Y tú, ¿qué piensas traer a nuestra mesa?

Flag of the United States
Flag of the United States (Photo credit: Wikipedia)

Ok, amigas y amigos, mi gente.  Confieso que no me había detenido a pensar en ello.  Incluso le resté importancia al asunto.  Total, para el caso que siempre le han hecho a los proponentes de la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos de América como el quincuagésimo primer estado de esa federación—y no me voy a andar con paños tibios: NINGÚN CASO.  Salvo por dos o tres expresiones de algunas figuras políticas de relieve, preparadas más bien para “agitar a las masas” (informadas o no), lo que suele verse es que allá, en los centros de poder estadounidense, ése es un asunto como para barrerse bajo la alfombra.  Un asunto que siempre compite en desigualdad de condiciones con asuntos “más importantes”, “más apremiantes” que atender.

Como la vez que nunca se me olvida, cuando en la década de 1990, un congresista por Alaska—del que un@ no se acordaría en estos días, de no ser porque tuvo un “lapsus” mental (¿habrá sido algo así como lo que Peck describe en la anécdota que cito en la nota con los dos asteriscos en esta entrada?) y llamó “wetbacks” a los inmigrantes que trabajaban en los huertos de su granja ancestral… para después autoflagelarse y pedir perdón en público por haber metido las patas—trató de impulsar un proyecto para que se le concediera a Puerto Rico la estadidad, sólo para ser rechazado sin ser visto en el Senado estadounidense (donde se dice que radica el verdadero poder congresional), porque había “asuntos más importantes que atender”… ¡como el intento de residenciar al entonces presidente William J. Clinton por dárselas de Macho-en-Jefe con una becaria (de la que ciertamente nadie se acuerda en estos días)!

Allá pensarían entonces—y tal vez hoy en día—muchos de esos congresistas, “¿y viene esa minoría a pedir que les dediquemos nuestro valioso tiempo?”  Total, son lo que el hoy ex-presidente George W. Bush llamaría “nuestros amigos y vecinos” (en referencia a los viequenses que lucharon por sacar al “U.S. Navy” de la Isla Nena), y a lo mejor como Bush añadió seguidamente, “no nos quieren allá”.  ¿Pero para qué nos va a preocupar eso en este momento?  “What’s all the fuzz about?”  Total, hay tiempo para atenderlos, pero hoy no será el día.  ¡Que esperen a que atendamos nuestros asuntos de interés apremiante!  Para ellos… ¡ya habrá tiempo!

Y sí, el tiempo sigue pasando.  Y siguen las peregrinaciones hacia Washington, D.C., de estadoístas* convencidos de que si se forma un gran “bonche” de gente con carteles, pancartas y demás y se paran bajo el sol de marzo—en el aniversario de la concesión de una tan ate$orada ciudadanía estadounidense mediante ley congresional de 1917—entre la Explanada (“The Mall”) y el patio sur de la Casa Blanca (me suena como el patio de atrás—y yo estuve por allí en 1994, en mejores circunstancias, y sé por qué lo digo), a “protestar” por la falta de “igualdad” con nuestros conciudadanos del norte… bueno, tal vez hagan caso esta vez.  Tal vez nos dirán que sí, que nos van a conceder lo que les pedimos, porque tienen ese compromiso con nosotros, porque nos lo deben.

La pregunta que yo me hago es: ¿pensarán igual los estadounidenses?  ¿Tendrán ese mismo sentido de necesidad, de urgencia?  ¿Estarán viendo allá las cosas con los mismos ojos que nosotros acá?

Algo me dice a mí que no.

Y tal vez baste con el botón de muestra del “reportaje” filmado por “The Daily Show with Jon Stewart”, en el cual se relatan las impresiones del “reportero” (el entrecomillado es para fines del contexto, nadie se equivoque) Al Madrigal (no sé ni viene al caso si ese nombre es real o no), cuando en medio de la situación creada por la medida de control presupuestario federal conocida como “confiscación” (en inglés, “sequester”)… “tropieza” con una manifestación de estadoístas frente al lado sur de la Casa Blanca—o sea, detrás del patio de atrás.  En un momento que el propio segmento de comedia da la impresión de que es inoportuno—cuando los Congresistas responsables de la garata por el presupuesto federal del año fiscal 2013–2014 decidieron tomar “la juyilanga” para irse de vacaciones.  Y sobre todo, en plan de pedir cosas que a muchos de los televidentes de ese programa… digamos que podrían causarles más risa que los propios chistes del señor Stewart.

O les podría ocasionar un dolor de cabeza, sólo de tratar de entender qué quería ese grupo que estaba reunido allí ese día.  O si ese mismo grupo entendía, o entiende, o no entiende, de qué es de lo que se trata ser un estado de la unión federada (fuera del conocimiento que tengan los alrededor de 4 millones de puertorriqueños que residen dentro de los propios Estados Unidos, cuya experiencia tendemos mucho a desestimar como si no tuviera valor alguno).

La cosa es que por lo que vi en el vídeo, la cosa no pinta muy positiva que digamos:

  • Un “Resident Commissioner” que balbucea cuando el “reportero” le pregunta por qué si tiene en su puesto “lo mejor de todos los mundos”, no tiene voto en el mismo Congreso en el que nos representa.
  • Una manifestante que al planteársele que un estado de Puerto Rico no podría tener su desfile como el de todos los años en New York City, responde con una simplonería: que si fuese así, entonces habría menos oportunidad para el comportamiento salvaje (“wilding”) que exhiben “algunos de los míos”.  (¡Qué… pantalones!)
  • Otra manifestante que cuando se le pregunta qué se proponen aportar a la unión—que me parece que es a lo que equivale la frase que titula esta entrada, “qué piensas traer a nuestra mesa”—si se incorporaran como estado, también contesta simplonamente que los Estados Unidos “necesita” nuestro béisbol y nuestro ron.  Pero entonces digo yo: ¿se habrá dado cuenta la dama en cuestión (y estoy siendo demasiado benévolo en el uso de “dama”) de que el béisbol, aun si sus orígenes son inciertos y debatibles, adquirió mucho de su desarrollo y madurez en los Estados Unidos de América y de ahí le ha dado la vuelta al mundo?  ¿Sabrá que lo llaman “el pasatiempo favorito de los estadounidenses”—o en idioma que tal vez pueda entender un poco, “America’s favorite passtime”—, y ello muy a pesar de otros deportes de gran popularidad como el “football” de la NFL y el baloncesto de la NBA?  Así que entonces, ¿qué tenemos nosotros que aportar ahí—aparte de jugadores de calibre mundial, como los que nos hicieron subcampeones en el reciente Clásico Mundial de Béisbol?
  • Y lo que más pena me da (a menos que haya sido escenificado como parte del segmento, porque en cosas como ésa no se puede tapar el Sol con un dedo), toda una ex-senadora estadoísta recibiendo una lección práctica gratuita de lo que es el “filibusterismo”, cortesía de una bolsa de “snacks”, el almidón hidrolizado y el colorante amarillo número 7.

La verdad es que al ver el “reportaje”/segmento-de-comedia, lo menos que podría sentir es pena por estas personas.  Total, llevan una batalla cuesta arriba por décadas para convencer a “los dueños de nuestra casa”, a los “hacendados” si se quiere, de que quieren formar parte de la hacienda.  Y cuentan con que ese deseo se les concederá.  Pero cuando tratan de articular los motivos para pedir que eso se les conceda, por más nobles que esos motivos parezcan, el resultado es un desastre mayor que el que deja un huracán cuando nos pasa por encima.

Y entonces, ¿cómo quedamos todos gracias a ello?  Probablemente como objeto de mofa, como gente que no sabe qué es lo que quiere realmente, ni qué se necesita para poder lograrlo, cuáles son los sacrificios que deben hacerse.  Tal vez quedamos como gente que no puede aportar gran cosa, que no puede contribuir con algo que sea significativo.

Simplemente, como gente que no traerá nada a la mesa—más bien, que quiere participar de la “fiesta del sorullo”**… ¡sin llevar lo suyo!

(Menos mal que esa claje ‘e gente ya no me representa a mí…  ¡Ahí está, lo dije!)

¡Y vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.


* Personalmente, prefiero utilizar “estadoísta”/“estadoístas” para referirme a los simpatizantes de la estadidad para Puerto Rico, en lugar de “estadista”/”estadistas”, por entender que el significado de estas últimas implica un mayor respeto por la función que se escribe, la de “hombre (o mujer) de estado”, persona representativa de un gobierno, independientemente del bando político que rija ese gobierno.

** Para beneficio de quienes leen esto fuera de Puerto Rico: la expresión “fiesta del sorullo” significa lo mismo que el inicialismo en inglés, BYOB: “Fiesta del sorullo, cada quien traiga lo suyo.”  (Y para los que no sepan lo que son los sorullos, les dejo dos páginas que les ilustrarán cómo se preparan: aquí está una; y aquí está la otra.  ¡Y a mí me está dando un hambre!  Guiño )


LDB

No quería decir, “¡Te lo dije!”, pero…

¡Ah, de eso es de lo que se trata!  Esto explica muchas cosas…

Eso fue lo primero que pensé esta mañana cuando escuché en la radio lo que trascendió en la prensa local, de que varios legisladores y figuras de alto nivel cabildearon a mediados de la década de 1990, durante la administración del gobernador Pedro J. Rosselló González, por la libertad de quien década y media más tarde es el narcotraficante más buscado por las autoridades de Puerto Rico y la República Dominicana.  Según lo publica Primera Hora,

El hombre más buscado por las autoridades puertorriqueñas y dominicanas, José Figueroa Agosto, siempre pareció estar en control de su situación y entorno, pero su prestigio como criminal resultó enaltecido por sus poderosos aliados en las altas esferas del Partido Nuevo Progresista (PNP).

De hecho, la notoriedad que había cobrado como un poderoso narcotraficante en ningún momento pareció eclipsar su relación con una de las figuras más respetadas y queridas del PNP, el representante Antonio “Toñito” Silva, y otros altos e influyentes funcionarios de la misma colectividad política que habían cabildeado intensamente para que el asesino convicto recibiera un indulto o una clemencia ejecutiva.

[…]

Según documentan cartas en posesión de Primera Hora, el ex alcalde de Bayamón, Ramón Luis Rivera, su hijo y eventual sucesor Ramón Luis Rivera Cruz, el ex procurador del Ciudadano Carlos López Nieves, el ex alcalde de Toa Alta y convicto por corrupción Ángel “Buzo” Rodríguez Cabrera y el ex representante Manuel Marrero Hueca figuran en una lista de who’s who de funcionarios que abiertamente intercedieron por el narcotraficante.  Se cree que muchos otros políticos azules habían mostrado su apoyo al ex campeón de un torneo de lanchas rápidas de Don Q Cristal de 1994.

Aun cuando cumplía una sentencia de 209 años de cárcel por el secuestro y asesinato de un gruero que supuestamente había perdido un cargamento de un traficante colombiano, mucho antes de fugarse de la antigua Penitenciaría Estatal de Río Piedras para dirigir una operación multimillonaria de tráfico de cocaína, el “Tiguerón de la coca” Figueroa Agosto gozaba de una serie de beneficios que lo colocaban en una categoría privilegiada en comparación con todos los otros reclusos del sistema correccional del país.

[…]

Meses después de que las autoridades descubrieran la fuga de Figueroa Agosto, ocurrida el 5 de noviembre de 1999, el Negociado Federal de Investigaciones (FBI) intentó localizar el reporte de un oficial sociopenal sobre las reuniones que éste sostenía con el legislador, pero el mismo desapareció del expediente del Negociado de Investigaciones Especiales (NIE) del Departamento de Justicia.  “Se sentaban en un escritorio y hablaban de lo más normal.  Lo visitó unas cuatro a cinco veces antes de que se fugara.  Llegaba a la institución en su vehículo oficial y las visitas siempre me parecían sospechosas.  ¿Qué hacía un legislador como ‘Toñito Silva’ reuniéndose con una persona como Junior Cápsula?  No me lo podía explicar”, indicó una fuente que presenció las visitas de Silva al capo en la Unidad de Tratamiento Intensivo (UTI) del antiguo complejo de Río Piedras.

(FUENTE: Junior Cápsula con poderosos aliados en las altas esferas del PNP — Primera Hora, San Juan, P.R., 9 de marzo de 2010Y como es de esperarse, los énfasis los añadí intencionalmente, ¿OK?)

Francamente, es algo que yo no entiendo (y mientras la historia insista en su mal hábito de repetirse, lo entenderé cada vez menos).  Claro está, lo que preocupa no es tanto qué hace un legislador, o un alcalde, o algún otro funcionario público, activo o retirado, en reuniones con un conocido delincuente—digo, conocido para mucha gente, menos para el hoy ex-legislador Silva, que se ha cantado “ignorante” o “inocente” al respecto—, sino por qué figuras de poder e influencia en la vida pública de nuestro país tienen que interceder por una figura del bajo mundo.  A mi juicio, eso se presta para pensar que hay “dedos amarrados”…

Y si ustedes leen las cartas que muchos de las figuras mencionadas arriba escribieron en apoyo a sus solicitudes de indulto o clemencia—en las que se describe a Figueroa Agosto como “un buen esposo y padre de familia”, como “un pilar de la comunidad”, como “una persona honesta y trabajadora”—, tendrán que preguntarse, ¿estamos hablando de la misma persona?  (Digo, esa charada le funcionó bastante bien a Pablo Escobar en Colombia y a “Coquito” en Puerto Rico, aunque ninguno de los dos está vivo para testimoniarlo.)  Tal vez en el mejor de los casos, estos líderes políticos sólo conocían una cara de la moneda, o por lo menos, un ángulo de la personalidad de este individuo.  Ese ángulo de la persona de apariencia honesta, servicial, dispuesta a ayudar al prójimo en momentos de necesidad… pero que al darle la espalda sale a la luz su lado siniestro, la cara de quien se rodea de lujos, de influencias, de poder, a costa del dolor y el sufrimiento que el vicio de la cocaína y demás drogas le causa a otros (no a él), de aquél a quien, o le cumples su expectativa, o firmas tu sentencia de muerte.

Tal vez viraron la cara para no ver ese ángulo siniestro.  Tal vez viraron la cara porque eso les importa poco o nada.  ¡Quién sabe!

Me pregunto (como en otras ocasiones me he preguntado a través de este blog) si estas figuras políticas tendrán conciencia de lo que esto significa, y sobre todo, de las consecuencias potenciales que ello les puede acarrear (incluido el daño que ello le puede hacer a su reputación como personas, y a la reputación de la institución política a la que dicen representar—y que comoquiera hace tiempo que está bastante maltrecha).  Yo quisiera pensar que eso no llegará a ocurrir, pero… ¿qué tal si a “Junior Cápsula” se le ocurriera “pasarle la factura” a las figuras políticas que lo apoyaron?

No me gustaría pensar en ello.  Pero como la historia tiene el mal hábito de repetirse y las lecciones del pasado se olvidan demasiado pronto… y no quiero tener que estar diciendo, “¡Te lo dije!”…

¡Vamos a dejarlo ahí!  Cuídense mucho y pórtense bien.  Hasta la próxima.

LDB