¿A qué mundo he regresado?

Amigas y amigos, mi gente,

Ahora que me saqué del buche lo sucedido con mi padre y cómo eso me ha puesto la vida desde entonces, no me queda más que tratar de retomar las cosas donde las dejé anteriormente (con excepción de las ensartas de disparates que veo a cada rato en Facebook, Twitter, etc., porque una de ésas sale a cada rato—y seguirán saliendo, es cuestión de tiempo Sarcástico ).  Y francamente, las cosas parece que están cada vez más de mal en peor.

Resulta que en 2016, “el americano” habló.  Y al hablar admitió—aún sin quererlo—que lo que le dijo al mundo en 1953 sobre Puerto Rico fue una gran mentira, un gran engaño, una enorme tomadura de pelo.

Una de esas “maldades” que se hacen, sólo porque quienes las hacen se pueden dar el lujo de hacerlas y quedar impunes en el proceso.

Y la “maldad” en cuestión fue decirle al mundo que al haberse constituido un año antes como “Estado Libre Asociado” (whatever it means now), Puerto Rico tenía el poder para gobernarse a sí mismo.  Que aun cuando dependería en parte—en gran parte… en una grandísima parte—de lo que dispusiera el Congreso estadounidense, Puerto Rico tenía el poder para hacer sus propias leyes, y hacerlas cumplir.  Que como país, Puerto Rico podía hacer lo que le diera la gana…

Y lamentablemente, much@s puertorriqueñ@s cayeron en ese engaño.  Desde quienes ayudaron gustosamente a montar la farsa, hasta quienes se prestaron solícitamente para actuarla, e incluso para buscar un papel de mayor protagonismo.  De una y otra tendencia ideológica.  Estadolibristas y estadoístas, un@s y otr@s por igual.

Much@s de es@s un@s y es@s otr@s se adscribieron al mito de que podían hacer lo que les diera la gana.  Y empezaron a hacer lo que les diera la gana.

Y al sol de hoy siguen haciendo lo que les da la gana.

Y quieren seguir haciendo lo que les dé la gana.

Pero en eso de hacer lo que les dé la gana, es@s un@s y es@s otr@s cometieron—¿o ayudarían a cometer?—la torpeza de causar una crisis económica y fiscal.  Una crisis acentuada por una deuda pública de más de US$72,000,000,000 (US$72.000.000.000).  Deuda que, si ustedes se acuerdan bien (y si no, busquen la nota 1 en esta entrada), corresponde a la que el Artículo VI, Sección 8 de la Constitución de Puerto Rico de 1952 dispone que se pague antes que a todo lo demás.  O sea, antes que a la Policía para proteger a los ciudadanos de una ola delictiva cada vez más imparable, antes que al Departamento de Salud para atender  desde los problemas básicos de salud hasta las epidemias de dengue, zika y otros males de difícil pronunciación, antes que al Departamento de la Familia para atender la enormidad de las situaciones de maltrato y violencia familiar, antes que a la Autoridad de Energía Eléctrica para modernizar el sistema de provisión de energía eléctrica…

Oops!  Too late!  El miércoles 21 de septiembre de 2016, hubo un colapso total en el sistema eléctrico de Puerto Rico, del que prácticamente nadie se pudo librar (ni siquiera yo, ahora que estoy haciendo mi vida solo).  Aproximadamente 1.5 (1,5) millones de abonados del servicio eléctrico.  Y aunque luego de las 58 horas que tuve que esperar mientras me restablecían ese servicio, todavía quedaban algunas regiones en Puerto Rico a oscuras, se podría decir que esta crisis había sido superada.  Digo, me parece a mí…

Aunque no sin dejar el mal sabor de que en Puerto Rico, somos rehenes de un sistema eléctrico cuya prioridad es protegerse a sí mismo.  Y en el proceso, proteger a quienes se han enriquecido del mismo.  Y el resto de nosotr@s, ¡que se fastidie!

De eso es de lo que se trata esto.

Y eso es lo que parece que al “americano” no le gustó.  (O al menos, ésa es la teoría.)

En fin, que “el americano” dejó que “los nativos” hicieran y deshicieran como les dio gusto y gana.  Pero llegó el momento de empezar a imponerles disciplina.  Porque ellos no se saben comportar.  Porque no se portan bien.  Y hay que “educarlos”.  Hay que enseñarles a ser “buenos”, “obedientes”, “leales”.

Y sobre todo, porque esos “nativos” no mandan en su propia casa, porque quien manda—quien realmente manda—es el Congreso estadounidense.

Así que ese mismo Congreso se dio a la tarea de proponer una ley, con un nombre muy bonito: Ley de Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico (‘Puerto Rico Oversight, Management, and Economic Stability Act’, PROMESA).  Una ley federal con un propósito bastante ostentoso:

“Para establecer una Junta de Supervisión que ayude al Gobierno de Puerto Rico, incluidas sus instrumentalidades, en el manejo de sus finanzas públicas, y para otros propósitos.”

O sea, que tienen que venir desde afuera a enseñarnos a manejar los asuntos de nuestra propia casa.  ¿Por qué?  Porque pueden hacerlo.  ¿Y cómo lo van a hacer?  A través de una Junta de Supervisión (¿no será más bien, de Control?) Fiscal de 7 personas designadas por el gobierno estadounidense, o sea, ninguna de las cuales ha sido elegida por los puertorriqueños.

¿Qué tal si les damos un nombre que describa mejor a ese ente?  Un SUPRAGOBIERNO.

Pero de veras, ¿es esto lo que nos hemos buscado?  ¿Es esto a lo que hemos tenido que llegar?  ¿Es éste el precio que tenemos que pagar los puertorriqueños por dejarnos engañar de cuanto estafador nos pide el voto cada 4 años?

La cosa es que el Supragobierno Estadounidense del Territorio de Puerto Rico ya se constituyó.  Y vino a recomendar cirugías mayores para las finanzas públicas del país.  Y eso no le gustó a la administración gubernamental anterior (del PPD, 2013–2016), que quiso hacer malabares con lo que quedaba como gusto y ganas le diera, importándole poco lo que fuera a suceder (cuya actitud se puede resumir en un “¡me vale!”).  Y aunque sus sucesores (del PNP, 2017–2020) han querido sacar pechito tratando de pasarle gato por liebre, con un plan fiscal algunas de cuyas premisas se habrían basado en proyecciones irreales, al final éstos parecían haberse allanado a las exigencias del Supragobierno (por lo menos, mientras escribo esta entrada).

Obviamente, el menos complacido con esta situación ha sido el pueblo.  (Y si me han estado siguiendo por los pasados 13–14 años, sabrán que yo hago la distinción entre el pueblo y el gobierno del país que sea, se llame Puerto Rico o Estados Unidos o Colombia o España o…)  Y entre el pueblo, el estudiantado universitario es el que se ha estado dejando sentir, aunque ello no sea del agrado de algunos pichones de dictador, especialmente de la derecha.  Pero el caso es que cuando las cirugías mayores recomendadas por el Supragobierno incluyen recortar el déficit incurrido por la Universidad de Puerto Rico, nuestro primer y más importante centro docente (y como ex-alumno lo digo con mucho orgullo), a costa de aumentar los costos de matrícula, eliminar programas académicos que algunos creen inútiles en el medioambiente tecnológico del Siglo 21, e incluso, limitar el acceso de vastos sectores de la población a una formación académica que les permita ayudar a echar este país pa’lante… ¡no hay otra salida!

Por supuesto, la ley federal que nos trajo el Supragobierno, tiene básicamente el propósito de que las finanzas de Puerto Rico sean saneadas, al tiempo que se cumpla con pagarle a quienes la Constitución dice que se les debe pagar, antes que a todo lo demás.  Pero una cosa que a mí me hubiera gustado ver en esa ley es que hubiera algún tipo de mecanismo que permitiera llevar a los responsables de meternos en el atolladero en el que estamos hoy en día, a responder por los actos cometidos hacia ese fin.  Algo así como una Comisión de la Verdad.  Sin embargo, lo más cercano a ello podría ser exigir una auditoría de los fondos públicos para ver en qué se gastaron y por qué se contrajo toda esa deuda.  Más aún, ver cuánta de esa deuda se contrajo de manera lícita y cuánta de la deuda se contrajo en contravención de lo que manda la Constitución (en la misma sección citada arriba).

Pero entonces, cuando se trae el tema públicamente, el mismo gobierno que debe ser transparente y rendir cuentas se niega a que se realice una auditoría, porque diz que “no es necesario”.  (¿No será más bien, “por nuestros… ‘pantalones’”?)  ¿Cuál es el miedo a que se realice una auditoría?  ¿Acaso no fue la falta de estados financieros auditados—con la evasión de la responsabilidad de preparar los mismos y someterlos a tiempo—lo que llevó al gobierno federal a imponer un Supragobierno, nuevamente, porque puede hacerlo?  ¿A quién se está tratando de proteger?

A mí me parece haber escuchado en algún lugar que “quien nada debe, nada teme”.  Pero por lo visto, parece haber muchos que temen.  De uno y otro bando.  Ambos, igual de temerosos.

Siendo eso así, ¿qué podrá seguir desde aquí?  ¿Una molestia tan y tan grande de parte de un pueblo que está cansado de dejarse engañar?  Yo no quisiera pensar que lleguemos a extremos peligrosos, pero me temo que eso ocurrirá algún día.  Tarde o temprano, pero algún día.

¡Y vamos a dejar eso ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien y sean personas razonables.

LDB

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Sueños, pesadillas, y «Pepe Isuzu»

Aquéll@s entre nosotros que estábamos creciendo durante la década de 1970, tal vez recordaremos—¿con cariño?—aquella campaña de publicidad gubernamental que rezaba,

“Algunos sueños son pesadillas.”

Ésa era una campaña dirigida a movilizar al puertorriqueño común y corriente en contra de un problema de adicción a las drogas que estaba empezando a crecer (y tod@s sabemos en lo que se ha convertido 4 ó 5 décadas después).  Una campaña cuya idea central era que los que trafican o venden sustancias químicas controladas ofrecen a los usuarios algo así como un sueño.  Un sueño que resulta ser muy nefasto.  Un sueño que se convertirá a la larga en una pesadilla de la que pocos han despertado… ¡digo, si es que logran despertar!

Pensaba en esto hoy, al ver la larga pesadilla en la que hemos estado sumidos durante el año 2015 que está por terminar.  Una pesadilla que tal vez comenzó mucho tiempo antes.

Una pesadilla coronada por 2 eventos sumamente difíciles para mi amado Puerto Rico: una escasez de agua que llevó al gobierno estatal a aplicar una de esas soluciones equivocadas de las que Groucho Marx advirtió agudamente en su tiempo: la de poner a casi todo Puerto Rico bajo un régimen de 6 meses de racionamiento; y una crisis económica y fiscal que reventó como bomba este año, y que dejó al descubierto el desgaste de un modelo político que—muy a pesar de quienes se aferran al mismo como si fuese un salvavidas, creyendo que no se ahogarán como el resto de nosotros—ya hace rato agotó su vida útil.

(Y para colmo de males, apenas hace unos días el procurador general estadounidense nos vino a recordar, a través de un escrito para un caso federal, que el sueño que se le vendió a mi gente en julio de 1952, o sea, unos 6 años, 4 meses y qué sé yo cuantos días antes de comenzar mi existencia, sigue siendo sólo una vana ilusión y que no somos la gran cosa que se nos hizo creer entonces, a nosotros mismos y al resto del mundo.  Y ésa es la verdad, ¡duélale a quien le duela!)

Todo lo que se ha visto este año que está por terminar ha sido un corre y corre.  Una improvisación.  Una búsqueda de cómo salir del lío en el que llevamos varias décadas, mientras que se apacigua a los bonistas (como lo pide la Sección 8 en el Artículo VI de la Constitución de Puerto Rico de 1952).1,2  Décadas en las que se aspiraba a lucir como si nuestra realidad fuera de un país más moderno, aún cuando nuestros cimientos se estuviesen haciendo añicos en el proceso.  Décadas en las que la billetera gubernamental parecía un pozo de dinero que nunca se podría agotar.  Pero, ¿y si al final del periodo acabábamos con menos dinero para sustentarnos que lo que habíamos gastado en sostener nuestra fachada de modernidad?  Pues “no problem!”  Tomamos prestado de lo que le toca a las futuras generaciones para sostenerse… ¡y que siga la fiesta!

(Y pensar que hasta yo mismo había venido diciendo en este blog, que esa jugarreta le podía salir muy peligrosa al país.  Una vez, y otra vez, y otra … ¡y ahí tienen!)

Y con el corre y corre y esa improvisación han venido las soluciones a lo Groucho.  Por ejemplo, se aumentó el impuesto de ventas y uso (IVU) 4½ puntos porcentuales, a 11½%, al frustrarse la implantación de un IVA (VAT) de 16%.  Un IVA más predicado en la propaganda que en la realidad económica del país.  ¿No me lo creen?  Pues juzguen ustedes si lo que recibí a comienzos de 2015 en mi  dirección de correo electrónico oficial3 encaja dentro de lo que acabo de plantear:

“From: Gobernador del ELA
“To: xxxxxxxx@xxxx.gobierno.pr
“Sent: Friday, March 6, 2015 9:28 AM
“Subject: REDUCCIÓN EN TUS CONTRIBUCIONES

“Hemos trabajado en una transformación total del Sistema Contributivo actual, que es uno injusto e ineficiente porque Ia carga contributiva descansa sobre la clase trabajadora y productiva.  La razón de esta transformación es traer justicia y equidad a las miles de empleados asalariados que como tu llevan la principal carga del país.

“Es importante que sepas que la implantación del IVA esta acompañada de una histórica reducción en las tasas contributivas de todos los individuos y corporaciones.  Todos los solteros que ganan S40,000 o menos pagarán $0 contribución sobre ingresos, y así lo verán reflejado en su cheque de nómina.  Los casados que ganen $80,000 o menos no rendirán planillas y tampoco se les retendrá dinero de su cheque por ese concepto.  Esto significa que más de 857,000 personas, de sobre de 1 millón de asalariados que hoy rinden planillas en Puerto Rico, no tendrán que hacerlo en el futuro.

“Como ejemplo, una persona soltera que gana §40,000, NO pagará contribuciones.  Lo mismo ocurre con los casados que tienen ingresos de $80,000 o menos.  También, a modo de ejemplo, si una persona gana $50,000 al año y rinde como soltera hoy paga contribuciones por los $50 mil, a una tasa que podría llegar hasta 25%.  Con la Transformación Contributiva esa misma persona no pagará contribuciones por los primeros $40,000, y solo pagará por los restantes $10,000 a una tasa propuesta de 15%.

“De lo que se trata es de justicia contributiva.  La gente tendrá más dinero en sus bolsillos, y además, se reducirá la evasión.  Con esta transformación los evasores también tendrán que pagar.

“Para que puedas ver de manera individual el ahorro que tendrás con la reducción de las tasas contributivas, te invito a que saques tus números con la nueva calculadora que está disponible en transformacionpr.com.  También puedes accederla directamente en sacatusnumeros.com.

“Si quieres que la comparación sea más clara, busca tu planilla del año pasado (año contributivo 2013) o la del 2014 y úsala como referencia.  Haz tus propios números y llega a tus propias conclusiones.  Ese ejercicio te permitirá ver claramente cuánto dinero adicional tendrás en tu bolsillo para utilizarlo como prefieras.

“Te exhorto a que invites a tus familiares, vecinos y amigos a sacar sus propios números.  En transformacionpr.com también obtendrás información valiosa de cómo funcionará el sistema completo para todas las personas, no importa su nivel socioeconómico.  ¡Infórmate!

“El Gobernador del Estado Libre Asociada de Puerto Rico,

“Alejandro J. García Padilla”

(A todo esto: ¿en qué quedó la famosa “Mesa de Acción para la Competitividad y Crecimiento” de la que tanto se habló en 2014?  Me imagino que ya nadie se acordará de eso…)

Otras lindezas improvisadas en este año incluyen: retener los reintegros contributivos de muchos de los que cumplieron con su deber ciudadano y pagaron a tiempo—y hasta antes de tiempo—sus impuestos (y por cierto, la mañana del día en el que escribo esto, se decía que se iban a pagar varios de los reintegros en el par de días que quedan antes de que culmine el 2015—¡qué pantalones!); retener el pago del Bono de Navidad de los empleados públicos hasta el último minuto que disponía la ley (¡sí, dije ley!) porque no había dinero en caja… para que entonces aparecieran por arte de magia los US$120,000,000.00 (US$120.000.000,00) necesarios para cubrir los pagos…

Ciertamente, todo eso ha tenido su costo: servicios públicos que si no se están deteriorando están en vías de ello, incluidos los que son esenciales, como el agua; una economía en la que hasta la empresa privada está sintiendo los malestares, con el cierre de varias empresas; y una migración de personas como no se había visto en mucho tiempo, principalmente a distintas ciudades de los Estados Unidos—en unas, con más suerte que en otras.

Pero hay un costo muy importante, tal vez el mayor de todos: el de la credibilidad de quienes tienen la responsabilidad de dirigir los destinos de todo un país.  Muestra de ello es lo sucedido con el presunto autor de la comunicación que cité hace un momento, el gobernador García Padilla, quien parece que vio la escritura en la pared y hace un par de semanas anunció al país que decidió no postularse para la reelección.  Algo que en su momento yo había visto venir:

«Y entonces resultó que—para sorpresa de nadie—el electorado puertorriqueño eligió al candidato del PPD, Lcdo. Alejandro García Padilla, como quien entrará en funciones de gobernador el miércoles 2 de enero de 2013—por lo menos hasta el domingo 1 de enero de 2017, si no se le ocurre buscar la reelección….  Un candidato que much@s de nosotros encontraríamos tan difícil de entender como la sonrisa de la Gioconda de Da Vinci (pa’ los que jugábamos “bolita y hoyo” con la Mona Lisa)….

»Habrá que ver cómo él resolverá la crisis económica actual, sin cometer el mal hábito de sus antecesores políticamente afines, de desvestir a un santo para vestir a otro (o sea, tratar de “cuadrar” los presupuestos gubernamentales mediante préstamos—algo de lo que yo siempre he estado y estaré en contra).  Habrá que ver cómo resolverá el problema de las agencias públicas afectadas por la pérdida de sus servidores públicos, sin crear un problema mucho más grave que el que se pretendió resolver (si es que lo hubo en realidad, porque hasta yo me estoy cuestionando eso mientras escribo).  Habrá que ver cómo detiene la ola delictiva que hace que tengamos que mirar más a menudo por encima del hombro.  Habrá que ver cómo él piensa restaurar la confianza del pueblo en su gobierno, cómo piensa reconstruir los puentes rotos por la arrogancia e insolencia de quienes se sienten que por estar en el poder, pueden imponer su ley y sus normas sin que nadie les cuestione ni les oponga resistencia.

»Habrá que ver si el futuro incumbente hará algo que no sea quedarse callado ante semejantes retos.  Los mismos ciudadanos que lo eligieron para asumir esa posición (y… yo no estoy entre ellos—pero aun así, pienso estar pendiente de lo que él haga) no deben exigir menos que eso.»

Es más, a mí hasta me da la impresión de que por los últimos 30 ó 40 años, los puertorriqueños nos hemos dejado gobernar por ese icono comercial ochentoso, «Joe Isuzu»—o por su versión boricua menos afamada, «Pepe Isuzu».  Es más, díganme (porque para eso es que está la caja de comentarios, ¿OK?) si la siguiente cita de Wikipedia referente al personaje original (con mi traducción-adaptación del original) le cae a la presente situación como anillo al dedo, o como el sayo del refrán (“Al que le caiga el sayo, que se lo ponga”):

«Joe Isuzu was a pathological liar who made outrageous and overinflated claims about Isuzu’s cars.  (One commercial even cast him as the Boy Who Cried Wolf.)»

O sea, que «Pepe Isuzu» era un mentiroso patológico que hacía reclamos atrevidos y excesivos sobre la marca de automóviles que promovía (de la cual yo llegué a tener uno a mi nombre, y esto no es broma), hasta apareciendo en uno de los anuncios publicitarios como el niño que gritaba, “¡ahí viene el lobo!”.

Peor aún, es la clase de mentiroso patológico que no tiene un color específico.  Puede ser rojo PPD o azul PNP, y quien sabe si hasta verde PIP, aunque el único verde que le interesa a los 3 es el del dinero, muchas veces mal habido.  Es más, voy a aprovechar que lo dije de manera bastante clara en una ocasión, featuring el “irremediablemente bello” (según él se describe a sí mismo) «Mandrake Morrison» de los Quíntuples de Sánchez:

“Sí, son muchos cuentos.  Pero ése no es necesariamente el cuento….  El cuento verdaderamente es quien lo cuenta.  Es y ha sido y será siempre el (la) mism@ cuenter@.  Que sea del PNP o del PPD da lo mismo.  Es quien parece vivir en una realidad paralela a la nuestra, en un universo paralelo al nuestro.  Un universo paralelo en el que el país se está salvando de años décadas de malos manejos económicos (de muchos de los cuales no se responsabilizan, ni tocándolos con una vara de 3 metros—o de 10 pies, lo que le dé la gana de que venga primero); en el que la confianza de los inversionistas en la capacidad de recuperación económica de nuestro país nunca estuvo en duda (y quien diga lo contrario es un mentiroso, según esa mentalidad); en el que somos una ‘estrella’ que puede aportar mucho al mundo, que hasta puede enseñar a jugar béisbol a los mismos que inventaron el ‘baseball’… sin que lo más talentoso de su gente se tenga que ir pa’ otro la’o en busca de suerte.

“Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una ‘magia hermosa’ que esconda—y que l@s esconda de—la realidad que los demás vivimos a diario.  Son y han sido y serán l@s que pretenden crear una maroma de complicidad entre ell@s y nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras que tenemos que aguantarle los cuentos que nos hacen cada día.  Y el precio que nosotr@s, l@s espectadores/espectadoras tenemos que pagar por esa maroma de complicidad se hace cada vez más costoso.

“Ésa no es una maroma de complicidad de la que me alegre ser parte.  Pero gústele a quien le guste, ése es el cuento nuestro de siempre.”

Por los pasados 11 ó 12 años, he sido—y cuenten con que en el futuro seguiré siendo—consecuente en decir en este blog que muchos de los absurdos sin fin que suceden a diario en Puerto Rico, o donde sea, se deben a que alguien no asumió su cuota de responsabilidad (ya sea la responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, con nuestros familiares, amigos, vecinos y demás) y permitió que las cosas llegaran al punto en el que—al fin y al cabo—tod@s tenemos que atenernos a las consecuencias de lo ocurrido.  Y ese es un punto del que nadie puede escaparse—ni siquiera los mentirosos patológicos que parecen tenernos agarrados por el mango como a la proverbial sartén.  Lo mismo da que no hayamos cuidado de nuestras posesiones personales como del medio ambiente de este único planeta en el que nos ha tocado existir: si no cumplimos con nuestra responsabilidad, tendremos que atenernos a las consecuencias.  Y ya sea que me sienta cómodo o no repitiendo esto, lo tengo que hacer—y lo seguiré haciendo mientras pueda hacerlo.  No hay otra manera de enfrentarlo.

Otra de esas cosas de las que de tanto que la he dicho a lo largo de los años en este blog, ya tiene vida propia y se dice por sí misma, es: ¿Qué es lo que una administración gubernamental—como dije, la que sea—que no cumplió con su responsabilidad cuando debió hacerlo, puede ganar con provocar un hervidero social, con causar una sensación de desasosiego entre la población general, ante un futuro no muy prometedor?

NADA, ABSOLUTAMENTE NADA.

Pero como dije entonces, me temo que eso es lo que nos espera, sabe Dios hasta cuándo.

Y en lo que el hacha va y viene y el palo del refrán descansa, ¿qué hacer ante una situación así?  Pues como escribí en una ocasión anterior, la gente está teniendo que echar mano de las palabras de Don José de Diego:

“Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

“Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.”

Y eso es algo en lo que deberían pensar los «Pepe Isuzu» de la vida, esos mentirosos patológicos que tratan de vendernos—como dice el de «La Cámara que Vende», “como pan caliente… ¡y con mantequilla!”—reclamos exagerados y excesivos, esos que tratan de huir de la triste realidad, en la esperanza de que la misma no los alcanzará.

O tal vez, creen que la realidad no los alcanzará.  Pero tarde o temprano los alcanzará, como nos está alcanzando a nosotros.  Y tarde o temprano tendrán que sufrir las consecuencias de su irresponsabilidad.

Y tarde o temprano, esos sueños que nos vendieron serán sus pesadillas.

¡Ojalá y así sea, en el 2016 que está por comenzar, y siempre!

¡Y vamos a dejar el año 2015 ahí!  Cuídense mucho, pórtense bien, sean personas razonables y nos vemos en 2016.  (Eso sí, roguemos por que el nuevo año no nos salga de pesadilla… Sarcástico )


1 La Sección 8 (“Prioridad de desembolsos cuando recursos no basten”) en el Artículo VI (“Disposiciones Generales”) de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico de 1952 establece lo siguiente (énfasis añadido con toda intención): «Cuando los recursos disponibles para un año económico no basten para cubrir las asignaciones aprobadas para ese año, se procederá en primer término, al pago de intereses y amortización de la deuda pública, y luego se harán los demás desembolsos de acuerdo con la norma de prioridades que se establezca por ley.»

2 Pero para una explicación más detallada sobre el tema de la deuda pública del Puerto Rico de 2015 y los mitos sobre la misma, vea este artículo preparado por el Centro para la Nueva Economía (CNE).

3 Que conste que yo no divulgo mi dirección de correo electrónico oficial (ni siquiera mi dirección de correo electrónico regular) aquí en este blog, porque no la quiero para ningún otro propósito que no tenga que ver con mi trabajo.


Es más, aquí vamos de nuevo:

Yo soy Luis Daniel Beltrán… y yo APRUEBO esta entrada. Pulgar hacia arriba

La hora del sacrificio… aún no termina

Flag of Puerto Rico
Flag of Puerto Rico (Photo credit: Wikipedia)

Debe ser que me estoy cansando de decir “lo mismo… lo mismo… lo mismo” en este blog.  Cualquiera diría que los gobiernos en Puerto Rico no saben atender las crisis económicas y fiscales—creadas irresponsablemente por esos mismos gobiernos—sin que sea “el de abajo” el que pague los platos rotos.

Ahora, luego de varias semanas de estarse discutiendo la implantación de una nueva ley para declarar una “emergencia fiscal” en Puerto Rico, la misma acaba de ser aprobada por la Asamblea Legislativa y firmada por el gobernador García Padilla.  Se trata de la Ley Número 66 de 17 de junio de 2014 (Ley 66-2014), conocida como la “Ley Especial de Sostenibilidad Fiscal y Operacional del Gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico”.  Una ley que del saque se ha dado en decir que es una nueva versión de la Ley Número 7 de 9 de junio de 2009 (Ley 7-2009), conocida como la “Ley Especial Declarando Estado de Emergencia Fiscal y Estableciendo Plan Integral de Estabilización Fiscal para Salvar el Crédito de Puerto Rico”, firmada por el entonces gobernador Luis G. Fortuño Burset.  Dos leyes con largas exposiciones de motivos (23 páginas en la Ley 7-2009 vis a vis 44 páginas en la Ley 66-2014), llenas de datos, gráficas y estadísticas para justificar sus respectivas existencias.  Pero ambas van dirigidas a un mismo fin: tratar de atender una crisis de la creación de los gobiernos que las implantaron, sin asumir mayor responsabilidad que la de ponerlas en el papel (o en el formato de documentos digitales, PDF—porque hay que hacerlo “a la moderna”, ¿vi’jte?) para la posteridad.  Para que se les recuerde—y se les “quiera” en el proceso (dándole su voto en las próximas elecciones generales).

Y si vamos a hablar de recordación, la de la Ley 7-2009 y sus lamentables consecuencias aún está fresquecita, y no con mucho cariño que digamos.  Y yo la sigo viviendo todos los días en mi lugar de trabajo.  Pero vamos a seguir con lo que hoy nos trae hasta aquí.

Por lo menos esta vez, la Ley 66-2014 no nos promete retiros tempranos ni renuncias “voluntariamente involuntarias” o “involuntariamente voluntarias” (o como diría Cantinflas, “ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario”) como las de la Ley 7-2009—digo, si le creemos a la declaración de política pública en el segundo artículo de la Ley 66-2014.  (Sí, porque parece que la situación fiscal del gobierno es de tal magnitud, que no hay para proveer los lindos chalecos salvavidas con el emblema de los dueños de la nave que quiere llegar a puerto con la carga, los pasajeros y la tripulación—la que como siempre, NUNCA está de más—que ofrecieron la última vez.)  Más bien propone una variedad de medidas que deben estar en vigor hasta el 1 de julio de 2017 (o sea, hasta casi 7 meses después de las elecciones generales de 2016), o que podrían expirar antes si se certifica que el producto nacional bruto del país habría aumentado en 1.5% (1,5%) para un próximo año fiscal, las casas acreditadoras de la Calle Wall neoyorkina resuelven que las obligaciones financieras gubernamentales no son chatarra y el año fiscal que cierra lo haga sin un déficit (a menos que algún legislador de pueblo chiquito se haya despertado de su siesta en plena sesión para reclamar que a su municipio no lo dejan beneficiarse de las “medidas importantes”… ¡como los déficits!).  Medidas tales como reducción en la contratación de servicios profesionales; reducción en el gasto de nómina de empleados de confianza; prohibición de nombramientos de empleados regulares, de carrera, transitorios o irregulares para puestos (excepto que rindan servicios directos o sean esenciales para los recaudos de la agencia implicada, o por varias otras razones); autorización de traslados o destaques de empleados dentro de una misma agencia o entre agencias (sin disminución de sueldo o beneficios marginales); prohibición en la concesión de aumentos en beneficios económicos o compensación monetaria extraordinaria; extensión de las cláusulas no económicas de los convenios colectivos vigentes en las agencias de gobierno que se rigen bajo la Ley Número 45 de 25 de febrero de 1998 (Ley 45-1998), conocida como la “Ley de Relaciones del Trabajo para el Servicio Público de Puerto Rico” (los cuales serán negociados luego de concluir la vigencia de la Ley 66-2014); prohibición de los gastos en las agencias de gobierno, en exceso de los fondos presupuestados; suspensión de las cláusulas no económicas en los convenios vigentes en las corporaciones públicas (las cuales se rigen por otras leyes que no son la Ley 45-1998), incluida la prohibición de liquidar monetariamente los balances acumulados de licencia de sus empleados; prohibición del uso de fondos públicos para pagar escoltas a jefes de agencias (con algunas excepciones), así como para viajes no esenciales al extranjero, contratación de servicios profesionales y adquisición de equipos tecnológicos personales de uso exclusivo (ustedes saben: celulares inteligentes, PDAs—¿hay quien todavía usa eso habiendo actualmente celulares más inteligentes que un PDA?—y demás); y disminuciones en los gastos de arrendamiento (por ejemplo, de edificios) y en el consumo de electricidad y agua de las agencias públicas.

(La Ley 66-2014 también tiene otras medidas que aplican a las ramas legislativa y judicial, pero para los efectos de esta entrada me enfocaré en lo resumido en el párrafo anterior.)

Tal vez muchas de esas medidas suenan bien sobre el papel (o en la copia en formato digital).  Pero no les suenan bien a todo el mundo.  Particularmente a los empleados unionados de las corporaciones públicas (particularmente las autoridades de Acueductos y Alcantarillados y de Energía Eléctrica), los cuales han amenazado con envolver al país en un “paro nacional” si no se les excluye de la Ley 66-2014 (particularmente de lo relacionado con la prohibición en la concesión de aumentos en beneficios económicos o compensación monetaria extraordinaria y la suspensión de las cláusulas no económicas en los convenios vigentes).  Un paro que podría ocurrir como la visita anual de los 3 Reyes Magos, “de noche, con gran cautela, cuando nadie, sus pasos vela”.  Un paro cuyos pininos se dieron hace unos días, cuando formaron una enorme congestión de tránsito en el Túnel Minillas, una de las principales vías de tránsito del San Juan metropolitano.

Pero, ¿para qué?  ¿Con qué propósito?  ¿Qué se quería lograr?  Tal vez para mí no se logró nada, excepto que los principales medios de prensa captaran—intencionalmente o no, eso es inmaterial—el lado oscuro de las protestas obreras en Puerto Rico: manifestantes en pleno abuso contra los conductores a los que sólo les interesaba salir del barullo que se había formado en el túnel, con latas de cerveza en la mano (como si fuera una fiesta o un pasadía en la playa), incluso faltándole el respeto a los policías asignados a mantener el orden—que si vamos a ver, también son trabajadores, también tienen sus hachas que amolar (como la del tiempo trabajado por horas extra que nunca se les quiere pagar), pero también tienen la responsabilidad social de cumplir con su deber de garantizar la seguridad ciudadana, le guste a quien le guste.

Y después de todo ese “show of force”… ¡pa’ Plaza Las Américas!  No precisamente para conseguirse “lo último en la avenida” y estar a la moda—aunque el mundo se joda—, sino a marchar por dentro del centro para revivir la eterna dialéctica entre “ustedes, los ricos” y “nosotros, los pobres”.  (Me pregunto si estas personas sabrán que no todo el o la que va a “Plaza”—me incluyo, aunque sólo voy cuando sea estrictamente necesario—es porque quiere lucir la última moda de Armani Exchange, adornarse con las más exclusivas piezas de joyería de Gordon’s, o calzar unas lujosas y decadentes tacas de 6″ o 152 mm de alto de DiMorini o Novus.  Pero ya eso es otra cosa.)

Por supuesto, no es la primera vez que las uniones obreras que representan los empleados de las corporaciones públicas tratan de convocar a un paro nacional (y por los mismos motivos), o que las mismas protestas se mudan a “Plaza”.  Y no creo que sea la última vez que ello suceda.

Otras sindicales, las cobijadas por la Ley 45-1998 (que lamentablemente, no provee el derecho a la huelga a los miembros de dichas sindicales), han tenido que negociar los impactos de la hoy Ley 66-2014 antes de que la misma fuera aprobada.  Tal vez porque entendían que era más responsable agarrar el toro por los cuernos y enfrentar directamente la amenaza de eliminación de sus conquistas laborales, a la vez que se evitara profundizar la crisis que nos ha traído hasta aquí—aunque se pudieran reservar la opción de embestir como hicieron los maestros sindicados hace unos meses, cuando vieron amenazado su sistema de retiro.  Por supuesto, sólo el tiempo dirá si el enfoque de estas sindicales fue correcto o no, y si resulta que no, que sirva de lección para evitar tomaduras de pelo en el futuro.

Pero lo importante es que estamos viendo de nuevo lo mismo que en el pasado.

“(L)o que se está viendo no es muy agradable que digamos….  (L)a tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando ‘las Navidades más largas del mundo’….  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o ‘bonistas’—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

“¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo ‘por su bien’.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.”

Y me temo que al final, el resultado será siempre el mismo.

“(D)e ahora en adelante seguiremos viendo a un bando y al otro haciendo sus movidas correspondientes, a ver quién prevalece en un juego de ajedrez en el que los que estamos en medio somos peones….  Lo que estamos viendo en estos días, es tan sólo el comienzo de la partida.”

O tal vez la continuación de una partida de ajedrez que tuvo su inicio hace largo tiempo y está actualmente en su fase de combate, pero cuya resolución está todavía muy lejos de verse.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y sean personas razonables.

LDB

¿Mugir o embestir?

“¡Ah desgraciado si el dolor te abate,
si el cansancio tus miembros entumece!
Haz como el árbol seco: reverdece
y como el germen enterrado: late.

“Resurge, alienta, grita, anda, combate,
vibra, ondula, retruena, resplandece…
Haz como el río con la lluvia: ¡Crece!
Y como el mar contra la roca: ¡Bate!

“De la tormenta al iracundo empuje,
no has de balar, como el cordero triste,
sino rugir, como la fiera ruge.

“¡Levántate! ¡Revuélvete! ¡Resiste!
Haz como el toro acorralado: ¡Muge!
O como el toro que no muge: ¡Embiste! ”

José de Diego (1866–1918), En la Brecha

En Puerto Rico, los últimos meses de 2013 y el inicio de 2014 han sido objeto de una disyuntiva, ocasionada por las medidas que toman quienes tienen la sartén por el mango—y como decía Alberto Cortez, “el mango también”—cuando dicen darse cuenta, temprano en el proceso, de que el mismo oro con el que pavimentaron las calles de la ilusión se ha hecho inasequible.  Medidas que responden a la Regla de Oro del nuevo milenio: “El que tiene el oro, es el que hace las reglas.

Medidas que son la principal consecuencia de años y años de despilfarros, de malos manejos fiscales que se quisieron subsanar con dinero “prestado” por las generaciones futuras, y que se pretenden borrar tan “de golpe y porrazo” como sea posible.  Y ello a costa, no de quienes se hicieron con el botín, sino de quienes hicieron su aporte honesto, sus sacrificios más fuertes para poder poner en marcha un país, sólo para ver como se les “castiga” esa lealtad.

Es más, no hace falta decir que ya pasamos por este mismo camino antes.  Y no puedo decir que los signos no estuvieran visibles, aun para los más ciegos entre nosotros, y que no se hicieron las debidas advertencias.  Como lo escribí alguna vez en este blog:

“A mí me parece que muchas de estas recomendaciones… son innecesarias o resultarían muy onerosas para la gente común y corriente, la gente que está en la calle tratando de sobrevivir de día en día y de cheque de pago en cheque de pago….

[…]

“En fin… a mí me parece que la medicina que nos espera sí que va a ser difícil de tragar para un pueblo que ya está saturado con sus problemas de todos los días.  Cómo pueda cada uno de nosotros asimilar esa medicina es lo que determinará si las recomendaciones (porque… ‘sólo son recomendaciones’) propuestas… surten algún efecto… pero no me quiero hacer muchas ilusiones sobre ello.”

Ni entonces, ni ahora, quiero hacerme ilusiones de que el efecto de las “recomendaciones” para solucionar la crisis del fisco sea positivo.  Sobre todo, a juzgar por lo que se está viendo últimamente.  Y lo que se está viendo no es muy agradable que digamos.  Particularmente cuando la tendencia de los últimos años ha sido la de los gobiernos meter la mano en los bolsillos del pueblo para tapar su propia incompetencia—porque es mejor pedir perdón que pedir permiso.  Tal vez mediante leyes traídas por los pelos, legisladas en sesiones extraordinarias convocadas con mucho sigilo, mientras el resto del país se ofusca celebrando “las Navidades más largas del mundo”.  (¿En ese “duérmete, nene” es que nos tienen?)  Leyes que responden a un deseo de quedar bien con los tenedores de bonos o “bonistas”—los mismos de los que la Constitución de Puerto Rico de 1952 nos recuerda que hay que apaciguar antes que a nadie más—y con las casas de corretaje de la calle Wall neoyorquina que esperan pacientemente como buitres, que a un verdadero propósito de ayudar a un prójimo que se muere de la nada.

¿Y los responsables de todo esto?  Siempre las mismas caras, las mismas figuras.  Lo mismo los azules del PNP que los rojos del PPD.  Unos y otros diciéndole a sus conciudadanos que lo están haciendo “por su bien”.  Cualquiera diría que el paternalismo de otros tiempos, como lo diría la vieja canción, no estaba muerto, sino que anduvo de parranda por un tiempo.

Entonces, como lo planteé en la entrada que cito arriba, ¿cómo puede cada uno de nosotros asimilar esa medicina que nunca deseó tomar?

Por lo menos, el colectivo de l@s maestr@s del sistema público de enseñanza, cuyo sistema de retiro independiente del de los demás servidores públicos—con la excepción que mencionaré en breve—se ha visto amenazado con esas nuevas leyes aprobadas “de noche, con gran cautela”, encontró que mugir como el toro acorralado del poema de de Diego no lo llevará a ninguna parte.  Ese colectivo decidió embestir.  Y luego de que no se le hiciera caso en principio, llevó su protesta al palacio boricua de las leyes—el mismo recinto cuyos ocupantes rojos, azules y verdes han hecho desmerecer su prestigio.  Y aunque algun@ de l@s agraviad@s se fuera a extremos objetables—como el de un maestro cuyo acto de orinar en uno de los escaños ha desatado un debate filosófico sobre dónde cayó el chorro (si en la silla del legislador o en el escritorio) y sobre el rango jerárquico de la “víctima” del aparente intento de “orinicidio” (¡hay que ver en lo que perdemos el tiempo en este país!), o el maestro que en su empeño por entrar a una oficina legislativa destruyó una costosísima puerta de vidrio (como diría cierta politóloga sata, “güey tu gou!”)—, no es menos cierto que estaba haciendo sentir su molestia por el agravio cometido en su contra.

Porque eso fue lo que ocurrió: l@s maestr@s fueron objeto de un agravio.  Y en lugar de sólo mugir acorralados, es@s maestr@s estaban en plena embestida, exigiendo la reparación de ese agravio.  Un agravio que podría tener repercusiones, pero a eso quiero ir más abajo en la entrada.

Hasta aquí todo estaría bien, de no ser porque hay otros que están tratando de embestir contra lo que consideran como un agravio: los miembros de la rama judicial de gobierno, cuyo sistema de retiro también es independiente del de los empleados públicos y del de los maestros.  Contra los jueces y las juezas se cierne también el espectro de leyes de reforma a su sistema de retiro, también para tapar el mismo agujero que se pretende tapar con la reforma al sistema de retiro de l@s maestr@s.  Porque parece que eso es lo único que saben hacer las autoridades en una crisis como ésta: tapar agujeros.*  Y aunque no tan militantes como l@s maestr@s, los jueces y las juezas han mostrado oposición a esas medidas, aunque tal vez los motivos no parezcan ser igual de nobles, especialmente cuando equiparan la independencia judicial a su sueldo.  Sobre todo porque cuando se retiran, se les garantiza un 100% del salario más alto percibido—que no es lo mismo que para l@s maestr@s y otros servidores públicos, a los cuales lo más que se les garantizaba hasta no hace mucho era un 75% del promedio de los tres salarios más altos.  (Y para colmo, para quienes nos retiremos del servicio público en un futuro no muy lejano, esa proporción será aún más baja [dicen que hasta de 38%].  ¡Qué mal nos va! Crying face )

Sea como sea, lo principal es que en Puerto Rico, en los últimos años, la situación económica ha caído en una verdadera crisis, más o menos la misma que veíamos que ocurría en países como Argentina o Grecia, en los que la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos llevó a apretar el cinturón, aunque no necesariamente su propio cinturón, sino el cinturón de los demás, de la gente que trabaja, que produce, que no tiene la culpa de esa irresponsabilidad.  Y esa misma gente ha visto, o según espero, lo está empezando a ver, o debe de empezar a ver, que no puede seguir mugiendo como toro acorralado.  Que hay que unirse para buscar soluciones, por encima de la arrogancia y el desprecio de quienes crearon un caos del que les interesa distanciarse, como si con ellos no fuera la cosa.

Y le guste a quien le guste, hay quien se está levantando, quien se está revolviendo, quien se está resistiendo.  Hay quien está embistiendo.  Y más vale que quienes pusieron a los demás en este predicamento tomen nota y se muevan actuar para bien.

Y ya que no cerré adecuadamente el 2013 en este blog—por lo que les pido las debidas disculpas—, vamos a hacer algo mucho mejor: ¡vamos a dejar el comienzo de 2014 ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Y ya que estamos hablando de tapar agujeros, he aquí algo del baúl de los recuerdos… ¿o era “de los recuerdos del baúl”?  ¡Qué sé yo!  Smile with tongue out

"Francamente, para mí… es como tratar de reparar una represa colocando un dedo en la grieta por donde se está colando el agua….

[…]

“Por cierto, me viene a la mente la leyenda del niño holandés—unas versiones lo llaman ‘Peter’, otras versiones lo llaman ‘Hans Brinker’—que salvó a su poblado de verse inundado, al ser el primero en percatarse de que el agua del océano se estaba colando por una grieta en un dique y tapar dicha grieta con un dedo…  Si eso hubiese ocurrido en Puerto Rico, probablemente la prensa estaría a su alrededor tratando de matarlo a preguntas, y hasta habría manifestaciones de ‘apoyo’ y ‘solidaridad’ de los radicales en el movimiento ambiental local (y ellos saben quiénes son)…  ¡Y tal vez hasta el propio gobierno le requeriría al pobre muchachito preparar una declaración de impacto ambiental por tan sólo estar poniendo el dedo en la grieta!  ¡Quién entiende esto!”

De una vez, aprovecho para corregir la omisión de no haber hecho referencia a alguna de las fuentes de esa leyenda.  Afortunadamente, encontré la fuente que les dejo a continuación (en inglés), en la que se aclara quién era realmente Hans Brinker y quién era Peter, y que este último fue el verdadero héroe que salvó la ciudad de Haarlem, Holanda.

The Boy who Saved the Netherlands, en Lidy’s Page (acceso: 19 de enero de 2014).


LDB

La hora del sacrificio

¡Hola, mi gente!  ¿Cómo estamos?

Pues a juzgar por lo que el gobernador de Puerto Rico, Hon. Luis G. Fortuño Bruset, dijo el martes 3 de marzo de 2009 en un mensaje a todo el país, en Puerto Rico estamos muy mal.  Muy, pero que muy mal.  Una “tormenta perfecta” en la que se juntaron el hambre y las ganas de comer… o más bien, en la que se juntaron la lamentable situación económica de la gente común y corriente—gente como usted y como yo, que vive y padece de día en día el encarecimiento en el costo de la vida—y la no menos lamentable situación fiscal del gobierno del Estado Libre Asociado de Puerto Rico… whatever was the meaning of the phrase I’ve just uttered! En lo que al gobierno se refiere, no hay más que ver la admisión que el propio primer ejecutivo hace al comienzo de su mensaje:

En estos 60 días, hemos descubierto que el déficit fiscal que encontramos es CUATRO VECES mayor que el que nos dijeron… de hecho, el déficit es de más de $3,200 millones de dólares… proporcionalmente el más alto en toda la Nación.

¿Verdad que suena aterrador?  Y lo que él describe aquí es el resultado de una tendencia de los distintos gobiernos (sean del PNP o el PPD—y como ya hemos visto, ninguno de los dos partidos está limpio de polvo y paja) a gastar más allá de lo que sus posibilidades les permitían, aun en los tiempos en los que la austeridad se predicaba como si fuera el evangelio (o como decía un comediante hace muchos años, “¡hay que economizar… cueste lo que cueste!”).  Y si se añade a esa tendencia la mala costumbre de tratar de “cuadrar” los presupuestos de gastos públicos mediante la toma de préstamos a los bancos centrales… ¡tremendo lío en el que estamos metidos!

Y tan tremendo es el lío, que el riesgo que corre Puerto Rico es que las casas de corretaje estadounidense que evalúan el crédito de nuestro país decidan que no se nos dé más crédito.  Y entonces, ¿qué sucederá con la realización de las obras públicas que hacen falta en estos momentos, así como la atención a la salud de la gente (especialmente aquélla que no se puede dar el lujo que se dan algunos(as) de atenderse en una sala de emergencias… ¡hasta para un uñero!) y la atención que tan urgentemente necesitan nuestros complejos problemas sociales?

Más que aterrador, suena deprimente, ¿no?  Y ésa es la parte del “cómo fue que nos metimos en este lío”.  Así que lo próximo que debe venir es el “cómo salimos de ahí”, ¿no?

Aquí es donde entra la medicina amarga de la que hablábamos no hace mucho.  Aparte de algunas medidas de ayuda que dependerán de lo que le toca a Puerto Rico del stimulus package firmado el otro día por el presidente Obama (y como ustedes entenderán, no me voy a detener en esto por lo que resta de esta entrada), el gobernador habló de que se había recortado la cantidad de contratos con asesores (muchos de los cuales también tenían asignado un vehículo oficial con chofer), abogados externos, agencias de publicidad, etc.; se había recortado la cantidad de puestos “de confianza” y disminuido los sueldos “demasiado altos” de los que se quedan en esa categoría (para mí que eso último es tomar al perro por las patas traseras para descubrir… esteeeeeeeeee… ustedes saben a qué me refiero); se habrían eliminado los teléfonos celulares oficiales, las tarjetas de crédito oficiales (que se prestan muchísimo al abuso, como el de un alcalde que utilizó una para jugar en un casino en el extranjero) y los vehículos oficiales (me imagino que se refiere a los de aquellos funcionarios públicos para los cuales ese privilegio no se justifica); y hasta se disminuyó el sueldo del gobernador (en un 10%) y de los jefes de las agencias (en un 5%).

Digo, no es que nada de eso esté mal.  Además, ¿no es eso en lo que yo he estado insistiendo por mucho tiempo?  Todo sea por “dar el ejemplo”.

Pero (¿por qué siempre tiene que haber un “pero”?) donde la puerca entorcha el rabo es en el papel que desempeñamos “los demás” actores en esta tragicomedia.  Los mismos que “no tienen la culpa” de esta crisis (¡no! ¿quién dijo?).

En Puerto Rico tenemos 300,000 empleados públicos, proporcionalmente muchísimos más que ningún estado de la Unión.  Peor aún, la nómina gubernamental se disparó de $3,748 millones de dólares en el 2001 a $5,528 millones de dólares en el 2009. . . .

(Aproveche ahora y tenga a la mano una caja de pañuelos faciales de su marca favorita, porque aquí viene la parte emotiva…)

Pero el empleado público no tiene la culpa de los desmadres administrativos de los que estaban a cargo. Considero que los empleados públicos son servidores leales y responsables, padres y madres de familia que se ganan el pan de cada día con esfuerzo y dedicación. Ustedes no tienen la culpa de que los que estaban a cargo del gobierno fueran incapaces de desarrollar nuestra economía creando más oportunidades de empleo en el sector privado.

(Conmovedor, ¿no?  Por cierto, el énfasis es mío, y lo hice con toda intención.  En cuanto a los violines… no me pregunten de dónde salieron, que yo no me di cuenta.)

Aparte de que se congelarían los aumentos en los sueldos, beneficios marginales y otro tipo de compensación de los empleados públicos por los próximos dos años fiscales (2009–2010 y 2010–2011), los artífices de las medidas económicas presentadas por el gobernador (el CAREF, al que me referí anteriormente) tienen la noción de que eso “no es suficiente” para salir de la crisis.  Por lo que las “soluciones” que se proponen no son exactamente las más fáciles de asimilar.  Primero, se  ofrecería una opción de retiro voluntario, que permitiría al empleado público que la ejerza obtener un incentivo y alternativas de readiestramiento y capacitación, o de reempleo en el sector privado o en organizaciones sin fines de lucro.  (OK, a mí me parece bien, con la cantidad de gente en el gobierno que deberían irse retirando YA.  Y eso, que cada día veo en mi lugar de trabajo gente que sólo piensa en retirarse lo antes posible, ante el ambiente enrarecido en el que pasan sus días supuestamente productivos, pero ya ése es otro tema.)  Y a los empleados que hayan cumplido 20 años en el gobierno, se les permitirá acogerse voluntariamente a la reducción permanente de su jornada laboral, a razón de un día laborable por quincena.

¿Vamos bien hasta ahí?  Lo malo es que aun si hubiese una gran cantidad de “voluntarios” que se acojan a esas alternativas, ello no será suficiente para aliviar la crisis (otra vez el mantra de los genios que desarrollaron el plan).  Y ahí es donde entra en escena la versión gubernamental del “Plan B” (y por favor, saque de nuevo su caja de pañuelos faciales):

De no haber alcanzado nuestra meta de ahorros con esta fase voluntaria, comenzaremos una transición ordenada de empleados de su actual empleo en el gobierno.  No te puedo anticipar la cantidad exacta de los empleados que se verán afectados porque el número dependerá de los ahorros en gastos operacionales, la congelación de salarios y demás beneficios, y del número de empleados que se acojan a los programas voluntarios.  Pero te soy franco, la cantidad puede ser significativa y me temo que pueden exceder los 30,000 empleados.

(Nuevamente, el énfasis es mío y con toda intención.)

¿No será eso darle la razón al que fue secretario de gobernación en la administración anterior, Jorge Silva Puras, cuando dijo que en el mundo de hoy, no hay seguridad de empleo para nadie (ni siquiera en el gobierno)?  Aun si se siguiera un proceso “ordenado” como el que el señor Fortuño implica en la cita anterior, el que se iniciaría con el despido de los empleados de menor antigüedad (ustedes saben, los últimos en llegar y los primeros en irse) y al que se extenderían las mismas opciones de readiestramiento, capacitación y reempleo que se están proponiendo para la fase “voluntaria” inicial, a mí me parece que se está tratando de una manera demasiado drástica un problema de gigantismo gubernamental que NUNCA debió haberse permitido que ocurriera.  Además, ¿no fue para evitar esto que se impuso el IVU?

A mi entender, hay mejores maneras de atender esa situación, que no conlleven el despido masivo de empleados públicos.  Por ejemplo, algo en lo que yo siempre insisto es que las agencias públicas deben asegurar que su capital humano sea ubicado en las áreas de trabajo en las que sus destrezas, conocimientos y capacidades puedan ser más útiles, y que a la vez hagan que dichas áreas de trabajo operen más eficientemente.  Y eso es algo que no vemos a diario en muchas agencias públicas… ¡incluida aquélla para la que yo trabajo!  (Y todavía me pregunto qué le cuesta a una agencia de gobierno en Puerto Rico hacer algo así de sencillo.)

Total, a grandes rasgos, esto es lo que trae el llamado “plan de recuperación económica y fiscal” del que habló el señor Fortuño el martes pasado.  Y me parece que entre sus consecuencias estará revolver el avispero social, como ya lo están demostrando muchas de las uniones obreras del país (especialmente las que representan a los servidores públicos), que están alzando desde ya su voz de protesta.  ¿Y qué puede ganar una administración gubernamental—como dije, la que sea—con provocar ese hervidero social, con causar una sensación de desasosiego entre la población general, ante un futuro no muy prometedor?

NADA, ABSOLUTAMENTE NADA.

Pero bueno, me temo que eso es lo que nos espera, sabe Dios hasta cuándo.

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien… ¡y que Dios nos encuentre confesados!

(Por cierto, ¿le importaría prestarme su cajita de pañuelos faciales?  Me temo que la voy a necesitar pronto…)

LDB