Entre marido y mujer…

English: Red Light District in Amsterdam
Red light district in Amsterdam - Image via Wikipedia

La verdad es que nada es sagrado—aunque en realidad, esa máxima ha sido la realidad de siempre, y seguirá siendo así por los siglos de los siglos.  Ahora todo lo pertinente a la intimidad de la familia y el hogar, hasta los “secretos de alcoba”, parecen ser el flanco por donde atacar al rival político o ideológico, cuando no se tienen argumentos de mayor valor para discutir, o cuando no se tiene la entereza de carácter para producirlos, o cuando no se busca más que el placer de hacer daño sin medir las consecuencias.

Si no es así, ¿cómo podría explicarse los incidentes recientes en los que la vida personal de dos figuras públicas—con las cuales debo aclarar que no comulgo ideológicamente, para que no se me ubique donde no estoy en realidad—ha sido utilizada como pieza de ataque?  Primero, se aprovechan las secuelas de una discusión de pareja que—por lo demás—no tuvo la trascendencia que hubiese tenido un acto de violencia conyugal o de género, para inutilizar políticamente a una figura opositora de importancia al punto de hacerlo renunciar a su aspiración a reemplazar a un alcalde que—también por lo demás—luce sólido en su posición.  Pero sin apenas conformarse con ese disparo, surge otra controversia por la visita de un candidato político (un candidato a la gobernación de Puerto Rico—of all people!) en momentos en los que era un secretario de gabinete (en el 2006), a una tienda de productos de naturaleza sexual en el noroeste de los EE.UU. (mientras estaba en gestiones oficiales, para colmo).  Visita que el implicado justificó después que había sido allí, y no a un club de bailarinas desnudistas (o en buen puertorriqueño, un club de “strippers”) que estaba en el segundo piso del mismo local, y que el propósito de la visita fue… esteeeeeeeeee… ay, me da “pachó” Ruborizado … para comprarle un “regalito” a su esposa.

(Y yo sé que hay dos o tres enfermit@s entre ustedes que todavía están tratando de averiguar cuál era ese “regalito”.  Por lo menos ni él ni su esposa lo han querido decir públicamente, y A MÍ NO ME INTERESA SABERLO.  ¿OK?)

Pero “pachós” aparte, lo que me ha estado preocupando desde que estos eventos trascendieron es lo que se está tratando de comunicar con los mismos a mi entender.  Tal vez signifique que cuando se quiere poner obstáculos a un candidato político opositor, todo parece ser una tarjeta válida, un blanco fácil—hasta la vida familiar de dicho candidato opositor.  Ahora parece que se quiere explotar la debilidad—real o percibida—de las relaciones familiares o conyugales.  Ahora las discusiones entre los miembros de la pareja—algo que ha existido, existe y existirá en todos los tiempos, en todas las parejas, aun las que se ven más estables (por favor, pellízquenme si creen que estoy tocando de oído en esto)—pueden ser objeto de acusaciones de falta de carácter del adversario.

Hasta la manera en la que esa pareja utiliza esa capacidad que todos los seres humanos—OK, por qué no hacerlo constar aquí, hasta quien les escribe—tienen de disfrutar el don de la sexualidad, puede ser objeto del ataque político más burdo.  ¿Y para qué?  ¿Para presentar al adversario como si fuera una persona con un problema de carácter, mientras que quien lanza el ataque se presenta a la vista del público como una criatura “santa” y “virtuosa”?

Francamente, eso me hace preguntarme cómo será la sexualidad de mucha de esa gente.  Me hace preguntarme si alguna de esas personas que tanto critican lo que haga “el otro” en su intimidad habrán visitado una tienda de artículos de naturaleza sexual, aunque sea “para curiosear”, para averiguar si es cierto lo que se dice que venden esas tiendas—se llamen “Condom World”, “Eden’s Secrets” o como se llamen.  Me hacen preguntarme si alguna de esas personas ha entrado en algún club de “strippers”, o si se ha sentado junto al escenario a disfrutar mientras la bailarina se mueve de manera cadenciosa y sensual al ritmo de una música movida, o qué haría si de momento esa bailarina se le acerca y empieza a hacer un “lap dance” en el que se roza rítmica y sugestivamente, mientras le colocan billetes de la denominación que sea en… ¡y entenderán que como buen caballero que soy no diré qué más puede acontecer después!

(OK, yo sé que con tanto detalle no me lo van a creer, pero sólo estoy imaginando lo que podría ser… Ángel)

Es más, me pregunto cómo se sentiría mucha de la gente que está recurriendo a una táctica como ésta para ganar ventaja política a costa de sus rivales, si se les empezara a cuestionar su propia sexualidad—porque como le escuché decir por la radio a una especialista sobre el tema, “todo el mundo tiene el derecho a disfrutar su sexualidad”, así que lo que es igual no es ventaja.  Ciertamente, lo primero que harían sería tratar de evadir el tema, quizás porque tienen su techo de cristal, o sus esqueletos en el clóset (como los de cierto senador que tanto se las daba de estar en contra de los homosexuales—tal vez para aparentar que odiaba tanto al pecado como al pecador—, y ya saben cómo fue que cayó en desgracia).  Tal vez (en el caso más exagerado) la mentalidad de estas personas incluya creencias tan absurdas como la de que no sólo es pecado que un hombre se acueste con una mujer que no es su esposa: ¡también es pecado que un hombre se acueste con su esposa!  (Y entonces, como hubiera dicho mi madre, ¿habrían nacido “de una mata de plátanos”?)

Para mí que debería ser hora ya de que se cuestionen cosas como éstas—especialmente que la misma prensa que se alimenta diariamente de “las sobras” que los políticos les tiran (ni que fueran perros), sea la que haga este cuestionamiento, a ver cómo les cae, a ver si les gusta eso, a ver si no es cierto aquello de que “entre marido y mujer, nadie se debe meter”.  Y mucho menos para jugar a la política.

Francamente, a mí me gustaría ver eso.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.

LDB

O Antes, De Ser Necesario: Por Que el Horario De Verano No Funcionaria en Puerto Rico

Saludos, mi gente. ¡Esto es lo que está pasando!

Después del mensaje de la semana pasada me quedé pensando en el ejemplo que cité de la Ley 243 aprobada en el año 2000, mediante la cual P.R. adoptaría el sistema de horario de verano (DST) que actualmente está operando en los EE.UU. (El mismo que, por cierto, a partir del próximo año se extenderá por 4 semanas adicionales, del domingo 11 de marzo al domingo 4 de noviembre.) Como recordarán, esta ley tuvo que ser derogada por la Ley 5 de 2001, a fin de evitar algo tan innecesario como imprudente, o sea, crear un descalabro en el orden de la vida cotidiana puertorriqueña, nada más que “pa’ probar, a ver cómo es”.

OK, lo que voy a hacer es colocar otra vez los enlaces a ambas leyes, para que quienes leen esto fuera de Puerto Rico tengan la oportunidad de ver en lo que nuestra legislatura pierde el tiempo (cuando no están haciendo homenajes, por ejemplo, al Pato Donald… ¡porque después de viejo, sigue siendo pato!)

(¡NO! ¡Va a ser gallina después de haber llegado a viejo!)

Ley para establecer un sistema de ahorro de luz solar “Daylight Saving Time”: LEY NUM. 243 DEL 30 DE AGOSTO DE 2000

Ley para derogar la ley 243 del 30 de agosto de 2001: Cambio de hora: LEY NUM. 5 DE 30 DE MARZO DE 2001

Pero también hay varias referencias excelentes que explican la justificación para el horario de verano (especialmente en lo que se refiere al ahorro en el consumo de energía, algo que, como lo hubiese dicho mi madre, “le llenó el ojo” a los legisladores) y por qué el horario de verano NO FUNCIONA EN LAS LATITUDES TROPICALES como la nuestra (AYUDITA: tiene que ver con cuán consecuente es la duración del día y la noche, precisamente en esas latitudes).

Historia del DST (Cortesía de la gente de National Geographic)

Justificación para el DST

Por último, hay una crítica bastante mordaz al “ingenio” de nuestros legisladores, de esas “lumbreras” que tuvieron la tan excelente idea… por aquí, que es camino.

Bueno, yo espero que con esto podamos aprender un poco sobre por qué no se puede jugar con las fuerzas de la naturaleza.

Y ahora sí, los dejo como lo prometí anoche. Recuerden, estamos de lleno en la Semana Santa, y aún cuando haya entre mis lectores quienes no manifiesten creer en el Ser Supremo (según el resto de nosotros lo entiende), no deja de ser momento para reflexionar hacia dónde queremos que vaya Puerto Rico. Cuídense mucho y recójanse a buen vivir, ¿OK? Nos vemos después de Semana Santa…

… o antes, de ser necesario.

LDB