Conoce a tu enemigo… conocete a ti mismo

Sun-tzu
Image via Wikipedia

“If you know the enemy and know yourself, you need not fear the result of a hundred battles.  If you know yourself but not the enemy, for every victory gained you will also suffer a defeat.  If you know neither the enemy nor yourself, you will succumb in every battle.”

(Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no deberás temer el resultado de cien batallas.  Si te conoces a ti mismo, pero no al enemigo, por cada victoria lograda también sufrirás una derrota.  Si no conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en todas las batallas.)

Sun Tzu (comandante militar chino, 544–496 antes de Cristo)
Citado y traducido de “El Arte de la Guerra” (según traducido al inglés y comentado por Lionel Giles, 1910)

¡Qué tal, mi gente!

OK, puede que parezca extraño que yo encuentre un poco de sabiduría en lo que se considera como un “manual para la guerra”, actividad del género humano con la que personalmente no simpatizo.  Sin embargo, creo que si miramos con atención la cita de arriba (y mi traducción entre paréntesis), veremos que se aplica a muchos eventos recientes (y a otros no tan recientes en los que no voy a entrar hoy—y a muchos de los eventos que aún no han ocurrido, y que ocurrirán muy a nuestro pesar).

(Aprovecho de una vez para dirigir la atención de ustedes al excelente análisis que Elco Lao hace de esta obra en su blog, aplicado al conflicto entre las organizaciones magisteriales principales de Puerto Rico.)

Por ejemplo, el paro huelgario en el sistema de la Universidad de Puerto Rico se ha estado llevando como si fuera una batalla, en la cual las fuerzas antagónicas desplegaron sus capacidades.  De una parte, un estudiantado vigoroso, lleno de vida, que aprovechó los recursos a su alcance, incluidos los adelantos tecnológicos que ya hubieran querido tener los huelguistas de 1981 o aun los de 1948 (obviamente, me refiero a Facebook, Twitter, YouTube y demás), para poder llevar su mensaje al resto de nosotros.  De la otra parte, una administración universitaria cuyo mensaje era predecible, desgastado, reflejo de una mentalidad de “guerra fría” (no muy diferente de la del bando político que la apoya—¡el que sea, siempre ha sido y será lo mismo!), que pretendió recurrir a la manipulación de la opinión pública, e incluso a la violencia, para afirmarse como “los que mandan”.

Mientras escribo esto, esta “batalla” estaba por concluir luego de que gracias a la intervención de un mediador (que se nos dice es un ex-juez de intachable reputación—la misma que parece que le falta a algunos de los participantes en el conflicto), se han podido lograr acuerdos que permitan completar el tiempo lectivo remanente.  Según yo lo veo, esto representa un triunfo para la parte estudiantil en huelga, ya que logró conseguir básicamente todos los puntos en conflicto, incluida la no enmienda a la exención de matrícula por méritos, que no se “privaticen” los recintos universitarios (algo que no creo que ocurra en los propios estados de los EE.UU., particularmente en las universidades llamadas “estatales”, contrario a la noción que algunos puedan tener) y que no se aumenten los costos de matrícula hasta tanto se analice la situación y se agoten todas las medidas que permitan hacer llegar los fondos necesarios a las arcas universitarias.  Del otro lado, la administración universitaria queda como un ejército abocado a sucumbir en cualquier batalla, al aparecer como un bando que cree conocer sus propias fuerzas y las de su enemigo, cuando en realidad no conoce ni una ni la otra.

Paso entonces a otro ejemplo.  En la entrada anterior hice referencia a la repartición de suertes que se ha estado tratando de hacer en Caguas, tras la muerte del alcalde, Hon. William Miranda Marín.  En particular hice referencia a lo siguiente:

“Total, si ha habido quien no ha esperado a que las cenizas del difunto se enfríen—porque, si entiendo bien, su última voluntad fue que lo cremaran—para empezar a hacer campaña para ocupar la silla que hoy queda huérfana, para luego asumir un martirologio que le queda demasiado grande, con cara de ‘yo no fui’.”

Lo menos que se esperaba cuando escribí eso fue la manera en la que sucederían las cosas.  Resulta que el “mártir” en este caso, el representante cameral José “Conny” Varela (PPD), quiso dar todo un espectáculo público y asumir una postura de que él no aspiraba a ocupar la silla alcaldicia recién dejada vacante, y que en su lugar apoyaba que uno de los hijos del difunto, William Miranda Torres, asumiera el puesto como lo han hecho otros alcaldes—en particular los de Orocovis y Bayamón (ambos, del PNP) y el de Carolina (PPD)—a fin de “continuar la dinastía”.  Sin embargo, a mí me parece que el legislador quiso apropiarse del concepto esbozado por Sun Tzu en la siguiente cita (nuevamente en “El Arte de la Guerra”):

“In war, practice dissimulation, and you will succeed….  Let your plans be dark and impenetrable as night, and when you move, fall like a thunderbolt….  He will conquer who has learnt the artifice of deviation.”

(En la guerra, practica el disimulo y tendrás éxito.…  Haz que tus planes sean oscuros e impenetrables como la noche, y cuando te muevas, cae como un rayo….  El que conquiste será aquél que ha aprendido el arte de la desviación.)

Huelga decir que aparentemente, su estrategia de “caer como un rayo” le surtió efecto, cuando ante una asamblea de delegados municipales de su partido, él se presentó sorpresivamente como candidato y prevaleció sobre el mencionado descendiente alcaldesco, en una movida que lo dejó ver como una persona poco confiable, que recurrió a la mentira y al engaño para poder conseguir su parcela de poder y administrar el legado—sin dudas, innegable—del alcalde fallecido.

Tal vez el problema aquí reside en que el representante Varela no se conoce a sí mismo, tan bien como él lo cree.  Y eso, sumado al exceso de confianza, lo debe haber llevado a subestimar a su “enemigo”—su propio partido (PPD), que aun con su innegable ambivalencia ideológica, no se puede descontar—, por lo que al final de cuentas, él podría acabar sucumbiendo aun creyendo que fue el vencedor.  Pero así son las cosas.

Y así podría estar citando ejemplo tras ejemplo de situaciones en las que el conocimiento propio y el de los retos, obstáculos y demás que archivamos convenientemente con el mote de “el enemigo”—o la falta de ese conocimiento—representa el triunfo supremo o las más aplastante derrota… pero creo que estoy estirando demasiado esta entrada.  Mientras tanto, ahora que “la fiebre” (o si lo quieren, la pasión) de la Copa Mundial de Balompié (fútbol, soccer, whatever!) está en todo su apogeo, acabo de recibir una invitación para una práctica amistosa (¡!).  Así que con el permiso de ustedes, me voy a “conocer al enemigo”…  8)

Con un equipo así... ¡que se cuiden el Messi. Ronaldinho, Kaká, David B., et al.!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

El espectaculo mas grande del mundo… o por lo menos, de Puerto Rico

¡Hola, mi gente!

Tal vez les sorprenda que lo que voy a tratar hoy venga con un atraso pequeñito… OK, tienen mucha razón, yo no llamaría a una semana un “atraso pequeñito”.  Pero por lo pronto, síganme en esto.

Hace exactamente una semana, en la edición dominical de El Nuevo Día, leí un artículo que me llamó mucho la atención, porque retrata de manera breve pero precisa un fenómeno propio de la cultura política en general—no digo yo puertorriqueña únicamente.  Se trata de la afición de las clases políticas—se llamen PNP, PPD, PIP o como se llamen—de distraer la atención de los graves problemas que se viven en el país hacia lo que me parecen más bien “nimiedades”.  (Yo preferiría algo más fuerte como “estupideces”, porque lo son, pero vamos a dejarlo así.)  En el artículo se compara la situación puertorriqueña con la trama de la película de Barry Levinson, Wag the Dog (1997) (estelarizada por Dustin Hoffman y Robert De Niro), en la que un relacionista público y un productor de Hollywood hacen un junte para “fabricar” una guerra en Europa, a fin de distraer la atención del pueblo estadounidense de un escándalo sexual en el que está implicado el presidente de “la gran nación americana”.  (Por supuesto, si alguna vez en Puerto Rico se pudo “fabricar” con éxito un candidato político, “fabricar” una guerra en Estados Unidos no debe ser muy difícil…)

(Ah, y cualquier parecido entre esa película y la escandalosa situación en la que estaba involucrado un conocido presidente estadounidense—¿he mencionado nombre yooooooooo?—justo para la fecha en la que estrenó esa película… pues, una de esas “casualidades de la vida”…)

Y aun si éste no fuese el mismo caso, cualquiera diría que los puertorriqueños estamos en medio de un gran espectáculo, un circo de tres pistas en el que acróbatas, trapecistas, temerarios traga espadas, payasos y un montón de animales, hacen lo indecible por distraernos de los problemas y situaciones de la vida diaria (situaciones que en gran medida, han sido provocadas por muchas de estas “estrellas”).  Basten tal vez algunos botones de muestra:

  1. En una de las tres pistas, vemos un partido político cuyo liderazgo se empeña principalmente en adquirir el poder por el poder mismo, enfrascado en una trifulca por ver quién es el líder más poderoso, “el más hombre entre los hombres”, el que no acepta ser plato de segunda mesa.
  2. En otra pista está un partido político eternamente caracterizado—y hasta paralizado—por su ambivalencia, enfrascado en la búsqueda de una razón de ser, dividido a causa de su ambivalencia entre los que quieren creerse su propia mitología, aun cuando las realidades les golpean severamente en la cara, y los que aspiran a inventar una nueva realidad que—a su modo de ver—les permita crecer y prosperar.
  3. Y en la tercera pista, un partido político que perdió su rumbo mucho tiempo atrás, que alguna vez fue una fuerza política con algún grado de respeto, y que luego de los golpes que la vida le propinó ha quedado reducido a un ente que no es ni la sombra de lo que fue en sus mejores momentos, y que se conforma con depender de ayudas económicas para sobrevivir.

Y todo esto, a la vista de mucha gente buena que milita en estos partidos políticos (y gústele a quien le guste, la hay, y me enorgullece contar con esta clase de gente entre mis amistades—tal vez pocas, pero valiosas), y que siente vergüenza ajena cuando ven los espectáculos vergonzosos a los que se prestan sus supuestos líderes.

A mí, lo que me queda de esto es preguntarme: ¿qué propósito puede tener una clase política para conducirse de esta manera?  ¿Será para pregonar su estupidez a los cuatro vientos?  ¿Será simplemente porque les gusta que hablen de ellos—bien o mal, pero que hablen?  ¿Será que en realidad no saben cómo manejar una situación tan delicada como la que se vive hoy en día, con una delincuencia sin freno, con una crisis económica acentuada por los recientes despidos en el gobierno (y los que faltan… ¡huy!), con una infraestructura que sin el mantenimiento adecuado puede causar una crisis de proporciones graves?

¿Será que a nuestros líderes políticos, nada de eso les importa?  No sé, pero yo creo que debería importarles alguna vez… y espero que eso no sea cuando tengamos que enfrentar las consecuencias de la falta de responsabilidad, y entonces sea tarde para hacer algo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


P.S.  Lógicamente, no puedo pasar por alto lo ocurrido el sábado 27 de febrero de 2010 a las 03:34 UTC –03:00 en el sudoeste de Chile (o si lo quieren en hora de Puerto Rico, 02:34 UTC –04:00), cuando un terremoto de magnitud de 8.8 se dejó sentir frente a la costa de Maule, a 200 millas (325 kilómetros) al sudoeste de Santiago de Chile.  (Vea el resumen del evento según la información levantada por el Inventario Geológico del Departamento de lo Interior de los Estados Unidos, USGS, en sus versiones en español y en inglés.)  Al momento en el que escribo esto, se siguen viendo en los medios de prensa las imágenes de la devastación que dejó este terremoto, del que se ha dicho que fue cientos de veces más poderoso que el terremoto del 12 de enero pasado en Haití (con una magnitud de 7.0).  Sin embargo, hay quien dice que el saldo mortal del evento de Chile (alrededor de 500 muertos al momento en que escribo esto) podría ser menor que el de Haití (que ya debe ir por el medio millón) y que en el caso de Chile, sus habitantes estuvieron un tanto mejor preparados que los de Haití—por no hablar de las construcciones y la infraestructura.  Yo no creo que las cosas sean tan malas como para pensar que el mundo se esté acabando (o que vaya a acabarse dentro de un par de años, como algunos alarmistas y charlatanes insisten en decir a cada rato).  Pero experiencias como éstas nos deben llevar a reflexionar en lo frágil que es la vida, en que todo lo que nos ha tomado toda una vida construir puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.  Tal vez desgracias como ésta nos sirvan de lección para apreciar lo que tenemos, lo que en verdad vale, que es la vida.  No hay otra alternativa.  Mientras tanto, desde aquí va mi apoyo y solidaridad con las víctimas del terremoto de Chile, y mis mejores deseos de que puedan superar esta crisis.  ¡Que así sea, mi gente!


LDB