobran el costo de la electricidad a los abonados del sistema eléctrico.  Ciertamente esto debe dar al traste con otras explicaciones fantasiosas sobre por qué los puertorriqueños tenemos que estar pagando precios de oro por un servicio esencial para nuestra vida diaria, para nuestro bienestar y para nuestro desarrollo económico.

Permítanme dar un par de paseítos down memory lane.  Por ejemplo, ¿se acuerdan cuando en junio de 2008 les planteé el caso de la factura de electricidad de mi residencia?  (Y por si acaso, los énfasis son los de la entrada original.)

“¿(M)e creerían si les digo que la factura de electricidad de mi residencia para el mes en curso refleja un monto cercano a los US$250.00?  (¡Y eso, que no hace ni dos años pensábamos en mi casa que una factura de electricidad de US$50.00 era cara!)  Lo malo es que apenas un 17% de ese total es el cargo por la electricidad realmente consumida en mi residencia. Pero lo peor es que la mayor parte del monto restante (o un 80% de esa diferencia) es un cargo para la compra de combustible.  Ése es un cargo que para mí nunca ha tenido mucho sentido, y que históricamente… (la AEE) ha aumentado o disminuido (más aumentado que disminuido, que conste) según le ha sido conveniente….

“¿No sería entonces mejor cambiar el nombre de la corporación pública a algo así como ‘Autoridad para la Compra de Combustible’, sobre todo si quienes tenemos que cargar con ese muerto somos nosotros?”

No pasaron ni cuatro meses del 2008, cuando el entonces director de la AEE le obsequió al pueblo de Puerto Rico esta “joya” explicativa sobre el alto costo de la electricidad—que como joya al fin, le salió bastante cara al final:

“Pues sí, más o menos eso fue que hizo… el Director Ejecutivo de la (AEE)…, Ing. Jorge Rodríguez, cuando contestó a la pregunta de una entrevistadora radial sobre los factores que han llevado al increíble aumento en el costo de la electricidad que se provee a los abonados.  El funcionario citó el caso de un abonado de la AEE que había visto un aumento en la factura de electricidad de su vivienda, que atribuyó a que unos ‘animalitos’ que él no describió habían penetrado el susodicho medidor, y que por ello el abonado tuvo que pedir que se le diera un crédito por la cantidad de electricidad consumida en exceso, cada vez que uno de estos ‘animalitos’ se electrocutaba dentro del medidor.

[…]

“Sea como sea, el caso es que esta expresión del Director Ejecutivo de la AEE le ganó una rechifla bastante grande entre el público general, al punto de que (dos días después), el funcionario se estaba disculpando públicamente por haberla hecho.  Pero ello no quedó ahí, ya que ese mismo día se supo que el abonado que había sufrido la lamentable experiencia con los ‘animalitos’ en su medidor de electricidad, y que había solicitado el crédito en su cuenta… ¡era el propio Director Ejecutivo de la AEE!”

OK, ¿qué tal si hacemos fast forward hasta el día de hoy?  El director del Centro para la Nueva Economía (CNE) reveló algo que voy a dejar que lo expresen las primeras líneas del artículo que lo reseña:

“La fórmula para calcular el factor de ajuste por concepto de compra de combustible ha sido el secreto mejor guardado de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) desde que empezó a utilizarse en 1948, porque la ecuación fue diseñada para proteger sólo a la corporación pública, favorecer la sobrefacturación y castigar al abonado cargándole hasta el doble por su consumo.”

(FUENTE: El misterio de su factura eléctrica: Sepa por qué la electricidad es tan cara.  El Nuevo Día, San Juan, P.R., 28 de septiembre de 2010.)

Según el artículo, la fórmula tiene cuatro componentes:

  1. Un “ajuste” por concepto de la compra del combustible (derivados de petróleo) que se utiliza en la generación de electricidad;
  2. Un “ajuste” por concepto de la compra de la energía producida por dos plantas co-generatrices que operan en la costa sur de Puerto Rico (una—EcoEléctrica—a base de gas natural y otra—AES—a base de carbón);
  3. Un cargo fijo de US$3.00 (US$3,00) para el manejo y servicio de la cuenta del abonado (o sea, para cosas así como el costo del franqueo postal de la factura); y
  4. El cargo por el consumo real de electricidad—que si vuelven un momentito hacia atrás en esta entrada, verán que es el 17% del total al que me refería en el caso de mi factura.

El artículo añade que los dos componentes de “ajuste” utilizan factores similares, algunos de cuyos componentes tienen que ver poco o nada con la electricidad.  Entre estos componentes están el costo de la electricidad consumida por los 78 municipios de Puerto Rico y el costo de la electricidad que la AEE pierde (principalmente por las instalaciones ilegales conocidas popularmente como “pillos de luz”) y no puede cobrar… ¡y no hace falta decir a costa de quién lo vienen a recuperar!  Añádase a esto un “ajuste” inversamente proporcional por el consumo de barriles de petróleo para la generación de electricidad (o sea, que mientras más petróleo se consume en el mes, menos le cobran al abonado, y viceversa)… ¡y póngase a llorar!

Para no estar vaciando el artículo completo aquí, digamos que todo lo anterior se presta para la sobrefacturación, al multiplicar el consumo real de electricidad por una cifra total que resulta ser inflada, o sea, que se paga hasta el doble de lo que debería ser una cantidad justa y razonable por un servicio público.

Francamente, la explicación que da el CNE sobre el alto costo de la electricidad en Puerto Rico me parece más lógica y con más sentido que aquélla sobre los “animalitos” que penetran los medidores de consumo eléctrico y se electrocutan allí, para causar un mayor consumo de energía en el proceso.  Pero al igual que el enfermo que se niega a ver su propia realidad (y ya saben que ése es el primer paso hacia la recuperación), la AEE se niega a aceptar que se esté facturando excesivamente el costo de la electricidad, o hasta que en ese proceso se sea injusto con los abonados.  (Y para lograr que la AEE admita algo así… ¡se necesita de Dios y su santa ayuda!)

Yo, por mi parte, prefiero creer en el análisis ponderado de la situación, en un análisis que me dé una explicación lógica y racional de por qué tengo que pagar un costo exagerado para poder tener asegurado mi bienestar y mi tranquilidad… y no en una “gansería” irresponsable como el cuento aquél de los “animalitos peligrosos”.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB