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Una confesión

Amigas y amigos, mi gente, quiero comenzar la entrada haciendo una confesión…

(NO, no es lo que ustedes están pensando si es que creen que voy a meterme a… esteeeeeeeeee… a ponerme con “esas cosas” después de viejo…)

En serio ahora: las últimas semanas han sido para mí un tiempo en el que me ha atacado un virus: el virus del desánimo, la decepción, el cansancio con la “jaibería” que nuestros políticos nos regalan a diario, con esa desfachatez con la que se nos falta el respeto a quienes les dimos la encomienda de gobernar responsablemente—total, para arrepentirnos después de haber dejado esa responsabilidad en las manos quienes no la saben ni la quieren asumir.  Ésa, más otras razones personales, han sido la causa de que no me vean tan a menudo por aquí como desde que comencé a escribir este blog a finales de 2003.  Durante este tiempo ha habido ocasiones en las que me he quedado sentado frente a mi computadora, mirando fijamente la copia de la plantilla descargada a mi Windows Live Writer™ (esta hermosa plantilla “Mystique” que uso al momento en que escribo esto para WordPress.com), pensando si de veras valía la pena escribir algo que reflejara mi sentir sobre los acontecimientos más interesantes de la semana sin sonar repetitivo.  (¿Les conté en alguna ocasión sobre la mañana aquélla en la que me quedé mirando la ropa de mi armario durante media hora, ponderando si valía la pena salir a la calle a trabajar?  Si no, algún día lo haré—quedan advertidos.)

Es en momentos como éste cuando aparecen (por intervención divina o por casualidades de la vida, dependiendo de quien de mis lectoras y lectores crea o no—y con perdón de los que no creen, yo sí creo) palabras que ayudan a recuperar el aliento, que ayudan a retomar el rumbo que uno se ha decidido a caminar.  Y quiero tomarme la iniciativa de reproducir aquí esas palabras:

“Toda esta situación que apabuya (sic) el cerebro ha prolongado mi falta de ánimo para escribir, ya en parte superada mi gran tristeza de los pasados meses.  Al parecer algo similar le está pasando a un número de blogueros y blogueras que casi no escriben sobre lo que ocurre o publican sobre asuntos sin importancia local.  Prometeo dice, con razón, que los boricuas nos encontramos en estado de estupor.

“Por su parte, Siluz, al celebrar los 5 años de Escribiendo en voz alta nos recuerda en la cita de Graham Greene que: ‘Escribir es una forma de terapia.  A veces me pregunto como se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana’.

“No… el 2012 no pinta nada bien.  Pero quiero (y espero) seguir escribiendo, para sobrevivir y salir del estupor.”

(" El 2012: más engaños, corrupción e impunidad. Pero sigamos escribiendo. " Sin Mordazas, por Ivonne Acosta Lespier, 31 de enero de 2012.)

Sí, a mí también me ha atacado últimamente esa sensación de estupor que describe Prometeo en su entrada, según Ivonne lo recoge en la suya propia.  Pero entonces leo las palabras de Graham Greene que Siluz cita en su entrada (de nuevo, según las recoge Ivonne) y me pongo a pensar: Se supone que ésa la manera en la que he pensado este blog desde que lo comencé a finales de 2003, ¿no?  Como una terapia para escapar—de la manera en la que mejor pueda—de la realidad que veo todos los días en Puerto Rico.  Como una manera de comunicarle al mundo mi sentir sobre las cosas que están mal en mi propio país—y créanme, amigas y amigos, mi gente, cuando algo está mal, no me importa que lo haya hecho un Juan de los Parlotes cualquiera o que lo haya hecho el más encopetado señorón: simple y sencillamente, lo que está mal está mal, y hay que denunciarlo, y hay que alzar la voz para que se sepa que está mal y que eso no debe volver a suceder, hay que llamar las cosas por su nombre.  PUNTO.  Eso no admite términos medios.

(Eso sí, a juzgar por la clase de entrada que la gente busca a menudo cuando visita mi blog, tengo que hacer algunas excepciones… Confundido ¡pero ya ése es otro tema!)

Es más: Yo creo que luego de leer esa cita del blog de Ivonne (“featuring” Prometeo y Siluz—para que la cita tenga “flow”, ¿me entienden?), me siento que tengo nuevos ánimos, que puedo retomar mi camino, aunque me encuentre con los paisajes desoladores de siempre, con el pillaje oficial de siempre, con la “gansería” de siempre, con las faltas de respeto con las que otros se tratan de burlar de nosotros siempre.  Y creo que es eso lo que voy a hacer ahora.  Yo también seguiré escribiendo, porque yo también quiero sobrevivir.  PUNTO.

¡Y vamos a dejarlo ahí—por el momento!

LDB

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Misas sueltas de agosto–versión de 2011

From his vantage point high above the earth in...
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Amigas y amigos, mi gente: Aquí estoy de regreso, aunque nunca me he ido—como tal vez se habrán dado cuenta por los dos o tres cambios de diseño que me da por hacerle al blog de un día para otro.  Pero bueno, lo único que les pido es que me tengan un poco de paciencia cuando eso sucede, aunque voy a tratar de hacerlo lo menos seguido posible, ¿OK?

Dicho eso, voy a tratar de ponerme al día con varias cosas que llamaron bastante mi atención mientras no estuve escribiendo este blog.  El único “pero” que tengo es que esta entrada podría salir más larga de lo debido, pero como la moda ahora es decir como la nueva versión (de 2011) del clásico tema del grupo, “El Gran Combo de Puerto Rico”, “echar pa’lante, nunca pa’atrás”… pues echemos pa’lante, shall we?

1) El caso del asesinato “atenuadito”

Primero en la agenda es el furor que ha causado la decisión de una jueza de primera instancia (emitida el 11 de agosto de 2011, pero divulgada casi una semana después) de declarar a un acusado en un caso de violencia de género de tipo conyugal, culpable de “asesinato atenuado”* por los hechos (irónicamente, ocurridos el 2 de abril de 2010, o sea, el Viernes Santo de ese año) en los que le dio muerte a su esposa (de la que estaba separado) mediante golpes en el rostro con un tubo de los que se utilizan en el reemplazo de gomas para autos (“llantas” o “neumáticos” en otros países hispanohablantes).  O sea, que a pesar de toda la prueba desfilada, incluida la confesión que se alega que el individuo hizo a las autoridades en el momento en el que intervinieron con él, una jueza de primera instancia optó por no hallarlo culpable de asesinato en primer grado—dada la saña y la premeditación que él habría mostrado en la comisión del delito—y, a mi entender, se dejó llevar por el “¡ay bendito!”, ese sentimiento de pena y hasta solidaridad que (para bien o para mal) nos caracteriza a los puertorriqueños, y lo declaró culpable de “asesinato atenuado”.

(Baidegüei, la versión original que yo quería hacer de esta parte de la entrada incluiría una cita directa de los artículos en el Código Penal de Puerto Rico de 2004, relacionados con el asesinato, sus modalidades y las distintas penas a aplicarse.  Pero para no hacer esta entrada más larga de lo debido, les ofrezco lo que dice el Artículo 108 sobre el “asesinato atenuado”: es aquel asesinato que “tiene lugar en ocasión de súbita pendencia o arrebato de cólera”, y en Puerto Rico se penaliza como asesinato en tercer grado—el mismo grado que constituye la muerte ocasionada como lo indica el Artículo 109 que le sigue, “al conducir un vehículo de motor bajo los efectos de bebidas embriagantes, sustancias controladas o con claro menosprecio de la seguridad de los demás; o al apuntar y disparar con un arma de fuego hacia un punto indeterminado”.  Aquí les dejo la referencia: Delitos contra la vida (Código Penal de Puerto Rico 2004), Biblioteca PopJuris, visitado por mí el 14 de agosto de 2011.)

Hay veces en las que no sé si estas cosas suceden a propósito, porque haya quien se divierte creando situaciones sociales delicadas, sólo por ver reaccionar a los sectores sociales con mayor conciencia y sentido de humanidad…  OK, estoy estirando un poco el “chicle” porque aquí viene uno de esos “clichés” que yo odio a muerte: Como siempre, las reacciones no se hicieron esperar.  (Reacciones que en esta ocasión recoge la Lcda. Verónica Rivera Torres en su blog, Mujeres en Puerto Rico.)  Y esas reacciones han sido principalmente de indignación por la decisión tomada, de preocupación por apuntar a un retroceso hacia los tiempos en los que estos casos se hacían llamar “crímenes pasionales”, en los que al calor del momento se priva de la vida al ser que alguna vez se juró amar para siempre.

Pero una de las reacciones más interesantes ha sido la de cuestionar a la jueza que tomó la nefasta decisión.  Para much@s(incluido quien les escribe), no tiene sentido que una jueza que tiene ante sí prueba de los delitos cometidos, que incluso evaluó la confesión del acusado—que se presume que la prestó libre y voluntariamente y sin ninguna clase de presión indebida—, hubiera sentido “pena” por el acusado, incluso excusándole su conducta conyugal hacia la víctima.  Poco hubiera faltado para que la “distinguida” jueza determinara que la víctima se infligió a sí misma las heridas que la mataron (¡!), o que la víctima fuera la clase de persona que resultaría herida de un balazo, ¡si tuviera la mala suerte de estar en el medio de una pelea a cuchillazos!

Francamente, me rehúso a creer que en la judicatura puertorriqueña hayan personas capaces de tomar decisiones como ésa, aun teniendo las pruebas ante sí.  Lamentablemente, para que quienes leen esto fuera de Puerto Rico lo sepan (aunque con la experiencia de sus propios países no les sorprenda), no todos los jueces en Puerto Rico se consideran adalides de la justicia—problema que se ha estado criticando por años y años.  Y aunque—ALERTA DE CLICHÉ… ALERTA DE CLICHÉ… ALERTA DE CLICHÉ—la gran  mayoría de los jueces en Puerto Rico son honestos y decentes, gente que tiene que arar con los bueyes que el sistema de justicia les da, lamentablemente, algunos miembros de la judicatura no tienen la sensibilidad para atender situaciones como la de este caso.  Tal vez no tienen ni idea del desamparo que dejan a las víctimas, si éstas logran sobrevivir (aunque para ellas, la vida no será lo mismo), o a quienes les sobrevivan, como consecuencia de decisiones a todas luces malas.  Y esas víctimas o quienes les sobreviven acaban por perder la fe en un sistema al que acudieron en busca de justicia, sólo para acabar derrotados y dejados a morder el polvo.

Lamentablemente, esa es una de esas cosas que ya dejó de sorprenderme que ocurran.

2) El caso de la querellante fantasma

Lo otro que me llamó la atención esa misma semana fue el extraño ataque contra la reputación del reconocido salubrista puertorriqueño, José “Chaco” Vargas Vidot, fundador y líder de la organización no gubernamental, Iniciativa Comunitaria.  Todo surgió de lo siguiente:

“Una doctora boricua de nombre María Rodríguez presentó una querella ante el secretario de Justicia Federal, Eric Holder, contra el reconocido salubrista y líder de la entidad Iniciativa Comunitaria, José Vargas Vidot.

“Entre las alegaciones de Rodríguez están, que Vargas Vidot se hace pasar por médico aun sin tener licencia para practicar la medicina y que utiliza instrumentos médicos. Así como que utiliza vestimenta ‘médica’ y que permite que en los medios de comunicación se refieran a él como médico y galeno.”

(Adaptado de: Presentan querella federal contra Vargas Vidot y alegan que no es doctor, Primera Hora, 10 de agosto de 2011 @ 13:06 UTC –4.)

Ante esto, Vargas Vidot ofreció una conferencia de prensa horas después, en la que explicó que a pesar de que estudió medicina y de estar diplomado debidamente, optó en su momento por no tomar el examen de reválida y decidió hacer su práctica en salud pública.  O sea, que en lugar de sentarse cómodamente detrás de un escritorio en un consultorio con aire acondicionado, recetando sabe Dios cuántas Valium a pacientes depresivos o bipolares, él quiso dedicar su vida a ayudar a los deambulantes, a los adictos a drogas, a las prostitutas, en fin, a todos aquéllos a quienes la vida ha relegado a vivir eternamente en la miseria, a quedar en el olvido de una sociedad que se niega a verlos, que no quiere mirarse en el espejo porque le duele ver su propio reflejo.

Pero lo peor del asunto es que la doctora que presentó la querella ante la justicia estadounidense, una tal “Dra. María Rodríguez”, con “licencia número 606”, o no existe o es tan cobarde como para esconderse detrás de un seudónimo y de una licencia falsa (ya que ni siquiera ese número de licencia está activo en el organismo puertorriqueño que regula la práctica profesional de la medicina).  Y aun cuando el propio Vargas Vidot sonó un poco conciliatorio durante su conferencia de prensa y tuvo a bien perdonar a la supuesta doctora por su proceder (con lo que demostró aquello de lo que Prometeo da testimonio en esta entrada de Poder 5), muchos de nosotros (y de nuevo me incluyo) pensamos que lo ocurrido fue un acto mezquino, una muestra de la peor cobardía posible.  Un acto que como se puede leer de la cita que hice un momento atrás, denota muchas cosas: envidia, inmadurez, deseo de perjudicar a terceros, en fin, maldad absoluta.

Y siempre sucede que lo que cree quien comete actos como éste, o hasta quien los propicia (porque siempre queda la sospecha de que alguien los propicia—y no me sorprendería de que así fuera en este caso), es que con ello destruye cualquier esfuerzo que vaya dirigido a mejorar la vida de los marginados, a darles nuevas posibilidades, a darles la esperanza de una vida mejor.  Pero como siempre sucede, quien así crea se equivoca.  Creerá que al destruir a un hombre (o por lo menos, tratar de destruirlo) destruirán su misión, destruirán su propósito, su función en la vida.  Al contrario, no lo lograrán, porque siempre existirá la necesidad de darle apoyo a los marginados, de decirles que son seres humanos, de decirles que tienen tanto derecho a una vida digna y decente como el que más, de decirles que no están solos en este mundo.

Y mientras haya esa necesidad, siempre habrá gente como el Dr. José Vargas Vidot… ¡gústele a quien le guste!

3) Los vientos huracanados de agosto

Por último, demás está decir lo sorprendente que ha sido recibir sistemas ciclónicos tan temprano en la temporada de huracanes del Océano Atlántico Norte como en el mes de agosto.  Digo, hasta ahora, mi experiencia había sido que las tormentas más fuertes se sintieran ya entrado septiembre y hasta mediados de octubre (que los meteorólogos—no “metereólogos”, como solemos escucharle a alguna gente supuestamente culta—nos dicen que es la punta estadística de la incidencia de sistemas atmosféricos con potencial ciclónico).

Pero la cosa es que durante el mes de agosto han sido dos los sistemas atmosféricos que nos ha dado más dolores de cabeza—¡y lo que falta todavía!  “Emily”, hace dos semanas, pasó al sur de Puerto Rico con secuelas de lluvias fuertes.  Pero entonces, para hacerme quedar mal, creíamos que el próximo sistema que apuntaba hacia el Caribe seguiría el mismo rumbo, y no fue así.  “Irene” pasó por Puerto Rico como tormenta tropical en la madrugada del lunes 22 de agosto de 2011, pero se convirtió en huracán a su salida de la isla a mar abierto.  (Mientras escribo esto, “Irene” se mantiene como huracán y apunta a rozar la costa este de los EE.UU.—y hasta penetrar los estados del noreste—, probablemente desarrollándose con mayor intensidad en el proceso.)

Y nuevamente, ha quedado al descubierto las fallas que suelen ocurrir en los sistemas vitales para los ciudadanos: líneas eléctricas tumbadas por los vientos o por ramas de árboles, viviendas sin servicio de agua potable, derrumbes de tierra o roca suelta (o ambas) sobre las carreteras, particularmente las del interior montañoso boricua, viviendas afectadas por las crecidas de los ríos, al lado de los cuales ni se debió haber construido las mismas…

¿Será que no hemos aprendido de tantas veces que la naturaleza descarga su furia contra nuestra isla?  ¿Cuantas veces tendremos que darnos con la cabeza contra la misma pared?  (Y esa pared, hace rato está teñida de rojo sangre…)  Digo, para muchas personas es evidente que ello es el reflejo de años en los que la planificación no era lo suficientemente proactiva como lo debería ser hoy en día.  (Y aún así, hay áreas de la planificación que creo que aún no han evolucionado desde el siglo pasado, pero ya eso es otro tema.)

Pero en fin, habrá que ver cuántos de estos fenómenos atmosféricos tendrán que pasar por Puerto Rico, aunque sea “por un pelo”, antes de buscar la manera de prevenir sus efectos más adversos.  Yo prefiero creer que no será muy tarde para ello.

Y ahora sí, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

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Ni ley ni orden: Explosión criminal

Balanza de la Justicia
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Amigas y amigos, mi gente: Algo tiene que estar tan tremendamente mal en Puerto Rico, como para que se produzcan alrededor de 30 muertes violentas durante un sólo fin de semana.  Tremendamente mal.  (Y eso, que éstas no incluyen la muerte de un niño de 11 años de edad a manos de delincuentes armados, la madrugada del día en que escribo esto… sí, lo leyeron bien: escribí, “un niño de 11 años de edad”.)  Y muchas de esas muertes violentas están relacionadas con ese cáncer social que hemos dejado que haga metástasis en nuestro país: la droga.  La misma que enriquece a un@s que se creen dueños del mundo, mientras siembran la semilla del dolor y la desesperación en muchas familias aquí y allá.

Pero si malo es ver cómo se deshace una sociedad ante nuestros propios ojos, peor es ver cómo las autoridades que se supone que velen por la seguridad de sus conciudadanos, “se asombran” al ver cómo la situación se les ha ido—aparentemente, entiendo yo—casi completamente de las manos.  Y ciertamente no debe ser un signo de optimismo para un alto oficial de la Policía de Puerto Rico, admitir que “no se esperaba” que hubiera ocurrido la cantidad de crímenes violentos que ocurrió el pasado fin de semana.  Que esa incidencia criminal era “un hito en la historia policiaca puertorriqueña”.

Es más, si yo fuera un alto oficial de la Policía (y afortunadamente, ni lo soy ni me interesa cambiar mi rumbo profesional a estas alturas de mi vida—o sea, gracias… ¡pero no, gracias!), sentiría tanta vergüenza que me movería a tratar de hacer algo.  Pero algo que no sea—como decía el viejo comercial de una marca de habichuelas—”lo mismo… lo mismo… lo mismo…”.  Aunque sea un “aguaje”.  Aunque en el camino me pongan obstáculos, me pongan “peros”.  Pero trataría de hacer algo.

Aunque parece que para hacer algo, las cosas son bien cuesta arriba.  Y son cuesta arriba, mientras no se cuente con una dirección bien capacitada en los altos mandos, mientras éstos no le den al (a la) policía honest@, honrad@ y decente—porque a pesar de los pesares, l@s hay, y yo estoy convencido de que ést@s son l@s más, y que exceden por mucho las deshonrosas excepciones que aparecen de vez en cuando—el apoyo que necesita.  Y son muy cuesta arriba, mientras esos altos mandos respondan a intereses que no son necesariamente el bienestar y la seguridad del pueblo al que juraron proteger y defender.  Y esos intereses pueden ser políticos o de alguna otra índole que no conocemos.  (O tal vez, sólo podemos especular de qué otra índole…)

Y mucho peor aún: mientras se siga asumiendo frente a la delincuencia una pose de “túmbame la pajita del hombro”, como la que insisten en asumir algunas de estas autoridades (valga recordar la patética imitación de “Dirty Harry” que vimos el año pasado), y que no va acompañada de acciones concretas para atajar los males sociales que llevan a toda una sociedad en una carrera desenfrenada hacia el borde del barranco, mucho más que peores van a estar las cosas.

Interesantemente, lo único que ofrecen algunos de estos aprendices de justicieros es un lema: “Puerto Rico es una Sociedad de Ley y Orden”.  Pero como se ven las cosas en estos momentos… yo creo que no tenemos ni lo uno ni lo otro, ni Ley ni Orden.  Y las consecuencias, las vemos demasiado de cerca para nuestro bien.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

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Sirviendo a dos amos

Pentecostal Preacher
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“«Ningún sirviente puede servir a dos amos; porque odiará a uno y querrá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro.  No se puede servir a Dios y a las riquezas.»

“Los fariseos, que eran amigos del dinero, oyeron todo esto y se burlaron de Jesús.  Jesús les dijo: «Ustedes son los que se hacen pasar por buenos delante de la gente, pero Dios conoce sus corazones; pues lo que los hombres tienen por más elevado, Dios lo aborrece».”

(El Evangelio según San Lucas, capítulo 16, versos 13–15; citado de la versión Dios Habla Hoy.  México, D.F.: Sociedades Bíblicas Unidas, 1983).

Me pregunto qué harían muchas de nuestras figuras públicas de hoy en día si se vieran en una disyuntiva como ésa.  Tal vez se sentirían amenazadas, se sentirían que por más que traten de dar cara al mundo como supuesta gente de bien, alguien sabe cómo son cuando dan la espalda.

Puede ser que muchos de los que son rápidos para juzgar y para condenar las “fallas” de los demás—pero lentos para perdonar a quienes cometen esas “fallas”, lentos para solidarizarse con el ser humano que habita dentro de eso que llamamos “pecador (o pecadora)”—queden retratados en una afirmación como la que cito arriba.  Desde los jueces cuya ascensión responde a criterios ajenos a los méritos de su profesión (resumidos en lo que denominan, “la marejada del cambio” electoral), y que en esencia validan la acción violenta e inhumana contra una mujer cuya conducta no se atiene a las normas de su mundo perfecto; pasando por la persona que se apropia de un título que conlleva una mayor dignidad y humildad (¿he dicho “apóstol” yoooooooooo?), que invierte en autos lujosos y joyas—y hasta se construyen imperios—las “ofrendas” que le sacan a quienes la siguen, al tiempo que predican el “evangelio de la santa prosperidad”—y encima de eso, atribuye cualidades infernales a quienes no encajan dentro de su estrecho concepto de lo que es ser “hombre” o “mujer”; tal vez alcanzando al que en aras de una ideología supuestamente “bendecida por Dios” trastoca a su antojo la historia, las cosas que—gústele a quien le guste—sucedieron, que son parte de la vida de un pueblo, y la transforma en algo “neutral”, tal vez para borrar de la faz de la tierra su recuerdo, tal vez para creerse a sí mismos lo grandes que son.

No sé, pero de momento me recuerdo de aquel intento de chiste que hice en una entrada anterior, cuando escribí (citando entonces como ahora la versión Dios Habla Hoy)…

“Nos acaba de pasar por encima el día de los padres, y pensando en ello, quise plasmar en este mensaje un cuento que le escuché a un pastor bautista natural de mi pueblo…  Resulta que éste es un padre de los de ‘enántej’, que cada tarde ponía a su hijo a leerle la siguiente porción bíblica:

“«Hijos, obedezcan a sus padres por amor al Señor, porque esto es justo.  El primer mandamiento que contiene una promesa es éste: ‘Honra a tu padre y a tu madre, para que seas feliz y vivas una larga vida en la tierra’.»
(Efesios, capítulo 6, versos 1–3…)

“Hasta aquí todo iba bien… hasta que el hijo empezaba el verso que le sigue…

“«Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos…»
(Efesios, capítulo 6, verso 4…)*

“¡Y ahí era que el muy señor él mandaba a su hijo a que dejara de leer y se fuera a dormir!”


“ * El verso 4 completo lee así:

“Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino más bien críenlos con disciplina e instrúyanlos en el amor al Señor.”


Si alguno de es@s que mencioné arriba viene a decirme que habla de parte de Dios… lo siento mucho por ell@s, pero no se los voy a creer.  Tal vez porque sus corazones encierran otra cosa, porque guardan otro sentir que no es consecuente con la prédica de la paz y el amor, con el ideal de ayudar a quienes sufren, a quienes lloran, a quienes necesitan de nuestro apoyo y solidaridad.  Tal vez porque en realidad, son fieles a otro amo, que no es a quienes tanto dicen ser fieles.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.

LDB

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Intermedio solidario: Mutis por el foro

Amigas y amigos, hubiera querido comenzar de otra manera la segunda mitad del 2010—además del cambio en el título de este blog (por si no se habían dado cuenta), pero ya otro tiempo será oportuno para eso.

Lamentablemente, esta mañana desperté para enterarme del fallecimiento del analista político puertorriqueño, Juan Manuel García Passalacqua, a quien dediqué una entrada anterior (cuyo título es la frase a la izquierda de los dos puntos en el título de la presente entrada).  Como lo mencioné entonces, “Juanma”, como se le conocía afectuosamente, era el esposo de la conocida historiadora y autora del blog, Sin Mordazas, Ivonne Acosta Lespier.  Tanto Juanma como Ivonne tuvieron que mudarse (imagino que temporalmente, porque como dije entonces, una voz como la de ella siempre hace falta en Puerto Rico, y más en los momentos terribles que estamos viviendo, pero—vuelvo y repito—ya otro tiempo será oportuno para eso) al estado de Ohio, de modo de pasar junto a su familia los días que a él le quedaran por vivir.

Sirvan ahora estas líneas para reiterar el apoyo, comprensión y solidaridad que le expresé en su momento a Ivonne, cuando apenas empezaba a enfrentar este amargo trance.  Ya se hizo la voluntad del Divino Creador (o la Fuerza Suprema de la Creación, según cada quien la concibe), y ahora él estará donde no hay sufrimiento, donde no hay dolor, donde hay paz.  La misma paz que esperamos que reine en los corazones de Ivonne y su familia, ahora que este proceso ha culminado.

¡Que así sea!  ¡Buen viaje, Juanma!  ¡Y a ti, Ivonne, mucha paz y mucho consuelo!  Aquí a tus órdenes, siempre.

LDB