El confinado cuatrocientos sesenta y seis del sesenta y cuatro

English: Young Nelson Mandela. This photo date...
English: Young Nelson Mandela. This photo dates from 1937. South Africa protect the copyright of photographs for 50 years from their first publication. See . Since this image would have been PD in South Africa in 1996, when the URAA took effect, this image is PD in the U.S. Image source: http://www.anc.org.za/people/mandela/index.html (Photo credit: Wikipedia)

Ocurrió justo en la víspera de mi cumpleaños 55, casi dos semanas después de que el mundo recordara los 50 años del asesinato del presidente Kennedy.

Esa tarde, cuando ya la noticia más o menos seria estaba por dar paso a otro tipo de noticia menos seria (o para quienes no capten la ironía puertorriqueña implicada: cuando los principales noticiarios de la televisión estaban por terminar su edición vespertina para dar paso a la basura chismográfica que domina el atardecer televisivo del boricua promedio, desde los tiempos de la conocida muñeca… ¿he mencionado nombre yooooo?), una noticia lamentable había comenzado a circular: Nelson Rolihlahla Mandela, el hombre al que yo llamé en otra ocasión en este blog, “un alma noble” (aunque hubiera preferido no utilizarlo en una comparación con alguien que no debe atreverse ni a llegarle a los tobillos), había alcanzado su meta, había culminado su largo camino hacia la libertad a los 95 años de edad.

Ciertamente, los hechos de la vida de Mandela me dan más que suficiente razón para haberlo descrito así en este blog.  Luchador incansable por los derechos de la población nativa del África del Sur (nombre que prefiero personalmente por encima del de “Sudáfrica”), que una minoría blanca pretendió pisotear a través del abusivo ordenamiento público conocido como “apartheid”.  Lucha que lo llevó de ser un abogado de derechos civiles a ser un líder que abogaba, como Gandhi, por la resistencia no violenta, para incluso abogar por la lucha armada como medio para conseguir sus objetivos, y de ahí a ser un confinado marcado con el número cuatrocientos sesenta y seis del (mil novecientos) sesenta y cuatro.  Número que le acompañaría por unos 27 años, 18 de ellos en una notoria cárcel de ésas que podrían pasar por “la isla de los condenados” en cualquier melodrama televisivo de los de la “vieja escuela” (¿Palmerola o Mario Pabón, anyone?), de ésas que no buscan rehabilitar al delincuente, sino minarle su voluntad y derrotar su espíritu.  Para entonces vivir para ver su libertad y convertirse en una figura que unió a su propio pueblo, negros y blancos, nativos y extranjeros (y sus descendientes)—y ganarse el cariño y el respeto de la mayor parte del mundo en el proceso.  Incluso el reconocimiento de la Academia Sueca al otorgarle el Premio Nobel de la PAZ (así, con mayúsculas), reconocimiento que pudo mantener con dignidad y honra, a diferencia de uno que otro de quienes recibieron ese reconocimiento después que él.

Así que más o menos, el desborde de cariño, respeto y admiración fue lo que se vio durante los 10 días de luto oficial que vivieron los africanos del sur, ante la mirada del resto del mundo—salvo por un par de notas discordantes como la del “selfie” del presidente Obama con los primeros ministros británico (David Cameron) y danesa (Helle Thorning Schmidt) (ante la cara de seriedad de la primera dama estadounidense, porque se trata de un acto fúnebre, ¡‘dito sea Dios!; apuesto a que su esposo dormiría esa noche en “la cocina” del “Air Force 1”) y la del presunto “intérprete de lenguaje de señas” que parecía estar jugando a las “charadas” (además de que Dios sabrá la de cosas impublicables que habrá expresado ese individuo—digo, yo no conozco ni papa del lenguaje estadounidense de señas, ASL, ni mucho menos otro lenguaje similar para saber lo que él expresó en realidad), luego de ver “ángeles” u otros “entes sobrenaturales” entrando al estadio donde se hizo la ceremonia.

Pero más allá de eso, lo importante es que ahora queda un legado, tanto para los africanos del sur como para el resto del mundo.  Un legado de firmeza en las convicciones, de buscar aquello que debe unir—más bien, une—a los seres humanos, sin esa distinción artificial resultante de cómo vemos el color de la piel del otro, o de dónde procede, o cómo es su cultura o su ideario político, o si es hombre o mujer, o si habiendo nacido hombre o mujer tiene otras inclinaciones (siempre que las mismas no sean hacia cosas verdaderamente abominables—y ésa es una raya que hay que tirar de todos modos), o si cree en Dios o en una Fuerza Suprema, o incluso si no cree.

Un legado que siempre se verá bajo amenaza de quienes no ven la vida con ese mismo espíritu.  De quienes pretenden mantener vivas las cosas que dividen a los seres humanos.  De quienes pretenden explotar los miedos de l@s incaut@s hacia “el otro”—se llame “mujer”, “negro”, “latino” o “hispano”, “chino” u otro tipo de asiático (total, hay quien no distingue unos de otros), “homosexual” o “lesbiana” o “bisexual” o “transexual” o “transgénero” (y también hay quien pinta a todos éstos con el mismo brochazo)… se llame como se llame—para adelantar sus propias agendas en lo político, en lo religioso, en lo social.  Bajo amenaza de quienes no creen en la justicia social.

Pero aún así, es un legado del que podemos tod@s aprender algo, si nos lo proponemos.  Y que podemos aplicar en nuestras vidas, si queremos.  Y que podemos seguir propagando y extendiendo, si aceptamos esa misión que. después de todo, será para el bien de quienes sigan nuestros pasos ahora, y de quienes seguirán sus pasos después.

Y es un legado de justicia, de persistencia, y sobre todo, de unión.  UNIÓN para enfrentar las dificultades que encontramos a lo largo del camino.  UNIÓN para prevalecer, más allá de las pequeñas diferencias, en busca del bienestar de todos.  UNIÓN para lograr una vida mejor, un futuro mejor.

De mi parte, yo estoy seguro que mientras escribo estas líneas, el espíritu de Nelson Mandela estará sonriendo sobre este mundo, y sobre el África del Sur que tanto amó y por cuya libertad del racismo institucionalizado luchó tanto.  Total, muy a pesar de los pesares, y de haber estado 27 años de confinado, con el número cuatrocientos sesenta y seis del (mil novecientos) sesenta y cuatro, en muchas de las imágenes de su vida se le veía con una sonrisa.

Y yo me atrevo a pensar que la sonrisa que él luce ahora será de satisfacción, por haber cumplido su misión en la vida.  Porque al final de su largo camino, él alcanzó la libertad.

¡Hasta siempre, “Madiba”!

P.S. Les dejo aquí los enlaces a su biografía, vía Wikipedia (en español y en inglés) y a la Fundación Nelson Mandela, por si están interesad@s.

LDB

Misas sueltas de agosto–versión de 2011

From his vantage point high above the earth in...
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Amigas y amigos, mi gente: Aquí estoy de regreso, aunque nunca me he ido—como tal vez se habrán dado cuenta por los dos o tres cambios de diseño que me da por hacerle al blog de un día para otro.  Pero bueno, lo único que les pido es que me tengan un poco de paciencia cuando eso sucede, aunque voy a tratar de hacerlo lo menos seguido posible, ¿OK?

Dicho eso, voy a tratar de ponerme al día con varias cosas que llamaron bastante mi atención mientras no estuve escribiendo este blog.  El único “pero” que tengo es que esta entrada podría salir más larga de lo debido, pero como la moda ahora es decir como la nueva versión (de 2011) del clásico tema del grupo, “El Gran Combo de Puerto Rico”, “echar pa’lante, nunca pa’atrás”… pues echemos pa’lante, shall we?

1) El caso del asesinato “atenuadito”

Primero en la agenda es el furor que ha causado la decisión de una jueza de primera instancia (emitida el 11 de agosto de 2011, pero divulgada casi una semana después) de declarar a un acusado en un caso de violencia de género de tipo conyugal, culpable de “asesinato atenuado”* por los hechos (irónicamente, ocurridos el 2 de abril de 2010, o sea, el Viernes Santo de ese año) en los que le dio muerte a su esposa (de la que estaba separado) mediante golpes en el rostro con un tubo de los que se utilizan en el reemplazo de gomas para autos (“llantas” o “neumáticos” en otros países hispanohablantes).  O sea, que a pesar de toda la prueba desfilada, incluida la confesión que se alega que el individuo hizo a las autoridades en el momento en el que intervinieron con él, una jueza de primera instancia optó por no hallarlo culpable de asesinato en primer grado—dada la saña y la premeditación que él habría mostrado en la comisión del delito—y, a mi entender, se dejó llevar por el “¡ay bendito!”, ese sentimiento de pena y hasta solidaridad que (para bien o para mal) nos caracteriza a los puertorriqueños, y lo declaró culpable de “asesinato atenuado”.

(Baidegüei, la versión original que yo quería hacer de esta parte de la entrada incluiría una cita directa de los artículos en el Código Penal de Puerto Rico de 2004, relacionados con el asesinato, sus modalidades y las distintas penas a aplicarse.  Pero para no hacer esta entrada más larga de lo debido, les ofrezco lo que dice el Artículo 108 sobre el “asesinato atenuado”: es aquel asesinato que “tiene lugar en ocasión de súbita pendencia o arrebato de cólera”, y en Puerto Rico se penaliza como asesinato en tercer grado—el mismo grado que constituye la muerte ocasionada como lo indica el Artículo 109 que le sigue, “al conducir un vehículo de motor bajo los efectos de bebidas embriagantes, sustancias controladas o con claro menosprecio de la seguridad de los demás; o al apuntar y disparar con un arma de fuego hacia un punto indeterminado”.  Aquí les dejo la referencia: Delitos contra la vida (Código Penal de Puerto Rico 2004), Biblioteca PopJuris, visitado por mí el 14 de agosto de 2011.)

Hay veces en las que no sé si estas cosas suceden a propósito, porque haya quien se divierte creando situaciones sociales delicadas, sólo por ver reaccionar a los sectores sociales con mayor conciencia y sentido de humanidad…  OK, estoy estirando un poco el “chicle” porque aquí viene uno de esos “clichés” que yo odio a muerte: Como siempre, las reacciones no se hicieron esperar.  (Reacciones que en esta ocasión recoge la Lcda. Verónica Rivera Torres en su blog, Mujeres en Puerto Rico.)  Y esas reacciones han sido principalmente de indignación por la decisión tomada, de preocupación por apuntar a un retroceso hacia los tiempos en los que estos casos se hacían llamar “crímenes pasionales”, en los que al calor del momento se priva de la vida al ser que alguna vez se juró amar para siempre.

Pero una de las reacciones más interesantes ha sido la de cuestionar a la jueza que tomó la nefasta decisión.  Para much@s(incluido quien les escribe), no tiene sentido que una jueza que tiene ante sí prueba de los delitos cometidos, que incluso evaluó la confesión del acusado—que se presume que la prestó libre y voluntariamente y sin ninguna clase de presión indebida—, hubiera sentido “pena” por el acusado, incluso excusándole su conducta conyugal hacia la víctima.  Poco hubiera faltado para que la “distinguida” jueza determinara que la víctima se infligió a sí misma las heridas que la mataron (¡!), o que la víctima fuera la clase de persona que resultaría herida de un balazo, ¡si tuviera la mala suerte de estar en el medio de una pelea a cuchillazos!

Francamente, me rehúso a creer que en la judicatura puertorriqueña hayan personas capaces de tomar decisiones como ésa, aun teniendo las pruebas ante sí.  Lamentablemente, para que quienes leen esto fuera de Puerto Rico lo sepan (aunque con la experiencia de sus propios países no les sorprenda), no todos los jueces en Puerto Rico se consideran adalides de la justicia—problema que se ha estado criticando por años y años.  Y aunque—ALERTA DE CLICHÉ… ALERTA DE CLICHÉ… ALERTA DE CLICHÉ—la gran  mayoría de los jueces en Puerto Rico son honestos y decentes, gente que tiene que arar con los bueyes que el sistema de justicia les da, lamentablemente, algunos miembros de la judicatura no tienen la sensibilidad para atender situaciones como la de este caso.  Tal vez no tienen ni idea del desamparo que dejan a las víctimas, si éstas logran sobrevivir (aunque para ellas, la vida no será lo mismo), o a quienes les sobrevivan, como consecuencia de decisiones a todas luces malas.  Y esas víctimas o quienes les sobreviven acaban por perder la fe en un sistema al que acudieron en busca de justicia, sólo para acabar derrotados y dejados a morder el polvo.

Lamentablemente, esa es una de esas cosas que ya dejó de sorprenderme que ocurran.

2) El caso de la querellante fantasma

Lo otro que me llamó la atención esa misma semana fue el extraño ataque contra la reputación del reconocido salubrista puertorriqueño, José “Chaco” Vargas Vidot, fundador y líder de la organización no gubernamental, Iniciativa Comunitaria.  Todo surgió de lo siguiente:

“Una doctora boricua de nombre María Rodríguez presentó una querella ante el secretario de Justicia Federal, Eric Holder, contra el reconocido salubrista y líder de la entidad Iniciativa Comunitaria, José Vargas Vidot.

“Entre las alegaciones de Rodríguez están, que Vargas Vidot se hace pasar por médico aun sin tener licencia para practicar la medicina y que utiliza instrumentos médicos. Así como que utiliza vestimenta ‘médica’ y que permite que en los medios de comunicación se refieran a él como médico y galeno.”

(Adaptado de: Presentan querella federal contra Vargas Vidot y alegan que no es doctor, Primera Hora, 10 de agosto de 2011 @ 13:06 UTC –4.)

Ante esto, Vargas Vidot ofreció una conferencia de prensa horas después, en la que explicó que a pesar de que estudió medicina y de estar diplomado debidamente, optó en su momento por no tomar el examen de reválida y decidió hacer su práctica en salud pública.  O sea, que en lugar de sentarse cómodamente detrás de un escritorio en un consultorio con aire acondicionado, recetando sabe Dios cuántas Valium a pacientes depresivos o bipolares, él quiso dedicar su vida a ayudar a los deambulantes, a los adictos a drogas, a las prostitutas, en fin, a todos aquéllos a quienes la vida ha relegado a vivir eternamente en la miseria, a quedar en el olvido de una sociedad que se niega a verlos, que no quiere mirarse en el espejo porque le duele ver su propio reflejo.

Pero lo peor del asunto es que la doctora que presentó la querella ante la justicia estadounidense, una tal “Dra. María Rodríguez”, con “licencia número 606”, o no existe o es tan cobarde como para esconderse detrás de un seudónimo y de una licencia falsa (ya que ni siquiera ese número de licencia está activo en el organismo puertorriqueño que regula la práctica profesional de la medicina).  Y aun cuando el propio Vargas Vidot sonó un poco conciliatorio durante su conferencia de prensa y tuvo a bien perdonar a la supuesta doctora por su proceder (con lo que demostró aquello de lo que Prometeo da testimonio en esta entrada de Poder 5), muchos de nosotros (y de nuevo me incluyo) pensamos que lo ocurrido fue un acto mezquino, una muestra de la peor cobardía posible.  Un acto que como se puede leer de la cita que hice un momento atrás, denota muchas cosas: envidia, inmadurez, deseo de perjudicar a terceros, en fin, maldad absoluta.

Y siempre sucede que lo que cree quien comete actos como éste, o hasta quien los propicia (porque siempre queda la sospecha de que alguien los propicia—y no me sorprendería de que así fuera en este caso), es que con ello destruye cualquier esfuerzo que vaya dirigido a mejorar la vida de los marginados, a darles nuevas posibilidades, a darles la esperanza de una vida mejor.  Pero como siempre sucede, quien así crea se equivoca.  Creerá que al destruir a un hombre (o por lo menos, tratar de destruirlo) destruirán su misión, destruirán su propósito, su función en la vida.  Al contrario, no lo lograrán, porque siempre existirá la necesidad de darle apoyo a los marginados, de decirles que son seres humanos, de decirles que tienen tanto derecho a una vida digna y decente como el que más, de decirles que no están solos en este mundo.

Y mientras haya esa necesidad, siempre habrá gente como el Dr. José Vargas Vidot… ¡gústele a quien le guste!

3) Los vientos huracanados de agosto

Por último, demás está decir lo sorprendente que ha sido recibir sistemas ciclónicos tan temprano en la temporada de huracanes del Océano Atlántico Norte como en el mes de agosto.  Digo, hasta ahora, mi experiencia había sido que las tormentas más fuertes se sintieran ya entrado septiembre y hasta mediados de octubre (que los meteorólogos—no “metereólogos”, como solemos escucharle a alguna gente supuestamente culta—nos dicen que es la punta estadística de la incidencia de sistemas atmosféricos con potencial ciclónico).

Pero la cosa es que durante el mes de agosto han sido dos los sistemas atmosféricos que nos ha dado más dolores de cabeza—¡y lo que falta todavía!  “Emily”, hace dos semanas, pasó al sur de Puerto Rico con secuelas de lluvias fuertes.  Pero entonces, para hacerme quedar mal, creíamos que el próximo sistema que apuntaba hacia el Caribe seguiría el mismo rumbo, y no fue así.  “Irene” pasó por Puerto Rico como tormenta tropical en la madrugada del lunes 22 de agosto de 2011, pero se convirtió en huracán a su salida de la isla a mar abierto.  (Mientras escribo esto, “Irene” se mantiene como huracán y apunta a rozar la costa este de los EE.UU.—y hasta penetrar los estados del noreste—, probablemente desarrollándose con mayor intensidad en el proceso.)

Y nuevamente, ha quedado al descubierto las fallas que suelen ocurrir en los sistemas vitales para los ciudadanos: líneas eléctricas tumbadas por los vientos o por ramas de árboles, viviendas sin servicio de agua potable, derrumbes de tierra o roca suelta (o ambas) sobre las carreteras, particularmente las del interior montañoso boricua, viviendas afectadas por las crecidas de los ríos, al lado de los cuales ni se debió haber construido las mismas…

¿Será que no hemos aprendido de tantas veces que la naturaleza descarga su furia contra nuestra isla?  ¿Cuantas veces tendremos que darnos con la cabeza contra la misma pared?  (Y esa pared, hace rato está teñida de rojo sangre…)  Digo, para muchas personas es evidente que ello es el reflejo de años en los que la planificación no era lo suficientemente proactiva como lo debería ser hoy en día.  (Y aún así, hay áreas de la planificación que creo que aún no han evolucionado desde el siglo pasado, pero ya eso es otro tema.)

Pero en fin, habrá que ver cuántos de estos fenómenos atmosféricos tendrán que pasar por Puerto Rico, aunque sea “por un pelo”, antes de buscar la manera de prevenir sus efectos más adversos.  Yo prefiero creer que no será muy tarde para ello.

Y ahora sí, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

Cuestion de privilegio

Main tower of the University of Puerto Rico ca...
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Lo cierto es que la UPR disfruta de un enorme privilegio… y sus estudiantes también.

[INSERTAR AQUÍ UN GRÁFICO MUY LINDO Y LLAMATIVO TITULADO, “Estudiar en la UPR es un privilegio…”]

“La Universidad disfruta de una asignación presupuestaria multimillonaria garantizada por fórmula equivalente al 9.6% de los ingresos del gobierno… que este año fiscal 2010 ascendió a la friolera de $730 millones.  El 81% de los gastos de la universidad lo pagamos NOSOTROS LOS CONTRIBUYENTES y el gobierno federal.  Eso quiere decir que este año la UPR le cuesta $726 a CADA CONTRIBUYENTE en Puerto Rico.

No son pocos los que reconocen que estudiar en la Universidad de Puerto Rico es un privilegio. Si no, pregúntenle a las decenas de miles de jóvenes que no pueden estudiar en la universidad del estado y se fajan estudiando responsablemente y pagando el costo mucho más alto de universidades privadas.

“El crédito en la UPR cuesta en promedio $51; mientras que en las principales universidades privadas de la Isla cuesta entre $163 y $176.  El año en la UPR cuesta en promedio $1,300, mientras que en la más barata de las principales universidades privadas en Puerto Rico el año cuesta $4,200.

“En el año fiscal en curso, la UPR recibió casi $165 millones en Becas Pell del gobierno federal para beneficiar unos 40,300 estudiantes.  Eso quiere decir que CADA ESTUDIANTE RECIBIÓ en promedio $4,082 en Becas Pell del gobierno federal… $1,320 para pagar la matrícula y otros $2,762 para gastar EN LO QUE ELLOS QUIERAN.  Ningún estudiante, no ya en Puerto Rico, sino en ninguna universidad estatal en los estados disfruta de privilegios como esos.

“De hecho, del presupuesto de este año de la UPR que asciende a $1,460 millones, solamente $90 millones—o apenas el 6.2%—proviene del pago de matrícula y, de eso, más de la mitad proviene de las Becas Pell.

“O sea, que la matrícula que pagan los estudiantes de la UPR cubre apenas el 3% del presupuesto de la Universidad… el resto lo pagamos NOSOTROS LOS CONTRIBUYENTES.

“Por eso es que nuestro pueblo—que es un pueblo justo y noble, pero que también es un pueblo de ley y orden que cree en la democracia—se molesta cuando ve y escucha lo que todos hemos presenciado en la Universidad en los pasados días.

“El respeto al principio de la autonomía universitaria nos obliga a ser prudentes y no intervenir hasta que nos lo requieran las autoridades universitarias.  Pero a las autoridades universitarias les digo: estamos aquí, listos y dispuestos para brindarles la ayuda que ustedes estimen necesaria, cuando ustedes así lo determinen, para proteger los derechos de TODOS los estudiantes—tanto del minúsculo grupo que protesta, como de la inmensísima mayoría que quiere que las clases continúen—así como los derechos de TODOS los profesores, TODO el personal universitario, TODOS los padres, y TODOS los contribuyentes que pagamos para que la universidad del estado esté abierta, no cerrada.”

(Citado de las páginas 4–5 de: MENSAJE de PRESUPUESTO [Año Fiscal 2010–2011].  Luis G. Fortuño, Gobernador de Puerto Rico.  Capitolio, San Juan [Puerto Rico].  26 de abril de 2010. Cifras monetarias, en dólares estadounidenses [US$].  Y el énfasis, especialmente en todo lo que tiene que ver con “privilegio” en esta cita, es completamente intencional.)

¡Saludos otra vez, mi gente!

Déjenme ser honesto con ustedes.  Quise incluir el tema del actual paro en el sistema de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en la entrada anterior (con todo y las consecuencias que suelen tener los paros en la UPR, como lo relaté en este blog hace cinco años), aunque ello resultara en una entrada muy larga.  Pero aunque al fin y al cabo me limité a dedicar la entrada anterior al creciente disgusto con la nueva ley estatal de Arizona que criminaliza a los inmigrantes ilegales (particularmente los mexicanos y otros latinoamericanos), no dejaba de inquietarme este otro ejemplo de la actitud oficialista de tratar a quienes son opuestos ideológicos como “el enemigo”.  De particular inquietud me resultó leer la cita en el mensaje presupuestario para el año fiscal que comenzará el 1 de julio de 2010, en el sentido de que estudiar en el sistema de la Universidad de Puerto Rico es lo que el gobernador Luis G. Fortuño Bruset llama, “un privilegio”.  Un privilegio que se alcanza y se disfruta, mayormente a costillas de quienes pagamos nuestros impuestos (“las víctimas inocentes”).  Un privilegio que permite que los estudiantes (“los villanos”), además de estudiar, puedan hacer lo que les dé la gana (y eso automáticamente los hacen ser “los malos de la película”).  Un privilegio por el que los estudiantes deben “agradecer” al Estado (“el héroe”, “el gran benefactor”, “el padre bondadoso”) y a quienes lo sostienen (principalmente) mediante el pago de impuestos, en lugar de estar protestando cada vez que al mismo Estado le dé la gana de limitar el acceso a ese mismo “privilegio” (mediante el recorte presupuestario y la reducción o eliminación de las exenciones de matrícula), por aquello de la “recuperación económica y fiscal”.

Y si los estudiantes no son todo lo “agradecidos” que el Estado quiere que sean por tener ese privilegio, ¿los habrá de disciplinar como a niños desobedientes?  Digo, yo no sé si ése es el mensaje que se desprende del último párrafo de la cita de arriba, en el cual “el héroe” se ofrece para “rescatar” a “las víctimas inocentes” de la maldad de “los malos”.  Tal vez sea de la misma manera que ocurrió en las huelgas de 1948 y 1981 y en las refriegas de comienzos de la década de 1970, cuando el Estado recurrió a la fuerza policial para aplicar esa disciplina, como suele suceder cuando no se tienen argumentos válidos ni estrategias de negociación efectivas para lidiar con esas situaciones.  (Y en esas ocasiones, no fueron únicamente los estudiantes los que pagaron los platos rotos, sino también muchos ciudadanos de Río Piedras que no tenían nada que ver con lo que sucedía.)

Y la primera idea que me viene a la mente es que lo que se está diciendo aquí es que el Estado “le está haciendo un favor” al estudiantado universitario—tanto a los que por las pasadas dos semanas se han estado apostando en los portones de casi todos los 11 recintos del sistema para no dejar que se efectúen las funciones normales de la universidad, como a aquéllos que no creen en ese mecanismo de presión y desean completar su año académico sin más retrasos—, de permitirles el acceso a los estudios superiores.  Como si se tratara de proveer el acceso a los servicios que toda agencia gubernamental está llamada a dar.

Pero el problema es que la Universidad de Puerto Rico, la UPR, la universidad del Estado, no es una agencia gubernamental como, por ejemplo, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), que tiene unas funciones específicas conforme a la ley que lo creó en 1972.  La UPR es mucho más que eso. Es donde se prepara a toda una juventud para afrontar los retos del futuro.  Es de donde salen los futuros maestros, médicos, arquitectos, abogados, científicos sociales, filósofos, escritores, artistas plásticos, matemáticos, físicos, químicos y—por qué no—biólogos (celulares, de organismos, de poblaciones y comunidades, etc.).  Es donde se enseña a pensar a las nuevas generaciones, a ver más allá de los confines de sus propias vivencias y experimentar otras corrientes intelectuales…

Déjenme ser más específico: Para mí, la UNIVERSIDAD (así, en mayúsculas) es donde se forman seres humanos pensantes, integrales e íntegros, y no entes mecánicos o autómatas sin vida ni sensibilidad. Y si se fuera a ver en función de prestación de servicios, el servicio que le presta la UPR a Puerto Rico es algo que no se puede reducir a “dólares y centavos”, como lo reducen quienes perciben la universidad como un “campo enemigo”, como un semillero de “izquierdistas” y “comunistas” que quieren “hacerle daño” a “un país de ley y orden”.

Me pregunto si el gobernador Fortuño habrá sentido el aprecio por la UPR en algún momento en su vida.  Digo, si lo que dice su biografía es lo correcto, él tuvo el “privilegio” de ser universitario alguna vez… ¡aunque no en la UPR!

“Obtuvo un grado de bachillerato en Ciencias con especialidad en Servicio Extranjero (B.S.F.S., por sus siglas en inglés) de la Escuela de Servicio Extranjero Edmund A. Walsh en la Universidad de Georgetown, y recibió más adelante el grado de Juris Doctor (J.D., por sus siglas en latín) de la Escuela de Derecho de la Universidad de Virginia en 1985.”

(Tomado de la biografía de Luis G. Fortuño Bruset, vía Wikipedia.  Vea también este otro enlace.)

Yo no sé de él, pero tal vez él no tiene el aprecio por la UPR que tenemos quienes hemos tenido el privilegio de formar parte de la misma (como estudiantes o como instructores, catedráticos, técnicos, etc.), y para quienes la UNIVERSIDAD (de nuevo así, en mayúsculas) sigue siendo fuente de orgullo, y lo será por muchos años más.  Pero allá Juana con sus pollos…

Torre de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, al atardecer. (Tomada originalmente en marzo de 1984.)

Y desde mi posición de “privilegiado” les digo que… ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB
(Maestría en Ciencias en Biología, Clase de 1986, Universidad de Puerto Rico, Río Piedras)
(Bachillerato en Ciencias en Biología Marina, Clase de 1980, Universidad de Puerto Rico, Humacao)

Fue un momento de locura

¡Saludos, mi gente!

Para cuando estén leyendo esto, los ríos de tinta (y también de unos y ceros—después de todo, ésta es la era digital, ¿no?) habrán corrido en lo que se refiere al escándalo surgido desde que el jueves pasado se divulgó la existencia de una serie de 1179 fotos de médicos boricuas que fueron en misión humanitaria a socorrer a las víctimas del terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití y dieron la impresión de no conducirse como profesionales.  Fotos que a muchos nos hicieron recordar las que varios de los soldados estadounidenses se hicieron tomar en la nefasta cárcel de Abu Grahib , con el fin de mostrar “quién es el que manda” en Irak.  (Y en ese caso, sigo pensando que por mayor que sea nuestra ira contra los confinados de esa cárcel—y hasta los que están todavía en la base de Bahía Guantánamo en Cuba—por ayudar a poner al mundo en el estado de inseguridad que se vive hoy en día, nada… NADA nos da el derecho a humillar a ningún ser humano.  Nos guste o no, así no es que se supone que sean las reglas de juego, sobre todo en el tenso ambiente de nuestros días.)

(Por supuesto, la mención de Abu Grahib me trae a la mente el libro del Dr. Phil Zimbardo que llevo leyendo desde que escribí Cuando la hormiga se quiere perder—y que todavía no encuentro el tiempo para seguirlo leyendo, pero no se apuren, ya aparecerá ese tiempo…)

Fotos que uno de los miembros del equipo médico enviado por el Senado de Puerto Rico tras el terremoto del 12 de enero de 2010 en Haití colocó en su página en Facebook, sin pensar ni medir en el momento las consecuencias que hoy en día le están trayendo.  (Consecuencias que al día en el que escribo, él apenas está empezando a ponderar… ¡pero ya es muy tarde para eso!)

Fotos que salen a la luz al pública al ser encontradas por la periodista de MegaTV, Dianne Cabán Arce, aunque haya quien pueda poner en tela de juicio los motivos para su divulgación.  ¿Será porque la periodista en cuestión tuvo el “atrevimiento” de modelar en bikini para el desaparecido programa de TV, “No te Duermas” (aunque habría que ver el efecto que ello ha tenido en su credibilidad como periodista desde entonces)?  ¿Será porque ella aparentemente estuvo envuelta románticamente con uno de los médicos que estuvo en la delegación y que sale en las fotos?  ¿Será éste otro ejemplo de la furia de la mujer despechada?*

(Y para colmo de males, parece que ella “pisó algunos callos” con la divulgación de las fotos, en tanto algunos de los implicados han estado haciendo amenazas en su contra, las cuales se ha pedido que se investiguen lo antes posible.  Pero así es la vida…)

Fotos que pintan un cuadro de insensibilidad ante el dolor ajeno, que pintan a unos médicos que parece que no tomaron en serio la labor humanitaria a la que fueron, que aparecen retratados en la vestimenta propia de su oficio mientras sostienen en sus manos vasos de bebidas alcohólicas, que se sonríen mientras sujetan una extremidad de un paciente en una mano y en la otra una segueta—con la que se presume que habrán de amputar la extremidad afectada—, que se lucen sujetando rifles, fusiles, carabinas, como para “demostrar” quién es el matón del corillo—y peor aún, con la presunta complacencia y complicidad de soldados a los que no parece importarle su deber con la misma institución que les brinda ese mismo uniforme.  (Y aunque yo tampoco estoy muy de acuerdo que digamos con la existencia de la guerra en este mundo nuestro, aun la institución que la promueve merece que quienes la integran le tengan la debida deferencia… pero ésa es sólo mi opinión.)

(Por no hablar de aquellas fotos en las que se retrata a los pacientes en situaciones poco dignas, como la paciente a la que sólo han dejado en la blusa con la que fue llevada a atender, más una gasa para cubrir sus partes íntimas… ¡y que a nadie se le ocurra hacer algo así en Puerto Rico o Estados Unidos con estas leyes de privacidad que existen actualmente!)

Por supuesto, si a mí me dicen que estas fotos responden a que los médicos en cuestión estaban buscando descargar las tensiones propias de tener que lidiar con la miseria, el sufrimiento y el dolor de los haitianos afectados por un fenómeno natural que casi los deja sin país—algo que por su parte debe alertarnos a nosotros y a los dominicanos para que no nos ocurra lo mismo—, tal vez yo lo podría entender.  Lo malo es que esas fotos han dejado un mal sabor, una mala impresión que ha dado la vuelta al mundo (y si aún no lo creen, hagan una búsqueda en Google con los términos, “Médicos+Puerto+Rico+Haiti”, a ver lo que resulta), que pone a estos médicos a la altura de los soldados burlones de Abu Grahib, en tanto crea la impresión de que estos médicos fueron a hacerles un favor a los haitianos, sin un compromiso real de mitigar su sufrimiento, sin el más mínimo asomo de compasión por las víctimas de esta catástrofe de la naturaleza.

A menos que me vengan a decir algo así como, “Oops!  Lo siento mucho, todo fue un momento de locura…”

Definitivamente, jamás yo me iba a imaginar que la falta de un buen sentido de responsabilidad—individual y colectiva—trajera las consecuencias que nos ha traído esta desagradable situación.  Pero ahí están esas consecuencias, y yo espero que esto nos sirva como un momento de aprendizaje, tanto a quienes lucen la insignia de la irresponsabilidad, como a nosotros, los espectadores de este bochornoso espectáculo.

Y ya, eso era.  Vamos a dejarlo ahí.  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


* Por si se me olvida decirles a qué me refiero…

“Heaven has no rage like love to hatred turned
Nor hell a fury like a woman scorned.”

"The Mourning Bride" (1697), por William Congreve (poeta y dramaturgo inglés, 1670–1729).  (FUENTE:  The New Dictionary of Cultural Literacy, Third Edition.  Edited by E.D. Hirsch, Jr., Joseph F. Kett, and James Trefil.  © 2002 Houghton Mifflin Company.  Published by Houghton Mifflin Company.  All rights reserved.)

O sea: “No hay ira en el cielo como la del amor que se volvió odio, ni furia en el infierno como la de una mujer despechada.”


LDB