Daryl Johnson: I tried to warn them – Salon.com

English: Seal of the United States Department ...
English: Seal of the United States Department of Homeland Security. (Photo credit: Wikipedia)

Amigas y amigos, mi gente: Aquí va el enlace a una advertencia de primera mano del mismo funcionario que preparó para el DHS un informe sobre el terrorismo de derecha en los Estados Unidos.  (Yes, Virginia, there is such a thing as right-wing terrorism!)  ¿Y cómo le pagaron quienes se supone que lo apoyaran?  Pues lo dejaron sin apoyo, lo tiraron como pedazo de carne a la calle para que los perros reaccionarios se lo comieran crudo.  Digo, así son las cosas y así es la gente.  Pero más importante para nosotr@s en Puerto Rico (y dondequiera que estén leyendo esto): esto es algo que debe abrirnos los ojos a una realidad que tal vez está ocurriendo sin que nos demos cuenta.

Daryl Johnson: I tried to warn them – Salon.com.

¡Y vamos a dejarlo ahí por el momento!  Cuídense mucho y pórtense bien.

Soy Luis Daniel Beltrán… ¡y yo apruebo esta entrada!

Anuncios

¿Qué es, que acaso no podemos llevarnos bien?

With his family by his side, Barack Obama is s...
Image via Wikipedia

Como prácticamente todo el mundo, miro de cerca la actual discusión entre los poderes ejecutivo y legislativo estadounidenses sobre el presupuesto de gastos del gobierno federal para el año fiscal 2012, que debe iniciarse el 1 de octubre de 2011.  La misma que se ha caracterizado por la discusión de si se eleva el límite de la deuda pública estadounidense para evitar incumplir con los pagos de sus obligaciones fiscales.  Y como a prácticamente todo el mundo, me tiene que preocupar que se acerque la fecha del 2 de agosto de 2011 (pasado mañana al momento de escribir esta entrada)—la fecha que se entiende que más allá de la misma, el gobierno de Estados Unidos estaría incumpliendo con sus obligaciones fiscales, si no se atiende esta situación—sin un acuerdo que permita atajar la crisis inminente.

¿A qué se debe esto realmente (si me permiten salirme un poco de la línea en la que quiero llevar esta entrada)?  Se trata de algo así como lo que dice un reportaje de CNN-Money (noten en particular los dos párrafos en el medio de la cita):

¿Qué es exactamente el límite de la deuda?  Es un límite establecido por el Congreso (estadounidense) a la cantidad de dinero que el gobierno federal puede tomar prestado legalmente.  La limitación aplica a la deuda contraída con el público (es decir, con cualquiera que compra bonos de los Estados Unidos), más la deuda contraída con los fondos en fideicomiso del gobierno federal como aquéllos para el Seguro Social y el Medicare.

[…]

¿Cuán alto es el límite de la deuda ahora mismo?  El límite está establecido actualmente en 14 millones 294 mil millones de dólares (US$14_294 trillones).  La deuda acumulada nacional llegó a esa marca la mañana del 16 de mayo (de 2011).

“Pero al tomar medidas extraordinarias como suspender las inversiones en fondos de retiro federal, (el Secretario Federal de Hacienda, Timothy) Geithner podrá bajar la deuda total lo suficiente como para permitirle al gobierno tomar prestado hasta el 2 de agosto (de 2011).

[…]

¿Qué pasa si el Congreso (estadounidense) rebasa el límite de la deuda?

La Hacienda Federal no tendría la autoridad para tomar prestado más dinero.  Y eso puede ser un problema, ya que el gobierno federal toma prestado para compensar la diferencia entre lo que gasta y lo que recibe.  (El gobierno federal) utiliza ese dinero prestado para ayudar a sufragar (sus) operaciones y pagarle a sus acreedores.”

(Adaptado de: ‘U.S. Hits Debt Ceiling: Why It Matters’, CNN Money, 17 de mayo de 2011.  Y sí, la traducción es mía.)

Es más, yo creo que no voy ni a entrar a discutir las consecuencias de que el gobierno estadounidense se quede, como decimos en Puerto Rico, “más pela’o que la rodilla de un cabro” para poder pagar sus deudas y demás compromisos.  De hecho, Prometeo enumera varias de esas consecuencias en su blog, así que como decía el finado Raúl Vale, “eso se los dejo de asignación”.  (O si quieren, se hacen una búsqueda en Google con los términos “u.s.”, “debt” y “ceiling” y después hablamos.)  Pero a lo que sí quiero ir es a la manera en la que se ha estado manejando toda esta controversia.  Más bien, me recuerda al toma y dame que nos llevó (a mí y a unos 95000 servidores públicos más) a enfrentar un cierre del gobierno estatal en el 2006, y que se debió principalmente a que se dejó un asunto de tan grave importancia en manos de un “gobierno compartido” compuesto por gente que no estuvo, ni está (y creo que NUNCA lo estará) capacitada para manejarlo, para darle la importancia que se merece ese asunto.

(Y aunque suene exagerado, entre otras cosas se teme un cierre del gobierno federal en el caso que nos ocupa.)

Y lo malo de esto es que la gente que está manejando ese asunto mientras escribo esto—o sea, el presidente Barack H. Obama y los líderes legislativos estadounidenses—están divididos en cuanto a quién debe cargar con la responsabilidad de ayudar a mantener el crédito gubernamental flotante: si los pobres y los segmentos de la sociedad estadounidense que reciben esos beneficios de seguridad social y cuidado médico porque los necesitan para poder enfrentar un sistema injusto, o los sectores más pudientes que aún en tiempos de crisis financiera se las ingenian para hacerse de riquezas, no importa qué o a quién se tengan que llevar enredado en el proceso.  Los primeros a través de recortes en esos mismos beneficios que les ayudan a tener una vida más o menos decente (especialmente la asistencia con los costos de los servicios de salud, cada vez menos asequibles); los segundos, a través de un aumento en los impuestos que pagan, o alguna medida que les haga aportar en su justa medida a la sociedad.

Obviamente, cada quién tiene que arrimar la brasa a su sardina, cada quién tiene su derecho a defender los intereses que más le convenga defender.  Pero en el proceso, los hoy debatientes se podrían llevar enredados a quienes menos interés tienen de oír el chisme de barrio en el que toda la discusión se ha vuelto, y más interés tienen de que se gobierne de manera justa y honrada.

Y tanto yo como ésos que se verán afectados—sobre todo, las miles de personas que, para bien o para mal, dependen de las ayudas federales que recibe Puerto Rico, porque parece que a pedir eso es a lo único que va la representación-sin-voto que el partido que se monte en el poder (PNP o PPD, siempre es lo mismo) envía a Washington, D.C. cada cuatro años—nos preguntamos: ¿habrá alguna manera de que pueda lograrse un acuerdo en cuanto a la limitación de la deuda pública estadounidense?  Como en el caso que me afectó (a mí, entre otros) hace ya cinco años, parecería que los que están manejando el tema no lo están haciendo con la debida capacidad; más bien, lo que despliegan es un ansia de protagonismo, de querer aparecer como “héroes” en una guerra en la que hay salvar al mundo de las “hordas asesinas” que amenazan con destruirlo.

(OK, puede ser que la mentalidad de estas personas no sea muy diferente a la del confeso asesino de setenta-y-tantas personas en Oslo y en la isla de Utoya en Noruega hace un par de semanas, aunque tal vez no se atrevan a llegar a los extremos a los que llegó ese desgraciado—no cabe otra palabra para describirlo…)

Y en un caso y el otro, me sale hacer la misma pregunta: toda esta gente, ¿no se estará dando cuenta de las consecuencias que sus acciones les podrían acarrear a los demás, a los mismos ciudadanos y ciudadanas a los que se comprometieron a servir desde sus cargos de importancia?  (Digo, a menos que el compromiso hubiese sido a servirse de esos mismos ciudadanos y ciudadanas…)  Yo creo que a estos funcionarios públicos estadounidenses, eso ni les viene ni les va.  Lo único que les importa es ver quien es el más astuto, quién es el que puede aguantar más el fragor de la batalla y “triunfar” sobre “el enemigo”.  (¿Habrán estudiado también el libro de Sun Tzu?)

Y en eso tengo que reiterar la descripción del presidente Obama con la que inicié la entrada sobre su visita fugaz a Puerto Rico: ASTUTO.  Y fue astuto al presentarse ante sus ciudadanos en el “prime time” televisivo, con toda la solemnidad de su cargo, para pedirles que inundaran con mensajes los cuadros telefónicos y las bandejas de entrada de email de los miembros del Congreso estadounidense y sus líderes, tal vez para ponerlos públicamente en vergüenza por no hacerle caso a lo que sus representados les piden.  (Que se avergüencen de verdad… bueno, ya eso es otra cosa.)

Mientras escribo, no estoy seguro de cómo acabará ese lío.  O tal vez sí, si se da el que al último minuto antes de la medianoche entre el lunes 1 y el martes 2, salga un “héroe” dispuesto a “salvar” a los estadounidenses de una debacle económica devastadora… o dispuesto a dejar que esa humanidad se hunda para “salvarla” de un peligro mayor… un peligro que puede ser real, o no.

Es más: ¡vamos a dejarlo ahí, a ver qué sucede!  Cuídense mucho y pórtense bien.


ACTUALIZACIÓN (1 de agosto de 2011): Y resulta que mientras yo escribía esto anoche, se logró un compromiso de último minuto (¿por qué será que eso no me sorprende?) para aumentar el límite de la deuda pública estadounidense en dos millones 100 mil millones de dólares (US$2_100 trillones) adicionales, a fin de continuar pagando esa deuda hasta el 2013.  También se procuraría reducir el déficit presupuestario en el transcurso de una década, lo que incluiría la designación de un comité bipartidista que pueda encontrar US$1_5 trillones en ahorros adicionales antes de que se acabe el 2011.  (Me imagino que eso no incluirá comprar de ahora en adelante toda la ropa en “Me Salvé”…)  Aunque se dice que ese negocito aún no está tallado en piedra—porque aún hay que hacerle el cuento ése al Congreso, ¿me entienden?—, se entiende que puede ser un alivio, aunque tal vez no será la cura del mal de fondo que aqueja a la economía estadounidense.  Así que habrá de esperar, hasta que de Washington venga el próximo estornudo… ¡y sabrá Dios cuán fuerte pueda ser la pulmonía por acá!


LDB

KFCs Colonel Sanders: More Than Just a Fast-Food Icon – TIME

Le Colonel Sanders, fondateur de KFC aux envir...
Image via Wikipedia

Ayer (15 de septiembre de 2010), mientras revisaba mis mensajes de email me tropecé con un artículo de la revista Time, cuyo autor, Josh Ozersky, comentaba que un 61% de los que contestaron una encuesta del periódico USA Today no tenían ni p…erra idea de quién es el viejito de aspecto bonachón dibujado en los “buckets” de pollo frito de la empresa de comida “rápida” (en buen español de Puerto Rico, “fast food“), Kentucky Fried Chicken (o “KFC“, como se la ha dado a llamar de un tiempo a esta parte).  Un dato que podría comprenderse si se considera que muchos de los que expresaron este fenomenal desconocimiento son jóvenes entre los 18 y los 25 años de edad.  Pero lo peor aún está por venir: Más de la mitad de los adultos jóvenes encuestados señalaron que el “viejito”… ¡había sido inventado por la propia compañía KFC!  (O sea, lo que en buen español puertorriqueño llamaríamos, un gimmick.)

Me imagino que los encuestadores deben haberle explicado a quienes dieron estas respuestas “inteligentes” que el “viejito” en cuestión era nada menos que Harland David Sanders (1890–1980), mejor conocido por el título honorario de “Coronel Sanders” y fundador de KFC.  (Por si no lo pueden asociar con la foto de arriba, en ésa el tendría unos 20 años de edad—o sea, que esa foto será como de hace 100 años al 2010.)  Por supuesto, que se le caiga la cara de vergüenza a estos encuestados en particular… ¡ya ésos son otros veinte pesos!

Sea como sea, el artículo de Time, además de aludir a la trayectoria del Coronel Sanders—desde que empezó a mercadear su famosa “receta original” de pollo frito al estilo de Kentucky, hasta el éxito comercial que ha tenido KFC y su dispersión a través del mundo, incluido Puerto Rico—, cuestiona el que alguna gente quiera creer cosas que no son ciertas (como lo de que la efigie del Coronel Sanders en los productos de KFC sea un gimmick publicitario).  Como lo señala Ozersky, una cosa es no conocer los acontecimientos ocurridos antes de que naciéramos (como bien se encargan de demostrarlo cada año nuestros amigos del Beloit College), pero otra cosa es que…

“Al no saber que Harland David Sanders fue un hombre que existió, que vivió una vida verdadera, la gente pierde de vista más de lo que se pueda imaginar.  Para empezar, el Coronel no era un barón de comida rápida que representaba a su compañía en la televisión, a la manera en la que Dave Thomas (un protegido de Sanders) lo hizo después.  Sanders era la imagen viviente de aquello que significó supuestamente su comida.  Su traje blanco no fue inventado por ningún comité de mercadeo; él lo vistió cada día y nunca fue visto en público en otra vestimenta por los últimos 20 años de su vida….  Fue un fracasado que había sido despedido de una docena de empleos antes de comenzar su restaurante…  Él manejaba un Cadillac con su rostro pintado a los lados antes que alguien supiera quién era, negociaba con los dueños de cafeterías venidas a menos para que usaran su receta y le dieran unos cinco centavos de comisión por cada pollo.  Él dormía en la parte de atrás de su carro y cerraba tratos con un apretón de manos….  Fue de hecho un Coronel de Kentucky, un título honorífico otorgado no por uno, sino por dos gobernadores…. (Y) merece ser recordado al menos por tener una existencia verificable.”
(Traducido y adaptado del artículo de Josh Ozersky citado en esta entrada.  Por cierto, en esta cita se hace referencia a Dave Thomas [1932–2002], el fundador de “Wendy’s”.)

El artículo añade que tras la muerte del Coronel Sanders, la casa que él ayudó a construir (o sea, KFC) parece haber ido en picada, como lo evidencian muchos de los esfuerzos por “reinventarse” a sí misma (incluida la adopción de las tres letras como el nombre con el que se le conoce en público hoy en día).  Esos esfuerzos no parecen haberle caído bien a muchos de los tenedores de esta franquicia, especialmente en el propio sur de los Estados Unidos, los cuales sienten que se ha perdido en el proceso la conexión entre lo que la empresa le vende al público y la visión de su fundador, una visión real, de una persona que existió en la realidad, de un Harland David Sanders que existió en la realidad.

Ciertamente, es preocupante que muchos estadounidenses no le den el debido reconocimiento a uno de los íconos de su cultura popular, un ícono fácilmente reconocido y apreciado en otros países del mundo.  Pero más preocupante—a mi entender—es que haya gente que quiera creer que figuras como el Coronel Sanders nunca existieron, que son una herramienta para el mercadeo de un producto.  A mí me parece que mucha de esta misma gente, si se enterara de la verdad, querría “matar al mensajero por ser el que trae la mala noticia”.  (Por cierto, un ejemplo reciente de esta posición lo dio alguien mediante un mensaje electrónico prejuiciado, en el que se acusaba al sitio investigativo, Snopes.com, de tener una agenda cargada a favor de la ideología liberal y de proteger al actual presidente estadounidense, Barack H. Obama, de las acusaciones—muchas de las cuales se ha demostrado que no son ciertas—de que no cualifica para su actual puesto por haber nacido supuestamente fuera de territorio estadounidense y por ser lo que llamaríamos, un “musulmán ‘de clóset‘”.  Lógicamente, Snopes.com ha tenido que defenderse de ésta y similares acusaciones, con datos firmes y contundentes.  Claro está, que las mentes estrechas que lanzan ese tipo de ataque recapaciten ante el llamado de voces más razonables… ya ésos son otros veinte pesos.)

Pero en fin, no me debería sorprender de una cultura que se alimenta del “aquí y ahora”.  De una cultura que idolatra a la “figura del momento”, hasta que la misma deja de serle de utilidad y otra pasa a ser la “figura del momento”.  De una cultura en la que quienes vinieron antes que nosotros, y que nos legaron aquellas cosas que nos han servido de bloques o ladrillos con los cuales construir la sociedad de hoy en día, o están completamente olvidados… o son un gimmick publicitario para venderle al mundo el pollo frito a la manera del sur de los Estados Unidos, con su “receta original”.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien, mi gente.  Hasta luego.

LDB

Read more: http://www.time.com/time/nation/article/0,8599,2019218,00.html?xid=newsletter-daily#ixzz0zkeQwj8G”

KFCs Colonel Sanders: More Than Just a Fast-Food Icon – TIME.

Con el dedo en el gatillo

Islamic Center Samarinda
Image via Wikipedia

Yo creo que lo he mencionado aquí en una que otra ocasión, pero ante lo visto esta semana pasada merece que lo repita.  Se trata de la anécdota sobre lo que me comentó una compañera de estudios en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, en el sentido de que algunos que se cantan seguidores de Dios, que se proclaman como “santísimos varones de Dios”, de los que se pasan las 24 horas del día predicando el amor al prójimo (esto en su sentido más amplio) y tratando de exhortar a los demás a volverse a Dios… “son hasta peores que el mismísimo demonio”.

Tal es la impresión que me dejó la amenaza hecha—probablemente desde hace más tiempo, pero conocida a comienzos de semana—por Terry Jones, el pastor de una pequeña congregación (aproximadamente 50 miembros) de cristianos evangélicos de Jacksonville, Florida, para quemar ejemplares del Corán—el libro sagrado de la religión musulmana—el 11 de septiembre de 2010, en coincidencia con la conmemoración del noveno aniversario de los siniestros sucesos que cambiaron la historia para siempre.  Amenaza motivada, según se dice, por los planes para la construcción de un centro islámico que incluiría una mezquita, en las cercanías del lugar donde alguna vez estuvieron las estructuras principales del Centro Mundial de Comercio (World Trade Center), y que fueron destruidas aquel aciago martes del 2001 (experiencia de la que por poco me hago partícipe por accidente, como lo escribí en su momento).  Amenaza matizada por la visión de mundo del pastor evangélico en cuestión, en la cual la religión practicada por los musulmanes es—e insisto, es a su modo de ver—un engendro diabólico (y si recuerdo correctamente alguno de los reportajes sobre el trasfondo de esta controversia, el mismo individuo publicó un libro cuyo título—atrevidamente—hace esa misma proclama).

No hace falta decir nada sobre las secuelas de esa amenaza, que no se haya dicho ya.  Repudios por parte de la propia comunidad musulmana, en los Estados Unidos y en otros países (lamentablemente, no todos con las mejores intenciones, especialmente si hay una “guerra santa” de por medio); repudios por parte de las autoridades locales y nacionales estadounidenses, incluso del mismo presidente Barack H. Obama, la secretaria federal de estado Hillary Clinton, y hasta el jefe de las fuerzas militares estadounidenses implicadas en la “guerra contra el terrorismo” que se escenifica en el propio patio de muchos de los creyentes; repudio hasta de parte de figuras públicas como la ex-gobernadora de Alaska, Sara Palin (¿la recuerdan?), de quien francamente yo hubiese esperado más una expresión favorable a la alocada idea de la quema (algo así como “burn, baby, burn”) que la expresión de mesura que hizo al fin y al cabo.

Y el pastor Jones… pues, “bien, gracias” y “pregúntame si a mí todo eso me importa” y “yo sigo pa’lante con la quema”, porque “Dios me dijo que siguiera”.

(De paso, cualquier parecido entre este pastor evangélico y el alcalde de un municipio del interior montañoso central de Puerto Rico, al que “una pastora evangélica” le comunicó una “revelación” de Dios para que el incumbente le cambie el apodo—en palabras de domingo, el “cognomento”—a dicho municipio*… es como para decir a todo pulmón… “¡COGNO!”  Pero volvamos a nuestro programa regular.)

Total, que al final de cuentas se requirió de una llamada del secretario de defensa estadounidense, Robert Gates, para difuminar una situación que pudo haber sido peligrosa, no solamente para el pueblo estadounidense (que al sentirse provocados ciertos elementos extremistas dentro de la comunidad musulmana—que por lo demás, contiene seres humanos que tienen más cosas en común con los judeocristianos que cosas que los separan… y que las encontraremos si miramos bien, con detenimiento—pudo haber sido la víctima de eventos siniestros de peor magnitud), sino para los soldados que a la fecha libran una guerra provocada por los mismos eventos siniestros cuya conmemoración está enredada sin querer en esta discordia.  Y el pastor Jones accedió finalmente, luego de haber puesto a media humanidad al borde de una verdadera crisis, e incluso de decir que habría de reunirse con el clérigo musulmán a cargo del propuesto centro islámico neoyorquino… ¡cosa que el mismo clérigo musulmán desmintió que fuese a ocurrir!  (Y que de todos modos, no llegó a ocurrir nunca, o al menos hasta el momento en el que escribo.)

Pero una cosa como ésta no deja de preocupar, de todos modos.  Yo me cuestiono cómo una persona prácticamente desconocida, el dirigente de una congregación religiosa, la clase de persona que debe predicar el amor al prójimo, la paz, la buena voluntad para con los demás seres humanos—sean cristianos, judíos, budistas o musulmanes… sean blancos, negros, hispanos, orientales o nativo americanos… sean heterosexuales, homosexuales, transgenéricos, etc.—, sea la misma persona que predique el odio contra un grupo en particular por su implicación en unos hechos tan nefastos, que promueva un gesto de odio contra uno de los símbolos de una creencia religiosa ajena, diz que para vengar una afrenta contra todo un pueblo y contra el mundo.  Digo, ¿conocerá este individuo el valor que tiene el Corán para los musulmanes?  ¿O será de los ciegos que se ufanan de algo así como… “mi religión/mi Dios/es mejor que tu religión/tu(s) dios(es)”?  ¿Sabrá este individuo que un acto como el que se proponía hacer le puede traer—tarde o temprano—consecuencias nefastas, tanto para sí mismo como para un pueblo que busca librarse de una futura amenaza de actos de terror en su propio suelo?

Por lo pronto, ya este señor tuvo su cuarto de hora de fama.  Un cuarto de hora en el que él, sin proponérselo (¿?), tuvo en vilo a medio mundo mientras él tenía su dedo puesto en el gatillo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho, mi gente.  Hasta luego.


* Por si acaso, me refiero al caso del alcalde de Lares, Puerto Rico, quien bajo la premisa ya mencionada ha querido cambiar el apodo de su municipio, de “La Ciudad del Grito” (por la efeméride del Grito de Lares, ocurrido el 23 de septiembre de 1868) a “La Ciudad de los Cielos Abiertos” (¡!).  Se especula—y yo me suscribo en parte a esa noción—que la acción responde más a la ideología política del alcalde (del PNP a la fecha en que propone esta acción) que a algún ejercicio cultural de beneficio para los ciudadanos locales, y que lo que esa acción pretende es borrar la realidad de un hecho que es parte de la historia puertorriqueña, gústele a quien le guste.  Pero allá Juana con sus pollos…


LDB

Hemos visto al enemigo, y el enemigo… ¡son los otros!

Jan Brewer
Image via Wikipedia

¡Saludos, mi gente!

Estoy tratando de imaginar por un momento cuando se reflexionaba sobre cómo sería el Siglo 20.  Tal vez se pensaba que sería el inicio de una nueva era, de una era moderna, de avances en la realización de los seres humanos, en la que los conflictos y los actos y actitudes negativas de unos para con otros serían cosa del pasado.

Por supuesto, acontecimientos del Siglo 20 como las dos guerras mundiales, los asesinatos políticos (como los de los hermanos Kennedy), la guerra (o como lo llamaba la mamá de una amiga mía, “acción policial”) de Vietnam y otros, fueron el gran desmentido para quienes así pensaran entonces, de la misma manera que parecen ser el gran desmentido para los eventos que ocurren en estas primeras décadas del Siglo 21—por no hablar de los que ocurrirán según avance el siglo, ya sea que los presenciemos o no mientras vivamos.

Prueba de ello parecen ser los recientes acontecimientos originados en el estado de Arizona, cuya asamblea legislativa aprobó hace varias semanas un proyecto de ley que le achaca la delincuencia, principalmente a los mexicanos y otros latinoamericanos que entran de manera ilegal a los Estados Unidos.  (¿Será que en Arizona no hay delincuentes entre la población “blanca-anglosajona-protestante”, o sea, WASP?)  El proyecto senatorial, conocido popularmente por las siglas SB 1070 (aquí en Puerto Rico sería algo así como el P. del S. 1070), firmado como ley por la gobernadora de Arizona, Jan Brewer (Republicana), tiene los siguientes propósitos:

Requires officials and agencies of the state and political subdivisions to fully comply with and assist in the enforcement of federal immigration laws and gives county attorneys subpoena power in certain investigations of employers. Establishes crimes involving trespassing by illegal aliens, stopping to hire or soliciting work under specified circumstances, and transporting, harboring or concealing unlawful aliens, and their respective penalties.

([Mi traducción] “(Esta ley) Requiere que los oficiales y las agencias del estado y de las subdivisiones políticas cumplan completamente con y ayuden en el cumplimiento de las leyes federales de inmigración, y da a los fiscales de los condados poder de citación a comparecencia en ciertas investigaciones a patronos.  Establece delitos que involucran la entrada de extranjeros ilegales, parar a otros para reclutar o solicitar trabajo bajo circunstancias especificadas, y transportar, albergar o esconder extranjeros fuera de la ley, y sus respectivas penalidades.”)

De particular interés es esta enmienda que la nueva ley incorpora a los estatutos estatales existentes:

11-1051. Cooperation and assistance in enforcement of immigration laws; indemnification.

[…]

B. FOR ANY LAWFUL CONTACT MADE BY A LAW ENFORCEMENT OFFICIAL OR AGENCY OF THIS STATE OR A COUNTY, CITY, TOWN OR OTHER POLITICAL SUBDIVISION OF THIS STATE WHERE REASONABLE SUSPICION EXISTS THAT THE PERSON IS AN ALIEN WHO IS UNLAWFULLY PRESENT IN THE UNITED STATES, A REASONABLE ATTEMPT SHALL BE MADE, WHEN PRACTICABLE, TO DETERMINE THE IMMIGRATION STATUS OF THE PERSON.

([Otra vez, mi traducción, pero con énfasis añadido] “B.  Para cualquier contacto de ley hecho por un oficial o agencia de cumplimiento de la ley de este estado, o de un condado, ciudad, pueblo u otra subdivisión política de este estado, donde exista una sospecha razonable de que la persona es un extranjero que esté presente fuera de la ley en los Estados Unidos, se hará un intento razonable, cuando ello sea practicable, para determinar el status de inmigración de la persona.”)

Así, el SB 1070 convierte a las autoridades del estado de Arizona en agentes de control de inmigración de facto, al requerirle a la persona con la que se está interviniendo prueba de que está en el país de manera legal, sólo si esas autoridades tienen la mera sospecha de que la persona no es lo que aparenta ser.  La señora Brewer alega que la ley que firmó es necesaria para atender una situación de delincuencia, cuyo origen ella (y quienes cantan en su mismo coro ideológico) rastrea hasta los inmigrantes ilegales (como si no hubiera gente “pobre, pero honrada” entre esos inmigrantes), y que hasta el momento el gobierno federal (o sea, la administración de Barack H. Obama) no ha querido o no ha sido capaz de atender.

Lógicamente… (por favor, pellízquenme si yo he usado estas palabras antes en este blog) las reacciones no se han hecho esperar.  Protestas—con o sin mayor razón—se han dado en la propia capital de Arizona y en otras ciudades de los Estados Unidos, en contra de lo que representa una medida legislativa así (que por mi experiencia personal, podría decir que no tiene nada que envidiarle a muchas de las “joyas” que han salido de la asamblea legislativa puertorriqueña últimamente), en tanto la mera sospecha sea la base para intervenir con una persona que no encaje en el patrón étnico prevaleciente, y que ello se pueda prestar para la formación de perfiles raciales (creo que en algún lugar leí que a eso lo llaman “individuación”).  Y aunque anteayer (30 de abril de 2010), la gobernadora Brewer firmó como ley unas enmiendas a la controvertida ley para “suavizar” algunos aspectos controvertibles, el hecho es que sigue el descontento contra lo que, a mi juicio, es una medida peligrosa, que se puede prestar para abusos de parte de las autoridades, solamente por la sospecha, y que pudiera fomentar una mayor intolerancia entre los ciudadanos.

Más aún, hoy es Arizona.  Mañana puede ser cualquiera de los 49 estados restantes… aunque no hay que ir muy lejos para ver el sentimiento en contra de los extranjeros.  Basta con decir que en el estado de Alabama, un candidato a la gobernación de ese estado por el Partido Republicano (¡unjú, del mismo partido que la gobernadora de Arizona!) ha lanzado un anuncio político pagado en el que él le exige a todos los extranjeros residentes que aprendan a hablar en inglés si quieren conducir vehículos de motor allí.  (Can you see a pattern here?)

Me pregunto si tanto la gobernadora Brewer como el legislador que presentó el SB 1070 saben que la frontera mexicana con los Estados Unidos no es la única a través de la cual se cuelan los ilegales.  ¿Y qué hay de la frontera con Canadá?  ¿Qué tal la inmigración ilegal a “Puerto Rico-USA”, procedente de la República Dominicana y otros países del Caribe?  (Aunque probablemente no ven con tan malos ojos la inmigración “ilegal” que llega a Miami desde Cuba—ya eso es cosa aparte, aun cuando de vez en cuando se cuele uno que otro “scarface”.)  Y todos los que cruzan ilegalmente estas otras fronteras, aun cuando técnicamente están cometiendo un delito al entrar en un país extranjero sin estar debidamente autorizados para ello (y lo lamento mucho, pero no podemos tapar el cielo con un dedo), ¿son automáticamente delincuentes?  ¿Tendrán las personas que ostentan esa mentalidad—retrógrada, a mi juicio—la misma vehemencia contra los delincuentes que entran ilegalmente desde esas otras fronteras, que la que tienen en contra de los que entran ilegalmente desde México, América Central o del Sur?  A lo mejor estas personas no tienen el tiempo para entender estas sutilezas—siempre tienen asuntos más importantes que atender, siempre tienen “una agenda cargada”.

De hecho, “una agenda cargada” fue la excusa que le dieron a la cantautora colombiana Shakira Isabel Mebarak Ripoll (sitio web oficial; información en Wikipedia, en inglés) cuando a nombre de la fundación que ella estableció para ayudar a las causas sociales (Fundación Pies Descalzos), quiso conversar sobre el particular con la gobernadora Brewer.  Y déjenme aprovechar para hacer aquí una confesión: Shakira no es santo de mi devoción; a mí nunca me han gustado ni su voz ni su manera de cantar, ni me ha gustado la forma en la que ella ha llevado su carrera en los años recientes, o sea, como una diva al estilo de Beyoncé, Christina Aguilera o Mariah Carey—más allá de la imagen que proyectaba a comienzos de su carrera, de una cantautora con una vena poética, que expresaba las vivencias y aspiraciones de su generación.  Pero ello no significa que a una figura del renombre mundial de Shakira, quien sólo viene con la intención de dialogar, de ofrecer ayuda, de buscar soluciones a un problema como el impacto de la nueva ley sobre los inmigrantes hispanos, se la deba despachar así porque sí, con la simple excusa de “una agenda cargada”.  Como hubiese dicho mi madre, “desde que se inventaron las excusas…”

(De paso, yo también llegué a admirar los primeros años de la carrera de Mariah Carey, pero ya eso es otro tema.)

Pero más importante aún que el repudio (tapaíto) a los gestos de buena voluntad: ¿a qué viene la actitud que se desprende de iniciativas como la ley del SB 1070, de estar tratando a los indocumentados hispanoparlantes como “el enemigo”?  ¿Se sentirá tan amenazada la nación más poderosa del mundo por gente que procede de un tipo cultural diferente?  ¿Será que lo único que los WASP conocen de los inmigrantes son las cosas malas que hacen algunos—aquéllos que han traído algunos malos hábitos desde sus lugares de origen, que llegan con el propósito de “vivir del cuento” (e insisto en que no podemos tapar el cielo con un dedo, porque ésa es la realidad)—y quieren juzgar a “los otros” con la misma vara?  ¿Será simplemente miedo a encontrarse con gente “diferente”, que les ayude a abrir sus perspectivas del mundo que—quieran o no—los rodea?

Y ese mismo miedo es el que hace que los otros sean “el enemigo”…

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


Actualización (29 de julio de 2010): Afortunadamente, una jueza del sistema de justicia federal ordenó que se paralizara la implantación de los aspectos más controvertibles de la Ley S.B. 1070 de Arizona, lo que debe dar un respiro hasta tanto se determine el impacto de las disposiciones pertinentes.  Por supuesto, ello no ha impedido que la gobernadora Brewer haya jurado vengarse haya anunciado que acudirá a los tribunales para defender esa ley, que ella ve como “una ayudita” que le está dando su estado al gobierno federal en la aplicación de las leyes de inmigración.  (Pero con “ayudas” como ésa… ¡gracias, pero no, gracias!)  Obviamente, las líneas de batalla seguirán trazadas, con los simpatizantes de la ley en cuestión queriendo arreciar la lucha para sacar del país a quienes consideran “indeseables”, aún si muchos de esos inmigrantes hacen las tareas que quienes así piensan no hacen por considerarlas “indignas”.  Otra de esas ironías que nos da la vida.  Pero ése siempre será el precio a pagar por buscar la dignidad de todos los seres humanos.  De todos, sin distinción.

Actualización (20 de abril de 2011): Yo no sé cómo ustedes lo vean, pero creo que de vez en cuando, alguna gente saca de donde no hay para demostrarle al mundo que tiene temple o espinazo o “babilla” (como la llamamos en Puerto Rico).  A juzgar por lo que dice un editorial publicado en la página A22 del The New York Times de ayer (Gov. Brewer Shows Some Moxie, del 19 de abril de 2011), la gobernadora Brewer tuvo el buen juicio de vetar lo que el “periódico de récord” de la Gran Manzana denominó como dos medidas legislativas absurdas (énfasis mío), a saber: un proyecto de ley para permitir la portación de armas de fuego dentro de los recintos universitarios (que me imagino que vendrá a la zaga de los violentos hechos de enero pasado) y uno que requeriría que los candidatos a la presidencia estadounidense proveyeran prueba detallada de ser ciudadanos estadounidenses, que incluiría un affidavit jurado y un certificado de nacimiento completo y válido para poder figurar en la papeleta electoral en Arizona (lo que seguramente hubiera complacido a algunos teteros por ahí, que están obsesionados por sacarse al presidente Barack H. Obama del sistema a como dé lugar—y a lo que me refiero con “teteros” no es lo que algun@s se imaginan, ¿OK?).  Aunque el editorial apunta que su motivación para vetar lo de las armas de fuego en las universidades no fue tan clara, la señora Brewer habría dicho que el proyecto sobre la prueba de ciudadanía iba demasiado lejos—y eso, según el editorial, es algo que viene de quien en 2010 firmó orgullosamente una medida mal intencionada dirigida a darle a las agencias policiales locales el poder extraordinario para arrestar a quien no pudiese demostrar su presencia legal en los EE.UU.  El último párrafo del editorial comienza con la siguiente oración:

“This does not mean that Ms. Brewer is a new person politically, but it does suggest that she has limits.”

(Mi traducción, por supuesto: «Esto no significa que la señora Brewer sea políticamente una nueva persona, pero sugiere que ella tiene límites.»)

¡Bueno por ella!  ¡Ojalá y así siga siendo!


LDB