Un tiempo para odiar

Flag of Puerto Rico
Flag of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

¡Saludos, amigas y amigos, mi gente!  Aquí estoy, de regreso de una ausencia involuntaria motivada por varias situaciones, entre las que está un extraño episodio en el cual el lado derecho de mi cara se puso en huelga temporal.  (O si quieren, se los digo de manera directa: durante un par de semanas sufrí una parálisis temporera en los músculos del lado derecho de mi caraTriste  ¡Así como lo están leyendo!)  Afortunadamente, todo está bajo control (y espero que así continúe por mucho tiempo), así que vamos a ver de qué se supone que me hubiera perdido.

O no.  Porque lo que he estado viendo en los días pasados me pone a pensar si no estaremos viviendo en un tiempo en el que el odio—particularmente el odio contra quien(es) son “diferentes”, quien(es) no se conforman a un modelo casi parecido a la “perfección”, según el punto de vista de quienes aspiran a esa “perfección”—parece ser la moneda de curso común.  Y los ejemplos abundan por todas partes.  Desde el fanático político que asesina a varones y hembras jóvenes que no tienen nada que ver, sólo porque éstos apoyan un trato más justo y equitativo para los extranjeros que (por las razones que sean) llegan a sus playas—y que le guste o no al homicida, son tan seres humanos como él, o como ustedes, o como yo—, pasando por el fanático de derecha que filma un vídeo en el que se degrada una religión ajena (sea que la misma hubiese inspirado o no los actos criminales del 11 de septiembre de 2001) y causa una reacción violenta de la parte que se siente agraviada—a la que se le han achacado consecuencias posiblemente trágicas (aunque mientras me siento a escribir esto, ese dato está bajo la sombra de la duda, pero habrá que ver más tarde)—, y hasta toda una figura con su ámbito de poder que se atreve a desplegarle al mundo su ignorancia, su desprecio oculto por quienes defienden aquellas cosas que atentan contra lo que él entiende que son sus “valores”—como la terminación del embarazo resultante de una agresión sexual—, y en el proceso se convierte en el hazmerreir del mundo.

Por cierto, creo que este último es reincidente, porque mientras escribo esto me entero de que el tipo metió las patas otra vez.  ¡Qué joyita!

Pero si estas “joyitas” son las que se destacan alrededor del mundo [ALERTA DE CLISÉ ODIOSO… ALERTA DE CLISÉ ODIOSO… ALERTA DE CLISÉ ODIOSO…], en Puerto Rico no nos quedamos atrás.  Especialmente en el caso de funcionarios de gobierno—o en este caso tan lamentable, funcionarias—que aprovechan para verter todo el odio que llevan dentro de sí contra “el otro”.  Desde toda una ex presidenta de la Cámara de Representantes (por el PNP) y ex jueza del Tribunal Apelativo, que publicó en su cuenta de Twitter la imagen de un candidato opositor (del PPD—con quien aclaro que no comulgo políticamente) en la que se le compara con un famoso mono recién desaparecido… ¿será porque el candidato en cuestión es negro?  Pasando por una asesora legislativa y amiga personal de la anterior, que reaccionó—también en Twitter… qué cosas, ¿no?—a una entrada de la cuenta del presidente estadounidense Barack H. Obama sobre su inminente cumpleaños, con un mensaje en el que la asesora exhortaba al mandatario a comprarle a su esposa ese día un “sundae” con doble guineo (que así llamamos en Puerto Rico al “banano” del resto de América Latina) en un restaurante Burger King™ (no creo que ese restaurante tenga algo así en su menú, por lo menos aquí en Puerto Rico) y después se la llevara de viaje para Kenia, “tu país natal”.  (¿No se les parece eso al mismo discurso de odio e ignorancia de aquellas personas a quienes les molesta que un hombre negro sea quien rija los destinos de “la nación más poderosa del mundo”?)  Y para añadirle sal a una herida colectiva, a una legisladora del PNP (cuando gente como ella comience a entender y apreciar la seriedad del cargo que ocupa, escribiré la palabra “legislador[a]” con mayúscula inicial) que aparentemente estaba aburrida durante la convención política de los demócratas (Charlotte, NC, agosto de 2012), le entraron celos de que al mismo candidato opositor objeto de la comparación indeseable que ya mencioné le diera con mezclarse con la concurrencia (por si estás leyendo esto, mi’jita: eso es lo que se conoce en inglés como “networking”—y si a ti te interesara mejorar tus posibilidades personales y profesionales, podrías aprovechar esa herramienta en lugar de quedarte de “aguacatona” en tu mesa) y se puso a expresar que su opositor andaba “de monito” en el piso de la convención.  Palabras que otra delegada boricua en la misma convención reprodujo en su cuenta de Twitter (que definitivamente ha venido a reemplazar al papel en su función de aguantar todo lo que le escriban)—y que la susodicha legisladora trató de desmentir cuando se dio cuenta de que la habían “manga’o” (o en buen puertorriqueño-calle, la habían agarrado fuera de base), alegando que lo que se dijo que ella dijo no fue lo que dijo y que lo que dijo fue que el susodicho opositor andaba “de bonito”.  Me pregunto si ella creyó que se estaba salvando al usar lo que—a su entender—era un homófono… el cual no tiene nada que ver con los “gays” ni con otros “torcidos”, como los llamaría el líder del cuerpo legislativo al que ella pertenece.  Salvándose de que alguien venga a señalarla como que tiene en su interior un odio por l@s que no sean “blanquitos” como ella, porque sean negros.

Y créanme, aunque no sea de la manera tan abierta que se ve en algunas regiones de los Estados Unidos de América, ese odio existe aquí en Puerto Rico—aunque la “reacción natural” a ello sea negarlo, como quiso hacer la asesora legislativa que le tiró fuerte al presidente Obama, cuando alegó que tenía “dos sobrinas prietas” para justificarse ante el resto del mundo.  O como cuando cierta senadora hizo su famoso señalamiento sobre la capacidad de ciertos hermanos caribeños “no muy brillantes” para ejecutar grandes obras culturales.  Pero no todo el mundo es igual de escurridizo, como quienes se molestan cuando ven un “__________ sucio” (sustituya el blanco con la primera palabra que le venga a la mente en este momento) y lo admiten abiertamente y sin tapujos.  Y yo he podido conocer a dos o tres de esas personas… que por suerte, he tenido la dicha de no volverlas a ver y tengo el deseo vehemente de no volverlas a ver mientras viva.

Pero viendo todo esto, a mí me parece que se le está dando más espacio al odio que a la tolerancia, más espacio al odio que a la aceptación de las diferencias.  Y es aquí donde en el caso que me toca más de cerca—el de Puerto Rico, por supuesto—, tengo que volverme a preguntar si eso no se ha vuelto política pública oficial.

OK, mi gente, sé lo que están pensando: “otra vez a rebuscar en el baúl de los recuerdos”…

“Por supuesto, todos tenemos nuestras frustraciones y el derecho a tenerlas, pero en el caso de un funcionario de alto nivel en un gobierno, el que sea, esa frustración no debe llevarse a un plano en el que se pueda interpretar como una política pública oficial.  Y lamentablemente… ése es un lujo que no se debería dar, ni por descuido…

[…]

“(De) que las semillas de esa política pública no escrita están sembradas, eso es algo que no necesita más evidencia.  Sobre todo, la semilla del odio visceral hacia todo lo que atente contra la filosofía (y estoy siendo demasiado condescendiente en el uso de la palabra ‘filosofía’ en esta oración) y los proyectos políticos de quienes se hacen del poder.  O sea, todo aquello que atenta contra lo que la actual propaganda oficialista llama, ‘el Puerto Rico que todos queremos’….  Y el germen de esa semilla de odio se nota en las expresiones que se hacen… expresiones que se hacen cuando no se tienen argumentos de peso para refutar los planteamientos que se hacen, sobre todo cuando se quiere evitar la difícil tarea de buscar el entendimiento y la concordia (y en el caso de estos funcionarios, ello requeriría un esfuerzo sobrehumano), cuando lo que se quiere es hacer un cisma entre ‘nosotros, los buenos’ y ‘ustedes, los malos’.”

Y lamentablemente, los que se hacen creer que son “los buenos”, que son mejores que los demás, son los que están llevando la voz cantante.  Y eso debe preocuparnos a tod@s, a quienes queremos un mundo más justo.  Y eso es algo que debemos procurar.  Por nuestro propio bien, y por el de nuestr@s hermanos, especialmente aquell@s a quienes hoy vemos como “diferentes”, pero que igual son seres humanos, como ustedes y como yo.  Y esa es la realidad, gústele a quien le guste.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien—y que se sepa, que yo también lo haré.

Soy Luis Daniel Beltrán y aquí estoy como siempre, dando cara Sonrisa… ¡y yo apruebo esta entrada! Pulgar hacia arriba

De los hijos de papá…

AR-15 rifles showing their configurations with...
Image via Wikipedia

¡Y aquí estoy de nuevo, amigas y amigos, mi gente!  Gracias por esperarme… digo, ustedes me esperaron, ¿no?  ¡¿Que no?!  Llorón

OK, vamos ahora en serio.  Seguramente ustedes saben que yo no soy casado y que nunca he tenido hijos (digo, que yo sepa…).  (Y por si acaso, eso NO significa que “después de viejo” yo me vaya a meter a… esteeeeeeeeee… ¡a algo que no es lo mío!  That’s NOT going to happen!  PUNTO.)  Pero leo las noticias de los últimos días y pienso que si yo fuera padre de hijos como aquéllos de los que trata esta entrada, a mí se me caería la cara de la vergüenza.

Más o menos como se le debe estar cayendo la cara de la vergüenza al alcalde novoprogresista (o sea, del PNP para quienes leen esto fuera de Puerto Rico) del municipio de Canóvanas, José “Chemo” Soto, al enterarse de que uno de sus hijos, de nombre Christian, fue detenido esta pasada semana por agentes del gobierno estadounidense por aparentemente estar involucrado en actividades de trasiego de drogas a través del correo federal.  Algo que el atribulado (y de estado de salud algo precario) padre diría pocas horas después del arresto, que el muchacho “no tenía por qué hacerlo”.  (Y aunque el “distinguido” alcalde—que también es padre de la senadora del PNP por Carolina, Lornna Soto—no es santo de mi devoción personal por su pintoresca manera de perder el tiempo—cazando “chupacabras” y demás extraterrestres, viajando en un ataúd y escribiendo reclamos encima de su ropa para llevarlos hasta donde el gobernador de la Isla—, esta vez tengo que darle la razón.)

(Y por si lo quieren saber: ESO es algo que yo tampoco le haría a mis padres—y mucho menos se lo hubiese hecho a mi mamá, quién por cierto, acaba de cumplir los 11 años desde su partida física de este mundo.  Pero aún así, mi papá y yo sabemos eso muy bien.  Que quede claro.)

Y ciertamente no tenía por qué meterse en el trasiego de drogas, teniendo su buena preparación académica y teniendo sus buenas posibilidades para salir adelante en la vida.  Al punto de que ya él estaba preparándose para emprender una campaña para ser elegido como representante a la cámara (por supuesto, por el mismo bando político de su padre y su hermana).

Pero ahora digo yo: ¿Y qué hubiera sucedido si hubiera salido electo al escaño al que se disponía a pretender, y sin que él hubiera sido intervenido por las autoridades federales?  ¿Estaría coordinando sus negocios desde su oficina en el Capitolio?  Y para colmo de males, la noticia dice que en la redada se le confiscaron varias armas de fuego, entre ellas un rifle AR-15.  Tal vez él no sea el único de nuestras “joyitas” de la corona política puertorriqueña que lo tenga, pero… ¿para qué querría él un rifle AR-15?  Yo me imagino que no será para irse los fines de semana a cazar palomas y tórtolas…

¡Quién sabe!  Tal vez él se hubiera unido a otras figuras políticas que se han caracterizado por llevar sus negocios turbios a la casa puertorriqueña de las leyes.  Como un ex-sargento de armas cameral, hijo de otro alcalde, el de Fajardo, Aníbal Meléndez—quien presumo que también se le debió caer la cara de la vergüenza al saber que su hijo había sido arrestado hace algún tiempo, también por delitos relacionados con drogas.  Sin embargo, en este caso, este otro muchacho pareció salir “de oro”, al conseguírsele una colocación como “asesor” a unos US$3000 mensuales, en la oficina de otro legislador.

A lo mejor es cierto lo que dice el dicho, que “el que tiene padrino, se bautiza”.

Es vergonzoso, francamente.  Sumamente vergonzoso.  Como también es vergonzoso que sean las autoridades estadounidenses las que tengan que darse a la tarea de “limpiar la casa”, ya que quienes están llamados a mantenerla limpia, los que viven en esta casa, parece que están tan atorados en el “no hago más na” que mencioné dos entradas atrás, como para poderse preocupar de ponerla habitable.  Sí, las mismas autoridades federales que hace un mes divulgaron las serias deficiencias y los serios abusos cometidos por la Policía de Puerto Rico*—abusos que, contrario a la opinión de quienes quieren reescribir la historia oficial, no se limitan a los tiempos de la “antigüedad” (o sea, los años pre-2009).  (¡Ah!  Y que no se entere The New York Times, shhhhhhhhhh…)  Las mismas autoridades de la nación que algunos idolatran como si fuese “lo máximo”—siempre y cuando no se les metan con sus intenciones de seguir haciendo algo parecido a la “Chicago-style politics” (con mis más sinceras disculpas a quienes me estén leyendo en Chicago), porque entonces sí que son “los malos de la película”, o como dijo uno de estos “iluminados”, los “reyes de la feca”.

Y ésas son las mismas personas que le predican “los valores” a los demás, y no pueden ser capaces de vivir según esos valores.  ¡A mí que no me vengan con engaños!  ¡ESOS NO SON MIS AMIGOS!

Pero más allá de todo eso, es descorazonante ver cómo la delincuencia y el vicio han llegado a infiltrar los ámbitos del poder.  Esto hasta me pone a pensar un poco en la película, The Departed (Dir. Martin Scorcese, 2006), en la que los enemigos jurados se infiltran los unos a los otros, con consecuencias desastrosas, tanto para los unos, como para los otros.

Y también para l@s demás, para l@s que no tenemos nada que ver, para quienes—queramos o no—acabamos pagando por el daño que hacen (incluso a sí mismos) los hijos de ciertos padres.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Por cierto, a través del blog, derechoalderecho, William Vázquez Irizarry colocó enlaces a varios documentos en los que se trata el tema de la corrupción y las violaciones a los derechos civiles por parte de la Policía de Puerto Rico—incluido el reciente informe del Departamento de Justicia estadounidense—, para quienes interesen más información.


LDB

Preguntas preguntativas para el 6 de febrero de 2010

¡Qué tal, mi gente!

Esta vez estoy estrenando la alternativa de colocar entradas para este blog vía correo electrónico, a ver si funciona tan bien como cuando utilizo el Windows Live Writer™ o el ScribeFire™. (Por supuesto, siempre tendré que recurrir a uno u otro, según el caso, a la hora de editar este tipo de entrada—por ejemplo, añadirle etiquetas y categorías—, pero no hay mal que por bien no venga.) Y la estoy estrenando con una pregunta sobre algo que me llama mucho la atención y que me gustaría que aquéllos amigos blogueros que saben cómo se bate el cobre me puedan contestar.

Como tal vez sepan, una de las mayores críticas que se le han hecho a las administraciones de gobierno en Puerto Rico—sean del PNP o del PPD—es que suelen reclutar políticos que por X o Y no salieron electos o reelectos para los puestos para los que se postularon, para puestos de "asesores" en distintos órdenes, ya sea legislación, relaciones públicas, "imagen" y proyección pública (lo que en realidad no pasa de ser un burdo ejercicio de marketting), etc. Muchas de estas "asesorías" se contratan por cuantías que suelen empezar alrededor de los US$20000, y pueden llegar a cuantías extraordinarias de seis cifras. (Y si la cosa es como trascendió esta semana, muchos de los beneficiarios de estos contratos contratan a su vez a parientes y otros dolientes, en tareas "de apoyo" a los beneficiarios principales. Me pregunto si será esto a lo que se refiere la frase en inglés, The gift that keeps on giving…)

Lógicamente, la prensa nuestra de todos los días, como uno de los actores—les guste o no—en el circo nuestro de todos los días, tratan de llegar al fondo de esa manifestación de desgobierno, cuestionando la pertinencia de estas "asesorías" a quienes les salvaguardan los contratos. Y por lo general, la prensa nuestra de cada día suele recibir como respuesta de quienes salvaguardan los contratos, una férrea defensa de los mismos, como si se les fuera la vida en ello. Aducen que el peritaje de los contratados es "necesario", que éstos los ayudan en la redacción de legislación de beneficio para el país. Y yo me pregunto si con la misma vehemencia con la que defienden los contratos que otorgan a políticos fracasados, parientes, dolientes, et al., no podrían defender a los pobres, a los que necesitan ayuda para resolver su situación económica, a quienes claman por los servicios básicos, a quienes procuran que sus calles sean seguras y libres de delincuentes y adictos a drogas.

Es más: me pregunto si ningún miembro de la prensa nuestra de todos los días se ha atrevido a cuestionar directamente a estos mecenas de comienzos del Siglo 21, si lo que se invierte en estos contratos no sería más útil para ayudar a atajar la delincuencia en Puerto Rico, para ayudar a estabilizar la situación económica de Puerto Rico sin tener que despedir empleados públicos (salvo aquéll@s que no están rindiendo una labor efectiva, algo que las propias agencias públicas deberían tomarse la molestia de verificar), para ayudar a las comunidades en áreas de marginación social a ponerse sobre sus pies, en lugar de fomentar una cultura de aprovechamiento fácil de las ayudas sociales (aunque este elemento de la pregunta suene como herejía).

¿Cuánto se apuestan a que los entrevistados cambiarán de tema a otro que no sea tan "peligroso" o darán por terminada la entrevista y se darán a la huída? Porque así son ellos…

Enigüei, ¡vamos a dejarlo ahí! Cuídense mucho y pórtense bien. ¡Hasta luego!

(vía email)


Luis Daniel Beltrán, M.S., P.P.L.
Juncos, Puerto Rico

Historia de dos lideres: Los primeros cien dias de uno . . .

¡Saludos, mi gente!

Dicen que cuando se va entrando en años, el tiempo como que transcurre con mayor rapidez.  Digo, para mí el año 2009 está transcurriendo más rápido de lo que yo pensaba.  Basta con decir que el día en el que escribo esto (domingo, 12 de abril de 2009), el Hon. Luis G. Fortuño Bruset cumple sus primeros 100 días (contados en días-calendario, no en días laborables) como gobernador de Puerto Rico.

Y francamente, estos primeros 100 días han sido intensos a su manera, sobre todo ante el hallazgo de la crisis económica y fiscal, magnificada por las maneras incorrectas en las que se ha manejado la misma históricamente, y el lanzamiento público de las maneras aún más incorrectas en las que se pretende remediar esa crisis en el presente (como el posible despido de más de 30000 empleados públicos y la formación de “alianzas público-privadas” en las corporaciones públicas—algo que se está tratando como un “secreto de estado”).  Remedios que no han sido del agrado de muchos de los posibles “beneficiarios” de las mismas (como ya dije en la entrada anterior), y que podrían tener consecuencias adicionales no intencionadas.

(Y ni decir que se anticipa que pueda haber jaleo como una de esas “consecuencias adicionales no intencionadas”, a juzgar por un memorando del Departamento de Justicia de Puerto Rico, en el que se instruye a los fiscales de distrito a atender con la jurisprudencia correspondiente cualquier protesta que se dé en contra del nuevo plan de “recuperación económica”… pero eso era algo que “se estaba planeando desde hace mucho tiempo”—no sean mal pensados.  O también a juzgar por recientes informes de prensa que apuntan a un acuartelamiento de la Fuerza de Choque Unidad de Operaciones Tácticas de la Policía de Puerto Rico, para un “entrenamiento” que también “se estaba planeando desde hace mucho tiempo”… pero ustedes sí que tienen una imaginación hiperactiva, ¿ah?)

Pero ésos no han sido los únicos “logros” que se le pueden atribuir a la naciente gestión del actual gobernador.  Por lo menos, debemos agradecerle que él o quienes trabajan bajo su mando ayuden a crear conciencia de los serios problemas por los que la gente común y corriente atraviesa cada día.  Como la ola de robos, asesinatos, tráfico de drogas, violencia doméstica, etc.  ¿Y cómo se le puede crear conciencia a un pueblo sobre una situación de tal magnitud?  Fácil: se le dice al público que las cosas van a empeorar antes de que mejoren (o como lo dicen los estadounidenses, things will get worse before they get better), ya que la incidencia de estos delitos—especialmente los asesinatos relacionados con el tráfico de drogas… ¿vijte, lídel?—aumentará según se vaya poniendo en vigor un “plan de emergencia” para ese propósito.

(Pero en realidad, ¿será tan difícil y complicado implantar un plan para atajar el crimen y el tráfico de drogas?  Si es así, a mí me sería más fácil extraer manteca de un ladrillo—como lo hubiera dicho en vida mi madre—en cantidades industriales, y a lo mejor ganaría millones de dólares en el proceso… y me sumaría a la lista de los súper-dúper-blooper-non_plus_ultra_maxi ricachones como Bill Gates o Warren Buffett…  En fin, soñar no cuesta nada.)

Mientras tanto, en lo que la estatua de San Juan Bautista que está en el lado del Capitolio que da al Atlántico baja su dedo (¿acusatorio?), los inquilinos de ese mismo edificio las tomaron donde las dejaron el año anterior.  Prueba de ello—junto con las payasadas de siempre (y en ello hemos visto varios nuevos talentos que dejarían estupefactos a los jueces de Objetivo Fama)—es la “productividad” que hemos visto últimamente, con proyectos de ley que (francamente) dejan bastante que desear.  Es más: que nadie me haga hablar de la calidad—o falta de la misma—de algunos de los proyectos de ley que (como parte de mis labores) de un tiempo para acá llegan a mi escritorio para mi evaluación… ¡ése es un cuento para reír (o para llorar; usted elige)!  Añádase a eso la gran cantidad de contratos de “asesoría” que se otorga en la Asamblea Legislativa a cuanto ex legislador, abogado, relacionista público u otro alcahuete le apetece llenarse de dinero hasta hartarse (y más allá).  Digo, debe ser taaaaaaaaaan talentosa la persona que esté dispuesta a sacrificar el bien del país “sacrificarse” por el bien del país para asesorar al representante Fulano de Tal sobre cómo posar para las fotos de prensa como si estuviera de modelo en un anuncio para la tienda de ropa para caballeros, Clubman.

Detrás del hombre que viste de Clubman, hay una mujer…
Y detrás de esa mujer está la esposa del hombre que viste de Clubman…

OK, podría estar toda esta entrada hablando de la nueva carta circular del Departamento de Educación (y de cómo la misma pretende cambiar los horarios lectivos para que los estudiantes salgan de las escuelas una hora más tarde de lo que es actualmente, además de alargar las sesiones lectivas y acomodar un “periodo de reflexión” de 5 ó 10 minutos antes de la primera sesión del día—otro ejemplo del “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”, sobre todo viniendo de quienes lo proponen), de la cantidad de nombramientos a puestos clave que aún no se han podido cubrir (porque le falta algún documento clave en el trámite, o porque—como en el caso de la designada Procuradora de las Mujeres, Johanne Vélez García—los prejuicios de alguno de los legisladores no lo deja ver más allá y evaluar los méritos de la persona, y tal vez buscar un punto medio que satisfaga a una y otra parte… pero ¿qué más se puede esperar en una situación así?), y hasta de la cantidad de suicidios que se ha documentado entre la población en general (y ni hablar de los niños y adolescentes, muchos de los cuales lo que ven es un largo y oscuro callejón del que no hay salida, en el que no encuentran una mano que les ayude a sobrevivir, en el que se ha abandonado toda esperanza).  Pero como escribí arriba, estos primeros 100 días de la administración Fortuño han sido bien intensos a su manera.  Y si así de intensos han sido hasta el momento… ¡que Dios nos agarre confesa’os!

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.

P.S. Como es de suponer, dentro de un par de semanas estaré escribiendo en el blog sobre los primeros 100 días de la presidencia de Barack Obama en los Estados Unidos (“… y lo primeros cien días del otro”).  Y ésos también han sido bastante intensos a su manera…

LDB