El espectaculo mas grande del mundo… o por lo menos, de Puerto Rico

¡Hola, mi gente!

Tal vez les sorprenda que lo que voy a tratar hoy venga con un atraso pequeñito… OK, tienen mucha razón, yo no llamaría a una semana un “atraso pequeñito”.  Pero por lo pronto, síganme en esto.

Hace exactamente una semana, en la edición dominical de El Nuevo Día, leí un artículo que me llamó mucho la atención, porque retrata de manera breve pero precisa un fenómeno propio de la cultura política en general—no digo yo puertorriqueña únicamente.  Se trata de la afición de las clases políticas—se llamen PNP, PPD, PIP o como se llamen—de distraer la atención de los graves problemas que se viven en el país hacia lo que me parecen más bien “nimiedades”.  (Yo preferiría algo más fuerte como “estupideces”, porque lo son, pero vamos a dejarlo así.)  En el artículo se compara la situación puertorriqueña con la trama de la película de Barry Levinson, Wag the Dog (1997) (estelarizada por Dustin Hoffman y Robert De Niro), en la que un relacionista público y un productor de Hollywood hacen un junte para “fabricar” una guerra en Europa, a fin de distraer la atención del pueblo estadounidense de un escándalo sexual en el que está implicado el presidente de “la gran nación americana”.  (Por supuesto, si alguna vez en Puerto Rico se pudo “fabricar” con éxito un candidato político, “fabricar” una guerra en Estados Unidos no debe ser muy difícil…)

(Ah, y cualquier parecido entre esa película y la escandalosa situación en la que estaba involucrado un conocido presidente estadounidense—¿he mencionado nombre yooooooooo?—justo para la fecha en la que estrenó esa película… pues, una de esas “casualidades de la vida”…)

Y aun si éste no fuese el mismo caso, cualquiera diría que los puertorriqueños estamos en medio de un gran espectáculo, un circo de tres pistas en el que acróbatas, trapecistas, temerarios traga espadas, payasos y un montón de animales, hacen lo indecible por distraernos de los problemas y situaciones de la vida diaria (situaciones que en gran medida, han sido provocadas por muchas de estas “estrellas”).  Basten tal vez algunos botones de muestra:

  1. En una de las tres pistas, vemos un partido político cuyo liderazgo se empeña principalmente en adquirir el poder por el poder mismo, enfrascado en una trifulca por ver quién es el líder más poderoso, “el más hombre entre los hombres”, el que no acepta ser plato de segunda mesa.
  2. En otra pista está un partido político eternamente caracterizado—y hasta paralizado—por su ambivalencia, enfrascado en la búsqueda de una razón de ser, dividido a causa de su ambivalencia entre los que quieren creerse su propia mitología, aun cuando las realidades les golpean severamente en la cara, y los que aspiran a inventar una nueva realidad que—a su modo de ver—les permita crecer y prosperar.
  3. Y en la tercera pista, un partido político que perdió su rumbo mucho tiempo atrás, que alguna vez fue una fuerza política con algún grado de respeto, y que luego de los golpes que la vida le propinó ha quedado reducido a un ente que no es ni la sombra de lo que fue en sus mejores momentos, y que se conforma con depender de ayudas económicas para sobrevivir.

Y todo esto, a la vista de mucha gente buena que milita en estos partidos políticos (y gústele a quien le guste, la hay, y me enorgullece contar con esta clase de gente entre mis amistades—tal vez pocas, pero valiosas), y que siente vergüenza ajena cuando ven los espectáculos vergonzosos a los que se prestan sus supuestos líderes.

A mí, lo que me queda de esto es preguntarme: ¿qué propósito puede tener una clase política para conducirse de esta manera?  ¿Será para pregonar su estupidez a los cuatro vientos?  ¿Será simplemente porque les gusta que hablen de ellos—bien o mal, pero que hablen?  ¿Será que en realidad no saben cómo manejar una situación tan delicada como la que se vive hoy en día, con una delincuencia sin freno, con una crisis económica acentuada por los recientes despidos en el gobierno (y los que faltan… ¡huy!), con una infraestructura que sin el mantenimiento adecuado puede causar una crisis de proporciones graves?

¿Será que a nuestros líderes políticos, nada de eso les importa?  No sé, pero yo creo que debería importarles alguna vez… y espero que eso no sea cuando tengamos que enfrentar las consecuencias de la falta de responsabilidad, y entonces sea tarde para hacer algo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.


P.S.  Lógicamente, no puedo pasar por alto lo ocurrido el sábado 27 de febrero de 2010 a las 03:34 UTC –03:00 en el sudoeste de Chile (o si lo quieren en hora de Puerto Rico, 02:34 UTC –04:00), cuando un terremoto de magnitud de 8.8 se dejó sentir frente a la costa de Maule, a 200 millas (325 kilómetros) al sudoeste de Santiago de Chile.  (Vea el resumen del evento según la información levantada por el Inventario Geológico del Departamento de lo Interior de los Estados Unidos, USGS, en sus versiones en español y en inglés.)  Al momento en el que escribo esto, se siguen viendo en los medios de prensa las imágenes de la devastación que dejó este terremoto, del que se ha dicho que fue cientos de veces más poderoso que el terremoto del 12 de enero pasado en Haití (con una magnitud de 7.0).  Sin embargo, hay quien dice que el saldo mortal del evento de Chile (alrededor de 500 muertos al momento en que escribo esto) podría ser menor que el de Haití (que ya debe ir por el medio millón) y que en el caso de Chile, sus habitantes estuvieron un tanto mejor preparados que los de Haití—por no hablar de las construcciones y la infraestructura.  Yo no creo que las cosas sean tan malas como para pensar que el mundo se esté acabando (o que vaya a acabarse dentro de un par de años, como algunos alarmistas y charlatanes insisten en decir a cada rato).  Pero experiencias como éstas nos deben llevar a reflexionar en lo frágil que es la vida, en que todo lo que nos ha tomado toda una vida construir puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.  Tal vez desgracias como ésta nos sirvan de lección para apreciar lo que tenemos, lo que en verdad vale, que es la vida.  No hay otra alternativa.  Mientras tanto, desde aquí va mi apoyo y solidaridad con las víctimas del terremoto de Chile, y mis mejores deseos de que puedan superar esta crisis.  ¡Que así sea, mi gente!


LDB

De los numeros que no eran y del estofado de tigre

Tiger Woods
Image via Wikipedia

¡Qué tal, mi gente!  Voy a empezar rapidito, que hoy tengo “mucho con demasiado”…

Y empiezo manifestando mi confusión ante la noticia que indica que las cifras que se decían a poco de la victoria electoral del hoy gobernador de Puerto Rico, Luis G. Fortuño Bruset, de la cantidad de transacciones de personal en el gobierno, hechas durante el periodo de veda electoral de 2008 (lo que las haría ilegales), resulta que son incorrectas.  De las 11000 transacciones ilegales que se estimaba al principio, ahora resulta que las mismas ascienden a 1035 (lo que representa un 9.4% [9,4%] de la cifra originalmente dada a conocer).  La mayoría de esas transacciones ilegales (unas 930) se efectuaron durante los primeros 2 meses de la veda (que a diferencia de lo que establece la ley—que la veda sea desde 2 meses antes de las elecciones hasta 2 meses después de las mismas—incluyó los meses de julio y agosto de 2008).

Pero si malo es eso, peor es el hecho de que dentro del propio gobierno no haya un mensaje coherente que explique fehacientemente discrepancias como ésta.  Más aún, cuando afirmaciones como la de que se hicieron 11000 transacciones ilegales en tiempo legalmente prohibido es uno de los fundamentos para justificar las medidas de “recuperación” económica y fiscal que se han estado implantando—la más notoria de las cuales, como ya ustedes saben, es el despido de 17000 servidores públicos que tendrán que empezar desde el cero a partir de enero de 2010.  De un lado, el propio gobierno insiste en que sus cifras son las correctas, pero del otro lado, la persona que divulgó la cifra “verdadera”, el director de la Oficina de Recursos Humanos del Estado Libre Asociado (ORHELA), el Sr. Samuel Dávila Cid, insiste en que la cifra que él da es la correcta y que no hay razón por la que él deba rectificar la misma.  (Sólo por aquello de ser justo es que puse la palabra “verdadera” entre comillas en la oración anterior.)

Francamente, yo creo una cosa: En algún lugar de la línea recta trazada entre A y B, alguien se está saliendo de la línea.  O si quieren que lo exprese de manera un poco más franca… ¡ALGUIEN ESTÁ MINTIENDO AQUÍ! Pero, ¿con cuál propósito?  Eso último es anybody’s guess, aunque  siempre está esa posibilidad que planteé en una entrada anterior:

Por complacer a “los dueños de Puerto Rico”, ¿se procura atajar un problema de finanzas públicas, para el que nunca hubo la voluntad de evitar que el mismo llegara al punto en el que está hoy en día, mediante el despido “voluntariamente involuntario” de empleados públicos (independientemente de las circunstancias—legales e ilegales—en las que algunos de esos empleados públicos advinieron a sus puestos) y la disminución de presupuestos en áreas que al gobierno le parece que no son rentables?

Claro está, yo siempre insistiré en que quien comete una falta, debe responder por la misma.  Y si durante el gobierno anterior del PPD se cometió la falta de nombrar personal para las agencias de gobierno, de una manera patentemente prohibida por la Ley Electoral de Puerto Rico (Ley número 4 del 20 de diciembre de 1977, según enmendada)… los responsables de esas acciones también tienen que responder por la falta cometida, y asegurar que cosas como ésa no sucedan nunca más.  Claro está, ello no garantiza que el gobierno actual del PNP no haga lo mismo cuando le llegue ese momento, pero es cuestión de esperar un poco…


OK, ¿qué tal si hablamos de otra cosa?

Aquéll@s de ustedes que pasan de cierta edad—algo que técnicamente me excluye, ya que para esa época yo tendría apenas 3 ó 4 añitos—tal vez recuerden el siguiente diálogo, tomado del clásico western televisivo, Revólver a la Orden (Have Gun—Will Travel):

Paladin: “‘Hey Boy’, hay una antigua receta para hacer estofado de tigre, ¿la conoces?”

‘Hey Boy’: “No, señor.”

Paladin: “Primero, debes atrapar al tigre.”

El diálogo que acabo de citar se produce al inicio del episodio número 79, “First, Catch a Tiger” (estrenado en los Estados Unidos el 12 de septiembre de 1959), cuando el “caballero sin armadura en una tierra salvaje”—o sea, Paladin—hace su habitual ronda por los periódicos que le consigue su valet chino, Kim “Hey Boy” Chang, en busca de un “guiso” (un trabajito, para quienes no conocen el habla coloquial puertorriqueña) que él pueda hacer por la “módica” suma de US$1000.  (Una suma cuantiosa en el Viejo Oeste de 1875… ¡lo que para un mercenario a comienzos del Siglo 21 sería apenas un anticipo o un “pronto pago”!)  Estando en ésas, Paladin se entera de que un comisario y un juez de un pueblito de Wyoming con los que él colaboró para llevar ante la justicia a un delincuente han sido muertos por un asesino contratado por el padre del ajusticiado.  No se sabía mucho del asesino, excepto que sus víctimas morían a traición, por la espalda, de forma tan inesperada como los movimientos del caballo de ajedrez que adornaba la pistolera de Paladin.  El resto del episodio trata la estrategia que el “hombre de negro” tendrá que desarrollar para desenmascarar y “neutralizar” (si me permiten el uso de un término que ni en 1875 ni en 1959 tenía la connotación que tiene hoy en día) al misterioso asesino, y en el proceso evitar ser su tercera víctima.

Caballos de ajedrez

El diálogo que acabo de citar me viene a cuento ante la lamentable situación del jugador de golf, Eldrick Tont “Tiger” Woods, considerado c0mo “el mejor del mundo” en el deporte del golf (o “golfo”, como lo llama un ex-compañero de mi trabajo), al punto de que la semana pasada, la agencia noticiosa The Associated Press lo declaró como el Atleta de la Década de 2000—2009.  Francamente, mientras escribo esto, Tiger debe estarse sintiendo “atrapado”, como que de pronto todo el mundo quiere cocinarlo en estofado, luego de haber exhibido y mantenido una imagen limpia como deportista y como hombre de familia.  Imagen que de la noche a la mañana se vio dañada por el escándalo de infidelidad marital surgido a finales de noviembre de 2009, que salió a la luz tras el accidente de tránsito en el que chocó su SUV (en orden de mameyazos) contra un seto, un árbol, y una bomba de incendios o hidrante.

(Curiosamente, un chiste—más bien, uno de varios—que salió poco después en los tableros de  Usenet decía que Tiger empezó a golpear su carro con el “wood” y lo terminó de golpear con el “iron”… pero qué sé yo de eso, el golf no es lo mío…)

Y lo malo del caso es que da la impresión de que este “tigre” es como los marinos mercantes, de quienes se dice que tienen “una mujer en cada puerto”.  Y no sería de extrañar que en cada ciudad en la que hubiese un torneo de la PGA en el que él estuviese participando, alguna mujer que no fuese su esposa lo esperaba, ya que la prensa tabloide sensacionalista le ha sacado a la luz tantas y tantas amantes que “ni botándolas se acaban”…

(Y a todo esto, ¿no le habrá afectado eso su juego en los últimos años?  Digo, uno nunca sabe…)

Pero algo mucho peor es que como el asesino misterioso al que me referí antes, mucho del daño se hizo a traición, por la espalda, cuando las luces de las cámaras se apagaban y los medios de comunicación y entretenimiento se desviaban de Tiger hacia la siguiente estrella en el programa, cuando el público viraba la espalda, confiado en la imagen de “niño bueno que no rompe un plato”… aunque en este caso, el impacto fue el mismo que el de dejar entrar al toro bravo en la tienda de cristalería.

Y ni hablar del daño que eso le hace a las empresas multimillonarias que lo han auspiciado hasta el momento, algunas de las cuales ahora le están huyendo como el diablo a la cruz… tal vez porque no quieren que alguien tan famoso como Tiger Woods les recuerde de forma pública alguno de esos “gustitos” que se dan sus propios ejecutivos… ¡quién sabe!

Francamente, éste es un interesante ejemplo de cómo la fama que conlleva ser “el mejor [ESCRIBA AQUÍ UNA PROFESIÓN CUALQUIERA] del mundo” no exime a una persona de su naturaleza como ser humano.  Y no lo libra de responsabilidad por las consecuencias que le van a acarrear sus actos (aunque algunos, como el hoy ex-presidente estadounidense, Bill Clinton, se salen con la suya de una u otra manera).  Pero sobre todo, esto pone en evidencia la obsesión de una sociedad contemporánea donde “todos quieren al ganador”, una sociedad dispuesta a seguir ídolos que dan la apariencia de ser los más decentes, los más exitosos, los grandes triunfadores en la vida… para que después resulte que esos ídolos tenían pies de barro, que eran seres humanos como ustedes y como yo, con sus virtudes y sus fallas, con sus fuerzas y sus debilidades.

Yo no sé, pero para mí que eso se parece a lo de “vivir de esperanzas y morir de desilusión”.

Por supuesto, yo espero—y aunque lo veo ahora como un ángel caído, no creo que se deba perder la esperanza—que al haber anunciado que se tomaría una licencia del golf por tiempo indefinido para tratar de reconstruir lo que su conducta destruyó, él aproveche sabiamente esa oportunidad que la vida le está dando.  Y déjenme decirles una cosa (aunque me imagino que ustedes ya la saben): eso NO es nada fácil.  Es algo que requiere mucha paciencia, dedicación, tolerancia, un deseo firme de reparar el daño hecho—a los demás y a sí mismo.  Sólo el tiempo dirá si el “tigre” aprendió su lección… o si se convertirá en estofado.

¡Y ahora sí, vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien (y eso último, con énfasis y todo, va también para Tiger Woods, ¿OK?).  Hasta la próxima.

LDB

Cuando las Colas de Caballo Atacan

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!  ¡Saludos desde mi nueva casa en WordPress.com!

Yo no sé si ustedes lo ven de la misma manera que yo, pero para perder mi tiempo y mi cordura enredado en los dimes y diretes que caracterizan la campana electoral puertorriqueña del año 2008 (que por cierto, es la segunda campaña electoral que presencio desde que comencé a escribir mi blog en 2003)… ¡mejor trato de seguir los dimes y diretes que caracterizan la campaña electoral estadounidense del año 2008!  Por lo menos, allá no se trata de chismes de comadres como acá… aunque en algunas ocasiones, los protagonistas se quieren comportar como si fueran una conocida muñeca chismosa de la televisión puertorriqueña… ¿he mencionado nombre yoooooooooo?

Pero ya ése es otro asunto… ¡o tal vez no!  Por lo menos, así se desprende de un artículo con el que me tropecé esta semana en la revista cibernética estadounidense Slate, el cual discute el papel de los ciudadanos en traer al redil (o por lo menos, hacer el intento) a los candidatos políticos cuando éstos quieren ser unos “gansos” (o sea, se quieren pasar de listos) en los debates previos a la contienda electoral.  El artículo se titula Beware of Ponytail Guy, y su subtítulo (que aquí traduzco libremente) no podría ser más descriptivo: “cómo en los debates de tipo ‘asamblea de pueblo’ (town-hall meeting) puede irle muy mal a un candidato”.*

Publicado en la víspera del segundo debate entre los candidatos presidenciales actuales, los senadores federales Barack Obama (D-Illinois) y John McCain (R-Arizona), el artículo especula con la posibilidad de que en ese debate se diera el fenómeno conocido como el del “individuo del cabello en cola de caballo” (Ponytail Guy).  Este término surgió del caso de Denton Walthall, un mediador doméstico especializado en trabajar con niños, quien hizo una pregunta en el debate presidencial efectuado el 15 de octubre de 1992 en la Universidad de Richmond (Richmond, Virginia).  Walthall, quien se refirió a los electores como “los hijos simbólicos del futuro presidente”, cuestionó cómo estos “hijos” podían esperar que los candidatos atendieran sus necesidades, en cuanto a vivienda, criminalidad y you name it (parece que a Walthall no se le ocurrió de momento nada más a qué referirse), a diferencia de las necesidades y querencias de los manipuladores de opinión (spin doctors) y de los partidos políticos representados en el debate.  Tanto en el artículo como en la transcripción parcial del debate,** se añade que Walthall pidió lo siguiente (en traducción libre):

. . . ¿Podríamos hacerlo de corazón?  Aquí suena tonto, pero ¿podemos hacer un compromiso?  Digo, en este momento no estamos bajo juramento, pero ¿podría usted comprometerse de nuevo con los ciudadanos de los Estados Unidos para atender nuestras necesidades—y tenemos muchas—y no las de ustedes?”

El párrafo siguiente del artículo indica que si bien la pregunta del señor Walthall iba dirigida a los tres debatientes—el entonces presidente George H.W. Bush, William J. Clinton (entonces gobernador del estado de Arkansas) y H. Ross Perot (quien acabó siendo apenas una nota al calce en la historia política estadounidense)—, fue Bush quien más incómodo se sintió con la pregunta.  ¿Por qué?  Porque en la pregunta anterior a ésta, él se había dado a la tarea de justificar el uso del carácter de su rival… digo, por lo menos el de Clinton, porque el otro macharán no contaba ni para el pool ni para la banca… como una de las razones por las que se le debía dar el voto para gobernar la nación estadounidense por otros cuatro años…  Lamentablemente, la incomodidad de Bush con la pregunta de Walthall quedó a la vista de todos, al punto de que manejó mal una no muy astuta pregunta ulterior sobre el impacto de la “deuda nacional” estadounidense sobre la persona de él, y en un par de ocasiones se le vio mirando ansiosamente su reloj…  ¿Sería porque él quería salir huyendo de allí?  ¡Sólo él lo sabe!  (De hecho, el artículo indica más adelante que su hijo, el actual presidente George W. Bush, durante uno de los debates en el año 2000, se las ingenió para evadir a un miembro del público que insistía en hacer su pregunta, tal vez para no sufrir la misma humillación que su padre sufrió unos años antes.)

El artículo pasa entonces a extrapolar lo que ocurriría si en el debate de la noche siguiente, alguno de los candidatos hubiese tenido que afrontar tan inoportuna pregunta de parte de algún “Juan de la Calle”.***  Y aunque ciertamente el terreno estaba fértil para ese propósito—con el tema general de “dime con quien anda(ba)s, y te diré quién eres”, lanzado por una y otra parte en los días anteriores—, lo que he leído hasta el momento sobre cómo se produjo ese debate no indica que eso hubiese sucedido.  Sea como fuere, ambos candidatos tenían factores en su contra—tal vez uno de los dos más que el otro—, pero hasta donde tengo entendido, la sangre no necesariamente llegó al río… excepto por la siguiente expresión del senador McCain, que de momento me recuerda a la conocida muñeca chismosa antes mencionada:

(Hubo) un proyecto de ley sobre Energía en el Senado, cargado de prebendas, miles de millones de dólares para las empresas petroleras, y estaba patrocinado por (el presidente George W) Bush y (el vicepresidente Dick) Cheney.  ¿Saben quién votó en favor?  Seguro que no se lo imaginan: ése (señalando con el dedo a Obama y sin volverse a mirarle).  ¿Y saben quién votó en contra?  Yo.

(Énfasis suplido intencionalmente.)

Francamente, a estas alturas del proceso, a mí me da lo mismo quién de los dos candidatos ocupe la Casa Blanca a partir del 20 de enero de 2009.  Tanto el senador Obama—un idealista carismático—como el senador McCain—un guerrero con vocación de rebelde—han demostrado sus aptitudes (o falta de las mismas) para ocupar el puesto al que aspiran, de dirigir los destinos de los Estados Unidos de América (nación a la que—queramos o no—Puerto Rico está atado políticamente) y mantener el papel de esa nación en el mundo.  Pero a mí, mis padres me enseñaron que la expresión despectiva contra otras personas, por las razones que sean, es intolerable.  Y la anterior es una expresión completamente DESPECTIVA, no importa quién la diga, ni hacia quién vaya dirigida (aun si la hubiese dicho el senador Obama sobre el senador McCain, sería igualmente deplorable).

Pero volviendo al tema, el artículo de Slate señala que a los políticos se les puede hacer bien fácil evadir las preguntas de los periodistas y moderadores de los debates.  No sé si esto es porque la profesión periodística no se da a respetar lo suficiente—y debo aclarar que no me refiero a que los periodistas deban estar todo el tiempo en actitud de guapos de barrio, como alguno que otro de sus miembros activos… ustedes saben, de esos que se cantan como “los más pega’os” por ser parte de los “expertos en los dimes, diretes, broncas y bochinches que últimamente pasan como análisis y noticias”—o porque están tan embriagados con el poder que ostentan, que consideran que el trato con la prensa es como un juego infantil.  Sin embargo, en esas raras oportunidades cuando Juan (o Juana) de la Calle—a quien sólo le importa buscar el sustento de su familia, quien tiene que sufrir por los altos costos de la electricidad, quien tiene que sufrir el azote de una ola delictiva que nadie parece querer aplacar, quien sufre por no tener un servicio médico eficiente—es el (la) que hace la pregunta, los políticos se corren el riesgo de quedar como “los malos de la película”… ¡y ellos lo saben!  ¡Y se cuidan de correr ese riesgo!

Me pregunto si los políticos de aquí estarán conscientes de esto…

Pero bueno, ¡vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta luego.


* Nuevamente, la fuente del artículo que cito aquí es: Beware of Ponytail Guy. How town-hall debates can go very wrong for a candidate, Slate, 6 de octubre de 2008.

** La transcripción de la primera mitad del debate se encuentra en la siguiente dirección: CPD: 1992 Debate Transcript.  La pregunta del Sr. Denton Walthall (no identificado en la transcripción) es la pregunta número 4, pero noten que esta pregunta viene precedida por una pregunta sobre el tono y tenor de la campaña presidencial de entonces (que es la que lleva al entonces presidente Bush a su justificación del ataque al carácter del entonces gobernador Bill Clinton).

*** Voy a establecer a “Juan de la Calle” como el equivalente de la frase en el original en inglés, Joe Six-pack.


LDB

Una Tragedia Que Esperaba Por Ocurrir

¡Saludos, mi gente, dondequiera que estén!

Para quien esté leyendo esto fuera de Puerto Rico—sobre todo, si no es un puertorriqueño que esté observando los acontecimientos desde algún lugar en el que las condiciones de vida sean mejores que aquí—tal vez sea difícil entender cómo podemos navegar por la vida cotidiana en medio de tantas cosas absurdas (yo creo que Pirandello “la pegó” en Seis Personajes en Busca de un Autor cuando se refirió a los “absurdos infinitos que ni siquiera tienen que parecer plausibles, porque son ciertos”).  Desde la visita del ex-presidente estdounidense W.J. Clinton a Puerto Rico para hacer campaña por la pre-candidatura presidencial de su esposa—en una elección general para la cual los que residimos en Puerto Rico no podemos votar… pero comoquiera tampoco pueden votar los propios ciudadanos estadounidenses, ya que no es el pueblo el que elige directamente a su presidente, sino un “Colegio Electoral”… pero eso ya es otro tema (es más: eso queda “de asignación” para quienes se la pasan hablando sin pensar en lo que van a decir)—, pasando por el proceso jurídico por el que atraviesa en estos momentos el gobernador Acevedo Vilá ante las autoridades federales por presunto lavado de dinero con fines electorales, hasta llegar a una economía que cada vez más da signos de volverse difícil—con el costo de la gasolina que supera la barrera de los US$3 00 por galón estadounidense, y con amenazas de mayor encarecimiento en el costo de productos de primera necesidad como el arroz.

En todo caso, la semana que acaba de cerrar trajo dos noticias contrastantes.  Pero aquí quiero empezar al revés.  La segunda noticia podría considerarse como buena, ya que surge del veredicto judicial por el cual el policía que asesinó al ciudadano Miguel A. Cáceres Cruz en Humacao—y de lo cual el mundo entero fue testigo a través de YouTube, mediante el vídeo tomado por un ciudadano VALIENTE, con todo y el riesgo que ello pudo haberle representado—fue encontrado culpable del vil crimen.  (Vea: Los Vientos Violentos de Agosto [8/21/2007].)  Por supuesto, queda aún por verse el caso de los dos agentes que acompañaban ese día al policía asesino—es decir, la mujer policía que se alega que “agitó” al agente asesino para cometer su fechoría, y el otro agente que salió huyendo al escuchar el primero de los cuatro disparos fatales.  No obstante, sigo insistiendo (como en mi escrito anterior) en que esa tragedia debe servir como el punto de partida para que se mejoren las condiciones de trabajo de los policías en Puerto Rico, para que se les provea ayuda a aquéllos que están activos vigilando en nuestras calles, a fin de que puedan superar las pruebas que la vida les da cada día, y sobre todo, para que se evite reclutar como policías a personas que en realidad no den el grado para serlo, o como yo decía en mi escrito sobre el tema…

un estallido que espera la oportunidad adecuada para que alguien encienda la mecha

Y por supuesto, sigo deseando desde aquí que el resultado de este caso ayude a proveer el cierre que la familia del señor Cáceres necesita para poder seguir hacia adelante, aunque sea sin él, pero siempre con la ayuda de Dios.

Lamentablemente, la otra noticia que conmovió al país fue la del asesinato de una mujer en su lugar de trabajo, el Hospital del Maestro en Hato Rey (sector de San Juan, para beneficio de mis lectores en el exterior), a manos de su esposo, del que ella estaba separada.  (Por cierto, el que los hechos hayan ocurrido en ese hospital es algo que toca incómodamente de cerca a mi familia, por razones en las que no voy a entrar aquí.)  Para no hacerles todo el cuento, la señora estaba prácticamente marcada para la muerte, ya que una orden de protección que ella solicitó en el tribunal en contra de su esposo le fue denegada…

Déjemne repetir lo anterior, con énfasis: una orden de protección que ella solicitó en el tribunal en contra de su esposo le fue denegada.  ¡Eso es escalofriante!

Si ése fue el caso con esta víctima (y aunque no pretendo jactarme de conocer del tema, mi sospecha es que ésta no sería la primera vez que un juez deniega una orden de protección por las razones que fuesen), entonces la persona que esté pasando por un patrón de maltrato o de abuso físico o emocional dentro de su relación conyugal tendrá que buscar la manera de hacerse justicia (aunque luego las mismas instituciones que tenían la responsabiliad inicial de impartir esa justicia se viren en su contra—para eso no son tan ineficientes) o resignarse a recibir su “sentencia de muerte” en el momento menos esperado y en el lugar menos esperado.

Mientras tanto, seguimos perdiendo nuestro tiempo en apostar a quiénes son más corruptos, entre los líderes del PPD o del PNP; a quién nos va a resolver el dilema del status de Puerto Rico, si Hillary Clinton o Barack Obama o John McCain (si a alguno de ellos le da la gana de hacerlo, que yo lo dudo); a que la gasolina llegará pronto a superar la barrera de US$3 79 por galón estadounidense; et cétera; et cétera; et cétera.

Y antes de volverme “un et cétera“…

ESTA SEMANA (14–20 DE ABRIL DE 2008): Lo último en la avenida: Un supermercado donde puedes disfrutar de los auténticos sonidos y olores… un momento: ¿dije olores?…  Y…  Las 10 cosas más importantes que los hombres entendemos sobre las mujeres.

Así que ya lo sabe.  Evite volverse “un et cétera” y visite mi sitio web, LuisDBeltránPR.com, y oprima el botón (o el vínculo textual en la parte de abajo de la página) que dice, “Humor… según LDB”.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

LDB

Que Hace Toda Esa Gente Metida En Una Cama?

¡Hola, mi gente!  Seguro que me echaron de menos por el pasado par de semanas, pero no se preocupen, que aquí estoy nuevamente con ustedes.  La cosa es que…

No van ni las primeras tres semanas del 2008, y las controversias se ponen cada vez más fuertes en Puerto Rico y en el mundo.  Aun entre quienes profesan estar en un mismo bando, no deja de haber molestia por algún comentario sobre un tema delicado, que se toma como algo ofensivo (real o potencialmente).  (Algo más o menos como la controversia entre los dos pre-candidatos del Partido Demócrata estadounidense a la presidencia de los EE.UU., Hillary Clinton y Barack Obama, por un comentario de la primera—o del esposo de ésta, el ex-presidente Bill Clinton—que algunos tomaron como un insulto al recuerdo del Dr. Martin L. King, al valorar más la firma de la Ley Federal de Derechos Civiles por el entonces presidente Lyndon B. Johnson.)  Pero no es a esa clase de controversia a lo que quiero dedicar mi tiempo hoy.

A lo que voy es a comentar sobre la controversia que lleva algún tiempo, en torno a la propuesta de la legislatura puertorriqueña para que se eleve a rango constitucional el matrimonio entre las parejas heterosexuales en Puerto Rico, mediante una enmienda que se votaría en las elecciones generales del 11/04/2008.  La Resolución 99 (que presumo es una resolución conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado) procura que sea política pública del Estado Libre Asociado reconocer el matrimonio como la unión hombre-mujer, lo que podría dejar fuera de la protección de la carta magna a las parejas heterosexuales que cohabitan sin haberse casado y a los matrimonios entre parejas del mismo sexo.  Como es de esperarse, se han tomado bandos en torno a la medida: los sectores religiosos y defensores de la familia, se agarran de la resolución aun si ésta fuese un clavo caliente, por considerar que se protege a la familia según se concibe tradicionalmente; por su parte, los sectores más liberales y “progresistas” (y las comillas no se las pongo con mala intención, ¡que conste!) atacan la medida, por considerar que deja fuera las parejas del mismo sexo y que la pretendida política pública que se implantaría podría degenerar en una campaña de odio contra las mismas.

Tal vez una manera interesante de ver este asunto sería definiendo lo que es política pública.  Para los fines presupuestarios del gobierno de Puerto Rico, esta frase se define así:

Política Pública – Posición básica o curso de acción seleccionado por el gobierno para orientar las decisiones respecto a una necesidad o situación de interés público. Las principales fuentes de expresión de política pública son la Constitución, el Código Político, las leyes, el Programa de Gobierno y los pronunciamientos oficiales del gobierno. Las políticas públicas definen un orden de prioridad y el ámbito de acción del gobierno en el tratamiento de los problemas o necesidades, según su naturaleza y urgencia.

(FUENTE: Definiciones Presupuesto de Gastos del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.)

Si mi entendimiento de esta controversia es el correcto, esto implica que el gobierno de Puerto Rico, ante lo que percibe como una necesidad o interés apremiante de sus ciudadanos, estaría llamado a adoptar una posición básica en el sentido de validar el matrimonio entre el hombre y la mujer, y daría prioridad a ese único tipo de unión legal en la validación de sus derechos y prerrogativas.  Si eso es así, me pregunto si quienes impulsan la resolución saben exactamente cuales son las implicaciones de lo que están proponiendo, y si hay alguna manera de aliviar las situaciones que se podrían generar como consecuencia de que se implante la resolución.  Por ejemplo, ¿qué habrá que hacer con las parejas de hecho?  ¿Qué derechos cobijarán a este otro tipo de unión, a la que se dejará de lado en favor del matrimonio legal?  ¿Y qué hay de los hijos que se produzcan de las uniones de hecho?  Y en cuanto a las parejas del mismo sexo—que dicho sea de paso, es un estilo de vida que yo personalmente no favorezco, aunque sí respeto a quien hace esa elección personal—, ¿estarán compitiendo en desigualdad de condiciones con las parejas “normales”?  ¿Serán objeto de la ignorancia, el odio y la ira de quienes creen ser mejores hijos de Dios que los demás?  O si viene alguna de esas personas bañadas de “rectitud” de arriba para abajo, a decirme que eso no es así, ¿qué soluciones propondrá para atender el problema que resultaría si se elevara el matrimonio heterosexual  a un rango constitucional?

(Y que conste, esta vez las comillas en la palabra “rectitud” son con todo propósito.  Y además, la última pregunta en el párrafo anterior es para ver cómo enmudece gente como ésa… ¡eso nunca falla!)

Y ya que hablamos de personas bañadas de “rectitud” de arriba para abajo, no hay más que mirar a los legisladores que propulsan esa resolución.  Del lado senatorial, la resolución es impulsada por Jorge de Castro, el mismo senador que protagonizó la patética “sacá ‘e pecho” de hace unas semanas frente al sitio donde se construye el proyecto Paseo Caribe (si se perdieron eso, vean mi mensaje de 12/16/2007).  Ahora bien, recién acaba de darse una ironía: el “distinguidísimo” senador se divorció de su esposa hace apenas un par de días… ¡por trato cruel!  ¿Y ésa es la clase de ejemplo que los legisladores le quiere dar a los demás, a quienes les tiene que aplicar la misma ley que ellos evaden?  Por su parte, la portaestandarte de la resolución en la Cámara de Representantes es Liza Fernández, a quien ya conocimos como alguien que parece que pasó por la Universidad, sin que necesariamente la Universidad pasara por ella.  (Por si acaso, es a ella a quien me refiero—aunque no la identifiqué entonces; sorry!—en el mensaje Luces Apagadas, en el que vemos cómo ante el fallecimiento de Don Enrique Laguerre ella demostró su cultura… ¡o la falta de la misma!)  ¿Será para congraciarse ambos legisladores con los sectores favorecedores de la medida?  ¿Tanto necesitarán de los votos de ese sector de nuestra sociedad para mantenerse en el poder?

Yo lo lamento mucho.  Pero por mejores intenciones que pueda tener una medida como la Resolución 99, la misma no me parece la forma más adecuada de resolver un problema social apremiante, como lo es la crisis del entorno familiar en Puerto Rico.  Esa es una crisis que requiere atención directa, que se busque ayudar a las familias en problemas, en lugar de perjudicarlas.  Es una crisis que debe atacarse de frente, con firmeza, responsabilidad y voluntad.  Y lamentablemente, ésas son cosas que le faltan a quienes actualmente tienen en sus manos el poder para resolver esa crisis, y en su lugar pueden acabar creando un problema mayor.

Bueno, ¡vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.  Bye!

LDB