Me pareció haber escuchado un eco

Shutdown button MouseHover.
Shutdown button MouseHover. (Photo credit: Wikipedia)

La verdad es que hay que ser temerario.  Hay que ser tan capaz de sacrificar las piezas de un juego sólo por mostrarle al mundo que se está ganando una batalla.  Sólo por hacer ver que eso es lo que quieren los combatientes—ya sea que esa expresión de “satisfacción del deber cumplido” sea sincera o un simple desliz mental.

Sea como sea, eso es lo que estoy viendo, ahora que el gobierno de la que se hace llamar “la nación más poderosa del mundo” está de cierre.  Sí, amigas y amigos, mi gente.  El gobierno de los Estados Unidos de América está de cierre (“shutdown”, en el idioma en el que alguna gente en algunos bastiones pudientes de Puerto Rico pretenden que muchos de nosotr@s hablemos, ¡aunque ni ell@s mism@s lo sepan hablar bien!).  Y los empleados del gobierno federal, particularmente los que no desempeñan funciones esenciales e imprescindibles para la nación estadounidense, están de receso.  Un receso durante el cual no pueden cumplir con sus responsabilidades económicas ni atender “como Dios manda” las necesidades de sus familias.  Y esas familias se deben estar viendo en estos momentos en la disyuntiva de no saber si se podrá pagar la hipoteca de la casa este mes, o llevar a los niños a la escuela o a los infantes al cuido, o darles una alimentación digna, o comprar los medicamentos “de mantenimiento” si padecen condiciones de salud que les seguirán hasta la tumba.

Y todo eso, por la maldita temeridad.  Por la temeridad de bandos políticos que no tienen la madurez, ni la fuerza de carácter que se requiere para atender situaciones tan graves como ésta.  Bandos cuya única razón de ser es acumular puntos con sus huestes.  Ya sean republicanos de esos que harían de todo por sacar de carrera a un presidente “otro” (y entenderán por qué lo escribo como lo ven aquí) al que nunca quisieron—y para lo cual, de todos modos, ya se les está haciendo un poquito tarde, a menos que lo quieran hacer el mes antes de las elecciones federales de 2016—o los demócratas encabezados por el presidente Barack H. Obama, empeñados en imponer lo más cercano a una cobertura de salud universal (cariñosamente llamada “Obamacare”) a como dé lugar, son bandos a los que no les importa sacrificar a los demás, siempre y cuando no les toque a ell@s compartir ese sacrificio con los demás—dicho eso con una cara “de lechuga”, así de fresca.

¿Les suena conocido todo lo anterior?  Por supuesto que debería.  Primero, porque en Puerto Rico pasamos por una situación similar en mayo de 2006.  Y esa situación ha sido sacada del baúl de los recuerdos por muchos de los medios puertorriqueños, como para que no se nos olvide que las cosas siempre podrían ser peores, como para enfatizar que en todos lados se cuecen habichuelas.  Que allá tal como aquí, la rencilla partidista está tan metida en el debate público, que no le importa tomar rehenes en aras de un triunfo sobre “los otros”, en aras de ser vistos como “los héroes”, los que salvaron al mundo de su propia destrucción.

(Es más, quien esté interesad@ vaya al archivo de mayo de 2006 y vea todo lo que escribí entonces sobre el tema.)

Y segundo, porque ya vimos lo que pasó cuando hubo una amenaza similar hace un par de años.  Justo cuando se discutía elevar el límite de la deuda gubernamental estadounidense, bajo pena de quedar como un mala paga (o en “buen” puertorriqueño, incurrir en un “default”) llegado el momento.  Aunque por lo menos, en ese momento se logró evitar el cierre del gobierno federal, esta vez no se pudo correr igual suerte.

Es más, aunque l@s acabo de referir al enlace, permítanme abrir mi baúl por un momento y decirlo de nuevo (yo creo que vale la pena repetirlo tanto como pueda—aunque sea actualizando la referencia de tiempo):

“Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender. Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

“Y tanto yo como ésos que se verán afectados… nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense? Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) [en el 2006], parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como ‘héroes’ en una guerra en la que hay salvar al mundo de las ‘hordas asesinas’ que amenazan con destruirlo.

[…]

“Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia? (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…) Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va. Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y ‘triunfar’ sobre ‘el enemigo’.”

Y lo mismo que no vimos que ocurriera en 2011 es lo que estamos viendo ocurrir un par de años después.  Si antes se pudo contener la temeridad de los bandos y evitar que la sangre llegara al río, ya hoy vemos que no se pudo hacer.  Ahora, la gente en los Estados Unidos tendrá que aprender lo que es depender de una claque política—repartida entre dos bandos principales, a cual de los dos más partidista—a la que no parece importarle que los demás se vayan por el abismo para abajo, sólo para quedar decepcionada por las consecuencias de esa dependencia.

Por supuesto, que los estadounidenses aprendan de esta lección, una vez salgan de esta crisis, ya eso será otra cosa—y eso es lo mismo allá, tal como aquí.

¡Así que vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (17 DE OCTUBRE DE 2013): Por qué será que no me sorprende que al filo de la medianoche del 16 para el 17 de octubre, los actores principales de esta comedia decidieran que ya era suficiente.  Ya se decidió que el gobierno federal se mantuviera abierto por otros 90 días y a la vez se pudo evitar que el mismo gobierno quedará como un mal apaga.  Pero no importa cuántos esfuerzos haga cada uno de los actores por quedar como “héroe”, el hecho es que habrá que volver a lo mismo, y que volverá a reinar la incertidumbre.  Y entonces, ¿qué se ha ganado con ello?


LDB

¿Y los niños? ¡Que la sigan pagando!

Children in a company housing settlement, Puer...
Children in a company housing settlement, Puerto Rico. (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente:

Si me han podido acompañar hasta aquí en los prácticamente 10 años que llevo haciendo este blog, sabrán que un tema del que se me hace muy penoso plasmar algo es el de la violencia cuando ésta se vuelve en contra de los niños.  A mí, que no tengo hijos—más por mi propia elección que por otra cosa… aunque tal vez alguna o alguno de ustedes (y hasta yo mismo, ¿por qué no decirlo?) me diga que ésa fue una muy mala elección, pero ya eso es tema para otro día—, me resulta muy fuerte ver cómo un niño o una niña sufre las consecuencias, a veces mortales, de la conducta, muchas veces irresponsable, de los adultos que están a su lado.  Desde el descuido en la casa que resulta en un infante ahogado en una cubeta de agua, pasando por la irresponsabilidad del padre o madre que olvida (¡¿?!) a su niñito o niñita en el asiento trasero del carro y se va a su trabajo (olvidando sobre todo aquello que se dice de que “la prisa es mala consejera”), hasta la cobardía de quien queriendo salvar su pellejo se escuda detrás de un niño o niña inocente para que las balas asesinas no lo toquen.

Aun escribiendo el párrafo anterior me da un sentimiento de frustración, y hasta una sensación de que esas víctimas inocentes preguntan amargamente, “¿y qué te hice yo para que me causaras este daño?

La semana que acaba de transcurrir, la última de agosto de 2013, nos trajo otro recordatorio de que los niños siguen sufriendo a manos de irresponsables.  Un niño fue hallado gravemente herido dentro del cilindro de una lavadora abandonado en un vertedero de Rincón (costa noroeste de Puerto Rico, para beneficio de los lectores y lectoras en el resto de la América hispana).  La madre del niño, indocumentada de aparente procedencia mexicana (y aclaro que el dato no lo incluyo con intención de juzgar a esta persona), alega ser víctima de maltrato y aislamiento por parte de su pareja, un individuo con aparentes rasgos maltratantes y que la intimidaba alegando que era, diz que “agente federal” (del Servicio Federal de Control de Inmigración y Aduanas, ICE).  Sin embargo, ambos están detenidos (hasta donde yo supiese al momento de escribir esto).  Y el niño está dando pasos más o menos ciertos hacia su recuperación de las heridas físicas que se le infligieron.

Y recalco que ésas son las heridas físicas.  Si logra sobreponerse a ellas… habrá que ver cómo se podrá sobreponer a las heridas mentales y emocionales.  Y esas otras son más difíciles de superar.

Pero aún así, parte de la frustración que ya mencioné está en que se me hace difícil entender qué lleva a un adulto—que no siempre y no necesariamente es el padre o la madre—a dañar la vida de un niño o una niña.  Será que a muchos de estos adultos les importa poco lo que suceda con estos niños y niñas, y los usan como piezas de una ocasionalmente macabro ajedrez.  (Y mientras escribo, se me antoja pensar que en ello no se diferencian gran cosa de los padres que en medio de un proceso de divorcio “usan” a lo niños habidos en el matrimonio como “fichas” de tranque, como las del dominó, tal vez porque sólo les importa satisfacer su ego o sus intereses, o ambos.)  Total, es más fácil sacrificar al peón que al rey.

(Y si de peones sacrificados se trata, sólo basta con mirar las imágenes de la insurrección civil en Siria y su siniestro resultado: 426 niños muertos a causa de un ataque con gases letales contra civiles hace un par de semanas.  Y ninguna de las partes en conflicto—gobierno e insurrectos—quiere hacerse parte responsable; el responsable siempre es “el otro bando”.  ¿Y los niños y adultos civiles?  “¡Bien, gracias!”)

Pero en otra instancia, será que muchos adultos no están verdaderamente preparados para ser padres.  (Y tal vez ese mismo es mi caso, tal vez yo nunca estaré preparado para tener esa satisfacción en mi vida… pero así es la vida y así son las cosas.)  Será que muchos adultos, hombres y mujeres, sienten que no pueden cargar con la responsabilidad de criar un hijo o una hija, porque eso “les daña” el estilo de su vida (como el que llevaban, por ejemplo, cuando estaban en su soltería).  Será que para muchos de estos hombres y mujeres adultos, haber traído hijos al mundo haya sido como una maldición, como un “castigo” que les da la vida… ¿tal vez por existir?

(Es más, voy a detenerme de momento para contar una experiencia muy lamentable que presencié una vez de camino a mi trabajo, en la primera mitad de la década del cero, cuando mi oficina estaba en el edificio cercano al Capitolio.  A varios hectómetros de llegar al edificio, observé que iba por la acera—”banqueta”, que la llaman en otros países hispanoparlantes—una señora, tal vez en sus 20s tempranos, tal vez de una de las barriadas pobres de Puerta de Tierra o de la barriada La Perla.  Esta señora llevaba a su niño casi arrastrado.  El niño lloraba por alguna razón.  Pero la señora, en lo que me pareció un reflejo de ira y frustración seguía arrastrando a su niño, mientras lo regañaba y le decía palabras de las que prefiero ni acordarme ni transcribir aquí.  Y el niño seguía llorando a moco tendido.  Y en ese trance madre e hijo siguieron su camino.  Créanme, ese día me sentí sumamente frustrado y triste por lo que vi.  Y aunque hoy las caras de la madre y del niño son sólo siluetas borrosas, el dolor de pensar en ese incidente sigue siendo el mismo.)

Tal vez esto sea mucho pensar para quienes tienen en sus manos la responsabilidad de prevenir situaciones como la ocurrida la semana que recién nos deja.  Como están las cosas, tal vez sea mucho pedir que se dé mayor atención a las bases que apoyan la conducta de ciertos adultos en contra de los niños.  Digo, quienes se dedican a atender situaciones de familia hacen lo que pueden, aun teniendo que lidiar con una gerencia que está más comprometida con mostrarle al mundo que “se está haciendo algo” que con verdaderamente hacer algo.

Pero de que debe hacerse algo para prevenir casos de violencia contra los niños… ¡algo hay que hacer, y debe ser YA!

No debemos dejar que los niños la sigan pagando—ni en Puerto Rico, ni en Siria, ni en Estados Unidos, ni en el sur asiático… ¡en ningún lugar del mundo!

Mientras tanto, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

¡Cuidado! El habito de pensar puede ser muy peligroso para su salud…

Chess board with a knight and pawns illustrati...
Image via Wikipedia

“El inteligente no hace alarde de su saber, pero el necio hace gala de su estupidez.”
(Proverbios 12:23, Versión “Dios Habla Hoy”, CELAM, 1983)

Amigas y amigos, cualquiera diría que en el Puerto Rico de nuestros días, el que no ve las cosas como las propone la versión oficial de las mismas es considerado como un enemigo al que hay que combatir sin cuartel.  Y este último par de semanas hemos visto dos ejemplos de esa actitud oficialista en acción.

Empiezo con la censura a nueve de unas 120 caricaturas que forman parte de una exhibición que la Asociación de Caricaturistas de Puerto Rico tenía previsto exhibir en el local de la Comisión Estatal de Elecciones de Puerto Rico (CEE).  Esta censura se ejerció cuando el presidente de esa entidad gubernamental—irónicamente, la misma que está llamada a proteger la expresión libre y democrática de los ciudadanos a través del voto cada cuatro años—ordenó el retiro de las nueve caricaturas implicadas, que hacen referencia a figuras actualmente activas en la política puertorriqueñas, por razones de “contexto histórico” contrarias a la “idiosincrasia” de la CEE (whatever they mean by that!).

Menos mal que en lo que presumo que fue una muestra de dignidad (de la que evidentemente carecen muchos de nuestros funcionarios públicos hoy en día), el presidente de la Asociación de Caricaturistas, Gary Javier, decidió cancelar la exhibición en la CEE, en protesta por esta censura (vean el comunicado del señor Javier a través del sitio web de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico, ASPPRO).  Quién sabe si después de esto, a lo mejor se ejemplifica aquello que se dice de que “cuando una puerta se cierra, otra se abre”, ya que siempre habrá quien quiera acoger la muestra que la CEE quiso manipular con todo desprecio por la realidad.*  Pero todo este lío ha dejado un mal sabor en la boca colectiva puertorriqueña, como lo reflejan las  críticas que he visto de parte de Mayra Montero, las organizaciones de periodistas y fotoperiodistas de Puerto Rico, y compañeros de la blogosfera como Ordinaria, Myrisa, Ivonne, Gil C., Kofla… ¡y hasta los reporteros de El Ñame!  Un mal sabor que hace sospechar razones y motivos difíciles de entender, y que por lo demás ponen en duda la imparcialidad del organismo electoral y de su presidente.

Digo, ¿será que el presidente de la CEE tiene algún tipo de compromiso con figuras actuales del poder, para evitar que se las critique?  ¿O será que él no tiene las herramientas emocionales para lidiar con el escrutinio público de las acciones de la misma gente que le da su razón de ser a la entidad que él dirige?  Si es así, de seguro no le gustarán los espectáculos de “Los Rayos Gamma”, que por cuatro décadas, contra viento y marea, han cumplido exitosamente su misión de “ofender a todos por igual”.  O tampoco le gustarán los espectáculos de “stand-up comedy” en los que se comenta la realidad de Puerto Rico, la misma que muchos en los círculos del poder querrán barrer bajo la alfombra, porque no es consecuente con sus estrechas ideologías.

Sinceramente, a mí me da mucha pena con gente como ésa.  Pero qué se va hacer.

Caballo de ajedrez

Pero si lo de la censura a la exhibición de caricaturas en la CEE estuvo mal, peor ha estado lo sucedido esta semana en el Departamento de Educación de Puerto Rico (DEPR), cuando una asociación bona fide de empleados de esa agencia dio a conocer una presunta prohibición de la práctica del ajedrez en las escuelas públicas de Puerto Rico.  (¡!)  Según dicha asociación bona fide, un ayudante del director del programa de educación física del DEPR—un funcionario de menor jerarquía—expresó en una reunión con directores escolares que el ajedrez era “un juego sedentario” y que estaba atado a problemas de obesidad en el estudiantado escolar, por lo que se estaba prohibiendo su práctica en el sistema escolar público.

Pero entonces yo me cuestiono qué hace un funcionario de menor jerarquía en una agencia de gobierno, dictando la política pública de su agencia (y créanme que una determinación de prohibir el juego ciencia en todo el sistema escolar público de Puerto Rico es un asunto de política pública).  Ni yo mismo me disparo una maroma así donde yo trabajo—aunque más bien, puedo hacer recomendaciones de posibles políticas públicas en función de mi trabajo… que hagan caso a lo que yo recomiendo, ya eso es otra cosa.

Por supuesto, el secretario del DE tuvo que salir a la luz diciendo que eso no era cierto y que el susodicho funcionario de tercera o cuarta categoría no estaba autorizado a emitir una información en contrario.  Pero ello no ocurrió sin que antes se sonara la alarma, desde el principio.  Y nuevamente la blogosfera puertorriqueña dijo presente: Elco Lao (quien añadió ulteriormente una deliciosa secuela a su escrito original, además de incluir en el mismo información sobre Aleksandra Kosteniuk, una dama que—por lo que he visto—desafía todos los estereotipos de lo que debe ser un Gran Maestro de ajedrez),** Gil C., Ivonne (quien hizo una secuela a su comentario inicial, luego de la media vuelta del secretario del DE), y… (redoble de tambores, por favor…) nuevamente los reporteros de El Ñame.  Porque a decir verdad, una cosa como ésta es bastante cuestionable.  Es como para desalentar el que los niños desarrollen su capacidad para pensar (digo, ¿no es para eso que están se educando?), para sopesar situaciones como aquéllas con las que se encontrarán en su vida adulta y buscar la mejor manera de resolverlas.

Digo, ¿no es esa la razón de ser de un juego de tanto abolengo como el ajedrez?  Si alguien tiene dudas, permítame ilustrarle:

Propósitos Generales de la Enseñanza del Ajedrez:

  • Desarrollar en el individuo una actitud favorable hacia el ajedrez que permita apreciarlo como elemento generador de cultura.
  • Desarrollar en el individuo su potencial intelectual.
  • Garantizar al individuo la adquisición de conocimientos, habilidades y destrezas básicas necesarias para la incorporación a la vida activa.
  • Favorecer la asimilación de las características del ajedrez que contribuyen con el armonioso desarrollo intelectual, moral y ético de la personalidad.
  • Priorizar la resolución de problemas.  El aprendizaje orientado a la resolución de problemas les brinda la oportunidad de analizar, evaluar y proponer alternativas de solución a situaciones de la vida diaria.

(Adaptado del artículo, “El Ajedrez”, en Monografías.com.  La lista que estoy citando aquí se accede a través del inciso #9 en esa página.)

¿O qué tal este otro ejemplo, de una fuente casi centenaria, pero que bien nos podría educar a las generaciones de hoy en día?

“La idea fundamental del ajedrez es la estrategia en su aspecto de lucha por la vida y de combate por la victoria desinteresada y noble de la actividad personal, y eso es lo que presta duración, elevación e interés al antiguo juego.

“Que el que enseñe ajedrez no pierda nunca de vista esa idea según la cual fortalece lo que podría llamar el instinto de estrategia….  (L)a estrategia es el uso inteligente de la fuerza.  De modo que al aprender a usarla se aprende solo el principio del arte.

“La vida moderna depende del apoyo mutuo para la consecución de intentos comunes y de la competencia.  La manera de proceder en la cooperación con los demás y en el antagonismo, es, pues, un importante objeto de estudio; y es evidentemente más difícil alcanzar esos conocimientos que comportarse según la libre elección.  Se necesita aprender la obediencia tanto como la capacidad de mando; se debe conocer los propios derechos tanto como los ajenos; es preciso adquirir el valor de defender su dignidad tanto como el valor—que es más grande—, de reconocer la de los otros. Todo eso es estrategia….  Y todo esto marcha paralelamente a los principios inculcados por el uso inteligente de las piezas del ajedrez.

“Las piezas se mueven de acuerdo a reglas estrictas.  En otros juegos los adversarios pueden infringir las leyes según las cuales se desarrolla la partida; en el ajedrez no.  El jugador adquiere así el hábito de la honradez; comprende que el caballo debe moverse de tal manera, el alfil de aquella otra, y los demás trebejos de modos diferentes; comienza entonces su partida con el conocimiento completo de lo que le está permitido y le está prohibido.

“Además, las piezas del ajedrez representan una multitud; el jugador tiene que dirigirlas  y ve con claridad las ventajas de la cooperación.  Quien se encuentre al frente de una empresa desempeña la misma tarea; tiene muchos ayudantes e importa que cada cual ocupe su sitio de modo que se apoyen entre sí todos recíprocamente.  El medio de orientar la influencia de las piezas hacia un propósito común es extraordinariamente complicado; el jugador, pues, se ve precisado a resolver en cada caso un problema semejante a los que se presentan en la vida diaria.  El instructor tiene con ello buena tarea en demostrar las analogías referidas y preparar esas lecciones en formas variadas.

“El jugador lucha con otro que posee el mismo número de piezas con las mismas libertades e idénticos derechos que las propias.  El hecho reviste importancia.  Es muy difícil ser justo con el enemigo, y en el ajedrez la justicia y la igualdad es ley fundamental.  Los derechos de los adversarios están claramente definidos.  Cada jugador sabe que después de su movimiento su contrincante tendrá igual oportunidad, y este es un gran ejemplo, porque destruye la ilusión de todo privilegio natural. Los golpes se dan y se reciben, metafóricamente, bien entendido.

“En conclusión, se ve que el jugador de ajedrez debe aprender a obedecer las leyes, que es la capacidad de mando, la facultad de gobernar con sabiduría, y mientras dirige sus piezas, adquiere la idea de la defensa de sus derechos y del respeto de los ajenos, que es el resultado natural de un combate ordenado e inteligente entre dos adversarios.”

(Citado de: “El ajedrez como elemento de instrucción”, por el Dr. Emanuel Lasker, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 31 de julio de 1913.  Y como es de suponer, los énfasis los añadí con toda intención.)

Yo no sé qué piensen ustedes—a menos que se dignen en dejarme sus comentarios en la entrada o a través del botón de “¡Envíame un email!” abajo.  Pero a mí las palabras del doctor Lasker me parecen tan vigentes en las primeras décadas del Siglo 21 como lo fueron en las primeras décadas del Siglo 20.  Y esas palabras dicen mucho de la nobleza que reviste la actividad del juego de ajedrez.  Me pregunto entonces quién puede tenerle miedo a todo esto, quién puede estar en contra de todo esto, escondiéndose detrás de la excusa de que el ajedrez sea “un juego sedentario”.

¡Y vamos a darle jaque mate a esto y dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.


* ACTUALIZACIÓN (26 de septiembre de 2010): Acabo de leer en la prensa de hoy que algunas de las “víctimas” del “ataque” de los nueve dibujos “prohibidos” por la CEE por razones de “contexto histórico” y de “idiosincrasia” están dispuestas a acoger la exhibición de caricaturas de la Asociación de Caricaturistas de Puerto Rico (especialmente los presidentes del Senado y la Cámara de Representantes de Puerto Rico, Thomás Rivera Schatz y Jennifer González Colón, respectivamente).  A lo mejor resulta que—contrario a lo que se esperaría normalmente—los objetos de estas caricaturas en particular tienen la capacidad de reírse de sí mismos, de aceptar que son seres humanos que despliegan cada día a la vista del público sus defectos y virtudes, que tienen “el cuero duro” para poder aceptar las críticas, muy a diferencia de otros funcionarios como el presidente de la CEE.  ¡Que para bien sea!

** SEGUNDA ACTUALIZACIÓN (3 de abril de 2011): Yo no sé si ella se habrá enterado de que la menciono en esta entrada, pero acabo de recibir una notificación de que Aleksandra Kosteniuk está siguiendo mis mensajitos en Twitter.  Digo, para mí es un gran honor contar con su presencia en mi cuenta de Twitter… ¡y viceversa (ya que también la añadí a mi lista de “seguidos”)!  De paso, si desean seguirla y conocerla un poco mejor, aquí tienen: la cuenta de Aleksandra en Twitter y su sitio ‘web’ para los que no sabemos nyet de ruso… ¡huy, se me zafó eso!


LDB

Y la siguen pagando los niños… y con creces

Miro la primera plana del periódico El Nuevo Día de hoy jueves (12 de agosto de 2010).  Me detengo ante una carita de niña que me sonríe, con ese encanto especial que tienen los niños en sus primeros añitos.  Con esa alegría innata, como queriendo decirme, “¡Mírame!  Estoy alegre, estoy contenta.  Mi mundo está lleno de amor.  No tengo problemas, no tengo preocupaciones.  Mi mundo es bueno.  Soy feliz…”

Entonces siento algo así como deseos de llorar—tal vez como no lo hacía desde que perdí a mi madre hace casi 10 años—, de cuestionarme cómo es posible que una vida como la de esta niña haya sido truncada cuando apenas comenzaba, de buscar algo—cualquier cosa, lo que sea—que me explique cómo puede una madre acabar con una vida así de tierna, cómo puede persona alguna ensañarse contra una criaturita como ella.  Una niña que no tiene la culpa de las frustraciones de los adultos, de las carencias de los adultos, de la incapacidad de algunas personas para aceptar las cosas que la vida les da, como esas cosas vengan.  Y cierro mis ojos, porque ya no puedo seguirla viendo.

Lamentablemente, amigas y amigos, mi gente, ésa es la realidad a la que no podemos cerrar los ojos, por más que queramos.  Una epidemia de violencia en la que nada es sagrado, ni siquiera la inocencia de los niños.  Y eso es lo que recién se acaba de manifestar cuando anteayer, una joven de 22 años mató a su hija de tres años de edad y a su hijo, que apenas tenía un año de edad.  Según la noticia en El Nuevo Día, los hechos se dieron luego de que ella, de quien han dicho quienes la conocen que tiene un historial de violencia, sostuviera una discusión con su compañero consensual de turno—que resulta ser el padre del varoncito asesinado.  No conforme con ello, añade la nota, la joven se infligió a sí misma una herida en el abdomen (¿habrá sido para “despistar” a las autoridades?) y comenzó a incendiar su residencia—de lo cual, una vez acudieron las autoridades al lugar, ella tuvo que ser llevada a un hospital para el tratamiento correspondiente.

A pesar de que aún es muy temprano para juzgar y adjudicar este caso, sobre todo dado que la presunta asesina no ha querido cooperar con las autoridades (las cuales mientras escribo, esperaban hasta que ella se recuperara de sus heridas para encausarla), para mí no deja de ser preocupante lo que he estado viendo por muchos años.  Es como si de un tiempo a esta parte se hubiera dejado de lado el valor que los niños tienen en nuestra sociedad—o sea, en una sociedad que se precie de ser civilizada—y éstos pasaran a ser piezas de un violento juego de ajedrez, piezas que en cualquier momento pueden ser sacrificadas.  Desde el vil y cobarde criminal que se escuda detrás de una niña para evitar que lo maten en el punto de drogas, hasta los padres y madres que se zafan de su responsabilidad como tales, e incluso dejan a sus niños al cuidado de monstruos que los agreden sexualmente y después los matan, para entonces jactarse de su gran ‘hazaña’… y ni me hagan entrar en los horrendos relatos de la violencia y muerte provocada por terceros.

¡Ah!  Y tampoco importa si la muerte ocurre en un barrio rural, como en el caso que me lleva a escribir esta entrada, o si ocurre en una urbanización cerrada, de ésas que creemos que son tan seguras que nos van a proteger de la delincuencia que viene ‘de afuera’… o del morbo y la curiosidad… ¡o hasta la sospecha!

(Y en este último ejemplo en particular, el asesinato del niño Lorenzo González Cacho, es una pena que a la fecha en que escribo hayan transcurrido cinco meses y no se haya esclarecido, y más bien se haya convertido en un circo mediático, en el que las sospechas extraoficiales—porque las autoridades no han hecho ni un gesto aún—van dirigidas hacia personas específicas.  Pero ya hablaremos de esto en su momento… ¡y quiera Dios que sea pronto!)

A riesgo de sonar repetitivo—pero si vamos a ver, no hay más remedio que machacar y machacar y machacar sobre lo mismo, una y otra vez—, voy a reiterar lo que en entradas anteriores he escrito: En situaciones como ésta, los niños siempre acaban pagando los platos que rompen los adultos, llevando las culpas de los adultos, llevando invariablemente las de perder.  Y llevan las de perder a manos de quienes no conocen lo que es ser padres—o ser adultos responsables para todos los efectos—, de quienes no tienen la voluntad para admitir que tienen problemas (el primer paso hacia la solución de esos mismos problemas), de quienes no son capaces de controlar su vida, de esas “bombas de tiempo” ambulantes que sólo esperan por esa pequeña chispa que los hará detonar su furia.

Y entonces, ¿qué es lo que se puede o se debe hacer?  Quiero seguir insistiendo e insistiré mientras viva en que hay mucho que se puede hacer: atender la crisis de salud mental que sufren, tanto Puerto Rico como muchos de nuestros pueblos latinoamericanos; educar a nuestras juventudes para que entiendan el reto de formar una familia, un reto cuyas consecuencias deben enfrentarse con la responsabilidad que ello amerita; buscar que se reemplacen gradualmente—porque queramos o no, no es cosa que se pueda hacer al chasquido de los dedos—las actitudes y las conductas que fomentan la falta de valores, el egoísmo y la trivialidad, mientras se fomenta la tolerancia, el respeto a la vida, la dignidad, la solidaridad humana…

Pero algo me dice que el camino hacia esa meta sigue y seguirá siendo muy arduo y difícil, y que seguiremos viendo más y más niños emprender desde temprano el viaje hacia la eternidad…

¡Buen viaje, angelito sonriente!

LDB

De los numeros que no eran y del estofado de tigre

Tiger Woods
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¡Qué tal, mi gente!  Voy a empezar rapidito, que hoy tengo “mucho con demasiado”…

Y empiezo manifestando mi confusión ante la noticia que indica que las cifras que se decían a poco de la victoria electoral del hoy gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, de la cantidad de transacciones de personal en el gobierno, hechas durante el periodo de veda electoral de 2008 (lo que las haría ilegales), resulta que son incorrectas.  De las 11000 transacciones ilegales que se estimaba al principio, ahora resulta que las mismas ascienden a 1035 (lo que representa un 9.4% [9,4%] de la cifra originalmente dada a conocer).  La mayoría de esas transacciones ilegales (unas 930) se efectuaron durante los primeros 2 meses de la veda (que a diferencia de lo que establece la ley—que la veda sea desde 2 meses antes de las elecciones hasta 2 meses después de las mismas—incluyó los meses de julio y agosto de 2008).

Pero si malo es eso, peor es el hecho de que dentro del propio gobierno no haya un mensaje coherente que explique fehacientemente discrepancias como ésta.  Más aún, cuando afirmaciones como la de que se hicieron 11000 transacciones ilegales en tiempo legalmente prohibido es uno de los fundamentos para justificar las medidas de “recuperación” económica y fiscal que se han estado implantando—la más notoria de las cuales, como ya ustedes saben, es el despido de 17000 servidores públicos que tendrán que empezar desde el cero a partir de enero de 2010.  De un lado, el propio gobierno insiste en que sus cifras son las correctas, pero del otro lado, la persona que divulgó la cifra “verdadera”, el director de la Oficina de Recursos Humanos del Estado Libre Asociado (ORHELA), el Sr. Samuel Dávila Cid, insiste en que la cifra que él da es la correcta y que no hay razón por la que él deba rectificar la misma.  (Sólo por aquello de ser justo es que puse la palabra “verdadera” entre comillas en la oración anterior.)

Francamente, yo creo una cosa: En algún lugar de la línea recta trazada entre A y B, alguien se está saliendo de la línea.  O si quieren que lo exprese de manera un poco más franca… ¡ALGUIEN ESTÁ MINTIENDO AQUÍ! Pero, ¿con cuál propósito?  Eso último es anybody’s guess, aunque  siempre está esa posibilidad que planteé en una entrada anterior:

Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se procura atajar un problema de finanzas públicas, para el que nunca hubo la voluntad de evitar que el mismo llegara al punto en el que está hoy en día, mediante el despido “voluntariamente involuntario” de empleados públicos (independientemente de las circunstancias—legales e ilegales—en las que algunos de esos empleados públicos advinieron a sus puestos) y la disminución de presupuestos en áreas que al gobierno le parece que no son rentables?

Claro está, yo siempre insistiré en que quien comete una falta, debe responder por la misma.  Y si durante el gobierno anterior del PPD se cometió la falta de nombrar personal para las agencias de gobierno, de una manera patentemente prohibida por la Ley Electoral de Puerto Rico (Ley número 4 del 20 de diciembre de 1977, según enmendada)… los responsables de esas acciones también tienen que responder por la falta cometida, y asegurar que cosas como ésa no sucedan nunca más.  Claro está, ello no garantiza que el gobierno actual del PNP no haga lo mismo cuando le llegue ese momento, pero es cuestión de esperar un poco…


OK, ¿qué tal si hablamos de otra cosa?

Aquéll@s de ustedes que pasan de cierta edad—algo que técnicamente me excluye, ya que para esa época yo tendría apenas 3 ó 4 añitos—tal vez recuerden el siguiente diálogo, tomado del clásico western televisivo, Revólver a la Orden (Have Gun—Will Travel):

Paladin: “‘Hey Boy’, hay una antigua receta para hacer estofado de tigre, ¿la conoces?”

‘Hey Boy’: “No, señor.”

Paladin: “Primero, debes atrapar al tigre.”

El diálogo que acabo de citar se produce al inicio del episodio número 79, “First, Catch a Tiger” (estrenado en los Estados Unidos el 12 de septiembre de 1959), cuando el “caballero sin armadura en una tierra salvaje”—o sea, Paladin—hace su habitual ronda por los periódicos que le consigue su valet chino, Kim “Hey Boy” Chang, en busca de un “guiso” (un trabajito, para quienes no conocen el habla coloquial puertorriqueña) que él pueda hacer por la “módica” suma de US$1000.  (Una suma cuantiosa en el Viejo Oeste de 1875… ¡lo que para un mercenario a comienzos del Siglo 21 sería apenas un anticipo o un “pronto pago”!)  Estando en ésas, Paladin se entera de que un comisario y un juez de un pueblito de Wyoming con los que él colaboró para llevar ante la justicia a un delincuente han sido muertos por un asesino contratado por el padre del ajusticiado.  No se sabía mucho del asesino, excepto que sus víctimas morían a traición, por la espalda, de forma tan inesperada como los movimientos del caballo de ajedrez que adornaba la pistolera de Paladin.  El resto del episodio trata la estrategia que el “hombre de negro” tendrá que desarrollar para desenmascarar y “neutralizar” (si me permiten el uso de un término que ni en 1875 ni en 1959 tenía la connotación que tiene hoy en día) al misterioso asesino, y en el proceso evitar ser su tercera víctima.

Caballos de ajedrez

El diálogo que acabo de citar me viene a cuento ante la lamentable situación del jugador de golf, Eldrick Tont “Tiger” Woods, considerado c0mo “el mejor del mundo” en el deporte del golf (o “golfo”, como lo llama un ex-compañero de mi trabajo), al punto de que la semana pasada, la agencia noticiosa The Associated Press lo declaró como el Atleta de la Década de 2000—2009.  Francamente, mientras escribo esto, Tiger debe estarse sintiendo “atrapado”, como que de pronto todo el mundo quiere cocinarlo en estofado, luego de haber exhibido y mantenido una imagen limpia como deportista y como hombre de familia.  Imagen que de la noche a la mañana se vio dañada por el escándalo de infidelidad marital surgido a finales de noviembre de 2009, que salió a la luz tras el accidente de tránsito en el que chocó su SUV (en orden de mameyazos) contra un seto, un árbol, y una bomba de incendios o hidrante.

(Curiosamente, un chiste—más bien, uno de varios—que salió poco después en los tableros de  Usenet decía que Tiger empezó a golpear su carro con el “wood” y lo terminó de golpear con el “iron”… pero qué sé yo de eso, el golf no es lo mío…)

Y lo malo del caso es que da la impresión de que este “tigre” es como los marinos mercantes, de quienes se dice que tienen “una mujer en cada puerto”.  Y no sería de extrañar que en cada ciudad en la que hubiese un torneo de la PGA en el que él estuviese participando, alguna mujer que no fuese su esposa lo esperaba, ya que la prensa tabloide sensacionalista le ha sacado a la luz tantas y tantas amantes que “ni botándolas se acaban”…

(Y a todo esto, ¿no le habrá afectado eso su juego en los últimos años?  Digo, uno nunca sabe…)

Pero algo mucho peor es que como el asesino misterioso al que me referí antes, mucho del daño se hizo a traición, por la espalda, cuando las luces de las cámaras se apagaban y los medios de comunicación y entretenimiento se desviaban de Tiger hacia la siguiente estrella en el programa, cuando el público viraba la espalda, confiado en la imagen de “niño bueno que no rompe un plato”… aunque en este caso, el impacto fue el mismo que el de dejar entrar al toro bravo en la tienda de cristalería.

Y ni hablar del daño que eso le hace a las empresas multimillonarias que lo han auspiciado hasta el momento, algunas de las cuales ahora le están huyendo como el diablo a la cruz… tal vez porque no quieren que alguien tan famoso como Tiger Woods les recuerde de forma pública alguno de esos “gustitos” que se dan sus propios ejecutivos… ¡quién sabe!

Francamente, éste es un interesante ejemplo de cómo la fama que conlleva ser “el mejor [ESCRIBA AQUÍ UNA PROFESIÓN CUALQUIERA] del mundo” no exime a una persona de su naturaleza como ser humano.  Y no lo libra de responsabilidad por las consecuencias que le van a acarrear sus actos (aunque algunos, como el hoy ex-presidente estadounidense, Bill Clinton, se salen con la suya de una u otra manera).  Pero sobre todo, esto pone en evidencia la obsesión de una sociedad contemporánea donde “todos quieren al ganador”, una sociedad dispuesta a seguir ídolos que dan la apariencia de ser los más decentes, los más exitosos, los grandes triunfadores en la vida… para que después resulte que esos ídolos tenían pies de barro, que eran seres humanos como ustedes y como yo, con sus virtudes y sus fallas, con sus fuerzas y sus debilidades.

Yo no sé, pero para mí que eso se parece a lo de “vivir de esperanzas y morir de desilusión”.

Por supuesto, yo espero—y aunque lo veo ahora como un ángel caído, no creo que se deba perder la esperanza—que al haber anunciado que se tomaría una licencia del golf por tiempo indefinido para tratar de reconstruir lo que su conducta destruyó, él aproveche sabiamente esa oportunidad que la vida le está dando.  Y déjenme decirles una cosa (aunque me imagino que ustedes ya la saben): eso NO es nada fácil.  Es algo que requiere mucha paciencia, dedicación, tolerancia, un deseo firme de reparar el daño hecho—a los demás y a sí mismo.  Sólo el tiempo dirá si el “tigre” aprendió su lección… o si se convertirá en estofado.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien (y eso último, con énfasis y todo, va también para Tiger Woods, ¿OK?).  Hasta la próxima.

LDB